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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - 78 Capítulo 78 ¿Qué es ese brillo
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78: Capítulo 78: ¿Qué es ese brillo?

78: Capítulo 78: ¿Qué es ese brillo?

Tras decidirse, Kiro, Shizuki y Noell entraron a una sala diferente mientras Xia esperaba en el pasillo, vigilante.

La linterna de Noell iluminó el interior de su sala: un pequeño almacén polvoriento.

Estanterías de piedra recorrían las paredes, llenas de libros desgastados y pergaminos amarillentos.

Noell avanzó con pasos tímidos muy cautelosos, acercándose a una de las estanterías.

Apenas tocó uno de los pergaminos, el polvo acumulado voló en el aire, haciéndole estornudar de inmediato.

—¡Achú!

¡Qué mal…!

—se quejó, sacudiéndose.

Se frotó la nariz y, con curiosidad, inspeccionó algunos libros: muchos tenían las páginas rasgadas, la tinta desvanecida, y el contenido era poco más que símbolos sin sentido ahora.

—Parece que estos libros ya tuvieron mejores épocas… —murmuró mientras dejaba uno caer suavemente de regreso a la estantería.

Nada de valor.

Solo hay vestigios de un conocimiento perdido.

Shizuki, por su parte, había entrado a una sala distinta.

La linterna iluminó un espacio bastante vacío, con apenas algunos muebles viejos desmoronados.

Justo cuando pensaba que no encontraría nada, algo brilló tenuemente en una esquina.

Al acercarse, descubrió un pequeño cajón de madera semioculto bajo escombros.

Movió la tapa con emoción y sus ojos resplandecieron.

—¡Un cofre…!

—susurró, con un tono reverente.

Se lanzó de rodillas frente a él y, con ambas manos temblorosas, lo abrió.

En su interior, un pequeño tesoro olvidado la esperaba: unas gemas polvorientas, monedas de oro envejecido, y un par de anillos antiguos.

Shizuki elevó la mirada como si agradeciera al mismísimo abismo.

—¡Oh grandes demonios del bajo mundo, gracias bendecirme una y otra vez con estos tesoros olvidados!

—proclamó, mientras sus ojos brillaban como si hubiera encontrado un altar sagrado.

Sacó su mochila y empezó a guardar las gemas y monedas con una rapidez impresionante, murmurando hechizos inventados para “bendecir” su fortuna.

—¡Este día quedará escrito en las crónicas del abismo!

—dijo dramáticamente.

Mientras tanto, en la tercera sala, Kiro exploraba un antiguo dormitorio.

Había pocos muebles: una cama destruida, una mesita medio rota… y al fondo, algo brillante llamó su atención.

Se acercó con precaución.

Pero cuando su linterna iluminó mejor, un escalofrío le recorrió la espalda.

Frente a él, una armadura vacía estaba alineada con cuidado, casi como un tributo: primero el casco, luego la pechera, los pantalones metálicos y finalmente las botas.

A su lado, una espada de hierro clavada en el suelo.

Todo estaba extrañamente intacto, a diferencia del resto de las ruinas.

Kiro sintió como si una presencia invisible lo observara.

Respiró hondo y se agachó para examinar más de cerca.

Al levantar el casco, pequeñas hebras de energía oscura se agitaron como vapor escapando de una herida.

—¿Qué… es esto?

—murmuró en voz baja.

Algo en su instinto le gritaba que no tocara más.

—¿Será esto de uno de los aventureros desaparecidos…?

—se preguntó, dejando cuidadosamente el casco de nuevo en su lugar.

No quería arriesgarse a activar otra trampa.

Decidido, se puso de pie y caminó de regreso al pasillo para comentar su descubrimiento.

Pero al salir… No vio a Xia en ninguna parte.

—¿Xia?

—llamó, su voz resonando en el corredor vacío.

Solo el eco le respondió.

Una sensación de incomodidad se instaló en su pecho.

En ese momento, Noell apareció detrás suyo, secándose las manos polvorientas.

—No encontré nada útil —comentó con un suspiro—.

Solo pergaminos viejos y polvo…

demasiado polvo.

Kiro frunció el ceño, inquieto.

—¿Viste a Xia?

Noell negó con la cabeza.

—No.

Pensé que estaría… ¿no estaba esperándonos aquí?

Kiro apretó los dientes.

—No está.

Y no creo que se haya ido por gusto.

Miró alrededor.

El pasillo estaba silencioso.

La linterna apenas lograba perforar la oscuridad más allá de unos metros.

—Vamos —dijo Kiro con determinación—.

¡Veamos en la sala donde estaba Shizuki!

Noell asintió rápidamente y ambos se dirigieron hacia la puerta donde Shizuki aún continuaba.

Cuando Kiro y Noell entraron en la sala de Shizuki, lo primero que vieron fue a la chica arrodillada frente al cofre, metiendo gemas y monedas de oro en su mochila con una sonrisa de pura felicidad.

—¡Es el día más glorioso de mi existencia terrenal!

—exclamaba Shizuki mientras sujetaba una moneda brillante entre sus dedos, como si fuera un trofeo de guerra.

Noell parpadeó, desconcertado.

—¿Qué… pasó aquí?

Kiro se acercó a paso rápido, la linterna temblando en su mano, y cuando vio el interior del cofre sus ojos brillaron como si hubiera visto el mismísimo paraíso.

—¡Esto es increíble!

¡El primer tesoro real que encontramos!

—dijo emocionado.

No lo pensó demasiado y extendió la mano para tomar una moneda de oro reluciente, pero Shizuki, con un movimiento veloz, lanzó una pequeña descarga de energía helada hacia su mano.

—¡Auch!

—se quejó Kiro, sacudiendo los dedos congelados.

—¡Regla número uno de los tesoros del abismo!

—declaró Shizuki, abrazando la mochila cargada—: ¡El que lo encuentra se lo queda!

Con una risa triunfal, terminó de vaciar el cofre, asegurándose de no dejar ni una pepita de oro.

Luego se levantó y los miró con una expresión de suprema satisfacción.

—¿Y qué hacen ustedes dos aquí?

¿Venían a saquear mi legítima herencia demoníaca?

Kiro, con una expresión infantil de tristeza, seguía mirando dentro del cofre vacío, sacando puñados de polvo con desilusión.

—No vinimos a eso… —murmuró Noell, tosiendo un poco por el polvo—.

No encontramos a Xia.

Pensamos que quizá estaba contigo.

Shizuki parpadeó, confundida.

—¿Xia?

No, no he sentido nada.

Nadie más vino aquí.

Noell se llevó una mano a la boca en su típico gesto de concentración.

—Esto no me gusta… —murmuró.

Después de unos segundos de pensar, sugirió: —Lo mejor será que regresemos al centro del templo.

Desde ahí tendremos mejor visión y quizá podamos encontrar alguna pista.

Los tres se pusieron en marcha de inmediato.

El centro del templo seguía imponente.

La enorme estatua del caballero de armadura se alzaba bajo el rayo de luz que caía desde el techo.

Su espada descansaba contra el suelo, como un guardián eterno en una tierra olvidada.

Kiro cerró los ojos un instante, intentando percibir alguna señal energética.

No sintió nada que se pareciera a Xia.

Solo el eco lejano de la corrupción latente en el aire.

—Nada… —dijo frustrado.

De pronto, algo brilló débilmente en el borde de su visión, hacia uno de los pasillos más oscuros.

—¿Qué es eso…?

—murmuró.

Se acercó, iluminando el suelo con su linterna, y allí, tirado entre las piedras, estaba un brazalete metálico.

No era un brazalete común: tenía grabados de fuego en espiral y un leve resplandor rojo en su interior.

Noell y Shizuki se aproximaron rápidamente.

—¿Qué encontraste?

—preguntó Noell.

Kiro recogió el objeto con cuidado, y al observarlo de cerca, su corazón dio un vuelco.

—Es… el brazalete de Xia.

Se hizo un pesado silencio.

Los tres levantaron la vista al unísono, observando el pasillo sumido en una oscuridad absoluta que se extendía frente a ellos como la boca de una bestia.

Un leve viento helado soplaba desde allí… un viento que olía a polvo, piedra vieja y algo más… algo antinatural.

Noell tragó saliva, temblando.

—N-no me digan que piensan… ¿entrar allí?

Shizuki intentó iluminar el camino extendiendo su linterna, e incluso intentó aumentar la luz con su energía.

Pero era inútil.

La oscuridad devoraba la luz como si estuviera viva.

—Qué oscuridad… —susurró, temblando a pesar de su habitual valentía teatral.

Kiro cerró el puño alrededor del brazalete.

Guardó el objeto en su chaqueta y dio un paso firme hacia adelante, tragándose su propio miedo.

—No podemos dejarla… —dijo con voz decidida—.

Si hay una posibilidad de que esté allí… debemos ir.

Shizuki acomodó su mochila de tesoros al hombro, suspiró profundamente, y se puso al lado de Kiro.

—El abismo llama.

No podemos ignorarlo.

Kiro sonrió débilmente ante su forma de motivarse.

Entonces, Shizuki se volvió hacia Noell, quien seguía mirando el pasillo con ojos de terror.

—Mapa-boy, ¡es hora de hacer tu trabajo!

Noell, con manos temblorosas, sacó el mapa de su mochila.

—S-según esto… —dijo, señalando con el dedo—… este pasillo lleva a las catacumbas inferiores del templo.

Lo que se ha explorado muestra que está lleno de trampas y enemigos, aunque con zonas de un único acceso… podría ser un lugar seguro para esconderse… o para quedar atrapado para siempre.

Kiro apretó los dientes.

—Entonces no hay duda.

Tenemos que seguir.

Shizuki levantó su linterna, el corazón palpitándole con fuerza.

Noell asintió, aunque su cuerpo entero decía lo contrario.

Y así, los tres jóvenes, con más valor que certeza, se adentraron juntos en la oscuridad, hacia lo más profundo de las ruinas olvidadas, pero la oscuridad era densa y opresiva.

Las linternas apenas iluminaban unos pocos metros delante de ellos, como si la oscuridad misma estuviera viva, engullendo la luz poco a poco.

Kiro iba primero, avanzando a paso lento, tensando cada músculo, atento a cualquier sonido.

Detrás de él, Shizuki caminaba más lento aún, sus pasos temblorosos resonaban contra las paredes.

Y por último, Noell seguía tan pegado a Shizuki que parecía su sombra personal, mirando a todas partes con ojos muy abiertos.

La atmósfera era espesa, como si el aire fuera más pesado en esa zona.

Cada paso que daban parecía más difícil.

Kiro se detuvo y giró la cabeza hacia ellos.

—Oigan… —susurró—.

¿Qué están haciendo?

¿Por qué me siguen así como fantasmas?

Shizuki, nerviosa, jugueteando con su anillo, respondió en voz baja: —¡Es mejor estar apegados!

¡El abismo no perdona a los solitarios!

Noell añadió, mirando hacia atrás cada dos segundos: —¡Si seguimos así nos perderemos!

¡O peor… seremos devorados por la oscuridad viva!

Kiro tragó saliva.

El miedo comenzaba a metérsele en los huesos.

Estaba a punto de sugerir que regresaran, cuando algo apareció adelante.

Un par de luces rojas titilaban en medio de la oscuridad.

Kiro, con manos temblorosas, potenció la linterna usando su energía, intentando iluminar más allá.

El haz de luz se estiró… y entonces lo vio.

Una cabeza blanca, apenas visible entre las sombras, se giró hacia ellos.

Era un cráneo.

Un cráneo humano, con ojos rojos brillantes que destilaban una sed de sangre imposible.

El grupo entero, incluido Kiro, gritó del miedo.

—¡¡¡AAAAH!!!

—fue un grito sincronizado digno de una tragedia.

El esqueleto se movió.

Giró completamente su cuerpo y corrió hacia ellos a una velocidad inhumana.

—¡¡Corre, corre, corre!!

—gritó Kiro, dándose la vuelta y emprendiendo la huida.

Shizuki y Noell ni siquiera dudaron.

Los tres corrieron de regreso hacia la luz del centro del templo como si sus vidas dependieran de ello.

Al llegar, Noell, sin perder tiempo, sacó de su mochila un dispositivo de energía y lo activó en el suelo.

Se desplegó un escudo de energía azulada que bloqueó el pasillo oscuro, formando una barrera protectora.

Kiro y Shizuki jadeaban, recuperando el aliento.

Kiro, aún temblando, preguntó: —¿Q-qué era eso…?

¿Era alguien?

¿O algo…?

Shizuki, abrazando su mochila como si fuera su salvavidas, negó frenéticamente.

—¡Imposible… completamente imposible!

Kiro y Noell intercambiaron una mirada preocupada y luego miraron a Shizuki, que tenía el rostro completamente pálido.

Su expresión era de un terror absoluto que no encajaba con su usual actitud teatral.

Kiro se acercó.

—¿Sabes qué era eso…?

—le preguntó en voz baja.

Shizuki levantó la mirada, sus ojos temblando.

—Es… un esqueleto.

—susurró como si decirlo en voz alta fuera peligroso—.

¡Pero se movía!

¡¡Eso es imposible!!

¡Ni en las novelas de fantasía más absurdas los esqueletos se levantan y atacan de verdad!

¡Ni siquiera los demonios de mis historias tienen esqueletos que caminen!

Un frío corrió por la espalda de Kiro y Noell al escuchar esas palabras.

De pronto, un fuerte crujido resonó.

Los tres giraron de golpe hacia la barrera.

Y quedaron helados.

Decenas de esqueletos estaban del otro lado, presionándose contra el escudo de energía.

Sus manos esqueléticas golpeaban y arañaban la barrera, sus cráneos chocaban entre sí.

Algunos blandían espadas oxidadas, otros hachas quebradas.

La presión era tanta que el escudo comenzaba a agrietarse, líneas de fractura expandiéndose lentamente.

Noell retrocedió, dejando caer su mochila y sacando varias bombas improvisadas de su interior.

Kiro apretó los puños, su corazón latiendo con fuerza.

Shizuki cerró su mochila de tesoros con un chasquido, la colgó a su espalda, tras eso, activó un pequeño círculo de energía bajo sus pies, preparándose.

Todos sabían que la barrera no duraría mucho más.

Kiro tragó saliva y miró a sus dos compañeros.

—¿Alguna idea de cómo derrotar a esos… esqueletos andantes?

Noell sudaba frío.

—¡No están en ningún manual!

¡Esto no es parte del protocolo de exploración!

Shizuki negó con fuerza.

—¡Ni siquiera en las leyendas oscuras del abismo hay registros de esto!

¡Esto va contra TODAS las reglas naturales!

Kiro exhaló profundamente.

—Genial… —se dijo—.

Tuvimos que venir a encontrarnos con el único ejército de esqueletos, imposible.

Se pusieron en posición de batalla.

La barrera se fracturó aún más.

Los esqueletos chirriaban sus mandíbulas, impacientes, como si pudieran oler la vida del otro lado.

—Cuando caiga la barrera… —dijo Kiro, decidido—.

¡Peleamos con todo lo que tengamos!

Noell asintió, levantando una bomba en cada mano.

Shizuki creó un báculo improvisado de hielo oscuro y lo giró con maestría.

Y en ese momento, el primer gran fragmento de la barrera se quebró… El combate estaba a punto de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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