Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Capítulo 58 La Oportunidad para Ir más Allá
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58: Capítulo 58: La Oportunidad para Ir más Allá 58: Capítulo 58: La Oportunidad para Ir más Allá El sol apenas asomaba en el cielo de Alfhaim, y una leve neblina cubría las calles adoquinadas del distrito suburbano.
Las casas aún dormían, envueltas en silencio y calma… excepto por una.
En la puerta de una pequeña vivienda, Kiro estaba sentado desde muy temprano.
Llevaba una gruesa manta color crema sobre los hombros, el cabello despeinado por el sueño y en las manos sostenía una taza humeante de chocolate caliente.
Sus ojos dorados brillaban con una mezcla de emoción y ansiedad mientras miraba fijamente la entrada, como si con solo desearlo el cartero fuese a aparecer.
—Hoy es el día… —murmuró para sí mismo, dando un sorbo a su bebida—.
Vamos, vamos, que llegue ya… De pronto, se escucharon unos pasos lentos y suaves bajando las escaleras.
Airi, con el cabello alborotado y los ojos aún medio cerrados, apareció en pijama, frotándose los ojos mientras bostezaba.
—¿Kiro?
—preguntó con voz ronca—.
¿Qué haces ahí sentado tan temprano…?
¿Te congelaste?
Kiro giró la cabeza hacia ella con una sonrisa enorme.
—¡Airi!
Hoy llega la carta.
¡La de Farhaim!
Hunk dijo que hoy las entregaban.
No me puedo perder ni un segundo.
—¿Y por eso estás como un cachorro esperando a su dueño en la puerta?
—dijo entre risas mientras se arropaba con los brazos—.
Vamos, al menos desayuna algo.
No creo que llegue tan temprano, de seguro todavía hay tiempo.
—¡No!
Este momento es sagrado.
¡No quiero que se me pase!
Comeré después, lo prometo.
Airi lo miró durante unos segundos y luego soltó una risa suave.
—Te brillan los ojos como si estuvieras viendo una estrella fugaz —dijo con ternura—.
Está bien, pero que sepas que voy a terminarme lo que quedó del pollo asado de anoche.
Kiro se giró de inmediato con una expresión entre escandalizada y dolida.
—¡Eso no es justo!
¡Deja al menos un poco para mi, traidora!
—Si quieres que deje algo, ¡ven a comer!
—contestó Airi, burlona, mientras desaparecía en la cocina.
Kiro quedó tentado.
El aroma del pollo del día anterior aún rondaba en su memoria, pero en ese instante, algo lo hizo ponerse en alerta: un sonido seco, como de pasos apurados en el pavimento.
Se asomó por la ventana justo a tiempo para ver al cartero dejando correspondencia en el buzón.
—¡Es ahora!
—gritó con el corazón disparado.
En un impulso, se levantó de golpe, tiró la manta al suelo y abrió la puerta de una patada.
—¡AAAAAAAAAH!
El cartero, sobresaltado por el grito y la figura frenética que se le abalanzaba, dejó caer unos papeles y salió corriendo calle abajo sin mirar atrás.
—¿¡Qué le pasa a ese tipo!?
—murmuró Kiro, con una ceja arqueada—.
Solo quería saludar… Se encogió de hombros y sacó todo lo del buzón con las manos temblorosas.
Regresó al interior y colocó las cartas sobre la mesa del comedor.
Había varias: notificaciones de impuestos, promociones absurdas de muebles, la edición diaria del periódico…
pero una en particular captó su atención de inmediato.
Un sobre blanco marfil con bordes dorados, sellado con una insignia elegante: el emblema de la Escuela de Energía de Farhaim.
Airi apareció justo en ese momento, ya con un trozo de pollo en la mano, y al verlo con el sobre en las manos, corrió a su lado.
—¡¿Es esa?!
—preguntó con emoción—.
¡Ábrela ya, Kiro!
Él tragó saliva.
Su corazón latía tan fuerte que parecía que iba a salirse de su pecho.
Con cuidado, rompió el sello y sacó la carta de su interior.
El papel era grueso, de una textura lujosa, y el texto estaba escrito con una caligrafía elegante y profesional: “Estimado Kiro, Por medio de la presente, queremos informarle que ha sido seleccionado para ingresar oficialmente al primer año del Programa de Formación en Energía de la Academia de Energía de Farhaim, tras haber demostrado aptitudes excepcionales durante el proceso de evaluación realizado recientemente.
Su desempeño ha superado las expectativas, mostrando un potencial notable en el manejo de la energía.
La institución se honra en brindarle esta oportunidad para desarrollarse como futuro usuario de energía y aventurero.
Se solicita su presentación en las instalaciones de la Academia dentro de tres días, en el horario matutino.
Le recordamos acudir con sus pertenencias personales, ropa para entrenamiento, útiles académicos y cualquier documento solicitado previamente, es requerido llevar lo que pueda necesitar para estar en perfectas condiciones para el año.
Le damos la bienvenida formalmente a Farhaim y esperamos verle pronto en nuestras aulas.
Atentamente, Dirección Académica – Escuela de Energía de Farhaim “Sello oficial estampado” El silencio que siguió fue breve.
En cuanto terminó de leer, Kiro soltó un grito de alegría tan fuerte que hizo vibrar los cristales de las ventanas.
—¡¡¡AAAAAAAAAAAAAH!!!
¡¡¡LO LOGRÉ, AIRI!!!
Airi dejó el pollo y lo abrazó con fuerza.
—¡Te lo dije, te lo dije!
¡Sabía que entrarías!
¡Estoy tan feliz por ti!
Kiro la sostuvo con una mano mientras alzaba la carta al cielo como si fuera un trofeo sagrado.
—¡Soy estudiante oficial de Farhaim!
¡Voy a ser un exorcista de verdad!
—¡Entonces, vamos a preparar tu mochila!
—dijo Airi, con la sonrisa más radiante del mundo—.
¡Te vas en tres días!
—Sí, sí, tengo que llevar mi chaqueta, algún gorro, los guantes de entrenamiento, y mis técnicas escritas…
¿crees que deba llevar dulces o algo para comer también?
—¡No empieces con eso!
—rió ella mientras corría a buscar su cuaderno de listas.
La emoción de ambos era contagiosa.
La casa entera parecía más luminosa, como si la energía misma del lugar celebrara junto a ellos.
Afuera, el sol terminaba de levantarse sobre Alfhaim, marcando no solo el inicio de un nuevo día, sino también de una nueva etapa.
Al pasar unos minutos el sonido del timbre resonó por toda la casa, interrumpiendo momentáneamente el alegre desayuno que compartían Kiro y Airi.
Kiro, con la boca llena de pollo y una servilleta colgando del cuello como capa de héroe, se levantó de la mesa con prisa.
—¿Quién será tan temprano?
—murmuró mientras caminaba hacia la puerta.
Al abrir, sus ojos se iluminaron como faroles al ver a su mejor amigo en el umbral.
—¡Ryu!
¿Qué haces aquí a estas horas?
Ryu estaba algo despeinado, con su chaqueta aún abrochada hasta arriba por el frío de la mañana, pero en su rostro había una leve sonrisa que denotaba emoción contenida.
—Hola, Kiro.
Me llegó la carta de Farhaim… y quería contarte —dijo con un tono tranquilo, pero se notaba que le latía rápido el corazón.
Kiro lo miró unos segundos, y luego soltó una carcajada de alegría, dando un salto hacia atrás con los brazos abiertos.
—¡Lo sabía!
¡Sabía que te aceptarían!
¡Vamos, entra, justo estábamos desayunando!
Ryu se quitó la chaqueta y la dejó cuidadosamente colgada en la entrada.
El aroma a comida lo envolvió de inmediato, cálido y acogedor.
Al entrar al comedor, Airi lo saludó desde la mesa con una pierna de pollo en la mano, los cachetes inflados de comida.
—¡Hola, Ryu!
¿Quieres pollo?
—dijo con la boca llena.
—E-eh, hola, Airi… —Ryu sonrió tímidamente, inclinando un poco la cabeza—.
Gracias, pero con solo verlos comer me lleno.
Kiro lo empujó amistosamente hacia una silla.
—¡Nada de eso!
Siéntate, hermano.
Hoy es un día especial.
Mientras Ryu se acomodaba, Kiro le dio un fuerte golpecito en la espalda.
—¿Entonces de verdad lo lograste?
Ryu asintió.
—Sí.
Me aceptaron… aún no me lo creo.
Tenía miedo de que solo tú entraras y yo quedara fuera.
Pero ahora me siento… aliviado.
Felíz.
—Pues yo estoy más que feliz —dijo Kiro con una sonrisa inmensa—.
Entramos los dos ¡Eso hay que celebrarlo!
¿Prefieres un café o un té?
—Un té estaría bien… si no es mucha molestia.
—¡Una molestia sería no tenerte aquí!
—respondió Kiro, marchando teatralmente hacia la cocina mientras Airi se reía en la mesa.
Pronto, las tazas humeaban frente a ellos, y la mesa se llenó de risas, historias de lo que pasó durante las pruebas, y hasta algunas imitaciones de monstruos que hizo Kiro, sobreactuando dramáticamente con una servilleta a modo de capa.
Las horas pasaron como el viento.
Después del desayuno, Ryu se quedó todo el día con ellos, como ya era costumbre.
Jugó cartas con Kiro, leyó novelas junto a Airi en el sofá, e incluso ayudó a preparar la cena.
La casa se llenaba de risas y un sentimiento acogedor que lo envolvía completamente.
Para Ryu, ese hogar no era solo un lugar más… era su refugio, su segunda familia.
Esa noche, antes de irse, Kiro lo acompañó hasta la puerta.
—Gracias por venir —dijo Kiro.
—Gracias a ustedes por… recibirme siempre.
—Siempre tendrás un lugar aquí, Ryu.
Siempre.
Los días siguientes fueron de preparativos.
Expectación.
Nervios.
Kiro hizo y deshizo su mochila al menos cinco veces, asegurándose de llevar todo: su chaqueta mitad amarilla y negra, su polera blanca de la suerte, sus pantalones grises resistentes, vendas, útiles, técnicas anotadas… e incluso algunos dulces ocultos para los días largos.
Finalmente, llegó el día.
Frente a la puerta de su casa, Kiro se quedó unos segundos en silencio.
Su mochila estaba completamente cargada sobre su espalda.
El aire de la mañana era fresco, y la ciudad comenzaba a despertar a su alrededor.
A su lado, Airi lo miraba en pijama, con una sonrisa serena en el rostro.
—¿Listo?
—le preguntó ella con dulzura.
Kiro asintió lentamente.
—Sí… aunque no pensé que sería tan difícil dar este primer paso.
Llevo esperando esta oportunidad toda mi vida y te prometo que no fracasare.
Airi rió un poco y se acercó.
—Estarás bien, Kiro.
Eres el más fuerte que conozco.
Y además… sé que siempre volverás.
Kiro se inclinó y le revolvió el cabello con cariño.
—Cuídate mucho, ¿vale?
No te preocupes por mí.
Estaré bien.
Volveré en vacaciones, lo prometo.
—Y yo estaré aquí —respondió ella, abrazándolo con fuerza—.
Con Hunk.
Esperándote.
Kiro se separó con una sonrisa confiada y con un gesto dramático dijo.
—Un héroe siempre vuelve a casa.
Hunk lo esperaba al final de la calle, con su túnica habitual y un café en la mano.
Kiro corrió hacia él, con una mezcla de emoción y nostalgia.
—¿Y bien?
¿Listo para dar el primer paso?
—Más que listo —respondió Kiro—.
Solo espero que Ryu no se haya quedado dormido… Hunk se rió mientras comenzaban a caminar.
—No lo creo.
A ese chico le brillaban los ojos igual que a ti cuando recibió la carta.
Vamos a buscarlo, seguro ya nos está esperando.
Kiro se acomodó la mochila y echó una última mirada a su casa, su calle, su barrio.
—Adiós, casa… nos vemos pronto.
Y con pasos decididos, comenzó su viaje hacia lo desconocido.
Hacia Farhaim.
Hacia el futuro.
Después de recorrer varias calles, Kiro y Hunk llegaron a la casa de Ryu.
El lugar parecía desolado; las luces estaban apagadas y no se percibía movimiento alguno.
Kiro frunció el ceño, preocupado.
—¿Crees que realmente se quedó dormido?
—preguntó Kiro, intentando aliviar la tensión con una sonrisa.
Hunk, sin embargo, mantenía una expresión seria.
Observó la casa detenidamente y negó con la cabeza.
—No lo creo.
Hay algo que no encaja aquí —respondió en voz baja.
Sin más dilación, Hunk se adelantó hacia la puerta principal, dejando a Kiro esperando en la acera.
Tocó varias veces, cada golpe resonando en el silencio matutino.
A la tercera llamada, la puerta se abrió bruscamente, revelando al padre de Ryu con una expresión de fastidio evidente.
—¿Qué quiere?
—espetó el hombre, su mirada dura posándose en Hunk.
—Buenos días, señor —saludó Hunk con cortesía—.
Vengo a buscar a Ryu.
¿Está en casa?
El padre de Ryu cruzó los brazos sobre su pecho y respondió con desdén: —Mi hijo no irá a ninguna parte.
No quiere tener nada que ver con ustedes, asi que vayan a perder su tiempo a otro lado.
Intentó cerrar la puerta de golpe, pero Hunk interpuso su mano con firmeza, impidiendo que se cerrara.
—Por favor, solo quiero hablar con él —dijo Hunk, manteniendo la calma.
El hombre apretó los dientes, su frustración evidente.
—Lo que haga Ryu es decisión mía.
Usted no tiene derecho a interferir.
Hunk asintió lentamente, comprendiendo la situación.
—Entiendo su preocupación como padre.
Pero, como maestro de Ryu, no puedo permitir que sus sueños se desvanezcan.
Esta es una oportunidad única para que él transforme sus aspiraciones en realidad, con esto estará más cerca de cumplir sus sueños.
El padre de Ryu chasqueó la lengua con impaciencia.
En ese momento, Hunk sintió una débil emanación de energía proveniente del interior de la casa.
Sin pensarlo dos veces, empujó la puerta con determinación, obligándola a abrirse por completo.
La escena que se desplegó ante él lo llenó de indignación.
Ryu estaba de pie en medio de la sala, una marca roja y prominente adornando su mejilla izquierda.
Sus ojos, usualmente llenos de vida, ahora reflejaban una profunda desesperanza.
Su madre lo sujetaba firmemente de la muñeca, impidiéndole cualquier movimiento.
—Esto es inaceptable —declaró Hunk, su voz teñida de desaprobación—.
No puedo permitir que destruyan los sueños de su propio hijo.
No dejaré que lo hagan.
La madre de Ryu alzó la voz, su tono cargado de emoción.
—¡Lo necesitamos aquí!
¡No puede abandonarnos!
El padre intervino, su voz grave resonando en la habitación.
—Lo amamos y queremos lo mejor para él.
Debe quedarse y ayudar a la familia.
Si se lo lleva ahora, será considerado un secuestro.
Hunk cerró los ojos por un momento, respirando hondo para contener su ira.
Luego, fijó su mirada en Ryu y, con una voz firme pero comprensiva, le habló directamente: —Ryu, en la vida, hay momentos en los que debemos tomar decisiones difíciles.
No permitas que otros dicten tu camino.
Tienes el derecho y la responsabilidad de forjar tu propio destino, nadie más excepto tú lo puedes crear.
Si tu sueño es convertirte en exorcista, lucha por ello.
No estás solo en este viaje; estamos aquí para apoyarte.
Pero la decisión final es tuya y debes actuar.
¿Estás dispuesto a enfrentar los desafíos y perseguir tus sueños con determinación?
Ryu levantó la vista, sus ojos encontrándose con los de Hunk.
Las palabras de su maestro resonaron en lo más profundo de su ser, encendiendo una chispa de determinación que creía extinguida.
Abrió la boca para responder, pero su madre lo interrumpió, su voz llena de desesperación.
—¡No queremos que te involucres en ese mundo peligroso!
¡Es por tu bien!
¡Debes quedarte aquí con nosotros!
Por siempre… Hunk, sintiendo que la conversación no avanzaría, decidió tomar una postura más enérgica.
Levantó su mano derecha y, con un movimiento fluido, desató una oleada de energía que iluminó la habitación con una luz cálida y poderosa.
Ryu sintió cómo esa energía lo envolvía, brindándole una sensación de seguridad y confianza.
—Yo… Apretó los puños, tomando una decisión irrevocable.
—Yo quiero… Con un movimiento decidido, se liberó del agarre de su madre y tomó su mochila que descansaba en el suelo.
—Quiero ser un exorcista —declaró con voz firme, dirigiéndose hacia la puerta.
Cuando estaba a punto de cruzar el umbral, su padre lo sujetó de la muñeca, intentando detenerlo.
—¡No puedes hacer esto!
—exclamó, su voz mezclando ira y desesperación.
Ryu, sin voltear, respondió con serenidad pero con una determinación inquebrantable: —Lo siento, padre, pero este es mi camino.
Gracias por todo, pero debo seguir mi propio destino.
Concentrando su energía, una ráfaga de viento emergió de su ser, obligando a su padre a soltarlo y empujándolo suavemente hacia atrás.
Ryu cruzó la puerta, sintiendo el aire fresco en su rostro.
Sus padres quedaron en el umbral, mirándolo con una mezcla de sorpresa y dolor.
—Defenderé mi sueño —dijo Ryu, girándose para enfrentar a sus progenitores por última vez—.
Seré un exorcista y asistiré a la escuela de energía, aunque eso signifique dejar este hogar.
¡No intenten detenerme más!.
Con esas palabras, cerró la puerta detrás de él, sintiendo cómo un peso se levantaba de sus hombros.
Hunk y Kiro lo esperaban afuera, sus rostros reflejando orgullo y comprensión.
Kiro fue el primero en romper el silencio, colocando una mano en el hombro de Ryu.
—Sabía que no te quedarías atrás.
Juntos, lograremos grandes cosas en la escuela.
Y no olvides que estaré a tu lado.
Hunk asintió, su mirada llena de respeto hacia su discípulo.
—Este es solo el comienzo, Ryu.
El camino será arduo, pero sé que tienes la fortaleza para enfrentarlo, confio en ti Ryu.
Ryu esbozó una sonrisa, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una verdadera esperanza.
—Gracias a ambos.
No los defraudaré.
Sin más que decir, los tres emprendieron el camino hacia la estación, dejando atrás el pasado y avanzando hacia un futuro lleno de posibilidades y desafíos.
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