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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 31

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31: Capítulo 31: El inicio de un Nuevo día 2/2 31: Capítulo 31: El inicio de un Nuevo día 2/2 El sol brillaba en lo alto, iluminando el pueblo Omori con su cálida luz.

Kiro, Hika, Airi, Hunk y la abuelita caminaban juntos por las calles del pueblo.

El ambiente era animado, con la gente trabajando para reparar los destrozos de la batalla del día anterior.

Cuando llegaron a la plaza, Kiro y Hika se detuvieron por un momento.

A su alrededor, vidrios rotos y escombros aún estaban esparcidos por el suelo.

Las marcas de la lucha contra los Hond seguían presentes.

Varios habitantes del pueblo barrían los restos de las estructuras destruidas y recogían los escombros.

Kiro y Hika sintieron una leve punzada de culpa.

—Esto… ¿Lo causamos nosotros?

—preguntó Hika en voz baja.

Kiro se cruzó de brazos y suspiró.

—Bueno… sí, pero también evitamos que estos tipos siguieran causando más problemas.

Justo en ese momento, un joven que estaba barriendo se acercó a ellos.

—¡Hey, héroes!

Kiro y Hika se giraron sorprendidos.

El joven les sonrió con energía, con el rostro lleno de gratitud.

—¡Buenos días!

No deberían estar por aquí, la plaza sigue un poco caótica.

Mejor vayan unas calles más adelante, ahí es donde los están esperando.

Kiro y Hika intercambiaron miradas.

—¿Nos están esperando?

—preguntó Hika con curiosidad.

El joven asintió con entusiasmo.

—¡Por supuesto!

Ustedes son los héroes del pueblo Omori.

Todos queríamos agradecerles de la mejor manera posible.

Se despidió con una gran sonrisa.

—¡Gracias por acabar con esos malditos Hond!

Dicho esto, regresó a su trabajo con energía renovada.

Kiro se quedó en silencio unos segundos y luego sonrió con satisfacción.

—Bueno… supongo que no lo hicimos tan mal después de todo.

Hika asintió con una sonrisa tímida.

—Sí… Sin más demora, siguieron caminando hacia la calle indicada.

Cuando llegaron a la zona indicada, se encontraron con algo inesperado.

La gente del pueblo estaba montando un festival improvisado.

Puestos de comida, juegos y decoraciones adornaban las calles.

El aire estaba impregnado con el delicioso aroma de los dulces y platillos recién preparados.

Apenas los habitantes notaron su llegada, una ola de aplausos llenó el ambiente.

—¡Viva nuestros héroes!

—¡Gracias por salvarnos!

—¡Son nuestros héroes!

Los aplausos y vítores hicieron que Kiro y Hika se detuvieran en seco.

Ambos estaban completamente atónitos.

—E-Espera… —murmuró Hika, mirando a su alrededor.

Kiro parpadeó varias veces y luego señaló a sí mismo.

—¿Nos están aplaudiendo a nosotros?

Airi soltó una risita al ver sus caras.

—¡Obvio!

¿Quién más?

Kiro y Hika se miraron entre sí, sintiéndose de repente nerviosos.

—Esto… es algo incómodo —dijo Hika con las mejillas rojas.

—Sí… pero también se siente bien —admitió Kiro con una sonrisa.

La abuelita se adelantó y les dio una mirada cálida.

—Este festival es en su honor.

Gracias a su valentía, lograron derrotar al mal que nos oprimía por años.

Las palabras de la anciana hicieron que Hika bajara la mirada conmovida.

—Siempre soñé con acabar con esos bandidos… Sus puños se apretaron con fuerza.

—Desde que llegaron hace años, siempre intenté hacer algo… pero nunca me dejaron.

Levantó la vista y miró a Kiro con gratitud.

—Pero gracias a ti… finalmente pude hacer algo.

Sonrió con sinceridad.

—Gracias, Kiro.

Kiro se rascó la nuca, un poco avergonzado.

—Bah, no me agradezcas tanto.

No lo hice solo.

Le sonrió con confianza.

—Pero si derrotamos a los malos, ¡entonces hay que disfrutar nuestra victoria!

Hika sonrió y asintió.

—¡Eso mismo!

Hunk se cruzó de brazos y sonrió con orgullo.

—¡Así se habla, mocosos!

¡Ahora vayan y disfruten del festival!

Con ánimo renovado, Kiro y Hika se adentraron en el festival.

Mientras recorrían las tiendas, los habitantes del pueblo los recibían con entusiasmo.

Cada puesto al que llegaban, los dueños les daban regalos de agradecimiento.

—¡Aquí, tomen estos pasteles de arroz!

—¡Prueben nuestras manzanas caramelizadas!

—¡Los héroes comen gratis hoy!

Kiro no podía creer la cantidad de comida que les ofrecían.

—¡¿Todo esto es gratis?!

Hika ya tenía las manos llenas de dulces y panecillos.

—¡Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida!

Ambos comenzaron a devorar los dulces y aperitivos con entusiasmo.

—¡Estos dango están increíbles!

—exclamó Kiro con la boca llena.

—¡No hables con la boca llena!

—se rió Hika, mientras masticaba un pastel.

Airi los miró divertida.

—Parecen un par de niños pequeños.

Hunk los observaba con los brazos cruzados y una sonrisa burlona.

—Bueno, después de todo lo que hicieron, se merecen este momento.

Siguieron recorriendo el festival, jugando en los puestos de tiro al blanco, probando distintos bocadillos y riendo juntos.

Por primera vez en mucho tiempo, el pueblo Omori se llenó de alegría y celebración.

Y para Kiro y Hika, era un día que jamás olvidarán, este día era el inicio de los héroes.

Kiro y Hika seguían disfrutando de los juegos y comiendo todo lo que les ofrecían.

Pero de pronto, un hombre algo rechoncho con un gran bigote y vestimenta elegante apareció frente a ellos.

Era el alcalde del pueblo.

Su presencia irradiaba confianza y amabilidad, y su sonrisa era tan amplia como su bigote.

—¡Ahí están nuestros héroes!

—exclamó con entusiasmo.

Sin previo aviso, los abrazó a ambos con fuerza.

—¡Gracias, muchachos!

¡Nos han salvado a todos!

Kiro sintió como sus costillas crujían un poco.

—A-Agradecemos el gesto, señor… p-pero… Hika intentaba hablar, pero estaba siendo aplastada entre el abrazo.

—¡No… puedo… respirar!

El alcalde se dio cuenta y rápidamente los soltó.

—¡Oh, lo siento, lo siento!

Me dejé llevar.

Ambos recuperaron el aliento.

Hika se sacudió la ropa y le sonrió con amabilidad.

—No se preocupe, nos alegra haber podido ayudar.

Kiro también sonrió y se cruzó de brazos.

—Sí, fue una buena pelea, aunque no esperaba tanta fama después.

El alcalde rió con orgullo.

—¡Por supuesto!

¡Han hecho algo increíble!

¡Por eso organizamos este festival en su honor!

Kiro miró a su alrededor y sonrió.

—Pues me está encantando el festival, así que gracias por hacerlo posible.

El alcalde asintió con satisfacción.

—¡No fue nada!

Es lo mínimo que podíamos hacer por nuestros héroes.

De pronto, el alcalde se rascó la barbilla con curiosidad.

—Díganme, ¿Han aprendido a controlar la energía?

Hika bajó la mirada un poco avergonzada.

—Bueno… en mi caso, aún sigo igual.

El alcalde la miró con comprensión y le sonrió.

—No te preocupes, pequeña.

Todos tenemos nuestro propio ritmo.

Luego miró a Kiro.

—¿Y tú, chico?

Kiro sonrió con confianza.

—¡Claro que sí!

Sé controlarla bien y ya puedo luchar con ella.

El alcalde lo miró sorprendido.

—¡Vaya, vaya!

¡Eso sí que es impresionante!

Se cruzó de brazos y asintió.

—Tienes un gran futuro, muchacho.

Kiro sonrió con orgullo.

Hika infló las mejillas y le dio un leve codazo a Kiro.

—No te creas tanto.

El alcalde miró su reloj de repente y abrió los ojos con alarma.

—¡Oh, cielos!

¡Tengo que irme!

Les dio una última sonrisa.

—¡Disfruten el festival!

Estará abierto hasta la noche.

Y con eso, se marchó rápidamente.

Kiro y Hika se miraron y rieron.

—Parece que siempre está ocupado —comentó Hika.

—Sí… pero es un buen tipo —respondió Kiro.

Después de un rato, continuaron explorando el festival.

Pero de repente, Hika recordó algo importante.

—¡Espera, Kiro!

Kiro la miró curioso.

—¿Qué pasa?

Hika se cruzó de brazos y sonrió con picardía.

—¡Me prometiste enseñarme a usar la energía!

Kiro parpadeó por un momento.

—Oh… cierto.

Entonces él también recordó algo.

—¡Pero tú también me prometiste enseñarme a usar el espíritu!

Hika sonrió divertida.

—Parece que tenemos un trato por cumplir, ¿no?

Kiro asintió con entusiasmo.

—¡Entonces vamos!

Ambos se alejaron del festival y se dirigieron hacia el claro en el bosque donde Hika solía entrenar.

Era un espacio abierto rodeado de árboles, con un suelo de césped firme y algunas piedras dispersas.

Hika se adelantó y estiró los brazos.

—Bien, Kiro… muéstrame cómo se usa la energía.

Kiro sonrió confiado y apretó los puños.

—¡Prepárate, porque te enseñaré lo básico!

Kiro se paró frente a Hika con una sonrisa confiada y estiró los brazos.

—Bien, Hika.

Para usar la energía, primero tienes que conectarte con lo que te rodea.

Hika inclinó la cabeza con curiosidad.

—¿Conectarme con lo que me rodea?

Kiro asintió y le hizo una seña para que se sentara en el suelo.

—Exacto.

Todo lo que ves, todo lo que tocas, tiene energía.

Solo tienes que aprender a sentirla.

Ambos se sentaron en la hierba.

El lugar estaba en completa calma, solo el sonido del viento moviendo las hojas de los árboles rompía el silencio.

—Cuando Hunk comenzó a entrenarme, lo primero que me enseñó fue a percibir la energía que fluye en el mundo.

Hika escuchaba atentamente.

Kiro cerró los ojos y respiró hondo.

—Cierra los ojos y trata de percibir todo lo que nos rodea.

Hika obedeció y cerró los ojos suavemente.

—Ahora escucha mi voz —continuó Kiro— concéntrate únicamente en mí e intenta visualizar poco a poco lo que te rodea.

Hika juntó sus dedos y comenzó a concentrarse.

—A tu alrededor hay miles de hojas de pasto, cada una es un ser vivo.

Su voz era calmada, guiándola a través del proceso.

—Cada una de esas hojas tiene energía dentro de sí.

No pienses en verla… trata de olerla, sentir su textura, su calor o su sonido.

Hika frunció un poco el ceño y respiró profundamente.

—Sentir su olor… su sonido De pronto, un leve sonido, un silbido casi imperceptible, llegó a sus oídos.

Sus ojos se abrieron un poco, pero no los abrió del todo.

—¡Kiro!

Su voz sonaba emocionada.

—Creo que encontré algo… Kiro sonrió ampliamente.

—¡Eso es!

No pierdas la concentración, quédate quieta y sigue explorando.

Hika volvió a cerrar los ojos y se enfocó aún más.

A medida que profundizaba en su percepción, el silbido se hizo más claro.

—Es más fuerte ahora… Agudizó aún más sus sentidos.

Entonces una nueva sensación apareció.

No era solo un sonido.

Era una presencia.

—Puedo… ver algo… Poco a poco, su mente comenzó a formar imágenes.

El mundo que la rodeaba se oscureció, pero en medio de esa oscuridad, vio pequeños puntos brillantes.

Como estrellas dispersas en la nada.

Eran pequeñas partículas de energía flotando por el campo.

Eran miles.

Hika extendió su mano lentamente y tocó una.

Justo en ese momento, abrió los ojos.

A su alrededor, la realidad se mezcló con lo que había visto en su mente.

Pequeñas esferas de energía irradiaban una tenue luz dorada, danzando entre las hojas de pasto.

Sus ojos se iluminaron con asombro.

—Esto… Miró a su alrededor como una niña maravillada en su primer día de aventuras.

—¡Puedo sentirlas!

¡La energía está en todas partes!

Se levantó de un salto y giró sobre sí misma, observando cada partícula de energía flotando en el aire.

Kiro se levantó con ella y le dio un golpe en la espalda, riendo.

—¡Superaste la primera prueba con éxito!

Hika se giró hacia él con una sonrisa radiante.

—¡Esto es increíble!

Se llevó una mano al pecho y sintió cómo su propio espíritu vibraba con la energía que la rodeaba.

—Es como si pudiera escucharla… Miró a Kiro con profunda gratitud.

—¿Qué hiciste para que esto fuera posible?

Kiro se rascó la cabeza con una sonrisa orgullosa.

—Para que fuera más fácil de alcanzar, impregné la hierba con mi energía.

Así pudiste notar su presencia con mayor claridad.

Hika lo miró con sorpresa.

—O sea que… ¿toda esta luz que veo es tu energía?

Kiro asintió.

—Solo un poco.

La energía siempre ha estado aquí, solo te ayudé a verla más rápido.

Por unos segundos, Hika se quedó en silencio.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

Kiro se alarmó y se acercó a ella.

—¡¿Hika?!

¡¿Dije algo malo?!

Pero antes de que pudiera seguir preguntando, Hika se dejó caer en la hierba y comenzó a reír.

Una risa alegre, pura y llena de emoción.

Kiro se quedó sin palabras, sin entender lo que pasaba.

—Hika… ¿estás bien?

Hika asintió mientras se secaba las lágrimas de felicidad.

—Sí… sí, estoy bien… Le dio una gran sonrisa.

—Es solo que… llevo tanto tiempo intentando sentir la energía, y hoy… ¡hoy por fin lo logré!

Sus ojos reflejaban una felicidad indescriptible.

—¡Gracias, Kiro!

Kiro la miró un momento y luego sonrió ampliamente.

—¡De nada, Hika!

Se dejó caer junto a ella y miraron el cielo juntos.

El viento sopló suavemente, moviendo las hojas del bosque a su alrededor.

Esa tarde, Hika dio su primer gran paso en el camino de la energía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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