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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 La Niebla Carmesí
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34: Capítulo 34: La Niebla Carmesí 34: Capítulo 34: La Niebla Carmesí —¡Apresúrate, Kiro!

¡Si alguien la tomó, podríamos perderla para siempre!

—dijo Hika, acelerando el paso.

—¡Voy lo más rápido que puedo!

—respondió Kiro, manteniendo el ritmo.

De pronto, en medio de la prisa, Kiro chocó contra alguien y cayó de espaldas al suelo.

—¡Ah, lo siento mucho!

—dijo rápidamente, levantando la vista.

Frente a él había una mujer alta, vestida con un elegante kimono negro con bordados plateados.

Su largo cabello oscuro le caía como un río de sombras y su piel era pálida como la luna.

Le ofreció la mano a Kiro con una expresión serena.

—No te preocupes, pequeño.

Fue mi culpa también.

Kiro tomó su mano sin pensar… y un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

La piel de la mujer estaba helada.

Su contacto era como tocar el mármol en una noche invernal.

Pero lo peor fue cuando Kiro miró sus ojos.

Un par de iris carmesí brillaban con intensidad bajo la luz del festival.

En ese instante, algo dentro de Kiro se rompió.

Su respiración se agitó, el sudor frío empapó su espalda y su corazón latió tan fuerte que sintió que iba a estallar.

No entendía por qué, pero estaba aterrado.

Pero aquellos ojos le provocaban un terror indescriptible.

—¿Te encuentras bien?

—preguntó la mujer, inclinando ligeramente la cabeza.

Kiro no pudo responder.

Las palabras se atascaban en su garganta.

La mujer simplemente le dedicó una sonrisa amable.

—Que tengas una buena noche.

Luego se alejó entre la multitud, desapareciendo entre las luces y la música del festival.

El dolor en el pecho de Kiro se volvió insoportable.

Se tambaleó y cayó de rodillas al suelo.

—¡Lo encontré!

¡Recuperé mi billetera!

—la voz alegre de Hika sonó a lo lejos mientras se acercaba corriendo.

Pero cuando vio a Kiro en el suelo, su rostro se transformó por completo.

—¡Kiro!

¿Qué te pasó?

Sin perder tiempo, lo ayudó a ponerse de pie, pasando su brazo por su espalda para sostenerlo.

—¡Tienes la cara blanca como un papel!

¿Te sientes mal?

Kiro respiraba con dificultad, como si algo invisible lo estuviera sofocando.

—N-no sé… de repente… me siento mal… Hika lo llevó a un rincón más alejado del bullicio, apoyándolo contra la pared de un edificio.

—Kiro, dime qué pasó.

—Su voz era firme, pero reflejaba preocupación.

Kiro cerró los ojos con fuerza, intentando calmar su respiración.

—Era esa mujer… —¿Qué mujer?

Kiro abrió los ojos y miró hacia la multitud, pero ya no pudo verla.

—No sé quién era… pero cuando la vi, sentí… Hika esperó su respuesta con el ceño fruncido.

Kiro apretó los puños.

—Sentí un miedo que no puedo explicar.

Como si… algo dentro de mí me dijera que corriera.

Hika se quedó en silencio.

—¿Una mujer con kimono negro y ojos rojos?

—preguntó con cautela.

Kiro asintió.

—Kiro… esa debe ser Lady Kaori.

—¿Lady Kaori?

—Es una persona importante aquí en Omori.

De hecho hoy dará un discurso con el alcalde.

Kiro sintió un nuevo escalofrío al escuchar su nombre.

—Algo no está bien con ella… Hika miró a Kiro con incertidumbre.

—¿Estás diciendo que es peligrosa?

Kiro apretó los dientes.

—No lo sé… pero hay algo en ella… algo que… no puedo explicar.

Mientras tanto, en la casa de la anciana… Hunk ajustó su chaqueta y se puso los guantes.

—Bien, ya es hora.

—Dijo mientras exhalaba humo de su cigarro.

Se giró hacia Airi, que estaba acomodando unos libros en la sala.

—Airi, ¿Kiro y Hikari ya volvieron?

Airi inclinó la cabeza, pensativa.

—Mmm… hoy vino mucha gente a preguntar por habitaciones, pero creo que sí los vi llegar.

Hunk la observó por unos segundos, luego asintió.

—Bien.

Si ya están aquí, entonces puedo comenzar sin preocuparme.

Tomó su bolso y salió de la casa, encaminándose hacia el bosque.

Tras pasar por los senderos de tierra Hunk llegó hasta la tablilla de piedra y apoyó la mano en ella, comenzando el ritual de restauración.

Sin embargo, algo era diferente esta vez.

Sintió una fluctuación de energía.

Sus ojos se afilaron con emoción como si lo hubiera estado esperando.

—Hmph… ya era hora de algo interesante.

Aumentó su energía al máximo y desapareció en un destello de luz, moviéndose entre los árboles a una velocidad inhumana.

Tras recorrer varios árboles en segundos, llegó a un gran campo abierto.

En el centro… Un portal rojo vibraba con una energía densa y oscura.

Un hedor insoportable a Nox impregnaba el aire.

Hunk frunció el ceño.

—Así que esto es lo que estaba causando la invasión de Noxs cada vez que realizaba el ritual… Estaba por acercarse cuando una voz resonó en la lejanía.

—No esperaba menos de un exorcista de rango S… pero esta noche… Hunk sintió una presencia acercándose.

—…será tu última.

Mientras tanto, en el festival…  La misma mujer que Kiro había visto antes, Lady Kaori, subió al escenario junto al alcalde.

El público la recibió con aplausos.

Lady Kaori sonrió y alzó la voz con elegancia.

—Queridos ciudadanos de Omori… esta noche celebramos la valentía de nuestros nuevos héroes.

Los ojos de Kiro volvieron a encontrarse con los de ella.

Su respiración volvió a agitarse.

El miedo regresó como un golpe seco al estómago.

—Hika… —susurró, sin apartar la vista de Lady Kaori.

—¿Sí?

Kiro tragó saliva.

—Algo está por pasar… —¡No te preocupes tanto, Kiro!

Lady Kaori es una buena persona, de verdad.

—dijo Hika, dándole un suave golpe en el hombro.

Kiro no estaba convencido.

Había algo en esa mujer que le erizaba la piel.

—Pero… hay algo en ella… —murmuró Kiro, con los puños apretados.

—Has pasado por mucho últimamente, tal vez solo estás nervioso.

—Hika le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

Kiro respiró hondo, intentando calmarse.

Tal vez Hika tenía razón.

—Dime… ¿desde cuándo está Lady Kaori en Omori?

—preguntó Kiro, aún con cierta desconfianza.

Hika se cruzó de brazos y pensó por un momento.

—Hace unos meses.

Llegó y se convirtió en una persona muy cercana al alcalde.

Ayuda mucho al pueblo, dona recursos y organiza eventos… La gente la quiere mucho.

Kiro no dijo nada, pero algo en su interior no dejaba de desconfiar en ella.

La voz de Lady Kaori resonó en los altavoces —Queridos ciudadanos de Omori… esta noche no solo celebramos nuestra libertad, sino que también quiero compartir con ustedes algo especial.

Las personas en la plaza prestaron atención con interés.

—Como agradecimiento a nuestros héroes, quiero ofrecerles una prueba gratuita de mi nuevo modelo de perfume.

De inmediato, muchas personas comenzaron a acercarse con entusiasmo.

—¡Ohh, eso suena interesante!

—Hika miró a Kiro con emoción.

Pero Kiro frunció el ceño al instante.

Un olor extraño comenzó a llenar el aire.

Algo… familiar.

Su estómago se revolvió.

Ese no era un perfume normal.

Kiro abrió los ojos de golpe y salió corriendo.

—¡Kiro!

¿Qué pasa?

—preguntó Hika, siguiéndolo.

Kiro no respondió.

Con su energía aumentada, dio un gran salto y aterrizó justo frente a Lady Kaori, arrebatándole la botella de perfume de las manos.

Toda la multitud quedó en shock ante la repentina escena.

—¡Esto no es perfume!

—gritó Kiro, completamente alarmado.

Los asistentes del festival murmuraban entre ellos, confundidos.

Lady Kaori parpadeó con sorpresa y luego sonrió.

—Oh, querido Héroe… ¿Por qué arruinas el momento?

—¡No eres humana!

—acusó Kiro con furia.

La multitud quedó en silencio.

El ambiente se volvió tenso.

Kaori puso una expresión de ofensa.

—¿Perdón?

—¡Puedo olerlo en este líquido!

¡Esto no es perfume, es…!

Kiro sintió una presión en el pecho.

El aroma era tan fuerte que su cabeza comenzó a doler.

Lady Kaori suspiró con falsa tristeza.

—Lo hicimos para ti, para nuestros héroes.

—¡Mientes!

—gritó Kiro, elevando su energía.

Sin pensarlo más, cargó energía en su mano y destruyó la botella de un solo golpe.

El cristal se rompió en mil pedazos y el extraño líquido se evaporó en el aire.

Kaori abrió los ojos con sorpresa y luego chasqueó la lengua.

—Eso costó mucho… La gente observaba la escena con incertidumbre.

Pero entonces, Kaori recuperó su sonrisa y miró a la multitud con calma.

—No se preocupen, queridos.

—dijo con una voz suave y tranquilizadora.

—Preparé más muestras gratis para todos.

De pronto, unas compuertas de aire en los postes del festival se abrieron.

Una extraña niebla roja comenzó a esparcirse por toda la plaza.

Kiro abrió los ojos con horror.

—¡No respiren eso!

Pero la gente ya estaba inhalando la niebla sin darse cuenta.

Los ojos de varios de los asistentes comenzaron a perder su brillo, sus cuerpos se relajaron… y sus expresiones se volvieron vacías.

—¿Qué… qué está pasando?

—susurró Hika, cubriéndose la boca con la mano.

Antes de que Kiro pudiera reaccionar, el alcalde apareció detrás de él y lo tomó por el brazo con firmeza llevándolo hasta un callejón.

—Ven conmigo, muchacho.

—¡Señor alcalde!

¡Tiene que detener esto!

El alcalde sonrió, pero algo en su expresión se veía… extraño.

—Mejor vete a casa, Kiro.

No molestes a Lady Kaori, en medio de algo importante.

Kiro se sintió aún más inquieto.

Los ojos del alcalde estaban… distintos.

Parecían apagados, como si estuviera en trance.

—¿Se encuentra bien, alcalde?

—preguntó Kiro con preocupación.

Pero entonces, una voz suave y seductora sonó detrás de él.

—Todos están bien, Kiro… Hasta que de pronto sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Lady Kaori estaba detrás de él.

Sonriendo.

Kiro no tuvo tiempo de reaccionar.

Antes de que pudiera moverse, una mano fría y delicada se posó sobre su hombro.

Una corriente helada recorrió su espalda.

—No te preocupes por los demás, Kiro… —susurró Lady Kaori con una voz suave y tranquilizadora.

Pero su tono era demasiado perfecto, demasiado armonioso.

No sonaba natural.

Kiro sintió un escalofrío y su cuerpo se tensó.

El alcalde, de pie frente a él, sonrió con calma.

—Lo que dice la señorita Kaori es cierto, hijo.

Ella ayudó a organizar este evento, gracias a ella podemos celebrar hoy en paz.

Lady Kaori se inclinó un poco, su rostro a escasos centímetros del de Kiro.

—No tenemos que ser enemigos, Kiro.

—murmuró.

—Podemos llevarnos bien.

El aroma que despedía su cuerpo se volvió aún más intenso.

El sudor comenzó a recorrer la frente de Kiro.

No solo olía a Nox.

Era algo más.

Lady Kaori apretó un poco más su hombro.

—Solo respira… No tengas miedo.

Kiro intentó moverse, pero su cuerpo se negaba.

Tenía que pensar en algo.

Rápido.

No podía quedarse allí.

No podía respirar esa niebla.

Pero su cuerpo no respondía.

—Vamos, Kiro… todo estará bien.

Los ojos de Lady Kaori brillaban como gemas rojas bajo la luz de las linternas del festival.

La neblina carmesí ya cubría casi todo el lugar.

Las personas estaban de pie, con las miradas vacías… completamente inmóviles.

Kiro comenzó a sentir que su vista se nublaba.

Su respiración se volvió errática, haciendo que se hiperventile.

—No… —intentó resistirse, pero su conciencia comenzaba a desvanecerse.

Hasta que, en un instante, todo cambió.

Su cuerpo desapareció de aquel lugar en un parpadeo.

Kiro reapareció de golpe en otro callejón oscuro, cayendo de rodillas al suelo.

Jadeó, con el corazón latiéndole como un tambor.

—¡Kiro!

—Hika corrió hacia él, aliviada.

Kiro estaba cubierto de sudor, sus músculos estaban rígidos y su mente seguía atrapada en el momento anterior.

—Que bueno que te saque de ahí justo a tiempo… —dijo Hika, ayudándolo a sentarse contra la pared.

Kiro levantó la mirada y notó el aura del espíritu aún vibrando alrededor de Hika.

—Fuiste tú… —susurró.

Hika asintió con una pequeña sonrisa.

—Tuviste suerte de que sintiera tu presencia.

Kiro se recargó contra la pared, tratando de recuperar el aliento.

—Gracias… —dijo, cerrando los ojos por un momento.

Hika miró a su alrededor con nerviosismo.

—Algo raro pasó.

—murmuró.

—¿Qué?

Hika tragó saliva antes de responder.

—Las personas… estaban actuando raro.

Kiro se tensó.

—¿Qué quieres decir?

—No es que solo respiraron la niebla y se desmayaron.

—explicó Hika, con el ceño fruncido.

Se quedaron quietos, como si estuvieran dormidos con los ojos abiertos.

Kiro se estremeció.

—Definitivamente es obra de Lady Kaori… —Sí… pero entonces, ¿Por qué nosotros no fuimos afectados?

—preguntó Hika, cruzándose de brazos.

Kiro tampoco lo entendía.

Sintió la niebla, pero no lo durmió ni lo dejó en trance.

Algo los hacía diferentes.

Pero antes de que pudieran seguir pensando en ello… Un fuerte estruendo sacudió el pueblo.

Las paredes del callejón temblaron y una fuerte corriente de energía recorrió el aire.

Hika abrió los ojos con alarma.

—¡Esa energía…!

Kiro se puso de pie de inmediato.

—¿Qué fue eso?

Hika miró hacia la dirección de donde vino el impacto.

—Debe ser el núcleo… —¿El qué?

—El núcleo de energía del pueblo.

El nexo.

—explicó Hika con rapidez —.

Todas las ciudades y pueblos tienen uno.

Es un relé de energía que mantiene a los Nox fuera de estas zonas.

Kiro frunció el ceño.

—Entonces… si esa cosa se destruye… Hika tragó saliva.

—Los Nox podrán entrar.

Ambos se quedaron en silencio por un segundo.

Hasta que Kiro dio un paso adelante con determinación.

—Entonces tenemos que impedirlo.

Hika asintió.

—Sí…

si el plan de Lady Kaori es apagar el núcleo, todo el pueblo estará en peligro.

Sin perder más tiempo, ambos corrieron hacia el origen del estruendo.

El destino del pueblo Omori dependía de ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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