Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 71
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71: Capítulo 71: El Amigo de Shizuki 1/2 71: Capítulo 71: El Amigo de Shizuki 1/2 El ambiente en la sede del emblema Stella comenzaba a calmarse tras el caos causado por la caja “prohibida” de Rei… al menos por unos segundos.
Xia Wave, aún con rastros de humo saliendo de su ropa chamuscada, se acercó a Kiro, quien observaba el cielo a través de la ventana abierta.
Ella ladeó la cabeza con curiosidad y lo miró fijamente, como si tratara de leerle el rostro.
—Oye… tú me suenas de algún lado —dijo con voz baja pero directa—.
¿Nos hemos visto antes?
Kiro arqueó una ceja, rascándose la cabeza.
—Soy Kiro… el chico que golpeaste en la cara la otra vez.
¿Recuerdas?, me tuvieron que llevar a la enfermería.
Xia entrecerró los ojos como si hiciera cálculos mentales, y tras unos segundos comenzó a reír.
—¡Ah, ya me acordé!
¡Sí, sí!
Eres ese mocoso al que le di una patada sin querer.
No sabía que estabas en este emblema.
Si lo hubiera sabido antes, te habría retado a un duelo el primer día.
Kiro soltó una pequeña risa incómoda.
—Gracias… supongo.
—Aunque, hablando de duelos… —Xia se giró hacia donde Rei había desaparecido—.
¿Sabes por qué hice eso con Rei?
Esa chica no lo parece, pero es increíblemente fuerte.
Sin dudarlo, es la segunda más poderosa del emblema.
La he retado tantas veces que ya perdí la cuenta… ¡Pero no voy a rendirme hasta demostrarle que yo mando!
—Eso explica muchas cosas —comentó Kiro con tono sarcástico—.
Aunque… es la primera vez que te veo en la sede.
Xia se encogió de hombros como si no fuera nada importante.
—¡Bah!
Este lugar es aburridísimo.
Siempre estoy en las salas de entrenamiento.
Si no mejoro, ¿cómo dominaré el mundo algún día?
Kiro la miró con incredulidad.
—¿Dominar el…?
Bueno, suena como un buen objetivo.
A mí me gustaría entrenar más también, pero Rei me tiene de esclavo de la limpieza.
—¡¿Qué?!
—Xia se llevó una mano al pecho como si acabara de escuchar una blasfemia—.
¡Eso es una pérdida de tiempo!
¡Ven conmigo a entrenar!
¡Vamos a convertirnos en leyendas, no en personal de limpieza!
Kiro se rio.
—Ojalá pudiera… Pero en ese instante, una descarga eléctrica vibró en el aire.
Una sombra se proyectó desde la puerta, y una voz seca se alzó.
—Xia, no le metas ideas a Kiro.
Rei acababa de regresar, cruzada de brazos, su energía chisporroteando como una advertencia.
—Y tú —se giró a Kiro—, no escuches nada de lo que diga esta loca.
—¡Tú no me mandas, eh!
¡Pues mira cómo te arrebato tu puesto ahora mismo!
—gritó Xia con una sonrisa desafiante, lanzándose al ataque a toda velocidad.
Rei ni se inmutó.
Con un simple gesto, liberó una pequeña descarga que dejó a Xia paralizada en el aire, flotando como una estatua con el cabello erizado, para luego caer como un saco al suelo.
—Y así termina otra gloriosa revolución —murmuró Kiro, soltando una risita.
Mientras Xia se quedaba con los ojos girando, Kiro cambió de tema.
—Oye, Rei… vi a Shizuki hoy.
Y no estaba sola, parece que sí tiene amigos al final.
—¿Qué?
—Rei se giró de golpe, alarmada.
—Estaba hablando con un tipo.
Parecía raro… como un príncipe o algo así.
Muy elegante, con una túnica que brillaba con el sol.
En ese momento, Xia se reincorporó como si nada, aún con olor a quemado.
—¿Tenía una túnica con el diseño de un dragón en la espalda?
Kiro frunció el ceño, pensativo.
—Hmm… Puede ser.
No lo vi bien, pero sí parecía algo muy…
sofisticado.
Xia se cruzó de brazos, alzando una ceja.
—Entonces probablemente era Harris Longwheit.
Es de segundo año.
Ese tipo es peligroso.
Rei entrecerró los ojos.
—¿Peligroso cómo?
—Mujeriego —respondió Xia, sin dudar—.
Va de chica en chica, con su sonrisa perfecta y sus aires de noble.
Le gusta impresionar.
Y si Shizuki le interesa… puede que quiera conquistarla.
Rei dio un paso al frente, los ojos bien abiertos.
—¡¿QUÉ?!
¡Eso no puede pasar!
¡Tenemos que investigarlo!
Kiro retrocedió un paso.
—¿”Tenemos”?
Rei lo señaló con el dedo.
—Sí, tú también.
Ya lo ordené.
¡Tenemos que saber qué clase de persona es ese tal Harris!
—¿Pero por qué me metes a mí en esto?
—Porque tú lo viste.
¡Y no tengo tiempo para seguir sola a un mujeriego!
Antes de que pudiera resistirse, Rei agarró a Kiro del cuello de su chaqueta y comenzó a arrastrarlo hacia la salida.
—¡Oye, oye!
¡¡Que puedo caminar solo!!
—¡No!
¡Más rápido así!
¡La vida de mi hermanita no espera!
Xia los miró desde el umbral con una sonrisa maliciosa.
—¡Suerte, pequeños espías!
¡Tráiganme el chisme!
Y mientras Rei arrastraba a Kiro bajo el cielo dorado de la tarde, este solo podía pensar una cosa: —¿Cómo terminé metido en esto…?
La tarde aún se sentía fresca cuando Kiro y Rei llegaron al pequeño parque donde él había visto a Shizuki el día anterior.
El lugar estaba tranquilo, con una suave brisa agitando las hojas secas del suelo.
—Allí fue —dijo Kiro, señalando un banco de madera medio desgastado—.
Estaba sentada justo ahí… y el tipo raro se sentó a su lado.
Rei no dijo nada.
Se acercó al banco con rapidez, agachándose de inmediato y comenzando a revisar debajo, alrededor e incluso encima del respaldo como si buscara una pista de asesinato.
—¿Eh…?
¿Tan en serio vas con esto?
—murmuró Kiro, sorprendido.
—¡Claro que sí!
—replicó Rei, con una intensidad inusual—.
Si alguien raro está rondando a Shizuki, tengo que asegurarme de que no tenga malas intenciones.
Kiro cruzó los brazos, observándola con cierta resignación.
—Podría ser un tipo amable.
Vi cómo se reían juntos.
—¡Exacto!
¡Eso es lo sospechoso!
—dijo Rei, sacudiendo una hoja seca del banco—.
Como alguien normal se reiría de lo que dice Shizuki.
—¿No estás siendo un poquito… no sé… sobreprotectora?
Rei lo ignoró olímpicamente y siguió buscando como una sabuesa.
Finalmente, tras varios minutos de revisar cada rincón sin éxito, se levantó y se giró hacia Kiro.
—Nada.
Tenemos que saber dónde está ahora.
Rastréala.
—¿Qué…?
—parpadeó Kiro—.
¿Cómo se supone que haga eso?
—¡No sé!
¡Con tu olfato, o tu sentido energético, o…
algo piensa!
Kiro la miró de lado con una expresión plana.
—No soy un perro, Rei…
—¿Dijiste algo?
—¡Nopi!
Solo decía que…
tal vez deberíamos dejarla tranquila.
Si hizo un amigo, bien por ella, ¿no?
Rei bufó, pero no dijo más.
Ambos volvieron caminando a la sede, sin ninguna pista, y con el aire algo más ligero.
Ya en el salón principal, Kiro se dejó caer sobre el sillón con un suspiro de alivio.
—Por fin… paz.
No tardó en subir a su habitación y dejarse caer en su cama, abrazando la almohada como si fuera el único lugar seguro del mundo.
Al día siguiente… El sol entraba a raudales por las ventanas.
Kiro se estiró sobre su cama, feliz.
—¡Hoy no hay clases!
—dijo con una sonrisa boba.
Pero su alegría se vio interrumpida apenas puso un pie en el salón.
Lyra Nightshade, la siempre etérea y enigmática maestra, apareció con su usual aire místico.
—Ohh, pequeño Kirito —canturreó con voz dulce—.
¿Podrías hacerme un favor adorable?
Lleva esta carta al director.
Gracias.
Antes de que Kiro pudiera responder, Lyra ya había desaparecido en dirección al laboratorio del emblema, dejando un leve aroma a incienso y confusión.
—…¿Y si decía que no?
—suspiró Kiro, tomando la carta.
En ese momento, vio a Xia Wave en el comedor, bebiendo tranquilamente una taza de café.
—¡Hey, Xia!
Xia alzó la vista con una sonrisa.
—¡Oh!
Justo te iba a buscar.
¿Quieres ir a entrenar hoy?
No he visto a Rei por aquí, así que es el momento perfecto.
Nadie nos va a regañar.
—Suena tentador.
Necesito hacer algo de entrenamiento especial ya.
Xia bebió los últimos sorbos y se levantó de golpe.
—¡Entonces vamos!
¡Antes de que se arrepienta el destino!
Guiando a Kiro con entusiasmo, salieron de la sede rumbo a las salas de entrenamiento cercanas al estadio.
El edificio tenía un diseño moderno, lleno de pasillos amplios con placas metálicas, luces tenues y puertas corredizas con seguridad de energía.
Kiro miró el pasillo mientras caminaban.
—Este lugar… Aquí fue donde me pateó Xia por sorpresa —pensó con una gota bajándole por la sien.
—Oye, espera aquí —dijo Xia, deteniéndose frente a una de las puertas blindadas—.
Tengo que ingresar nuestros datos.
Mientras ella manipulaba el panel holográfico, Kiro curioseó por los alrededores.
Una de las salas tenía un ventanal que permitía ver su interior.
Allí, reconoció una silueta familiar.
Ryu estaba practicando con una lanza, moviéndose con gracia.
Cada giro de su arma cortaba el aire, y su mirada estaba completamente enfocada.
—¡Hey, Ryu!
—saludó Kiro a través del cristal.
Ryu lo notó y sonrió, asintiendo con la cabeza en un saludo silencioso antes de retomar su entrenamiento.
Kiro sonrió también.
—Se está esforzando… como siempre, espero no quedarme atrás.
—¡Kiro!
¡Ya está!
—llamó Xia desde la puerta.
Entraron en la sala, que estaba equipada con todo tipo de armas, pesas, dummies de práctica y algunos dispositivos de evaluación energética.
—Wow… este lugar es como un gimnasio de élite.
—Lo es —afirmó Xia, estirando los brazos—.
Pero para entrenar aquí por tu cuenta necesitas una licencia de entrenamiento superior.
—¿Una licencia?
—Sí, solo te la dan si tienes al menos tres estrellas.
Kiro se llevó una mano al mentón.
—¿Y tú cuántas tienes?
Xia infló el pecho con orgullo.
—¡Cuatro!
La mayoría las conseguí en misiones del emblema.
Es la mejor forma de ganar estrellas rápido.
—Mmm… —Kiro miró el entorno, motivado—.
Entonces tendré que empezar a participar más.
Ya va siendo hora de subir de nivel.
Xia sonrió, dándole una palmada en la espalda.
—¡Eso quiero escuchar!
Ahora veamos si puedes sobrevivir a mi rutina de entrenamiento especial.
—…¿Ya me estoy arrepintiendo?
Ambos rieron, y el sonido de puertas cerrándose detrás de ellos marcó el inicio de una sesión intensa.
El eco de sus pisadas resonaba por toda la sala de entrenamiento.
Xia Wave, con su energía inagotable, ya estaba en posición, mientras Kiro jadeaba intentando igualar el ritmo de la rutina.
—¡Vamos, Kiro!
¡Aún faltan solo…
catorce series más!
—gritó Xia con una gran sonrisa.
—¿C-catorce?
¡¿Solo?!
—respondió Kiro, desplomándose por quinta vez en lo que iba de la tarde.
La rutina de Xia era infernal: saltos, sentadillas, flexiones, esquivas con peso y entrenamientos de energía combinada.
Kiro sentía que sus músculos estaban a punto de traicionarlo y declararse en huelga.
Mientras hacían repeticiones de golpeo al saco, Xia lo miró de reojo.
—Oye, Kiro.
¿Tienes habilidad con alguna arma?
—Hmm… no, la verdad no.
Siempre he preferido pelear con los puños.
Se siente más… directo y es más divertido.
Xia asintió, limpiándose el sudor con la muñeca.
—Usar los puños no está nada mal.
Yo también comencé así.
Pero te diré algo como tu superior —sonrió con picardía—: a veces, los puños no alcanzan.
Una buena arma puede marcar la diferencia.
—¿Mi… superior?
—repitió Kiro, alzando una ceja.
—Sí, claro.
Yo tengo más estrellas que tú, y técnicamente soy de segundo año… quizá moralmente, me ganas, pero jerárquicamente te aplasto —rió.
Kiro se rio también, medio asfixiado.
—Bueno, ¿qué sigue después de las catorce series infernales?
—¡Entrenamiento de armas!
—declaró Xia con los ojos brillantes—.
Prepárate.
Más tarde, cuando por fin descansaban, Kiro se encontraba tirado en el suelo, cubierto de sudor, mientras Xia seguía estirándose como si nada.
—¿Tienes energía infinita o algo así?
—murmuró Kiro, mirando el techo.
Xia caminó hacia una de las paredes, donde una gran vitrina mostraba todo tipo de armas: espadas largas, bastones, guadañas, lanzas, nunchakus, látigos, chakrams, y cuchillos de distintos tamaños.
—Ven, Kiro.
Elige una.
Kiro se incorporó con esfuerzo y se acercó.
Sus ojos pasaron por cada arma mientras Xia lo observaba, como si buscara leer su reacción.
—¿Te llama alguna?
—No sé… hay tantas.
Me abruma un poco.
Xia empezó a señalar con entusiasmo.
—Una lanza da ventaja a distancia.
El bastón es versátil.
Las dagas son rápidas.
Pero si quieres brutalidad, ve por la guadaña, aunque es complicada…pero genial.
Kiro dejó de escuchar un segundo.
Sus ojos se habían fijado en un cuchillo corto de hoja negra, de diseño simple pero afilado, con el mango perfectamente encajado en una empuñadura acolchada.
Se acercó y lo tomó.
Al hacerlo, una extraña sensación le recorrió el brazo.
—Este… —murmuró Kiro—.
Se siente bien.
Como si…
encajara justo.
—¿Te gusta?
Kiro asintió con decisión.
—Sí.
Este es.
Xia sonrió ampliamente y sacó un cuchillo similar de la vitrina.
—Entonces… comencemos el entrenamiento de armas.
Kiro parpadeó, confundido.
—¿Cómo entrenaremos?
¿Cortar dummies?
¿Técnicas de agarre?
Pero Xia, con los ojos encendidos de emoción, se puso en guardia.
—¡Un duelo, por supuesto!
La luz de sus ojos rojos brillaba como brasas encendidas.
Kiro tragó saliva.
—…¿Por qué lo sabía?
El entrenamiento se extendió por horas.
Xia atacaba con movimientos precisos y veloces, y aunque Kiro mejoraba a cada intento, el cuchillo no era fácil de dominar.
Aun así, no se rendía.
Cada vez que caía, se levantaba más decidido.
Cuando el sol comenzó a ocultarse, Xia finalmente le dio una palmada en la espalda.
—Nada mal para ser tu primer día con arma.
Estás lleno de energía bruta… me gusta.
—Gracias… creo —jadeó Kiro—.
Pero aún no le agarro el truco.
—Eso vendrá.
Lo importante es que ya diste el primer paso.
Xia se quedó un rato más entrenando mientras Kiro recogía sus cosas.
Al revisar su mochila, sus ojos se abrieron de par en par.
—¡La carta de Lyra!
Con un grito ahogado, se la colocó bajo la chaqueta y salió corriendo hacia el edificio principal de la Academia.
Al cortar por un sendero del jardín lateral, una mano repentina lo tomó por sorpresa, cubriéndole la boca.
Kiro forcejeó instintivamente.
—¡Shhh!
¡Soy yo!
¡No te muevas tonto!
—susurró una voz familiar.
Era Rei.
—¡¿Qué haces?!
—exclamó Kiro apenas fue soltado.
Rei le hizo un gesto para que se callara y señaló más allá del arbusto.
Kiro se asomó.
Frente a una fuente decorativa estaban Shizuki y el mismo chico elegante del otro día, conversando con total naturalidad.
Shizuki parecía… relajada.
Estaba incluso riendo por algo que él había dicho.
—¿Ves eso?
—susurró Rei.
Kiro se encogió de hombros.
—Sí.
Están bien.
Parecen buenos amigos, nada raro.
—Te equivocas.
Hay algo más.
Kiro se volvió hacia ella con una ceja levantada.
—¿Otra teoría?
—Estuve investigando a ese chico, Harris Longwheit.
Es popular entre las chicas… pero cuando preguntas directamente, ninguna recuerda haber hablado con él.
¡Ni una sola!
—¿Cómo que no lo recuerdan?
—Dicen cosas como “no, creo que solo lo vi de lejos” o “¿eh?, ¿yo?
¿con Harris?”.
A pesar de que hay fotos, testigos… ¡algo no encaja!
Kiro frunció el ceño.
Había algo inquietante en ese dato, pero también le fastidiaba el tono casi obsesivo de Rei.
—¿Y no crees que estás exagerando un poco?
Rei lo miró seria.
—Podría ser.
Pero si ese chico está manipulando a Shizuki de algún modo… no me quedaré de brazos cruzados.
Kiro suspiró y volvió a mirar a la pareja a lo lejos.
Shizuki seguía riendo suavemente, el chico hablaba con elegancia y cortesía.
Nada parecía extraño… y sin embargo, el aire tenía un leve peso.
Como si algo invisible estuviera desbalanceando la escena.
—Tal vez sí deberíamos seguir observando un poco más —murmuró Kiro, con cierta incomodidad.
Y Rei sonrió satisfecha.
—Eso quería oír.
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