Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 66
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- Capítulo 66 - 66 Capítulo 66 Las Clases de Farhaim 23
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66: Capítulo 66: Las Clases de Farhaim 2/3 66: Capítulo 66: Las Clases de Farhaim 2/3 Las campanadas de la torre de la Academia sonaron anunciando el fin de las clases del día.
El sol comenzaba su lento descenso sobre los patios de Farhaim, tiñendo los cielos con tonos dorados y naranjas.
Kiro y Ryu caminaban juntos hacia la salida del edificio principal, mochilas al hombro y cuerpos agotados, especialmente el de Kiro, que aún sentía el eco del golpe del profesor Shepard en su pecho.
—Oye… —dijo Ryu con voz algo tímida, mirando a su amigo de reojo—.
¿Estás bien?
Kiro le respondió con una sonrisa algo forzada, frotándose la parte baja del abdomen con una mano.
—No te preocupes por mí —respondió—.
Solo fue una clase algo más… intensa.
Ya estoy acostumbrado a los golpes, después de entrenar con Hunk, esto no es nada.
Ryu frunció ligeramente el ceño.
—No me refiero solo al golpe —murmuró—.
Me refiero a lo que dijo ese profesor… sobre no tener apellido.
Kiro se detuvo por un momento y bajó la mirada.
Sus manos se cerraron con fuerza sobre las correas de su mochila.
—Ambos sabemos que tener o no un apellido hace que algunos te vean diferente —dijo, con un suspiro—.
Así que será mejor que intentemos que los demás no sepan que tú no tienes uno.
No quiero que pases por lo mismo que yo.
Pero entonces, Ryu sonrió con suavidad y negó con la cabeza.
—No me importa eso, Kiro.
He vivido con ese tipo de cosas toda mi vida también.
Me da igual esconder eso.
Y además… sé que hay personas que no se fijan en eso, como tú y Hunk… mientras estemos juntos, no habrá problema.
Kiro lo miró un momento, con los ojos levemente brillosos.
Luego se echó a reír y le golpeó suavemente el hombro.
—Tienes razón.
¡Entonces vamos a comer algo!
Estoy que me muero de hambre y el castigo de la mañana no me dejó disfrutar nada.
—¡Vamos!
—dijo Ryu con entusiasmo—.
Escuché que hoy tienen arroz con carne especiada y postres de crema de frutos rojos.
—¡Eso suena delicioso!
Pero si está muy caro, me pido solo el postre —bromeó Kiro.
Ambos rieron y se alejaron caminando, dejando atrás por un momento los prejuicios, el cansancio acumulado.
Más tarde, ya con el estómago lleno y el sol cayendo del todo, Kiro regresó a su sede: el emblema Stella.
Al entrar, se encontró con una escena algo curiosa.
—¡Shizuki, vuelve aquí!
—gritaba Rei desde el salón—.
¡Esta vez no escaparás!
—¡No puedo, hermana!
¡Tengo una misión secreta encomendada por el mismísimo Rey Demonio del Abismo Estelar!
—gritó Shizuki, corriendo con los brazos estirados hacia adelante mientras sostenía su amuleto con la otra mano.
—¡Eso ni siquiera existe!
¡Deja de usar eso como excusa para no ayudar a limpiar!
—respondió Rei, atrapándola de una coleta justo antes de que doblara la esquina.
—¡Auch!
¡Eso duele!
¡Mis poderes espirituales se están drenando!
¡Aaagh!
Kiro parpadeó, confundido, pero rápidamente sonrió.
—¿Qué… está pasando?
Rei suspiró profundamente.
—Lo de siempre.
Nadie quiere ayudar con la limpieza de este lugar.
La sede aún está hecha un desastre.
Ni siquiera Lyra hace nada útil.
Cuando le pido ayuda, me dice que está ocupada “descifrando las estrellas” y se marcha a su laboratorio…
—¡Yo puedo ayudar!
—dijo Kiro con una sonrisa, lanzando su mochila en uno de los sillones del salón.
Agarró una escoba que estaba en un rincón y comenzó a barrer como un rayo.
Rei se quedó mirándolo, impresionada.
—Wow… eres rápido con eso… —dijo, cruzándose de brazos.
—¡Cuando vivía con Airi, me hacía limpiar todos los días!
—gritó Kiro mientras giraba sobre sí mismo barriendo como un torbellino.
—Deberías ser más como él —le dijo Rei a Shizuki.
Pero cuando se dio la vuelta, notó que Shizuki ya no estaba.
—¡¿Pero dónde…?!
—gruñó.
—¡El abismo me reclama, adiós~!
—se escuchó la voz de Shizuki desde algún lugar del segundo piso.
Rei suspiró con desesperación.
—Voy a tener canas por culpa de ustedes.
Kiro soltó una pequeña carcajada.
—Me alegra estar aquí, la verdad.
Es un caos, pero es… un buen caos.
—Me alegra que pienses así —respondió Rei, cruzando los brazos mientras lo veía barrer con dedicación—.
Aquí casi nadie coopera con nada.
Están todos en su mundo.
Por eso nos consideran el peor emblema de todos… Kiro detuvo su barrido y la miró.
—¿El peor emblema?
¿Qué significa eso?
—Pues… —Rei se recostó contra la pared—.
En el siguiente semestre se celebrará el Festival del Equilibrio, serán competencias donde podemos ganar estrellas y aumentar la reputación del emblema.
Pero nadie quiere participar.
Los que lo hacen… no se esfuerzan.
Solo Sanha conoce lo que es trabajar en equipo y nos representa bien.
Los demás… —Entonces —interrumpió Kiro, alzando la escoba como si fuera una lanza—, ¡nos toca cambiar eso!
¡Vamos a dejar de ser el “peor” emblema y convertirnos en el mejor!
Rei alzó una ceja.
—¿Y cómo tienes planeado hacerlo?
—¡Con mucho esfuerzo!
—añadió Kiro, señalando el techo con la escoba—.
¡Con trabajo duro, esperanza, y…
uh, mucha limpieza!
Rei río por primera vez en el día.
—Tienes el entusiasmo de un canino.
Pero oye… puede que con esa energía… logres contagiar a más de uno por aquí.
Kiro le guiñó un ojo mientras seguía barriendo.
—¡Es lo mínimo que puedo hacer!
—declaró.
—Si, si… lo que digas, pero no olvides seguir limpiando —Añadió Rei sin ganas.
“Y así, es cómo pudieron sobrevivir al primer día de clases…” El día siguiente comenzó como pocos en el emblema Stella.
Por primera vez en semanas, el suelo del salón común no tenía tanta mugre.
Las estanterías estaban ordenadas, el polvo había desaparecido de la mayoría de las mesas y la sede entera lucía más…
habitable.
Kiro y Rei trabajaban juntos desde temprano, con escoba en mano y trapos al hombro.
—No puedo creer que estemos logrando esto —dijo Rei, limpiando con fuerza una ventana—.
Casi me siento culpable de que no haya telarañas en la esquina de siempre.
—¡El poder del trabajo en equipo!
—gritó Kiro desde el otro lado del salón—.
¡Si seguimos así, Stella va a brillar como una estrella de verdad!
—Por fin alguien con motivación…
—murmuró Rei—.
Aunque admito que lo estás haciendo bien.
—¡Gracias!
Aunque…
no sé si debería sentirme feliz o preocupado porque soy el único entusiasmado por ayudar.
Rei soltó una carcajada breve, algo rara en ella.
—Ya te acostumbraras.
Pasaron unos días, y con ellos vinieron nuevas materias.
Kiro se despertó con los primeros rayos del sol.
Se puso su chaqueta favorita —mitad negra, mitad amarilla—, se peinó con los dedos un poco y salió disparado de su habitación.
Esta vez no pensaba llegar tarde.
Al llegar al aula, Ryu ya lo esperaba en su puesto, sentado al lado de la ventana.
—¡Buenos días!
—saludó Kiro mientras dejaba su mochila.
—¡Buenos días!
—respondió Ryu—.
¿Cómo crees que será la clase de hoy?
Kiro se encogió de hombros y miró su horario.
—Ocultamiento y sigilo…
suena aburrido.
Aunque…
tampoco está mal saberlo, ¿no?
—Si nos toca una misión, podríamos usarlo.
Imagínate lo útil que sería si pudieras dejar de hacer ruido por una vez —bromeó Ryu.
—¡Oye!
—se quejó Kiro—.
Yo soy sigiloso… ¡cuando me lo propongo!
Ambos rieron.
El timbre sonó.
El aula quedó en silencio.
Nadie entraba por la puerta.
De pronto, una figura apareció en medio de la sala.
Nadie lo había sentido.
Era un hombre calvo, de complexión robusta y una gran barba negra que cubría buena parte de su rostro.
Sus ojos oscuros los analizaban con una intensidad que helaba la sangre.
—Buenos días —dijo con voz grave—.
Soy Ivan Taskea.
Líder del emblema Espectros… y su maestro.
Kiro abrió los ojos como platos.
—¿C-cuándo entró?
—susurró.
Ivan continuó: —Mi poder se basa en el sigilo absoluto.
Y si aprenden conmigo, podrán moverse como sombras.
Pero para eso, primero… deben vaciar su mente.
Se cruzó de brazos y se sentó al estilo de meditación.
—Comenzaremos con ejercicios de respiración.
Los alumnos lo imitaron.
Kiro lo intentó… al menos al principio.
Inspiró.
Espiró.
Inspiró.
Bostezó.
Espiró.
Cinco minutos después… estaba dormido sobre el pupitre.
Cuando el timbre sonó, Kiro despertó sobresaltado.
Ryu le dio un golpecito en el hombro.
—Ya terminó la clase.
Ahora toca Forja Energética y Combate Avanzado.
—¿Ah?
¿Eh?
¿Ya?
¡Me perdí la clase del ninja calvo!
—Sí, dormiste como un tronco y acaban de tocar para volver del receso.
Kiro se acomodó el cabello mientras bostezaba.
—Espero que esta nueva clase sea más movida… Y como si el universo hubiera escuchado, la puerta del aula se abrió de golpe.
Una figura alta, de piel morena y cabello rojo como el fuego entró con pasos firmes.
—¡Siento la demora!
—gritó—.
¡Aquí está su maestra!
Mi nombre es Yungy Conton, ¡y esta será su clase favorita sin dudar!
Todos los estudiantes quedaron boquiabiertos.
Su presencia irradiaba energía.
Y no solo eso… fuego.
—Esta clase se llama Forja Energética y Combate Avanzado.
¡Y vamos a conocer la magia detrás del acero y los puños!
Levantó una mano… y de la nada apareció una espada.
Su hoja era roja como lava fundida.
Una vibración cálida llenó el aula.
—Esto es una espada encantada —explicó Yungy—.
Tiene energía de fuego en su interior.
¡Con ella, incluso quienes no tienen afinidad con el fuego pueden controlar esta energía!
Kiro estaba fascinado.
—¡Eso es… asombroso!
—exclamó en voz alta—.
¡Si consigo una así, podría combinarla con mi luz y… y…!
—¡Explotarias como un horno!
—se burló Ryu, riéndose por lo bajo.
—¡Habla por ti, hoja seca!
—replicó Kiro con una sonrisa.
Yungy se giró hacia ellos.
—¡Ustedes dos!
Me alegra ver ese entusiasmo.
La energía es emoción y control.
Para usar un arma como esta deben tener un dominio casi perfecto de su flujo de energía.
Si no… —movió la espada hacia adelante con autoridad—.
Terminarán rompiendo la espada al instante.
O a ustedes mismos.
Los alumnos tragaron saliva al unísono.
—Ahora —dijo Yungy—, ¡Vamos a mi patio de juegos La Forja!
Hoy comenzaremos la primera parte de la lección 1, aprenderán cómo canalizar energía en objetos.
¡Y sí, también pueden golpear cosas!
Kiro levantó el puño, eufórico.
—¡Esa es mi clase!
¡Por fin algo donde pueda moverme!
Ryu sonrió.
—Solo no rompas nada… o terminarás en la enfermería otra vez.
Ambos salieron entre risas, siguiendo a su nueva y explosiva maestra hacia otra aventura más.
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