Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 81
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- Capítulo 81 - 81 Capítulo 81 El Fuego de la Gobernante
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81: Capítulo 81: El Fuego de la Gobernante 81: Capítulo 81: El Fuego de la Gobernante Kiro y Noell caminaron por el sendero flotante con pasos cuidadosos.
El aire era más frío allí abajo, casi como si todo el lugar respirara un silencio tenso y expectante.
A medida que avanzaban, la niebla mágica que los rodeaba comenzó a disiparse ligeramente, permitiéndoles ver más allá.
Entonces, Kiro se detuvo en seco.
—…¡Noell!
—exclamó con los ojos entrecerrados—.
Mira eso.
A lo lejos, como un espectro desdibujado en el horizonte, el palacio que Kiro había explorado antes flotaba en el aire…
pero estaba otra vez invertido, como si el espacio y la gravedad cambiaran de humor por capricho.
Pero eso no era todo.
Desde donde estaban, podían ver que el palacio no era el centro de ese mundo extraño.
Más allá, al fondo, se alzaba una estructura colosal: una torre central, rodeada de anillos flotantes de piedra, caminos suspendidos, y luces flotantes que giraban lentamente a su alrededor.
Era como si todo ese reino imposible girara en torno a ella.
—Ese debe ser… el centro de este lugar —susurró Kiro, fascinado.
—¿Tú… te caíste desde allá?
—preguntó Noell, señalando la zona cercana al palacio.
—Sí.
Me caí justo por allí —apuntó Kiro—.
Y ahora parece que ese lugar volvió a invertirse.
Debe haber zonas donde la gravedad cambia, según dónde estés parado.
Noell asintió, bajando la mirada.
—También lo sentí.
En algunas plataformas, sentía que los pies querían despegarse del suelo.
Este lugar… no obedece las leyes normales.
—Nada en este lugar lo hace.
Pero sea lo que sea, no nos iremos sin los demás—afirmó Kiro, con los puños cerrados.
Noell suspiró y luego asintió.
—Está bien.
Pero con cuidado… no queremos caer en otra trampa o que venga nuestro amigo huesitos a saludar.
Avanzaron juntos hasta llegar al borde de una plataforma más baja, donde justo debajo se extendía una plazoleta antigua que conectaba con un amplio salón adornado con ventanales gigantescos.
—Parece el acceso principal al salón —murmuró Kiro, examinando la distancia del salto.
Pero lo que vieron allí los hizo retroceder un paso.
—¡Mira!
—dijo Noell, abriendo su mochila y sacando unos binoculares compactos con runas de aumento mágico.
Desde arriba, se distinguían claramente múltiples esqueletos patrullando el área.
Algunos eran más grandes, y portaban capas roídas como si hubiesen sido antiguos capitanes o caballeros caídos.
—Con tantos enemigos… esto será complicado —comentó Kiro, con una sonrisa tensa.
—Si te lanzas como loco, terminarás otra vez en el suelo —advirtió Noell, sin dejar de mirar.
—Vamos, no fue tan terrible.
Ahora sin duda barrere el suelo con ellos —bromeó Kiro, aunque su rostro se notaba un poco más pálido, la falta de energías le comenzaba a afectar.
—Toma un descanso.
Parece que te estás quedando sin energía espiritual —le sugirió Noell—.
Yo investigaré un poco más.
Kiro asintió y se dejó caer de espaldas sobre el suelo de piedra blanca.
—Gracias… solo una pequeña siesta… Cerró los ojos y, por un instante, el mundo se volvió silencio.
Un rato después, Noell lo sacudía con insistencia.
—¡Kiro!
¡Despierta!
—¿Hmm?
¿Qué pasa…?
¿Otra vez esqueletos?
—¡No!
¡Es Xia!
¡La vi!
Eso bastó.
Kiro se levantó de golpe, adormilado, pero alerta.
Noell le entregó los binoculares con rapidez.
—¡Mira por esos ventanales!
¡Justo en el centro del salón!
Kiro los tomó y apuntó hacia el ventanal más grande del salón inferior.
Durante unos segundos no vio nada.
—¿Estás seguro de que…?
—¡Ahí está!
¡A la izquierda, moviéndose!
Kiro enfocó y la vio.
Xia estaba de pie, inmóvil, rodeada por una especie de campo de energía negra que emanaba del suelo como un humo espeso.
Sus ojos estaban cerrados, su cuerpo encorvado ligeramente… como si estuviera dormida o en trance.
—Esa energía… —Kiro recordó el hilo de sombra en las ruinas—.
Es igual a la que toque cuando despertaron esos espectros… —¿Qué haremos…?
—preguntó Noell con el rostro preocupado—.
¿Y si está atrapada?
¿Y si está siendo controlada?
Kiro bajó los binoculares, cerró los ojos y respiró hondo.
—Entonces… tenemos que liberarla.
Chocó sus puños, envolviéndolos en su luz azulada.
—Eso significa que ya sabemos dónde tenemos que ir.
—¡¿Qué haces?!
¡Espera, aún no tenemos un plan!
—intentó detenerlo Noell.
Pero Kiro ya estaba activando su energía y tomando una postura de combate.
—Si tengo uno.
Mi plan es muy simple: golpear a todos esos esqueletos, abrirnos paso, y liberar a Xia.
—¡Ese no es un plan, es una locura!
—Tal vez —respondió Kiro con una sonrisa desafiante—.
Pero las locuras me han traído hasta aquí.
Y no voy a dejar a nadie atrás.
Noell se quedó en silencio por unos segundos.
Finalmente suspiró.
—Está bien.
Pero al menos deja que te cubra con mis bombas.
—Eso sí me gusta —dijo Kiro mientras se estiraba—.
Vamos a romper algunos huesos.
Ambos se prepararon, observando el camino hacia el gran salón, hasta que de pronto: Kiro se impulsó con todas sus fuerzas.
Su salto fue una explosión de energía y determinación.
En pleno aire, una sonrisa confiada se dibujó en su rostro.
Sabía que lo que hacía era temerario, pero no podía evitarlo.
Cargó toda la energía de su espíritu en su puño derecho.
—¡Puño Justiciero descendente!
—gritó.
Como un meteorito, impactó en el centro del ejército de esqueletos con un estruendo.
El suelo tembló, las piedras crujieron y los huesos volaron por los aires.
Una nube de polvo y luz se alzó tras su aterrizaje heroico.
Kiro emergió de entre la explosión como si fuese una estrella naciente.
—¡Vamos, vengan a mí, saco de huesos!
¡No les tengo miedo!
Imbuyó sus puños con la energía azul brillante de su espíritu.
Sus piernas también se iluminaron, otorgándole mayor agilidad al acumular su energía ahí.
Los esqueletos no tardaron en responder.
Blandiendo espadas, lanzas y escudos corroídos, se lanzaron como una oleada contra él.
Kiro avanzaba sin dudar.
Con cada golpe, un esqueleto caía hecho trizas.
Esquivaba por poco los filos oxidados, giraba sobre su propio eje para ganar impulso y golpeaba con fuerza precisa.
Pero entonces, uno de los esqueletos grandes —más alto, más robusto y con una espada negra enorme— descendió de las escaleras del salón, seguido por otros iguales.
—¡Oh no, uno de los grandotes otra vez!
El enorme esqueleto atacó.
Kiro apenas logró esquivar el tajo horizontal, pero no el segundo.
Recibió un fuerte golpe con el canto de la espada en el costado, lo que le sacó el aire y lo hizo escupir saliva.
Rodó por el suelo, jadeando.
—Aaagh… eso sí dolió —gruñó mientras se levantaba.
No se permitió descansar.
Se lanzó nuevamente al ataque, golpeando la espada del esqueleto grande una y otra vez hasta que las grietas aparecieron.
Entonces, retrocedió unos pasos, reunió su energía y gritó: —¡PUÑO JUSTICIERO!
Con un rugido de energía y alma, su puño impactó directo en el pecho del esqueleto, haciéndolo volar hacia la pared.
Pero no se destruyó.
—¿Qué?
¿Sigue entero?
—dijo Kiro incrédulo.
Y justo cuando los demás esqueletos se acercaban para rodearlo, una serie de explosiones lo cubrieron.
Humo, escombros y fragmentos de huesos cayeron alrededor.
Desde lo alto, Noell agitaba el brazo.
—¡Kiro!
¡Aprovecha y corre!
¡No podré contenerlos mucho más con estas bombas!
—¡Gracias, Noell!
—gritó mientras tomaba impulso.
Kiro saltó por una de las ventanas del salón y cayó dentro.
El ambiente era más oscuro, más silencioso, pero no menos peligroso.
Allí, rodeada de esqueletos, estaba Xia.
Flotaba ligeramente, como suspendida, envuelta en energía oscura.
Sus ojos estaban cerrados.
—¡Xia!
—gritó Kiro y corrió hacia ella.
Varios esqueletos bloquearon su camino.
Kiro luchó con todas sus fuerzas, pero empezaba a fallarle el aliento.
Recibió cortes en los brazos, piernas y hombros.
El sudor y la sangre nublaban su visión, pero no se detenía.
Uno tras otro, caían los enemigos.
Cada puñetazo iba cargado de pura voluntad, de ese deseo ardiente que no permitía que se diera por vencido.
—¡No puedo… perder aquí!
¡Vamos!
—gritaba con cada movimiento.
Finalmente, ya a un metro de Xia, los esqueletos se le lanzaron encima.
Eran demasiados.
Lo aplastaban, lo rodeaban, le impedían moverse.
Kiro estaba atrapado, casi sin fuerzas, pero alzó un brazo.
Su voz se alzó entre la presión.
—¡Es ahora… o nunca!
¡Vamos!
¡¡¡AAAHHHH!!!
Desde su pecho emergió una energía descomunal.
Una explosión de luz barrió a los esqueletos que lo cubrían.
Varios chocaron contra las paredes o se desintegraron en el aire.
Kiro cayó de rodillas frente a Xia, jadeando.
Estaba cubierto de heridas, temblaba, pero al menos, había llegado.
—Xia… Despierta, ya vine… —dijo entre respiraciones irregulares acercando su mano cubierta en su energía hacia la oscuridad.
En ese instante, Xia abrió lentamente los ojos.
Un leve resplandor rojo brilló en su iris.
Sonrió apenas.
—Tardaste… idiota —dijo con voz débil pero burlona.
Afuera, Noell miraba angustiado.
Los esqueletos habían rodeado el gran salón y no dejaban de intentar entrar por cada hueco, ventana o ranura.
Ya no le quedaban bombas.
Había usado todo.
—¡Kiro!
¡Xia!
¡Salgan, por favor!
¡No puedo detenerlos más!
—¡Maldición, Kiro!
¡Te dije que debíamos hacer algún plan antes!
—Sujetaba su camiseta con fuerza intentando aferrarse a la esperanza de que Kiro siga vivo.
Y entonces… ocurrió.
Una explosión tan fuerte como un trueno retumbó desde dentro del salón.
El cielo de la dimensión tembló.
Una ola de luz y llamas emergió por las ventanas, expulsando a los esqueletos cercanos como si fueran muñecos.
Muchos quedaron en el suelo con los huesos calcinados.
Noell se cubrió la cara por la intensidad.
El calor, la presión, todo era como si una estrella hubiera nacido dentro del salón.
Cuando la luz se desvaneció, dos figuras emergieron del interior, caminando lentamente.
Kiro, con su chaqueta con ligeras rasgaduras, heridas por todos lados, y su puño brillando con una mezcla de azul y dorado.
A su lado, Xia caminaba con las manos en los bolsillos, una sonrisa desafiando al infierno mismo.
Su aura ardía con fuego dorado y oscuro.
—¿Nos extrañaron?
—dijo Xia.
Kiro rió, aunque le dolía el cuerpo.
—Tú sí que sabes hacer una entrada… Noell los miró como si fueran dioses.
—¡Están vivos!
¡Kiro!
¡Xia!
¡Lo lograron!
Xia alzó la vista hacia el ejército de esqueletos aún restante y, con aire de superioridad, dijo: —Ya es momento de que su superior tome el mando y acabe con esto.
Kiro levantó el puño con emoción.
—¡Vamos a limpiar este lugar!
Los esqueletos rodearon por completo la zona.
Algunos eran delgados, sin armaduras ni armas, otros portaban escudos oxidados, lanzas dentadas y espadas agrietadas.
Entre ellos, destacaban varios gigantes de huesos cubiertos por armaduras incompletas, empuñando enormes espadones corroídos por el tiempo.
Todos compartían algo en común: sus ojos ardían con una luz roja, densa y furiosa, como brasas vivas dentro de cráneos muertos.
—Qué lindo —dijo Xia mientras estiraba los hombros y giraba el cuello con un crujido casi tan seco como los huesos enemigos—.
Una cálida bienvenida para su futura gobernante.
Kiro y Noell la observaron perplejos.
—¿Futura gobernante?
—murmuró Kiro.
—¿De qué…?
—añadió Noell, sin terminar la frase.
Xia dio un paso al frente, y con voz firme y arrogante, proclamó: —¡Observen y aprendan recién llegados!
Este será el último desfile de huesos que vean en pie.
Soy Xia Wave, y este mundo será mío algún día.
Sin más aviso, se lanzó como un proyectil humano.
Su energía la envolvía como una tormenta de fuego, y su primer golpe fue una directa al cráneo de un esqueleto, pulverizándolo sin esfuerzo.
Otro intentó atravesarla con una lanza, pero Xia lo agarró del brazo y, con una sonrisa, lo estrelló contra el suelo tan fuerte que se partió en mil piezas.
—¡Apenas estoy calentando!
—gritó entre carcajadas.
Los esqueletos se abalanzaban, pero Xia no retrocedía.
Tomaba las armas que caían y las usaba como proyectiles improvisados, como trampas, o simplemente como adornos para burlarse.
—¿Acaso esto era tuyo?
¡Ups!
—decía, estrellando un hueso contra la cara de otro esqueleto.
Entonces llegaron los gigantes.
Blandieron sus espadas como si el aire fuera mantequilla.
Xia se agachó, rodó y apareció bajo uno de ellos, cargando su puño con una energía vibrante y punzante.
—¡Llama Punzante!
—gritó.
El puño impactó con fuerza descomunal.
Una onda ígnea atravesó el torso del coloso, y el fuego se propagó en forma de espinas que lo desintegraron desde dentro.
—¡Uno menos!
¡¿Quién sigue?!
—dijo con una mirada llena de fuego y emoción.
Otro coloso vino tras ella.
Xia saltó hacia arriba, dio un giro en el aire y formó una esfera incandescente entre sus manos.
—¡A ver si les gusta esto!
—gritó—.
¡Fénix Carmesí!
La esfera explotó sobre el coloso, carbonizándolo al instante.
Las llamas se extendieron por la zona como una corona de fuego, consumiendo esqueletos menores a su paso.
Desde la entrada del salón, Kiro no podía apartar la vista.
—No puedo creerlo… —murmuró—.
Apenas si puedo seguir sus movimientos.
Noell descendió por un borde de la plataforma con cuidado, aún con asombro en el rostro.
—¡Están locos los dos!
¡Pero eso fue… fue increíble!
Cuando Xia terminó, se quedó en medio de un mar de huesos calcinados, con la respiración agitada, pero con una sonrisa desbordante de adrenalina y locura en los ojos.
—Uff… eso fue lo que necesitaba —dijo, mientras se acomodaba el cabello y pisaba un cráneo que crujió bajo su bota.
Kiro se acercó, con la ropa rasgada y algo de sangre seca en la mejilla.
—Xia… eso fue…
¡increíble!.
—Gracias por el cumplido.
—le guiñó un ojo—.
Supongo que no está de más recordarles a todos por qué soy la mejor.
Noell llegó corriendo, respirando agitado: —¡Xia!
¿Estás bien?
Creí que… ¡fue una locura lo que hiciste!
—¿Bien?
Estoy mejor que nunca.
¿Y ustedes?
¿No se aburrieron mirando?
Ambos chicos rieron suavemente, aliviados por tenerla de vuelta.
Pero el momento de distensión no duró mucho.
Xia se puso seria de pronto.
—¿Dónde está Shizuki?
El ambiente cambió al instante.
Kiro y Noell intercambiaron una mirada preocupada.
—Nos separamos… —dijo Kiro—.
Estábamos en el templo antes de caer a este lugar… y… no volvimos a verla desde entonces.
—No fue su culpa —añadió Noell rápidamente—.
Todo pasó demasiado rápido.
Xia frunció el ceño y miró alrededor.
—Este lugar es demasiado peligroso.
Con ese tipo de energía oscura suelta… no podemos dejar que Shizuki esté sola más tiempo.
Vamos a encontrarla.
—¡Sí!
—asintió Kiro con decisión.
—Cierto… tenemos que movernos antes de que algo peor nos alcance —dijo Noell, volviendo a ajustar su mochila.
Xia se giró y caminó hacia uno de los pasillos de dentro del salón adornados con antorchas apagadas.
—Sigamos por ese camino.
Si seguimos los rastros de energía, puede que encontremos algo.
Y si los esqueletos vinieron desde allá, puede que…
—…alguien los haya despertado —completó Kiro.
El trío avanzó nuevamente, con Xia liderando el camino, el puño cerrado, los ojos atentos y una nueva determinación ardiendo en el pecho de los tres.
—Vamos, Shizuki… —murmuró Kiro entre dientes—.
Quédate a salvo hasta que lleguemos.
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