Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 87
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- Capítulo 87 - 87 Capítulo 87 El Trono de la Oscuridad
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87: Capítulo 87: El Trono de la Oscuridad 87: Capítulo 87: El Trono de la Oscuridad Apenas cruzaron el umbral de las puertas, estas se cerraron de golpe con un estruendo metálico que hizo eco en toda la sala.
La oscuridad envolvió el lugar como un manto sofocante.
No se veía nada, ni siquiera las siluetas de los compañeros al lado.
—¡¿Qué demonios?!
—exclamó Kiro, girándose hacia la puerta.
Golpeó la piedra, pero esta no se movió ni un centímetro—.
¡Se cerró sola!
—No veo nada… —dijo Noell con voz temblorosa—.
¿Xia?
¿Kiro?
¿Dónde están?
—Tranquilos —respondió Xia con firmeza, aunque su mano ya se había encendido con una leve llama por precaución.
En ese instante, una por una, las antorchas en las columnas se encendieron en secuencia, como si una mano invisible las encendiera deliberadamente.
La tenue luz se extendió por el gran salón, revelando un techo abovedado con una gran cúpula de cristal desde la cual entraba una luz difusa, casi como si estuvieran bajo una luna sangrienta.
Era extraño… por fuera aún era de día, pero dentro de ese salón, parecía una noche eterna.
—Esto es muy extraño… —murmuró Xia, frunciendo el ceño.
La luz caía de manera precisa sobre un enorme trono de piedra negra al fondo del pasillo.
Su respaldo se alzaba hasta casi tocar la cúpula, y tenía símbolos tallados que brillaban débilmente de un tono púrpura.
Daba la sensación de que algo… o alguien… los observaba desde ese trono vacío.
—Parece la sala de un rey oscuro —comentó Kiro con voz baja—.
Se ve increíble desde aquí.
—No deberíamos estar aquí —susurró Noell, quien se había detenido a mitad del camino.
Estaba pálido, y su respiración se aceleraba—.
Este lugar me da muy mala espina… —Noell, tranquilo —le dijo Xia, volviendo a verlo—.
Quédate cerca, ¿sí?
Nadie se separa.
Avanzaron lentamente, siguiendo el camino marcado por las antorchas en las columnas.
El aire era pesado, y cada paso resonaba como si el mismo salón los estuviera escuchando.
Fue Kiro quien primero se percató de algo.
—Esperen… —dijo deteniéndose—.
Miren el suelo.
En el centro del pasillo, justo bajo la cúpula, había una runa antigua grabada en piedra, circular, con símbolos entrelazados en espirales.
Era de un estilo tan viejo que costaba entender si era lenguaje o artes arcanas.
—¿Qué significa esto?
—preguntó Xia, acercándose con Shizuki aún en su espalda.
Ambas observaron la runa por unos segundos.
Shizuki se inclinó un poco para verla mejor, y entonces sus ojos se iluminaron.
—Esto… esto es un portal —dijo de repente con seguridad—.
Es una runa de transporte.
Está incompleta, pero puedo sentir su energía.
¡Es la forma de salir de este sitio!
—¿Hablas en serio?
—dijo Noell con un atisbo de esperanza.
—¡Sí!
Aquí está la clave… ¡Por fin!
—exclamó Shizuki mientras bajaba de la espalda de Xia.
Se arrodilló frente a la runa y pasó sus dedos por los grabados, activando pequeñas luces tenues que reaccionaban a su tacto—.
Solo necesito entender bien cómo funciona.
No sé exactamente cómo activarla, pero puedo intentarlo.
—Hazlo —dijo Kiro sin dudar—.
Nosotros te cubrimos.
—¿Esto… nos llevará de vuelta a casa?
—preguntó Noell, con la voz aún temblorosa.
—O a otro nivel —añadió Xia con una sonrisa pícara—.
Este lugar parece tener más trampas que salidas reales.
Mientras Shizuki se concentraba en la runa, los demás se dispersaron para observar los alrededores.
El salón era vasto, lleno de detalles antiguos.
Había puertas en cada esquina, todas cerradas, y cuadros colgados en las paredes cubiertos de polvo.
Eran pinturas antiguas, en su mayoría retratos de figuras encapuchadas o en armaduras negras, con ojos sin pupilas.
Y entonces, algo llamó su atención.
—Kiro… —dijo Noell señalando con el dedo tembloroso detrás del gran trono—.
¿Ves eso?
Kiro se acercó y vio las palabras talladas en una lengua clara, aunque siniestra, como si hubieran sido esculpidas con garras en lugar de herramientas: MUERTE CASTIGO HONOR SANGRE OSCURIDAD PARCA —Qué… demonios… —murmuró Kiro, tragando saliva.
—Esas palabras… no son casualidad —dijo Xia, que también las había notado—.
Esto no es solo una sala de transporte… esto fue un sitio de juicio, o peor… de ejecución.
—¿Y si el trono… no está vacío de verdad?
—preguntó Noell con miedo.
—No pensemos en eso ahora —dijo Shizuki sin levantar la vista—.
Este portal es nuestra salida.
Si algo se activa al intentar abrirlo… bueno, estén listos para pelear.
Kiro apretó los puños.
La energía de luz crepitó en su piel como chispas doradas.
—No pienso quedarme a averiguar qué es ese trono.
Si algo sale… lo mando directo al vacío.
—Lo mismo digo —añadió Xia, haciendo brotar fuego en su mano izquierda—.
Pero si esto es la prueba final, que venga.
Shizuki inspiró hondo.
—Voy a intentarlo.
Prepárense para lo que sea.
El grupo asintió, rodeando a Shizuki mientras ella colocaba ambas manos sobre la runa.
Su anillo volvió a brillar… y algo, muy profundo en ese lugar, comenzó a moverse.
Una energía oscura se agitó bajo el suelo.
—No estamos solos —susurró Noell, con los ojos muy abiertos—.
Algo…está con nosotros.
Un sonido metálico reverberó por todo el salón, cortando el silencio con una precisión que erizaba la piel.
Clac… clac… clac… Los ecos de los pasos eran graves, antiguos, como si cada pisada arrastrara siglos de muerte con ella.
Nadie podía identificar su origen exacto, parecían venir de todos lados a la vez.
Las paredes devolvían el sonido con una burla siniestra, amplificando la confusión y el terror del grupo.
—¿Qué es eso…?
—susurró Xia, entrecerrando los ojos con tensión.
—No suena como un simple enemigo —añadió Kiro, apretando los puños con fuerza mientras los envolvía con su energía de luz, que chispeaba con una intensidad irregular.
Ambos se posicionaron al frente, listos para cualquier amenaza.
Xia envolvió sus brazos con su energía, dejando escapar un leve resplandor rojizo, y su expresión se tensó con seriedad.
Kiro hizo lo mismo, su luz parpadeando como si algo en el aire intentara extinguirla.
—¿De dónde viene eso…?
¡No lo veo!
—gritó Noell con pánico, girando sobre sí mismo, tembloroso.
Pero entonces, algo más profundo y primitivo que el miedo los envolvió a todos.
Un escalofrío les recorrió la espina como una corriente helada.
Fue un segundo apenas… pero bastó.
Kiro sintió su energía desaparecer como si el mundo lo hubiese dejado vacío.
Sus puños se apagaron.
Noell cayó de rodillas, respirando agitadamente mientras se abrazaba a sí mismo.
Shizuki, que estaba concentrada en la runa del portal, se estremeció con tal violencia que sus manos temblaron y se retiraron de inmediato.
Xia fue la única que mantuvo su energía activa, aunque incluso ella sintió un nudo en el pecho, una opresión desconocida y asfixiante.
—¿Q-qué es esto…?
¿Por qué no puedo…?
—dijo Kiro jadeando, con el sudor frío bajándole por la frente.
—¡Ahí…!
¡Ahí hay algo!
—chilló Noell con la voz quebrada, señalando con el dedo hacia la entrada por la que habían llegado.
Allí, entre las sombras más densas, dos ojos rojos brillaron con una intensidad asesina.
No era simple luz, era una presencia.
Los ojos no parpadeaban.
No se movían.
Sólo observaban.
—¡Se mueve…!
¡Viene hacia nosotros!
—gritó Xia, retrocediendo un paso mientras ponía a Kiro detrás de ella instintivamente.
Los pasos continuaron, ahora más claros, más cercanos.
Una figura emergió lentamente de la oscuridad, revelada por la tenue luz opaca del exterior.
Un caballero de armadura negra como el abismo caminaba con una lentitud deliberada.
La armadura crujía con cada movimiento, como si estuviera viva, como si la oscuridad en sí misma la hablara a través de sus pliegues.
En su espalda, una niebla espesa y negra lo seguía, como si brotara de él, ondulando como una capa de sombras vivientes.
Esa niebla parecía murmurar, vibrar con ecos de voces perdidas.
Su casco era infernal, con cuernos y de la rendija del rostro sólo brotaban esos ojos rojos, dos brasas infernales que ardían como sangre.
En su espalda llevaba un mandoble tan grande que parecía arrastrar condenas, negro como el mismo vacío, adornado con inscripciones en una lengua olvidada.
Todos temblaban.
Shizuki dio un paso atrás.
Noell no podía hablar.
Incluso Xia… incluso ella… sentía miedo.
“¿Por qué tengo miedo…?,” —pensó Xia mientras su corazón martillaba su pecho.
“¿Qué es esto que siento?
Yo… yo no debería temerle a nada.
¿Por qué me tiemblan las piernas?
¿Qué es este monstruo?” ¿Por qué me siento tan asustada?
¿Tan… insignificante…?
La criatura avanzó hasta quedar frente a ellos.
Nadie se atrevía a moverse.
Su presencia era como un abismo devorando el alma.
Y entonces… se detuvo.
El silencio fue peor.
Los ojos del caballero se clavaron en cada uno de ellos, uno por uno.
Y cuando la mirada cayó sobre Kiro, sintió como si una mano invisible apretara su garganta.
El miedo era tan denso que cortaba la respiración.
—La cacería… ha comenzado.
—Su voz era un susurro rasposo, gutural, una amalgama de ecos y horrores.
No parecía humana… y tal vez no lo era.
Y en un parpadeo… desapareció.
—¡¿Dónde…?!
—gritó Kiro, buscando a su alrededor con desesperación.
—¡No puede ser!
¡¿A dónde se fue?!
—añadió Shizuki, retrocediendo hacia Xia.
Todos giraron la vista al mismo tiempo.
En el trono.
Ahí estaba solemne.
Sentado como un rey en su pútrido dominio, el caballero los observaba desde lo alto del trono de piedra negra.
Nadie lo había visto moverse.
No hubo sonido.
No hubo desplazamiento.
Sólo… apareció allí.
Como si siempre hubiese estado ahí.
“¿Cómo se movió tan rápido?” —pensó Kiro —.
“¿En qué momento…?
¿Cómo…?” El caballero apoyó ambas manos sobre el mango de su mandoble, lo desenvainó lentamente, con un sonido chirriante y áspero, y lo clavó en el suelo frente a él.
El suelo crujió como si se partiera por dentro.
Una onda oscura se extendió desde el punto de impacto, estremeciendo la estructura entera.
—¿Es…
un espectro?
¿Un demonio?
—murmuró Xia.
—Esto… esto no es algo que podamos vencer —dijo Noell, con los ojos vidriosos.
—No… no es solo un ser oscuro… —dijo Shizuki, conteniendo la respiración—.
Es un guardián.
Un ejecutor.
La parca… Kiro dio un paso al frente con esfuerzo, temblando, la respiración entrecortada.
—¿Qué… eres tú?
—le preguntó con voz firme, aunque el temblor en su tono lo traicionaba.
El caballero levantó ligeramente su cabeza..
—Soy la muerte… —susurró.
La sala entera pareció respirar oscuridad, tornándola más densa.
La cacería… había comenzado.
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