Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 44
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- Capítulo 44 - 44 Capítulo 44 La Última Oportunidad
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44: Capítulo 44: La Última Oportunidad 44: Capítulo 44: La Última Oportunidad Kiro y Hika corrían por las calles silenciosas de Omori, la neblina roja aún flotaba en el aire, pero su efecto parecía debilitarse poco a poco.
Mientras avanzaban, Hika miró a Kiro con seriedad.
—Oye, Kiro… ¿Tenemos un plan?
Kiro desvió la mirada con una sonrisa nerviosa.
—En realidad… no.
Hika se detuvo en seco y lo miró incrédula.
—¡¿Qué?!
Kiro se encogió de hombros.
—No necesitamos uno.
Solo entraremos y… —¡Claro que necesitamos uno!
—lo interrumpió Hika, llevándose una mano a la cara—.
¿Cómo planeas derrotar a un Nox H sin estrategia?
Kiro se cruzó de brazos, pensativo.
—Bueno… Hika soltó un suspiro frustrado.
—Necesitamos más fuerza.
Un as bajo la manga.
Kiro asintió lentamente.
—Tienes razón… pero ¿qué podríamos hacer?
Por un instante, su mente recordó a Hunk.
—Ojalá Hunk estuviera aquí… —murmuró, mirando al cielo.
Hika también se quedó en silencio.
Si Hunk estuviera aquí, la batalla habría terminado en un instante.
Pero ¿dónde estaba?
De pronto, Kiro sintió algo extraño.
Se detuvo en seco y frunció el ceño.
—Hika… algo pasó en el ayuntamiento.
Ella parpadeó confundida.
—¿Eh?
—La energía de Lady Kaori… ya no está.
Hika abrió los ojos sorprendida.
—Ahora que lo mencionas… ¡Es verdad!
Kiro corrió hacia el ayuntamiento con Hika siguiéndolo de cerca.
Al llegar, se asomaron por una ventana rota y entraron sigilosamente.
El gran salón donde antes estaba Lady Kaori ahora estaba vacío.
El núcleo del pueblo seguía en su sitio, brillando tenuemente.
Kiro se quedó en shock.
—¿Dónde… dónde está?
Hika miró a su alrededor, todavía alerta.
—No lo sé… pero esto es raro.
Un alivio recorrió sus cuerpos.
¿Se había ido?
Hika se dejó caer de rodillas, exhausta.
—No lo entiendo… ¿Por qué se iría justo ahora cuando tenía a todo el pueblo a su merced?
Kiro no tenía respuestas.
Pero una sensación de inquietud se clavó en su pecho.
Algo no estaba bien.
—Será mejor que volvamos con los demás.
—dijo Hika, poniéndose de pie.
Kiro asintió y ambos salieron del ayuntamiento.
Allí Airi y la abuelita de Hika esperaban ansiosas.
Airi corrió hacia ellos en cuanto los vio aparecer.
—¡Kiro!
¡Hikari!
¿Están bien?
La abuela también se acercó rápidamente.
—¿Qué pasó ahí dentro?
Hika cruzó los brazos, aún confundida.
—Peleamos con Lady Kaori, pero… ya no está.
El rostro de la abuela se ensombreció.
—Eso no tiene sentido.
Airi se acercó a Kiro y comenzó a inspeccionarlo.
—¿Tienes heridas?
¿Te duele algo?
¡¿Eso es sangre?!
Kiro rió un poco al ver cómo su hermana lo revisaba de arriba abajo.
—Tranquila, Airi.
Estoy bien.
—¿Seguro?
—preguntó ella, aún preocupada.
—Sí, sí.
—Kiro sonrió—.
¡Mira, hasta desperté mi Spirit!
Airi abrió los ojos con sorpresa.
—¿En serio?
¡Eso es genial, hermano!
Pero antes de que pudieran seguir celebrando… Kiro notó algo a la distancia.
Se volteó con el ceño fruncido.
—…Miren eso.
Los demás siguieron su mirada.
Un enorme destello iluminó el cielo en medio del bosque.
Hika se tensó.
—Eso… ¡Eso fue un ataque de energía!
Kiro se quedó sin palabras.
Esa energía… Era de Hunk.
Su expresión pasó de emoción a preocupación.
—Hunk está peleando… ¡Y está usando su poder al máximo!
Su corazón latió con fuerza.
—Nunca lo había visto usar tanta energía… Eso solo significaba una cosa.
Estaba peleando contra alguien que lo hizo llegar a su límite.
Kiro se giró hacia la abuelita de Hika con determinación.
—¡Debemos ir a ayudarlo!
La anciana los miró con una mezcla de duda y preocupación.
—Si Hunk está peleando en serio… significa que su enemigo es peligroso.
Hika se adelantó, su rostro reflejaba decisión.
—Pero él está luchando por nosotros.
¡Tenemos que hacer algo!
Airi bajó la cabeza con preocupación.
—Si Hunk cae… Nadie quiso terminar esa oración.
Kiro cerró los puños.
—No vamos a dejar que eso pase.
Hika asintió con determinación.
La abuelita los observó en silencio por un momento.
Finalmente, suspiró y asintió lentamente.
—Muy bien.
Kiro sonrió con emoción.
—¡Vamos a salvarlo!
El destino de Hunk estaba en sus manos.
Y no iban a fallar.
En medio del bosque, el aire era denso y pesado, cargado con la energía de la batalla.
Taro retrocedió tambaleándose, sangre oscura brotaba de su boca, y su regeneración se ralentizaba.
Su cuerpo estaba al límite.
Al frente suyo, parado con una postura confiada, estaba el hombre que creyó haber derrotado.
Hunk se mantuvo firme, irradiando su energía luminosa, su sonrisa triunfante reflejaba la seguridad de la victoria.
A pesar del cansancio reflejado en sus ojos verdes, su determinación de continuar era absoluta.
El último de sus brazales metálicos comenzaba a quebrajarse y desintegrarse lentamente, cayendo al suelo en trozos brillantes.
No aguantaron el último impacto.
Hunk flexionó los dedos de su mano izquierda y se puso en posición de combate.
—Entonces, ¿qué te pareció mi clon?
—preguntó con tono divertido—.
Me aseguré de que tuviera más del 80% de mi fuerza y por eso me sienta mal que lo hayas derrotado.
Taro apretó los dientes con rabia.
Otra vez.
Otra vez lo humillaba.
Otra vez lo hacía ver débil.
Su orgullo estaba en ruinas.
—¡Cállate!
—rugió con furia, cargando con todas sus fuerzas contra Hunk.
El choque fue brutal.
Los puños de ambos impactaron con una fuerza descomunal, provocando una onda de choque que sacudió el bosque.
Un enfrentamiento de fuerza bruta.
Los músculos de Taro temblaban por la presión, pero Hunk aumentó su poder al límite, sus venas se marcaban en sus brazos mientras lo superaba poco a poco.
—¡Tsk!
—Taro intentó resistir, pero su cuerpo no lo soportó más.
Hunk lo empujó con una fuerza aplastante, rompiendo su equilibrio.
Taro tropezó hacia atrás.
En ese instante, Hunk generó una esfera de energía en su mano derecha, el aire alrededor de él se distorsionó.
—¡Hora de dormir, amigo!
—dijo Hunk, lanzándose al ataque.
El puñetazo impactó de lleno en la cara de Taro.
Una explosión de luz cegadora iluminó el campo.
Taro salió disparado y cayó al suelo, jadeando, sin fuerzas para levantarse.
Su oscuridad estaba desapareciendo.
Su cuerpo estaba agotado.
Ya no podía regenerarse más.
Se acabó.
Hunk bajó los hombros, relajándose levemente.
—Fue divertido probar mi técnica maestra del “Clon Perfecto” contra ti.
—dijo con un suspiro—.
Fue un buen experimento, pero ya es hora de acabar con esto.
Hunk concentró su energía en su brazo derecho, este se iluminó con un resplandor dorado.
Taro, sabiendo que no tenía escapatoria, cerró los ojos y aceptó su destino.
Hunk se lanzó hacia él con un último golpe definitivo… Pero entonces, un escalofrío recorrió su espalda.
—¡…!
Sus instintos gritaron peligro, y en el último segundo logró moverse, cubriéndose con su brazo izquierdo.
Algo afilado rasgó su carne.
Garras.
Unas afiladas garras negras atravesaron la piel de su brazo derecho, haciendo que un chorro de sangre saliera disparado al aire.
Hunk apretó los dientes por el dolor y dio un paso atrás, su brazo temblaba.
Le habían atacado.
Su mirada se alzó con frialdad y vio a la culpable de su herida.
Lady Kaori.
La mujer sonrió con diversión, sus ojos carmesí brillaban con malicia.
—Oh… que interesante —susurró—.
Tus reflejos son sublimes.
Hunk chasqueó la lengua, rasgó su chaqueta con su otro brazo y rápidamente se hizo un vendaje improvisado en el brazo derecho.
—Qué molesto… —murmuró, su paciencia agotándose.
Lady Kaori dio un paso adelante, moviendo sus garras llenas de sangre.
—Ahora entiendo por qué el Gran Maestro te quiere con vida.
Hunk soltó una carcajada seca.
—¿Con vida?
Levantó la cabeza con una sonrisa burlona.
—Después de todo esto, no creo que estén en condiciones de capturarme.
Lady Kaori no respondió.
Su mirada fría lo decía todo.
Taro, quien hasta hace un momento había aceptado su derrota, se puso de pie con dificultad al ver que Hunk estaba herido.
Una sonrisa cruel apareció en su rostro.
—Heh… Parece que ahora las cosas cambiaron.
Hunk suspiró, sacudiendo la cabeza.
—Un dos contra uno… Qué injusto.
—¿Injusto?
—Lady Kaori rio suavemente—.
Qué ironía viniendo de un exorcista.
—Sí, sí… —Hunk rodó los ojos, flexionando su brazo lastimado—.
Pero supongo que no me queda opción.
Sus ojos verdes brillaron con determinación.
Si tenía que pelear solo contra dos enemigos a la vez… Entonces lo haría.
—Vengan.
—dijo con confianza—.
Los haré pedazos.
Taro rió con burla.
—No, Brakell… Los ojos oscuros de Taro reflejaron pura sed de venganza.
—TÚ serás el siguiente en caer.
La energía oscura del bosque hacía que el aire se sintiera pesado, como si algo estuviera tratando de ahogarlos.
En el ayuntamiento, la abuelita de Hika se preparó, dibujando con precisión un círculo de energía alrededor de los presentes.
—Escuchen con atención.
—dijo con voz firme—.
Nos teletransportaremos al bosque, pero debemos mantenernos juntos.
Si algo sale mal, quédense cerca de mí.
Kiro, Hika y Airi asintieron al unísono.
La anciana unió sus manos, y múltiples símbolos brillantes aparecieron flotando a su alrededor.
En un instante, desaparecieron.
Cuando reaparecieron en el bosque, Kiro sintió una presión abrumadora en el ambiente.
La energía de Hunk fluctuaba entre explosiones de poder y momentos de debilidad.
Su corazón se aceleró.
Algo andaba mal.
—¡Hunk!
—exclamó Kiro, saliendo corriendo a toda velocidad sin esperar instrucciones.
—¡Kiro, espera!
—gritó Hika desde atrás, tratando de seguirle el paso.
Pero Kiro no se detuvo.
Corrió atravesando los arbustos, sus pies apenas tocaban el suelo mientras se precipitaba hacia el campo abierto.
Cuando llegó al claro, su expresión cambió por completo.
—No… Allí estaba Hunk.
Cubierto de sangre y heridas, su cuerpo apenas se mantenía en pie.
Se tambaleaba, respirando con dificultad, mientras su chaqueta estaba destrozada y su brazo derecho seguía vendado con urgencia.
Pero lo peor era su mirada.
Por primera vez, veía los ojos de Hunk llenos de agotamiento y desesperación.
—¡MAESTRO!
—gritó Kiro con desesperación, corriendo hacia él.
Pero Hunk reaccionó de inmediato, girándose con el poco aliento que le quedaba.
—¡APÁRTATE, KIRO!
¡CLANG!
Un destello rojo pasó volando hacia Kiro, pero Hunk, con un último esfuerzo, desvió el ataque con su brazo izquierdo y retrocedió hasta colocarse junto a Kiro.
Kiro quedó inmóvil, observando los enemigos frente a ellos.
A un lado, Lady Kaori, sonriendo con su aura carmesí.
A su lado, Taro, cubierto de oscuridad, su presencia era diferente… casi monstruosa.
Kiro sintió un escalofrío recorrer su espalda.
La combinación de ambas energías era aterradora.
Eran demasiado fuertes.
Pero antes de que pudiera procesar lo que estaba viendo, Hika, Airi y la abuela aparecieron detrás de él.
—¡Kiro!
—exclamó Hika, llegando con rapidez.
Airi se apresuró a sostener a Hunk, ayudándolo a mantenerse en pie.
Hunk maldijo en voz baja.
—¿Qué demonios hacen aquí?
—preguntó, tratando de sonar fuerte a pesar de su debilidad.
—¡Vinimos a ayudarte!
—respondió Kiro con determinación.
—¡No sean idiotas!
—gruñó Hunk, mientras sus piernas apenas podían sostenerlo—.
Salgan de aquí, ¡esto no es un juego!
Airi lo sostuvo con fuerza, negando con la cabeza.
—No te abandonaremos.
Hunk apretó los dientes, pero antes de que pudiera seguir discutiendo, la abuela de Hika se adelantó.
—Escucha, exorcista.
—su voz era tranquila pero severa—.
Puedo ayudarte a derrotar a esos dos, pero necesito tiempo.
Hunk frunció el ceño.
—¿Cómo planeas hacer eso?
La anciana suspiró y sacó un pequeño pergamino con inscripciones antiguas.
—Usaré una técnica que muy pocos conocen.
Hunk entrecerró los ojos.
—…¿Qué técnica?
—No hay tiempo para explicaciones.
—respondió la anciana—.
Solo cúbreme hasta que esté lista.
Hunk apretó los puños.
Quería decir que no tenía fuerzas para seguir peleando… pero entonces sintió un cambio en el aire.
Hika se acercó a él.
Sus ojos brillaban con intensidad.
—No te preocupes.
—dijo con una sonrisa confiada—.
Te daré el poder necesario para continuar.
Hunk levantó una ceja.
—¿Ah?
Antes de que pudiera reaccionar, Hika comenzó a pasarle su energía a Hunk.
Una luz envolvió el cuerpo de Hunk, su energía comenzó a estabilizarse y sintió su vitalidad renovarse poco a poco.
Hunk abrió y cerró los puños, sintiendo su fuerza volver.
—…Nada mal.
—admitió con una sonrisa.
Hunk se giró hacia Kiro.
A pesar de sus nuevas energías, Hunk sabía que esta pelea iba a ser difícil.
—Kiro.
El chico se tensó.
Hunk posó una mano firme sobre sus hombros.
—Sé que tienes miedo.
Kiro abrió los ojos con sorpresa.
—Maestro, yo… Hunk lo miró directamente a los ojos.
—Está bien tener miedo.
—su voz era seria—.
Pero si quieres ser un exorcista, debes aprender a superarte cada vez más, aprender a pelear contra un enemigo más fuerte que tú.
Kiro tragó saliva.
Sus piernas temblaban.
Pero entonces apretó los puños.
—Lo sé… —susurró.
Levantó la mirada, su determinación ardía en sus ojos dorados.
—¡Será un honor luchar a tu lado, Maestro!
Hunk sonrió.
—Así se habla, Kiro.
Hunk dio un paso adelante, aumentando su poder.
—Bien, vamos a hacer esto.
Activó su Spirit y creó un escudo dorado alrededor de él y de Kiro.
La luz dorada brilló con intensidad en la oscuridad.
—Escucha bien, Kiro.
Kiro lo observó con seriedad.
—Este escudo nos protegerá por un tiempo.
—dijo Hunk—.
Pero cuando se rompa, sal de la batalla de inmediato.
Kiro abrió la boca para protestar, pero Hunk levantó una mano.
—No discutas.
—dijo con calma—.
Solo tenemos una oportunidad.
Kiro cerró los ojos con frustración, pero luego asintió con firmeza.
—Lo entiendo.
Las cosas estaban claras.
Era ahora o nunca.
Frente a ellos, Taro y Lady Kaori se preparaban para atacar.
Hunk tomó aire.
—Vamos a acabar con esto.
Y la batalla final comenzó.
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