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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 75

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  4. Capítulo 75 - 75 Capítulo 75 Llamas Desatadas
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75: Capítulo 75: Llamas Desatadas 75: Capítulo 75: Llamas Desatadas A unos kilómetros del sitio donde el carruaje de sus compañeros había sido emboscado, Xia Wave se encontraba de pie sobre una roca rodeada de árboles calcinados y ramas que crujían bajo la presión del viento.

Frente a ella, un grupo de más de cincuenta bestias humanoides se reunía, gruñendo al unísono.

Sus ojos brillaban con rabia, sus cuerpos cubiertos de cicatrices y sus manos apretando armas improvisadas.

Pero Xia… solo sonreía.

—Al fin —murmuró—.

Un rato de libertad.

La energía comenzó a salir de su cuerpo como pequeñas partículas rojas y naranjas, como brasas vivas flotando a su alrededor.

El aire mismo se tornó más denso.

Caliente.

Electrizante.

—Mi cuerpo ya no puede contenerlo más… —dijo, abriendo los brazos.

En ese instante, estalló su energía.

Una onda expansiva de fuego puro barrió el suelo, carbonizando la hierba bajo sus pies.

Las bestias más cercanas cayeron al instante, desmayadas por el impacto de la presión del fuego.

—Vengan.

Quiero moverme un poco —retó, bajando la mirada con una sonrisa salvaje.

Con un rugido colectivo, las bestias restantes se lanzaron al ataque.

Sus armas brillaban a la luz del fuego.

Algunas portaban cuchillos de hueso, otras lanzas de piedra negra y escudos de corteza endurecida.

Xia se deslizó hacia adelante, esquivando el primer tajo con una flexión limpia del torso.

Luego giró sobre su talón, y con su puño envuelto en llamas, golpeó de lleno en el estómago de una bestia tigre.

—¡Que comience el carnaval!

—gritó con entusiasmo.

La criatura voló hacia atrás como un saco de rocas.

Xia atrapó el machete que había soltado, lo alzó en un solo giro y lo imbuyó con energía ardiente.

La hoja chispeó como si cobrara vida.

—¡Veamos qué tal cortas tú!

Se lanzó de nuevo al combate, girando entre las bestias, su arma encendida como una antorcha de destrucción.

Cada tajo dejaba una estela de fuego en el aire.

Cada golpe impactaba con una precisión feroz.

Cortó a través de un escudo, se deslizó bajo una lanza, giró para cortar el tendón de una criatura oso y pateó su pecho antes de que cayera.

—¡Uno menos!

¡Y vamos con el siguiente!

Pero en medio del frenesí, un enemigo con una espada más grande interceptó su tajo.

El choque de ambas armas retumbó, y con un crujido final… el machete de Xia se partió en dos.

—¡Tch!

Duró menos de lo que esperaba —dijo con una sonrisa desafiante.

Sin perder ni un segundo, se agachó, rodó por el suelo, desarmó al enemigo y le arrebató la lanza, clavándosela de regreso con fuerza demoledora.

—¡Gracias por el préstamo!

Giró la lanza con maestría y continuó su danza.

La empuñaba como si fuera una extensión de su cuerpo, golpeando con el extremo, clavando con la punta, y barriendo enemigos con la culata.

Sus movimientos eran fluidos, improvisados, pero devastadoramente efectivos.

Las bestias comenzaron a dudar.

Por primera vez, en sus ojos se notaba el miedo.

—¿Qué pasa?

¿Se cansaron ya?

¡¡Estoy empezando apenas!!

—rugió Xia, con su cabello flotando por la energía que liberaba.

Una de las criaturas intentó rodearla por detrás, pero al tocar el suelo donde Xia había pisado, se quemó las patas: la tierra misma seguía ardiendo.

—Cada vez que respiro… siento más poder —murmuró Xia, girando la lanza y golpeando el suelo con violencia—.

¡Esto es lo máximo!

Al derrotar a una última bestia lobo, se detuvo un segundo.

El silencio reinó.

Frente a ella, el resto de los enemigos comenzó a temblar.

Sus armas se bajaron.

Algunos retrocedieron lentamente.

Otros dieron un paso atrás… y luego otro.

—¿Qué… ya no quieren jugar?

—preguntó Xia con voz infantil… y una expresión completamente demoníaca.

Las criaturas comenzaron a huir en estampida.

—¡¿Qué?!

¿¡A dónde creen que van!?

¡Así no es divertido!

Xia juntó ambas manos al frente.

Su energía se condensó en forma de una pequeña esfera ígnea entre sus palmas.

—¡Vamos, vamos!

¡No huyan todavía!

¡Tengo un truco nuevo que quiero probar!

La esfera creció.

Se expandió.

Se elevó sobre su cabeza hasta convertirse en una enorme bola de fuego pulsante, girando sobre sí misma como un pequeño sol rojo.

—¡Vamos, Vamos!

—gritó con júbilo.

Corrió detrás de las criaturas, levantando llamas con cada paso, cargando su bola de fuego como si fuera una luna roja lista para estallar.

Las bestias chillaban, dejando caer sus armas, trepando árboles, desapareciendo entre los arbustos.

—¡Vamos, quédense un poco más!

¡Les prometo que será increíble!

La bola de fuego se expandía con cada paso.

Los árboles se encendían tras ella.

El bosque vibraba por la energía liberada.

Y así, entre risas, fuego y cenizas… Xia Wave se perdía en el caos, disfrutando de cada segundo de su carnaval infernal.

Mientras tanto, al otro lado de la batalla el combate se prolongaba, y Kiro, Shizuki y Noell comenzaban a sentir el peso del esfuerzo.

—¡Ya estoy sudando más que en el entrenamiento de Xia!

—exclamó Kiro, golpeando con sus puños brillantes a una criatura con cuernos de ciervo.

—¡Mantén tu forma!

¡Y cuida mi espalda!

—gritó Shizuki, lanzando una ráfaga de energía celeste que atravesó a dos enemigos a la vez.

—¡P-pensé que esto era una misión de principiante!

—balbuceó Noell, mientras sacaba una pequeña bomba de su mochila y la lanzaba por encima del hombro.

¡BOOM!

La explosión levantó tierra y mandó volando a una bestia oso que intentaba embestirlos por un costado.

Los tres formaban una línea defensiva coordinada.

Kiro era el frente, Shizuki la línea media de proyectiles, y Noell el soporte desde atrás con artefactos estratégicos.

Pero por cada enemigo que caía, parecía llegar otro.

Hans, un poco más adelante, seguía enfrentando a las criaturas más fuertes, su figura moviéndose entre los enemigos con precisión implacable.

—¡Kiro!

¡Atrás tuyo!

—gritó Noell.

Kiro giró justo a tiempo para dar un codazo reforzado con luz a una bestia de apariencia felina que intentaba saltarle encima.

—Gracias, Noell.

¡Buen ojo!

—¡No hay problema!

Solo traten de no dejarme sin bombas… Shizuki jadeaba, las manos elevadas, disparando proyectiles a gran velocidad.

—¡Esto es… un deleite oscuro!

¡Pero me estoy quedando sin energías!

Entonces, un rugido de energía colosal sacudió todo el bosque.

Una vibración profunda.

Como si el cielo hubiese temblado.

Todos se detuvieron.

Las bestias alzaron las cabezas al unísono.

Incluso Hans, en medio de su ataque, detuvo su puño a milímetros del rostro de una criatura, girando su mirada al este.

—…Esa energía.

Sin duda, es Xia —dijo con tranquilidad.

Kiro parpadeó, asombrado.

—¿¡Eso es la energía de Xia!?

—Ella necesita expulsar energía al menos una vez al día —explicó Hans—.

De lo contrario, su cuerpo no la soporta.

—¡Increíble!

—exclamó Kiro, fascinado—.

¡Con esa cantidad de energía podría estar incluso en la orden y ser de las leyendas!

—Pero no es momento de emocionarse —añadió Hans, ajustándose los guantes—.

Viene algo grande.

Busquen un escondite, ¡ya!

El cielo se tiñó de rojo.

Entre las copas de los árboles, una gigantesca esfera de fuego emergía lentamente, como si el mismísimo sol hubiese descendido a la tierra.

Xia la cargaba sobre sus hombros, caminando entre las sombras y llamas.

Las bestias entraron en pánico instantáneamente.

Los enemigos comenzaron a huir despavoridos de la zona, se tropezaban unos, chocaban otros entre sí, era una estampida de bestias corriendo por sus vidas.

—¡Aquí viene el carnaval!

—gritó Xia con una sonrisa salvaje, lanzando la gran esfera de energía por encima de su cabeza.

La esfera impactó contra el suelo con un estruendo ensordecedor.

El fuego se extendió como una ola viva, arrasando árboles, rocas, enemigos y todo a su paso.

—¡Escudo del Abismo!

—gritó Shizuki, golpeando el suelo con sus palmas.

Un círculo mágico morado apareció debajo de ellos, y una cúpula de energía oscura emergió alrededor, cubriéndolos como una burbuja protectora.

—¡Agáchense!

¡Resistan!

La onda expansiva golpeó con violencia.

La cúpula temblaba, y pequeñas grietas surgieron en sus bordes.

La presión del calor y la energía hacían que el escudo crujiera como vidrio a punto de romperse.

Shizuki apretaba los dientes, las manos extendidas, su cabello flotando por la fuerza del viento.

—¡No… caeré… ahora…!

Finalmente, la explosión cesó.

El aire volvió a la calma.

El escudo se desvaneció, y Shizuki cayó de rodillas, respirando agitadamente.

—Ugh… esa fue… demasiado.

Noell corrió hacia ella, poniéndole una mano en el hombro.

—¡Gracias… por protegernos!

¡Eso fue increíble, Shizuki!

Kiro le tendió la mano con una sonrisa.

—¡Eres una muralla del abismo!

—Je… eso no es lo mejor que puedo hacer —respondió ella con una pequeña risa, algo débil.

Del humo emergió Xia, caminando con las manos en los bolsillos, como si nada hubiese pasado.

Su ropa brillaba por destellos de su energía como si fueran cenizas, su cabello estaba alborotado, y una chispa de pura felicidad en sus ojos permanecía.

—¿Están vivos?

Bien.

¿Listos para continuar?

—¡¿C-continuar?!

—dijo Noell con voz temblorosa—.

Por un momento… pensé que nos habías matado.

Hans se acercó con calma, mirándola severamente.

—Xia.

Como líder de la misión, no puedes abandonarlos sin aviso ni lanzar técnicas a esa escala sin control.

—Lo sé, lo sé —respondió ella sin mucho entusiasmo—.

No volverá a pasar… supongo.

—… —Hans suspiró profundamente.

Se acercaron al carruaje.

Por suerte, los caballos estaban ilesos, temblorosos pero vivos.

El vehículo estaba dañado, pero nada que Hans no pudiera solucionar.

—Solo necesito unos minutos.

Cambiaré estas ruedas y podremos continuar.

En un abrir y cerrar de ojos, Hans reparó el carruaje con herramientas y refuerzos de energía.

—Está listo.

Suban.

No falta mucho para llegar.

Kiro alzó los brazos con entusiasmo.

—¡Ahora sí que sí!

¡Es momento!

¡A las ruinas!

—¡Después de esa demostración, no creo que ninguna bestia quiera volver a acercarse!

—añadió Shizuki, apoyándose en el borde del carruaje con orgullo.

—De poder… pueden hacerlo —dijo Noell—, pero supongo que las probabilidades han bajado un 87%.

Xia se encogió de hombros.

—Entonces aprovechemos antes de que cambien de opinión.

Y así, con el cielo aún humeante por la gran explosión, el grupo volvió a su camino.

Las ruinas esperaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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