Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Capítulo 39 Pelea Callejera 22
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39: Capítulo 39: Pelea Callejera 2/2 39: Capítulo 39: Pelea Callejera 2/2 Kiro salió despedido por la onda expansiva y cayó al suelo.
El círculo de energía desapareció, pero Kiro se incorporó como pudo.
—¡Airi!
—gritó, desesperado.
Desde la distancia, su hermana levantó un pulgar con esfuerzo.
—Aún… me queda energía… —dijo, sonriendo débilmente.
Kiro suspiró aliviado.
Pero su alivio no duró.
El humo se disipó y el Nox seguía de pie.
Lleno de heridas.
Cubierto de sangre.
Pero vivo.
Kiro apretó los dientes.
—¡Maldita sea…!
Fue entonces cuando lo vio.
En la espalda del Nox… Había un parche desgarrado.
Una insignia.
Decía: “Exorcista, Rango B”.
Los ojos de Kiro se abrieron de par en par.
—No… no puede ser… Con el corazón acelerado, caminó hacia el Nox.
Quería ver su rostro.
Quería confirmar lo que había leído.
Y entonces… lo vio.
Bajo la sangre, las cicatrices y la sombra de la corrupción… Aún se podía distinguir su rostro humano.
Un nombre estaba grabado en su desgarrado uniforme.
Suo Yinura.
Un exorcista.
Kiro se quedó helado.
—Tú… eras un exorcista… El Nox sonrió con melancolía.
—Lo fui.
Kiro sintió su cuerpo estremecerse.
Si un exorcista podía convertirse en un Nox… ¿Cómo es que pudo pasar?
¿Podría pasarle a Hunk?
Su mente se llenó de preguntas.
Pero el Nox siguió hablando.
—No te equivoques, chico… Esta es nuestra verdadera naturaleza.
Kiro apretó los puños.
—¡No digas tonterías!
Pero el Nox solo sonrió.
—Solo debo seguir al Gran Maestro.
El miedo invadió el corazón de Kiro.
El Nox de ojos verdes se mantuvo en silencio.
Kiro respiraba con dificultad.
Con la voz temblorosa, preguntó: —¿Siquiera recuerdas tu nombre?
Los ojos del Nox se oscurecieron por un momento.
—No necesito un nombre.
Su voz era fría, hueca, inhumana.
—Solo necesito… devorarlos.
Sin advertencia, se lanzó contra Kiro.
Pero Airi actuó primero.
Una pequeña esfera de energía impactó en la cara del Nox.
No le hizo daño.
Pero lo distrajo.
Kiro aprovechó el momento.
Se impulsó con todas sus fuerzas y lo sujetó del cuello y el brazo.
Ambos cayeron al suelo con un estruendo.
El Nox gruñó, furioso.
Intentó liberarse… pero Kiro no lo soltó.
Sus ojos brillaban con un dorado intenso.
El poder de Kiro se elevó.
El Nox se retorció, sorprendido.
—¿Cómo… un niño como tú puede igualar mi fuerza?
Kiro apretó los dientes con rabia.
—¡Porque no eres un monstruo!
—le gritó con todas sus fuerzas.
El Nox abrió los ojos con furia.
Pero Kiro continuó hablando.
—¡Eres un exorcista!
Su voz retumbó en la plaza.
—¡Tu deber es eliminar la oscuridad!
—¡No convertirte en ella!
El Nox intentó ignorar sus palabras.
—No importa… solo debo… matarlos.
Pero Kiro gritó aún más fuerte.
—¡Tu nombre es Suo Yinura!
El Nox se detuvo por un segundo.
Kiro aprovechó ese instante.
—¡Exorcista de Rango B!
Los ojos del Nox temblaron.
Como si algo dentro de él se rompiera.
Kiro lo miró con determinación.
—¡No tienes que ser un Nox!
—¡Tienes que ayudarnos a terminar con esta pesadilla!
El Nox se quedó inmóvil.
Algo en su mente parecía recordar… Un destello de memoria perdida.
Un reflejo de quién fue alguna vez.
Por un momento… parecía que Kiro había llegado a él.
Pero entonces… La oscuridad lo envolvió de nuevo.
Su energía explotó como un huracán.
—¡CALLATE!
Un torbellino de cortes de viento surgió a su alrededor.
Las cuchillas invisibles desgarraron la piel de Kiro.
La sangre manchó el suelo.
Kiro intentó resistir… pero fue inútil.
El Nox lo agarró del cuello apretando con fuerza.
—Nada importa.
Lo levantó del suelo con facilidad.
Kiro intentó liberarse, pero su cuerpo estaba débil.
—Nada cambia.
El Nox apretó con más fuerza.
Kiro sintió su visión borrosa.
—Todo se reduce… A matar Con un rugido, el Nox lo arrojó con brutalidad.
¡CRACK!
La cabeza de Kiro golpeó con fuerza la pared y su visión se oscureció por completo en un instante.
De pronto… Todo era silencio.
Kiro ya no estaba en la plaza.
Ya no sentía dolor.
Ni miedo.
Sólo un suave calor.
Una voz suave y reconfortante sonó a su lado.
—”Y entonces, el héroe levantó su espada y derrotó a los demonios… protegiendo a todos.” Kiro miró a su lado.
Era su madre.
Estaban en su casa, años atrás.
Él era solo un niño, envuelto en una manta, escuchando su voz.
Su madre sonreía con dulzura, leyéndole un libro.
Kiro se aferró a su manga con emoción.
—¡Cuando crezca, quiero ser como ese héroe!
Su madre rió con ternura y revolvió su cabello.
—¿Sí?
Kiro asintió con entusiasmo.
—¡Voy a ser el más fuerte!
—¡Voy a proteger a todos como el héroe dorado!
Su madre colocó su cálida mano sobre el pecho de Kiro.
—Entonces, empieza protegiendo a tu hermana.
Los ojos de Kiro brillaron con determinación.
—¡La protegeré para toda la vida!
Su madre sonrió y presionó suavemente su pecho.
—Tienes un corazón muy dulce, Kiro.
En ese momento una cálida luz verde lo envolvió.
Y entonces… Kiro despertó.
La sensación de la mano de su madre en su pecho seguía allí.
Una tenue aura verde lo rodeaba ahora y su cuerpo comenzó a sanar.
El Nox se detuvo, sorprendido.
—¿Cómo…?
Kiro se levantó lentamente.
Sus heridas se cerraban por sí solas poco a poco.
Sus ojos brillaban con intensidad.
Airi observó con asombro.
—K-Kiro… El Nox dio un paso atrás, confundido.
No entendía qué estaba pasando.
Pero Kiro sí lo entendía.
Su energía ardía más fuerte que nunca.
Y su determinación había regresado.
Miró al Nox con una expresión seria.
—No te dejaré acercarte a mi hermana.
El Nox gruñó, pero… No sonaba confiado.
Kiro cerró los puños.
Y corrió hacia el Nox con todo su poder.
Su cuerpo se sentía liviano, como si la energía misma lo impulsara.
El Nox gruñó, preparándose para recibirlo.
Pero Airi reaccionó primero.
—¡Senko!
Una esfera de luz estalló entre ellos, cegando todo a su alrededor.
Pero Kiro no necesitaba ver.
Ya no peleaba con los ojos… sino con su alma.
Sintió la presencia del Nox.
Olfateo la leve corrupción de su energía.
Percibió su espíritu, su esencia, su miedo.
Y en ese instante, supo exactamente dónde estaba.
Detuvo su avance.
Concentró cada gota de su energía en su puño derecho.
Su brazo comenzó a brillar con un resplandor intenso.
La llama en su interior ardió con más fuerza que nunca.
Y por primera vez… su espíritu y su energía se unieron como uno solo en armonía.
Una brillante aura azul y dorada envolvió su brazo, girando como un torbellino de luz.
El resplandor creció.
El aire vibró.
Y entonces… Un Solo Golpe La luz cegadora de Airi se disipó.
El Nox abrió los ojos.
Y lo último que vio… Fue el puño de Kiro estrellándose contra su pecho.
¡BOOM!
Un destello iluminó la noche como si fuera de día.
El sonido retumbó por todo el pueblo.
Los edificios temblaron.
Las hojas de los árboles se sacudieron con fuerza.
El suelo se agrietó bajo sus pies.
El Nox salió despedido varios metros hacia atrás… Y cayó de rodillas frente a Kiro.
El cuerpo del Nox comenzó a temblar.
De su boca salió una masa negra y viscosa.
Kiro se preparó para atacar nuevamente… Pero entonces, vio algo que lo dejó sin palabras.
Una larva asquerosa cayó al suelo… sin vida.
El Nox respiraba con dificultad.
Sus ojos, antes brillantes y aterradores, se veían… humanos.
Ya no había odio en su mirada.
Solo cansancio.
Y por primera vez, Kiro no sintió miedo de un Nox.
Se acercó lentamente.
—¿Eres… Suo Yinura?
El Nox alzó la vista.
Y entonces, sonrió.
—Sí… ese es mi nombre.
Su voz era tranquila.
Agradecida.
Kiro sonrió con alivio.
—¡Lo lograste!
¡Recuperaste tu memoria!
Pero Suo negó con la cabeza.
—No hay tiempo… tienes que exorcizarme.
Kiro se congeló.
—¿Qué?
¡No!
—¡Si has vuelto en ti, puedes ayudarnos!
Suo cerró los ojos y suspiró.
—No es tan simple… Kiro apretó los puños.
—¡Sí lo es!
¡Eres un exorcista!
¡Podemos salvarte!
Suo levantó la vista.
Y con tristeza, negó.
—No.
—Ya no soy un exorcista.
—Soy un Nox.
Kiro sintió una presión en el pecho.
Suo lo miró con una mezcla de melancolía y determinación.
—Hazlo rápido.
Kiro mordió su labio con fuerza.
Sus manos temblaban.
Pero finalmente… levantó su brazo.
Su aura brilló intensamente, transformándose en una hoja de luz.
El golpe final estaba listo.
Pero antes de que Kiro pudiera atacar… Suo gritó de agonía.
Su cuerpo se convulsionó violentamente.
—¡N-no!
¡Detente!
Su voz estaba llena de desesperación.
Kiro dio un paso atrás, aterrorizado.
—¿Qué te pasa?
Suo gritaba al vacío.
—¡GRAN MAESTRO, DETENTE!
—¡NO LO DEJES HABLAR MÁS!
Airi se tapó la boca con las manos.
Algo horrible estaba ocurriendo.
De pronto… el cuerpo de Suo se arqueó de forma antinatural.
Un crujido enfermizo sonó en el aire.
Suo jadeó con dificultad.
Pero entonces… Alzó la mirada hacia el cielo.
Y con todas sus fuerzas, gritó con furia: —¡Los exorcistas vendrán por ti, maldito!
—¡Tu reinado de oscuridad acabará!
—¡Te atormentaré por la eternidad en el más allá!
El aire se llenó de una presión sofocante.
Y en un instante… ¡BOOM!
La cabeza de Suo explotó.
Kiro y Airi quedaron petrificados.
La sangre manchó el suelo.
El cuerpo sin cabeza cayó pesadamente.
Ni un solo sonido se escuchó en la plaza.
Solo el viento.
Y la respiración agitada de Kiro.
Su cuerpo temblaba.
Su mente se negaba a aceptar lo que acababa de ver.
Airi se cubrió la boca con las manos..
Kiro apretó los puños con fuerza.
Sintió rabia.
Dolor.
Odio.
Pero más que nada… Impotencia.
Suo Yinura no murió como un exorcista.
Ni como un Nox.
Murió como un testigo… de la verdad que ellos aún no entendían.
Kiro se giró hacia Airi.
Con voz firme, dijo: —Vamos al ayuntamiento, Hika y la abuela nos esperan.
Airi asintió.
Y sin mirar atrás, se marcharon en dirección al ayuntamiento.
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