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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 79

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  4. Capítulo 79 - 79 Capítulo 79 Descenso
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79: Capítulo 79: Descenso 79: Capítulo 79: Descenso El escudo de energía se quebró en mil fragmentos, y sin que pudieran reaccionar, una ola de esqueletos salió disparada desde el pasillo oscuro como una marea blanca de huesos y acero oxidado.

—¡Vienen!

—gritó Kiro con el alma en la garganta.

Sin pensarlo dos veces, Shizuki se adelantó con decisión y agitó su báculo de hielo.

Una onda de escarcha se expandió desde sus pies, cubriendo el suelo frente a ella.

El frío fue tan intenso que los esqueletos comenzaron a resbalar cubriendose de escarcha, cayendo unos encima de otros.

—¡¡Patinen al abismo, cadáveres andantes!!

—exclamó Shizuki con su ya clásica teatralidad.

Noell, que ya tenía preparadas varias bombas, aprovechó el caos y lanzó una de ellas con fuerza entre los enemigos.

Un estallido resonó con eco por todo el templo.

—¡Boom!

—gritó al verla explotar.

Huesos, cráneos y costillas salieron volando por los aires, cayendo en pedazos por todo el centro del templo.

Pero eso no fue suficiente.

Más y más esqueletos salían del pasillo, como si el templo mismo los estuviera vomitando.

El gran salón, que antes era tan amplio y majestuoso, se llenaba de enemigos hasta el techo.

Kiro, en el lado opuesto, comenzó a disparar esferas de energía desde sus manos, concentrando su luz como podía.

—¡Tomen esto!

¡Y esto!

¡Y esto!

Las esferas golpeaban a los esqueletos, pero apenas los hacían retroceder o tropezar.

—¡No funciona!

—gritó— ¡No se destruyen con energía!

Noell, agitado, sacó más bombas de su mochila y lanzó dos a Kiro y una a Shizuki.

—¡Úsenlas!

¡Lo físico parece afectarles más que la energía normal!

Kiro atrapó la bomba torpemente.

—¡¿Cómo se usa esto?!

¿Hay botón?

¿Cuerda?

—¡Solo lánzala con fuerza y explotara!

—respondió Noell.

Kiro asintió, corrió unos pasos al frente, y lanzó la bomba entre un grupo de esqueletos que estaban trepando una columna.

—¡¡Qué emocionante!!

—gritó con una sonrisa de adrenalina.

La explosión barrió a cinco de ellos, reduciéndolos a cenizas y polvo.

Mientras tanto, Shizuki usó la bomba que recibió para reforzar su ataque.

Clavó su báculo en el suelo con fuerza y lo movió en un leve gesto hacia adelante.

El hielo respondió de inmediato: una ola blanca cubrió el suelo a gran velocidad, formó una muralla de hielo y de ella brotaron afilados pinchos congelados que atraparon a muchos esqueletos en su avance.

—¡Regresad al infierno de donde salisteis!

—gritó.

Varios esqueletos se retorcían atrapados en los pinchos, sus huesos congelándose al contacto.

Pero incluso con todo eso, la situación no mejoraba.

Kiro jadeaba, exhausto.

Miró a su alrededor: enemigos por todas partes, sus compañeros ya casi sin energías.

Y entonces gritó, desesperado: —¡¿Dónde demonios está Xia?!

¡Este es el momento perfecto para que haga su aparición!

Noell se giró para responder, pero entonces Kiro vio una figura esquelética alzando una espada detrás de él.

—¡¡NOELL!!

—gritó, y corrió a toda velocidad.

Con un potente puñetazo directo, impactó en la mandíbula del esqueleto antes de que atacara a su amigo.

El golpe fue seco, y el cráneo voló hacia atrás con un crujido.

El esqueleto cayó de rodillas, los ojos rojos se apagaron lentamente hasta convertirse en dos cuencas vacías.

Kiro retrocedió, respirando agitado… y entonces notó algo raro en su mano.

Una aura azul suave y cálida cubría su puño.

—¿Esto es…?

—miró con asombro—.

¿Mi espíritu?

Noell, aún impactado, murmuró: —¿Qué hiciste?

¿Acaso sabes usar… la energía de tu espíritu?

Kiro asintió lentamente.

—Más o menos… aunque esta vez solo reaccioné.

Pero creo que esto sí los afecta de verdad.

Se giró hacia Shizuki.

—¡Oye, Shizuki!

¡Prueba a usar tu espíritu!

¡Usa esa energía!

Shizuki, jadeando, mantenía a los esqueletos a raya con su muro de hielo.

—¡¿Usar mi espíritu?!

¡Eso requiere concentración!…

¡¿Será momento de que la elegida de los demonios haga su acto final!?!

Kiro sonrió, aún con el puño brillando.

—¡Exacto, hazlo como tú sabes hacerlo!

Shizuki suspiró profundamente, cerró los ojos, y deshizo su báculo, convirtiéndolo en energía que rodeó su cuerpo.

Elevó dos dedos frente a su rostro, adoptando una postura solemne.

—Demonios del abismo… dádme el pacto más antiguo… —susurró con intensidad.

Frente a ella, un círculo de energía comenzó a formarse, brillante, tembloroso y cubierto de símbolos.

Se extendió hasta envolver a varios esqueletos al mismo tiempo creciendo a gran velocidad.

—¡Mantengámos alejados a los esqueletos!

—gritó, mientras Kiro y Noell daban todo lo que tenían para impedir que más enemigos cruzaran el campo.

Noell activó una bomba de mayor tamaño, la lanzó derribando a los esqueletos y el muro de hielo de Shizuki.

Kiro golpeaba con su poder espiritual, derribando a todo esqueleto que se acercara aunque esto le presentaba un gran esfuerzo.

Y entonces, Shizuki, con una sonrisa de pura locura teatral, levantó el brazo al cielo.

—¡Aquí está mi técnica definitiva!

¡¡Pacto Vital: Robo de Almas!!

El círculo de energía brilló intensamente, y una llama azul combinada con cristales de hielo se encendió en su palma.

—¡Que sus espíritus errantes me sirvan de alimento!

Con un gesto final, Shizuki bajó la mano al centro del círculo.

Una explosión azulada de energía espiritual y hielo sacudió el templo.

El aire se llenó de cristales flotantes que giraban en silencio.

Cuando el polvo se asentó… todos los esqueletos dentro del círculo estaban inertes, reducidos a un montón de huesos sin luz en los ojos.

Kiro se quedó con la boca abierta.

Noell dio un paso atrás.

—Eso fue… ¡increíble!

Shizuki se giró hacia ellos, aún con el aura azul chispeando alrededor.

—Esto solo fue una pequeña muestra del poder del abismo —dijo, con una reverencia dramática.

Los tres rieron, más por nervios que por felicidad.

Pero entonces el suelo tembló ligeramente.

Desde el pasillo oscuro, aún más esqueletos aparecían.

Y esta vez, uno más grande que los demás caminaba al frente.

Tenía dos cráneos fundidos en uno, una espada oxidada del tamaño de un tronco, y su armadura estaba parcialmente fusionada con su cuerpo.

Kiro tragó saliva.

—¿Ahora qué es eso…?

Shizuki, bajando un poco el tono, murmuró: —Eso… eso es un demonio sin duda.

Noell se colocó entre ellos.

—Entonces preparémonos.

Debemos aprovechar que estamos frente a la salida y huir de este lugar cuanto antes.

Dos esqueletos colosales emergieron del pasillo con paso firme, arrastrando sus espadas oxidadas, acompañados por una nueva oleada de huesudos guerreros.

Sus cráneos hundidos brillaban con un rojo sangre.

Kiro, sin pensarlo dos veces, se adelantó.

Sus puños se mantenían con la energía azul de su espíritu.

Con una sonrisa decidida, lanzó un potente puñetazo directo al rostro del esqueleto más cercano.

—¡¡Yo lo haré!!

El golpe fue brutal y retumbó con fuerza.

El cráneo del esqueleto crujió y su cuerpo tembló por el impacto.

Kiro sonrió con triunfo… por un segundo.

El esqueleto no cayó.

Un ruido metálico de fricción avisó demasiado tarde: la enorme espada del esqueleto descendió con furia, impactando de lleno en el costado de Kiro.

—¡AGH!

Kiro salió volando, estrellándose contra una columna cercana y cayendo pesadamente al suelo.

Una nube de polvo se alzó por el golpe.

—¡¡¡Kiro!!!

—gritó Shizuki, corriendo hacia él con desesperación.

Extendió su mano hacia Kiro, su rostro lleno de horror.

—¡¿Estás bien?!

¡¡RESPONDE!!

Por suerte, Kiro ya se estaba incorporando, con una mano en el costado y una expresión de dolor en el rostro.

—Estoy… estoy bien… aun no me rindo —gruñó con media sonrisa.

Noell, con una bomba en mano, murmuró: —¡Esto ya está fuera de control!

¡¡Hay que huir ahora o moriremos!!

Los tres asintieron, y sin más opción, corrieron hacia el pasillo que conducía hacia la entrada del templo, esquivando huesos, estatuas quebradas y estallidos de energía helada.

—Vamos no debe faltar tanto —Dijo Noell mientras corría a toda prisa por el amplio pasillo de la entrada.

Pero de pronto… Kiro y él se detuvieron en seco.

Sus pies… ya no se movían.

—¿Eh…?

—Kiro bajó la vista.

Sus pies estaban hundidos hasta los tobillos en lo que parecía el suelo de piedra… pero estas losas comenzaron a moverse como lodo espeso, y empezó a tragarlos con rapidez.

—¡¡NOELL, AGUANTA!!

—gritó Kiro, intentando estirar el brazo.

—¡¡YA ESTOY HUNDIDO!!

—respondió Noell con desesperación—.

¡¡NO-NO-NO-NO ESTÁ PASANDO ESTO!!

Shizuki frenó en seco, girando justo a tiempo para ver cómo ambos eran absorbidos por el suelo como si la tierra misma los hubiera reclamado.

—¡¡CHICOOS!!

—gritó con horror, corriendo hacia ellos.

Pero fue inútil.

El lodo mágico los tragó por completo.

Y entonces, el suelo volvió a endurecerse, como si nada hubiese ocurrido.

Shizuki quedó impactada, pero no tenía tiempo que perder, detrás de ella aún continuaba el ejército de esqueletos, comenzando a rodearla.

—Que debo hacer ahora… Kiro abrió los ojos… en medio de la nada.

Estaba cayendo hacia el abismo.

O eso pensaba… hasta que su cuerpo fue lanzado con violencia hacia arriba por donde había llegado, y se estrelló contra lo que parecía un techo de piedra.

—¡¡AAH, MI CABEZA!!

—se quejó, sujetándose la nuca—.

¡¿QUÉ DEMONIOS FUE ESO?!

Al parpadear varias veces y mirar a su alrededor, lo primero que notó fue el cielo.

Pero no era cualquier cielo: estaba repleto de estrellas brillantes, aún más que en una noche despejada, pero no estaba oscuro.

—Espera… ¿Estoy afuera?

¿Es de noche o de día?

—murmuró, confuso.

Pero algo no cuadraba.

El aire no olía a bosque ni a ruinas.

Y más extraño aún… la luz del sol se filtraba a la vez por otro lado, como si el cielo nocturno y el día coexistieran en un mismo lugar.

Se levantó, algo aturdido, limpiándose el polvo de la chaqueta.

Miró hacia el suelo por el que había “entrado”… pero no había agujero.

Solo piedra sólida, como si hubiese atravesado una puerta invisible.

El suelo donde estaba era de piedra blanca con marcas doradas, y a su alrededor crecían rosales marchitos y árboles sin hojas, en lo que parecía ser un jardín elegante… aunque abandonado.

—¿Dónde rayos estoy…?

Avanzó unos pasos y se detuvo.

Frente a él se alzaban las murallas de un palacio imponente, de arquitectura antigua, con torres góticas cubiertas de musgo, puertas talladas a mano… y ventanas con vitrales rotos.

Pero no era cualquier palacio.

El lugar… estaba boca abajo.

Los árboles colgaban del cielo y el césped se extendía hacia arriba.

Era como si la gravedad estuviera invertida, pero Kiro seguía de pie como si fuera lo normal.

—¿Esto… sigue siendo parte de las ruinas?

—susurró, aún más confundido.

Sacudió su cabeza.

—¿Y Noell?

¿Y Shizuki…?

¿Estarán bien?

Su voz se perdió en el viento.

Por un momento pensó en gritar, pero la atmósfera era tan silenciosa y reverente que sentía que alzar la voz sería una falta de respeto.

—Bueno, Kiro… —se dijo a sí mismo—.

Ya te has enfrentado a un ejército de esqueletos, has sido tragado por un suelo maldito… ¿Qué tan malo podría ser esto?

En ese momento… un susurro lejano recorrió el aire.

Un sonido… como una risa.

Pero no una risa normal.

Era áspera, hueca… como si viniera desde el otro lado de un ataúd.

Kiro apretó los puños.

—…Vaya.

Respiró hondo, dio un paso adelante y comenzó a avanzar hacia las puertas del palacio invertido, sin saber que acababa de cruzar a la capa desconocida de la mazmorra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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