Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 74
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- Capítulo 74 - 74 Capítulo 74 Rumbo al Abismo de las Ruinas
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74: Capítulo 74: Rumbo al Abismo de las Ruinas 74: Capítulo 74: Rumbo al Abismo de las Ruinas El cielo estaba despejado, bañado por los tonos dorados de la mañana, cuando Lyra Nightshade decidió acompañar a los tres jóvenes hasta la salida de transporte de la Academia.
Como era su primera misión, pensó que valía la pena guiarlos personalmente hasta la salida.
—Vamos, Kirito, Shizu, Noell —dijo con su tono suave y enigmático—.
El camino a la gloria comienza con pasos elegantes.
—¿Por qué siempre me dices Kirito…?
—susurró Kiro, rascándose la nuca.
—Porque suena mejor —respondió Lyra, sin girarse.
Atravesaron varios pasillos al aire libre hasta llegar a una zona amplia cercana a los establos.
El aire olía a paja seca, cuero recién engrasado y un leve toque de incienso que venía de una carreta ceremonial estacionada cerca.
Kiro abrió los ojos con sorpresa.
—¡Woah…!
¡No sabía que había tantos carruajes!
Ante ellos se extendía una gran explanada, donde varios tipos de carrozas se alineaban perfectamente: Había carrozas decoradas con insignias nobles, con detalles dorados y ventanales amplios; otras más pequeñas, de diseño aerodinámico, para transporte rápido; y varias cubiertas con lonas resistentes y ruedas reforzadas para viajes largos.
Algunos caballos relinchaban suavemente.
Eran enormes, bien cuidados, de pelaje brillante, y con ojos que parecían comprender cada orden.
—El abismo tomará control de estos corceles y los llevará a recorrer el infinito… —declaró Shizuki, levantando los brazos dramáticamente.
—Por favor, no les hagas nada —dijo Kiro, entre risas.
Lyra les indicó una carroza grande, de madera negra pulida, con interior acolchado y faroles suspendidos en sus costados.
—Usarán esta —explicó—.
Es una carroza para viajes largos.
Será cómoda, segura, y podrán guardar fuerzas para el combate.
Buena suerte, jóvenes estrellas.
—¡Gracias por todo, maestra!
—dijo Noell, haciendo una ligera reverencia.
Kiro alzó la mano.
—¡Volveremos con una estrella cada uno!
Lyra les dedicó una última sonrisa antes de desaparecer, literalmente, con un pequeño destello de energía púrpura.
A lo lejos, una figura conocida los esperaba junto al carruaje.
Xia Wave, de pie con una mano en la cintura, los saludó con una cálida sonrisa.
—¡Llegaron!
Ya era hora —bromeó—.
¿Listos para enfrentarse a una misión real, renacuajos?.
Prometo como encargada de esta misión llevarlos al límite.
Los tres caminaron hacia ella con entusiasmo.
—¡Claro!
—dijo Kiro—.
Aceptaré cualquier reto.
Estoy más que listo.
—¡Y yo, la elegida del abismo y los demonios, no me detendré ante monstruo alguno!
—agregó Shizuki, cruzando los brazos.
—Eh… ¿de verdad quieres llevarnos al límite…?
—preguntó Noell, algo pálido.
Xia rió y les guiñó un ojo.
—Esta misión será pan comido.
Siempre nos dan algo manejable para los nuevos… aunque eso no significa que se librarán del esfuerzo.
Como estoy al mando aprenderán lo que es el esfuerzo.
—Fantástico —murmuró Noell, suspirando.
—Suban.
Nuestro confiable compañero Hans se encargará del viaje.
Los tres alzaron la vista.
En el asiento del conductor estaba un hombre de gran edad.
Su cabello era blanco como la nieve, igual que su barba perfectamente recortada.
Vestía un traje de mayordomo, con guantes blancos y una chaqueta larga gris oscura.
Su postura era recta, su mirada seria y calmada.
—Saludos, jóvenes —dijo con voz grave pero gentil—.
Será un placer llevar en este viaje a las jóvenes estrellas de Stella.
Kiro y Noell hicieron una leve reverencia, casi por reflejo.
—Muchas gracias por transportarnos —dijo Kiro con respeto.
—Un honor, señor Hans —añadió Noell, ajustándose las gafas.
Shizuki, por su parte, lo señaló con el dedo.
—Los demonios… confían en ti con nuestras vidas.
No los decepciones, Hans del abismo.
Hans alzó una ceja, pero no dijo nada.
Solo asintió solemnemente.
—Entendido.
Los cuatro subieron al carruaje.
Kiro se dejó caer en el asiento más cercano y alzó las cejas al sentir lo suave del cojín.
—¡Ey, esto es… increíble!
¿Tiene incluso portavasos?
—Tiene que ser cómodo —dijo Xia, sentándose con las piernas cruzadas—.
Hay que conservar la energía para el combate.
Todo lo que podamos ahorrar en el camino se reflejará en el rendimiento.
—¿Y si nos atacan en el camino?
—preguntó Noell.
Xia sonrió.
—No se preocupen.
Hans se encarga de todo.
Es el chofer personal del emblema Stella.
Conoce cada rincón de los caminos y tiene más experiencia en combate de lo que aparenta.
Además… tiene un estoque escondido bajo el asiento.
¿Verdad, Hans?
Desde fuera, Hans respondió sin volverse.
—No suelo usarlo.
Pero si es necesario… responderé ante nuestros atacantes.
—¡Me agrada este señor!
—dijo Kiro, riendo.
Shizuki miraba por la ventanilla, con una mano en su amuleto.
—Este carruaje se mueve como si flotara.
¿Acaso… hay magia impulsando las ruedas?
—Creo… —respondió Xia—.
Ruedas mágicas, aislamiento energético, refuerzo de sigilo o que se yo, algo puede tener, pero no es importante.
—¿Y si le ponemos alas y lo lanzamos al cielo?
—preguntó Shizuki con ilusión.
—No es mala idea, deberíamos decírselo al director —dijo Xia, sonriendo.
El carruaje arrancó suavemente, dejando atrás los muros de la Academia.
El camino se extendía hacia el horizonte, rodeado de árboles que bailaban con el viento.
Una paz extraña flotaba.
Y así, los jóvenes del emblema Stella partieron hacia su primera misión oficial.
Avanzaban a través de los vastos campos, los rayos del sol pintando destellos dorados sobre la hierba alta que se mecía con el viento.
Todo parecía tranquilo… hasta que, de pronto, un cambio extraño recorrió el aire.
Fue apenas un susurro invisible, pero todos lo sintieron.
Un leve escalofrío.
Un estremecimiento del ambiente.
Incluso el cielo parecía más opaco, y los árboles al fondo tomaban un tono más oscuro.
—¿Qué… fue eso?
—preguntó Kiro, sentándose de golpe.
Shizuki alzó la cabeza, mirando por la ventana con los ojos entrecerrados.
—El aura cambió… se siente como… como si el mundo estuviera más denso.
Noell apretó su mochila contra el pecho, incómodo.
—Siento… presión.
Pero no sé de dónde viene.
Solo una persona no reaccionó: Xia Wave, quien mantenía los ojos cerrados, con una sonrisa tranquila en el rostro.
—¿Xia?
—preguntó Kiro—.
¿Qué fue eso?
Xia abrió los ojos lentamente, con un leve brillo en su mirada.
—Ese, pequeños compañeros… fue el cambio de núcleo.
Acabamos de salir de la zona segura.
—¿Cambio de núcleo?
—repitió Shizuki, con interés.
—Exacto.
Las ciudades, aldeas, e incluso algunos caminos principales, están bajo la protección de núcleos de energía estable.
Pero fuera de esas zonas… empieza el caos real.
Este es el territorio salvaje.
Aquí viven los monstruos reales.
Hubo un silencio tenso.
—Nada de lo que hayan enfrentado en hologramas o entrenamientos se compara con lo que hay allá afuera —continuó Xia con una sonrisa desafiante—.
Los núcleos ocultan el verdadero estado del mundo.
Aquí… la energía se retuerce libremente, es sin duda la casa de los monstruos.
Kiro se apoyó en el borde de la ventana, intrigado.
—¿Y cómo es que nunca lo sentí antes?
He viajado por muchos lados… Xia lo miró con media sonrisa.
—Porque si lo hiciste en el Tren Infinito, entonces no saliste nunca del efecto núcleo.
Ese tren tiene una capa propia de estabilización, como un núcleo ambulante.
Por eso no recibe ataques.
Pero este carruaje… —miró hacia el exterior— no tiene esa protección.
Kiro observó el paisaje con más atención.
Los árboles eran más altos, las sombras más densas.
Y a pesar del cielo despejado, sentía algo… acechante.
—Vamos, que aparezca algo… quiero ver cómo son los monstruos reales… Pasaron unos minutos.
La emoción de Kiro terminó contagiando a los demás, pero el viaje, aunque tenso, era silencioso.
Pronto, el movimiento constante del carruaje y el balanceo suave terminó por vencerlos.
Noell dormía con la cabeza contra la ventana, Shizuki murmuraba en sueños sobre demonios devoradores de malvaviscos, y Kiro cerraba los ojos con una mezcla de emoción y cansancio.
Pero entonces, Xia abrió los ojos como si algo la llamara.
—Hans.
—Lo sé —respondió el cochero sin girarse, tras la ventana—.
Nos siguen desde hace unos minutos.
Aún no atacan, pero están ahí.
Xia apoyó la mano contra la puerta del carruaje.
—Detente.
Quiero calentar un poco.
—No es buena idea —respondió Hans con tono firme—.
Nuestra misión no es combatir criaturas salvajes.
Debemos llegar con seguridad.
Xia sonrió de lado, una chispa de locura brillando en sus ojos.
—No puedo contener esta energía por más tiempo.
Necesito descargarla.
Sin dar más explicaciones, abrió la puerta del carruaje.
Una ráfaga de viento frío entró al instante, haciendo que Kiro despertara sobresaltado.
—¡Hace frío…!
¿Qué pasó?
Abrió los ojos justo para ver cómo Xia saltaba fuera del carruaje en movimiento.
—¿…Fue un sueño?
Parpadeó dos veces, confuso, hasta que su cerebro reaccionó.
—¡¿XIA?!
Los demás comenzaron a despertar por el movimiento y la brisa.
Noell se incorporó bruscamente, tropezando con su mochila, y Shizuki abrió los ojos con una mirada adormilada pero alerta.
—¿Dónde está Xia?
—preguntó Noell.
—¿Se fue…?
¿Nos abandonó…?
—susurró Shizuki con expresión dramática—.
¿Fue atraída por los demonios del bosque?
—No se preocupen —dijo Hans con calma—.
Ella regresará.
Lo hace todo el tiempo.
Pero… ahora, hay otro problema.
El carruaje se detuvo por completo.
El silencio fue instantáneo.
—¿Hans…?
—preguntó Noell—.
¿Por qué nos detenemos?
Hans permaneció sereno.
—Porque… hemos caído justo en la trampa.
—¿Qué…?
Los caballos relinchaban con fuerza.
Sus patas estaban pegadas al suelo, como si una sustancia viscosa e invisible los sujetara.
Entonces, entre los árboles, comenzaron a encenderse faroles, antorchas, y destellos de energía.
Un murmullo de pasos resonaba cada vez con más fuerza, avanzando desde todos los flancos.
Kiro se puso de pie, con el corazón latiendo con fuerza.
—¡Estamos rodeados…!
Hans bajó con rapidez, abrió la puerta lateral y se dirigió a ellos con seriedad.
—Salgan.
El carruaje empieza a hundirse.
Hay una trampa de energía bajo el suelo… lo están absorbiendo.
Miraron al piso: el suelo temblaba ligeramente, con raíces oscuras que surgían desde abajo.
Una trampa que succionaba poco a poco.
—¡Vamos, vamos!
—ordenó Hans con firmeza.
Los tres saltaron al suelo justo cuando el carruaje comenzó a inclinarse peligrosamente hacia un lado.
Frente a ellos, las siluetas de varias criaturas comenzaron a surgir de entre los árboles.
Ojos brillantes, formas deformes, cuerpos cubiertos de placas, garras o zarcillos.
El carruaje crujía mientras se hundía más en la trampa oscura.
La energía corrupta del suelo vibraba bajo los pies del grupo.
Hans, impasible, se acercó al centro del vórtice con paso firme.
—Atrás.
Esto lo terminaré en un instante —dijo con calma.
Alzó la mano.
Una energía plateada, refinada y concentrada, se acumuló en su palma.
Luego, como si tejiera con hilos invisibles, descendió su mano con elegancia hacia el suelo.
Un estallido silencioso.
La energía se disipó al instante, quebrándose como cristal bajo la luz de la luna.
El terreno dejó de vibrar, y el carruaje se estabilizó a medias, aunque requería reparar las ruedas.
Shizuki observó asombrada, con los ojos brillando de emoción.
—¡Waaaah!
¡Eso fue increíble!
¿Qué fue eso, Hans?
¿Una técnica de contención divina?
¿Un sello sellador antiabismo?
Hans se giró, acomodando los guantes con precisión milimétrica.
—Nada tan dramático.
Solo una técnica mía.
Aprendida hace… unos cincuenta años.
—¿Cincuenta…?
—murmuró Noell, parpadeando—.
¿Cuántos años tiene este señor?
Hans los observó a los tres.
—Yo debería ser quien se encargue de estos contratiempos, pero… detecto que son demasiados.
Me vendría bien su ayuda para terminar esto antes del anochecer.
Kiro dio un paso adelante, sonriendo de lado.
—¡Encantado!
Al fin algo real.
Shizuki rió, alzando los brazos dramáticamente.
—¡Por fin podré desatar mi poder demoníaco!
¡Temblad, bestias sin alma!
Noell abrió un compartimiento de su mochila y metió su mano preparándose para sacar algo en cualquier momento.
—No me gusta esto, pero… estoy listo… creo.
Un rugido cortó la calma.
Desde los árboles, decenas de monstruos humanoides comenzaron a emerger, corriendo sobre sus cuatro extremidades.
Tenían cuerpos cubiertos de pelaje grueso, ojos feroces, y músculos marcados.
Algunos eran como lobos erguidos, otros como tigres con patas afiladas y otros tantos parecían osos con garras de metal adheridas a sus brazos.
Portaban armaduras improvisadas hechas con huesos, cuero viejo y madera, y armas rudimentarias: espadas de piedra, lanzas de hueso y escudos de madera.
—¡Hora de actuar!
—dijo Hans.
En un instante, su cuerpo desapareció en un destello.
Hans apareció en medio del grupo enemigo, desarmando a tres criaturas con movimientos rápidos y limpios.
Un giro elegante de su brazo, y una lanza voló hacia el cielo.
Un golpe en la muñeca, y una espada se partió por la mitad.
—¡Técnica de impacto: Kotsu!
—dijo con tono neutral mientras derribaba a dos enemigos de un solo golpe en el estómago, dejándolos inconscientes.
Kiro miraba con la boca abierta.
—¡Ese viejo pelea como un experto en artes marciales… con chaqueta y corbata!
—¡Kiro!
¡No te quedes ahí!
—gritó Shizuki, corriendo al combate.
—¡Voy!
Kiro imbuyó sus puños en su energía de luz, concentrándola con rapidez.
Sus brazos brillaron, dejando una estela dorada.
Saltó hacia una criatura con forma de lobo, que alzó un escudo de madera rudimentario para cubrirse.
—¡Vamos a ver si esto te aguanta!
—gritó Kiro.
Sus puños rebotaron contra el escudo.
El lobo retrocedía, aguantando con fuerza.
Pero Kiro, con una sonrisa astuta, retrocedió un paso y lanzó su mano hacia el frente.
—¡Esfera Senko!
Una esfera de luz pura se disparó desde su palma.
Al impactar en el rostro del lobo, una explosión de destellos lo cegó por unos segundos.
—¡Ahora sí!
—Kiro se lanzó con un potente golpe al abdomen.
El lobo salió disparado y se estrelló contra un tronco, cayendo sin moverse.
Mientras tanto, Shizuki giraba sobre sí misma, con los brazos extendidos, generando varios témpanos de hielo a su alrededor.
—¡Bestias del bosque, presenciad mi técnica más letal!
¡El supremo hechizo: TÉMPANOS DE LA MUERTE!
—gritó con una voz teatral.
Con un movimiento de sus dedos, los témpanos giraron en el aire y salieron disparados como lanzas heladas, impactando contra varios enemigos.
Dos fueron atravesados, cayendo al suelo, mientras otros retrocedían cubriéndose.
—¡Ahí va el segundo acto!
—exclamó, generando otros más pequeños como metralla.
El suelo se congelaba parcialmente a su paso.
Su risa demoníaca resonaba en el aire.
—¡Hahahaha!
¡Abismo, sonríe conmigo!
Mientras tanto, Noell se mantenía escondido detrás del carruaje dañado, observando el caos y sin hacer ruido posible.
—¡Ay no… no no no…!
Una de las criaturas, una especie de pantera humanoide con garras negras muy afiladas, lo encontró.
Lanzó un zarpazo con su espada de piedra, pero Noell se agachó por puro instinto, esquivando el golpe por centímetros.
—¡Waaah!
¡AYUDAAA!
Comenzó a correr, siendo perseguido.
Mientras huía, abrió la tapa inferior de su mochila y buscó desesperadamente entre frascos, cristales y herramientas.
—¡Tiene que estar aquí…!
Finalmente, sacó una pequeña esfera metálica con inscripciones.
—¡Toma esto, un prototipo explosivo!
La arrojó sin mirar.
La esfera rebotó en una piedra y cayó justo frente a la criatura.
¡BOOM!
Una explosión controlada levantó tierra y energía, lanzando al enemigo por los aires, chamuscado y aturdido.
Noell jadeaba, apoyado en una roca.
—¡Eso no estaba en la simulación…!
Kiro y Shizuki pelearon espalda con espalda por unos segundos, derribando más bestias.
—¡¡Este es el mejor entrenamiento de la historia!!
—gritó Kiro, riendo.
—¡Ja!
¡Te lo dije!
El mundo fuera de los núcleos es glorioso y lleno de oscuridad… ¡me encanta!
Hans apareció de nuevo, con la chaqueta intacta, y observó a los tres.
—Buen trabajo.
Pero esto aún no termina.
Queda lo peor.
De entre los árboles, un rugido más profundo se oyó.
Más monstruos emergían… y uno de ellos era mucho más grande que el resto.
Kiro apretó los puños, listo para el siguiente asalto.
—¡Vamos!
¡Esto recién comienza!
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