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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 83

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  4. Capítulo 83 - 83 Capítulo 83 Duelo Bajo las Estrellas Marchitas
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83: Capítulo 83: Duelo Bajo las Estrellas Marchitas 83: Capítulo 83: Duelo Bajo las Estrellas Marchitas El suelo aún vibraba ligeramente por la presencia que acababa de desvanecerse, pero Shizuki permanecía quieta.

Su respiración era inestable, su cuerpo cansado, pero sentía que algo en su interior se negaba a caer del todo.

—Estoy… viva —susurró, mirándose las manos con sorpresa—.

¿Qué fue eso?

¿Quién era ese caballero?

¿Por qué me salvó?

Se puso de pie lentamente, su equilibrio todavía tambaleante, pero al menos sentía que una pequeña parte de su energía había regresado.

No era mucho, pero sí suficiente para no desplomarse con la próxima brisa.

—Debo encontrar a los demás… seguro que también están aquí —dijo en voz baja, mientras alisaba un poco su falda sucia y retomaba el paso con la dignidad dramática que la caracterizaba—.

¡Kiro, Noell!

Si pueden oírme, ¡La elegida del abismo aún sigue viva!

Su voz se perdió entre las estructuras quebradas que colgaban de los cielos distorsionados de esa dimensión extraña.

De pronto, una figura apareció frente a ella.

El aire se volvió denso, aunque no frío.

Era otra armadura negra como la del caballero anterior… pero esta era diferente.

Su complexión era más delgada, estilizada.

Y aunque emanaba poder, no traía consigo esa misma aura aterradora.

La figura alzó el rostro, y bajo el casco de placas, Shizuki distinguió una silueta femenina.

El silencio reinó por un momento, hasta que una voz suave pero firme brotó desde el interior del yelmo.

—Tu vida, en esencia, carece de propósito e importancia.

—La caballera dio un paso hacia adelante, su espada aún envainada—.

Pero por orden de mi señor, te concederé una muerte sin sufrimiento… si no te resistes.

Shizuki tragó saliva y retrocedió un paso.

—¿P-perdón?

¿Qué quieres decir con eso?

La figura no contestó.

—¡Escucha bien, extraña mujer del yelmo!

Yo soy Shizuki Velmoria, ¡La elegida del abismo y los demonios eternos!

¡Y no seré eliminada sin antes ofrecer una última muestra de mi fuerza!

Hizo una de sus poses teatrales, apuntando al cielo con una mano mientras que con la otra sujetaba su amuleto.

El viento levantó su cabello con gracia.

La caballera no pudo evitar reírse levemente.

—Bien.

Supuse que lo tomarías así.

De su cintura, lanzó al suelo un artefacto de forma cúbica, que flotó ligeramente antes de asentarse con firmeza en el suelo.

Desde él comenzó a emanar una energía densa, negra como la tinta, pero cálida al mismo tiempo.

—Si vas a morir, hazlo con todo tu poder —dijo la caballera con solemnidad—.

Esta caja restaurará tus fuerzas.

Es un obsequio de honor antes del juicio.

Shizuki dudó.

—¿No será alguna especie de trampa?

—No.

Sería deshonroso engañar a una rival dispuesta.

No luchamos con mentiras.

Shizuki respiró profundo.

Avanzó con determinación y colocó sus manos sobre el artefacto.

La energía oscura se extendió por su cuerpo como un remolino sedoso.

Sus músculos se relajaron.

Su mente se despejó.

Y por primera vez desde que llegó a ese lugar, se sintió completa.

—Mis energías… ¡Volvieron!

La caja se desintegró en un leve destello púrpura.

Shizuki dio un salto hacia atrás, giró sobre sí misma, y con dramatismo extendió ambos brazos.

—¡Estoy de vuelta, más demoníaca y majestuosa que nunca!

¡Gracias, caja oscura del abismo!

Sus ojos brillaban con el reflejo verdoso de su energía renacida.

Entonces encaró a la caballera con seriedad.

—No quiero morir.

Tengo un sueño… y pienso cumplirlo.

Este mundo aún no ha visto mi gloria… este no será mi final.

—Entonces que así sea —dijo la caballera, desenvainando su espada con un silbido metálico que resonó como un susurro en la niebla.

En un parpadeo, se lanzó al ataque.

Su velocidad era aterradora.

El filo de su espada cortaba el aire como si fuera papel.

Shizuki reaccionó al instante.

Invocó un círculo de energía bajo sus pies.

Una barrera morada emergió desde el suelo envolviéndola en un domo semitransparente.

—¡Escudo del Abismo, ven a mi!

El golpe de la caballera impactó de lleno.

El escudo resistió por una fracción de segundo… y luego fue cortado limpiamente como si fuera vidrio.

Shizuki retrocedió de inmediato.

—¡Pero qué clase de fuerza…!

No perdió tiempo.

Extendió los brazos y de su espalda comenzaron a girar témpanos de hielo con un brillo azulado.

Con un gesto, los disparó todos a gran velocidad.

—¡TÉMPANOS DE LA MUERTE!

La caballera no se inmutó.

Giró sobre sí misma, usando su espada como si fuera una extensión de su cuerpo.

Cada témpano era desviado, partido o desintegrado por la precisión de sus cortes.

—Tienes talento —dijo la figura oscura—.

Pero aún estás lejos del abismo verdadero.

—¡Yo soy el abismo!

—replicó Shizuki, creando otro círculo de energía en el suelo—.

¡Verás por qué los demonios me eligieron!

Saltó hacia atrás mientras invocaba otra técnica, su cuerpo brillando con esa mezcla gélida de azul y púrpura.

La caballera sonrió apenas bajo el casco.

—Eso es… lucha con convicción.

Ambas se miraban desde la distancia.

El eco de su respiración llenaba el aire.

El escenario era perfecto: un campo desierto flotante, con estrellas temblando sobre un cielo sin fin, como testigos del destino que pendía de un hilo.

Shizuki sabía que no podía ganar con fuerza bruta.

Pero podía pensar, improvisar, usar su creatividad y su talento para la energía.

—No sé quién eres… pero si tengo que bailar con la muerte, entonces haremos de esto un espectáculo que los dioses envidiarán.

—Y sonrió.

La caballera oscura se impulsó con fuerza, su silueta se desdibujó como una sombra fugaz mientras su espada cortaba el aire con un silbido seco.

Shizuki, aún tambaleante por el desgaste, intentó crear una pared de hielo frente a ella, pero apenas logró interponerse antes de que el tajo de oscuridad partiera el hielo en dos, dejando un crujido gélido en el aire.

—¡No puede ser tan rápida!

—exclamó con los dientes apretados, mientras el filo rozaba su costado.

El impacto no fue superficial.

Una línea roja surgió de su costado derecho, y el dolor le robó el aire por un instante.

La sangre comenzó a manchar su chaqueta y Shizuki retrocedió cojeando, jadeando, sintiendo cómo el frío de su energía apenas podía contener la hemorragia.

—Ugh…

no…

como duele…

La caballera no le dio respiro.

Se lanzó de nuevo con otra estocada precisa.

Shizuki usó una técnica de teletransportación con sello y apareció justo detrás de su oponente, alzando su brazo.

Su palma tocó brevemente la armadura de su enemiga y sus labios pronunciaron con determinación: —¡Pacto Vital: Impacto Demoníaco!

Una explosión de energía mezclada con esencia espiritual se liberó en un destello púrpura, haciendo retroceder a la caballera.

Esta tropezó un par de pasos, sorprendida, pero no cayó.

—Impresionante… —dijo la mujer mientras recuperaba el equilibrio—.

Te he subestimado.

Esas técnicas… son peligrosas, en especial para los nuestros.

—Hehe… claro que lo son —dijo Shizuki con una sonrisa agotada—.

Después de todo… soy la elegida del— Pero no alcanzó a terminar su frase.

La caballera aumentó su energía de golpe y apareció delante de ella en un suspiro, descargando una brutal patada oscura justo en la herida sangrante del costado.

Shizuki no pudo gritar; el dolor la dejó sin aire.

Su cuerpo salió disparado, rompiendo la barrera de la plataforma y cayendo por el abismo.

—¡No…

no así…!

—pensó mientras su cuerpo descendía, la sangre dibujando espirales en el aire.

Sin embargo, antes de caer en la oscuridad eterna, la caballera apareció de nuevo, esta vez sujetándola del cuello.

Shizuki intentó defenderse, pero no tenía fuerzas.

La mujer giró sobre sí misma y la arrojó con fuerza hacia una enorme estructura a lo lejos.

Shizuki cruzó el cielo nocturno estrellado, como una cometa sin cuerda, y se estrelló contra el techo de un antiguo auditorio de piedra y madera.

El impacto hizo añicos el techo, lanzando fragmentos por todas partes, y su cuerpo cayó contra el piso de madera en el interior, dejando una grieta profunda en el punto de impacto.

—Ghhh…—gimió, alzando su brazo cubierto por el Escudo del Abismo que apenas pudo conjurar.

El escudo se deshizo en partículas violetas tras recibir el golpe.

El silencio llenó el auditorio, pero no duró mucho.

La caballera descendió del cielo como una estrella oscura.

No usó escaleras, ni portales, solo cayó con elegancia como si caminara sobre el aire.

Sus pasos resonaron mientras se acercaba a la herida Shizuki.

—¿Últimas palabras, niña?

—preguntó con una voz suave, casi amable, mientras levantaba su espada sobre su cabeza.

Shizuki temblaba, su cuerpo apenas respondía, pero alzó la cabeza con esfuerzo y miró fijamente a la caballera.

Sus labios se movieron con fuerza, no por rabia, sino por convicción: —Te lo dije… no moriré aquí.

Fue entonces cuando el anillo negro en su dedo comenzó a brillar con un resplandor púrpura intenso.

El humo morado se elevó como una llamarada espiritual desde su pecho.

Sus ojos se tornaron completamente violetas y su cabello se elevó por la energía desatada.

—¿Q-qué estás haciendo…?

—murmuró la caballera, retrocediendo un paso.

Shizuki se incorporó con lentitud, su cuerpo flotando ligeramente del suelo, y su voz resonó con determinación: —¡Acto Final: Despertar del Abismo!

Una explosión de energía estalló desde su interior.

Todo el auditorio fue consumido por un frío antinatural.

El hielo se extendió por cada rincón, alzando pinchos, estatuas congeladas y cristales oscuros como cuchillas.

El suelo tembló y se cubrió de una escarcha gruesa y tenebrosa que brillaba con destellos púrpuras.

Las partículas flotaban como copos de ceniza helada, y el aura de Shizuki no era la de una simple estudiante.

Estaba impregnado de energía negativa.

La caballera contempló el espectáculo, impactada, mientras el hielo subía por sus botas.

—¿Eso es… energía negativa…?

—susurró con asombro.

—Este hielo… —dijo Shizuki con una sonrisa torcida— congela incluso el alma.

Levantó su brazo y extendió la mano.

Todo el hielo resonó como si respondiera a su llamado, y una docena de picos se lanzaron contra la caballera.

Esta usó su espada para destruir los primeros, pero la velocidad y volumen del ataque era superior.

La espada fue arrojada lejos tras un segundo impacto, y uno de los pinchos rozó su hombro, cortando su capa.

—¡No he terminado aún!

—gritó Shizuki, alzando ambas manos.

De ellas surgieron columnas de hielo en forma de garras que rodearon a su enemiga y la aprisionaron en un círculo.

Con un grito de liberación, Shizuki dijo:  —¡ESTO ES TODO!

Las columnas se cerraron de golpe, atrapando a la caballera en una prisión de hielo oscuro.

En su interior, apenas se podía ver la silueta de su figura, congelada, atrapada entre las garras del poder demoníaco de Shizuki.

Shizuki cayó de rodillas, jadeando con fuerza.

—Esa… fue… toda mi energía… —murmuró.

Las estrellas del cielo brillaban aún sobre el auditorio congelado, y las partículas de hielo seguían flotando en el aire como si el tiempo se hubiera detenido.

Shizuki alzó la mirada con una sonrisa apenas perceptible y una lágrima en la mejilla.

—Aún no… moriré.

Su cuerpo temblaba y ya no daba más, poco a poco fue rodeada por una cúpula de hielo hasta congelarse por completo, deteniendo la hemorragia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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