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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 Comienza el entrenamiento
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4: Capítulo 4: Comienza el entrenamiento 4: Capítulo 4: Comienza el entrenamiento El sol apenas comenzaba a asomarse sobre Alfhaim, y Kiro ya estaba en marcha.

Era un día sin clases, lo que significaba que podía dedicarse por completo a su entrenamiento.

Antes de salir de casa, dejó preparado un plato sencillo para Airi con una nota escrita torpemente:  “¡No olvides comer!

Volveré más tarde.” Con una sonrisa en el rostro, cerró la puerta y se dirigió hacia el centro de la ciudad.

Los suburbios de Alfhaim eran tranquilos y hogareños, con casas de madera decoradas con macetas llenas de flores marinas.

A medida que avanzaba, las calles se volvían más amplias y bulliciosas, llenas de puestos y tiendas.

Los canales cruzaban la ciudad como venas de agua cristalina, por donde pequeños botes pasaban suavemente, reflejando los colores del amanecer.

Las plazas estaban llenas de fuentes que arrojaban chorros de agua luminosa, y los parques irradiaban frescura con sus árboles altos y bancos de madera pulida.

Después de un rato de caminar, Kiro llegó al lugar donde siempre se reunía con Hunk: un pequeño bar de aspecto acogedor en una esquina del distrito central.

Se sentó en uno de los bancos fuera del bar, esperando pacientemente.

De pronto, la puerta del bar se abrió, y Hunk apareció con una jarra de cerveza en la mano.

—¿Kiro?

¿Qué haces aquí tan temprano?

—preguntó Hunk, sorprendido al verlo.

—¿Cómo que qué hago aquí?

—respondió Kiro, cruzando los brazos.

—Usted mismo dijo que hoy empezaríamos el entrenamiento especial.

Hunk parpadeó, intentando recordar.

—Ah… sí, lo había olvidado.

Bueno, si ya estás aquí, vamos.

—Se terminó la jarra de un trago y señaló hacia un carruaje que esperaba cerca.

—¿Un carruaje?

—preguntó Kiro mientras seguía a su maestro.

—¿Por qué necesitamos uno?

—Porque no podemos entrenar en una ciudad llena de gente.

Vamos al bosque.

Allí habrá suficiente espacio y tranquilidad.

Kiro frunció el ceño, algo preocupado.

—¿Es seguro?

Digo, por los Nox y esas cosas.

Hunk rió entre dientes y le dio una palmada en la espalda.

—Relájate, chico.

Si algo aparece, yo me encargo.

Tú solo concéntrate en entrenar.

Ambos subieron al carruaje, y pronto dejaron atrás la ciudad.

A medida que avanzaban, el paisaje urbano dio paso a la naturaleza: extensos campos verdes, pequeños pueblos a la lejanía y finalmente el denso bosque que rodeaba a la ciudad de Alfhaim.

El aire fresco llenaba los pulmones de Kiro, renovándolo con cada respiración.

Cuando llegaron a un claro dentro del bosque, Hunk pidió al cochero que se detuviera.

—Quédate aquí y mantente alerta.

Si ves algo extraño, usa esta bengala.

—Le entregó una pistola de señales al conductor, quien asintió con seriedad.

Kiro y Hunk se adentraron en el bosque, dejando atrás el carruaje.

En un espacio despejado, Hunk se detuvo y se giró hacia Kiro.

—Para comenzar, siéntate y medita.

Necesitas conectarte con el entorno y sentir la energía que te rodea.

—Entendido, Maestro.

Kiro obedeció, sentándose con las piernas cruzadas sobre la hierba.

Cerró los ojos y respiró profundamente, dejando que su mente se calmara.

Poco a poco, comenzó a sentir los rastros de energía que fluían a su alrededor, como corrientes invisibles que atravesaban el bosque.

Era una sensación cálida y vibrante.

—¡Maestro!

Creo que lo estoy logrando —dijo con los ojos cerrados.

—Puedo sentir… formas.

Frente a mí, hay… ¿Seis siluetas?

Hunk, sonriendo con satisfacción, le indicó.

—Bien, abre los ojos.

Cuando lo hizo, Kiro se sorprendió al ver seis figuras humanoides hechas completamente de energía, flotando frente a él.

Sus cuerpos irradiaban un resplandor blanco, y sus movimientos eran lentos pero intimidantes.

—¿Qué son?

—preguntó Kiro, observándolos con fascinación.

—Espectros de energía.

Los creé para este entrenamiento.

Tu tarea es simple: Acaba con solo uno y avanzamos a la siguiente fase.

—¿Pueden tener otros tipos de energía?

—preguntó Kiro, intrigado.

Hunk negó con la cabeza.

—Las personas normalmente solo pueden usar un tipo de energía.

En mi caso, solo puedo usar la de luz.

Aunque existen otros elementos como fuego, agua, hielo, entre otros cuantos.

—Entendido —respondió Kiro, con una sonrisa confiada.

—Si solo tengo que eliminar uno, será pan comido.

Sin esperar más, se lanzó hacia los espectros, golpeando con todas sus fuerzas.

Sin embargo, sus ataques no lograron conectar con ninguno.

Era como si los espectros se desvanecieran justo antes de ser alcanzados.

Kiro comenzó a frustrarse, lanzando golpes cada vez más desesperados.

—¡¿Qué demonios?!

¡No puedo ni tocarlos!

—gritó, jadeando.

Los espectros, como si respondieran a su frustración, comenzaron a contraatacar.

Uno lanzó una ráfaga de energía que Kiro apenas logró esquivar, mientras que otro lo golpeó en el costado, haciéndolo rodar por el suelo.

—¡Levántate, chico!

—le gritó Hunk desde la distancia.

—¡Esto es un combate real!

¡El enemigo no te dará tregua!

Kiro se levantó, con la respiración agitada pero con la mirada decidida.

—No me rendiré.

—Corrió hacia uno de los espectros, logrando golpearlo de lleno en el torso.

Pero la criatura ni se inmutó y respondió con un ataque que lo lanzó hacia atrás.

Así continuó todo el día.

Kiro atacaba, fallaba y recibía golpes, hasta que sus fuerzas finalmente se agotaron.

Cayó al suelo, incapaz de moverse.

Hunk desactivó a los espectros y se acercó a él.

—Eso es todo por hoy.

No avanzaremos hasta que elimines al menos a uno.

Kiro, con las últimas fuerzas que le quedaban, murmuró.

—Deme una pista… algo para saber cómo vencerlos.

Hunk soltó una carcajada.

—Si quieres saberlo, descúbrelo por tu cuenta.

Ahí es donde realmente aprenderás.

Al anochecer, regresaron a Alfhaim.

Kiro estaba exhausto, con el cuerpo adolorido pero con la determinación intacta.

Mientras veía las luces de la ciudad desde el carruaje, murmuró para sí mismo.

—Mañana lo lograré.

No importa cuánto me cueste.

Al día siguiente, el sol se alzaba tímidamente entre los árboles del bosque mientras Kiro continuaba con su arduo entrenamiento.

Frente a él, los espectros de energía flotaban inmóviles, como desafiándolo.

Kiro, con los puños apretados y el rostro cubierto de sudor, se lanzó nuevamente al ataque, pero sus golpes seguían fallando o, en el mejor de los casos, apenas rozaban a las figuras luminosas.

—¡Malditos espectros!

¡No me ganarán!

—gritó, frustrado, mientras lanzaba un nuevo golpe que atravesó el aire sin tocar nada.

Los espectros respondieron con ataques rápidos y precisos, obligando a Kiro a retroceder una y otra vez.

Tras varios intentos fallidos, Hunk chasqueó los dedos, y los espectros desaparecieron en un parpadeo.

—Basta por hoy, chico.

—Hunk se cruzó de brazos y observó a Kiro con seriedad.

—No estamos avanzando como esperaba.

—¡Puedo hacerlo!

—respondió Kiro, con la respiración agitada.

—Solo necesito un poco más de tiempo.

Hunk negó con la cabeza.

—No es cuestión de tiempo, sino de fundamentos.

Está claro que necesitamos volver a lo básico.

Kiro, algo confundido, lo miró con curiosidad.

—¿Volver a lo básico?

Hunk se sentó frente a él, tomando una hoja de pasto del suelo.

—Todo en este mundo puede ser imbuido con energía, desde un arma hasta algo tan simple como esto.

Si puedes dominar este principio, cualquier cosa puede convertirse en un arma.

Observa.

Hunk concentró su energía, y la hoja comenzó a brillar suavemente, rodeada de un aura de luz.

—Es simple, pero requiere control absoluto sobre tu flujo de energía.

Intenta hacerlo tú.

Kiro tomó una hoja del pasto y cerró los ojos, enfocándose en canalizar su energía hacia ella.

Poco a poco, la hoja empezó a brillar débilmente, pero de pronto se desestabilizó, rompiéndose en sus manos.

—¡Maldita sea!

—exclamó, mirando los restos de la hoja.

Hunk sonrió con paciencia.

—Inténtalo de nuevo, pero esta vez mantén el flujo constante y en una sola dirección.

No lo olvides, todo a nuestro alrededor es energía, incluso tu cuerpo lo es.

Sólo debes canalizar ese poder.

Kiro respiró profundamente y lo intentó de nuevo.

Esta vez, la hoja resistió.

Un suave resplandor la rodeaba, demostrando que había conseguido imbuirla.

—¡Lo logré!

—dijo emocionado, levantándola para mostrársela a Hunk.

—Bien hecho.

—Hunk se puso de pie.

—Ahora pasemos a algo más práctico.

Ponte de pie.

Kiro obedeció, y Hunk levantó su propio puño, rodeándolo con su energía.

—Los puños también pueden ser imbuidos con energía.

Al hacerlo, aumentan su potencia y velocidad.

Observa.

Con un movimiento rápido, Hunk lanzó un golpe al aire, creando una onda de choque que hizo temblar los árboles cercanos.

—Tu turno.

Kiro cerró los ojos, concentrándose en sus puños.

Sentía la energía fluir desde su interior hacia sus manos.

Cuando abrió los ojos, sus puños brillaban tenuemente.

—¿Así?

Hunk asintió.

—Exacto.

Ahora intenta romper ese árbol.

Kiro miró el grueso tronco frente a él y frunció el ceño.

—Nunca he podido romper algo así.

Mi energía no es suficiente para eso.

—Entonces, supérate.

—Hunk lo miró fijamente.

—Rompe tus límites una y otra vez hasta que lo consigas.

Kiro apretó los dientes y asintió.

—¡Lo haré!

Se acercó al árbol, concentró toda su energía en sus puños y lanzó un golpe.

Solo logró arrancar un poco de la corteza, pero el dolor en sus manos fue intenso.

—¡Otra vez!

—gritó, ignorando el dolor.

Siguió golpeando, cada vez con más fuerza, entendiendo poco a poco cómo manejar mejor su energía.

Los golpes comenzaron a resonar con mayor potencia, y aunque el árbol resistía, Kiro sentía que mejoraba con cada intento.

Finalmente, agotado pero decidido, llevó su energía al límite, esparciéndola por todo su cuerpo y el ambiente.

Una luz intensa lo rodeó mientras continuaba golpeando sin descanso.

—¡No me detendré hasta lograrlo!

—gritó con todas sus fuerzas.

Cuando estuvo a punto de desmayarse, detuvo sus golpes y cayó de rodillas, jadeando.

Hunk dio un paso adelante, preocupado.

—¡Kiro!

Ya es suficiente.

No te fuerces tanto.

Kiro levantó una mano, deteniéndolo.

—No… No necesito ayuda.

Esta vez, lo haré por mí mismo.

Tomó una última bocanada de aire, cerró los ojos y comenzó a reunir la energía del ambiente y la que había dispersado.

Su cuerpo empezó a brillar con una luz intensa, que se concentró en su puño derecho.

—¡Es ahora o nunca!

—exclamó, lanzando un golpe final al árbol.

El impacto fue devastador, y el tronco se partió en dos con un crujido ensordecedor.

Kiro cayó al suelo, inconsciente.

Hunk lo observó con una mezcla de orgullo y emoción.

—Lo hiciste, chico.

—Se acercó rápidamente, sacó una medicina de su bolsa y se la administró.

Unos minutos después, Kiro abrió los ojos lentamente, aún agotado.

—¿Lo… logré?

—preguntó con una sonrisa débil.

Hunk asintió, ayudándolo a sentarse.

—Sí, lo lograste.

Y con esa determinación, pronto descubrirás cómo acabar con esos espectros.

Kiro miró al cielo, que comenzaba a oscurecerse.

—Siento como si me faltara medio cuerpo… —bromeó, soltando una risa cansada.

Hunk rió y lo levantó.

—Vamos, chico.

Es hora de volver a casa.

De regreso a Alfhaim, el silencio del carruaje estaba lleno de una sensación de logro y esperanza.

Aunque el cuerpo de Kiro estaba exhausto, su espíritu brillaba más fuerte que nunca.

Otro día de entrenamiento había terminado, pero su camino apenas comenzaba.

Aquella noche, Kiro no pudo dormir.

Se sentó en su escritorio, encendió la lámpara y sacó un cuaderno que tenía casi vacío.

—Si no progreso, nunca podré superar esta etapa.

—murmuró, mientras escribía con determinación en las hojas.

Comenzó a listar todos los aspectos a considerar sobre los espectros: su velocidad, su resistencia, su capacidad para atacar en grupo.

Mientras anotaba, una idea cruzó por su mente.

“Si intento mejorar todo a la vez, no lograré nada.

Pero si me concentro en un movimiento a la vez… tal vez pueda avanzar“ Al recordar lo que hizo durante la prueba de ingreso, escribió en grande: Puño Justiciero.

Se levantó, cerró los ojos y trató de recrear el flujo de energía que utilizó entonces.

Su brazo comenzó a brillar débilmente mientras trataba de mantener la energía concentrada.

—Vamos, Kiro… si lo logré una vez, puedo hacerlo de nuevo.

—Pero cuando intentó imitar el golpe, la energía se dispersó rápidamente, perdiendo fuerza.

Frustrado pero no derrotado, respiró profundamente y volvió a intentarlo, repitiendo el ejercicio hasta que sintió que estaba dominando mejor el flujo.

Finalmente, extenuado, se dejó caer sobre la cama, su mente llena de pensamientos sobre cómo mejorar al día siguiente.

A la mañana siguiente, Kiro estaba en el bosque junto a Hunk.

El ambiente estaba fresco, y las hojas de los árboles crujían con la brisa.

Hunk lo observó con los brazos cruzados.

—¿Listo para seguir con esto, chico?

—preguntó Hunk, evaluando la expresión de su aprendiz.

Kiro apretó los puños con confianza.

—Más que listo.

Esta vez lo lograré.

Hunk sonrió ligeramente y chasqueó los dedos.

Los seis espectros de luz aparecieron frente a ellos, flotando con su habitual calma intimidante.

Kiro no esperó.

Se lanzó al ataque, pero como siempre, sus golpes iniciales no lograron impactar a ninguno.

Sin embargo, esta vez, Kiro intentó algo diferente.

Giró sobre su eje y lanzó un golpe al aire con su brazo derecho, generando una onda de choque que avanzó con potencia hasta impactar en un espectro.

Este se tambaleó ligeramente, aturdido.

—¡Sí!

—gritó Kiro, emocionado.

Aprovechó el momento para concentrar toda su energía en un golpe directo, lanzándolo con fuerza contra el espectro aturdido.

Pero al impactar, la energía se dispersó sin causar daño.

Kiro quedó boquiabierto.

—¿Qué…?

—Antes de que pudiera reaccionar, los espectros contraatacaron, derribándolo al suelo con varios golpes simultáneos.

Mientras se levantaba adolorido, miró a Hunk con frustración.

—¡Maestro, esto es imposible!

¡Son espectros de luz!

Mi energía de luz no les hace daño.

¡Esto es trampa!

Hunk, con una expresión tranquila, negó con la cabeza.

—Cálmate, chico.

No es imposible.

Solo necesitas encontrar una forma de dañarlos sin depender completamente del daño de tu energía.

—¿Cómo se supone que haga eso?

—preguntó Kiro, molesto.

—Ese es tu reto.

Nadie te dará las respuestas.

En el mundo real, el enemigo no espera que sepas cómo enfrentarlo.

Solo tienes una opción: adaptarte.

Kiro gruñó, frustrado, pero volvió al entrenamiento.

Durante el resto del día, logró golpear a los espectros en varias ocasiones, pero sus ataques seguían siendo ineficaces.

Cuando el sol comenzó a ponerse, Kiro había usado toda su energía y no había logrado derrotar a ninguno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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