Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 76
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- Capítulo 76 - 76 Capítulo 76 Las Tierras que la Vida Olvidó
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76: Capítulo 76: Las Tierras que la Vida Olvidó 76: Capítulo 76: Las Tierras que la Vida Olvidó El carruaje avanzaba lentamente entre los árboles hasta que, sin previo aviso, el paisaje cambió por completo.
El aire se volvió más seco.
El cielo, cubierto de nubes espesas, dejaba pasar una luz opaca que parecía teñirlo todo de un marrón apagado.
Los árboles estaban torcidos, sin hojas, con la corteza agrietada como si estuvieran muriendo en vida.
El suelo ya no era pasto ni tierra fértil, sino un polvo grisáceo que se adhería a todo y no soltaba.
—Este lugar… —susurró Kiro, mirando por la ventana del carruaje—.
¿Qué le pasó a este bosque?
Shizuki ladeó la cabeza, apoyando su mejilla en su amuleto.
—No hay pájaros… ni insectos.
Ni siquiera el viento suena igual.
Noell tragó saliva mientras ajustaba sus lentes.
—Es como… si todo estuviera dormido… o muerto.
En ese momento, Hans, al frente del carruaje, habló sin girarse.
—Este sitio… se ve mucho peor que la última vez que pasamos por aquí.
Algo está ocurriendo… y no es natural.
El entorno se está transformando en una zona de corrupción.
Todos se miraron entre sí.
Incluso Kiro, con su constante energía, sentía un nudo formarse en su pecho.
Pero lo que lo desconcertó aún más fue mirar a Xia, sentada frente a ellos con el ceño fruncido, observando por la ventana sin decir una palabra.
Por primera vez desde que la conocía… no estaba sonriendo y se veía seria.
—¿Xia?
—preguntó Kiro en voz baja.
Ella respondió sin mirarlo.
—Esto… no es solo una zona infestada.
La corrupción altera la energía misma del lugar.
Las criaturas que viven aquí no solo se vuelven más fuertes… se vuelven inestables.
Violentas.
Locas.
—¿Y eso explica por qué hay más enemigos en las ruinas?
—preguntó Noell, apretando su mochila.
—Sí… pero eso no es todo.
Xia giró lentamente hacia ellos, sus ojos brillando con un leve tono carmesí.
—Cuando un lugar cae en corrupción, también se convierte en un imán para seres peores que los monstruos comunes.
Me refiero a los… Noxs.
Un silencio helado se apoderó del carruaje.
—¿Noxs…?
—repitió Shizuki, sin darle mayor importancia—.
Bah.
No serán nada ante el poder del abismo.
¡Que se atrevan!
Kiro y Noell se quedaron en silencio… con el rostro tenso.
—Yo… yo he oído sobre ellos… —murmuró Noell, con la voz entrecortada—.
Hay historias en las que cuentan que donde aparece uno, la muerte lo sigue.
Que su presencia consume todo.
Que… que una vez uno solo destruyó un asentamiento completo… Noell comenzó a tiritar, y con manos temblorosas, buscó un pañuelo en su bolsillo.
—Yo… yo nunca he visto uno.
¡Ni quiero hacerlo!
Kiro desvió la mirada, apretando los puños.
—Tranquilo.
Tranquilo… Solo serán monstruos.
Nada más.
Solo bestias comunes.
No será un Nox.
No va a ser un Nox… Respiró hondo, tratando de recuperar la calma.
—Estamos bien.
Estamos preparados… podemos con esto —se dijo a sí mismo, aunque la ansiedad le presionaba el pecho.
El carruaje dio un ligero cambio en su marcha.
Ya no se deslizaba sobre tierra, sino que crujía sobre piedras y fragmentos metálicos incrustados en el suelo.
—Hemos llegado al territorio de las ruinas —informó Hans—.
No puedo avanzar más.
Los caballos no pueden cruzar este terreno, a partir de aquí será peligroso para ellos.
Xia se levantó de un salto.
—No hay problema.
Desde aquí, yo los guiaré.
El carruaje se detuvo completamente.
Con un suave chirrido, Xia abrió las puertas.
Uno a uno bajaron, y sus ojos se abrieron con asombro.
Frente a ellos se alzaba una estructura colosal, enterrada en parte por la tierra.
Se trataba de un templo de piedra negra y gris, agrietado por el paso del tiempo.
Las columnas que lo rodeaban estaban decoradas con símbolos olvidados, y en lo alto, una estatua caída y rota parecía vigilar la entrada.
El lugar desprendía una energía pesada, casi como si los observara.
—Wow… —susurró Kiro—.
Esto… esto sí que es una ruina.
—Es más grande de lo que esperaba… —murmuró Shizuki—.
Tiene buena estética para un castillo del abismo.
Le daría un ocho de diez.
Noell se quedó quieto, sin poder decir nada, solo pudo contemplar aquella estructura.
Kiro dio un paso al frente.
Su corazón latía con fuerza, pero también… con emoción.
—Vamos allá —dijo, alzando su puño con una sonrisa decidida—.
¡Esto va a ser emocionante!
Xia caminó hasta colocarse a su lado, con las manos en los bolsillos y la mirada en el oscuro pasillo que llevaba al interior del templo.
—Solo espero que su entusiasmo dure más que el sol de este lugar.
Hans, desde el carruaje, alzó una mano.
—Regresaré por ustedes en 9 horas.
Si no llegan al punto de encuentro… mandaré una señal a la Academia y los encontrare Kiro asintió.
—¡Estaremos ahí!
¡Y cuando volvamos cada uno tendrá una estrella!
Los cuatro estaban listos para adentrarse en las ruinas.
Cada uno llevaba su mochila, bien ajustada en la espalda.
Linternas de luz encantada colgaban de sus cinturones, y en el interior de las mochilas llevaban dos barras de cereal, comida enlatada, una cantimplora de agua purificada, vendas, un par de bombas pequeñas (de Noell, por supuesto) y hasta caramelos —cortesía de Shizuki— con etiquetas escritas a mano que decían: “Para no perder la cordura.” Xia, con los brazos cruzados y una sonrisa tranquila, les habló con tono firme.
—Bien.
Ya saben el plan: eliminar a los monstruos que queden y, si es posible, encontrar a los aventureros desaparecidos.
No parece complicado… pero estamos en una zona de corrupción, así que atentos.
Sacó un mapa arrugado de su mochila y lo extendió sobre una roca cercana.
—Este templo era bastante frecuentado hasta hace unos años, así que en teoría… la mayoría de zonas están vacías o saqueadas.
Pero como verán aquí… —señaló con el dedo una serie de pasillos—, hay varias secciones cerradas o bloqueadas, rincones olvidados y salas selladas.
Esos serán los mejores lugares para buscar pistas o sobrevivientes.
Kiro se acercó a ver.
—¿Y vamos directo a esas zonas?
—No —respondió Xia—.
Primero eliminamos a los monstruos del frente.
Es lo más peligroso.
Luego ya nos metemos a curiosear.
Dobló el mapa de golpe y se lo lanzó a Noell, que lo atrapó torpemente, dejándolo caer una vez antes de sostenerlo bien.
—¿Y por qué a mí…?
—preguntó él.
—Pareces el más confiable.
Y porque si lo pierdes, al menos sabremos a quién culpar —bromeó Xia con una sonrisa.
Shizuki sacó uno de sus caramelos y se lo llevó a la boca con aire teatral.
—No temas, Noell.
La maldición del abismo velará por ti… Xia se estiró los brazos y miró hacia la entrada oscura.
—¡Muy bien, equipo!
Aprovechemos la energía inestable del lugar.
Si sabemos manejarla, podríamos fortalecernos más rápido.
¡Vamos allá!
El grupo avanzó, linternas en mano, hasta la entrada del templo.
Era un arco de piedra oscura cubierto de raíces secas y musgo rojizo.
El interior parecía tragar la luz… como si la oscuridad misma fuera una cortina viva.
—Y aquí vamos… —susurró Kiro.
Al entrar, los pasos de los cuatro resonaban por los pasillos.
El aire era frío y denso, y el polvo bailaba en la luz de sus linternas como pequeños fantasmas.
A los lados, viejos estandartes destruidos colgaban de las paredes, y grabados antiguos decoraban las piedras con símbolos casi ilegibles, estaban tan desgastados por el paso del tiempo, aunque pareciera que eran parte de un lenguaje que desconocen.
—¿Hace cuánto tiempo desaparecieron los aventureros?
—preguntó Noell en voz baja.
—Según los reportes… a finales de la semana pasada —respondió Xia—.
Puede que aún haya rastros… si no fueron devorados ya.
Shizuki chasqueó la lengua.
—Pobres almas.
Deberían haber hecho un contrato con los demonios.
Así al menos tendrían algo de protección mágica.
—No estoy seguro si eso sería peor o mejor —murmuró Noell.
Avanzaron un poco más y se toparon con una sala enorme.
Desde el techo agrietado, una rendija dejaba pasar un rayo de luz solar, que descendía justo sobre una estatua de piedra en el centro.
La estatua representaba a un caballero con una gran espada y capa, rostro cubierto por el tiempo, pero postura firme como un guardián eterno.
Pilares caídos y grietas decoraban el lugar, y una energía antigua se respiraba en cada rincón.
—Whoa… —dijo Kiro—.
¿Qué tan viejo será este sitio?
Se apoyó sin pensar en uno de los pilares.
Este crujió, desprendiéndose parte de la piedra, haciéndolo saltar hacia atrás.
—¡Ups, ups, ups!
¡No se rompió, lo juro!
—susurró con nervios mientras intentaba encajar el pedazo roto.
Xia alzó una ceja, divertida.
—Ni idea.
Pero dudo que alguien lo reclame.
Shizuki, con una seriedad inesperada, se adelantó, su voz baja y clara.
—Según mis investigaciones, estos templos fueron construidos hace más de 500 años.
Levantados en las zonas donde los demonios más poderosos realizaban rituales de conexión con los núcleos espirituales.
Este debe haber sido un lugar de veneración… o de sacrificio.
Todos se giraron lentamente hacia ella, sorprendidos por su tono culto y sereno.
Kiro parpadeó.
—¿Shizuki…?
¿Acabas de decir algo… coherente?
Noell asintió.
—¿Y eso fue… información real?
Shizuki, aún de espaldas, dio media vuelta.
Una sonrisa confiada y dramática apareció en su rostro.
—Claro.
La elegida del abismo y los demonios debe dominar la historia oculta de los reinos profanos.
¡No pueden confiar en libros aburridos, sino en los susurros del más allá y la verdad de todo lo tiene mi amuleto!
Kiro se echó a reír.
—¡Ja!
Por un segundo pensé que eras seria.
Casi me asusto.
—¡Insensato!
—exclamó Shizuki, apuntándolo con su dedo adornado con su anillo negro—.
¡Si continúas así, te lanzaré una maldición demoníaca que destruirá tu cuerpo poco a poco!
—¡Estoy listo para esa maldición!
¡Lanzala!
—dijo Kiro, alzando los brazos entre risas.
Xia simplemente negó con la cabeza y sonrió de lado.
—Van a llevarse bien con este templo.
Tiene tantas ruinas como bromas tienen ustedes.
El grupo, entre risas y nervios, siguió su camino, avanzando hacia las profundidades de un templo que escondía más secretos de los que cualquiera podía imaginar.
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