Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capítulo 27 Los Hond
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27: Capítulo 27: Los Hond 27: Capítulo 27: Los Hond La brisa fresca de la tarde no podía calmar la rabia que Kiro sentía.
Salía de la clínica con Airi a su lado, con la intención de volver a la casa de la anciana.
Pero entonces, varios policías los interceptaron.
Uno de los oficiales levantó la mano con firmeza.
—¡Alto ahí!
Kiro frunció el ceño.
—¿Eh?
¿Qué pasa?
Otro policía, con una mirada llena de pesar, dio un paso adelante.
—Joven… quedas arrestado por alterar el orden público y ejercer actos de violencia en el pueblo.
Kiro se quedó en shock.
—¿¡QUÉ!?
Airi lo miró preocupada.
—¡Pero si él solo se defendía!
Kiro se cruzó de brazos con molestia.
—¡Exactamente!
Esos tipos querían hacer algo impensable.
Uno de los policías bajó la mirada con culpa.
—Lo sabemos… Kiro parpadeó.
—¿Entonces?
El oficial apretó los puños con impotencia.
—Este pueblo no puede permitirse provocar a los Hond… ya hemos tenido demasiados problemas con ellos.
Otro policía asintió con tristeza.
—Si no te vas ahora, vendrán con más hombres… y entonces morirá más gente.
Kiro vio sus expresiones.
No era que quisieran arrestarlo.
Estaban aterrorizados.
Airi se agarró del brazo de su hermano con miedo.
—Kiro… Pero Kiro no podía aceptar esto.
—No puedo irme.
¡Yo vine de vacaciones!
Un policía cerró los ojos y suspiró.
—Entonces… nos obligas a escoltarte fuera del pueblo por la fuerza.
Kiro frunció el ceño.
—No pueden hacer eso.
Pero en ese instante, uno de los oficiales sacó unas esposas y le inmovilizó las manos.
—Lo sentimos, muchacho… pero no tenemos opción.
Kiro fue empujado hacia adelante, mientras Airi gritaba desesperada.
—¡Hermano!
Kiro la miró y le sonrió para tranquilizarla.
—¡Ve a buscar ayuda!
Los policías lo llevaron a la comisaría mientras Airi corría con todas sus fuerzas.
La comisaría era pequeña y apenas tenía un par de celdas.
Encerraron a Kiro en una de ellas y lo dejaron solo.
Uno de los oficiales se quedó en la puerta con una mirada de culpa.
—Dentro de unos minutos estará listo el transporte para escoltarte fuera del pueblo.
Kiro se dejó caer en el banco dentro de la celda y suspiró.
—Genial.
Se arruinaron mis vacaciones.
Pasaron unos minutos en silencio.
Los policías estaban inquietos.
Uno de ellos revisaba su reloj con nerviosismo.
Otro fumaba un cigarro, pero con la mano temblorosa.
Todos esperaban algo.
O temían algo.
Finalmente, abrieron la celda y sacaron a Kiro.
—Vamos.
Lo escoltaron hasta una caravana negra estacionada frente a la comisaría.
Uno de los policías abrió la puerta trasera.
—Entra.
Kiro bufó y subió a la caravana.
—Esto es ridículo… Pero entonces, algo cambió en el aire.
Kiro lo sintió.
Alguien se acercaba.
A lo lejos, una voz gruesa y dominante resonó por el pueblo.
—¡Oigan, bastardos!
¡Estoy buscando a un mocoso!
Kiro levantó la cabeza dentro de la caravana.
Vio a un hombre enorme acercándose por la calle, acompañado por uno de los bandidos que había derrotado.
El tipo era un monstruo.
Alto, musculoso y con una presencia que aplastaba el aire a su alrededor.
Su cabello corto y desordenado parecía una melena de bestia salvaje.
Su piel estaba cubierta de cicatrices.
Era un hombre que había sobrevivido a muchas peleas.
Y su mirada… Estaba llena de furia.
El bandido señaló la caravana.
—¡Jefe Yowl!
¡Debe estar ahí!
El hombre, Yowl, se giró hacia los policías y les sonrió con burla.
—Déjenme ver lo que hay dentro.
Uno de los oficiales se puso frente a él, sudando frío.
—¡N-No puedes revisar esa caravana!
Estamos transportando a un peligroso criminal.
Yowl se rió con burla.
—¿Peligroso criminal?
Avanzó y empujó a los policías como si fueran muñecos de trapo.
—Déjenme ver a ese “criminal”.
Abrió la puerta de la caravana de un tirón.
Sus ojos se encontraron con los de Kiro.
El bandido asintió con una sonrisa cruel.
—¡Sí, jefe!
¡Es ese mocoso!
Yowl tomó a Kiro del cuello de la camisa y lo sacó de la caravana con una facilidad insultante.
Lo levantó del suelo como si no pesara nada.
Kiro intentó moverse, pero sus manos seguían esposadas.
—Tch… Yowl lo miró con curiosidad.
—Así que tú eres el problemita que tengo.
Kiro le devolvió la mirada con furia.
—Déjame en el suelo, gorila.
Yowl rió con diversión.
—Vaya, vaya… tienes agallas.
Su sonrisa se ensanchó de manera perturbadora.
—Me gusta romper a los que tienen agallas.
Y sin previo aviso… Lo lanzó al aire.
Kiro sintió su estómago dar un vuelco.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió un impacto brutal en su abdomen.
—¡GAH!
El puño de Yowl lo golpeó con una fuerza descomunal.
Fue como ser atropellado por un tren.
Su cuerpo salió disparado por los cielos.
Atravesó la plaza como un proyectil.
Se estrelló contra un árbol, rompiéndolo en el proceso.
Pero no se detuvo ahí.
Su cuerpo rebotó y cayó en la fuente central de la plaza, sumergiéndose hasta la mitad en el agua.
El dolor fue insoportable.
Kiro tosió violentamente y sintió el agua fría cubriendo su rostro.
El mundo giraba a su alrededor.
Le costaba respirar.
Los aldeanos gritaron con terror.
—¡Dios mío!
—¡Ese tipo mató al chico!
Yowl se estiró los nudillos con una sonrisa cruel.
—Veamos si sigue vivo.
Los bandidos se rieron a carcajadas.
Uno de ellos levantó su arma y apuntó a Kiro.
—¿Lo remato, jefe?
Yowl alzó una mano para detenerlo.
—No.
Su sonrisa se ensanchó.
—Primero veamos cuánto aguanta antes de romperse.
Kiro apenas podía moverse.
Las risas de los bandidos resonaban en la plaza vacía.
Los aldeanos se habían escondido, demasiado aterrados para intervenir.
Yowl avanzó lentamente hacia la fuente, con una sonrisa burlona.
—He visto ratas con más resistencia que este mocoso.
Uno de los bandidos se rió mientras miraba el cuerpo inmóvil de Kiro en el agua.
—¡Hahaha!
¡No aguantó ni un solo golpe!
Otro bandido escupió al suelo con desprecio.
—Qué desperdicio de tiempo.
Kiro seguía sumergido.
Todo estaba en calma.
Solo podía escuchar los latidos de su corazón… Golpeando su pecho con rapidez.
Su mente flotaba en la inconsciencia.
Pero en lo profundo de su ser… Algo se encendió.
Una chispa.
Un fuego comenzó a arder dentro de él.
Al principio era solo una llama débil.
Pero poco a poco… Se volvió más intensa.
Más caliente.
Más fuerte.
Entonces, sus ojos se abrieron de golpe.
Un resplandor dorado brilló en ellos por un instante.
Y con un fuerte respiro, levantó la cabeza del agua y tosió violentamente.
Las risas se detuvieron.
Los bandidos lo miraron con incredulidad.
Yowl alzó una ceja, sorprendido.
—Oh… ¿todavía respiras?
Kiro se puso de pie lentamente.
Su cuerpo dolía.
Su ropa estaba empapada, su brazo herido ardía, la sangre le bajaba por la frente… Pero su mirada era otra.
Ya no había miedo.
Ya no había dolor.
Solo determinación.
Se puso en posición de combate.
Sus puños se apretaron con fuerza.
Sus músculos tensos.
Su respiración pesada.
Pero en su pecho… esa llama seguía creciendo.
Yowl lo observó con una sonrisa arrogante.
—¿Sigues creyendo que puedes pelear?
Los bandidos se miraron entre sí y estallaron en carcajadas.
—¡Hahaha!
¿¡Este crío todavía cree que puede ganar!?
—¡Jefe, dale otro golpe y mándalo al cementerio de una vez!
Kiro cerró los ojos un instante… y sintió la energía recorriendo su cuerpo.
Pero era diferente.
Era más fuerte.
Más viva.
Entonces, avanzó.
Corrió hacia Yowl sin dudar.
—¡Voy por ti!
Concentró una gran cantidad de energía en su mano… Y golpeó el suelo con toda su fuerza.
¡BOOM!
Una onda expansiva explotó desde el punto de impacto, haciendo que el suelo temblara y desestabilizara a los bandidos.
—¡¿Pero qué demonios fue eso?!
—gritó uno de ellos, tratando de no caer.
El polvo se levantó alrededor.
Yowl frunció el ceño y sonrió con diversión.
—Interesante.
Pero Kiro no se detuvo.
Usando la energía aún fluyendo en su cuerpo, se lanzó directamente hacia Yowl.
Sus puños brillaban con energía dorada.
Cada paso que daba hacía crujir el pavimento bajo sus pies.
—¡Toma esto!
Kiro lanzó un golpe derecho con toda su fuerza.
Pero… Yowl levantó una mano y lo detuvo con facilidad.
—Tch… —Kiro apretó los dientes.
Era como golpear una muralla de hierro.
Los músculos de Yowl eran duros como el acero.
—Nada mal.
—murmuró el líder de los Hond con una sonrisa.
Pero no se había acabado.
Kiro alzó la otra mano y cargó una explosión de energía directamente en la cara de Yowl.
—¡CÓMETE ESTO!
¡BOOM!
El estallido de energía los separó con fuerza, lanzando a Kiro unos metros hacia atrás.
El suelo se agrietó con la explosión.
El humo cubrió la zona.
Por un momento, todo quedó en silencio.
Los bandidos miraban con los ojos abiertos.
¿Lo logró?
Pero cuando el polvo se disipó… Allí estaba Yowl.
De pie.
Sin un solo rasguño.
Kiro tragó saliva.
—No puede ser… Yowl se llevó una mano a la cara, como si estuviera revisando si le había dolido.
Luego miró a Kiro con una expresión sombría.
—Bueno… Su sonrisa desapareció.
—Supongo que ahora me toca a mí.
Con un movimiento rápido, invocó un enorme bate de metal cubierto de clavos.
Kiro dio un paso atrás, sorprendido.
—Eso no se ve bien… Yowl sonrió de nuevo.
—Hasta ahora estaba siendo amable.
Agarró el bate con ambas manos y lo alzó por encima de su cabeza.
—¡Pero se acabaron los juegos!
¡BAAM!
Kiro levantó los brazos para cubrirse.
Pero el golpe fue brutal.
El impacto lo lanzó varios metros por los aires.
Chocó contra el pavimento, destrozándolo con la fuerza del golpe.
—¡GAH!
Todo su cuerpo tembló por el dolor.
Los bandidos volvieron a reír.
—¡Jajajaja!
¡Qué idiota!
—¡Ahora sí que está muerto!
Yowl se limpió las manos y sonrió con superioridad.
—Eso debería bastar.
Pero entonces… Un sonido interrumpió las risas.
Pasos.
—… Los bandidos se quedaron en silencio.
Kiro se estaba levantando.
Su cuerpo temblaba.
Su respiración era agitada.
Pero seguía en pie.
La sangre le goteaba por la frente.
Sus brazos estaban cubiertos de moretones y polvo.
Su mirada se alzó lentamente… Y una sonrisa apareció en su rostro.
—No celebres tan pronto.
Los bandidos se miraron entre sí, sorprendidos.
—¡¿Cómo sigue vivo este mocoso?!
Yowl frunció el ceño.
—Tienes agallas, chiquillo.
Pero Kiro se limpió la sangre de la boca y apretó los puños.
—Aún… no has visto de lo que soy capaz.
En su interior, la llama ardía más fuerte que nunca.
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