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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 57

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  4. Capítulo 57 - 57 Capítulo 57 Devuelta a Casa
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57: Capítulo 57: Devuelta a Casa 57: Capítulo 57: Devuelta a Casa El eco metálico del micrófono retumbó por todo el estadio, captando la atención de cada participante, aún algunos recuperando el aliento o de pie entre ruinas y escombros.

—¡Felicidades!

—exclamó la poderosa voz del director desde la cúspide del coliseo flotante—.

La gran prueba ha terminado.

Pueden relajarse…

ya no conseguirán más puntos.

Kiro alzó la cabeza lentamente, jadeando.

Aún tenía la mirada perdida entre los restos del titán y el polvo suspendido en el aire.

Intentó mirar su pantalla, pero solo encontró interferencia: un parpadeo caótico de líneas grises y un ruido digital que crepitaba sin sentido.

—¿Eh?

¿Qué le pasa a esto…?

—murmuró, golpeándola suavemente con dos dedos.

Pero nada.

Sin reacción.

Entonces, en lo alto, un destello brillante atrajo su atención.

Uno de los jueces se había levantado de su asiento: Andrew Zimmerman, el maestro de armadura brillante líder del emblema “Paladins”.

Era imponente, con su presencia recta, el rostro oculto tras un yelmo de cristal y una capa que se agitaba incluso sin viento.

Levantó su brazo y, sin decir palabra, una ráfaga de energía verde se elevó desde su palma y explotó como una aurora por todo el santuario.

La luz lo envolvió todo como una brisa cálida.

Kiro sintió una punzada recorrerle el cuerpo… pero al instante, el dolor desapareció.

—¿Eh…?

¿Qué es esta sensación…?

—Se llevó las manos al rostro.

Sus heridas…

habían desaparecido.

Miró sus brazos, antes cubiertos de sangre seca, ahora limpios.

Su chaqueta, desgarrada y cubierta de polvo, lucía como si acabara de salir de la tintorería.

—¿Esto es?…

¿Me estoy curando?

¡Increíble!

El terreno empezó a cambiar.

Los restos del titán se desvanecían como cenizas al viento, las ruinas se reconstruían solas solo para luego desmoronarse en partículas luminosas.

—Wow… todo está volviendo a como estaba… —susurró Kiro, aún atónito.

Sin perder más tiempo, se incorporó con esfuerzo, aún algo adolorido pese a la curación mágica, y comenzó a buscar a los suyos.

Recorrió lo que quedaba del campo de prueba, ahora ya sin enemigos ni combates.

No tardó en verlos.

Ryu, Loo y Shizuki estaban juntos, conversando y riendo.

Al verlos, Kiro sonrió con alivio y levantó una mano en alto.

—¡¡Heyyy!!

¡¡Chicos!!

—gritó con energía renovada mientras corría hacia ellos.

Ryu fue el primero en responder, alzando su brazo.

—¡Kiro!

¡Estás vivo!

—¡No solo vivo!

¡También estoy como nuevo!

—bromeó Kiro, viendo su ropa restaurada.

Loo se cruzó de brazos, fingiendo un tono serio.

—Ya era hora de que llegaras, casi te dejamos atrás.

—¡¿Qué?!

¡Si yo fui el último en pelear contra el Titán!

—respondió Kiro entre risas.

Shizuki se giró y le lanzó una mirada altiva y juguetona.

—El héroe regresa…

aunque sin los puntos finales, ¿eh?

Kiro rió nerviosamente y bajó la mirada.

—Sí… lo sé.

No pude rematar al Titán… alguien más lo hizo y… nos robó los cien puntos… —suspiró, apretando los puños—.

Probablemente quedamos últimos.

Lo siento, chicos… por mi culpa…

Un momento de silencio se extendió, hasta que una risa inesperada lo cortó.

Shizuki.

Se echó a reír con total teatralidad, alzando los brazos y girando sobre sí misma como una actriz dramática.

—¡Ja, ja, ja!

¡Oh, iluso héroe!

¡La gracia de los demonios ha caído sobre nosotros!

¡La victoria ya es nuestra!

Kiro parpadeó, completamente perdido.

—¿Eh?

¿De qué estás hablando?

—¡Observa!

—exclamó, extendiendo su mano hacia él.

En su pantalla, los números brillaban con orgullo: 109 puntos.

Kiro se tambaleó hacia atrás.

—¡¿QUÉEEEEE?!

¡¿CÓMO ES QUE TENEMOS TANTO?!

—Shizuki… —dijo Ryu con una sonrisa cómplice— robó los puntos del equipo de Boros.

—¡¿R-r-robaron?!

—Bueno… fue increíble, me contó que fue “una transferencia de almas estratégicamente aplicada con espíritu demoníaco”.

—explicó Loo, como si lo que hablara fuera algo serio.

Shizuki asintió con solemnidad y se cruzó de brazos.

—Los enemigos marcados con mi “Maldición del Demonio” no podían moverse.

Y si uno se acercaba lo suficiente…

solo bastaba con tocar su pantalla para…  —¿Tomar sus almas…?

—preguntó Kiro con los ojos llenos de emoción.

—¡Exacto!

¡Sus almas pasaron a ser nuestras!

¡¡Una recolección demoníaca eficiente!!

—proclamó ella con una pose exagerada.

Kiro rompió en carcajadas.

—¡Eso fue… muy increíble!

¡De verdad, no lo vi venir!.

Bien hecho Shizuki.

Al escuchar el halago, Shizuki se sonrojó un poco, bajando la mirada.

—G-gracias… supongo.

—murmuró en voz baja, haciendo girar nerviosamente el anillo negro en su dedo.

Kiro les dio una palmada en el hombro a cada uno.

—De verdad, ¡buen trabajo, equipo!

No importa quién dio el golpe final.

¡Lo logramos juntos!

—¡Eso es, Kiro!

—respondió Ryu con una sonrisa cálida.

Poco a poco, el suelo comenzó a temblar suavemente.

Las ruinas se deshicieron por completo, transformándose en partículas que flotaban hacia el cielo.

Los árboles falsos, las montañas, los escombros…

todo se desvanecía como un recuerdo.

La plataforma empezó a ascender lentamente, como si el mundo del santuario se cerrara tras una cortina invisible.

El grupo se quedó quieto, viendo cómo el escenario regresaba a su estado original: un suelo liso de piedra gris, con el cielo del estadio flotante sobre ellos.

Desde las gradas, los espectadores aplaudían y vitoreaban, y las luces se enfocaban en los participantes como si fueran héroes de una leyenda.

Kiro miró a sus compañeros y sonrió con fuerza.

—Fue complicado.

Pero aquí estamos.

—Y aún no hemos comenzado.

—agregó Ryu, mirando al horizonte.

—Ya verán lo que somos capaces de hacer.

—susurró Shizuki, mientras el brillo morado de su amuleto parpadeaba suavemente.

El ascenso terminó.

El primer gran desafío había concluido.

Pero la historia…

apenas estaba comenzando.

La brisa helada golpeaba suavemente los rostros de los aspirantes mientras descendían por los antiguos caminos de piedra que rodeaban el estadio.

Ryu y Kiro caminaban lado a lado, los hombros aún relajados tras la intensa batalla en el santuario.

A su alrededor, otros participantes hablaban entre murmullos, algunos riendo, otros en completo silencio.

—Wow… aún me cuesta creer todo lo que pasó allá dentro —comentó Ryu mientras intentaba calentar sus manos con su aliento—.

La prueba fue muchísimo más difícil de lo que imaginaba.

Kiro asintió con una sonrisa.

—Sí, y pensar que todo eso fue solo la prueba de ingreso… —miró al cielo, que se iba tiñendo de un gris suave por las nubes que comenzaban a cubrirlo—.

Pero lo logramos.

Lo dimos todo.

Ryu miró hacia el grupo que caminaba frente a ellos, reconociendo a Shizuki y Loo entre la multitud.

—Ojalá entremos todos —dijo con un tono esperanzado—.

Shizuki, Loo…Fueron buenas personas.

Me caen bien y me gustaría verlos de nuevo.

—Yo también espero eso —respondió Kiro con convicción—.

Fuimos un equipo increíble.

Hicimos más de lo que cualquiera esperaba de nosotros.

Ryu soltó una pequeña risa.

—Mucho más de lo que yo mismo esperaba, la verdad.

Kiro sonrió, pero su atención fue captada por una figura más adelante.

Era una joven de cabello corto y mirada serena, una de las supervisoras de las pruebas.

Ella caminaba junto a otro supervisor, hablando en voz baja, pero por un segundo su mirada se cruzó con la de Kiro.

Él se detuvo por un momento.

Ryu, al notar su reacción, ladeó la cabeza.

—¿Qué pasa?

¿La conoces?

—Sí… bueno, más o menos —dijo Kiro, volviendo a caminar con una pequeña sonrisa en el rostro—.

Me ayudó en la primera prueba, cuando me quedé sin ideas.

No sé si lo habría logrado sin ella.

—¿En serio?

—Ryu lo miró con los ojos bien abiertos—.

¿Y qué paso?

¿Le dijiste algo?

—Nada más que “gracias” en ese momento… Pero si logro entrar, quiero hacerlo mejor.

Agradecerle como corresponde.

Quizás invitarla a comer algo… —agregó rascándose la nuca con timidez.

Ryu sonrió de lado.

—Ya veo… así que te gustaría invitarla a salir.

Nunca pensé verlo de ti.

—¡N-no es eso!

—exclamó Kiro con el rostro enrojecido—.

Solo… es que me ayudó mucho y siento…no se, algo raro en ella, ¿distinto a los demás quizás?

En ese momento, los supervisores al frente se detuvieron y uno alzó la voz: —¡Aspirantes!

Sigan el camino hasta la gran sala de entrada.

Desde allí podrán retirarse y recibirán sus resultados muy pronto.

Así que estén atentos.

La comitiva se reanudó y pronto el frío se volvió más notorio.

Kiro frotó sus brazos, estremeciéndose.

—¡Ugh!

¿Siempre hace tanto frío por aquí?

—Estamos cerca de la frontera con la nación de Toki —explicó Ryu—.

Su clima gélido suele filtrarse por aquí.

Es normal que llegue algo de su frío… aunque igual es molesto.

Finalmente llegaron a una enorme sala construida en piedra blanca y decorada con detalles metálicos que brillaban bajo la tenue luz de los ventanales.

Grandes columnas sostenían el techo abovedado, y en el centro, un mostrador largo y elegante separaba a varios supervisores sentados con libros y listas.

A los lados, decenas de sillones y mesas estaban repletos de aspirantes, algunos conversando, otros simplemente esperando en silencio.

—Wow… parece la recepción de un hotel de lujo —comentó Kiro.

Ryu se acercó un poco más a él, bajando la mirada.

—Hay… hay demasiada gente ¿no crees?.

Kiro lo notó y le dio un pequeño empujón amistoso en el hombro.

—Tranquilo, Ryu.

No pasa nada.

Estoy contigo, ¿recuerdas?

El chico asintió sin decir mucho, pero la tensión en su cuerpo se redujo apenas.

De pronto, Kiro entrecerró los ojos al ver dos figuras familiares entre la multitud.

Sus ojos se iluminaron.

—¡Ahí están!

—¿Eh?

—¡Airi!

¡Hunk!

Kiro salió corriendo, dejando a Ryu detrás.

La joven de cabello dorado y ojos dulces, su hermana, giró al oírlo y corrió también hacia él.

Al encontrarse, se lanzó a sus brazos con una sonrisa radiante.

—¡Kiro!

¡Lo hiciste increíble!

¡Te vi luchando contra ese titán!

¡Fuiste… fuiste como un verdadero exorcista!

—N-no fue para tanto… —dijo Kiro, rascándose la nuca mientras se sonrojaba ligeramente.

—¡Claro que sí lo fue!

¡Todo el estadio hablaba de ti!

Ryu llegó un poco después, caminando con más calma.

Airi lo saludó con una gran sonrisa también.

—¡Y tú también, Ryu!

¡Lo hiciste súper bien!

Estoy segura de que los dos entrarán sin problemas.

—Muchas gracias Airi —respondió Ryu, algo tímido pero con una sonrisa sincera.

Ambos chicos miraron entonces al hombre que los acompañaba, de brazos cruzados y mirada cálida: Hunk Brakell.

El maestro se acercó y, sin decir una palabra al principio, los atrajo a ambos con fuerza en un abrazo de oso.

—Estoy muy orgulloso de ustedes, chicos.

Lo hicieron excelente.

Demostraron todo lo que aprendieron de mí… y más.

Ryu apenas pudo reaccionar y se quedó quieto, algo nervioso, pero con una sonrisa en los labios.

Kiro, en cambio, se hinchó de orgullo y respondió con firmeza.

—¡Jamás planeamos decepcionarte, maestro!

Hunk soltó una risa ronca y los soltó.

—¡Así me gusta!

Pero bueno… ya es hora de regresar a casa.

A esperar los resultados.

—¿Cuánto tiempo tardarán en llegar?

—preguntó Ryu.

—No mucho.

Quizás un par de días —respondió Hunk—.

Pero estén tranquilos… su lugar en esa escuela está más que asegurado.

Kiro y Ryu se miraron, llenos de ilusión.

A pesar del frío, algo cálido crecía en sus corazones.

Lo habían logrado.

Al menos, habían llegado hasta el final.

Y ahora, solo quedaba esperar.

Pasaron las horas.

El cielo de Alfhaim resplandecía con tonos dorados mientras el sol comenzaba a ocultarse tras los altos edificios de la ciudad.

El Tren Infinito se deslizaba con suavidad por los rieles, dejando atrás las montañas nevadas y el frío de la zona norte de la nación.

En uno de los vagones, Kiro se recostaba con los brazos detrás de la cabeza, contemplando el techo con una sonrisa leve en el rostro.

A su lado, Airi dormía apoyada en su hombro, mientras Hunk hojeaba un periódico arrugado, con un cigarro apagado en la comisura de los labios.

Ryu, por su parte, observaba el paisaje desde la ventana, silencioso.

La ciudad ya se asomaba en el horizonte, con sus luces titilando como estrellas mecánicas.

—¿No te parece raro que ahora todo parezca tan tranquilo?

—murmuró Kiro, sin moverse.

—Es que lo hicimos, ¿no?

—dijo Ryu con una sonrisa leve—.

Terminamos las pruebas.

Solo queda esperar un tiempo.

—Sí, pero esperar es aburrido… —se quejó Kiro, cerrando los ojos—.

Ya quiero saber si pasamos o no.

Tengo muchas cosas que quiero entrenar si entro, cuantas cosas por aprender y explorar.

—¿“Si” entramos?

Vamos, Kiro…

tú peleaste contra un Titán.

Estoy seguro de que ya estás adentro —respondió Ryu con una pequeña risa.

—¿Y tú destrozaste toda una parte del bosque?

Vamos, fue muy bueno.

Todos en el estadio se quedaron boquiabiertos de seguro.

Ryu se rió tímidamente, pero no dijo nada más.

El tren silbó en la lejanía, marcando su entrada a la estación central.

La ciudad de Alfhaim los recibió con su habitual bullicio.

Las calles se encontraban llenas de gente, y los olores de pan fresco y comidas callejeras impregnaban el aire.

A medida que avanzaban por el distrito urbano, los cuatro caminaron juntos bajo el cielo anaranjado hasta que, en el cruce hacia el distrito suburbano, Ryu se detuvo.

—Bueno… aquí nos separamos —dijo, ajustando la pequeña mochila sobre sus hombros.

—Descansa, Ryu.

Te lo ganaste —dijo Hunk, dándole una palmada en la espalda.

—Nos vemos pronto —añadió Airi con una sonrisa.

Kiro dio un paso al frente y lo miró con complicidad.

—Eh, oye… —dijo—.

Lo hiciste bien, ¿sí?

Estoy orgulloso amigo.

Ryu bajó un poco la mirada, pero sonrió con sinceridad.

—Gracias, Kiro.

Igualmente.

Espero que… bueno, que entremos todos.

—Así será.

Se despidieron con un gesto de mano, y Ryu siguió su camino.

Kiro, Airi y Hunk continuaron por su lado, adentrándose en el barrio que llamaban hogar.

En la casa de Kiro, el ambiente era cálido.

Las luces amarillas bañaban la sala con un brillo suave, y el sofá viejo los recibía como si supiera que habían vuelto de una larga jornada.

—Aaah, por fin en casa… —dijo Kiro, tirándose al sofá con los brazos abiertos—.

Extrañe este lugar más de lo que pensé.

Airi se sentó junto a él, abrazando uno de los cojines.

—Yo también.

Eso que solo fue un día, pasaron tantas cosas… —Sí… que día más agotador —Sí, pero peleaste sin rendirte, por algo eres mi héroe Kiro.

Kiro la miró y sonrió.

—Gracias Airi.

Espero te hayas divertido mirando las pruebas desde el estadio.

Hunk apareció desde la cocina con las mangas arremangadas.

—Bueno, bueno, chicos.

Hora de decidir qué cenaremos.

¿Qué se les antoja?

Kiro se enderezó de golpe.

—¡Tu clásico pollo asado!

No hay discusión.

Es glorioso.

—¿Pollo otra vez?

—protestó Airi cruzándose de brazos—.

¡Siempre es lo mismo!

¿Qué tal una pasta?

Algo diferente, algo sofisticado, no solemos comer pasta.

Kiro la miró como si hubiera dicho una locura.

—¿Pasta?

Nadie come pasta por aquí, Airi.

¡Eso es…

extranjero!

—¡Pues deberías ampliar tus gustos!

—refunfuñó ella—.

¡No todo es carne y salsa!

—¡La salsa es la vida!

—¡La vida también puede ser cremosa!

Hunk alzó las manos y rio con ganas.

—¡Tranquilos, tranquilos!

Ya veré qué preparo.

Haré una mezcla… mitad pollo, mitad pasta.

¿Contentos?

Ambos se miraron y bufaron al mismo tiempo.

—Supongo que sí… —dijeron al unísono.

Mientras tanto, en la casa de Ryu, la historia era distinta.

Apenas puso un pie en el patio delantero, escuchó los gritos.

Su madre y su padre discutían en la cocina, sus voces cruzando la casa como cuchillos.

—¡Te dije que no podías darte el lujo de comprar eso, Einar!

—gritaba su madre.

—¡Y tú te gastaste todo en esas cosas inútiles para el jardín!

¿Quién las necesita?

¡¡Esto no es una mansión!!

Ryu tragó saliva y apretó los labios.

Con cuidado, abrió la puerta principal, procurando que no hiciera ruido.

Se deslizó por el borde del pasillo, intentando llegar a las escaleras, pero la voz grave de su padre lo detuvo.

—¡¿Dónde estabas, Ryu?!

El chico se detuvo en seco.

—Y-yo… estaba… —¡¿Sabes todos los problemas que tuvimos por que no estabas aquí?!

¡No había nadie para ayudarme con las cajas ni con las entregas!

—gruñó su padre.

—Lo siento… —susurró Ryu.

Su madre apareció desde la cocina, secándose las manos.

—¿Fuiste con ese exorcista otra vez, verdad?

Haciendo esas cosas inútiles… —Yo… fui a las pruebas de ingreso de la Escuela de Energía —logró decir, sin levantar la mirada.

Su madre soltó una risa seca.

—¿Tú?

¿Una escuela como esa?

Ryu, cariño, con tu nivel actual no vas a ser ni la sombra de lo que fue tu abuelo.

Deja de hacerte ilusiones.

—Y no olvides —añadió su padre con dureza— que si fuiste fue gracias a Hunk y que nos suplicara por que vayas.

No creas que te dejaré irte de esta casa como hizo tu hermana.

Tú te quedarás aquí.

A trabajar.

Alguien tiene que hacerlo para mantener a flote la familia.

Ryu sintió que algo se rompía dentro de él, su cara era terrible.

Apenas pudo decir: —Está bien… Y subió las escaleras lentamente.

Cada peldaño parecía pesar más que el anterior.

Al llegar a su cuarto, cerró la puerta con cuidado, sin hacer ruido.

Se dejó caer en la cama, con el cuerpo agotado, y los ojos llenos de una tristeza silenciosa.

Miró el techo, y por un instante, deseó que esa habitación no existiera.

Que pudiera despertar en otro lugar.

Donde todo estuviera en paz.

Apretó los puños sobre la cama.

—Tengo que entrar… no puedo quedarme aquí… tengo que salir de esto, esta es mi última oportunidad… Sus palabras apenas eran un murmullo, pero cargaban con todo el peso de su corazón.

Esa noche, mientras Kiro reía con su hermana y su maestro al calor del hogar, entre risas y aroma a comida casera, Ryu miraba por la ventana de su cuarto, con el rostro iluminado solo por la luna.

Ambos jóvenes habían vivido el mismo camino en las pruebas.

Pero ahora, al volver a casa, sus mundos eran completamente distintos.

Y sin embargo, compartían lo mismo: Una esperanza.

Un sueño.

Una promesa silenciosa de no rendirse.

Su promesa de ser los mejores exorcistas del mundo, los dos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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