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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 41

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  4. Capítulo 41 - 41 Capítulo 41 Hacia la Batalla Final
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41: Capítulo 41: Hacia la Batalla Final 41: Capítulo 41: Hacia la Batalla Final Kiro y Airi caminaban por las calles del pueblo Omori en dirección al ayuntamiento.

La niebla carmesí aún cubría el ambiente, densa y pesada, pero ya no les afectaba.

Kiro sentía su cuerpo agotado, pero aun así avanzaba con determinación.

Mientras que Airi sostenía el cuchillo en sus manos, su mirada reflejaba un temple renovado.

—¿Estás bien, Airi?

—preguntó Kiro, rompiendo el silencio.

Airi suspiró y se tocó la mejilla, sintiendo el ardor de los cortes.

—Solo algunos rasguños, pero estaré bien.

¿Y tú?

Vi que al final… hubo algo raro contigo.

¿Ese aura verde?

Kiro apretó los labios y recordó la calidez en su pecho, esa sensación reconfortante, como si su cuerpo se llenara de energía pura.

—No sé qué fue.

Solo… sentí algo cálido en mi interior.

Y mis heridas desaparecieron.

Airi lo observó con curiosidad.

—Tal vez sea tu espíritu despertando aún más.

O quizás…

algo más.

Kiro asintió, sin saber qué responder.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al notar el cuchillo en las manos de Airi.

—Ahora que me fijo bien ¿Ese no es el cuchillo de Hika?

Airi lo miró y lo sostuvo con firmeza.

—Sí, me lo dio antes de que aparecieras.

Sin este cuchillo no hubiera podido ayudarte tanto… Fue como si el espíritu de Hika estuviera conmigo y me dio las fuerzas para combatir.

Kiro sonrió.

—Se lo devolveremos cuando todo esto acabe.

Al llegar al ayuntamiento, encontraron a Hika y su abuela rodeadas de faroles, pergaminos y otros objetos extraños.

La anciana estaba concentrada preparando un ritual mientras Hika los vio a lo lejos y les hizo señas con energía.

—¡Por fin!

¡Ya estaban tardando!

—dijo con una gran sonrisa mientras se acercaba.

—Nos entretuvimos un poco con un Nox —respondió Kiro con una leve risa, aunque su mirada era seria.

Hika lo notó, pero decidió no insistir.

En su lugar, señaló la barrera con emoción.

—¡Tenemos buenas noticias!

La barrera está a punto de romperse.

Mi abuela encontró la forma de desactivar el sello de Lady Kaori y con eso podremos enfrentarla.

La anciana terminó de trazar los últimos símbolos en el suelo y se levantó con dificultad.

—Ya está todo listo —dijo con calma—.

Lady Kaori debe estar debilitándose.

La niebla que ha extendido por todo el pueblo es su poder mismo, y mantenerla en este estado la está agotando poco a poco.

Kiro apretó el puño con fuerza.

—Entonces, si la enfrentamos ahora, tendremos una oportunidad real.

Hika le dio una palmada en el hombro.

—¡Exacto!

Juntos podemos derrotarla.

La abuela miró a los jóvenes con orgullo.

—Yo apoyaré desde aquí con Airi.

Ustedes dos serán la clave y nuestra única esperanza sin contar a Hunk.

Kiro respiró hondo y asintió con determinación.

—Estoy listo.

La abuela de Hika se colocó en el centro del círculo ritual, su respiración era calmada pero llena de concentración.

Sus labios pronunciaron palabras en un idioma antiguo, un idioma que Kiro no lograba entender, pero que resonaba en el aire con un poder místico.

De repente, varios círculos mágicos aparecieron a su alrededor, flotando y girando en distintas direcciones.

La energía se acumuló en sus manos mientras las juntaba en un gesto similar al de una oración.

—”Shin’en Kitsune…

Waga inori ni kotae yo…” —susurró la anciana con voz solemne.

Entonces, una figura gigantesca apareció detrás de ella.

Un majestuoso Kitsune con nueve colas, de pelaje dorado brillante, se materializó sobre el círculo ritual.

Sus ojos resplandecían con una luz mística, y su cuerpo irradiaba una calidez reconfortante.

—¡Esto es increíble!

—exclamó Hika con los ojos brillando de emoción.

Kiro y Airi se quedaron boquiabiertos al ver la magnífica criatura.

Era imponente y majestuosa, pero al mismo tiempo transmitía una paz profunda.

El Kitsune rugió con suavidad y luego se desvaneció en el aire, convirtiéndose en cientos de esferas de energía luminosa.

Estas esferas se esparcieron por el lugar como copos de nieve dorados.

Kiro sintió cómo una de ellas caía sobre su pecho, y de inmediato una sensación cálida y poderosa recorrió todo su cuerpo.

Su energía aumentó de golpe, como si hubiera desatado una nueva fuente de poder dentro de él.

Sus músculos se sintieron más ligeros, sus sentidos más agudos.

—¡Woah!

—exclamó sorprendido, sintiendo su propio poder vibrar a través de su piel—.

¿Qué es esta sensación…?

Hika también sintió lo mismo y miró sus manos, notando cómo una leve aura dorada cubría su cuerpo.

—¡Esto es asombroso!

¡Nos hemos vuelto más fuertes!

—dijo con entusiasmo—.

¡Con esto podemos vencer al Nox!

La abuela sonrió con orgullo y asintió.

—Este es el poder de la bendición del Kitsune.

Les he otorgado un refuerzo espiritual, pero solo durará un tiempo.

Deben aprovecharlo bien.

La anciana tomó el cuchillo de Hika con sus manos y lo imbuyó con una energía especial.

Runas brillantes aparecieron en la hoja del cuchillo y se grabaron en su superficie.

—Este cuchillo ahora tiene una maldición especial.

Si logras clavarlo en Lady Kaori, se debilitará significativamente y podrán ganarle.

Hika tomó su cuchillo con determinación.

—Gracias, abuelita.

¡Voy a hacerlo!

Kiro y Hika se miraron, sabían que el combate estaba a punto de comenzar.

Respiraron hondo y se dirigieron hacia el ayuntamiento.

El interior del lugar era amplio y lujoso.

Los pasillos estaban adornados con columnas doradas y alfombras de terciopelo rojo.

Sin embargo, el ambiente era pesado y denso.

El olor a Nox impregnaba el aire.

—Esto no se siente bien…

—susurró Kiro.

Hika asintió con el ceño fruncido.

—Lady Kaori debe estar cerca… Finalmente, llegaron hasta una puerta enorme.

Y afuera de esta, estaba el alcalde.

El hombre permanecía de pie, inmóvil, con la mirada perdida en la nada.

Su rostro estaba pálido y sudoroso, y sus ojos reflejaban un vacío inquietante.

Kiro se acercó con cautela.

—Señor alcalde… ¿está bien?

El alcalde giró la cabeza lentamente hacia ellos, como si le costara moverse.

Su voz sonó monótona, como si estuviera en un trance profundo.

—Lady Kaori… está furiosa… Si entran, morirán… Hika frunció el ceño y puso una mano en su hombro.

—¡No se preocupe!

¡Nosotros salvaremos a todos!

El alcalde tembló por un momento, pero no respondió.

Kiro miró la puerta con determinación.

—Así que… Lady Kaori está detrás de esto.

Hika tomó una gran bocanada de aire y miró a Kiro.

—Kiro, cuando crucemos esa puerta, será la batalla final.

Kiro cerró el puño.

—Lo sé.

Hika extendió su puño hacia Kiro.

—Entonces, ¡luchemos juntos!

Kiro sonrió y chocó su puño con el de ella.

—¡Hora de ser héroes!

Ambos empujaron la enorme puerta y entraron.

El lugar era enorme, con filas de asientos de lujo a los costados, como si fuera un salón de teatro o de conferencias.

En el centro del escenario, frente a ellos, estaba Lady Kaori.

Su figura elegante y esbelta contrastaba con la atmósfera siniestra del lugar.

Ahora llevaba su vestido rojo de gala, su cabello oscuro recogido con delicadeza.

A su lado, el núcleo del pueblo flotaba en el aire, cubierto por una niebla rojiza.

Lady Kaori estaba recitando un conjuro maligno, debilitando poco a poco el núcleo.

Pero en cuanto sintió la presencia de Kiro y Hika, detuvo su conjuro y se giró lentamente hacia ellos.

Su mirada era serena y su sonrisa encantadora.

—Vaya, vaya… —dijo con voz dulce—.

Los héroes del pueblo han llegado.

Dio un par de pasos hacia el frente, con la gracia de una bailarina.

—¿Aún no se han dormido?

—preguntó con fingida preocupación—.

Qué lástima… Es mucho más placentero dormir cuando uno está cansado y eso que ya es muy de noche.

Kiro apretó los dientes.

—Sabemos que todo esto es tu culpa.

¡Desactiva la niebla y deja de jugar con la gente del pueblo!

Lady Kaori rió suavemente.

—Oh, pobrecitos… Puedo sentir el miedo en sus corazones.

Se acercó un poco más, su expresión era compasiva, pero aterradora al mismo tiempo.

—Seguro han tenido experiencias terribles con los Nox… —murmuró con tristeza fingida—.

Siento pena por ustedes.

Sus ojos brillaron con un destello carmesí.

—Pero no se preocupen más… Yo misma los haré dormir.

La temperatura descendió repentinamente.

La niebla roja comenzó a rodearlos con más intensidad.

Hika sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Kiro… Esto es peligroso.

Kiro se preparó, imbuyendo sus puños con su energía.

—No importa lo que haga, no vamos a caer en su juego.

Lady Kaori sonrió y levantó su mano.

—Entonces…  Juguemos.

La neblina se volvió más densa y oscura.

La batalla en el ayuntamiento había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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