Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Capítulo 56 Un Desenlace agridulce
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56: Capítulo 56: Un Desenlace agridulce 56: Capítulo 56: Un Desenlace agridulce El sonido del viento rugía en sus oídos mientras Kiro corría a toda velocidad.
Su corazón latía con furia, su respiración era agitada, y su cuerpo, aunque cansado, se negaba a detenerse.
Algo iba mal.
Cuando llegó cerca de la cabeza del titán, la escena que encontró hizo que su sangre hirviera de ira.
Ryu estaba tirado en el suelo, su cuerpo cubierto de quemaduras y heridas, incapaz de moverse.
Más allá, Loo yacía con una profunda herida en el pecho, su respiración era irregular y débil, su energía apunto de extinguirse.
—¡Ryu!
¡Loo!
—gritó Kiro, corriendo sin pensarlo.
Su instinto le dijo que Loo estaba en peor estado, así que se arrodilló a su lado de inmediato y presionó sus manos sobre la herida abierta.
Utilizó su spirit curativo y comenzó a brillar tenuemente mientras intentaba cerrar la herida, sintiendo la vida de su compañero escaparse poco a poco.
—¡No te atrevas a morir, vamos Loo!
—gruñó Kiro con desesperación, su energía envolviendo la herida como un vendaje de luz.
Loo apenas pudo abrir los ojos.
—Je…
parece…
que estoy en problemas, ten cuidado compañero—dijo con una débil sonrisa.
—Concéntrate y respira.
—Kiro apretó los dientes, obligando a su Spirit a actuar más rápido—.
Maldita sea, esto es grave…
¿qué demonios pasó aquí?
Entonces, una voz burlona interrumpió su concentración.
—Vaya, parece que te importan mucho.
¿Son de tu equipo?
Kiro levantó la cabeza de golpe y vio a Boros, con su sonrisa confiada, mostrando sus dientes afilados como si disfrutara del espectáculo.
Kiro sintió su rabia arder.
Se levantó de inmediato, aún con su puño cubierto de la luz de su energía.
—¿Fuiste tú?
—preguntó, su voz cargada de furia.
Boros se encogió de hombros con una expresión de burla.
—Solo les di un pequeño empujón.
No deberían estar en un lugar como este si no pueden defenderse, la cantidad de energía que tienen es tan poca comparada a la de otros.
Kiro apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos crujieron.
—Dime…¿cual es tu nombre?
—preguntó con una sonrisa contenida de rabia mientras apretaba los dientes —Soy Boros y supongo que me divertiras mucho más que tus otros amigos—dijo con un tono burlón.
—Así que Boros…eh —murmuró, bajando la cabeza, su energía comenzando a aumentar—.
Perfecto.
Te romperé esa cara.
En un instante, se lanzó contra Boros, su puño cubierto de luz listo para impactar su rostro.
Boros sonrió, con la confianza de un depredador que sabe que tiene el control.
—Eres lento, muy lento.
Pero justo antes de bloquear, Kiro disparó una Esfera Senko directamente en su cara, llenando el área de una luz cegadora.
Boros gruñó y retrocedió, frotándose los ojos.
—¡Maldito…!
Cuando pudo ver de nuevo, Kiro había desaparecido y no lograba sentirlo.
—¿Dónde estás?
—rugió Boros—.
¿Te escondes?
¿Acaso tienes miedo?
—Justo detrás de ti.
La voz de Kiro le heló la sangre.
Se giró de golpe, solo para recibir una patada potenciada con energía en el estómago.
El impacto fue brutal.
Boros salió disparado, rodando por la superficie del titán y quedando peligrosamente cerca del borde.
Se tambaleó, tosiendo, con los ojos abiertos por la sorpresa.
—¿Cómo demonios hiciste eso…?
Kiro no respondió.
Su energía brillaba con intensidad y sus ojos dorados, ahora serios y fríos, lo hacían ver aún más amenazador.
Boros se puso de pie con dificultad, limpiándose la sangre del labio.
—Je…
jejeje…
no está mal.
Esto se está poniendo interesante.
Pero entonces, el suelo bajo sus pies tembló.
Kiro sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—No puede ser…
El titán se estaba moviendo nuevamente.
—¿Qué demonios pasa?
—Kiro se dijo a sí mismo, sintiendo el suelo elevarse bajo él—.
¡La técnica de Shizuki debería haberlo detenido por más tiempo!
Entonces lo entendió.
—¡CIERTO!
¡Usó demasiada energía!
—apretó los dientes—.
¡No pudo mantenerlo quieto lo suficiente!
El titán se elevó cada vez más y el campo de batalla se convirtió en un caos.
Kiro logró agarrarse de una grieta en la espalda del Titán, pero cuando miró a su alrededor, vio con horror cómo Ryu caía al vacío.
—¡No!
Sin dudarlo, se lanzó hacia adelante para intentar atraparlo, pero una figura apareció en el aire antes que él.
Loo.
A pesar de su herida, logró sujetar a Ryu y, con un último esfuerzo, lo llevó a una zona más segura antes de desplomarse.
Kiro suspiró aliviado.
—Gracias, Loo…
te debo una.
Pero no podía relajarse.
Miró hacia arriba y vio a Boros escalando rápidamente.
—Demonios…si llega a la cabeza del titán, ganará los 100 puntos ¡No puedo permitirlo!
Kiro comenzó a trepar a toda velocidad, ignorando el dolor en sus brazos.
El viento golpeaba su rostro, su corazón latía con fuerza.
Boros se giró y lo vio persiguiéndolo.
—¿Todavía sigues con esto?
—preguntó con una sonrisa burlona—.
No importa cuánto lo intentes…
Este es mi juego y ganare sin importar el costo.
Kiro no respondió.
Solo subió más rápido.
El rugido del Titan sacudió el aire como un trueno.
Kiro, aferrado a una de las placas de piedra del hombro de la criatura, escalaba con todas sus fuerzas.
Su respiración era agitada, el sudor corría por su frente, y sus brazos temblaban, pero su determinación no flaqueaba ni por un segundo.
—¡Vamos…
vamos!
—gruñó entre dientes, impulsándose con la energía restante de su cuerpo.
Una chispa dorada recorría sus extremidades, empujándolo a seguir.
De pronto, la roca donde se apoyaba su pie se quebró con un crujido seco.
—¡Tch!
¡No, no, no…!
—resbaló hacia atrás, pero su brazo derecho se estiró a tiempo, aferrándose a otro relieve en la espalda del Titan.
El impacto le arrancó un gemido de dolor, y su hombro crujió, pero no soltó.
—¡¿Eso es todo lo que tienes, Kiro?!
—gritó para sí mismo, jadeando—.
¡Ryu está herido… Loo también… Shizuki no puede luchar…¡no puedo perder ahora, soy el último en pie!
Mientras escalaba, el Titan comenzó a reaccionar.
Sus ojos brillaron con intensidad, y en un acto que dejó al estadio en completo silencio, alzó los brazos al cielo.
Una inmensa esfera de energía comenzó a formarse sobre su cabeza, girando lentamente y absorbiendo luz y calor del entorno.
Un sonido grave, casi como una sinfonía de fin del mundo, envolvía la escena.
En el estadio, el público estalló en emoción.
—¡Miren eso!
¡Está cargando otra técnica masiva!
—gritó un señor.
—¡Es increíble!
¡¿Podrán detenerlo antes de que dispare esa cosa?!
—añadió otro.
Hunk estaba de pie, el rostro sombrío.
—Esa energía… si impacta en el campo, no quedará nadie en pie —murmuró.
Luego miró a Airi, quien tenía las manos apretadas contra el pecho y el rostro bañado en preocupación.
Loo, desde una zona segura con Ryu inconsciente a su lado, miró hacia el cielo.
El resplandor de la esfera se reflejaba en sus ojos.
—Compañero… destrúyelo.
Confío en que lo haras.
Eres el único que puede —susurró.
El aire era denso.
El zumbido agudo que venía de la esfera hacía vibrar el campo completo.
Algunos participantes abajo cubrían los oídos, otros simplemente miraban sin aliento.
Kiro finalmente alcanzó los hombros del Titan.
Y allí, como una sombra que no se quería despegar, estaba Boros.
El chico con una mirada ardiente trepaba con fuerza, decidido a llegar a la nuca antes que nadie.
—¡Detente ahora!
—gritó Kiro, alzando su brazo derecho.
Una esfera de luz se materializó y salió disparada hacia Boros.
El enemigo giró la cabeza y se cubrió con una cortina de fuego que absorbió el impacto.
Entre las llamas, sonrió.
—¡No hay tiempo, idiota!
¡Yo ganaré!
¡Con esto aseguraré los 100 puntos!
¡No interfieras!
—¡Esos puntos… son de mi equipo!
¡Vamos a ganar esto juntos!
—rugió Kiro, su voz temblando de emoción y rabia.
—¡Estúpido terco!
—espetó Boros.
En sus manos se formó una lanza de fuego que lanzó a toda velocidad.
Kiro apenas tuvo tiempo de moverse.
La lanza le atravesó el brazo izquierdo con brutal precisión.
Un dolor punzante lo hizo gritar, pero no cayó.
En vez de eso, mientras jadeaba con el rostro crispado por el dolor, alzó su brazo derecho y… agarró la lanza envuelta en fuego.
—¡AAAAH!
—rugió, su palma comenzando a quemarse.
Pero no soltó.
Con un último esfuerzo, giró sobre sí mismo y la lanzó de vuelta hacia Boros.
—¡Te la devuelvo!
La explosión impactó de lleno en Boros, haciéndolo volar hacia atrás.
Logró aferrarse a una grieta justo a tiempo, sus manos humeando.
—¡Maldito…!
—escupió, y se impulsó de nuevo, colocándose frente a Kiro, ambos tambaleándose en los hombros del Titan, cada uno tratando de mantener el equilibrio, pero era dificil.
—No me guardes rencor si mueres —murmuró Boros.
Su tono ya no era juguetón, sino frío, cargado de frustración.
Extendió las manos y una nueva lanza de fuego apareció, mucho más grande, vibrante, sus llamas danzando con desesperación.
Kiro respiraba agitadamente, su brazo izquierdo sangrando y colgando inútilmente.
Pero no retrocedió.
Solo lo sujetó con la mano libre, cerrando la herida con su spirit como podía.
—…No podrás detenerme —dijo, su voz calma, seria.
Sus ojos dorados brillaban con una resolución casi inhumana—.
…Aun no me rindo.
—¡CÁLLATE Y CAE DE UNA VEZ!
—gritó Boros, lanzando la lanza como si fuera su último acto.
La explosión que siguió estremeció todo.
El fuego consumió parte del hombro del Titan, y una nube de humo cubrió la zona, dentro se vio como Kiro era atravesado.
Desde el estadio, los gritos se alzaron.
—¡¿Le dio?!
—preguntó Airi, levantándose de su asiento con las manos temblorosas.
—¡Kiro…!
—murmuró Hunk, sus ojos entrecerrados.
La nube se disipó… y no había rastro de Kiro.
Boros sonreía, con el rostro chamuscado, su ropa rota, pero con los ojos brillando de victoria.
—Ja… ja… ¡Lo hice!
¡100 puntos!
¡Yo gané!
¡Idiotas!
Pero entonces, una sombra se movió por encima suyo.
—¿Eh?
Miró hacia arriba.
—…¡No… puede… ser…!
Allí estaba.
Kiro.
Con su brazo herido colgando, pero sus piernas firmes, sus dedos sangrando de tanto escalar.
Y sus ojos, esos ojos dorados e incandescentes… no mostraban dolor, ni duda.
Solo un objetivo: la cima.
—¿Cómo…?
—murmuró Boros, sin aliento—.
¡¿Cómo estás allá arriba?!
—¿Te sorprendió?
Como te dije aun no me rindo.
Porque… peleo por los demás —gritó Kiro desde lo alto, impulsándose con una última carga de energía.
Estaba a un paso de la nuca del Titan.
Y con ese paso… el destino del combate cambiaría para siempre.
El aire se volvió denso.
La cima del Titán temblaba levemente bajo los pasos de Kiro, mientras este llegaba finalmente a la nuca de la colosal criatura.
El lugar estaba abierto, una abertura creada por los ataques anteriores de Loo.
Dentro, latía un núcleo ámbar brillante, una esfera viva que pulsaba con una energía inquietante.
Emitía un zumbido grave que resonaba en los oídos como un eco distante… como un corazón a punto de detenerse.
Kiro lo contempló un segundo, jadeando, con sangre bajando por su brazo.
Su cuerpo temblaba, no por el miedo, sino por la tensión acumulada.
El cansancio golpeaba con fuerza, pero su mirada ardía con determinación.
—Es hora de terminar con esto —susurró para sí, apretando su puño derecho.
En ese momento, una voz resonó desde los altavoces del estadio: —¡Tres minutos restantes para finalizar la prueba!
Kiro sonrió levemente.
—Justo a tiempo… Su brazo derecho comenzó a brillar intensamente, toda su energía fluyendo a través de sus músculos hasta concentrarse en su puño cerrado.
Un dorado incandescente lo envolvió como un sol en miniatura, y su aura de luz lo hizo parecer una estrella cayendo del cielo.
—¡PUÑO JUSTICIERO!
—gritó con todas sus fuerzas, impulsando su golpe con el peso de su voluntad.
El puño impactó directamente en el núcleo.
BOOOOM Una explosión tremenda sacudió al Titán.
La energía se liberó como una onda expansiva que barrió los cielos, disolviendo la esfera de energía que el gigante había estado formando.
Esta se deshizo en partículas doradas que se esparcieron inofensivamente como polvo de estrellas.
Kiro salió disparado por la fuerza del impacto.
Su cuerpo voló por los aires como una flecha dorada, y desde esa altura, vio cómo el Titán comenzaba a caer… lentamente, como si en su caída se negara a aceptar su derrota.
—Lo logré… —murmuró en el aire, con una sonrisa triunfal en sus labios rojos.
El Titán se tambaleó, soltando un rugido final, y luego su cuerpo colosal comenzó a desplomarse.
¡BOOM!
El suelo tembló cuando la criatura chocó contra la tierra.
Fragmentos de ruinas, polvo y bloques de hormigón salieron disparados por todas partes.
El impacto fue tan brutal que hizo que las murallas del estadio crujieran y parte de los antiguos pilares se partieran en dos.
Un sonido seco, como el final de una era, marcó el final del combate.
Kiro cayó poco después, estrellándose contra un bloque de hormigón.
El golpe fue devastador.
El aire se le escapó de los pulmones al instante y su cuerpo se cubrió de polvo, sangre y fragmentos de piedra.
—Gkh… —tosió, intentando incorporarse.
Su brazo izquierdo colgaba sin fuerza.
Su costado dolía con intensidad.
Se escuchaban crujidos internos, una confirmación silenciosa de que varios huesos estaban rotos.
Pero antes de perder la conciencia, colocó una mano sobre su pecho y activó su Spirit.
Una suave luz comenzó a cubrir su cuerpo, sanando lentamente las heridas más graves.
No era suficiente para arreglar todo, pero sí para mantenerse consciente… vivo.
—Vamos, vamos… —murmuró con voz rasposa—.
Solo un poco más.
Se apoyó en un bloque cercano, temblando, con la respiración agitada.
Entonces miró su pantalla que estaba rota.
[Puntos: 35] Sus ojos se abrieron de golpe.
—¿¡Qué!?
¿Cómo que no obtuve los 100?
¡Yo lo derribé!
¡Usé todo lo que tenía!, de seguro está mal, pero… Miró al horizonte, donde el cuerpo del Titán yacía parcialmente enterrado y lo vio.
El núcleo… aún no estaba destruido.
—Tch… claro… solo lo hice caer… pero no lo terminé del todo… —gruñó, obligándose a moverse.
Cada paso era una tortura.
Su pierna derecha fallaba, sus costillas dolían al respirar, y su brazo izquierdo apenas lo podía mover.
Pero su espíritu ardía más fuerte que nunca.
—Vamos… no me digas que esto será en vano… —susurraba—.
Mi curación… es lenta, sí… pero al menos no quedará una cicatriz, ¿verdad?
Eso estaría bien… Tropezó una vez, pero se sostuvo.
Avanzó lo más rápido que su cuerpo le permitía, arrastrando una pierna, cubierto de sangre, polvo y heridas.
Al llegar a la zona de la nuca del Titán, lo vio.
Boros.
Estaba allí, apoyado en una pared de piedra, con su ropa rasgada y el rostro cubierto de sudor y ceniza.
Su respiración era agitada, pero al ver a Kiro, su mirada se tornó en pura ira.
—¡Tú…!
—gruñó—.
¡Tú lo hiciste…!
¡¡Tú arruinaste todo!!
Levantó la mano, reuniendo una pequeña esfera de fuego en su palma.
—¡Te mataré…!
¡¡Esto no ha terminado!!
Pero antes de que pudiera lanzarla… ¡PAM!
Un golpe seco y preciso lo alcanzó en la nuca.
Boros soltó un quejido y cayó al suelo, inconsciente.
Kiro abrió los ojos sorprendido y se giró rápidamente.
—¿Q-qué fue eso?
¿Quién está ahí?
Entonces, desde la sombra de una de las placas del Titán, apareció alguien.
Un muchacho de su edad, con el cabello castaño claro atado hacia atrás, bajaba con calma desde una plataforma flotante.
Llevaba una espada larga envainada a la espalda y una sonrisa confiada en los labios.
—Relájate —dijo con voz tranquila—.
No es mi intención lastimarte, te agradezco por dejar así al Titan.
—¿Qué…?
¿Quién eres tú?
—preguntó Kiro, todavía aturdido.
El chico caminó hacia el núcleo parcialmente expuesto y lo observó un instante.
—Mi nombre es Darius Elinval.
Gracias nuevamente por hacerlo.
Ahora es momento de terminarlo.
—¡Espera!
¡Eso es de mi equipo!
¡Yo lo hice caer!
El desconocido lo miró de reojo, con una sonrisa pícara.
—Regla número uno, compañero: el que lo encuentra, se lo queda.
Y sin más, desenfundó su espada y la hundió directamente en el núcleo.
[Puntos: 0 → 100] Kiro lo miró con incredulidad.
—¡Eso es una trampa…!
¡¡No puede ser…!!
El chico se giró hacia él mientras guardaba su espada.
—Vi cómo peleaste.
Fue una buena actuación… intensa.
No te esfuerces más, ya perdiste… Y sin más, desapareció con una ráfaga de viento, dejando solo polvo tras de sí.
Kiro cayó de rodillas, jadeando, frustrado, con las pantallas flotando sobre él.
Boros seguía inconsciente a su lado, el núcleo destruido frente a él… pero no por sus manos.
—Al final… ¿eso fue todo…?
Cerró los ojos un momento.
El rugido del estadio a lo lejos anunciaba el final de la prueba ya no se podían reunir más puntos.
Y allí, entre escombros, fuego y ruinas, Kiro permanecía… herido, agotado… pero de pie.
Porque aunque le hubieran arrebatado la gloria, su espíritu seguía ardiendo.
Y eso, nadie podría quitárselo.
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