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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 59

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59: Capítulo 59: ¡Farhaim!

59: Capítulo 59: ¡Farhaim!

El traqueteo constante del Tren Infinito acompañaba el silencio de los tres viajeros que avanzaban entre montañas y valles rumbo al pueblo Aqua, punto previo al destino final: la escuela de energía Farhaim.

En uno de los asientos del vagón, Ryu miraba absorto por la ventana.

Su rostro reflejaba una calma engañosa, pero sus ojos delataban una tormenta interna.

El paisaje pasaba velozmente, pero él parecía no verlo.

Sentado a su lado, Kiro lo observaba de reojo.

Se mordió el labio inferior y cruzó los brazos, algo inquieto.

“¿Estará bien…?

—pensó con preocupación—.

Desde que salimos no ha dicho ni una palabra.

Sé que no fue fácil para él dejar esa casa…

y menos de esa forma.

Pero si algo le duele, entonces yo…

yo estaré aquí para ayudarle.

Siempre, porque eso es lo que hacen los amigos.” Metió la mano al bolsillo de su chaqueta y sacó un pequeño envoltorio de color dorado: un caramelo de miel.

Lo estiró en dirección a su amigo con una sonrisa leve.

—Toma, Ryu.

Esto me ayuda cuando estoy nervioso —ofreció con un tono amistoso.

Ryu parpadeó, como saliendo de un trance.

Miró el caramelo y luego a Kiro, y con una voz casi inaudible, respondió: —Gracias, pero no tengo ganas de un dulce…

Kiro no insistió.

Se encogió de hombros y peló el caramelo, metiéndoselo a la boca.

—Tu te lo pierdes —dijo, con una sonrisa más forzada que real.

Al otro lado del asiento, Hunk Brakell, su maestro, dormía profundamente, inclinado hacia atrás con los brazos cruzados y roncando con un ritmo acompasado que competía con el del tren.

—Vaya…

¿cómo puede dormir tan tranquilo siendo un exorcista de su calibre?

—bromeó Kiro en voz baja—.

Este tipo sí que es otro nivel…

Ryu no respondió.

Seguía con la mirada fija en el paisaje.

Pasaron un par de horas más hasta que por fin llegaron a Aqua, un pueblo cercano al gran lago espejo celeste con calles de piedra pulida, fuentes de agua clara y barcos pesqueros flotando cerca de la playa.

Aunque no se quedarían allí, el lugar tenía un encanto especial.

Cruzaron el pueblo a pie, y pronto comenzaron su travesía final: a través de un sendero boscoso, con árboles altos que filtraban la luz del sol, y luego por una pradera amplia que terminaba en la colina donde se alzaba majestuosa la escuela de energía Farhaim.

Cuando finalmente la vieron, los dos chicos se detuvieron por un momento.

—¿Esto…

es real?

—susurró Kiro.

Desde su posición, se extendía un complejo de edificios imponentes: torres de cristal, aulas enormes, caminos empedrados con figuras místicas talladas, y emblemas flotando en el aire que brillaban suavemente con energía.

—Es más grande de lo que recordaba—murmuró Ryu, ahora sí mostrando algo de asombro en su rostro.

Entraron por la puerta principal, esta vez por la entrada formal.

Atravesaron el amplio jardín frontal y llegaron hasta la recepción, una sala enorme y de techos altísimos, decorada con estandartes, vitrales y pilares cubiertos de símbolos antiguos, también lleno de sillas y estanterías para perder el tiempo.

Una mujer de cabello recogido, lentes y una túnica gris los recibió desde un mostrador de piedra con una sonrisa profesional.

—Bienvenidos a Farhaim.

Son de 1° año ¿No?…

¿Diganme sus nombres?

Kiro fue el primero en avanzar, con la emoción desbordando por su mirada dorada.

—¡Kiro!

—dijo con voz clara.

La mujer levantó una ceja.

—¿Solo Kiro?

—¿Eh?

Sí.

Solo Kiro —confirmó, cruzándose de brazos con confianza.

—Muy bien conque, “solo Kiro” —dijo la mujer, marcando algo en una tableta flotante.

Un haz de luz descendió sobre él, escaneando su cuerpo y su rostro de pies a cabeza.

Kiro se encogió un poco.

—¿Esto…

esto hace daño?

—Es una simple lectura de datos vitales y escaneo corporal.

Procedimiento estándar.

Cuando terminó, la mujer le entregó una credencial con su nombre grabado en letras doradas y un pequeño cristal azul incrustado en el centro.

—No la pierdas.

Te dará acceso a las instalaciones.

Es, en efecto, tu pase para existir aquí.

Kiro sostuvo la credencial entre los dedos como si fuera un tesoro y se giró hacia Hunk.

Se inclinó con respeto, haciendo una profunda reverencia.

—Gracias por todo, maestro…

por entrenarme, por cuidarnos…

por darnos una segunda oportunidad para vivir.

Hunk se acercó, revolviéndole el cabello como tantas veces antes.

—Ya está bien, no te pongas sentimental —dijo con una media sonrisa—.

A partir de ahora empieza el verdadero reto.

Te quiero alerta, concentrado y…

bueno, sin hacer tantas locuras.

—¡Claro!

—exclamó Kiro.

Ryu terminó de registrarse en ese momento y también se acercó.

—Gracias, maestro Hunk…

por todo.

Por creer en mí incluso cuando yo no lo hacía e impulsarme a mi sueño, se lo agradeceré eternamente.

Hunk lo miró fijamente por un segundo y luego le palmeó el hombro.

—Te has vuelto más fuerte, Ryu.

No solo por lo que haces, sino por lo que aguantas.

Ahora es momento de seguir creciendo.

—Lo haré.

No pienso rendirme.

—Entonces, no lleguéis tarde —dijo Hunk, guiñando un ojo.

Ambos chicos se despidieron del maestro con un gesto firme, y cruzaron juntos la puerta de cristal que separaba la recepción del resto del complejo.

Al otro lado, los recibió el patio principal: una plaza enorme rodeada de edificios, árboles de diferentes tipos y colores, y estudiantes de todos los años que iban y venían.

La emoción aumentaba con cada paso.

—Esto es…

increíble —musitó Ryu.

Kiro asintió.

—Nunca imaginé que estaríamos aquí, juntos, en un lugar como este…

De pronto, Ryu señaló un cartel luminoso sobre una de las estructuras.

—Mira, dice: “Alumnos de primer año, presentarse en el estadio para la ceremonia de apertura.” —¡Pues vamos allá!

—exclamó Kiro.

Y así, entre la emoción, la incertidumbre y los sueños que apenas comenzaban a tomar forma, Kiro y Ryu corrieron por los senderos de Farhaim, listos para enfrentar su nuevo destino.

El sol de la mañana caía con intensidad sobre las altas torres de la Academia de Energía Farhaim, proyectando sombras largas sobre el gran estadio central.

Allí, en la enorme explanada de cemento rodeada por graderías colosales, se encontraban alrededor de 100 estudiantes de primer año.

Voces, pasos, nervios y murmullos llenaban el ambiente mientras las filas se formaban con lentitud pero orden.

Kiro y Ryu, recién llegados, se unieron al flujo de alumnos.

Kiro miraba a su alrededor con entusiasmo, como si no pudiera creerse que estuviera ahí de verdad.

Su chaqueta amarilla y negra contrastaba entre tantos uniformes nuevos y expresiones confundidas.

—Este lugar sigue igual de impresionante…

—comentó, mirando hacia el escenario al centro del estadio.

—¿Cómo pudieron caber tantas personas aquí en la prueba?

—preguntó Ryu, asombrado, con los ojos bien abiertos.

El escenario, elevado por una plataforma de piedra negra, estaba adornado con banderas de los seis emblemas de la Academia.

Sobre él, los profesores y líderes de cada comunidad esperaban en silencio.

Detrás del escenario, una cortina de energía se agitaba como un velo místico, dando al acto un aire solemne.

Kiro se detuvo un instante.

Entre la multitud distinguió dos figuras conocidas y sonrió de inmediato.

—¡Loo!

¡Shizuki!

—exclamó, corriendo para unirse a ellos y colarse entre los espacios libres de la fila.

Loo, con los brazos cruzados y su rostro serio, asintió levemente al ver a Kiro.

—Ya me imaginaba que ustedes también estarían aquí.

No podían faltar —gruñó con voz grave.

Shizuki, unos pasos más allá, alzó una ceja y se giró con una sonrisa traviesa.

Su chaqueta oscura ondeaba con el viento y el brillo de su amuleto morado centelleaba como si tuviera vida propia.

—Tal como los espíritus me dijeron —dijo en voz melodiosa—.

El destino de los guerreros del alma se han vuelto a cruzar.

Y esta vez…

para permanecer unidos por largo tiempo.

Kiro se rio, medio divertido, medio intrigado por sus palabras.

—También me alegro de verte, Shizuki.

Ryu saludó a ambos con una leve inclinación de cabeza.

—Me alegra saber que no estamos solos en esto y que todo nuestro equipo de la prueba haya pasado.

Antes de que pudieran seguir conversando, un sonido de trompetas retumbó en todo el estadio.

Todos se quedaron en silencio casi al instante.

Las trompetas cesaron y, entonces, uno a uno, los seis líderes de los Emblemas de Farhaim se pusieron de pie sobre el escenario, formando una línea frente al público.

La energía que emanaban era abrumadora, imponentes incluso sin decir una palabra.

En el centro, avanzó un hombre de estatura media, cabello canoso cuidadosamente peinado hacia atrás al igual que su barba perfectamente arreglada.

Sus ojos eran azules, pero fríos como el hielo de Toki.

Su presencia bastaba para acallar hasta el alma más ruidosa.

Se colocó frente al micrófono.

Una voz profunda y pausada retumbó por los cristales del estadio.

—Bienvenidos, estudiantes de primer año —comenzó—.

Me presento.

Mi nombre es Leonardo Capella, director de la Academia de Energía Farhaim.

Es un honor recibirles el día de hoy.

Un breve murmullo de respeto cruzó entre los alumnos.

Kiro tragó saliva.

Ryu lo miró, nervioso.

—Parece muy serio…

—Y muy fuerte —añadió Kiro en voz baja.

El director continuó: —Hoy están aquí no solo por sus habilidades, talentos o afinidades elementales.

Muchos tienen grandes capacidades físicas.

Otros, una conexión única con sus espíritus.

Pero nada de eso garantiza su éxito en esta academia.

Porque lo que realmente buscamos aquí…

es lo que hay dentro de ustedes.

La esencia que los define.

Su alma.

Los estudiantes escuchaban con atención reverente.

Algunos parados con la espalda erguida, otros cruzando las manos con nerviosismo.

—Aquí aprenderán a usar su energía, no como un arma, sino como una extensión de ustedes mismos.

Su camino recién comienza, y no será fácil.

Habrá desafíos, duelos, entrenamientos extenuantes…

y momentos donde desearán rendirse.

Pero si están aquí hoy, es porque superaron las pruebas y demostraron que tienen lo necesario.

Leonardo extendió un brazo y señaló hacia el suelo del estadio.

—Este lugar, en el que ahora se encuentran, no es solo un campo vacío.

Bajo nuestros pies está el sistema experimental de entrenamiento: las Cámaras de Simulación.

Gracias a esa tecnología, podremos recrear desde combates reales hasta climas extremos o entornos completamente inmersivos.

Lo que vieron en sus pruebas de ingreso…

fue solo una muestra de sus capacidades.

Kiro abrió los ojos de sorpresa.

—¡Eso explica todo lo que pasó allá abajo!

¡Tenía que ser magia o tecnología muy avanzada!

¡Esto es increíble!

—También contarán con servicios esenciales como la Enfermería General, ubicada cerca del gran patio central, y varias zonas de descanso y estudio.

Todo lo que necesitan para desarrollar sus habilidades está aquí.

Pero no se engañen: esta institución no es un juego.

El silencio era absoluto.

Cada palabra pesaba como una piedra preciosa tallada con precisión.

—Aquí se forjan los héroes del mañana, los protectores del equilibrio, y también aquellos que elegirán un camino diferente.

No todos están destinados al combate, pero todos tienen un papel que cumplir.

Ustedes son el futuro.

Y el futuro…

empieza hoy, con este primer gran paso.

Al terminar su discurso, un aplauso atronador se extendió por todo el estadio.

Los profesores aplaudieron primero, luego los estudiantes.

Algunos, incluso, soltaron pequeños vítores de emoción.

Kiro aplaudió con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Eso sí que fue una presentación épica!

—No esperaba que dijera tanto —susurró Ryu—.

Pero…

me siento más decidido ahora.

—Yo también…

—añadió Loo, con una chispa de emoción apenas perceptible en su mirada.

El director levantó la mano y anunció: —Ahora, para compartir los ánimos de esta ceremonia, quisiera invitar a una persona especial.

Nuestra mejor alumna de la Academia.

Ella les dará unas palabras como ejemplo de lo que pueden llegar a ser y el cómo es la Academia.

Por favor, reciban a Kaede Minatsuki.

Kiro se quedó congelado al escuchar ese nombre.

Inmediatamente se inclinó hacia delante para ver mejor.

—¿Kaede…?

¿Ka…e…de…?

—musitó.

Del lateral del escenario subió una chica de pasos firmes, con el cabello azul pálido cortado a la altura de los hombros y unos ojos grisáceos tan tranquilos como un lago sin viento.

Su presencia era serena, pero a la vez irradiaba una autoridad natural.

Se colocó frente al micrófono y miró a los presentes con suavidad.

—Buenos días —dijo con voz clara—.

Mi nombre es Kaede Minatsuki.

Soy estudiante de 3° año y parte del emblema Paladins…

y como ustedes, un día estuve parada en este estadio llena de preguntas, dudas y miedo.

Kiro la miraba sin pestañear.

—Es ella.

Es la chica que me ayudó con los muñecos de prueba…

—murmuró.

Shizuki lo oyó y se giró hacia él.

—¿La conoces?

Vaya…

eso puede ser útil.

Kaede prosiguió: —Muchos pensarán que estar aquí significa haber ganado algo glorioso o ya superado lo más difícil.

Pero en verdad, es solo el primer paso de un viaje largo.

No se trata de ser el más fuerte, sino de encontrar aquello que los hace únicos.

Les deseo lo mejor para su futuro.

Y recuerden: en Farhaim, nadie avanza solo.

Todos estamos aquí para crecer, caernos…

y levantarnos otra vez, no olviden eso… —He visto a los más arrogantes caer ante su propia debilidad.

Y a los más temerosos…

brillar con una luz que jamás imaginaron poseer.

Farhaim no se trata de ser fuerte.

Se trata de ser auténtico, de permitir que vuestro verdadero poder, vuestro verdadero yo, emerja, esto se logra gracias a el esfuerzo constante y el apoyo de los demás, por eso está nuestro lema: “Nunca nadie peleara solo”.

Cuando terminó, la ovación fue aún más fuerte que antes.

Kiro sentía el corazón acelerado.

No solo por las palabras, sino por todo lo que significaba.

Este es el comienzo…

nuestro comienzo.

—¿Listo para todo lo que se venga?

—preguntó Ryu, dándole un pequeño codazo.

—¡Más que nunca!

—respondió Kiro, con una sonrisa ardiente en el rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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