Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 80
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- Capítulo 80 - 80 Capítulo 80 El Palacio Sobre el Vacío
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80: Capítulo 80: El Palacio Sobre el Vacío 80: Capítulo 80: El Palacio Sobre el Vacío Kiro continuó avanzando por aquel lugar extraño, donde el cielo y la tierra parecían pelear por decidir cuál era cuál.
Aunque la gravedad lo mantenía caminando con normalidad, todo lo demás parecía sacado de una pintura surrealista.
—Definitivamente… esto ya no es parte del templo —murmuró para sí, mirando a su alrededor con ojos curiosos.
Las estructuras que lo rodeaban —torres curvas, columnas plateadas, escaleras que no llevaban a ninguna parte— eran viejas, sí, pero de alguna forma se mantenían limpias y ordenadas, mucho más cuidadas que las ruinas desmoronadas de donde había venido.
El silencio absoluto lo acompañaba, pero no era un silencio cómodo.
Era uno que parecía observarlo, como si el lugar entero estuviese vivo, dormido… y a punto de despertar.
Se acercó con cuidado al borde de una de las plataformas flotantes donde se encontraba.
El suelo era de piedra blanca, con vetas de cristal incrustadas, y desde allí pudo ver lo que había más allá del abismo.
—No hay… fin —susurró, con la garganta seca.
El “suelo” más allá de los bordes brillaba como un cielo estrellado, pero infinito, como si caminara sobre el reflejo de un universo invertido.
Si se caía… no lo contarían.
Alzó la vista.
A lo lejos, sobresaliendo de la niebla mágica y las luces flotantes, se alzaban varias atalayas, pequeñas cúpulas doradas y otras estructuras desconocidas que parecían flotar alrededor del gran palacio invertido.
—Esto es… una locura.
¿Estoy soñando?
Apretó su brazo.
—Nope.
Duele.
No es un sueño.
El sendero que tenía frente a él era hermoso, aunque marchito.
Macetas decoradas con relieves de dragones y lunas crecientes flanqueaban el camino, y en ellas crecían arbustos marchitos, rosas secas y flores grises como la ceniza.
Aun así, el diseño sugería que alguna vez fue un jardín magnífico.
—¿Esto era… un lugar sagrado?
¿O tal vez un palacio de la antigüedad?
Finalmente, llegó hasta el borde mismo del palacio invertido.
Frente a él, la edificación se alzaba de cabeza, como si el techo fuese la entrada… pero no había forma aparente de acceder.
—¿Y ahora qué?
¿Se supone que salte?
Porque no pienso hacerlo —bromeó, dando un paso al frente para mirar mejor.
Pero al colocar los pies sobre una plataforma extraña, esta se activó con un sonido metálico y antiguo, como si cientos de engranajes hubiesen despertado al mismo tiempo.
—¡Eh, eh!
¡No hice nada!
—exclamó Kiro, dando un paso atrás, levantando las manos.
Un rugido de piedra y eco sacudió el lugar.
El sonido era grave, profundo… casi ritual.
Resonaba por todo el cielo invertido.
Luego, una serie de sonidos similares a trompetas monstruosas, o tal vez voces gigantescas, comenzaron a acompañarlo.
El suelo tembló.
El palacio comenzó a girar.
—¿Q-qué… qué está pasando?
Frente a sus ojos, el enorme castillo de piedra flotante comenzó a dar vueltas, poco a poco invirtiéndose por completo, hasta que la gran fachada quedó alineada con él.
Dos torres laterales se asentaron en el aire con suavidad, como si siempre hubieran estado así.
Kiro estaba boquiabierto.
—¿Acabo de cambiar el castillo…?
¡Increíble!
Entonces, frente a él, apareció un puente de energía translúcida, conectando la plataforma donde estaba con la entrada recién revelada del palacio.
El puente flotaba sobre la nada, hecho de luz azulada con patrones en espiral que fluían como ríos dentro del cristal.
—¿Debo confiar en esto…?
¿que se supone que sea?
Estiró la mano y tocó el puente con cautela.
La superficie brilló bajo su palma, y aunque parecía energía pura, se sentía sólido y cálido.
—Bueno… si esto no me mata… probablemente me lleve directo a la boca del enemigo.
Dio un paso.
Luego otro.
El sonido de sus pisadas era sutil, como si caminara sobre vidrio templado.
A medida que avanzaba, podía ver el abismo a través del suelo, lo cual no ayudaba en absoluto a sus nervios.
—No mires abajo… no mires abajo… Finalmente, cruzó el puente, y la gran entrada del palacio se alzó ante él.
Las puertas, talladas con símbolos en lenguas antiguas, estaban abiertas de par en par, como si lo invitaran a entrar.
Y sin detenerse más, Kiro lo hizo.
El interior del palacio era igual de imponente.
Pasillos altos, cubiertos por arcos góticos.
Candelabros suspendidos en el aire flotaban como si el tiempo se hubiese congelado.
El suelo era de mármol negro, con líneas doradas que recorrían los pasillos como rutas antiguas.
—Esto está… intacto.
No hay polvo, no hay telarañas… ni siquiera hay olor a cerrado.
¿Cómo es posible?
A su paso, vio retratos enormes colgados en las paredes, aunque los rostros estaban borrados, rasgados o quemados.
Solo uno parecía intacto, pero al mirar su rostro, un escalofrío le recorrió la espalda.
Los ojos del retrato parecían seguirlo.
Decidió ignorarlo… por ahora.
Entonces, algo lo hizo detenerse de golpe.
Una habitación lateral se abrió a su derecha, y al entrar, sus ojos brillaron como los de un niño en navidad.
—¡¡ES EN SERIO!!
La habitación estaba repleta de tesoros.
Montañas de monedas doradas, cofres abiertos con joyas que brillaban con cada color imaginable, espadas decoradas, coronas, collares de perlas… incluso ropas elegantes colgaban de percheros dorados.
—¡JA!
¡Primero que Shizuki!
¡Esta me la guardo!
Corrió hacia una estantería y levantó una espada corta con rubíes incrustados.
—Dime que hablas… dime que tienes un poder secreto… ¡haz algo!
La espada no respondió.
—Bueh, igual estás genial —dijo, dejándola con cuidado en la estantería.
Tomó una capa carmesí de una silla antigua y se la probó.
—¿Demasiado exagerado?
Se miró en un espejo, y su reflejo parpadeó diferente por un segundo, como si algo más lo estuviera mirando desde el otro lado.
Kiro dio un paso atrás.
—…Ok.
Sin capa.
Gracias.
Dejó la capa con rapidez y se centró en explorar con más cuidado.
A pesar del brillo de los tesoros, algo no cuadraba.
No había rastros de polvo, ni huellas, ni señales de que alguien hubiera entrado aquí desde hacía siglos… o días.
Kiro se detuvo.
—Esto… es demasiado perfecto.
Quizá es que llegue al paraíso, eso debe ser, ¡Este lugar es el paraíso!
Su corazón comenzó a latir más fuerte de la emoción.
En medio de todo ese oro y esplendor… había un símbolo grabado en una de las paredes.
Una marca circular con garras abiertas… como si fuera un sello.
Debajo, escrito en un idioma antiguo y moderno, una palabra brillaba con una tenue luz púrpura: Muerte.
Esa palabra resonó en su mente como un eco.
Kiro frunció el ceño.
—¿Muerte…?
Kiro avanzó por la habitación con paso firme, aunque una parte de él no podía dejar de estar en alerta.
El eco de sus propias pisadas lo mantenía concentrado, y en cuanto escuchó unos pasos provenientes del pasillo, su cuerpo se tensó por completo.
Aunque no sentía presencia o energía alguna, eso no significaba que estuviera solo.
—Es hora de actuar primero —susurró mientras tomaba aire profundamente.
Imbuyó su cuerpo con una capa ligera de energía luminosa y, sin pensarlo más, cargó con toda su fuerza contra la puerta frente a él.
El estruendo fue inmediato: la madera vieja se partió en dos, y con ello, un esqueleto que estaba justo detrás fue lanzado contra la pared, golpeando su cráneo con fuerza.
—¡Lo siento, lo siento!
—exclamó Kiro algo nervioso, sin dejar de ponerse en posición defensiva.
Pero su expresión cambió en un parpadeo.
Al levantar la vista, lo que había detrás de ese esqueleto eran veinte más, todos alineados como si fueran un ejército.
Llevaban armaduras oxidadas, espadas de distintas formas y escudos roídos, y todos lo miraban con ojos rojos incandescentes.
—No, no, no… esto ya es demasiado !¿Por qué son tantos?!
—balbuceó.
El esqueleto al que había derribado se levantó, con una grieta visible en el cráneo, pero sin perder su compostura.
Tomó su espada y se lanzó de nuevo contra él.
Kiro reaccionó por instinto, desvió su brazo y contraatacó con su puño envuelto en energía espiritual.
El golpe fue potente, pero no suficiente.
El esqueleto se tambaleó, pero volvió a cargar.
—¡Estos no son como los de antes…!
Los demás esqueletos comenzaron a moverse en bloque.
Kiro no iba a esperar.
Sacó rápidamente una moneda de oro de su bolsillo —una que había robado del tesoro reciente—, la miró con pena y dijo: —Perdóname, brillante tesoro… tu sacrificio no será en vano.
La lanzó por encima del grupo de esqueletos, y en ese instante el tiempo pareció ir más lento.
Juntó dos dedos, respiró profundo y se concentró.
—Vamos… como te enseñó Hika… —se dijo, enfocando su espíritu en un solo punto: La moneda.
En un destello de luz, cambió de lugar con la moneda, teletransportándose a donde esta había caído.
Cayó rodando sobre el suelo de piedra, pero no perdió tiempo: comenzó a correr con todas sus fuerzas.
Los esqueletos reaccionaron en masa, girando en bloque para perseguirlo.
Kiro se abrió paso por pasillos angostos, escaleras en espiral, subidas y bajadas, sin mirar atrás.
Su corazón retumbaba tan fuerte como sus pasos.
—¡Esto parece un maldito laberinto!
Finalmente, llegó a una gran puerta tallada con símbolos brillantes.
La cruzó y llegó al otro lado del palacio… pero estaba atrapado.
Frente a él solo había una plataforma flotante, y la siguiente sección del palacio estaba más arriba.
—No hay puente… no hay escaleras… —tragó saliva—.
Perfecto.
El sonido de huesos resonando tras él le hizo tomar una decisión rápida.
Imbuyó sus piernas con toda la energía que tenía, dejó que el flujo subiera hasta los músculos, tensó los brazos y tomó impulso.
—¡Vamos, Kiro, tú puedes lograrlo!
Corrió con fuerza y saltó.
Por un instante, parecía que volaba.
El viento lo golpeaba, sus piernas se agitaban en el aire y estaba por alcanzar el borde de la plataforma.
Pero… no fue suficiente.
No alcanzó el borde.
—Esto es malo.
Muy, muy malo —dijo mientras comenzaba a caer en picado.
El vacío lo absorbía, cayendo cada vez más profundo, el cielo estrellado invertido girando a su alrededor.
Sentía que el tiempo se alargaba, que la gravedad era más densa.
La caída no parecía tener fin.
Pero de pronto, debajo de él, apareció algo.
Una gigantesca… ¿almohada?
—¿Qué rayos es eso…?
Impactó contra la suave y mullida superficie y rebotó un poco antes de detenerse por completo.
—A-Auch… mi trasero… —dijo mientras se sobaba.
Al abrir los ojos, frente a él estaba Noell, con una sonrisa nerviosa.
—¡Estás vivo!
Te caíste igual que yo.
Kiro lo miró con los ojos abiertos como platos, luego sonrió también.
—¿¡Noell!?
¿Tú también caíste desde el templo?
—Sí, fue horrible.
Me quede aquí con la esperanza de encontrarte.
Por suerte te vi a tiempo y esta cosa te salvó —respondió señalando la enorme almohada.
—No puedo creerlo… ¿estamos… en otro lugar del palacio?
—De las ruinas parece ser.
Pero… esto parece como otra dimensión.
No lo sé, no creo que esté dentro y tampoco tengo idea de cómo fue posible que llegáramos.
Kiro se levantó, aún tambaleante, y miró a su alrededor.
El lugar tenía el mismo cielo invertido estrellado, pero parecía algo cambiado, cerca de ellos había un salón cubierto de vitrales mágicos y columnas flotantes.
—Sea donde sea que estamos… debemos buscar una salida.
Y también a Shizuki… y a Xia.
—Y no olvides a los esqueletos, tenemos que hacer algo contra esas cosas —dijo Noell con un gesto aterrador.
Kiro suspiró y estiró los brazos.
—Genial… Esto es una mazmorra dentro de una mazmorra.
Me va a dar algo como no salgamos de aquí.
Ambos rieron un poco, aunque el miedo no se había ido del todo.
Kiro dio un paso adelante, con más confianza, y dijo: —Vamos, Noell.
Esta vez… lo haremos juntos.
Y con eso, comenzaron a caminar por el nuevo sendero desconocido.
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