Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 90
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- Capítulo 90 - 90 Capítulo 90 El Único Testigo
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90: Capítulo 90: El Único Testigo 90: Capítulo 90: El Único Testigo Un rayo dorado cruzaba el horizonte mientras la luz del amanecer teñía el cielo de un cálido tono ámbar.
Kiro abrió lentamente los ojos, sintiendo la tierra fría bajo su espalda y el leve cosquilleo del viento contra su rostro.
Parpadeó varias veces, desorientado, mientras el mundo a su alrededor tomaba forma.
Encima de él, las nubes se deslizaban perezosamente, teñidas de tonos anaranjados y rosados.
Se incorporó con esfuerzo, apoyando las manos sobre el suelo cubierto de hojas secas y piedras, ahora el lugar no parecía estar en corrupción, había recuperado su color.
Su respiración era agitada y su corazón palpitaba con fuerza.
—¿Dónde…
estoy?
—murmuró en voz baja, llevándose una mano al rostro.
Su ojo izquierdo ardía levemente, pero el dolor era soportable.
Se puso de pie, tambaleante, y barrió el lugar con la mirada.
A lo lejos, más allá de una línea de árboles y montículos de piedra, distinguió siluetas familiares.
Un brillo de alivio inundó su pecho.
—¡Xia!
¡Shizuki!
¡Noell!
—gritó con fuerza, comenzando a correr hacia ellos.
Los tres estaban sentados alrededor de una pequeña fogata al aire libre.
Un par de recipientes abiertos dejaban escapar el aroma de comida caliente.
Al escucharlo, se giraron de inmediato.
—¡Kiro!
—exclamó Xia, poniéndose de pie rápidamente—.
¡Estás despierto!
—¡Vaya, al fin!
—añadió Noell mientras levantaba la mano para saludarlo.
Shizuki simplemente alzó la mirada y le dedicó una sonrisa confiada, con los brazos cruzados.
Kiro llegó hasta ellos jadeando ligeramente por la carrera.
Su expresión era una mezcla de alegría, confusión y una leve ansiedad.
—Me alegra tanto verlos bien… —dijo entre respiraciones entrecortadas—.
¿Están todos bien?
Shizuki… tu herida, ¿cómo está?
Shizuki alzó una ceja algo preocupada y miró su cuerpo.
—¿Herida?
¿De qué estás hablando?
En ningún momento me hirieron.
Esta misión fue fácil para mí —afirmó con orgullo mientras jugueteaba con su amuleto morado—.
Tenía la protección del Abismo, así que apenas fue un paseo.
Kiro frunció el ceño, completamente desconcertado.
Recordaba vívidamente la imagen de Shizuki sangrando por el costado, apenas consciente.
La había visto tener que avanzar por las ruinas en la espalda de Xia… “¿Acaso no era así?
¿Qué está pasando…?
¿Estoy confundido… o todo eso realmente ocurrió?” —pensó, intentando hilar sus recuerdos.
Todo estaba borroso, como si alguien hubiera arrojado un velo sobre su memoria.
Xia se acercó a él y le tocó la frente con preocupación.
—¿Estás seguro de que estás bien?
Te golpeaste muy fuerte la cabeza durante la pelea con esos espectros oscuros.
Estuviste inconsciente por unas horas.
—¿Espectros… oscuros?
—repitió Kiro, perplejo.
No recordaba ninguna batalla extra contra los espectros.
—Sí —añadió Noell, mientras mordía un pedazo de pan—.
Fue algo raro, como una niebla que intentaba atraparnos, pero tú la enfrentaste directamente.
Fuiste bastante valiente aunque…
Kiro retrocedió medio paso, sintiéndose cada vez más fuera de lugar.
—¿Y… no vieron ningún esqueleto?
—preguntó, con una chispa de esperanza de que al menos eso fuera real.
Los tres se miraron unos segundos, confusos.
Xia fue la primera en hablar: —¿Esqueletos?
No… ¿Acaso soñaste eso?
—Quizá el golpe te afectó más de lo que pensábamos —añadió Shizuki, cruzándose de brazos—.
Aunque bueno, tener alucinaciones no sería raro después de tanto estrés.
Kiro desvió la mirada hacia el suelo.
Algo no encajaba.
El vacío en su memoria, los recuerdos distorsionados, las respuestas de sus amigos… todo era como un sueño.
¿O una ilusión?
Suspiró profundamente y se dejó caer sentado junto a ellos.
Aceptó el cuenco de sopa que Xia le ofrecía y se unió a la conversación mientras comían.
—La verdad —decía Noell entre bocados—, esta misión no fue tan difícil.
Supongo que esperaban más enemigos, pero lo controlamos bien.
Eso sí, no encontramos rastros de ningún aventurero perdido.
—Ni ruinas que valieran la pena —añadió Xia con un tono resignado—.
Ojala habernos llevado aunque sea una moneda antigua.
Kiro apenas prestaba atención.
Su mirada se perdía en las llamas mientras sus pensamientos lo asaltaban.
Todo era demasiado perfecto.
“¿Y Dravenel?
¿Y el trato…?” —pensó.
Unos minutos después, escucharon el crujido de ruedas y cascos sobre la tierra.
Al girar, vieron a Hans, su conductor, llegando con el carruaje habitual de regreso a Farhaim.
Vestía su ropa elegante y lucía una sonrisa amable.
—¡Buen día, jóvenes estrellas!
—saludó bajando del asiento—.
¿Cómo les fue en su primera misión?
—¡Todo bien!
—respondió Xia con entusiasmo—.
Los chicos hicieron un gran trabajo, seguro ganamos un par de estrellas por esto.
—Me alegra escucharlo —dijo Hans mientras abría la puerta del carruaje—.
Suban, aún tenemos un largo camino de vuelta.
Uno por uno, todos subieron.
Kiro se acomodó junto a la ventana, con la cabeza apoyada en su mano.
El carruaje comenzó a moverse lentamente entre los árboles y la luz dorada del amanecer iluminó el sendero de regreso.
Los demás hablaban con entusiasmo, bromeaban e intercambiaban impresiones, pero Kiro permanecía en silencio.
Su ojo izquierdo pulsaba con un leve cosquilleo, una sensación apenas perceptible… pero constante.
Entonces, una voz resonó dentro de su mente.
Grave, tranquila, poderosa.
—Todo fue real, Kiro.
—La voz de Dravenel lo envolvió como un eco profundo—.
Fui yo quien borró sus memorias.
Les mostré una posibilidad distinta, un camino sin muerte… un sueño que reemplazara la verdad.
Solo tú, Kiro, conservas el recuerdo de lo que ocurrió en las ruinas.
Los ojos de Kiro se abrieron un poco más.
Su corazón se aceleró.
Miró alrededor.
Nadie parecía haberlo escuchado.
—¿D-Dravenel?
—murmuró, apenas audible.
—Así es.
Estoy aquí, en tu ojo izquierdo, tal como acordamos.
Y cumpliré mi palabra.
Ustedes están vivos… y ahora, tú eres mi vínculo con este mundo.
Kiro tragó saliva, volviendo su mirada a la ventana.
Los árboles pasaban como sombras a su lado.
—¿Qué planeas hacer ahora?
—preguntó mentalmente, intentando mantener la calma.
—Buscar a mis antiguos compañeros.
Recordar quién fui.
Y tú… tú me ayudarás, Kiro.
Pero no temas, no interferiré en tu camino de ninguna mala forma.
—la voz se desvaneció lentamente, dejando un silencio incómodo en su mente.
Kiro se quedó allí, inmóvil, observando su reflejo en el vidrio del carruaje.
Por un segundo, juraría haber visto su ojo izquierdo brillar con un tenue fulgor oscuro, pero desapareció tan rápido como vino.
Cerró los ojos y respiró hondo.
“Parece que esta historia…
apenas comienza.” —Menuda primera misión —susurró para sí mismo, esforzándose por mostrar una pequeña sonrisa mientras el carruaje avanzaba entre la luz de la mañana.
Las horas pasaron volando mientras el carruaje avanzaba por los caminos polvorientos que llevaban de vuelta a la Academia Farhaim.
El traqueteo de las ruedas, que normalmente pondría nervioso a cualquiera, resultaba casi hipnótico para los jóvenes estudiantes.
El cielo estaba despejado y el sol comenzaba su descenso por el horizonte, pintando los campos de Alfhaim con tonos dorados y cálidos.
Kiro, sin embargo, estaba lejos de disfrutar del paisaje.
Sentado junto a la ventana, con el rostro apoyado en la palma de su mano, observaba en silencio cómo los árboles pasaban, como si con ellos también se desvanecieran los recuerdos confusos de las ruinas.
La voz de Dravenel resonaba aún en su mente como un eco lejano pero firme: “Solo tú recuerdas la verdad, Kiro.
Todo lo demás ha sido borrado…” Ese pensamiento lo envolvía en una nube de dudas e incertidumbre.
“¿Por qué él?
¿Por qué aquel caballero decidió hacer ese trato conmigo?” De pronto, notó algo extraño.
Desde el otro lado del carruaje, Shizuki lo miraba fijamente, con expresión seria.
No era una mirada acusadora ni molesta, sino preocupada.
Cada vez que Kiro desviaba la vista, podía sentir sus ojos volver a él.
—¿Hmm?
—murmuró Kiro, levantando una ceja mientras fingía no notarlo.
Shizuki, al darse cuenta de que fue descubierta, apartó la mirada con un leve sonrojo y carraspeó.
—Estás muy callado.
No pareces tú.
—¿Eh?
¿De verdad?
—Kiro trató de sonreír, aunque no era muy convincente—.
Solo estaba pensando en…
en lo que pasó allá.
—¿Estás seguro de que estás bien?
—preguntó Shizuki, con voz baja pero sincera.
—Estoy bien.
Solo fue un golpe…
o algo así, ¿no?
Shizuki no dijo nada más, pero mantuvo la mirada baja.
Kiro sintió que ella también sospechaba que algo no estaba del todo bien, aunque no podía decir si era sobre él…
o sobre ella misma.
Finalmente, el carruaje se detuvo suavemente frente a las grandes puertas de la Academia.
Hans, siempre sonriente, se giró desde el asiento del conductor y los miró por encima del hombro.
—Bueno jóvenes estrellas, hemos llegado.
¡Buena suerte con el informe!
—dijo con un guiño.
—¡Gracias por el viaje, Hans!
—respondió Xia mientras bajaba con soltura.
Kiro descendió después, estirando los brazos, aún con la mente nublada.
Al ver que Xia caminaba decidida hacia el edificio, la alcanzó con prisa.
—¿Informe?
¿Tenemos que entregar un informe escrito?
—preguntó, algo alarmado.
Xia soltó una carcajada.
—¡No, no!
Solo tenemos que contarle a la maestra Lyra lo que pasó y ella se encarga del papeleo.
Después viene la mejor parte: Las estrellas para los MVP.
—¿MPV?
—intervino Noell, algo confundido—.
¿Qué significa eso?
—La estrella para los MVP —explicó Xia con entusiasmo—.
Se la dan al que haya tenido mejor rendimiento en la misión.
A veces dan una, a veces dos.
¡Y cada una suma para mejorar tu posición en la Academia!
—¿Y si nadie sobresalió?
—preguntó Kiro, aún más nervioso.
—Entonces no dan nada —rió Xia—.
Pero tranquilos, siempre alguien sobresale en las misiones.
El grupo caminó entre los senderos de la academia en dirección a la sede Stella, rodeados por otros alumnos que entrenaban, conversaban o simplemente disfrutaban del atardecer.
De pronto, una voz familiar llamó a Kiro.
—¡Vaya, Kiro!
Era Ryu.
El muchacho corría hacia él con una sonrisa radiante, moviendo una mano en el aire.
—¡Lo lograste!
¡Tu primera misión!
—dijo, dándole un choque de manos—.
Sabía que lo harías bien.
—¡Gracias, Ryu!
—respondió Kiro, sonriendo alegremente al ver a su amigo.
Entonces Ryu miró al resto del grupo, y de inmediato se puso más serio, inclinando levemente la cabeza.
—Un gusto conocerlos.
Soy Ryu, del emblema de Paladins.
Xia lo miró de arriba abajo con desinterés.
—¿Y quién es este…?
—Ryu es mi mejor amigo —intervino Kiro—.
Entrenamos juntos antes de entrar a la Academia.
—Ah…
—Xia asintió, sin mucho entusiasmo.
—Kiro, en serio…
necesito hablar contigo —dijo Ryu de pronto, acercándose un poco más.
—¿Ahora?
¿No puede esperar un poco más?
—Eso dijiste la última vez —replicó Ryu con un suspiro.
Xia le dio un leve empujón a Kiro con el codo y le guiñó un ojo.
—Ve con él.
Nosotros podemos encargarnos de Lyra, ¿Verdad, chicos?
—Claro —dijo Noell, sonriendo.
—Nos vemos luego, compañero del abismo—añadió Shizuki, tranquila.
Kiro asintió y se fue con Ryu hacia una de las bancas del patio central.
Se sentaron en silencio unos segundos, hasta que Kiro rompió el hielo.
—Entonces…
¿qué pasa?
—Kiro…¿ De casualidad conoces a Ethan Aegir?
—preguntó Ryu con seriedad.
—Hmm…
no me suena.
¿Quién es?
—Es alguien de mi emblema.
Primer año también.
El tema es que me preguntó por ti.
Dijo que quería hablar contigo desde hace un tiempo.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes?
—¡Se me olvidó!
Lo siento —se rascó la cabeza, avergonzado—.
Pero me volvió a insistir ayer.
Parece importante.
—¿Y qué quiere?
—preguntó Kiro, intrigado.
—No me lo dijo.
Pero no es mal tipo, tranquilo.
Si quieres, te lo presento mañana.
Así puedes descansar hoy.
—No, mejor ahora —respondió Kiro, poniéndose de pie—.
Ya tengo demasiado interés por lo que quiera decirme.
No quiero esperar más.
Ryu rió levemente y lo guió hacia la sede de Paladins.
—De acuerdo, sígueme hasta mi sede.
Allí es donde debería estar ahora Ethan.
Ambos caminaron por el pasillo principal entre las sedes, bajo los faroles que ya comenzaban a encenderse con el anochecer.
El cielo se teñía de azul profundo, como una cortina que caía para cerrar el día…
y quizás, también una etapa.
Kiro no sabía qué quería ese tal Ethan, ni por qué su nombre resonaba ahora como si fuese importante.
Pero una cosa era clara: Su viaje recién comenzaba.
Lo que ocurrió en las ruinas, lo que solo él recordaba…
no sería lo último extraño que viviría ese año.
Porque incluso mientras caminaba, una sensación extraña le recorría la espalda.
Como si algo, o alguien, lo estuviera observando desde lejos.
El pasado había quedado enterrado, pero no olvidado.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Krisray A continuacion viene el Volumen 5: Los Secretos de Stella Este sera un Volumen especial, donde conoceremos lo que Stella nos tiene preparado.
¿Que hacen los Emblemas?
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