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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 84

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  4. Capítulo 84 - 84 Capítulo 84 El Despertar de la Llama
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84: Capítulo 84: El Despertar de la Llama 84: Capítulo 84: El Despertar de la Llama —¡Esa energía…

es de Shizuki!

—gritó Kiro, al sentir una oleada violenta de poder emanando desde el noreste.

—¡Imposible!

¡Eso es demasiado…!

—exclamó Noell, frenando un momento para observar cómo incluso el aire cambiaba a su alrededor—.

No puede ser, ¡definitivamente es ella!

—Entonces no hay tiempo que perder —respondió Xia, quien ya había comenzado a correr a toda velocidad, con el cabello ondeando como una llama negra por el viento.

Kiro y Noell la siguieron, atravesando los bordes irregulares de la plataforma donde estaban.

Saltaron por una serie de escalones rotos y salientes inestables hasta alcanzar el último borde.

Desde allí, a la distancia, pudieron ver la gigantesca estructura de hielo que se alzaba como una catedral profanada.

El antiguo auditorio, que seguramente fue un templo de reuniones o ceremonias, ahora era solo un montón de ruinas atrapadas en una prisión de escarcha.

Picos de hielo oscuro salían del suelo y del techo en todas direcciones, como lanzas gigantes apuntando al cielo estrellado.

—Por todos los dioses…

—susurró Xia con el ceño fruncido—.

Quién diantres es Shizuki…

—¿Eso lo hizo ella…?

—Kiro apenas podía dar crédito a sus ojos.

—No importa —interrumpió Noell—.

¡¡Tenemos que llegar hasta Shizuki ahora mismo!!

Saltaron hacia la siguiente plataforma.

Luego otra, y otra más, cada vez más cerca del epicentro de la helada explosión.

Al llegar al perímetro del hielo, un viento gélido azotó sus rostros.

El suelo estaba resbaloso, la escarcha crujía bajo sus botas y la temperatura era tan baja que sus respiraciones salían como vapor espeso.

—No hay camino —dijo Xia, observando la discontinuidad del terreno—.

Tendremos que cruzar por encima del hielo.

—Cuidado —advirtió Noell—.

Este hielo no es normal…

Kiro se agachó un momento y colocó su mano con cuidado sobre una superficie lisa.

Cerró los ojos.

Su rostro se tensó.

—¿Lo sienten…?

—preguntó Kiro—.

Esto no es energía natural.

Ni siquiera se siente como la energía de hielo de Shizuki.

—Porque no lo es —respondió Xia, cruzando los brazos y observando los picos a su alrededor—.

Esto es energía negativa.

Y no es la primera vez que la siento…

aunque nunca la había visto en hielo.

—¿Y cómo pudo usarla…?

—preguntó Noell, todavía temblando un poco.

—Eso me gustaría saber también —dijo Xia, más para sí misma que para ellos.

Avanzaron con cautela, pisando sobre las superficies más firmes.

Los cristales brillaban con un tono púrpura oscuro, como si la oscuridad misma se hubiera cristalizado.

Algunos picos tenían formas filosas, otros parecían crecer como flores congeladas deformes.

Cuando por fin llegaron al centro del auditorio, entre columnas caídas y asientos rotos por la explosión de hielo, vieron dos cúpulas heladas.

Una era enorme, como si contuviera algo…

o a alguien.

La otra, más pequeña, tenía dentro a una figura familiar.

—¡Shizuki!

—gritó Kiro y se lanzó hacia la cúpula sin pensar.

Xia lo detuvo alzando la mano.

—¡Espera!

No la toques.

Podría romperse mal.

Déjame intentarlo.

Xia encendió su puño en una flama cálida de energía, y apuntó hacia la cúpula menor.

—Prepárense —advirtió.

Un chorro de fuego salió disparado de su palma, chocando contra la superficie del hielo.

Este comenzó a derretirse lentamente, chisporroteando y emitiendo vapor denso.

Tras unos segundos, la mitad de la cúpula se derritió lo suficiente para que pudieran abrir paso.

Con rapidez, Xia sacó a Shizuki del hielo.

Su cuerpo estaba frío como una piedra y su rostro tenía un tono azulado.

—¡Maldición, tiene Hipotermia!

—anunció Xia—.

Necesita calor urgente.

La recostaron con cuidado sobre una manta que sacó Noell de su mochila.

Xia colocó ambas manos sobre el pecho de Shizuki y comenzó a transferir calor directo con su energía.

Una suave llama rojiza surgió de sus palmas, envolviendo el torso de la muchacha como una brasa templada.

Kiro se arrodilló a su lado, y al ver la sangre seca en su costado, se alarmó.

—Tiene una herida…

grave.

Espera, puedo usar mi spirit para sanarla.

Colocó ambas manos sobre la zona afectada y un aura verde comenzó a brillar.

Pasaron varios segundos.

—¿Qué pasa…?

—preguntó Xia con el ceño fruncido.

—No…

no funciona…

—respondió Kiro, agachando la cabeza—.

Mi spirit…

no está curando.

—¡¿Qué?!

—dijo Noell—.

¿Por qué no?

—Solo puede curar heridas hechas en el último minuto —explicó Xia, suspirando—.

Ya es muy tarde.

Kiro apretó los dientes.

—Lo siento…

¡de verdad lo siento!

—No hay tiempo para culpas —dijo Xia, seria—.

Tráiganme vendas.

Noell, en tu mochila debe haber algo.

—¡Sí!

Aquí tengo —dijo, sacando un pequeño botiquín de primeros auxilios—.

¡Toma!

Xia comenzó a vendar la herida de Shizuki con rapidez y experiencia.

El calor de su energía parecía estabilizarla poco a poco.

—Está respirando mejor —anunció Xia—.

Ya no está tan fría.

Está resistiendo.

—¿Sobrevivirá…?

—preguntó Kiro con voz temblorosa.

—Con suerte…

sí —Xia bajó la mirada, pero su expresión se suavizó—.

Si es capaz de hacer esto…

es mucho más fuerte de lo que pensábamos —Miro a Shizuki y sus ojos se encendieron de emoción—.

Si sobrevives a esto Shizuki…Te retare sin duda a un duelo.

Shizuki, aún inconsciente, sonreía levemente.

Kiro observó el rostro tranquilo de su compañera y sintió cómo la emoción se le acumulaba en el pecho.

—Resiste un poco más, Shizuki…

Estamos muy cerca de poder salir de aquí.

El hielo alrededor crujió ligeramente, como si respondiera a sus palabras.

A lo lejos, en la cúpula mayor, algo brilló con un parpadeo oscuro.

El aire en el auditorio helado se tornó denso.

Entonces, un crujido partió el silencio con un sonido seco y profundo.

La gran cúpula de hielo frente a ellos brilló intensamente en su interior con un fulgor rojo, como un corazón encendido en la oscuridad.

Un segundo después, el hielo se agrietó.

—¿Qué fue eso…?

—preguntó Noell, bajando lentamente su mano hacia una bomba en su cinturón.

—¡Cuidado!

—gritó Xia, dándose cuenta un segundo antes que los demás.

Un borrón negro, como una sombra fugaz, cruzó la distancia entre la cúpula y el grupo.

Xia giró con reflejos entrenados y alzó ambos brazos para bloquear.

El puño de la caballera de armadura negra impactó con un estruendo.

Una mezcla de fuego y oscuridad estalló con el golpe.

El hielo a su alrededor se resquebrajó violentamente.

—¡¡Xia!!

—gritó Kiro, retrocediendo por el impacto.

La caballera aterrizó sin sonido alguno, su armadura emitiendo un leve zumbido.

Bajo el casco, unos ojos rojos como carbones encendidos los observaron uno por uno.

No hablaba, pero su mirada era clara: estaba allí para matar.

Xia agitó su brazo, sacudiéndolo con molestia.

—¿Así que quieres pelear?

Genial.

No me vendría mal soltar un poco más de energía.

Se giró hacia Kiro y Noell.

—¡Llévenla!

¡Ya!

—¡P-Pero…!

—balbuceó Kiro, aún paralizado.

—¡¡¡YA!!!

—rugió Xia, su voz retumbando como un trueno.

Kiro reaccionó de inmediato.

Con cuidado, acomodó a Shizuki sobre su espalda.

Noell abrió paso entre los escombros de hielo, con un martillo que sacó de su mochila comenzó a romper las partes débiles del hielo para facilitar el escape.

—No puedo permitir que se la lleven —habló finalmente la caballera con voz hueca, como un eco en una tumba vacía—.

Su existencia ha sido marcada.

Fue el trato.

—Pues que se lo reclame a quien quieras —dijo Xia, con una sonrisa feroz y decidida—.

Si quieres tocarla, primero…

¡Lucha contra mí!

Sin esperar más, Xia se lanzó al ataque.

Su puño derecho se encendió con una llama rugiente que giraba como un taladro ígneo.

Impactó contra la armadura oscura de la caballera, pero esta desvió el golpe con una oleada de energía sombría.

Con un paso elegante, la caballera contraatacó.

Un puño negro como la noche impactó directo en el rostro de Xia.

El golpe la lanzó con brutal fuerza contra una pared de hielo, que se agrietó en una telaraña helada tras el impacto.

—¡Xia!

—gritó Noell, girando la cabeza por reflejo.

—¡Sigan corriendo!

—le rugió Xia desde el suelo, levantándose de inmediato, la sangre bajando por la comisura de su labio.

Kiro jadeaba mientras cargaba a Shizuki, sintiendo su respiración débil pero estable.

Noell lo ayudaba a esquivar bloques de hielo y mantenía su linterna encendida para evitar otro encuentro con sombras.

Justo cuando parecía que lograrían alejarse, una figura negra apareció frente a ellos.

Era la caballera, con su espada envuelta en un aura opaca.

Se preparaba para atacar.

Kiro apretó los dientes, giró su cuerpo para proteger a Shizuki.

—¡Maldición…!

Un rugido de fuego interrumpió el tajo mortal.

Una esfera de llamas golpeó contra la espalda de la caballera, creando una cortina de fuego anaranjado y cegador.

—¡¡¡Corran!!!

—gritó Xia desde lo alto de un pilar, sus ojos rojos brillando como una llama.

El fuego fue cortado al instante por un tajo limpio con la espada.

Las llamas se disiparon.

La caballera giró, ahora centrada solo en Xia.

—Muy bien…

—dijo Xia, caminando con lentitud hacia ella—.

Es hora de que esto se resuelva entre nosotras.

Ambas se lanzaron al mismo tiempo.

El choque fue brutal.

Xia reforzó sus puños con capas de energía ígnea concentrada, cada golpe era una explosión.

La caballera, con su espada de oscuridad pura, bloqueaba y atacaba con la precisión de un verdugo.

—¡No eres como los demás!

—gritó Xia, esquivando un tajo horizontal y contraatacando con una patada giratoria—.

¿Quién eres?

—Soy una servidora de la sombra.

No tengo nombre, ni lo necesito.

¡Solo un propósito!

En un movimiento fluido, Xia bajó su centro de gravedad, giró sobre su pierna izquierda y lanzó una patada ascendente que desarmó a la caballera.

—¡A volar tu espada, caballera!

Aprovechó el desequilibrio para cargar su energía en el puño derecho.

La llama giraba como un rayo afilado.

—¡¡Llama Punzante!!

—rugió.

El puño impactó directo en el torso de la caballera.

La energía de fuego se clavó como una lanza, perforando parte de la armadura, dejando un agujero humeante.

La caballera retrocedió, tambaleante por primera vez.

Se apoyó en una rodilla, su pecho soltando vapor oscuro.

Xia respiraba con dificultad, pero no perdió su sonrisa arrogante.

—¿Vas a seguir con eso de matarla?

No te lo permitiré, este día yo estoy a cargo y nadie de mis compañeros morirá.

La caballera alzó la vista.

Sus ojos, rojos como brasas, se clavaron en Xia con intensidad.

—Eres…

peligrosa —murmuró—.

Muy peligrosa.

Xia soltó una carcajada y se tronó los dedos.

—Lo sé.

Me lo dicen mucho.

Mientras tanto, Kiro y Noell habían alcanzado una grieta en el hielo donde el frío era menor.

Noell armó rápidamente un refugio improvisado con mantas térmicas, encendió una lámpara de calor y ayudó a acomodar a Shizuki.

—¿Crees que Xia podrá con ella…?

—preguntó Noell en voz baja.

Kiro miró hacia el auditorio helado, de donde aún salían ecos de estallidos.

—No lo sé…

pero si hay alguien que puede ganar en estos momentos…

es ella.

El sonido del metal chocando contra puños envueltos en fuego se mezclaba con el crujido del hielo derritiéndose y el estruendo lejano de la dimensión vibrando.

Xia y la caballera negra estaban sumidas en un combate que ya desafiaba la lógica.

Movimientos imposibles, reflejos inhumanos y una presión que hacía temblar incluso los restos del auditorio.

Cada tajo de la caballera venía con una precisión letal.

Su espada de oscuridad se deslizaba como una sombra líquida, cortando el aire con fuerza y velocidad.

Xia apenas tenía tiempo de esquivar o bloquear con sus puños cubiertos en energía ardiente.

—¡Tsk!

¡No me dejas ni un segundo de espacio!

—gruñó Xia, retrocediendo con un respiro entrecortado mientras rodaba sobre el hielo agrietado.

La caballera no respondió.

Simplemente giró su espada entre los dedos y se lanzó de nuevo.

Xia la recibió de frente, chocando su puño contra la hoja con una chispa brutal.

La presión era tremenda.

Xia golpeaba con todo, buscando una apertura.

Intentó quebrar la defensa de la caballera rompiendo su ritmo, lanzando patadas bajas y ataques en cadena.

Pero nada.

La armadura no tenía puntos ciegos.

La caballera anticipaba cada movimiento.

—…Este nivel… —pensó Xia, mordiendo su labio—.

Es mucho más fuerte que cualquier cosa contra la que haya peleado antes.

Una gota de sangre descendió por su frente y le ardió en la comisura de los ojos.

Las puntas de su cabello comenzaron a cambiar lentamente de color, quemándose hasta volverse de un tono naranja incandescente como su energia.

Su respiración era pesada, el pecho le dolía, pero su sonrisa… esa seguía viva, feroz y con ganas de pelear.

La caballera se detuvo un momento y la observó.

—¿Es todo tu poder?

—preguntó con tono sereno, casi decepcionado.

Xia soltó una carcajada leve, exhalando vapor.

—¿Esto?

Por favor… Esto no es ni la mitad —respondió, escupiéndose a un lado la sangre que se le acumulaba en la boca—.

No me has visto en serio todavía.

Miró su cuerpo.

Estaba llena de cortes, algunos aún ardían, otros sangraban levemente.

El calor de su cuerpo ya comenzaba a quemarle desde dentro, como si fuera un volcán a punto de estallar.

—…Pero sólo tendré una oportunidad —murmuró para sí misma, flexionando sus dedos.

Chasqueó los nudillos de ambas manos.

—Es hora de ir más allá —dijo con una sonrisa que irradiaba locura y orgullo.

Cerró los ojos.

En ese momento, todo el fuego a su alrededor se detuvo.

Silencio.

Sólo el sonido de la brisa… y luego, la explosión.

Una llamarada brutal estalló desde su cuerpo.

El suelo tembló, el hielo se evaporó al instante.

El fuego no sólo quemaba… vivía, bailaba en espirales salvajes y rugía como un dragón liberado.

—¡Conoce la perfección de la energía… lo que va más allá de la fuerza!

—gritó Xia, abriendo los ojos con determinación.

Sus pupilas brillaban como soles ardientes.

La caballera dio un paso atrás, por primera vez… cautelosa.

—Esto es… asombroso —murmuró—.

Has logrado despertar tu poder con tu mera voluntad.

Eso no es algo común.

Xia extendió los brazos con toda su energía girando a su alrededor en forma de llamas finas como cuchillas, danzando entre sus dedos.

Su cabello flotaba, naranja brillante, sus pies ya no tocaban del todo el suelo, y sus brazos estaban recubiertos por una armadura de fuego.

—¿Sabes qué es lo mejor de esto?

—le dijo a la caballera—.

Ahora mismo… ¡Me siento más viva que nunca!

Rió con fuerza, liberando aún más calor.

Todo el cielo sobre el auditorio se tornó rojizo, como si el mundo hubiera comenzado a arder.

—¿Cuál es tu propósito, caballera de la muerte?

¿Servir ciegamente a una sombra?

¿Matar por órdenes que ni siquiera entiendes?

La caballera mantuvo el silencio por un instante, su espada temblando en su puño.

—Mi propósito es proteger el umbral.

Lo que yace más allá de esta dimensión no debe ser liberado.

—¿Y Shizuki qué tiene que ver con eso?

—Ella… No, sino que todos ustedes deben ser eliminados, mi amo ha hablado y les daré una muerte honorífica.

Xia frunció el ceño.

—¿Entonces no hay más razones?

Bah, que aburrido.

Elevó su mano.

Una pequeña esfera de fuego puro se formó entre sus dedos.

No era como las anteriores.

Esta no rugía ni brillaba, silenciosa como la muerte, pero el calor que desprendía era insoportable.

—Esto es mi despertar, mi energía ha despertado, la lleve al límite y ahora…serás la primera en conocer su fuego.

La lanzó contra la caballera.

La explosión no fue un estruendo, fue una implosión.

Una llamarada de fuego puro comprimido envolvió a la caballera como un tornado ardiente.

El hielo bajo sus pies se quebró en pedazos.

La presión era tal que todo el aire en cien metros desapareció por un instante.

Cuando el humo se disipó, la caballera seguía de pie, su armadura ennegrecida por las llamas.

Pero su espada se había derretido.

—…Eres… peligrosa —dijo de nuevo, esta vez con un tono más personal.

Xia bajó sus puños, exhausta, pero con el orgullo latiendo como un segundo corazón.

—Recuerda eso cuando vengas a buscarme otra vez —dijo con una sonrisa cargada de fuego.

La caballera cayó de rodillas.

—Ustedes no podrán… enfrentar lo que se oculta en el centro.

—Je, entonces te aseguro que lo haré.

Y lo destruiré si es necesario.

Porque yo no pierdo nunca —le respondió con voz firme, mientras sacudía su pelo.

El fuego comenzó a apagarse lentamente a su alrededor.

Su cabello regresaba al negro.

Pero en sus ojos, aún brillaba la chispa del despertar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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