Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 64
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64: Capítulo 64: ¿Cómo empezar un primer día?
64: Capítulo 64: ¿Cómo empezar un primer día?
El sol apenas había comenzado a elevarse por encima de los tejados de la Academia Farhaim.
En una de las habitaciones del segundo piso de la sede del emblema Stella, Kiro dormía profundamente con la boca entreabierta, una pierna colgando de la cama y abrazado a su chaqueta amarilla como si fuera una manta.
Un leve ronquido se colaba entre sus labios cada tanto.
¡DOOONN!
¡DOOONN!
Las campanadas del gran reloj de la torre de la Academia resonaron por todo el campus.
—Mmmm… Airi… cinco minutos más… —murmuró Kiro desde su cama, sin abrir los ojos.
Y entonces, lo recordó todo.
Sus ojos se abrieron de golpe, redondos como platos.
—¡¿AIRI?!
¡No estoy en casa!
¡Estoy en Farhaim!
¡HOY EMPIEZAN LAS CLASES!
Se levantó de un salto, tropezando con sus propios pies al intentar salir de la cama, y cayó de cara contra el suelo.
—¡Auch!
¡No, no, no tengo tiempo para esto, a saber qué hora será!
Se arrastró hasta su mochila, sacó su ropa y se vistió como un rayo.
Se colocó su clásica polera negra, su chaqueta de mangas cortas mitad amarilla y mitad negra, se ajustó los pantalones grises y, sin peinarse siquiera (Aunque era costumbre), abrió la puerta de su habitación.
Al salir al pasillo frente a las escaleras, bajó dos escalones y justo al otro lado, descendiendo desde el otro extremo de la sede, se encontraba Shizuki, pero… Su cabello, normalmente atado en dos coletas, estaba completamente despeinado, un mechón cubría parte de su rostro, y tenía las marcas de la almohada aún visibles.
Ambos se miraron por un momento, estáticos, como dos gatos al verse de pronto en un callejón.
Luego, el pánico se activó.
—¡¿Tú también?!
—gritaron al unísono.
Sin perder tiempo, ambos comenzaron a bajar las escaleras apresuradamente, tropezando con cada escalón.
En el último, se empujaron sin querer y terminaron estampados contra el suelo, uno encima del otro.
—¡Tu codo está en mi costilla!
—se quejó Shizuki.
—¡Tu rodilla en mi cara no es mejor!
—gruñó Kiro mientras intentaba levantarse.
Los dos se incorporaron a duras penas, jadeando, y alzaron la vista al enorme reloj del salón principal.
7:58 A.M.
—¡Solo queda un minuto!
—exclamó Shizuki con pánico en los ojos—.
¡No puedo llegar tarde el primer día!
¡Los demonios no me lo perdonarían!
—¡Vamos entonces, corre!
—dijo Kiro, alzando la mano para iniciar la huida.
Ambos salieron disparados de la sede, corriendo como si sus vidas dependieran de ello.
Mientras avanzaban, Kiro mantenía un buen ritmo, pero Shizuki iba peinándose con una sola mano mientras corría.
—¡Deja de arreglarte el cabello!
¡Te vas a caer!
—le gritó Kiro.
—¡No puedo dejarlo como está, ojalá ser como tú y no tener estos problemas!
—¡Si me lo arreglo algo, solo que así es mi estilo!
Al llegar a un cruce, Kiro gritó: —¡A la izquierda, rápido!
—¡No!
¡Es por la derecha!
—le contradijo Shizuki—.
¡El amuleto me lo ha dicho!
Alzó su collar con una expresión de completa certeza, su dedo señalando dramáticamente el camino.
—¡No me hagas usar mi técnica de sellado de caminos!
—¡¿Qué?!
¡Dejá eso!
—le gritó Kiro, que la agarró del brazo y la arrastró consigo.
Usando su energía de luz, Kiro cargó un salto de impulso y voló por encima de una pared, llevando a Shizuki colgando de su brazo como un saco de papas.
—¡Sueltame, yo igual puedo hacerlo!
—protestó ella, algo avergonzada.
—¡Lo sé!
¡Pero así llegaremos más rápido!
—jadeó él.
Aterrizaron justo frente a la entrada del edificio de aulas, y sin perder tiempo, atravesaron las puertas al unísono.
—¡Lo logramos!
—gritaron los dos, dándose una sonora palmada de celebración.
—¡La suerte está de nuestro lado!
—añadió Kiro con una sonrisa triunfal— Ahora…¿Por dónde es?
Pero la voz que los recibió los devolvió a su infierno.
—¿¡CÓMO SE ATREVEN A LLEGAR TARDE!?
—tronó una voz autoritaria.
Ambos se voltearon lentamente y se encontraron con una mujer con gafas delgadas, un uniforme formal de docente, el cabello recogido y un reloj en su mano.
—¡¿Tarde?!
¡Pero si llegamos justo!
—dijo Kiro.
—¡Sí!
¡Los espíritus oscuros guiaron nuestros pasos con precisión!
—añadió Shizuki con dramatismo.
La mujer giró su reloj hacia ellos.
El marcador brillaba: 8:10 A.M.
La sonrisa de ambos se desvaneció.
—La puerta se cerró hace diez minutos.
Por protocolo, quedarán castigados.
No entrarán a la primera clase —sentenció la encargada.
—¡¿Quééé?!
—gritaron los dos, cayendo de rodillas.
—¡Es nuestro primer día!
—chilló Kiro.
—¡Los espíritus no me avisaron de este terrible destino!
—se excusó Shizuki, algo apenada mirando al suelo.
—Al pasillo —dijo la encargada, señalando con un dedo extendido.
Minutos después, en un pasillo lateral cercano al aula que debian ingresar, Kiro y Shizuki estaban sentados frente a una pequeña mesa.
Encima de ella, flotaban unas esferas metálicas, brillantes, del tamaño de una pelota de béisbol.
—¿Qué se supone que es esto…?
—murmuró Kiro, sudando.
—Son pelotas de estabilidad mágica.
Tienen sensores de energía —respondió Shizuki—.
Si fallas en mantener un flujo constante… ¡ZAP!
Kiro gritó y saltó del asiento, su cabello ligeramente chamuscado.
—¡¿Eso era una descarga?!
¡¿Qué clase de castigo es este?!
—Je…Debes mantener el flujo de energía estable como yo —repitió Shizuki con una sonrisa torcida—.
Solo tienes que verme a mí como lo hago, esto es lo más sencillo para la elegida del… ¡ZAP!
Esta vez le tocó a ella.
El estallido hizo que su cabello se esponjara como si hubiese metido los dedos en un enchufe.
—Ay, no…
mis coletas se ven como dos rabanitos electrocutados… —¡Esto es una tortura!
—lloró Kiro.
—¡Esto es disciplina!
—gritó una voz desde el otro extremo del pasillo.
Ambos miraron al frente.
Era la misma encargada de antes, con los brazos cruzados y una expresión severa.
—Aprendan disciplina.
Y mañana, ¡a las 7:30 aquí parados!
—¿7:30…?
¡Pero si ni los gallos se despiertan a esa hora!
—chilló Kiro.
—¿Podemos usar técnicas para detener el tiempo…?
—susurró Shizuki.
El resto de la hora se pasó entre descargas, quejas, cabellos esponjados y muchas, muchas risas nerviosas.
Aunque habían empezado con el pie izquierdo, Kiro y Shizuki sabían que aún había tiempo para redimirse.
El primer día de clases no había empezado como lo imaginaron, pero al menos… ya no podían bajar más.
¿O sí?
La primera hora pasó como una eternidad, pero finalmente el castigo terminó.
Kiro y Shizuki, aún con ligeras vibraciones recorriendo sus manos por la sobrecarga de energía inestable, esperaron a que la puerta del aula se abriera para que sus compañeros salieran.
Cuando lo hizo, una oleada de estudiantes conversando y saliendo con pasos animados invadió el pasillo.
Algunos los miraron de reojo con curiosidad.
“¿Esos no son los que llegaron tarde?” se murmuraba.
—Bueno… oficialmente no fue tan grave —dijo Kiro encogiéndose de hombros mientras entraban.
—Claro, solo casi nos fríen como insectos atrapados en una trampa de luz—murmuró Shizuki, aún con el cabello un poco esponjado y un tic nervioso en el ojo.
Ambos entraron y dejaron sus mochilas con un suspiro de alivio sobre las sillas libres al fondo del aula.
El cansancio los hacía parecer como si ya fueran las últimas horas del día, aunque solo acababan de comenzar.
—No quiero volver a llegar tarde nunca más… —murmuró Kiro, desparramándose sobre la silla.
—Totalmente de acuerdo —dijo Shizuki, tambaleando y sentándose con la cabeza apoyada sobre la mesa.
Fue entonces cuando Kiro notó una hoja blanca en la mesa frente a ellos.
La tomó con curiosidad y al observarla vio que no era cualquier hoja… era el horario oficial.
—¡Oye, mira esto!
—dijo Kiro mostrándoselo a Shizuki—.
¡Nuestro horario!
—¿Hmm?
—Shizuki se acercó de inmediato, sus ojos chispeando con interés—.
¡Oh!
¡Clases de lunes a martes, y jueves a viernes!
¿Tres materias por día?
¡Esto suena como un contrato de invocación demoníaca con cláusulas específicas!
Kiro levantó una ceja.
—¿Todo lo comparas con demonios?
—¡Es porque los demonios son lo más fuerte que hay!
y yo soy la elegida de los demonios —respondió con una sonrisa traviesa.
Ambos leyeron en voz alta: Lunes / Martes: -Tácticas de Batalla y Estrategia de Campo -Historia de la Energía y Culturas del Mundo -Esgrima y Técnicas de Precisión Jueves / Viernes: -Ocultamiento, Percepción y Maniobras -Forja Energética y Combate Avanzado -Dominio del Poder —“Tácticas de batalla”… qué pena, nos la perdimos —dijo Kiro con una gota de sudor deslizándose por su frente—.
Pero al menos ahora viene… —Historia —completó Shizuki con entusiasmo.
Kiro hizo una mueca.
—¿En serio?
No quiero que me cuenten sobre batallas de hace mil años mientras lucho por mantenerme despierto… Shizuki le lanzó una mirada seria.
—¡No subestimes la historia!
¡Es el espejo del alma del mundo!
Hay misterios antiguos, secretos olvidados por la humanidad, eventos que desafían la lógica… ¿y si alguna de esas historias oculta el origen de la energía misma?
¿O pistas para dominar tu propio poder?
Kiro la miró parpadeando.
—Wow…parece que sabes algo del tema.
—¡Gracias!
—dijo ella, alzando su puño con orgullo—.
¡La elegida del abismo también es culta!
Antes de que pudieran seguir con su intercambio, Kiro decidió salir un momento del aula y estirarse.
Al cruzar la puerta, casi choca con alguien.
—¡¿Ryu?!
—dijo Kiro, sorprendido y alegre—.
¡Qué bueno verte!
—¡Kiro!
—respondió Ryu, sonriendo ampliamente.
Chocaron las palmas con energía.
—¿Cómo ha estado tu día?
—preguntó Kiro.
—No ha estado mal.
La sede Paladin es enorme, parece un castillo.
No dejo de perderme, pero todos son amables —respondió Ryu.
—Qué genial… —Kiro suspiró—.
En mi sede tenemos más polvo que mesas… pero bueno, con algo de limpieza se va a arreglar.
¡Prometo que será la más genial de todas!
—Eso suena a mucho trabajo —se rió Ryu—.
¡Ah!
Por cierto, tengo clases en esta aula también.
Parece que estaremos juntos.
—¡Eso es perfecto!
¡Así no me dormiré en clase si estás al lado!
—dijo Kiro con una sonrisa ancha.
—¿Dormirte…?
—Ryu alzó una ceja—.
¿No llegaste tarde hoy?
Kiro se rascó la nuca, riendo nerviosamente.
—Eh… bueno, sí… me quedé dormido… PERO solo esta vez.
¡Lo juro!
Y el castigo fue horrible, nos electrocutaban si nos desconcentrábamos un poco… —¿Qué…?
¿Eso es legal?
—preguntó Ryu entre risas.
En ese momento, el estómago de Kiro rugió con fuerza.
—¡Aaagh!
Estoy muriendo de hambre… Ryu rió más fuerte y le palmeó el hombro.
—Vamos a la cafetería, aún hay algo de tiempo antes de la siguiente clase.
—¡Sí!
Pero… —Kiro le lanzó una mirada seria—.
Ten cuidado, los precios ahí son casi un crimen.
—¿Tan caro es?
—Yo vi una manzana a tres créditos.
¡Tres!
¡Por una manzana!
¡Ni que brillara con energía celestial!
Ambos rieron mientras caminaban por el pasillo, las mochilas colgadas en la espalda, listos para afrontar lo que viniera.
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