Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 47
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47: Capítulo 47: ¡Esto No Termina Aquí!
47: Capítulo 47: ¡Esto No Termina Aquí!
El aire se sentía pesado.
El suelo, húmedo por la sangre y el sudor de la batalla, temblaba con la brisa de la noche.
Kiro estaba de rodillas, con el rostro hundido en la tierra, sus puños apretados hasta que sus nudillos se volvieron blancos.
La ira y la desesperación lo consumían.
Pero entonces, una voz firme interrumpió su tormento.
—Kiro, revisa a Hunk.
Era la abuela de Hika.
Kiro levantó la cabeza lentamente, con los ojos hinchados por las lágrimas y el corazón aún latiendo con rabia.
—¿Qué?
La anciana avanzó con dificultad hasta quedar a su lado.
Su rostro mostraba cansancio, pero también una determinación inquebrantable.
—No ha muerto.
Todavía sigue vivo.
Kiro sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—No… eso no es posible, vi como le atravesó el corazón.
Su maestro había recibido un disparo en el corazón.
No podía estar vivo, nadie podría sobrevivir a eso.
Pero la anciana no titubeó.
—Revísalo.
Kiro no perdió más tiempo y corrió hacia donde estaba Hunk, su cuerpo seguía tendido en el suelo, con el pecho ensangrentado.
Con manos temblorosas, apoyó dos dedos en el cuello de su maestro, buscando un pulso… Y lo encontró.
Débil.
Frágil.
Pero ahí estaba.
—¡Sigue vivo!
—gritó, con la voz quebrada.
No había perdido a su maestro.
Sin pensarlo, activó su spirit y colocó sus manos sobre la herida abierta de Hunk, canalizando toda la energía curativa que aún le quedaba.
El aura verde resplandeció suavemente en la oscuridad, sellando la herida poco a poco.
Hizo todo lo que pudo… hasta que, de pronto, su spirit se apagó.
Su cuerpo ya no podía más.
Jadeando, Kiro cayó hacia atrás, agotado.
Pero Hunk respiraba.
Estaba inconsciente, pero ya no se estaba muriendo.
Kiro sonrió, con lágrimas en los ojos.
—Gracias… —susurró.
Pero entonces, sintió una mano en su hombro.
Era la anciana.
Su mirada reflejaba urgencia.
—Todavía hay una forma de salvar a Hikari.
Kiro se congeló.
El corazón se le detuvo por un instante.
—¿Cómo?
La anciana metió la mano en su bolso y sacó un pequeño frasco con un líquido extraño.
Se lo entregó a Kiro.
—Bebe esto.
Recuperarás la fuerza necesaria para conservar tu espíritu por más tiempo.
Kiro miró el frasco con duda, pero solo por un instante.
No había opción.
No podía permitirse dudar.
Se puso de pie con dificultad, su cuerpo temblaba por el agotamiento, pero su determinación lo sostenía.
Destapó el vial con los dientes y se lo bebió de un solo trago.
El líquido ardió en su garganta, como si estuviera bebiendo fuego.
Arrojó el frasco al suelo y apretó los puños con fuerza.
—Esto no termina aquí.
—declaró, sintiendo cómo una ola de determinación recorría su cuerpo.
No iba a aceptar este final.
No de esta forma.
Miró a su alrededor, hasta que su vista se posó en un objeto que yacía en el suelo, manchado de sangre y suciedad.
El cuchillo de Hika.
Se acercó y lo tomó con cuidado.
Su espíritu reaccionó de inmediato.
El arma encantada se iluminó con un brillo azul, envolviéndose en su espíritu.
Apretó el mango con fuerza y luego miró a la anciana.
—¿Cuál es la diferencia entre una teletransportación y un intercambio de posición?
La anciana lo miró sorprendida por la pregunta, pero respondió con seriedad.
—Para teletransportarte, debes sentir el objeto al que quieres viajar, conectar con su energía o su espíritu y visualizarlo con claridad.
—¿Y para intercambiar posiciones?
—Solo necesitas pensar en el objeto y ejecutar la técnica de sello.
Kiro cerró los ojos por un momento.
Respiró profundamente.
El dolor aún estaba ahí.
El miedo aún estaba ahí.
Pero su determinación ardía más fuerte que nunca.
Se puso en posición y desplegó su energía al máximo.
Su cuerpo se cubrió de luz, pero no era suficiente, su espíritu no salía.
Colocó la mano en el suelo y creó un círculo de energía, las runas comenzaron a brillar con intensidad.
—Retención del Espacio.
El círculo se expandió a su alrededor, liberando una ola de calor.
Kiro sintió el latido de su alma resonando en su pecho.
Era ahora o nunca.
Cerró los ojos y se concentró.
Intentó sentir a Hika.
Intentó encontrar algo, cualquier rastro, cualquier señal… Y entonces, lo notó.
Un leve susurro.
Un hilo de energía, débil… pero presente.
Sonrió.
Abrió los ojos y el fuego en su interior explotó.
El círculo de energía comenzó a arder en llamas azules.
No eran llamas reales.
No quemaban.
Pero irradiaban el calor de su espíritu.
Elevó el cuchillo de Hika sobre su cabeza y levantó dos dedos con su otra mano.
Se preparó para hacer lo imposible.
—Espérame, Hika.
—Voy por ti.
La luz azul desapareció en un instante.
El círculo de energía se disipó como cenizas en el viento, dejando solo una pequeña piedra en su lugar.
La anciana se acercó lentamente y tomó la piedra en su mano, sintiendo la tenue energía que aún resonaba en ella.
Sus ojos reflejaban una mezcla de asombro y orgullo.
—Ese muchacho…
lo logró.
Airi, con la respiración entrecortada, miró la piedra y luego a la anciana con desesperación.
—¿Kiro… está bien?
La anciana sonrió con serenidad.
—Está donde debe estar.
Hika sentía su cuerpo arder de dolor.
La sangre corría por su frente, su brazo estaba adolorido y cada respiración le costaba más esfuerzo.
El lugar donde se encontraba era irreal.
A su alrededor, un rojo infinito se extendía hasta donde alcanzaba la vista, como si estuviera atrapada en el interior de una pesadilla.
El suelo era oscuro y pegajoso, con una sensación viscosa bajo sus manos.
El Nox la arrastraba de un brazo sin ningún esfuerzo, su agarre era firme y gélido.
Hika forcejeaba, intentaba zafarse con todas sus fuerzas, pero era inútil.
—Déjame ir… —gruñó, con los dientes apretados.
El Nox ni siquiera la miró.
—Necesito que estés despierta.
Falta poco para que conozcas al Gran Maestro.
La mención del Gran Maestro hizo que Hika sintiera un escalofrío recorriéndole la espalda.
Pero no iba a rendirse.
Nunca.
Con un grito, liberó todo su poder en una explosión de energía.
El Nox fue forzado a soltarla por un segundo.
Era su oportunidad.
Hika giró sobre sus pies y corrió lo más rápido que pudo.
Pero fue inútil.
En un parpadeo, el Nox ya estaba frente a ella.
—No puedes escapar.
Antes de que pudiera reaccionar, el Nox levantó su brazo y una esfera de energía carmesí se formó en su palma.
La lanzó directamente hacia Hika.
El impacto fue brutal.
La explosión la lanzó por el aire y rodó varias veces por el suelo hasta detenerse, su cuerpo ardiendo de dolor.
Su respiración era pesada.
Intentó moverse, pero su cuerpo no respondía.
Entonces la vio.
La piedra que Kiro le había dado.
Había caído a su lado.
Con dificultad, Hika extendió su mano y la tomó, mirándola con tristeza.
La sensación del espíritu de Kiro en su palma la hizo sentir… menos sola.
Pero no tuvo tiempo de procesarlo.
El Nox se acercó lentamente y sin piedad le propinó una patada directa al abdomen, enviándola a rodar por el suelo.
Hika escupió sangre.
—No puedes ganar.
—La voz del Nox era fría, sin emociones.
Indiferente.
—Ya perdiste.
Acéptalo y rinde… Un dolor punzante interrumpió sus palabras.
Los ojos de Hika se abrieron con sorpresa.
El Nox se tambaleó.
Algo se había clavado en su espalda.
Con esfuerzo, giró su cabeza para ver qué había sucedido.
Y entonces lo vio.
Kiro.
De pie detrás de él.
Jadeando.
Sosteniendo con ambas manos el cuchillo de Hika, que ahora estaba hundido en la carne del Nox.
Los ojos de Kiro brillaban con furia y determinación.
Había venido a buscarla.
—Te dije… que vendría a llevarme a Hika.
—dijo con una sonrisa desafiante.
El Nox apretó los dientes.
—¿No sabes cuándo rendirte?
Kiro afirmó con la cabeza.
—No.
Con un gruñido de furia, el Nox desenvainó su katana carmesí y giró sobre sí mismo con rapidez, lanzando un tajo mortal hacia Kiro.
Pero Kiro lo esquivó en el último momento.
El Nox quedó confundido.
—¿Cómo…?
De repente, sintió un ardor en la espalda.
Con un gruñido, sacó el cuchillo de su carne y lo miró detenidamente.
Su expresión cambió.
—¿Qué es este aura…?
La maldición se activó.
De inmediato, su cuerpo se estremeció con espasmos violentos.
Una oscura neblina lo envolvió y su energía comenzó a desestabilizarse.
El Nox cayó de rodillas al suelo, jadeando.
Su cuerpo temblaba.
Sus músculos se sentían pesados.
Su mente se nublaba.
Miró a Kiro con odio.
—Maldito… Kiro sonrió, triunfante.
—Te advertí que no nos iríamos sin pelear.
Hika, que aún estaba en el suelo, miraba a Kiro con los ojos abiertos de par en par.
Había venido por ella.
Había luchado para encontrarla.
Sintió que algo cálido le recorría el pecho.
Kiro le tendió la mano.
—Vámonos a casa, Hika.
Ella miró su mano por un momento… y luego la tomó con fuerza.
Hika tomó aire y, con una sonrisa sincera, extendió su mano hacia Kiro.
—Gracias por volver por mí… —susurró, con los ojos brillando de gratitud.
Pero antes de que sus dedos pudieran tocarse, una ráfaga de energía carmesí irrumpió en el aire.
El Nox se levantó de golpe.
Su cuerpo temblaba ligeramente por la maldición que aún lo afectaba, pero su mirada seguía siendo fría y despiadada.
—No entiendo cómo entraste aquí… —gruñó, alzando su katana carmesí— pero no podrás irte.
Su hoja cortó el aire en un instante, dirigiéndose directamente a la espalda de Kiro.
Hika gritó alarmada.
Pero Kiro reaccionó.
Su instinto entró en acción antes de que su mente procesara el peligro.
Se agachó en el último momento, girando con rapidez hacia su oponente.
Recuerda…
En su mente, la voz de Hunk resonó con fuerza.
“El combate no es solo fuerza… es ritmo, es técnica, es instinto.” “Si puedes leer a tu oponente… ya ganaste.” Kiro apretó los dientes y atacó.
¡Uno!
Un puñetazo en el torso que dejó al Nox sin aire.
¡Dos!
Un golpe directo en el antebrazo, entorpeciendo su agarre sobre la katana.
¡Tres!
Un impacto con toda su fuerza en la mandíbula.
El golpe final creó una onda de choque que resonó en el vacío rojo de la dimensión.
El Nox retrocedió varios pasos, tambaleándose.
Y de pronto… cayó de rodillas.
Sus músculos se entumecieron.
No podía moverse.
Había sido golpeado en puntos críticos.
Su respiración se volvió irregular y su expresión se deformó en una mezcla de sorpresa y furia.
—Tú…
maldito…
Kiro corrió a recoger el cuchillo del suelo y se lo entregó a Hika.
—¡Vámonos ahora!
Hika no dudó.
Cubrió el cuchillo con su espíritu, sintiendo su espíritu vibrar con el de Kiro.
Tomó su mano con fuerza, cerró los ojos y activó la técnica.
El Nox se puso de pie con un rugido de frustración y cargó contra ellos.
Su katana carmesí se elevó en un tajo letal.
Pero justo antes de alcanzarlos… Desaparecieron.
El Nox se quedó de pie en silencio.
Un instante después, soltó una carcajada oscura.
—Hah… hace mucho que no perdía una presa.
Su sonrisa se ensanchó detrás de la media máscara.
—Esto fue… divertido.
Kiro y Hika aparecieron en el aire.
A varios metros del suelo.
—¡¿EH?!
—exclamaron los dos al mismo tiempo.
No había nada bajo sus pies.
El viento golpeó sus rostros y sus cuerpos cayeron rápidamente.
¡SPLASH!
Ambos se sumergieron en agua fría.
Hika emergió primero, agitando los brazos.
—¡Ahhh!
¡¿Qué demonios fue eso?!
Kiro salió del agua escalofriado.
—¡Pudiste habernos matado!
Hika soltó una risa nerviosa.
—Lo siento, no tuve tiempo de pensarlo… Kiro se dejó caer en la orilla, exhalando con cansancio.
A lo lejos, el cielo comenzaba a teñirse de naranja.
El amanecer.
Hika se quedó mirando el horizonte con una sonrisa nostálgica.
—Estamos vivos.
Kiro sonrió.
—Sí.
Hubo un momento de silencio, ambos sintieron la paz de haber escapado con vida.
Hika miró a Kiro y le sonrió de nuevo.
—Gracias.
Kiro giró la cabeza hacia ella.
—¿Por qué?
—Por venir a salvarme… por no dejarme.
Kiro se rió.
—Bueno, me habría sentido muy mal si tu abuela te hubiera perdido.
Horas después… Caminaban por un sendero hacia el pueblo Omori.
Kiro arrastraba los pies, con una expresión de puro agotamiento.
—No puedo creer que tengamos que caminar tanto después de todo eso… Hika lo miró con burla.
—Vamos, ¿el gran héroe Kiro no puede aguantar una caminata?
Kiro la miró con el ceño fruncido.
—Voy a tirar tu cuchillo al bosque.
—¡No te atrevas!
Al llegar al pueblo Omori, el ambiente cambió.
La niebla había desaparecido… Pero el silencio era abrumador.
El suelo seguía cubierto de cuerpos.
No había gritos.
No había movimiento.
Algunas casas tenían rastros de destrucción.
Y lo peor de todo… había charcos de sangre.
Kiro y Hika sintieron una opresión en el pecho.
—Esto no… —susurró Hika, tragando saliva.
Ambos corrieron a toda prisa hacia la casa de la abuela.
Mientras pasaban, veían puertas rotas, ventanas quebradas, sangre manchando las paredes.
Había desaparecidos.
Algo había pasado mientras ellos no estaban.
Llegaron a la casa de la abuela.
Kiro abrió la puerta con urgencia.
En el salón, Airi y la anciana estaban sentados.
Hika quedó inmóvil.
Los ojos de la anciana se abrieron con sorpresa.
—Hikari… Antes de que pudiera decir algo más, Hika se lanzó a sus brazos.
—¡Abuela!
La anciana la abrazó con fuerza, temblando.
—Gracias a los dioses… Una lágrima resbaló por la mejilla de la anciana.
—Pensé que te había perdido.
Hika cerró los ojos con alivio.
Kiro sonrió al ver la escena emotiva.
Pero entonces… Su cuerpo se sintió pesado.
Su visión se nubló.
El mundo comenzó a girar.
Todo el cansancio acumulado golpeó su cuerpo de golpe.
Su respiración se volvió irregular.
Sus piernas temblaron.
—Kiro… —La voz de Hika sonó distante.
Kiro intentó responder, pero su conciencia se desvaneció.
Y cayó al suelo, inconsciente.
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