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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 86

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  4. Capítulo 86 - 86 Capítulo 86 La Última Puerta la Última Prueba
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86: Capítulo 86: La Última Puerta, la Última Prueba 86: Capítulo 86: La Última Puerta, la Última Prueba Apenas cruzaron la puerta, sus cuerpos comenzaron a flotar como hojas en el viento.

No hubo tiempo para gritar, solo una sensación de vértigo y ligereza.

La gravedad pareció desaparecer para luego invertirse bruscamente, dejándolos con los pies en lo que ahora era el techo.

—¡Woah!

¡Esto es una locura!

—exclamó Kiro, girando en el aire como si estuviera nadando—.

¡Siento que estoy en una montaña rusa!

—A mí me está revolviendo el estómago… —dijo Noell con un tono apagado, sujetándose el abdomen—.

¿Cuántas veces más va a cambiar esta condenada gravedad?

—Aguanta, mapa-boy —dijo Xia entre risas, dando un par de vueltas en el aire con habilidad antes de aterrizar grácilmente—.

Si no te acostumbras, terminarás vomitando sobre Shizuki, y no creo que eso te traiga muchos puntos con ella.

—Calla…

—murmuró Noell, con los ojos cerrados y respirando profundo para controlar el mareo.

Shizuki, aún algo débil pero más consciente, observaba todo con una mezcla de fascinación y desconcierto.

Sus ojos verdes brillaban ante las luces y las estructuras que ahora se revelaban tras la puerta.

El lugar en el que habían entrado parecía una cámara ancestral.

Las paredes eran de un mármol azulado, con vetas que brillaban tenuemente como si la energía misma recorriera su superficie.

Antorchas de fuego púrpura colgaban de soportes forjados con símbolos en espiral, y estandartes oscuros, deshilachados por el tiempo, colgaban silenciosos a los lados, con un emblema grabado en oro: una figura humanoide con alas desplegadas y una lanza atravesando un círculo.

Un caballero de imponente armadura.

Una poderosa guerrera del desierto, entre otras.

—Esto se siente…

antiguo —murmuró Xia, observando los techos altos abovedados.

—Más que antiguo…

esto es como entrar en el corazón de un imperio perdido —añadió Noell, que ya había recuperado parte de su compostura.

Se agachó frente a unos grabados en la pared—.

Esto…

esto lleva aquí más de un siglo.

Por el desgaste de la piedra, la forma del tallado…

debe ser una civilización extinta o escondida.

Entre los grabados, todos notaron una palabra escrita una y otra vez, en distintos rincones, como si intentaran dejar una advertencia urgente.

—“Muerte”…

—leyó Kiro en voz baja—.

¿Será una amenaza?

¿O una descripción?

—O una profecía —susurró Shizuki, mirando el símbolo del estandarte con seriedad.

El grupo siguió avanzando, y tras pasar un enorme marco de piedra con runas talladas, la luz del exterior los cegó momentáneamente.

Pero cuando sus ojos se acostumbraron, todos se quedaron en silencio.

Frente a ellos, elevándose como un coloso en el centro de la plataforma principal, estaba la estructura final: Un castillo de forma redonda, como una corona gigantesca construida con piedra negra y cristal brillante.

Torres espirales se alzaban como lanzas, y un aura imponente lo rodeaba.

Entre las torres, a un costado, Kiro reconoció un edificio con una cúpula dorada.

—¡Ese es el palacio al que entré antes!

—exclamó—.

Había tesoros, pasillos secretos…

¡El tesoro debe seguir ahí!

—¿Estás seguro de que no era una trampa?

—preguntó Xia, aunque sonreía con picardía.

—Bueno…

sí, había trampas —admitió Kiro rascándose la cabeza—.

Pero también había reliquias.

Y creo que algunas aún están esperando a ser descubiertas.

Noell suspiró—.

Si vamos a revisar eso, que sea rápido.

Este lugar me da escalofríos.

Pero sus planes se vieron interrumpidos.

Un sonido seco y metálico empezó a resonar por todo el lugar.

Como pasos.

Como huesos.

—Tienen mala sincronía, ¿eh?

—dijo Xia, entrecerrando los ojos.

Del suelo, de las paredes, incluso desde los bordes de la plataforma, comenzaron a surgir esqueletos.

Al principio unos pocos, pero pronto docenas.

Algunos eran delgados y veloces, otros enormes y pesados, cubiertos con restos de armadura corroída.

Algunos blandían lanzas oxidadas, otros espadas, y unos pocos portaban arcos con flechas negras.

Xia sonrió, como si le hubieran hecho el mejor regalo de cumpleaños.

—Aquí está…

la prueba final —dijo mientras bajaba con cuidado a Shizuki de su espalda—.

Noell, cuida de ella.

No los dejes acercarse.

—Con gusto —respondió Noell, colocándose al lado de Shizuki haciendo que esta se apoye en su hombro—.

No me queda mucho, pero sabré defendernos.

Kiro apretó los puños.

Una corriente de energía comenzó a recorrer su cuerpo y su espíritu con una luz intensa, más brillante que nunca.

—Estos son los últimos obstáculos —declaró, mirando a los enemigos—.

No pienso dejar que se interpongan en nuestro camino.

—Entonces, Kiro —dijo Xia mientras se posicionaba a su lado y crujía sus manos—.

Demuestra tu poder.

Lucha sin contenerte.

—Sí…

—Kiro sonrió con determinación, ajustando su vendaje que comenzaba a desprenderse ligeramente de su brazo derecho—.

Yo los rematare con el poder de mi espíritu.

¡Vamos!

Con un grito de guerra, Kiro y Xia se lanzaron al combate.

La luz del Spirit de Kiro se extendía como una onda que lo rodeaba, amplificando la fuerza de sus puños.

Cada golpe impactaba con una explosión de energía que destrozaba los esqueletos, dispersando sus huesos como si fueran cenizas.

Xia, por su parte, se movía como una tormenta elegante, su lanza danzando con precisión letal entre los enemigos.

—¡Tomen esto!

—gritó Kiro, y su puño impactó con fuerza en un enorme esqueleto destrozando su cráneo.

—¡Aguanta, Kiro!

¡No dejes que te rodeen!

—gritó Noell desde atrás, disparando una flecha improvisada desde su muñeca para apoyar desde la distancia.

—¡Estoy bien!

¡Esto es justo lo que quería!

—respondió Kiro con una risa llena de adrenalina.

Las llamas danzaban con furia entre los esqueletos.

Xia, con los ojos brillando como carbones encendidos, giraba sobre sí misma lanzando llamaradas precisas que prendían en fuego a cada enemigo que se le acercaba.

—¡Uno menos!

—gritó con júbilo mientras una calavera explotaba en cenizas—.

¡Vamos, Kiro!

¡No les des respiro!

Kiro no se hizo esperar.

Con sus puños cubiertos por la energía azul de su espíritu, avanzaba como una tormenta.

Cada golpe que daba hacía vibrar el suelo y deshacía los huesos ennegrecidos que quedaban del fuego de Xia.

—¡Esto es divertido!

—gritó Kiro riendo mientras destruía el cráneo de un esqueleto con un solo puñetazo—.

¡Cuidado vienen más por la izquierda!

Xia giró hacia donde él señalaba, y con un rápido movimiento, extendió ambas manos al frente.

—¡Prepárate, Kiro!

¡Es hora de acabar con esto!

¡Activa tu Ataque definitivo!

Kiro dio un salto hacia atrás, aterrizó con un rodillazo en el suelo y levantó la mano derecha.

Una esfera brillante comenzó a formarse en su palma, concentrando su energía con fuerza creciente.

—¡Luz…

nivel máximo!

—gritó, la luz iluminando su rostro con intensidad.

Xia no se quedó atrás.

Cerró los ojos un segundo, inhaló profundamente y comenzó a concentrar una enorme cantidad de energía en forma de una esfera de fuego que giraba lentamente en sus manos.

—¡Fénix Carmesí!

—anunció, su voz resonando con autoridad.

Ambos lanzaron sus ataques al mismo tiempo.

La esfera de fuego voló por el aire, ensanchándose con cada metro hasta convertirse en un auténtico sol en miniatura.

La técnica de Xia arrasó con decenas de esqueletos al instante, calcinándolos en un mar de llamas.

Al mismo tiempo, Kiro apretó su esfera de luz, la absorbió en su puño y lanzó un potente golpe al aire.

—¡Impacto Justiciero!

—gritó mientras la onda de choque avanzaba con un estruendo.

La onda de energía impactó tras el Fénix Carmesí, avivando sus llamas como si echara gasolina al fuego.

El resultado fue devastador: una combinación de luz y fuego que barrió con la mitad del ejército esquelético, lanzando a muchos al vacío y dejando otros tantos hechos carbón.

Cuando la humareda se disipó, Xia y Kiro se miraron con una sonrisa orgullosa.

Chocaron los puños en el aire.

—¡Buen trabajo, compañero!

—exclamó Xia.

—¡Lo mismo digo!

Estamos imparables.

—Es hora de avanzar —anunció Kiro al resto—.

¡Vamos al centro!

Xia volvió a cargar a Shizuki con delicadeza sobre su espalda y el grupo se dirigió a una zona circular con un patrón grabado en el suelo y colores dorados.

Al posicionarse, sintieron cómo el suelo temblaba levemente y una plataforma comenzó a elevarlos.

Subieron a gran velocidad, dejando atrás las ruinas calcinadas.

—¿Estamos… subiendo?

—preguntó Noell, algo sorprendido.

—Parece un elevador sin duda—respondió Xia—.

Tecnología muy avanzada… y muy antigua por lo visto.

Una vez llegaron a la cima, caminaron por un pasillo amplio de piedra pulida.

Al final, una entrada imponente los esperaba: Dos enormes puertas de mármol oscuro, con grabados ancestrales e intrincados símbolos que parecían moverse con la luz del fuego.

—¡Qué majestuoso!

—exclamó Shizuki desde la espalda de Xia—.

Es como… la entrada al jefe final de esta dimensión.

—¿Qué crees que haya detrás?

—preguntó Noell con tono intrigado.

—No lo sabremos hasta entrar —respondió Kiro, adelantándose para empujar las puertas—.

Vamos allá… Pero nada ocurrió.

Las puertas no se movieron ni un centímetro.

—¿Están atascadas?

—gruñó Xia, empujándolas también con fuerza.

Sin éxito.

En ese momento, Shizuki perdió un poco el equilibrio sobre su espalda y apoyó una mano contra la puerta para sostenerse.

Su anillo, de tono oscuro, brilló con intensidad.

Al instante, las puertas comenzaron a resonar con una energía similar.

—¡¿Qué fue eso?!

—exclamó Noell, retrocediendo sorprendido.

Shizuki bajó la mirada a su mano y se quitó el anillo con cuidado.

—Creo que… esto sirve como llave.

Pruébenlo —dijo, extendiéndoselo a Kiro.

Kiro lo tomó, observándolo con atención.

—¿Estás segura?

—Por supuesto —sonrió con seguridad—.

Ese anillo fue creado por el mismísimo Abismo.

No hay llave más poderosa que esa.

—Está bien… vamos a ver qué tal.

Kiro acercó el anillo al centro de la puerta.

Al instante, una línea de energía púrpura comenzó a extenderse por las puertas como venas brillantes.

Cuando la red se completó, las puertas chirriaron y empezaron a abrirse lentamente.

—¡Esto es increíble!

—dijo Kiro con los ojos brillantes.

—¡Tú lo dijiste!

—añadió Xia—.

¿Quién iba a imaginar que esa cosa rara servía para esto?

Shizuki extendió la mano y Kiro le devolvió el anillo.

—Gracias —dijo ella, colocándoselo nuevamente—.

Ahora sí…es momento de enfrentar al abismo detrás de estas puertas.

Las puertas terminan de abrirse, revelando un amplio pasillo de mármol pulido y columnas gigantescas adornadas con varios estandartes escritos de la antigüedad.

Una atmósfera densa y cargada de poder se sentía al otro lado.

El grupo se quedó en silencio un momento.

—Adelante —dijo Kiro finalmente—.

Ya no hay vuelta atrás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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