Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 63
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- Capítulo 63 - 63 Capítulo 63 Iniciando por Farhaim Ryu
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63: Capítulo 63: Iniciando por Farhaim: Ryu 63: Capítulo 63: Iniciando por Farhaim: Ryu Mientras tanto, en otra parte del la academia, Ryu avanzaba por los amplios pasillos de la sede del emblema Paladins.
A diferencia del estilo hogareño y algo excéntrico de Stella, aquí todo era sólido, elegante y moderno, con estructuras que asemejaban un gran castillo tecnológico: piedra tallada con detalles metálicos, vitrales que proyectaban emblemas brillantes sobre los suelos y escudos dorados colgando de las paredes.
Ryu caminaba con paso nervioso.
Sus dedos jugaban con el borde de su manga mientras miraba los pasillos, todos llenos de estudiantes que parecían saber exactamente a dónde ir.
—¿Dónde… se supone que tengo que ir?
—murmuró.
Eventualmente, fue guiado por las señales flotantes del brazalete hasta una puerta doble que decía: Sala Común de los Paladins.
Con un suspiro, la abrió y entró.
El lugar era amplio, con sillones de cuero, grandes mesas de madera y lámparas colgantes que daban una luz cálida.
Algunos estudiantes charlaban animadamente.
En el centro, sobre una tarima elevada, se encontraba Andrew Zimmerman, con su brillante armadura plateada y capa blanca ondeando suavemente sin viento aparente.
Andrew levantó la vista al notar a Ryu y le hizo un gesto amistoso con la mano.
—¡Ah, tú debes ser Ryu!
Acércate, por favor.
Ryu tragó saliva, ajustó su chaqueta y se acercó con paso medido.
—¿Puedo… sentarme aquí?
—preguntó, señalando un asiento.
—Claro.
Considera esto tu nuevo hogar.
—Muy bien —dijo Andrew una vez que Ryu se unió al grupo—.
Ahora que están todos los nuevos reclutas, es momento de presentarse.
Como miembros de primer año, trabajarán juntos como equipo cuando se les asignen misiones, así que conocer a sus compañeros es esencial.
Ryu miró a su alrededor.
Aparte de Andrew, había seis personas más en la sala.
Andrew señaló a su derecha.
—Este es Reilan Vörin, tercer año.
Es uno de mis asistentes personales.
Reilan era un hombre de complexión fuerte, cabello plateado peinado hacia atrás y un brazalete metálico que mostraba un diseño de rayos.
Llevaba su armadura con elegancia.
—Un honor conocerlos —dijo con voz firme, colocando su mano sobre el pecho e inclinando la cabeza.
—A su lado, tenemos a Sireen Valdrin, segundo año.
Sireen era una joven de expresión serena y cabello rubio que caía como seda.
Tenía una mirada calmada, pero su presencia era fuerte.
—Bienvenidos a todos.
Es un gusto tener nueva gente por aquí—dijo con una voz suave pero firme.
—Ahora, tú —dijo Andrew, señalando a una chica sentada en la esquina.
La joven se sobresaltó, como si no esperara ser llamada.
—Y-yo… Me llamo Lielle Moorwyn —susurró—.
Encantada de conocerlos… Ryu apenas la escuchó.
Era pequeña y tenía una expresión nerviosa en la cara.
—Gracias, Lielle —dijo Andrew, sin perder la paciencia—.
Siguiente.
—¡Hola a todos!
—dijo una chica con una energía vibrante—.
Soy Nayeli Tsuki, vengo de Xaos y estoy muy feliz de estar aquí.
Mi energía es de tipo planta, así que si necesitan una curita verde, aquí estaré.
Sus ojos turquesa y su sonrisa iluminaron el espacio, causando algunas risas entre los presentes.
A Ryu le pareció una persona amigable y de confianza.
Luego, un chico de cabello rubio y ojos morados dio un paso al frente.
Su postura temblaba un poco, pero su voz, aunque suave, fue clara.
—Soy Ethan Aegir.
Mi energía es de tipo luz y… no importa lo débil que sea ahora, voy a volverme más fuerte.
No me rendiré y seré su compañero por siempre.
Ryu lo observó con curiosidad.
—Se parece un poco a Kiro… —susurró.
—Y finalmente —dijo Andrew, mirando a Ryu.
El chico se puso de pie, se inclinó igual que Ethan y luego habló.
—Soy Ryu, mi energía es de tipo viento.
Espero poder serles de ayuda y… dar todo de mi.
Andrew sonrió.
—Esa es la actitud que queremos en Paladins.
Aquí no importa si tu energía es fuerte o no, sino el coraje con el que la usas.
Ser parte de este emblema significa que estás dispuesto a luchar no solo con fuerza, sino con honor, integridad y compromiso.
Todos lo escuchaban en silencio.
—A partir de hoy —continuó Andrew—, cada uno de ustedes representa a los Paladins.
Cuídense entre ustedes, fortalezcan sus lazos y demuestren por qué son dignos de este emblema.
Tras el discurso, se formaron pequeños grupos en la sala.
Nayeli se acercó a Ethan con una sonrisa, mientras Reilan conversaba con Lielle con voz amable.
Sireen observaba a todos con atención.
Ryu se quedó unos segundos en su sitio, reflexionando.
—Quizá… no esté tan solo aquí —pensó.
Entonces sintió una palmada en su hombro.
Era Andrew.
—Te veo potencial, Ryu.
No tengas miedo de crecer.
Ryu asintió, sorprendido, y por primera vez en el día, sonrió con sinceridad.
—Lo intentaré, maestro.
Al pasar un rato, Ryu seguía sentado en uno de los amplios sillones de la sala común del emblema Paladins, con las manos apoyadas en sus rodillas y los ojos clavados en el suelo.
El ambiente era cálido, pero él no lograba sentirse cómodo.
A pesar de haber sido aceptado, de haber sido bien recibido, todavía le costaba hablar con los demás.
La voz de Andrew, los nombres de sus nuevos compañeros… todo parecía difuso, como si estuviera en un lugar que aún no le pertenecía.
De pronto, una voz suave y clara rompió su silencio.
—¿Qué tipo de planta te gusta más?
Ryu alzó la vista, confundido, y se encontró con el rostro amable de Nayeli Tsuki.
Sus ojos turquesa brillaban como el mar bajo el sol y tenía una sonrisa abierta que irradiaba confianza.
—¿Q-Qué dijiste?
—preguntó Ryu con un leve tartamudeo.
—Te pregunté cuál es tu planta favorita —repitió Nayeli con dulzura—.
Le estoy preguntando a todos para saber qué plantar en el jardín de afuera.
Me gustaría hacer uno grande para que todos los del emblema puedan disfrutarlo.
—Oh… —Ryu bajó un poco la mirada—.
No sé mucho de plantas, la verdad.
No creo tener una favorita… —Bueno, dime la primera que se te venga a la cabeza —dijo ella con una sonrisa más amplia.
Ryu pensó unos segundos, presionado por la espontaneidad de la pregunta, y soltó lo primero que vino a su mente: —¿el Jade?
Nayeli rió ligeramente, divertida.
—¡El jade es una planta preciosa!
Y bastante resistente.
Perfecta para representar la perseverancia —dijo ella con entusiasmo—.
Si logro plantar varias, te pediré ayuda para cuidarlas.
—C-claro… estaré encantado de ayudar —respondió Ryu, rascándose la nuca.
—Entonces, trato hecho.
¡Nos vemos pronto, Ryu!
—se despidió con un gesto de mano mientras se alejaba por uno de los pasillos.
Ryu suspiró, relajando los hombros, y murmuró para sí: —No fue tan difícil después de todo…¿no?
Se levantó de su asiento y se encaminó hacia su habitación.
El pasillo era largo y luminoso, con ventanas altas por donde entraban los últimos rayos del sol.
Mientras caminaba, sus pensamientos comenzaron a pesar más que sus pasos.
—¿Realmente puedo encajar aquí?
Todos parecen tener ya un rumbo claro, una energía fuerte… —reflexionó—.
Tal vez… tal vez no esté listo para esto.
¿Y si no soy suficiente para este emblema?.
Por lo visto aquí todos son héroes o grandes personas llenas de determinación, no queda conmigo, eso seria algo mas para Kiro que para mi.
En su ensimismamiento, no notó la figura que venía de frente.
¡THUMP!
Chocó de lleno.
Fue como estrellarse contra una muralla de piedra.
El golpe lo hizo caer de espaldas al suelo, con un quejido leve.
Se llevó la mano a la cabeza, adolorido.
—Auh… qué fue… Cuando alzó la vista, el aire pareció congelarse a su alrededor.
Frente a él estaba un chico más alto que él por varios centímetros.
Su cabello oscuro caía como sombras sobre su frente, y sus ojos marrones, fríos e intensos, parecían mirar directamente al alma.
Su presencia no era solo intimidante… era abrasiva.
El aura que emanaba se sentía densa, como si el aire mismo pesara más cerca de él.
Ryu tragó saliva.
Intentó decir algo, pero las palabras no salían.
—¿Qué pasa?
—dijo el muchacho con voz grave, sin emoción.
Ryu apenas pudo encoger los hombros.
El chico entrecerró los ojos, lo miró con asco, y con voz cortante soltó: —Ten más cuidado la próxima vez, novato… o morirás sin darte cuenta.
Luego se dio la vuelta y continuó su camino a paso lento pero firme, sin siquiera mirar atrás.
Ryu se quedó unos segundos en el suelo, paralizado.
Solo cuando dejó de oír los pasos del chico fue capaz de moverse.
Se incorporó lentamente y se limpió la ropa con la mano temblorosa.
—¿Quién… era ese?
—murmuró—.
Su aura… no era normal.
Era como si… como si no fuera del todo humano.
Con el corazón aún agitado, Ryu llegó a su habitación.
Se encerró en el silencio y la penumbra, dejó su mochila a un lado y se desplomó en la cama.
—Tanto en un solo día… y apenas es el inicio —dijo para sí, cubriéndose los ojos con el brazo.
No quería pensar más en eso.
Tomó uno de los libros que había traído consigo de la biblioteca, una vieja historia sobre los orígenes de los emblemas de Farhaim, y comenzó a leer.
A medida que las palabras tomaban forma en su mente, poco a poco fue alejándose de la tensión y la ansiedad.
Afuera, el sol comenzaba a esconderse detrás de los grandes muros de la Academia.
La brisa de la tarde acariciaba los patios, y las luces comenzaban a encenderse lentamente, una por una.
En los distintos edificios, los nuevos estudiantes se preparaban para descansar, conscientes de que al amanecer comenzarían las clases para el primer año.
Pronto, los entrenamientos, las materias de control de energía y las competencias entre emblemas darían inicio.
Y con ellas, vendrían nuevas amistades, desafíos… y enemigos.
Ryu cerró el libro sobre su pecho, respiró hondo y susurró en voz baja: —No importa cuán difícil sea… no me rendiré y cumpliré mi sueño.
Junto a Kiro.
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