Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Capítulo 29 Los Héroes de Omori
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29: Capítulo 29: Los Héroes de Omori 29: Capítulo 29: Los Héroes de Omori El humo de la explosión se disipaba lentamente, revelando la silueta de Yowl de pie.
A pesar de haber recibido el impacto del Puño Justiciero, solo tenía unos cuantos rasguños en su cuerpo.
Sonreía.
—Eso estuvo divertido, chico.
Si gustas, te dejaré unirte a mi banda —Dijo mientras giraba su bate en el aire con despreocupación.
Frente a él, Kiro yacía en el suelo.
Su cuerpo apenas respondía.
Su brazo derecho, con el que había usado toda su energía, estaba roto y cubierto de heridas.
Su ropa estaba destrozada.
Apenas logró levantar la cabeza para mirar a Yowl.
Sus ojos aún brillaban con determinación.
—Nunca… —murmuró con la voz entrecortada.
—¿Hm?
—Yowl inclinó la cabeza.
Kiro apretó los dientes con furia.
—¡Nunca me uniría a tu asqueroso grupo!
Los ojos de Yowl se entrecerraron con molestia.
—Tch… qué lástima.
Un crío con tu resistencia sería útil.
Pero antes de que pudiera hacer algo más… ¡FLASH!
De repente, Kiro desapareció.
Y en su lugar, apareció Hika.
—¡¿Qué demonios?!
Antes de que Yowl pudiera reaccionar, Hika lanzó un fuerte puñetazo directo a su cara.
—¡Toma esto, maldito gorila!
¡BAM!
El impacto hizo que Yowl diera un paso atrás.
Pero Hika no se detuvo.
Con velocidad impresionante, le dio una serie de golpes seguidos, golpeando su torso, su rostro y su abdomen sin darle oportunidad de reaccionar.
—¡Uno!
—Golpe en la mejilla derecha.
—¡Dos!
—Golpe en las costillas.
—¡Tres!
—Gancho en el estómago.
Los golpes hacían temblar el aire.
Cada vez que su espíritu golpeaba a Yowl, su energía interna se sacudía, dañándolo desde adentro.
Yowl sintió algo que no había sentido en mucho tiempo… dolor real.
—¡ARGH!
Gruñó de rabia y contraatacó con un potente gancho al rostro de Hika.
¡PAM!
Hika salió disparada hacia un lado, pero aterrizó de pie y se limpió la boca.
—He recibido peores golpes de mi abuela.
Pero Yowl no había terminado.
Golpeó el suelo con su bate y corrió hacia ella como una bestia descontrolada.
—¡TE VOY A DESTROZAR!
Los ataques con su bate eran rápidos y pesados.
Cada golpe parecía hacer temblar el suelo.
Hika esquivó los primeros, pero poco a poco comenzó a cansarse.
Yowl no se detenía.
—¡TOMA ESTO!
¡BAM!
¡BAM!
¡BAM!
Cada impacto era como el rugido de un trueno.
Finalmente, Hika jadeaba agotada.
Su cuerpo temblaba por el dolor.
—Tch… —se mordió el labio—.
No… puedo rendirme… Pero Yowl levantó su bate una vez más.
—¡Ahora sí te voy a mandar al infierno!
Hika sonrió.
—No tan rápido… Activó un círculo en el suelo.
Yowl se detuvo y miró alrededor.
—¿Qué trampa hiciste ahora?
Miró a todos lados, buscando una técnica o algo especial.
Pero entonces, Hika sonrió y corrió directamente hacia él.
—¡BOOM!
Un último golpe impactó en su estómago con toda la energía del espíritu de Hika concentrada en él.
¡CRACK!
El impacto fue tan fuerte que Yowl escupió sangre y se tambaleó hacia atrás.
—¡GHAA…!
Por primera vez… Yowl estaba realmente lastimado.
Hika cayó al suelo, completamente agotada.
—Je… lo logré… Pero Yowl aún estaba de pie.
Su visión se nublaba, pero se negaba a caer.
Con un rugido, levantó su bate por última vez.
—¡NO PERDERÉ CONTRA UNOS NIÑATOS!
Su bate chisporroteó con relámpagos oscuros.
—¡Voy a matarte aquí y ahora!
Pero entonces… —No.
No lo harás.
Una voz resonó con calma.
Antes de que Yowl pudiera bajar su bate… Una mano lo detuvo.
Yowl se quedó congelado.
Levantó la mirada y vio a un hombre alto, de cabello oscuro, con una túnica desgastada y ojos verdes penetrantes.
Era Hunk.
—¿Qué…?
—balbuceó Yowl.
Hunk sujetaba el bate con una sola mano.
Yowl intentó moverlo… pero era como si estuviera atrapado en acero sólido.
—¿Quién demonios eres tú?
Hunk sonrió.
—Alguien que te va a enseñar lo que es un verdadero golpe.
Soltó el bate de Yowl con un ligero empujón, haciéndolo tambalearse.
Y entonces, su puño brilló.
Hunk levantó su puño y sonrió.
—Tienes agallas, grandote.
Pero cometiste un gran error.
Yowl apretó los dientes.
—¡¿Cuál?!
Hunk sonrió ampliamente.
—Te metiste con la gente equivocada.
Y entonces lanzó su golpe.
—¡PUÑO JUSTICIERO!
¡BOOOOOOOM!
Una explosión de luz cegadora envolvió toda la plaza.
La onda expansiva arrasó con todo a su paso.
Los edificios temblaron.
Los cristales se rompieron.
Yowl salió volando como una bala, impactando violentamente contra el suelo.
Su cuerpo no se movió más.
Todo quedó en silencio.
El combate… había terminado.
Una mujer vestida de blanco corrió hacia ellos.
—¡Déjenme pasar!
Era una doctora.
Rápidamente se agachó junto a Hika y puso sus manos sobre ella.
Un resplandor verde rodeó su cuerpo.
Su energía curativa comenzó a restaurar sus heridas.
—Aguanta, niña.
Con esto no tendrás más dolor.
Hunk observó la escena y cruzó los brazos.
—¿Así que hay una doctora en el pueblo que usa energía?
La mujer le sonrió mientras continuaba con el tratamiento.
—Cada quien debe usar sus talentos para ayudar a los demás.
Hunk asintió con respeto.
—Bien dicho.
La doctora miró a Hunk con una sonrisa tranquila.
—Ya curé también al joven que estaba en la tienda de enfrente.
Solo está descansando.
Hunk suspiró con alivio.
—Gracias.
Ahora que todo había terminado… finalmente podían descansar.
El aire estaba en calma.
El sol iluminaba la plaza destruida, donde los escombros y las marcas de la batalla aún permanecían como testigos del feroz combate.
Durante unos instantes, el pueblo estuvo en silencio.
Todos miraban con incredulidad el cuerpo inconsciente de Yowl.
El líder de los Hond… había sido derrotado.
La banda que los aterrorizó por años finalmente había caído.
Entonces, una voz rompió el silencio.
—¿D-De verdad… lo lograron?
Otro murmullo recorrió la multitud.
—¿El jefe de los Hond fue derrotado?
—¡Esto no puede ser real…!
De pronto, una risa nerviosa se escuchó.
—¡LO LOGRARON!
Y como si un fuego se encendiera en sus corazones, la gente explotó en alegría.
Algunos lloraban, abrazándose entre sí.
Otros saltaban, gritando de felicidad.
Las personas comenzaron a aplaudir con fuerza, vitoreando a sus salvadores.
—¡Por fin somos libres!
—¡Esos chicos nos salvaron!
—¡Nunca olvidaremos lo que hicieron por nosotros!
Los niños corrieron de sus escondites, algunos con lágrimas en los ojos, otros sonriendo con emoción.
La gente se acercó a Kiro y Hika, pero Hunk los detuvo con un gesto.
—Déjenlos descansar.
Han dado todo lo que tenían.
Los policías rápidamente esposaron a Yowl, asegurándose de que no pudiera moverse.
Un grupo lo arrastró hasta la caravana, donde sería escoltado a la cárcel.
Mientras tanto, el jefe de policía, un hombre de aspecto cansado pero firme, se acercó a Hunk.
Se quitó el sombrero y lo sostuvo contra su pecho en señal de respeto.
—Gracias, viajeros.
Los demás policías asintieron con solemnidad.
—Por fin… esa banda ya no será una amenaza para nadie.
Hunk se cruzó de brazos y sonrió con tranquilidad.
—No me agradezcan a mí.
Señaló a Kiro y Hikari, que aún estaban inconscientes.
—Ellos hicieron todo el trabajo.
El jefe de policía miró a los dos jóvenes y esbozó una sonrisa sincera.
—Entonces, nos aseguraremos de que sean recordados como héroes.
Pasaron unas horas.
El sol se había elevado por completo y la brisa fresca llenaba el aire con un aroma a hierba recién cortada cerca de la casa de la abuela.
Kiro abrió lentamente los ojos.
El techo de madera de su habitación fue lo primero que vio.
Se quedó un momento en silencio.
—¿Todo fue un sueño…?
—murmuró.
Pero el dolor en su brazo lo hizo fruncir el ceño.
—… No, definitivamente no fue un sueño.
Se sentía mucho mejor, aunque su cuerpo aún estaba algo adolorido.
Se sentó en la cama, moviendo lentamente los brazos y piernas.
—Woah… ¿cuánto tiempo dormí?
Se puso de pie y salió de su habitación.
El sonido de voces alegres llegó a sus oídos.
Se dirigió al salón principal, donde vio a Hunk, la anciana y Airi sentados en el centro del lugar.
—¡Buenos días!
—dijo con su tono enérgico habitual.
Todos se giraron sorprendidos.
Airi lo miró por un segundo… y de pronto corrió hacia él.
—¡Kirooooo!
Se lanzó sobre él con un abrazo fuerte.
—¡Me alegra tanto que estés bien!
Kiro, aunque sorprendido, le revolvió el cabello con una sonrisa.
—Jeje, claro que estoy bien.
¿Acaso pensaste que me iban a vencer tan fácil?
Airi lo soltó y le dio un leve golpe en el pecho.
—¡Tonto!
¡No bromees con eso!
Hunk se rió con su tono despreocupado.
—Mira nada más… te dormiste y despertaste como si nada.
La anciana sonrió con ternura.
—Me alegra verte con tanta energía, joven Kiro.
Kiro se rió mientras se sentaba con ellos.
—Bueno, la verdad es que… ¡tengo mucha hambre!
Todos se quedaron en silencio por un momento.
Luego, Hunk y la anciana se echaron a reír.
—¡Jajajaja!
Claro, claro, después de una pelea así, cualquiera estaría hambriento.
—No te preocupes, querido.
Preparé un gran banquete para ustedes.
Kiro sonrió emocionado.
—¡SÍ!
¡Al fin algo bueno después de tanto lío!
La mesa estaba repleta de comida deliciosa.
Arroz caliente, carnes asadas, sopa de miso, vegetales frescos y pan recién horneado llenaban el aire con un aroma irresistible.
Kiro casi lloró de felicidad al ver el festín.
—¡Esto es un sueño hecho realidad!
Hunk se sirvió un plato y se tomó un sorbo de su café.
—Oh, por cierto… Le dio un mordisco a un trozo de carne antes de hablar con la boca llena.
—Logramos derrotar a ese tal… ¿cómo se llamaba?
¿Yom?
¿Yaw?
Airi lo miró con cara de incredulidad.
—¡Se llama Yowl!
Hunk chasqueó los dedos.
—¡Ese mismo!
Kiro se rió mientras devoraba su plato.
—Bueno, al final, el pueblo es libre.
¡Y yo sobreviví!
Los tres rieron juntos.
—Ah, por cierto… —Kiro tragó otro bocado y miró a la anciana—.
¿Cómo está Hika?
La anciana sonrió con dulzura.
—Está descansando en su habitación.
Tuvo una gran pelea, así que necesita recuperarse.
Kiro asintió con alivio.
—Entiendo… cuando despierte, tengo que agradecerle por ayudarme.
Hunk le dio una palmada en la espalda.
—Y más te vale.
Esa chica se lució allá afuera.
Kiro sonrió mientras continuaba comiendo.
Habían pasado muchas cosas.
Pero al menos, por ahora, podían disfrutar de la paz que habían ganado.
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