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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 91

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  4. Capítulo 91 - 91 Capítulo 91 Hacia la Fortaleza de los Héroes
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91: Capítulo 91: Hacia la Fortaleza de los Héroes 91: Capítulo 91: Hacia la Fortaleza de los Héroes El sol comenzaba a ocultarse lentamente detrás de los altos edificios de la Academia Farhaim, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y rosados.

Las farolas a lo largo del sendero principal se encendían una a una, lanzando destellos cálidos que iluminaban el camino adoquinado por el que Kiro y Ryu avanzaban.

Kiro caminaba al lado de su mejor amigo, con las manos en los bolsillos y los ojos brillando de emoción.

Cada paso lo sentía más pesado, pero no por miedo…

sino por los nervios que le recorrían el cuerpo.

—¡No puedo creerlo, Ryu!

—exclamó con una sonrisa que le cubría toda la cara—.

¡Por fin voy a ver la sede del emblema Paladins!

¡La número uno de toda la Academia!

—Sí, es algo increíble —respondió Ryu, caminando con las manos relajadas a los costados, mirando al frente con una expresión tranquila—.

Aunque…

todavía no conozco a todos los miembros, normalmente me quedo con los de primer año.

Pero te aseguro que ver a los veteranos en acción…

es algo que no se olvida.

—Y además aquí está ella —añadió Kiro con un leve sonrojo en las mejillas—.

Kaede Minatsuki.

La mejor de toda la Academia…

dicen que incluso ha derrotado a maestros en combates de práctica.

Ojalá ser como ella, así de fuerte.

—Jajaja, sí…

—rió Ryu—.

También dicen que nuestro líder, el maestro Andrew Zimmerman, fue un antiguo Caballero Esmeralda.

Al escuchar eso, Kiro alzó su puño con fuerza, imitando la emoción de Ryu sin pensarlo.

—¡Eso suena muy épico!

¡Un caballero esmeralda!

—dijo con entusiasmo, pero al segundo ladeó la cabeza, confundido—.

Espera, espera…

¿Qué es un caballero esmeralda?

Ryu rió un poco, bajando el puño.

—Son como una élite de soldados de la nación de Xaos —explicó mientras hacía gestos con las manos—.

Dicen que son los protectores oficiales de esa nación, como una mezcla de soldados y policías.

Llevan capas verdes con bordes dorados, y sus armaduras tienen símbolos sagrados.

¡Hay gente que viaja solo para verlos marchar por las calles!

—¡Increíble!

—exclamó Kiro mientras entrelazaba las manos detrás de su cabeza y alzaba la mirada al cielo, donde un par de nubes se teñían de rosa con los últimos rayos del sol—.

¡Entonces cuando visitemos Xaos, me compraré una cámara!

Y le tomaré fotos a todos los que vea que se vean geniales…

¡Aunque tenga que llenar cien álbumes!

—Conociéndote, seguro los llenarías el primer día —bromeó Ryu.

—¡No me subestimes, soy todo un cazador de leyendas!

—dijo Kiro con voz dramática, provocando que ambos soltaran una risa al unísono.

Los pasos de los dos muchachos continuaron hasta que finalmente se detuvieron frente a un portón enorme de hierro forjado que se alzaba frente a ellos.

En el arco de entrada, un emblema de color dorado reflejaba la luz del atardecer.

Era el símbolo del emblema Paladins: Una gran espada recta atravesando un yelmo de caballero.

—Aquí estamos…

—murmuró Ryu con un tono casi solemne.

—…Wow —fue todo lo que pudo decir Kiro.

Del otro lado del portón, un extenso jardín se extendía con precisión casi mágica.

El césped estaba cortado al milímetro, flores de múltiples colores bordeaban el camino central, y al fondo se erguía un edificio imponente.

Su estructura tenía toques de mármol blanco y pilares de piedra gris que lo hacían parecer más una fortaleza que una sede estudiantil.

Grandes ventanales dejaban ver luces cálidas en su interior, y en lo alto, ondeaba una bandera con el escudo del emblema.

—Parece un castillo…

—susurró Kiro con los ojos abiertos como platos—.

Un castillo de héroes…

Ryu sonrió.

—Aún no me acostumbro a este lugar —confesó, rascándose la mejilla con cierta timidez—.

Pero bueno…

vamos.

Con un movimiento seguro, Ryu empujó una de las grandes puertas de madera tallada.

Esta se abrió con un leve crujido elegante.

Un suave aroma a incienso y madera pulida escapó desde el interior, envolviéndolos al instante.

Ryu entró primero, y con un gesto de mano, invitó a Kiro a seguirlo.

—Vamos, Kiro.

El chico de cabello amarillo tragó saliva.

Su pierna temblaba un poco, como si no supiera si avanzar o salir corriendo.

Sentía que sus sentidos estaban al máximo.

La respiración se le aceleraba, y su corazón latía como un tambor de guerra.

No todos los días uno pisa el dominio de los más fuertes.

Kiro dio un paso adelante…

y luego otro…

y justo al entrar, levantó ligeramente la mano y dijo en voz clara pero nerviosa: —¡C-con permiso!

Ryu soltó una risita, y Kiro lo fulminó con la mirada durante un segundo…

pero enseguida ambos soltaron otra carcajada.

El vestíbulo era amplio y majestuoso.

Grandes estandartes colgaban de las paredes mostrando los colores del emblema.

Unas escaleras de mármol ascendían a los pisos superiores, y a la derecha había una sala común donde varios estudiantes de años superiores conversaban relajadamente, algunos leyendo, otros limpiando sus armas, y otros simplemente tomando té o bebidas energéticas.

Todo irradiaba profesionalismo, fuerza…

y una atmósfera que imponía respeto.

—¿Dónde está Ethan?

—preguntó Kiro en voz baja, girándose hacia su amigo.

—Debe estar en la sala de entrenamiento —respondió Ryu, comenzando a avanzar por un pasillo lateral—.

Vamos, te llevo.

Mientras caminaban, Kiro no podía evitar mirar todo a su alrededor como un niño en una tienda de dulces.

No era solo el lujo o el diseño imponente…

era la energía del lugar.

Una sensación de que todos los que caminaban por esos pasillos eran guerreros legendarios en formación.

Personas que realmente tenían lo necesario para marcar la historia del mundo.

Y él…

estaba por adentrarse en su mundo.

—Ethan Aegir, ¿eh?

—murmuró para sí—.

A ver qué clase de persona eres… Kiro avanzó por los pasillos de la sede Paladins junto a Ryu, maravillado por cada detalle.

Las paredes relucían como si las hubieran limpiado minutos antes, los ventanales dejaban entrar la cálida luz del atardecer y todo, absolutamente todo, parecía recién construido.

—Esto…

esto es otro nivel…

—murmuró, bajando de golpe la cabeza como si lo invadiera una tristeza profunda.

Ryu, al verlo, parpadeó confundido.

—¿Eh?

¿Te pasa algo, Kiro?

—Quiero llorar —dijo, apretando los puños—.

Ojalá la sede del emblema Stella fuera así de genial…

Pero no…

—soltó un suspiro exagerado—.

La nuestra parece una casa embrujada abandonada desde hace décadas.

Hay telarañas en los rincones, polvo en los pasillos, y un sonido raro que aparece cada noche.

Juro que una vez escuché una voz susurrando mi nombre.

Ryu se llevó una mano a la boca, conteniendo la risa.

—¿En serio?

—¡Lo juro!

Y como si fuera poco, ¡Me toca limpiar solo casi todos los días!

De no ser por Rei, estaría sepultado en la basura o devorado por una polilla de energía o lo que sea que viva allá abajo…

—Mi más sincero pésame —dijo Ryu, inclinando la cabeza solemnemente antes de soltar una carcajada.

Kiro bufó, cruzando los brazos mientras seguían caminando.

—Y ni hablar del baño…

¡Una vez salió vapor negro del inodoro!

¡Vapor!

¿Qué clase de castigo es ese?

—¡Eso ya suena a un monstruo escondido!

—respondió Ryu, entre risa y sorpresa.

Tras unos minutos más de conversación y bromas sobre lo caótica que era la sede Stella, los chicos finalmente llegaron a una amplia puerta trasera.

Al abrirla, el aire fresco de la tarde los envolvió y ante ellos se extendió un enorme jardín verde, con pasto joven, vibrante y saludable.

En el centro, varios parches de tierra comenzaban a dar lugar a pequeñas flores aún sin abrir, como si todo estuviera esperando florecer en el momento adecuado.

Kiro se quedó sin palabras.

—…Esto es…

hermoso.

—Este es el patio trasero de la sede —dijo Ryu con una sonrisa tranquila—.

Los de primer año hemos estado trabajando en él.

Hace unos días terminamos de quitar las hierbas malas y colocamos pasto nuevo.

Kiro lo miró con una ceja alzada y una sonrisa burlona.

—¿Así que tienes talento con las plantas, eh?

no sabía que eras jardinero.

—¡¿Qué?!

¡N-no, no!

—exclamó Ryu de inmediato, moviendo las manos frenéticamente—.

¡Yo solo seguía órdenes!

Quien sabe de esto es Nayeli…

yo apenas cargaba cosas, cavaba donde me decían y me aseguraba de no pisar nada por accidente…

—Ajá, ajá…

claro —Kiro asintió con una sonrisa pícara—.

Ya me imagino a Ryu el domador de flores, hablando con las margaritas…

—¡Déjate de cosas!

—protestó Ryu, sonrojado—.

Además, ¿No veníamos por algo importante?

—Cierto —dijo Kiro, recobrando la compostura y girando la mirada.

A lo lejos, junto a un árbol y en un banco de piedra, un chico descansaba con un libro en el rostro, completamente inmóvil.

Su cabello era de un tono dorado, y aunque la sombra del árbol cubría parte de su cuerpo, su figura transmitía una sensación de calma muy peculiar.

—Ese es Ethan Aegir —señaló Ryu—.

Parece que…

se quedó dormido.

Ambos se acercaron con pasos suaves.

—Ethan —susurró Ryu, tocando suavemente su hombro—.

Hey…

despierta…

traje a Kiro como dijiste…

Pero Ethan no se movía.

Ni una reacción.

Solo la brisa movía ligeramente las hojas del árbol.

Kiro entrecerró los ojos, sonriendo de lado.

—Hmm…

se ve tan tranquilo ahí…

parece indefenso —dijo mientras una chispa juguetona brillaba en su mirada—.

Creo que es momento de una pequeña…

broma.

—¿Eh?

No sé si eso sea buena idea —susurró Ryu, retrocediendo un poco con expresión preocupada—.

Ethan puede parecer relajado, pero…

no recomendaría molestar a nadie…

—No será nada malo —respondió Kiro, imbuyendo con cuidado la punta de su dedo índice con su energía de luz, que resplandecía como un pequeño relámpago blanco dorado—.

Solo lo suficiente para despertarlo.

Una caricia energética…

ya verás.

—Kiro, en serio…

Pero el chico no escuchó.

Se agachó, acercó el dedo a la pierna de Ethan muy lentamente y con precisión…

—Y…

ahora —susurró.

Apenas el dedo tocó la tela del pantalón de Ethan, una descarga energética se liberó como un resorte invisible, ¡ZAP!

Una onda de choque envolvió a ambos chicos, haciendo que Kiro retrocediera con un quejido, sacudiendo la mano.

—¡Aaah!

¡¿Qué rayos fue eso?!

Ethan soltó un pequeño grito del susto, el libro cayó de su cara, y se sentó de golpe con el cabello un poco desordenado.

—¡¿Q-qué?!

¿Qué pasó?

—preguntó mientras miraba a todos lados, aún algo aturdido.

—¡Perdón!

¡Perdón!

—dijo Ryu de inmediato, haciendo una pequeña reverencia nerviosa—.

Ya traje a Kiro, como me pediste…

Kiro se enderezó, frotándose la mano mientras miraba a Ethan con ojos entrecerrados.

—No esperaba que también fueras de energía de luz…

por eso se reflejó mi técnica contigo —dijo mientras se acomodaba la chaqueta y se aclaraba la garganta—.

Perdón por despertarte así…

soy Kiro.

Ethan lo observó en silencio por un instante.

Sus ojos, de un tono morado claro, lo examinaron con curiosidad y un dejo de emoción contenida.

—Eres más bajito de lo que imaginaba —dijo de repente.

—¡Oye!

—exclamó Kiro, ofendido.

Ryu se rió en voz baja.

Ethan se levantó del banco, estirándose ligeramente mientras dejaba salir un suspiro.

—Mi nombre es Ethan Aegir —dijo, con una sonrisa apacible—.

Es un gusto conocerte, Kiro.

Creo que será mejor que hablemos dentro.

Esto es…

importante.

Kiro lo observó por unos segundos.

No parecía un guerrero.

No parecía uno de los mejores.

No se veía amenazante ni poderoso.

Pero…

había algo en él.

Algo en su energía, en su voz.

Una especie de calma absoluta…

como la luz suave de un amanecer.

Y por alguna razón…

eso lo ponía aún más nervioso.

—De acuerdo…

te sigo.

Y con eso, los tres se dirigieron de nuevo al interior del edificio, sin saber que aquella conversación cambiaría muchas cosas en el camino de Kiro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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