Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 62
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- Capítulo 62 - 62 Capítulo 62 Iniciando por Farhaim Kiro
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62: Capítulo 62: Iniciando por Farhaim: Kiro 62: Capítulo 62: Iniciando por Farhaim: Kiro Kiro descendió por las escaleras del segundo piso con pasos ligeros, su chaqueta perfectamente acomodada, su rostro lleno de emoción por todo lo que estaba viviendo.
Al llegar al salón principal de la sede Stella, encontró a Rei sentada en uno de los sillones leyendo un libro, y a Lyra sirviéndose una taza de té mientras flotaban unos terrones de azúcar a su alrededor.
—¡Hola!
—saludó con entusiasmo.
—Vaya, Kiro —dijo Rei, alzando la mirada del libro—.
¿Ya te aburriste de tu cuarto?
—¡Para nada!
¡Solo quería conocer más cosas!
—dijo mientras se acercaba y se dejaba caer sobre un sillón frente a ellas—.
Por cierto… ¿dónde están los demás del emblema?
Aparte de ustedes y Silfy, no he visto a nadie más.
Lyra dio un sorbo elegante a su té antes de responder con tono desenfadado: —Ah, ellos son espíritus libres… A saber dónde estarán ahora.
Es parte de su encanto.
—Además —añadió—, si los buscas, terminarás atrapado en una trampa de humo o con una explosión cerca.
Ya verás… Kiro se quedó pensativo por un segundo.
—¿Tanto así…?
Rei cerró su libro suavemente y apoyó los codos en sus rodillas.
—Aparte de los que ya conoces, están Chris, Xia… y el capitán Sanha Zaehara —dijo con respeto en la voz—.
Pero lamentablemente él no está en la Academia ahora.
Está en una misión importante.
—¿Misión importante?
—Kiro se inclinó hacia adelante con interés.
—Exacto —intervino Lyra con un brillo en los ojos—.
Sanha es uno de los mejores estudiantes de la Academia.
A veces recibe misiones o encargos especiales, incluso de rango alto.
Es lo que sucede cuando eres talentoso, responsable y…
poderoso—suspiró con cierto brillo soñador.
—¡Wow…!
—exclamó Kiro, sus ojos brillando—.
¿Y esas misiones son parte de la Academia?
—Sí —asintió Lyra, sentándose con elegancia en el borde de su sillón, una pierna sobre la otra—.
Farhaim está afiliada al Gremio de Aventureros, así que los estudiantes pueden hacer misiones oficiales si demuestran que están preparados.
Además, el desempeño académico también es un factor.
Kiro abrió los ojos con más fuerza, procesando todo con entusiasmo creciente.
—¿Y si quiero ser exorcista?
—preguntó con decisión—.
¿Qué tengo que hacer para lograrlo?
Rei lo miró por unos segundos.
No lo había imaginado viniendo de él, al menos no tan directamente.
—¿Quieres convertirte en exorcista?
—repitió.
Kiro asintió con fuerza.
—¡Sí!
¡Ese es mi sueño!.
Y no un exorcista cualquiera, yo seré…¡El mejor de todos!
Lyra se llevó una mano al mentón, pensativa.
—Si ese es tu camino… entonces escucha bien —dijo con tono firme—.
Hay dos formas de convertirte en exorcista desde Farhaim: Uno, el camino más seguro: conseguir seis estrellas.
Cada estrella representa un gran logro.
Puede ser por ganar competencias, eventos importantes o completar misiones reconocidas.
Cuando reúnas seis, serás convocado por el director y la organización de exorcistas que trabaja junto al gremio.
Y dos: ser recomendado directamente por varios exorcistas de alto rango.
Pero eso… es mucho más complicado.
Debes destacar mucho o llamar la atención de alguien importante.
Esas serían tus opciones actualmente, aunque sí en las misiones destacas puede que te den misiones de exorcistas.
Kiro se levantó de golpe, apretando los puños.
—¡Entonces solo tengo que conseguir seis estrellas!
¡Fácil!
Rei soltó una risita breve.
—¿Fácil?
¿Sabes cuántas tengo yo, y ya voy en mi último año?
Cuatro.
Y eso con mucho trabajo detrás.
Las estrellas no caen del cielo.
—Es verdad —añadió Lyra con tono más suave—.
La mayoría solo consigue una o dos durante toda su estadía.
Por eso los eventos, misiones y exámenes son tan importantes.
No es cuestión de fuerza, sino de constancia, estrategia y espíritu.
—Mmm…
—Kiro frunció los labios, pensativo, pero con la misma energía en su mirada—.
¡Pues tendré que entrenar mucho más y dar todo de mí!
¡No me voy a rendir!
¡Nunca me rindo!
Lyra le sonrió ampliamente.
—Esa es la actitud.
Me agradas muchacho.
Estás lleno de luz, Kiro.
—Gracias, maestra Lyra —respondió con una sonrisa resplandeciente.
—Y como es tu primer día, sería bueno que salgas a conocer la Academia.
Hay mucho que ver: los patios elementales, las torres de estudio, las bibliotecas…
—¡Suena increíble!
Pero… ¿cómo llego a todo eso?
—Así —dijo Lyra acercándose.
Extendió la mano y tocó suavemente el brazalete de Kiro.
Este emitió un suave resplandor y luego proyectó una pequeña interfaz mágica que flotó frente a él: era un mapa interactivo de toda la Academia Farhaim.
Mostraba caminos, edificios, rutas y hasta puntos de interés.
—¡WOAH!
¡¿Cómo hiciste eso?!
—Kiro giraba la proyección con los dedos y no paraba de tocar todo con curiosidad.
—Es magia…
o tecnología ancestral… o ambas.
Jeje Solo bromeó—respondió Lyra con una sonrisa juguetona—.
Pero ahora no podrás perderte.
Y no digas que no pienso en mis alumnos.
Kiro la miró con admiración.
—¡Eres increíble, maestra Lyra!
Gracias, de verdad.
—Lo sé —respondió ella, orgullosa—.
Y no olvides traer dulces si encuentras la cafetería secreta.
Solo los que tengan buen corazón la podrán encontrar.
O los que tengan mucho antojo.
Rei soltó un suspiro.
—Ignórala.
No hay ninguna cafetería secreta…
creo.
Kiro rió con ganas, y luego levantó el brazo en alto.
—¡Muy bien!
¡Hora de explorar!
¡Las estrellas me esperan!
—Y nosotros esperamos que no te pierdas a los dos minutos —agregó Rei con una sonrisita irónica.
Kiro salió corriendo por el pasillo, lleno de determinación.
La proyección del mapa flotaba a su lado como una luciérnaga guía.
Detrás de él, Lyra lo observó unos segundos, con una expresión suave y melancólica.
—Tiene un brillo especial… muy parecido al de cierto joven que conocí hace mucho —murmuró.
—¿Lo dices por Sanha?
—preguntó Rei sin girarse, aún hojeando su libro.
—Tal vez.
O tal vez por mí misma… cuando aún soñaba con tocar las estrellas hace tiempo.
En las afueras de la sede… Kiro caminaba con emoción por los pasillos principales de la Academia Farhaim, su mapa flotando proyectado desde su brazalete, girando y marcando distintos puntos de interés.
El sol matinal se colaba por los ventanales, bañando el suelo pulido con luz cálida, mientras los estudiantes iban y venían.
—A ver, a ver… —murmuró, tocando uno de los íconos flotantes del mapa—.
Hay una cafetería… librería… ¡Oh, el estadio otra vez!
¿Y esas salas de entrenamiento…?
¡Genial!
Con una sonrisa, decidió ir en orden.
Primero, la cafetería.
El lugar era gigantesco, con una cúpula de cristal que permitía ver el cielo y las nubes.
Las mesas estaban perfectamente alineadas, y el ambiente olía a pan recién horneado, café tostado y platos típicos de varias regiones.
—¡Esto es el paraíso… ¡Increíble!
—exclamó Kiro con los ojos brillando.
Se acercó a uno de los mostradores y pidió un café helado con chispas de cacao, una especialidad recomendada por el mapa.
Al recibirlo, agradeció al trabajador con una reverencia torpe y salió del lugar para continuar su recorrido.
—Eso fue algo caro, tendré que ahorrar bastante si quiero sobrevivir aquí.Bueno…¡Siguiente parada: salas de entrenamiento!
Las salas de entrenamiento estaban separadas por tipos: exteriores, con estructuras para escalar, áreas de combate, zonas con trampas y obstáculos; e interiores, con ambientes controlados.
Pero lo que más le llamó la atención fue un pabellón sellado con un cartel que decía: “Zona de Realidad Aumentada.
Acceso exclusivo con pase de Instructor”.
—¡Woah!
¿Tecnología que simula combates?
Eso suena como algo salido de un sueño… —dijo tocando el cristal que protegía la puerta, que le devolvió un zumbido negando el acceso.
Kiro continuó explorando la Academia por un rato.
—Esto es más grande de lo que imaginaba… —murmuró, cuando de pronto, lo vio.
—¡Ryu!
—gritó con alegría, levantando el brazo y corriendo hacia él—.
¡Oye, Ryu!
Ryu lo vio desde la distancia y sonrió, levantando su mano también.
—¡Kiro!
¡Qué suerte encontrarte!
Pero en ese preciso instante, una patada surgió de la nada.
El pie impactó directamente en el rostro de Kiro con tal fuerza que fue lanzado por los aires.
—¿¡Q-QUÉ!?
—exclamó Ryu, corriendo de inmediato hacia su amigo, mientras este yacía inconsciente con la marca de una bota en plena mejilla.
Kiro despertó sobresaltado.
La luz que entraba por la ventana lo cegó momentáneamente.
Estaba acostado sobre una camilla acolchada, en una sala blanca con cortinas colgando y aroma a medicinas.
—¿D-dónde… estoy…?
—murmuró.
—Estás en la enfermería —respondió una voz suave, a su derecha.
Giró la cabeza y vio a una chica sentada junto a la ventana, la luz resaltando el contraste entre su piel clara y su cabello negro liso que caía por sus hombros.
Sus ojos rojos, penetrantes y brillantes como rubíes, hicieron que Kiro sintiera un pequeño escalofrío.
—¿T-tú eres…?
—Me alegra que estés bien —dijo con una voz calmada, llevándose una mano a la espalda y sonriendo tímidamente—.
Perdón… por el golpe.
Kiro parpadeó, desconcertado.
—¿¿Golpe??
¿Qué golpe?
La chica abrió los ojos sorprendida.
—Oh no… ¿No lo recuerdas?
¡¿Acaso te di tan fuerte que se te olvidó todo?!
—se llevó ambas manos al rostro, claramente preocupada—.
¡Lo siento, lo siento!
¡No era mi intención!
Estaba… estaba probando algo y no sentí tu energía, así que no me dio tiempo a parar… —¿Eh?
¿Probar qué?
—Kiro se llevó la mano a la mejilla, notando que le dolía—.
¿Eso fue… una patada?
—Sí… —respondió con vergüenza, bajando la cabeza—.
Tengo nuevas técnicas por pulir y… necesito estar usando mi energía cada cierto tiempo, sino se vuelve algo… inestable.
No fue personal, ¡Lo juro!.
—Ah… entonces fue un accidente —Kiro se reincorporó, algo nervioso mientras ella lo observaba atentamente.
—Exacto.
De hecho, tu nivel de energía es tan bajo que… bueno, pensé que eras una hoja volando con el viento a lo mucho —intentó bromear.
Kiro frunció el ceño.
—¡Oye, no soy tan débil!
—Lo siento, lo siento —rió un poco y se levantó—.
No pensé que alguien sin aura perceptible estaría corriendo por el campus.
Pensé que era un espíritu travieso.
Ya me ha pasado antes, eh… jeje.
—No te preocupes.
Supongo que…comparado a las demás energías del lugar… la mía ya no es nada.
—¿No tomarás represalias… o me denunciarás?
Kiro negó con la mano.
—Nah.
Estoy bien, y fue un accidente.
Aunque… podrías invitarme un café helado un día de estos.
¡Como compensación!
La chica se relajó, sonriendo un poco.
—Eso suena justo.
Lo haré.
—Por cierto… ¿cómo te llamas?
La chica se detuvo unos segundos, luego giró lentamente hacia él.
—Me llamo Xia Wave —dijo con voz tranquila, pero sus ojos se encendieron ligeramente con una chispa salvaje—.
Estudiante de segundo año, emblema Stella.
Aunque, creo que a partir de hoy me recordarás por el golpe más que por mi nombre… Kiro soltó una risita nerviosa.
—Sí… definitivamente.
Xia se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida.
—Me alegra que estés bien.
Que tengas un buen día… y trata de no correr por los pasillos.
Nunca sabes cuándo puede cruzarse algo en tu camino.
—¡Lo tendré en cuenta!
Y con eso, Xia desapareció por la puerta de la enfermería.
Kiro se recostó otra vez, soltando un largo suspiro.
—Estoy en la mejor academia del mundo… y ya me noquearon de una patada.
Pero mientras lo decía, una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Esto va a ser más emocionante de lo que imaginé… Espera… — Frunciendo el seño—¿Dijo Stella?
El reloj marcaba pasado el mediodía cuando la enfermera de la Academia entró a la sala donde Kiro descansaba.
Era una mujer de cabello castaño recogido en un moño firme y lentes redondos, con una bata blanca que contrastaba con el aura brillante de su energía sanadora.
—¿Cómo te sientes, jovencito?
—preguntó con una sonrisa profesional, sacando una pequeña lámpara para revisarle los ojos.
—Eh… mejor, mejor —respondió Kiro con una risa nerviosa, aún recordando la patada sorpresa de Xia.
—Te diste un buen golpe —dijo mientras le revisaba la presión—.
Aunque más bien te lo dieron.
¿Qué hiciste para ganarte una patada así?
—No hice nada —Kiro infló los cachetes—.
¡Solo estaba saludando a mi amigo!
Literalmente.
¡Saludé y pum!
Terminé en el suelo…
—Bueno, por suerte no hay daño serio.
Pero ten más cuidado, ¿de acuerdo?
Algunos estudiantes tienen reflejos… digamos que agresivos —le guiñó el ojo—.
Estás en forma, jovencito.
Puedes retirarte.
—¡Sí, señora!
—se levantó de un salto y se despidió con una reverencia—.
¡Gracias por cuidarme!
Ya en el exterior, Kiro respiró hondo y alzó los brazos con una sonrisa renovada.
—¡Libre otra vez!
—exclamó—.
Aunque… es sorprendente ver que hay gente muy poderosa por aquí.
Miró el cielo despejado y el gran complejo de la Academia frente a él.
—Me pregunto qué nos espera mañana…
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