Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 El Camino Apenas Comienza
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3: Capítulo 3: El Camino Apenas Comienza 3: Capítulo 3: El Camino Apenas Comienza Kiro, con los tres medallones en sus manos, sonreía con orgullo.
—¡Lo logré!
—exclamó, sintiendo una mezcla de alivio y emoción al ver cómo el bosque desaparecía lentamente a su alrededor.
La sala del dojo Duvalier volvió a su estado original, con las paredes decoradas y el suelo impecablemente pulido.
De pronto, tres figuras entraron en la sala.
Eran los examinadores: dos hombres y una mujer, todos vestidos con ropajes formales que irradiaban autoridad.
Uno de ellos, un hombre de mediana edad con cabello gris y mirada severa, llevaba un pergamino enrollado bajo el brazo.
La mujer, más joven pero igual de imponente, observaba a Kiro con un aire analítico.
El tercero, un hombre corpulento con una gran barba, simplemente cruzó los brazos mientras lo evaluaba en silencio.
Detrás de ellos, Hunk apareció con una sonrisa de aprobación y le levantó el pulgar.
—Buen trabajo, chico —dijo con orgullo.
Kiro, sosteniendo los medallones con ambas manos, se acercó a los examinadores.
A pesar del dolor en su brazo, se mantuvo firme.
—Aquí están los tres medallones —anunció, extendiéndolos con confianza, aunque sus labios tiritaban al hablar.
La mujer tomó los medallones y los examinó con cuidado, mientras otro examinador se acercaba a Kiro.
—Ese brazo no está en buen estado —dijo el hombre corpulento con un tono preocupado.
—Probablemente no sientes todo el dolor ahora mismo debido a la adrenalina, pero necesitas atención médica inmediata.
Un asistente entró rápidamente y le administró una vacuna con el antídoto para el veneno de la serpiente.
Kiro sintió el alivio recorrer su cuerpo, aunque el cansancio seguía pesando en cada fibra de su ser.
Mientras esto ocurría, no podía contener su curiosidad.
—¿Entonces?
¿Podré ingresar a la escuela de energía Kalo?
—preguntó con entusiasmo, aunque todavía jadeaba por el esfuerzo.
Pero antes de que alguien pudiera responder, el hombre de cabello gris lo interrumpió con un tono frío.
—Lo siento muchacho no… no podemos aceptarte.
Alguien como tú… no.
El mundo de Kiro pareció detenerse en ese momento.
Su sonrisa desapareció, y su mirada se llenó de incredulidad.
—¿Qué?
¿Es una broma?
—preguntó, forzando una risa nerviosa.
El examinador negó con la cabeza, sin rastro de humor en su expresión.
—No es una broma.
Tu forma de combatir es imprudente, Kiro.
Das todo de ti sin considerar las consecuencias, incluso al borde de sacrificar tu cuerpo.
Eso no es valentía; es temeridad e idiotez.
Si sigues así un día de estos terminaras muerto.
La mujer intervino, su tono era menos severo pero igual de firme.
—Además, tu habilidad con la energía es básica.
No es nada especial ni destacable.
Al analizar tu potencial, hemos notado que está muy por debajo del promedio que solicitamos.
Si ingresaras a la escuela, te sería imposible mantener el ritmo, y esa falta de control que mostraste sería peligrosa para ti y para los demás.
El hombre corpulento asintió.
—Esa forma de pelear no solo te pone en peligro, también refleja una falta de estrategia y madurez.
Lo sentimos, Kiro, pero no podemos aceptarte por el momento.
Sería un peligro para ti y los demás.
Kiro sintió un nudo en el estómago.
Las palabras de los examinadores eran como dagas, cada una más profunda que la anterior.
—Pero…
Pero hice todo lo que pidieron.
¡Derroté a cada guardián!
¡Conseguí los medallones!
¡Díganme qué más tenía que hacer!
—su voz temblaba, llena de frustración.
Hunk dio un paso adelante, su rostro estaba rojo de ira.
—¡Basta!
—gruñó, mirando a los examinadores.
—No tienen derecho a destruir así la confianza de un chico que lo ha dado todo.
¡No tienen idea de lo que Kiro puede lograr con su determinación!
Tomó a Kiro por el hombro y lo guio fuera de la sala, ignorando cualquier respuesta de los examinadores.
Horas después, Kiro y Hunk estaban sentados en un banco cerca de la estación del Tren Infinito.
Kiro miraba al suelo, con el brazo roto envuelto en un yeso.
No decía nada, y su habitual energía parecía haberse desvanecido.
Hunk suspiró, intentando animarlo.
—Ellos no pudieron ver tu verdadero potencial, Kiro.
No entendieron lo que eres capaz de hacer.
Kiro levantó la mirada, con los ojos apagados.
—No es la primera vez… En todas partes es igual.
Siempre me dicen que no soy lo suficientemente bueno, que nunca llegaré a ser alguien fuerte.
—Su voz estaba cargada de tristeza y amargura.
Hunk lo observó en silencio por un momento antes de hablar.
—Kiro, sé que esas palabras duelen.
Pero te prometo algo: llegará el día en que todos vean lo que yo ya veo en ti.
No necesitas su aprobación para demostrar tu valía.
Kiro no respondió, pero algo en sus palabras parecía calar profundamente en él.
Cuando el tren llegó, ambos subieron en silencio y emprendieron el viaje de regreso a la ciudad de Alfhaim.
Al atardecer, llegaron a la casa de Kiro.
Desde la puerta, Hunk lo miró con una sonrisa leve.
—Recuerda lo que te dije, chico.
Esto no es el fin, es solo el principio.
Sigue adelante.
Kiro sonrió débilmente.
—Gracias por todo, maestro.
Por creer en mí y esforzarte tanto por nosotros.
Hunk asintió, dándole una palmada en la espalda antes de marcharse.
Al entrar a la casa, Kiro fue recibido por el delicioso aroma de algo horneado.
En el salón, Airi lo esperaba con un pastel decorado con un mensaje escrito torpemente: “Eres nuestro héroe, Kiro” —¡Sorpresa!
—dijo Airi con entusiasmo, pero su expresión cambió al ver el yeso en el brazo de su hermano.
—¡Kiro!
¿Qué te pasó?
¿Estás bien?
¿Qué pasó en la prueba?
Kiro se forzó a sonreír mientras miraba el pastel.
—Gracias, Airi.
Se ve delicioso.
Pero… no lo logré.
Me dijeron que no soy apto para ingresar a la escuela.
Airi lo observó con tristeza, pero rápidamente se acercó a él.
—No pongas esa cara, Kiro.
Para mí, tú siempre serás un héroe.
—Usando sus dedos, levantó los labios de Kiro, formando una sonrisa.
—Y los héroes siempre tienen una sonrisa, ¿no?
Las palabras de Airi resonaron en su corazón, y poco a poco, una sonrisa genuina se formó en el rostro de Kiro.
—Gracias, Airi.
Eres la mejor hermanita que alguien podría tener.
Le acarició el cabello con cariño antes de sentarse juntos a disfrutar del pastel.
A pesar del fracaso, Kiro sintió que no estaba solo, y eso le devolvió la chispa que siempre lo había caracterizado.
—No me rendiré, Airi —murmuró para sí mismo mientras miraba el cielo oscurecerse a través de la ventana.
—Un día, demostraré que estaban equivocados.
Y así, a pesar de las dificultades, Kiro comenzó a trazar un nuevo camino hacia su sueño.
Los días pasaron con una rutina tranquila pero llena de esfuerzo.
Kiro ya estaba recuperado y a pesar de su desagrado por las clases, decidió tomarlas con seriedad.
Cada lección, aunque aburrida, era una oportunidad para aprender algo que pudiera ayudarle a mejorar.
Se levantaba temprano con Airi, desayunaban juntos, y luego la acompañaba a la escuela antes de dirigirse a sus clases.
Por las tardes, estudiaba lo que podía, y en las noches practicaba movimientos básicos en el pequeño jardín de su casa.
Airi lo apoyaba en todo momento, llevándole agua o animándolo con palabras amables cuando lo veía frustrado.
Aunque las heridas del rechazo todavía pesaban en Kiro, su determinación seguía creciendo.
Un día, cuando el sol comenzaba a ocultarse, llegó Hunk a la casa, como solía hacer para cenar con ellos.
Pero ese día era especial: era el undécimo cumpleaños de Airi.
Kiro había pasado todo el día jugando con ella, asegurándose de que se sintiera especial.
Hunk entró con una sonrisa y una gran caja en las manos.
—¡Espero que tengan hambre!
—anunció, dejando la caja sobre la mesa del comedor.
—¡Hunk, gracias por venir!
—exclamó Airi, corriendo hacia él con una sonrisa.
—¿Qué trajiste?
—Nada menos que un pavo asado.
—Hunk abrió la caja, dejando que el aroma cálido llenara la casa.
Kiro le dio una palmada en la espalda.
—¡Maestro, se ha lucido esta vez!
¡Gracias por esto!
Los tres se sentaron alrededor de la mesa, que estaba decorada con platos sencillos pero bien colocados.
Mientras comían, Airi miró a Hunk con una expresión de gratitud.
—Gracias, Hunk, por todo lo que haces por nosotros.
Siempre vienes, nos cuidas y nos ayudas… pero pensándolo bien, nunca te hemos preguntado.
¿Por qué lo haces?
Hunk dejó su tenedor en el plato y cruzó los brazos, suspirando mientras les devolvía la mirada.
—Hay algo que no les he contado del todo.
Hace años, en aquel día terrible…como saben yo fui quien los rescató.
Llegué justo a tiempo para acabar con ese Nox, pero no lo suficiente como para salvar a sus padres.
Kiro y Airi lo miraron en silencio, sus expresiones mezclaban intriga y tristeza.
Hunk continuó, su voz firme.
—Antes de que eso sucediera, su madre me pidió que cuidara de ustedes si algo malo llegaba a pasar.
Era una promesa que no podía ignorar.
Y aunque lamento no haber llegado antes, sé que hay una razón por la que ustedes dos siguen aquí.
Su historia no ha terminado; apenas comienza.
Y estoy seguro de que su luz brillará más fuerte con el tiempo.
Airi sonrió tímidamente.
—Gracias, Hunk.
De verdad, gracias.
Kiro asintió, conmovido.
—Eso significa mucho para nosotros, maestro.
Cuando terminaron de comer, Hunk sacó una pequeña caja envuelta en papel.
—Esto es para ti, Airi.
Feliz cumpleaños.
Airi abrió la caja con emoción y encontró una bonita coleta para el cabello con un diseño de flores, junto con algunas monedas.
—¡Qué bonito!
¡Gracias, Hunk!
—dijo mientras corría a abrazarlo.
—Cómprate algo bueno con esas monedas, ¿sí?
—Hunk le guiñó un ojo.
Después de la cena, los tres compartieron momentos llenos de risas.
Jugaron a juegos de mesa, contaron historias y hasta hicieron bromas.
Pero eventualmente, el sueño venció a Airi, que se quedó profundamente dormida en el sofá, abrazando un cojín.
En la mesa del comedor, Kiro y Hunk compartían un momento de tranquilidad.
Kiro, con curiosidad, rompió el silencio.
—Maestro, nunca le había preguntado… ¿Cómo conoció a mi mamá?
Hunk se recostó en la silla, mirando hacia el techo como si recordara tiempos lejanos.
—Era muy amigo de tu padre y tu madre desde que éramos niños.
Crecimos juntos, entrenamos juntos… incluso luchamos juntos.
Cuando me hice exorcista, siempre volví para verlos.
Eran como mi familia.
Kiro bajó la mirada, sintiendo un nudo en el pecho.
—Gracias por cumplir esa promesa.
Sé que no es fácil cuidarnos.
Al decir esto, Hunk sacó un saco de créditos, monedas de gran valor de su bolsillo y las puso sobre la mesa.
—Esto es para ustedes.
Es lo de este mes.
Úsalo sabiamente, ¿de acuerdo?
Kiro tomó el saco con cuidado, pero no pudo evitar sentirse incómodo.
—Gracias, maestro… pero siempre me siento mal por tomarlo.
No siento que me lo haya ganado.
Hunk soltó una carcajada.
—¿Sabes cuánto gana un exorcista de rango S?
Créeme, no me afecta en lo más mínimo.
Además, esto es lo que haría cualquier persona con ustedes.
El silencio llenó la habitación por un momento mientras ambos miraban a Airi, que dormía plácidamente en el sofá.
Entonces, Kiro se levantó de su asiento y se arrodilló frente a Hunk, inclinando la cabeza.
—Por favor, maestro… vuélvame a entrenar como antes.
Hunk lo miró, confundido.
—¿Entrenarte?
Pero ya practicamos lo suficiente, Kiro.
—No es suficiente.
—Kiro levantó la cabeza, y sus ojos dorados brillaban con determinación.
—Aún me falta un largo camino.
Quiero ser más fuerte.
Quiero entrenar todos los días, sin descanso.
Por favor, ayúdeme a ser mejor.
Hunk se quedó en silencio por un momento, pero luego una sonrisa se dibujó en su rostro.
Se levantó de la silla y extendió su mano hacia Kiro.
—Está bien, chico.
Si eso es lo que quieres, entonces como tu maestro, te ayudaré tantas veces como sea necesario para convertirte en el mejor de todos.
Kiro tomó su mano con una sonrisa amplia.
—¡Gracias, maestro!
No lo defraudaré.
Hunk, emocionado por la pasión de su aprendiz, tomó su vaso de cerveza y lo bebió de un sorbo.
—Tienes madera de exorcista, chico.
¡Vamos a demostrarle al mundo de lo que eres capaz!
Ambos rieron, llenos de determinación.
Esa noche, una nueva promesa quedó grabada en sus corazones, una que los llevaría a enfrentarse juntos a cualquier desafío.
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