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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 La Carrera por las Tablillas
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36: Capítulo 36: La Carrera por las Tablillas 36: Capítulo 36: La Carrera por las Tablillas El bloque de piedra comenzó a parpadear débilmente, su luz oscilando como si estuviera perdiendo fuerza.

La abuela frunció el ceño con preocupación y sin perder tiempo se acercó, colocando sus manos sobre la superficie de la tablilla.

—Esto no es bueno… —murmuró con seriedad.

Una tenue aura azul comenzó a irradiar de sus palmas, intentando estabilizar el núcleo.

Hika reaccionó rápidamente y se apresuró a ayudar.

—¡Abuela, te ayudo!

Colocó sus manos junto a las de su abuela y concentró su espíritu en la tablilla, sintiendo inmediatamente una presión intensa.

Era como si el núcleo estuviera resistiéndose.

Kiro observaba con atención, sintiendo la tensión en el aire.

—¿Qué está pasando?

La abuela resopló con cansancio mientras mantenía su energía fluyendo.

—¡Alguien está desactivando los pilares del núcleo!

Kiro se tensó.

—¿Qué?

—Sin esos pilares, el núcleo colapsará y la protección de la casa desaparecerá.

Hika mantuvo su energía estable, pero podía notar el gran esfuerzo que esto requería.

—Si logran desactivar el núcleo, los Nox podrán entrar sin resistencia… —dijo Hika con preocupación.

La abuela chasqueó la lengua con molestia.

—¡Este debería ser el trabajo de Hunk!

¿Pero dónde diablos está ese exorcista ahora?

Kiro apretó los puños.

—Entonces, dime qué tengo que hacer.

Las dos lo miraron sorprendidas.

—¿Tú?

—preguntó Hika con incredulidad.

—Alguien tiene que hacerlo, ¿no?

—Kiro sonrió con confianza, pero su mirada estaba determinada.

La abuela suspiró profundamente.

—Necesitarás realizar un círculo de energía alrededor de cada tablilla para estabilizarla… y luego un conjuro de reparación.

Kiro asintió, decidido.

—Eso suena fácil.

Hika bufó, agitando su cabeza.

—Claro, como si fueras un experto en esto.

—Bueno, Hunk siempre dice que la práctica es la clave.

Hika lo miró con desconfianza.

—Kiro, apenas estás aprendiendo a usar tu espíritu.

Si intentas esto, podrías agotarte rápido y… Kiro le guiñó un ojo.

—Lo haré antes de que eso pase.

Airi se acercó a su hermano y lo miró con preocupación.

—¿Estás seguro de que puedes hacerlo?

Kiro le revolvió el cabello con una sonrisa confiada.

—Por supuesto.

La abuela lo observó por unos segundos antes de suspirar de nuevo.

—Escucha, hay cuatro tablillas en total, cada una ubicada en una esquina de la casa.

Señaló los senderos que se adentraban en el bosque.

—Los senderos están marcados, así que no deberías perderte.

—Entendido.

Airi se cruzó de brazos, preocupada por su hermano.

—Nos mantendremos en contacto por los brazaletes.

Cuando llegues a una tablilla, avísanos para ayudarte en el proceso.

Kiro levantó su pulgar en señal de aprobación.

—No hay problema.

Hika lo miró un momento, luego suspiró y sonrió levemente.

—Buena suerte, héroe.

—Tendré toda la suerte del mundo.

Sin perder más tiempo, Kiro salió corriendo a toda prisa.

Al salir de la casa se adentró en el sendero, avanzando con rapidez.

Las sombras de los árboles se alzaban a su alrededor, la neblina carmesí no había llegado tan lejos, pero aún así la energía del lugar se sentía inestable.

Su respiración era constante, su cuerpo todavía estaba resentido por el enfrentamiento con Yowl, pero no podía detenerse.

Tras un par de minutos de carrera, llegó a la primera tablilla.

Parecía estar normal.

Kiro se acercó con cautela, inspeccionándola.

—¿Está bien…?

Pero justo cuando pensó que todo estaba en orden, sintió una potente fluctuación de energía en la distancia.

Fue como una onda expansiva invisible que sacudió su cuerpo.

El pulso de poder le erizó la piel y su corazón se aceleró.

Era una presencia inmensa… peligrosa… y al mismo tiempo, familiar.

—¿¡Qué diablos fue eso!?

El instinto de Kiro le gritó que esa energía era la de Hunk.

Pero no estaba solo.

Había otra energía… oscura, intensa, sofocante a su lado.

Una que rivalizaba en intensidad con la de su maestro.

Kiro tragó saliva, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

—¿¡Qué le está pasando a Hunk!?

En aquel bosque, una batalla de titanes estaba iniciando.

Hunk cargó su energía y se lanzó contra Taro como un rayo de luz.

Taro logró reaccionar con rapidez, bloqueando el ataque y contraatacó con un golpe directo a la cara.

El puño impactó con fuerza, pero Hunk ni siquiera se inmutó.

En un instante, su puño envuelto en energía luminosa se estrelló contra el estómago de Taro.

—¡Guh!

—Taro apretó los dientes, retrocediendo por el impacto.

No tuvo tiempo de recuperarse.

Hunk se movió con una velocidad cegadora, pero Taro reaccionó con reflejos inhumanos.

Ambos comenzaron a intercambiar golpes con una precisión letal.

Cada puñetazo, cada patada era un choque de pura habilidad y fuerza bruta.

Los golpes resonaban en el aire, levantando polvo y dejando marcas en el suelo por la pura presión de la energía.

Hunk notó que Taro no era un peleador cualquiera.

Cada movimiento, cada ataque era limpio, calculado, sin desperdicio.

—Parece que no eres un simple mercenario.

Taro sonrió de lado.

—No te creas tanto exorcista.

Sin perder tiempo, Taro incrementó su velocidad.

En cuestión de segundos, Hunk estaba a la defensiva, recibiendo múltiples golpes precisos.

Cada impacto parecía drenar su energía, como si su luz fuera poco a poco apagada.

Pero Hunk no iba a quedarse atrás.

—¡Veamos qué tan bien manejas esto!

De repente, su cuerpo estalló en una explosión de luz, cegando temporalmente a Taro.

Era su oportunidad.

Hunk apareció frente a él en un abrir y cerrar de ojos, desatando una ráfaga de golpes demoledores.

El aire vibró con cada impacto, y Taro fue forzado a retroceder.

—No te subestimaré.

—Hunk sonrió con ferocidad.

Ambos volvieron a lanzarse al ataque.

Sus golpes eran rápidos, limpios, letales.

Cada bloqueo era respondido con un contraataque inmediato.

Cada patada era esquivada por milímetros.

Los árboles a su alrededor temblaban por la intensidad del combate.

Pero entonces, Hunk decidió cambiar de estrategia.

Usó su energía de luz para lanzar ataques a distancia.

Esferas de energía brillaban como estrellas fugaces, disparadas a gran velocidad.

Taro intentó esquivarlas, pero la ráfaga era demasiado intensa.

El impacto de la luz golpeó su cuerpo directamente, haciendo que su energía oscura comenzara a decaer.

—Tch… —Taro notó cómo su velocidad disminuía.

Era el momento de Hunk.

Con un movimiento maestro, bloqueó un golpe de Taro y contraatacó con un puño devastador en la cara.

El impacto aturdió por completo a Taro.

Y Hunk no desperdició la oportunidad.

Cargó una esfera de energía luminosa en su otra mano y la impactó contra su oponente.

—¡Veamos si puedes aguantar esto!

La explosión de luz iluminó el bosque entero, enviando a Taro volando por los aires.

El suelo tembló con la onda expansiva.

Hunk respiraba agitado, sudor cayendo por su frente.

—¿Eso lo habrá acabado…?

Pero su instinto le decía que esto aún no había terminado.

Mientras eso pasaba…  Kiro corría a toda velocidad a través del bosque.

Su respiración era agitada, su corazón latía con fuerza.

Su mente estaba dividida en dos: en la misión que tenía y en la pelea de Hunk.

—Tienes que estar bien, maestro… —murmuró entre jadeos.

Pero ahora, su prioridad era restaurar las tablillas.

Finalmente, llegó a la segunda tablilla.

Pero esta era diferente.

La piedra tenía grietas, su luz parpadeaba de forma errática.

—¡Esta sí que está mal!

Sacó su brazalete y rápidamente contactó con Airi.

—¡Airi, encontré la tablilla con el problema!

¿Qué hago ahora?

La voz de Airi sonó preocupada a través del brazalete.

—¡Bien!

Hika y la abuela me explicaron el proceso.

—¡Dímelo rápido!

—Primero, crea un círculo de energía a su alrededor.

Kiro tomó una respiración profunda, concentrando su espíritu.

—Vale… puedo hacerlo, es lo que aprendí con Ryu.

Sus manos brillaron con un tenue color azul, la energía de su espíritu reaccionando.

Poco a poco, empezó a invocar un círculo en el suelo con su energía.

Pero de repente… Una sombra pasó entre los árboles.

Kiro se detuvo en seco, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

—¿Qué fue eso…?

Kiro sentía su respiración acelerada mientras mantenía su mano sobre la tablilla.

El resplandor de las runas iluminaba su rostro, reflejando su determinación y miedo a la vez.

Activar el ritual era la única forma de restaurar la protección de la casa.

Pero ahora… sabía que no estaba solo.

El frío de la noche se intensificó, y un escalofrío recorrió su espalda.

El bosque parecía contener la respiración.

Kiro apretó los dientes y presionó su brazalete para comunicarse.

—¡Hay algo aquí!

¡Me está acechando!

¿Qué hago ahora?

La voz de Airi sonó al instante.

—¡Te pongo en altavoz!

¡La abuela y Hika te dirán qué hacer!

Un leve sonido estático acompañó la respuesta de la anciana.

—Kiro, escucha con atención.

Su tono era serio y firme.

—Para completar el ritual, debes recitar ‘Sacrarium malum’ mientras tocas las runas de la tablilla.

Kiro tragó saliva.

—¿Eso es todo?

—No.

—La voz de la anciana se volvió aún más grave.

—El ritual absorberá tu espíritu lentamente hasta que la tablilla esté restaurada… y eso atraerá a los Noxs hacia la tablilla.

Kiro cerró los ojos con fuerza.

—Entendido… ¡No se preocupen!

¡Lo haré!

Tomó aire y llevó su mano a las runas.

—Sacrarium malum.

Las runas brillaron intensamente, iluminando la tablilla con una luz azul.

El círculo de energía comenzó a girar en el suelo.

Era el comienzo del ritual.

Pero entonces… Un movimiento rápido en la oscuridad.

¡Un ataque sorpresa!

Kiro logró reaccionar por puro instinto, rodando por el suelo.

Un golpe brutal impactó en la tablilla, agrietándola.

Kiro se giró de inmediato para ver al atacante… Su cuerpo se paralizó.

Era un Nox… pero no uno común.

Sus ojos verdes brillaban en la oscuridad con una malicia indescriptible y su forma era mucho más humana.

Un Nox H.

Su respiración se agitó.

Recordó su trauma, el terror de aquella noche en el cobertizo.

Su mente se llenó de imágenes de aquel día y el dolor.

El miedo lo atrapó.

Su cuerpo se negaba a moverse.

“No… No otra vez…” El Nox ladeó la cabeza y sonrió de manera macabra.

—¿Qué pasa, niño?

¿Acaso tienes miedo?

Kiro no podía responder.

Su cuerpo estaba congelado en terror, pero sabía que debía hacer algo para salir de esta situación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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