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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 65

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  4. Capítulo 65 - 65 Capítulo 65 Las Clases de Farhaim 13
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65: Capítulo 65: Las Clases de Farhaim 1/3 65: Capítulo 65: Las Clases de Farhaim 1/3 Sonó el timbre con su típico eco agudo, y los pasillos comenzaron a llenarse con los pasos de los estudiantes que regresaban a sus respectivas aulas.

Ryu y Kiro entraron juntos, conversando todavía sobre los precios imposibles de la cafetería, hasta que encontraron dos asientos libres junto a la ventana y se acomodaron.

Kiro se estiró con un bostezo y dejó caer su mochila a un lado de la silla.

Mientras Ryu revisaba su cuaderno, Kiro alzó la vista y comenzó a mirar a su alrededor.

Fue entonces cuando notó algo extraño: algunos de los estudiantes llevaban en la manga o en el pecho un símbolo bordado, un escudo o emblema que representaba su emblema.

Reconoció fácilmente el de los Paladins, con su espada y yelmo brillante, también el de Kinrir con su figura de lobo estilizado.

Incluso algunos con un extraño símbolo de llama que debía ser Flame of Disaster.

Kiro bajó la mirada hacia su propia chaqueta.

Nada.

Frunció el ceño ligeramente, y luego giró para mirar el hombro de Ryu.

Allí estaba, bordado con hilo dorado sobre la tela oscura: el símbolo de los Paladins.

Tan nítido y orgulloso como el propio emblema.

“¿Y yo…?

¿Dónde está el mío?

¿Será porque Stella no tiene presupuesto…?

¿O porque somos pocos?” Se cruzó de brazos, intentando no sentirse fuera de lugar.

Pero algo dentro de él comenzaba a apretar un poco más fuerte de lo esperado.

“No importa…

Lo que importa es lo que haga con lo que tengo.

Aunque… más tarde se lo pediré a la maestra” Fue entonces cuando las luces parpadearon levemente y una sensación escalofriante cruzó el aula.

La puerta se abrió lentamente con un chirrido metálico y una figura pequeña, pero con presencia intensa, entró caminando con paso firme.

Era Lyra Nightshade.

Su cabello morado oscuro ondeaba como si una brisa solo la envolviera a ella, y sus ojos con aquella estrella negra brillaban con intensidad mientras sus tacones resonaban sobre el suelo de piedra.

Cuando llegó al centro del aula, se aclaró la garganta de forma dramática, atrayendo de inmediato la atención de todos.

—Queridos estudiantes… —dijo con voz encantadora y traviesa, desplegando un aura tan intensa como misteriosa—.

Espero estén preparados para lo que yo, Lyra Nightshade, la gran emisaria de las estrellas y portadora de la sabiduría arcana, les enseñará durante estos gloriosos tres años…

Antes de que pudiera continuar con su teatral presentación, desde el fondo del pasillo se escuchó una voz reconocible, casi perezosa.

—No es divertido —dijo Rei, con tono seco y desganado.

La atmósfera se congeló.

Lyra se quedó petrificada en su pose, una gota de incomodidad resbaló por su frente.

Lentamente, sin decir palabra, caminó hasta la puerta del aula y la cerró con un clic muy lento.

Luego suspiró profundamente.

—Como decía —dijo, recomponiéndose con una sonrisa algo más relajada y quitandose lo misterioso—, soy la líder del emblema Stella, pero que eso no los confunda.

Aquí, todos ustedes, sin importar su emblema, son iguales ante el conocimiento.

Muchos asintieron con respeto.

Kiro se sintió orgulloso de tener a alguien como ella liderando su emblema, incluso si su presentación era… peculiar.

—Hoy comenzaremos suave —dijo Lyra mientras se acercaba a su escritorio—.

Digan, ¿a cuántos de ustedes les gustan las historias de héroes?

Algunos levantaron tímidamente la mano.

Kiro no lo hizo, pero al oír esas palabras, sus ojos comenzaron a brillar ligeramente, su cuerpo se inclinó hacia adelante, atento.

Lyra sonrió.

—Excelente.

Entonces escuchen bien.

Se giró hacia una estantería detrás del escritorio, y con reverencia sacó un libro de pasta dura, cubierto por una tela azul oscura con bordes dorados.

Al centro, una estrella bordada.

Sostenía el libro como si fuera un tesoro.

—Este libro se llama El Camino Dorado.

Un cuento, dicen algunos.

Una fábula para niños.

Pero no.

No es simplemente eso.

Este texto tiene más de 400 años, y se ha conservado por generaciones no solo por su belleza… sino por la verdad que esconde.

De seguro han escuchado hablar de este libro alguna vez.

Kiro abrió los ojos completamente, como si esa frase hubiera tocado algo dentro de él.

Ryu, que lo notó, le dio un codazo suave.

—¿Todo bien?

—le susurró.

Kiro no apartó los ojos del libro.

—Sí…

sí.

Es solo que…

mi mamá solía leerme ese libro —dijo con una sonrisa nostálgica y voz apenas audible—.

Nunca terminé de escucharlo completo… —Oh… Ryu bajó la cabeza con respeto.

Mientras tanto, Lyra abrió el libro y leyó en voz alta, su voz envolviendo a la clase como un canto: “El héroe no nace de la cuna del poder, sino del fuego de las decisiones.

Aquel que camina por el sendero dorado será tentado, herido y quebrado, pero si no pierde su luz, el mundo le abrirá sus puertas.

Porque no se trata de la fuerza de sus brazos, sino del fuego que arde en su espíritu.” La clase quedó en silencio.

Nadie se atrevió a hacer ruido.

—Este pasaje es del segundo capítulo —explicó Lyra—.

Muchos creen que habla del “Elegido de la Luz”, pero en realidad representa algo mucho más profundo: la voluntad inquebrantable de aquellos que eligen el bien aún en la oscuridad total.

Los ojos de Kiro estaban completamente fijos en ella.

El eco de aquellas palabras retumbaba en su pecho.

“Aquel que camina por el sendero dorado…” No sabía por qué… pero algo en él temblaba, como si su alma recordara algo que su cuerpo no.

—Así que —continuó Lyra con una sonrisa—, quiero que escriban en sus hojas su interpretación de este pasaje.

¿Qué creen que significa?

No importa si es literal o simbólico.

Quiero ver cómo funciona su percepción y su vínculo con las leyendas.

Los murmullos comenzaron y los estudiantes se pusieron manos a la obra.

Kiro agarró su pluma.

Su corazón latía con fuerza.

“Voy a caminar ese sendero.

Y lo haré con una sonrisa.” El timbre resonó por todo el campus, marcando el final de la clase de Historia.

Lyra cerró su libro con un gesto ceremonioso y, con una sonrisa mística, alzó la vista.

—Recuerden esto, mis pequeños cometas… Todos tenemos un destino.

Puede que no lo conozcan aún, pero estamos aquí para encontrarlo.

El camino nos lleva… pero también debemos recorrerlo con calma.

—Miró a los estudiantes uno por uno, como si analizara sus estrellas personales—.

La próxima clase hablaremos de la segunda leyenda del Camino Dorado, así que vengan preparados.

Y no olviden llevar algo brillante —añadió con un guiño.

Al salir del edificio, Kiro entrecerró los ojos por la intensidad del sol que golpeaba desde lo alto.

—¡Ahhh, qué calor!

—exclamó, cubriéndose la frente con la mano—.

Este clima es rarísimo… Por la mañana parece que estamos en los picos de Toki, y ahora…

¡esto parece Samtar en verano!

Ryu se rió.

—La verdad, no me molesta tanto.

Prefiero esto a seguir congelándome por las tardes.

Aunque…

sí, es raro.

El clima aquí cambia como si tuviera ánimo propio.

Ambos caminaron por los senderos del campus.

Sin embargo, poco a poco, Kiro notó que los estudiantes que pasaban a su alrededor lo miraban con cierta incomodidad.

Algunos se alejaban, otros fruncían el ceño.

Nadie decía nada, pero el ambiente se volvía cada vez más tenso.

Kiro bajó la mirada y metió las manos en los bolsillos de su chaqueta.

Su paso se aceleró.

—¿Qué pasa?

—preguntó Ryu al notar el cambio—.

¿Dijiste algo raro en clase?

—No pasa nada —respondió Kiro secamente—.

No te preocupes.

Ryu frunció el ceño, pero decidió no insistir por el momento.

Para romper el silencio, preguntó: —Oye… ¿cuánto dinero te queda?

Kiro sacó su monedero, lo abrió y empezó a contar.

—Cuarenta créditos.

Eso me alcanza para… dos o tres almuerzos, si no me antojo de nada dulce —rió con nerviosismo.

—Ayer descubrí que hay tablones con contratos pequeños.

Cosas como ayudar a trasladar materiales, limpiar sectores de entrenamiento, e incluso tareas administrativas.

Pagan con créditos.

—¿En serio?

¿Dónde?

—En el pasillo del edificio C, hay una sala con una placa que dice “Oficina de Asuntos Estudiantiles”.

Ahí los publican.

—Perfecto, ¡apenas termine la clase voy!

—Kiro sonrió emocionado, pero justo en ese momento…

Tiiiin…

El timbre sonó de nuevo.

Era hora de la siguiente clase.

Ambos se encaminaron rápidamente al aula.

Tomaron asiento en sus lugares y no pasó mucho hasta que se abrió la puerta con elegancia.

Un hombre alto, de presencia imponente, caminó por el salón como si cada paso estuviera pensado con antelación.

Su chaqueta blanca se movía suavemente con cada movimiento, y su cabello plateado brillaba bajo la luz del aula.

—Vaya…

—murmuró Kiro en voz baja—.

¿Quién es ese?

El hombre se detuvo frente al estrado, observó con intensidad al grupo de estudiantes y se presentó con voz clara, autoritaria y refinada.

—Mi nombre es Shepard Duvalier, líder del emblema Inclementer y orgulloso heredero del Clan Duvalier.

—Sus palabras tenían el peso de alguien acostumbrado a ser escuchado—.

Seré su instructor en la materia de Esgrima y Técnicas de Precisión.

Sus ojos azules repasaron a cada uno de los presentes, como si midiera sus habilidades con tan solo mirarlos.

—No me interesa si vienen del Clan del Lobo, de los Paladins o del emblema Stella.

Aquí, todos son principiantes… y mi deber es convertirlos en espadachines capaces.

Pero no pierdo tiempo con palabras.

Vamos al patio.

Es hora de ver si pueden mover una espada sin partirse un brazo.

La clase murmuró, sorprendida, mientras todos tomaban sus cosas y lo seguían al exterior.

El sol seguía alto en el cielo cuando llegaron al campo de prácticas.

Allí, Shepard hizo un gesto y varios ayudantes aparecieron con cajas de madera, repartiendo espadas de práctica.

—Tomen una.

Sientan el peso.

A partir de hoy…

esta será su compañera —dijo Shepard, mientras empuñaba una con una sola mano, girándola con maestría—.

Hoy evaluaremos su afinidad.

No se preocupen, durante el año veremos todas las armas posibles.

Pero por ahora, quiero ver cómo se mueven con esto.

Kiro agarró la espada con emoción y empezó a blandirla en el aire como si fuera un palo de escoba.

—¡Hah!

¡Yaaa!

¡Golpe justiciero con espada!

—exclamaba mientras giraba sin control.

—¡Cuidado!

—dijo Ryu, esquivando por poco un tajo al aire—.

Vas a golpear a alguien… otra vez.

Kiro rió nervioso.

—¡Lo tengo bajo control!

…yo me encargo.

Shepard observaba con el ceño fruncido desde el centro del patio, hasta que de pronto se giró hacia el grupo.

—Muy bien.

Ahora verán una demostración de precisión y postura.

Para eso… necesito un voluntario fuerte y valiente.

¿Quizá alguien del emblema Stella?

Kiro levantó la cabeza justo a tiempo para ver cómo Shepard lo miraba directamente con una sonrisa… afilada.

—Tú.

El chico de la chaqueta amarilla.

Ven aquí.

—¿Eh?

¿¡Yo!?

—Sí.

Ven.

No te haré daño.

La clase contuvo la risa.

Kiro tragó saliva y caminó hasta el frente.

—Esto se pondrá interesante… —murmuró Ryu desde su lugar.

Kiro tomó su espada de madera con ambas manos y se colocó frente al maestro.

Shepard alzó su espada con gracia, colocándola frente a su rostro.

—Observad todos.

Esta es la Postura del Azul, una técnica que pasó por generaciones en el Clan Duvalier.

Su cuerpo se volvió recto como una flecha.

Su espada apuntaba al centro del pecho de Kiro, pero no con agresividad, sino con una precisión inhumana.

En un abrir y cerrar de ojos, Shepard avanzó, su espada se movió con un zumbido, y detuvo su estocada… justo a medio milímetro de la frente de Kiro.

—Control.

Precisión.

Dominio.

Eso es el arte del Azul —dijo con voz firme.

Kiro no se movió ni un centímetro.

Apenas respiraba.

—Ahora, inténtalo tú.

—¿Eh?

—¡Postura del Azul!

Vamos.

Quiero ver qué tanto puedes copiar.

Kiro tragó saliva, tomó su espada y, con los pies torcidos y una postura temblorosa, intentó imitar lo que había visto.

—Uhm… ¿así?

Shepard alzó una ceja.

—¡Crees que esto es un juego!.

La clase estalló en risas, pero el corazón de Kiro latía de emoción.

“Esto sí que será un reto…

y me encantan los retos.” —Chico, dime tu nombre —preguntó Shepard, con los brazos cruzados, su tono tan frío como el metal de su espada.

—Kiro —respondió el joven, todavía ajustando la empuñadura de la espada de práctica en sus manos.

El profesor entrecerró los ojos.

—Tu nombre completo, chico.

Kiro lo miró por unos segundos.

Su rostro perdió parte de su entusiasmo y dejó entrever una mezcla de molestia y algo más… un viejo dolor.

—Solo… es Kiro.

Un silencio incómodo se instaló entre todos.

Varios estudiantes intercambiaron miradas.

Algunos fruncieron el ceño, otros susurraban a los de su lado.

—¿Solo Kiro…?

¿Acaso es de esas familias sin apellido?

—¿Será adoptado o algo así?

—Que asquito.

El murmullo crecía como una sombra.

Kiro los escuchaba todos.

Apretó con fuerza la espada, mirando hacia el suelo.

Shepard lo observó con desdén.

—Tch… gente como tú es justo el motivo por el que esta academia pierde prestigio.

Kiro alzó la mirada de inmediato, furioso.

Estaba por decir algo, pero Shepard levantó su espada de madera y dio un paso al frente.

—Muéstrame qué sabes.

Atácame con todo lo que tienes.

Kiro respiró hondo, su rabia transformándose en determinación.

Ajustó sus pies, apretó la empuñadura y se lanzó con fuerza hacia Shepard.

—¡Allá voy!

Su golpe descendió con energía, un tajo dirigido con todo su cuerpo…

pero Shepard ni se movió.

Detuvo el ataque con una sola mano, su espada horizontal bloqueando el golpe de Kiro como si nada.

El impacto sonó seco, pero fue evidente quién tenía el control.

Kiro intentó aplicar más fuerza, apretando los dientes.

Pero no sirvió de nada.

Shepard estaba inmóvil, como una estatua.

Entonces, sin apartar su espada, Shepard se acercó lentamente al oído de Kiro.

—La gente como tú…

sin apellido, sin linaje, sin futuro…

me da asco.

Kiro se congeló.

Sus ojos se abrieron de par en par, incapaz de reaccionar al instante.

Un nudo se formó en su estómago.

—¿Qué… dijiste?

—susurró.

Pero Shepard no dio más explicaciones.

Con un movimiento ágil y elegante, desvió la espada de Kiro hacia un lado, rompiendo su guardia.

Acto seguido, empezó su contraataque.

Una, dos, tres estocadas.

Kiro retrocedía a cada paso, bloqueando como podía, pero el ritmo era abrumador.

Cada golpe resonaba con fuerza, su cuerpo vibraba con los impactos, y apenas podía mantener su espada firme.

Shepard no estaba simplemente demostrando.

Estaba humillandolo.

—¡Vamos!

¿Esto es todo lo que tienes?

¡Patético!

—bramó con tono gélido.

Finalmente, un golpe certero en la muñeca hizo que Kiro soltara su espada, la cual cayó al suelo con un sonido sordo.

Y sin darle tiempo a reaccionar, Shepard dio una estocada directa al pecho de Kiro, clavando la punta de la espada de práctica con tal fuerza que lo levantó levemente del suelo antes de hacerlo caer de espaldas.

—¡Ngh…!

—Kiro quedó tumbado, sin aliento, con los ojos entrecerrados por el dolor.

Aunque era un arma de práctica, el golpe dolió como si lo hubieran atravesado con una lanza de hierro.

Shepard lo miró desde arriba, la sombra de su cuerpo cubriendo a Kiro por completo.

—Y así, estudiantes, es como no se debe atacar.

No sirve de nada estar siempre a la defensiva.

Si no puedes aprovechar una apertura, si no sabes cómo atacar con convicción… solo acabarás como él.

Derrotado.

La clase entera observaba en silencio.

Algunos con incomodidad, otros con miedo.

Nadie decía nada.

Nadie se movía.

Ryu, que estaba al fondo, apretó con fuerza la empuñadura de su espada.

Dio un paso al frente, pero Shepard levantó una mano sin siquiera mirarlo.

—Ni lo pienses, chico.

Quédate donde estás.

—¡Pero—!

—¿Quieres terminar como él?

¿O acaso tú también vienes sin apellido y con sueños de grandeza?

Los reconozco a kilómetros… todos ustedes con esa mirada de “culpabilidad”, simulando ser víctimas de algo más… Me repugnan.

Ryu se quedó paralizado.

Tragó saliva.

Su corazón golpeaba con fuerza en su pecho, y por dentro, hervía de impotencia.

“Este profesor…

No es un maestro.

Es un tirano…” Kiro seguía en el suelo.

Se tocó el pecho, le dolía respirar, pero más que el cuerpo… le dolía el alma.

Las palabras de Shepard lo habían golpeado más fuerte que la estocada.

Pero no lloró.

No lo haría.

“Un héroe siempre sonríe…” se repitió en su mente, como un mantra.

Lentamente, con una mano en el pecho, se sentó en el césped.

Forzó una sonrisa… pero no logró sostenerla.

Shepard caminó de nuevo al centro.

—Continúen blandiendo las espadas.

Quiero ver progreso real antes de que termine la clase.

Y si alguno cree que lo que hice fue demasiado… entonces no está hecho para estar aquí.

Las misiones allá fuera son mucho más crueles.

Y con eso, el entrenamiento siguió.

Ryu, apretando su espada con fuerza, practicaba en silencio… pero no podía sacar de su cabeza la imagen de Kiro tirado en el suelo, sin aire y humillado.

Y Kiro… con el pecho aún adolorido, se juraba a sí mismo que algún día…

se levantaría tan alto, que ese tipo de mirada nunca volvería a verlo hacia abajo.

Nunca más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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