Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 El Inicio de un Nuevo Día 12
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30: Capítulo 30: El Inicio de un Nuevo Día 1/2 30: Capítulo 30: El Inicio de un Nuevo Día 1/2 El sol comenzaba a ocultarse tras el horizonte.
Las sombras se alargaban en el bosque, y el aire fresco de la noche anunciaba la llegada de otra jornada peligrosa.
Hunk se puso su chaqueta y ajustó los guantes en sus manos.
Era hora de trabajar.
Se acercó a la anciana, quien estaba sentada tranquilamente en el salón, bebiendo té.
—Voy a restaurar otra de las tablillas.
—Dijo con tono despreocupado, pero su mirada era seria.
La anciana asintió con calma, sin dejar de remover su taza.
—Ten cuidado allá afuera, exorcista.
Hunk soltó una risa breve y tomó su mochila.
—¿Yo?
¿Cuidado?
No me hagas reír.
La anciana cerró los ojos y sonrió con sabiduría.
—No es a los Noxs a quienes debes temer… sino a lo que podrías encontrar más allá de la oscuridad.
Hunk se quedó en silencio por un momento.
Luego se dio media vuelta con una sonrisa confiada.
—Ya veremos si encuentro algo nuevo.
Salió de la casa y se adentró en el bosque.
Mientras tanto, en el interior de la casa, Kiro y Airi estaban sentados en el suelo jugando a las cartas.
Kiro tenía una expresión de total concentración.
—Mmm… Airi sonrió con picardía.
—Hermano, ya perdiste.
Colocó sus cartas sobre la mesa con confianza.
Kiro la miró sorprendido.
—¡¿Cómo demonios ganas tan rápido?!
Airi se encogió de hombros.
—Porque soy mejor que tú.
Kiro cayó de espaldas en el suelo dramáticamente.
—¡Esto es un fraude!
Airi rió divertida.
Pero antes de que pudieran continuar con su partida, la anciana se acercó a ellos.
—Kiro, ¿puedes hacerme un favor?
Kiro se reincorporó rápidamente.
—¡Claro!
¿Qué necesita, abuela?
La anciana sostuvo una bandeja con comida caliente.
—Hikari aún no ha comido nada.
¿Podrías llevarle esto a su habitación?
Kiro tomó la bandeja con ambas manos y asintió.
—¡Por supuesto!
Airi lo miró con una ceja levantada.
—No te pierdas.
Kiro le hizo una mueca.
—¡Ja, ja, qué graciosa!
Airi se cruzó de brazos con satisfacción.
—Terminaremos la partida cuando vuelvas.
Kiro sonrió confiado.
—Prepárate para perder.
Airi solo rió.
La anciana le indicó a Kiro que si necesitaba algo, estaría en el patio interior.
Kiro asintió y comenzó su misión.
Pero antes de salir del salón, se detuvo de golpe.
Su sonrisa desapareció.
—Espera un momento… Se giró lentamente hacia la anciana.
—No me dijo dónde está su habitación.
La anciana ya se había marchado.
El silencio lo envolvió.
—…Ostia.
Kiro caminaba por los largos pasillos de la casa, sosteniendo la bandeja con cuidado.
Pero cada habitación que encontraba estaba vacía o simplemente no tenía señales de ser la de Hika.
—¿Cuántas habitaciones tiene esta casa?
—Murmuró, ya frustrado.
Después de subir al segundo piso, su paciencia comenzaba a agotarse.
Su brazo ya le dolía de cargar la bandeja.
—¿Cómo se me pudo olvidar preguntarle?
Fue entonces cuando notó algo peculiar.
Al final del pasillo, había una puerta con un pequeño letrero pegado en ella.
El letrero decía: “Hika los observa”.
Kiro parpadeó.
—… ¿Qué demonios significa eso?
Se quedó mirando el letrero por unos segundos.
—Bueno… suena lo suficientemente raro como para ser su habitación.
Se acercó y tocó la puerta con el pie, ya que tenía las manos ocupadas.
—¿Hika?
¿Estás ahí?
Silencio absoluto.
Kiro esperó unos segundos.
—Voy a entrar.
Con mucho cuidado, empujó la puerta lentamente.
La habitación estaba completamente oscura.
—… Qué inquietante.
Dio un paso dentro, intentando no tropezar con nada.
—¿Dónde está el interruptor?
Tanteó la pared con una mano mientras sostenía la bandeja con la otra.
—Espero no haberme equivocado de habitación… Finalmente, encontró el interruptor.
Encendió la luz.
Y en ese instante… —¡KYAAA!
Algo salió disparado de la cama como un relámpago y cayó al suelo con un golpe seco.
—¡AH!
Kiro, asustado, casi dejó caer la bandeja.
—¡¿Q-QUÉ FUE ESO?!
Miró al suelo y vio una figura enredada entre las sábanas.
Hika.
La chica temblaba, con el cabello todo despeinado y los ojos entrecerrados por el sueño.
—Nnnghh… ¿qué pasó…?
Kiro la miró con incredulidad.
—¿Te caíste de la cama?
Hika se frotó los ojos y miró alrededor con confusión.
—¿Qué hora es…?
Luego, miró a Kiro y su expresión cambió.
—¡¿Qué haces en mi habitación?!
Kiro levantó la bandeja y la señaló.
—Te traje comida.
Hika parpadeó y miró la bandeja.
Sus ojos azules se iluminaron.
—¿Comida…?
Kiro asintió.
—Sí, la abuela me pidió que te la trajera.
Hika se arrastró en el suelo hasta quedar sentada con las piernas cruzadas.
—¿Qué hay?
Kiro miró la bandeja.
—Arroz con curry creo, también un poco de sopa y pan.
Hika inhaló profundamente y su estómago rugió con fuerza.
—Dioses, tengo hambre.
Extendió los brazos hacia la bandeja como una niña pidiendo un regalo.
—Dámelo porfa.
Kiro se rió y se lo entregó.
Hika tomó una cuchara y comenzó a comer con entusiasmo.
—Mmm… está muy bueno.
Kiro se sentó en el suelo, cruzando los brazos.
—Parece que tienes sueño profundo.
Hika hizo un puchero mientras masticaba.
—Estaba cansada, usar tanto el espíritu me mata.
Tomó un sorbo de la sopa y suspiró de felicidad.
—Pero gracias por traerme esto.
Kiro sonrió.
—No hay problema.
Hika siguió comiendo en silencio por un rato, disfrutando la comida.
Kiro la observó y luego miró la habitación.
—Por cierto… ¿qué demonios significa “Hika los observa”?
Hika se detuvo en seco y desvió la mirada con nerviosismo.
—E-Es una broma.
Kiro frunció el ceño.
—…¿Qué clase de broma?
Hika siguió comiendo sin responder.
Kiro la miró con sospecha un momento.
Hika terminó de comer a toda prisa, prácticamente devorando lo que quedaba en la bandeja.
Kiro la miraba con incredulidad.
—Vaya que tenias hambre.
Hika se limpió la boca con la manga y le dio una sonrisa confiada.
—Cuando la comida está buena, hay que aprovechar.
Kiro soltó una risa y recogió la bandeja.
—Bueno, me alegra que te haya gustado.
Cuando Kiro estaba por irse, Hika de repente se puso seria.
—Oye, ¿dónde dijiste que estaba mi abuelita?
Kiro giró la cabeza con curiosidad.
—Dijo que estaría en el patio interior.
En ese instante, los ojos de Hika se abrieron con sorpresa.
—¡Oh no!
¡Debe estar haciendo un ritual o algo interesante!
Kiro se quedó en blanco.
—¿Eh?
¿Y eso qué tiene de malo?
Hika se levantó de golpe.
—¡Eso es parte de mi entrenamiento!
¡Tengo que ir a verla ahora mismo!
Kiro la miró con una ceja levantada.
—Oye, lo mejor sería que siguieras descansando… Hika negó rápidamente con la cabeza.
—No, no, no.
Mi abuela rara vez hace este tipo de cosas.
¡Tengo que estar ahí!
Kiro suspiró y se encogió de hombros.
—Bueno, si dices que es parte de tu entrenamiento, entonces te entiendo.
No te detendré.
Le sonrió y le levantó el pulgar.
—¡Buena suerte!
Hika asintió con determinación y salió corriendo de la habitación.
Kiro suspiró y miró la bandeja.
—No sé por qué, pero siento que esa chica me traerá problemas en el futuro.
Con la bandeja en manos, salió del cuarto y se dirigió al salón.
Al llegar al salón Airi estaba sentada en el suelo, tamborileando los dedos contra la mesa con impaciencia.
Cuando vio a Kiro entrar, lo miró con cara de fastidio.
—¡Te tomaste tu tiempo!
Kiro se rió nervioso.
—Lo siento, lo siento.
Me quedé hablando con Hika.
Dejó la bandeja en una mesa y se sentó frente a Airi, tomando sus cartas.
—¡Bueno!
¡Sigamos con la partida!
Airi lo miró con picardía.
—Espero que estés listo para perder otra vez.
Kiro sonrió con confianza.
—¡Esta vez no me ganarás tan fácil!
Y así, ambos continuaron su juego, mientras la noche transcurría tranquila en la casa.
Mientras tanto, en lo profundo del bosque, Hunk se encontraba en medio de su misión nocturna.
Frente a él, una de las tablillas de piedra brillaba débilmente.
La protección que había mantenido alejados a los Noxs por tantos años estaba desvaneciéndose.
Hunk se agachó y puso una mano sobre la piedra, cerrando los ojos.
—Bien… es hora de arreglar esto.
Comenzó a canalizar su energía en la tablilla, restaurando poco a poco su poder.
Pero entonces, un ruido en la maleza lo alertó.
—Ya era hora… Los Noxs estaban cerca.
Uno a uno, emergieron de las sombras.
Criaturas de energía oscura, con ojos brillantes y cuerpos deformes.
Gruñían y se retorcían, hambrientos de carne.
Hunk se puso de pie y giró los hombros con calma.
—Si quieren pelear, adelante.
Imbuyó sus puños con energía.
Los Noxs no dudaron en abalanzarse sobre él.
¡BAM!
Hunk se movía con precisión.
Un puñetazo directo al cráneo de un Nox lo hizo explotar en luz.
Un giro rápido, y con la palma golpeó el torso de otro, eliminándolo al instante.
Los Noxs seguían llegando, pero él no se inmutaba.
Se movía con la elegancia de un luchador experimentado, esquivando y contraatacando con golpes certeros.
Cada golpe era letal.
Cada movimiento, calculado.
Poco a poco, fue eliminando a todos los Noxs que aparecían.
Tras unos minutos, la tablilla finalmente restauró su energía.
La barrera de protección se reactivó, ahuyentando a los Noxs restantes.
Hunk se estiró y bostezó.
—Bueno, otro trabajo bien hecho.
Regresó a la casa, caminando con calma, mientras la luz de la luna lo iluminaba.
Al día siguiente, el sol entró por las ventanas de la habitación de Kiro.
Abrió los ojos lentamente y se estiró.
—Mmm… ¿qué hora es?
Se sentó en la cama y miró su ropa.
—Genial… mi chaqueta y mi camisa están rotas.
Rebuscó en su mochila y sacó una polera manga corta gris.
—Supongo que esto servirá.
Se la puso y salió de la habitación.
Apenas salió al pasillo, un delicioso aroma golpeó su nariz.
Huevos revueltos con tocino.
Kiro sintió su estómago rugir.
—¡Eso huele increíble!
Se apresuró hacia la cocina.
Allí, vio a la abuela de Hika cocinando con tranquilidad.
—Buenos días, Kiro.
Le sonrió sin dejar de remover la sartén.
Kiro sonrió y se sentó en una silla.
—¡Buenos días, abuela!
¡Eso huele delicioso!
La anciana soltó una leve risa.
—Me alegra que pienses así.
Hoy será un día especial.
Kiro parpadeó.
—¿Un día especial?
Antes de que pudiera preguntar más, Airi y Hika llegaron a la cocina.
Ambas se frotaban los ojos, con expresión de hambre.
—Mmmm… huele rico… —dijo Airi medio dormida.
—¡Dame comida!
—exigió Hika con una sonrisa.
Se sentaron junto a Kiro y la anciana les sirvió platos llenos de comida.
—¡A comer!
—Dijo la anciana con entusiasmo.
Todos comenzaron a devorar sus platos con gusto.
Pero en medio del desayuno, Hunk entró a la cocina, estirándose con una gran sonrisa.
—Buenos días, mocosos.
Kiro se giró hacia él y alzó una ceja.
—Pareces más cansado de lo normal.
Hunk bostezó.
—Anoche me di una buena sesión de ejercicio.
Hika se tapó la boca con la mano.
—¿Eso significa que estuviste peleando?
Hunk se encogió de hombros.
—Digamos que tuve mi pequeña aventura nocturna.
Tomó una taza y se preparó un café.
Luego miró a Kiro y Hika y sonrió con picardía.
—Por cierto… hoy en el pueblo van a celebrar.
Kiro levantó una ceja.
—¿Celebrar qué?
Hunk se apoyó en la mesa y los señaló a ambos.
—A los nuevos héroes del pueblo.
Hika casi escupe su comida.
—¡¿QUÉ?!
Kiro se quedó boquiabierto.
—¿Héroes?
Hunk sonrió.
—Así es.
Se han ganado el respeto de todos por lo que hicieron con esa banda de bandidos.
Airi sonrió con orgullo.
—¡Mi hermano es un héroe!
Kiro se rascó la cabeza, un poco nervioso.
—Bueno… supongo que lo acepto.
Hika suspiró.
—Esto será vergonzoso… Hunk rió.
—¡Disfruten la fama, chicos!
Y así, su aventura en el pueblo Omori tomaba un giro inesperado.
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