Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 85
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- Capítulo 85 - 85 Capítulo 85 Hacia el Centro del Mundo Invertido
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85: Capítulo 85: Hacia el Centro del Mundo Invertido 85: Capítulo 85: Hacia el Centro del Mundo Invertido El aire aún estaba cargado de calor residual.
El hielo en las paredes del auditorio crujía lentamente, derritiéndose poco a poco tras la brutal explosión que había sacudido el lugar hacía apenas unos minutos.
Kiro y Noell permanecían atentos, apoyados detrás de una formación de hielo derrumbada, observando con cautela en dirección a la nube de vapor y escarcha que había quedado tras el combate.
—Esa última explosión… fue de Xia, ¿cierto?
—preguntó Kiro en voz baja, su puño aún apretado con energía a medio canalizar.
—Sí, no hay duda.
Esa firma energética era claramente de ella —respondió Noell con los binoculares sobre el cuello, revisando cada rincón del campo—.
Pero…
¿ganó?
—Tiene que haber ganado —añadió Kiro, con una sonrisa forzada—.
Es Xia, ¿no?
Ella puede con todo…
Un suave sonido detrás de ellos los hizo girar.
Shizuki se removía lentamente sobre el suelo, su cuerpo aún cubierto por la manta improvisada y los vendajes.
—¿A-Acaso…
son ustedes?
—preguntó con la voz débil, entreabriendo sus ojos verdes y parpadeando confundida.
Kiro se apresuró a su lado y se arrodilló con una gran sonrisa.
—Sí, Shizuki.
Ya estás a salvo.
—Le puso una mano sobre el hombro—.
Te lo prometo, no hay nada que temer ahora.
—Te trajimos de vuelta —añadió Noell, acercándose—.
Pero aún necesitas descansar.
No te muevas mucho, la herida aún no está del todo tratada…
Shizuki parpadeó varias veces, mirando sus rostros, sus expresiones sinceras.
Su mano temblorosa rozó el vendaje sobre su abdomen y, por un momento, su voz se tornó más baja, más frágil de lo normal.
—¿Por qué…?
¿Por qué me ayudaron?
Yo… pensé que moriría ahí.
Kiro soltó una pequeña carcajada y se llevó el puño al pecho.
—¿Acaso no lo entiendes aún?
¡Porque somos amigos!
¡Y yo jamás abandonaría a nadie que lo necesite!
—Su sonrisa se amplió—.
Te salvamos, Shizuki.
Sus ojos se abrieron un poco más al oírlo.
Durante unos segundos, simplemente lo observó en silencio… hasta que su rostro cambió por completo.
—¡Jajaja!
¡Como lo esperaba de ustedes los mortales!
—dijo con voz teatral, incorporándose solo lo justo para alzar un brazo en el aire—.
¡Lo sabía!
No fue nada más ni nada menos que, ¡Los demonios del abismo que enviaron su bendición en forma de Kiro y Noell!
¡Mis salvadores!
¡Los elegidos por los eternos fuegos y hielos del otro mundo!
—Ah, ahí está la Shizuki de siempre —murmuró Noell con una media sonrisa.
—Bienvenida de nuevo, elegida del abismo —añadió Kiro entre risas.
Pero en ese momento, una punzada de dolor atravesó el cuerpo de Shizuki.
Su rostro se crispó y soltó un quejido, cayendo de nuevo sobre el suelo helado.
—¡Ahh!
¡Duele!
—¡No te muevas tanto!
—exclamó Noell, corriendo a estabilizarla—.
Te lo dijimos, ¡tienes una herida grave!
—Auch… entonces tal vez los demonios aún no terminan de bendecirme… —murmuró con voz baja, algo mareada.
—Quédate tranquila.
Te cuidaremos hasta que estés al cien por ciento —dijo Kiro, colocando de nuevo la manta sobre ella.
En ese momento, se escucharon unos pasos lentos, relajados, pisando sobre los restos de hielo y madera.
Xia apareció por fin.
Con las manos en los bolsillos, la ropa algo quemada y la sonrisa más despreocupada del universo.
—¿Por qué tanto escándalo?
¿Se les perdió algo?
¿Quieren un poco de fuego para calentarse los pies?
Kiro la miró con alivio y levantó el brazo.
—¡Xia!
—¡Estás bien!
—añadió Noell, visiblemente aliviado.
—Obvio que estoy bien —dijo con una gran sonrisa—.
¿Quién creen que soy?
—Caminó hacia ellos mientras chasqueaba los dedos, encendiendo una pequeña llama sobre su pulgar—.
¡Y además…!
Se detuvo frente a ellos, alzando una ceja con aire orgulloso.
—¡Por fin desperté mi poder por completo!
¡Ahora sí que sí!
—Levantó ambos brazos en señal de victoria—.
Soy la más fuerte del lugar, no hay duda.
¡Pueden aplaudirme ahora, gracias!
Kiro comenzó a aplaudir con una gran sonrisa.
—¡Bravo!
¡Nuestra gran líder!
¡Increíble, Xia!
—¡Wow!
—dijo Noell, fingiendo exageración—.
¡Qué sorpresa!
¿¡Tú!?
¿Fuerte?
—¡Cállate, cuatro ojos!
—le lanzó una mirada de fuego que casi lo derrite—.
No te estoy preguntando.
Estoy anunciando.
—Yo pensé que ya lo habías despertado antes —le dijo Kiro con curiosidad—.
¿No dijiste que sí?
Xia se cruzó de brazos y levantó la barbilla.
—Técnicamente, sí.
Pero solo fue una vez, por unos instantes… ahora lo siento todo el tiempo.
Es como si una llama viviera dentro de mí, como si…
¡Por fin fuera yo al máximo!
—¿Y cómo se siente?
—preguntó Noell.
—Como si pudieras incendiar al mundo con solo pestañear —respondió, sus ojos brillando de emoción.
—Increíble… —dijo Kiro, fascinado—.
Yo también quiero despertar mi poder.
—Y lo harás —dijo Xia, señalándolo con el dedo—.
Eres cabezón, pero tienes madera.
Sólo hay que empujarte al límite y listo.
Ya verás.
Shizuki, desde el suelo, levantó una mano como si fuera una princesa desde su trono congelado.
—Yo también quiero algo.
¡Aunque sea… una merienda caliente!
—dijo con una sonrisa débil.
—Eso se puede arreglar —respondió Xia, encendiendo una pequeña fogata con su energía en la esquina del hielo—.
Hora de calentar las sopas.
Y así, en ese rincón helado y extraño de una dimensión desconocida, con heridas y risas mezcladas en el aire, los cuatro amigos se sentaron juntos, recobrando energías, compartiendo comida, bromas y el alivio de estar juntos.
Porque al final, el verdadero fuego no solo ardía en Xia.
Ardía en todos ellos.
En su fuerza.
En su amistad.
Y en su promesa de seguir adelante, sin importar lo que los esperara en el centro de esa dimensión.
El grupo comenzó su viaje hacia el centro de aquel mundo… Caminaron lentamente por uno de los senderos flotantes de piedra oscura.
A sus costados, el abismo infinito parecía tragarse cualquier sonido.
Cada paso resonaba con un eco lejano.
Los cristales flotantes en el aire titilaban con un brillo tenue, como estrellas atrapadas en la piedra.
Xia caminaba al frente, con la mirada fija, determinada, cargando sobre su espalda a Shizuki, quien descansaba con los brazos cruzados, como si estuviera en su trono personal.
—¿Estás bien ahí atrás?
—preguntó Xia con el ceño ligeramente fruncido.
—Oh, sí —respondió Shizuki con un tono melodramático—.
Llevarme en tu espalda es lo mínimo que puede hacer mi subordinada del abismo… —Tch… ¿Quién te crees que soy?
—gruñó Xia, dando un pequeño brinco para incomodarla.
—¡Oye!
¡No brinques así!
¡Mi herida, Xia, mi heridaaaa!
—protestó Shizuki agarrándose más fuerte de su hombro.
Mientras tanto, Kiro y Noell iban atrás, con las mochilas sobre los hombros.
Kiro mantenía la vista en el paisaje que los rodeaba: Enormes estructuras flotantes, como fragmentos de un castillo arrancado de otro mundo, suspendidos en la nada.
—Noell, ¿ves eso?
—señaló con la barbilla—.
El centro está ahí… justo en medio.
Cada camino está conectado, pero ese de ahí… está dado vuelta.
Noell asintió.
—Sí, lo veo.
Lo malo es que esa plataforma por la que debemos pasar está invertida.
No podemos alcanzarla así como así.
—¿Y qué propones?
¿Damos la vuelta por todas las demás?
Nos tomará horas.
—O… podríamos buscar una forma de invertir nuestra gravedad.
—dijo Noell con una ligera sonrisa.
—¡Exacto lo que pensaba!
—asintió Kiro—.
A veces me pregunto si no estás leyendo mi mente, Mapa-boy.
—Preferiría que no me llamaras así… —murmuró Noell, bajando un poco la cabeza.
De pronto, Xia se giró al escuchar la conversación.
—Entonces, ¿qué hacemos?
¿Nos lanzamos y esperamos caer de pie como gatos?
¿O…?
—¡Esperen!
—interrumpió Xia, señalando hacia el suelo unos metros más adelante—.
¡Miren eso!
Era una tablilla de piedra, incrustada en la plataforma como un mosaico.
Estaba decorada con un grabado en espiral y símbolos que pulsaban levemente con un brillo rojizo.
—¿Será… una especie de activador gravitacional?
—sugirió Noell, ajustando sus gafas.
—Solo hay una forma de averiguarlo —dijo Kiro, dando un paso al frente con una sonrisa—.
¡Hora de probarlo!
—Kiro, espera, podríamos analizarlo pri— ¡!
Pero era tarde.
Kiro ya se había subido a la tablilla.
En un segundo, su cuerpo se inclinó hacia adelante… y de pronto, la gravedad lo empujó hacia arriba.
—¡¡WOOOOAHH!!
—gritó mientras su cuerpo flotaba por un instante, y después cayó de pie, boca abajo… en la parte superior de la plataforma invertida.
—¿¡KIROOO!?
—exclamaron los demás al unísono.
—¡Estoy bien!
¡Estoy… de cabeza!
¡Pero bien!
—gritó desde las alturas, saludándolos con ambas manos mientras se reía.
Desde su nueva perspectiva, el grupo parecía estar colgando hacia abajo.
—¡Se ven rarísimos desde aquí!
¡Parezco un murciélago viendo monos!
—añadió entre carcajadas.
Xia levantó una ceja.
—Muy bien… si Kiro sobrevivió, entonces es seguro.
¡Voy yo!
Pisó la tablilla con decisión, y en un parpadeo, la gravedad cambió para ella también.
Aterrizó junto a Kiro, girando el cuello como si nada.
—¡Mucho mejor!
Se siente…
¿liviano?
No sé cómo explicarlo —comentó, estirando los brazos.
Noell, algo más nervioso, activó la tablilla con cuidado.
Uno a uno, fueron “llevados” al nuevo plano invertido, ahora caminando sobre lo que antes era el techo de una estructura olvidada.
El cielo, o lo que fuera que había arriba, era un remolino de luces violetas y grises.
Kiro tomó la delantera.
—Desde aquí ya no hay muchos más senderos extraños.
Solo un camino recto al centro.
¿Listos?
—¿Siempre estás tan entusiasmado cuando no sabemos qué nos espera?
—dijo Noell, suspirando.
—¡Sí!
¡Porque así es más emocionante!
—respondió Kiro con una gran sonrisa.
—Qué concepto más absurdo —murmuró Shizuki, aunque sin quitar su sonrisa traviesa—.
Aunque útil para el abismo.
El grupo avanzó.
Durante el trayecto, pasaron por puentes de cristal, escaleras flotantes y túneles de piedra levitante.
Cada tanto, sentían el zumbido de la energía de esa dimensión.
Como si el mundo entero observara sus pasos.
—Me pregunto si este lugar… tiene conciencia —dijo Noell de repente.
—¿Conciencia?
—repitió Xia.
—Sí, como si nos guiara.
Como si supiera que estamos aquí, y quisiera que lleguemos al centro.
—¿Y si es una trampa?
—preguntó Shizuki—.
¿Y si todo esto es un ritual para alimentarse de nuestras almas?
—Shizuki, no ayudas… —suspiró Noell algo temeroso.
—¡Oh, pero si lo piensas es increíble!
—respondió ella, con dramatismo—.
¡Quizá estamos dentro de una prueba ancestral!
¡Una dimensión creada para templar héroes!
—O para derretirlos vivos —añadió Xia, soltando una risa—.
Aunque me agrada la idea de ser forjados por un mundo hostil.
Sin duda yo sería la más fuerte.
Finalmente, tras casi media hora de caminata, el sendero se abrió.
Frente a ellos… una enorme puerta de obsidiana, tallada con figuras de esqueletos, guerreros, y un símbolo en espiral similar al que activaron antes.
Kiro se adelantó y posó la mano sobre la puerta.
Esta no se abrió.
—Tal vez necesita… algo más.
—Quizá el toque de alguien que haya despertado su energía.
—sugirió Xia, avanzando.
Puso su mano junto a la de Kiro y canalizó una pequeña parte de su fuego.
La puerta vibró.
Luego… comenzó a abrirse lentamente.
El rugido de la piedra fue ensordecedor.
Más allá, un pasillo oscuro los aguardaba, cubierto de niebla.
El aire cambió otra vez.
Ya no era solo una dimensión extraña.
Era una entrada.
A algo mayor.
—Bueno —dijo Kiro, respirando hondo—.
Aquí vamos.
—Sí… al centro del mundo invertido —murmuró Noell.
—En nombre del abismo y los demonios… ¡Avancemos!
—gritó Shizuki, alzando un brazo desde los hombros de Xia.
Xia sonrió.
—Solo una cosa.
—¿Qué?
—preguntaron todos.
—No se caigan.
Y entonces, dieron el primer paso hacia el corazón de la dimensión.
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