Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 92

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Hikari no Unmei: El Destino de Luz
  4. Capítulo 92 - 92 Capítulo 92 Luz que recuerda el pasado
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

92: Capítulo 92: Luz que recuerda el pasado 92: Capítulo 92: Luz que recuerda el pasado Los pasillos de la sede Paladins seguían siendo igual de impecables y silenciosos, solo interrumpidos por los pasos calmados de Ethan, que guiaba a Kiro y Ryu como si el tiempo no existiera para él.

Sin embargo, la tranquilidad se rompió cuando, de repente, una figura bloqueó el paso del grupo.

Era un muchacho alto, de complexión atlética y cabello oscuro peinado hacia atrás.

Su mirada era afilada, casi como la de un depredador.

Vestía con una armadura, algo común del emblema Paladins y tenía un colgante metálico con forma de cruz rota en el cuello.

Al verlos, una sonrisa desagradable se dibujó en su rostro.

—Bueno, bueno…

—musitó con sorna, clavando los ojos en Ryu—.

Si no es el pequeño inútil otra vez.

¿Estás listo, enano?

Porque me muero por verte sufrir.

Ryu se quedó quieto.

Su mirada, normalmente tranquila, ahora se tornaba seria y resignada.

No dijo nada.

Solo bajó la cabeza un poco, con los labios tensos.

Kiro lo notó al instante y frunció el ceño, dando un paso al frente con el pecho alzado.

—¿Oye, qué te pasa?

—le espetó al desconocido, colocando un brazo frente a Ryu como si lo protegiera—.

¿Tienes algún problema con mi amigo?

El muchacho desvió la vista hacia Kiro, evaluándolo de pies a cabeza con evidente desdén.

—¿Y este quién es?

¿Un nuevo perrito faldero?

—rió—.

También se ve débil…

Los débiles dan asco.

Así que mejor lárgate de mi camino y de nuestro hogar.

Y sin más, lo empujó con el hombro al pasar, golpeando el de Kiro con fuerza.

El impacto fue breve, pero bastó para encender algo dentro del chico de ojos dorados.

Kiro apretó los dientes y dio un paso para girarse y encarar al sujeto, claramente molesto, pero antes de que pudiera moverse, sintió una mano firme sujetándole el hombro.

—No —dijo Ryu, bajando la voz—.

No le hagas nada.

—¿Qué?

¿Dejas que te hable así?

¿Ese tipo te hace bullying o qué?

—preguntó Kiro, sin ocultar la furia en su voz—.

Si es así, le doy una golpiza ahora mismo y— —Kiro —interrumpió Ryu, esta vez con más firmeza—.

Esto es algo que debo resolver yo.

No te preocupes…

de verdad.

Kiro lo miró a los ojos por un momento.

En esos ojos cafés vio algo extraño, allí no había miedo…

sino determinación.

Algo se estaba gestando en su interior, algo que necesitaba enfrentar por sí solo.

—Tsk…

está bien —dijo Kiro, dando un paso atrás—.

Pero si ese tipo se pasa otra vez, juro que lo meto de cabeza en una florera.

Ethan, que había observado todo en silencio, habló entonces con calma.

—Mejor ten cuidado con él, Kiro.

Es peligroso.

No lo subestimes.

Kiro asintió con molestia aún latente.

Mientras se alejaban, echó un vistazo por encima del hombro, grabando la figura de ese chico en su mente.

Unos minutos después, el trío llegó a una habitación amplia en la segunda planta.

La luz cálida de las lámparas flotantes iluminaba suavemente el interior.

Era un cuarto modesto, con una cama perfectamente tendida, una pequeña estantería con libros, una tetera reposando sobre un hornillo y cojines ordenados alrededor.

—¿Puedes esperar un momento aquí?

—dijo Ethan, girándose hacia Ryu—.

Me gustaría hablar esto a solas con Kiro, si no te molesta.

—Por supuesto —respondió Ryu con una sonrisa leve—.

Estaré afuera.

Una vez la puerta se cerró, el ambiente se volvió distinto.

Más íntimo…

y denso.

Ethan se sentó en el suelo sobre uno de los cojines, invitando a Kiro a hacer lo mismo frente a él.

Kiro obedeció, aunque se notaba algo tenso.

“¿Por qué nadie habla…?

—pensó, bajando un poco la vista—.

¿Me mira fijamente?

¿Dije algo mal?

¿Habré pateado a su perro en otra vida?” El silencio lo incomodaba.

Demasiado.

Justo cuando estaba a punto de romperlo, Ethan habló.

—¿Te gustaría una taza de té mientras hablamos?

Kiro parpadeó, algo sorprendido por la propuesta.

—¿Eh?

Eh…

sí, claro, gracias.

Ethan se levantó con tranquilidad y, con movimientos hábiles, puso a calentar agua y preparó dos tazas.

El aroma del té de menta con un ligero toque cítrico llenó el cuarto, envolviendo a Kiro como si lo abrazara una tarde de verano.

Cuando volvió, Ethan ofreció la taza con una sonrisa serena.

—Perdón por no tener mesa.

No suelo tener visitas aquí.

Pero lo que debemos hablar…

es importante para los dos.

—¿Para los dos?

—repitió Kiro, llevándose la taza a los labios con cautela.

El té estaba delicioso.

—Así es —Ethan asintió—.

Esto es algo…

de mi familia.

Los Aegir somos una de esas familias nobles de Alfhaim.

No me jacto de ello, pero tengo ciertas responsabilidades.

Y me gustaría hacer lo mejor por ellos…

por eso estoy intentando arreglar algunas cosas.

Kiro lo escuchaba con atención, cada vez más curioso.

—Y tú, Kiro…

tu nombre es solo ese, ¿verdad?

¿No tienes apellido?

—Exactamente —respondió él, sin dudar—.

Soy Kiro, solo Kiro.

Ethan asintió en silencio.

—¿Puedo pedirte algo raro?

—preguntó de repente—.

¿Podemos unir nuestras energías por un momento?

Kiro parpadeó, ladeando la cabeza.

—¿Eh?

¿Unirlas cómo?

¿Y para qué?

—No te preocupes, no es nada malo —dijo Ethan con voz suave—.

Solo quiero confirmar algo.

Solo conecta tu dedo con el mío.

Energía de luz con energía de luz.

Kiro dudó un segundo, pero la expresión de Ethan no tenía malicia alguna.

Suspira y extendió el dedo índice, imbuyéndolo con un pequeño resplandor blanco.

Ethan hizo lo mismo.

Los dos dedos se acercaron lentamente…

y justo cuando se tocaron, una pequeña descarga los recorrió y ambos retrocedieron un poco por reflejo.

—¡Ah!

Eso fue raro —exclamó Kiro, frotándose la mano—.

¿Qué intentas hacer exactamente?

Ethan no respondió enseguida.

Su mirada se tornó más pensativa, profunda.

—Ryu me ha contado muchas cosas sobre ti —dijo por fin—.

Tu forma de luchar, tu esfuerzo…

tu forma de ser y ver la vida.

Pero hay algo que aún no sé.

Kiro alzó una ceja, curioso.

—¿Recuerdas el nombre de tu madre?

El ambiente se volvió más denso.

—¿Eh?

—Kiro parpadeó, sin esperarse esa pregunta—.

Uh…

sí.

Su nombre era Akira.

Ni ella ni mi padre tenían apellido.

Solo eso sé.

Ethan se quedó quieto…

pero sus ojos se abrieron un poco más, como si algo acabara de encajar en su mente.

De pronto, se levantó bruscamente.

Kiro lo siguió con la mirada, desconcertado.

—¿Eh?

¿Oye?

¿Qué pasa?

Ethan comenzó a caminar por la habitación, una mano en el pecho, la otra en la cabeza.

—No puede ser…

—murmuró en voz baja, como si hablara consigo mismo—.

Akira…

¿será posible…?

Kiro empezó a sentirse incómodo.

Muy incómodo.

—Ethan…

¿Qué sabes de mi madre?

Pero Ethan no respondía.

Seguía caminando, con el corazón claramente acelerado por algo que solo él comprendía.

Y así, el silencio se volvió más pesado que nunca.

Kiro, ya algo inquieto, desvió la mirada y volvió a preguntar con la voz más firme, tratando de recuperar algo de control en la conversación: —Oye, Ethan… ¿qué quieres saber exactamente sobre mi mamá?

¿Por qué me preguntas eso de repente?

Ethan no respondió de inmediato.

Se giró hacia su escritorio, abrió con cuidado uno de los cajones inferiores y sacó una pequeña fotografía, algo vieja, con los bordes desgastados.

Caminó hacia Kiro con una expresión de emoción contenida, casi como si estuviera a punto de revelar un secreto sagrado.

—Mira esto —dijo, con los ojos brillando mientras le mostraba la imagen—.

¿Es esta tu madre?

Kiro recibió la fotografía con cautela.

La sostuvo con ambas manos y la observó detenidamente.

Era una figura femenina, de postura elegante, vestida con un vestido blanco de apariencia tradicional.

La foto tenía un aire nostálgico, un tono sepia que la hacía parecer muy antigua.

Sin embargo, algo resaltaba de inmediato.

—¿Le…

falta la cabeza?

—preguntó Kiro con el ceño fruncido.

La imagen estaba cortada desde el cuello hacia arriba.

Como si alguien, deliberadamente, hubiera rasgado esa parte.

Ethan asintió, como si aquello no fuera un detalle importante.

—Lo sé, lo sé.

Pero mírala bien…

¿no sientes que podría ser ella?

Kiro entrecerró los ojos, evaluando cada detalle.

—Podría ser…

o tal vez no —respondió con sinceridad—.

Es solo una silueta, Ethan.

No puedo saberlo.

El vestido se ve elegante, y…

supongo que podría haber sido algo que mi madre usara, pero no tengo pruebas.

—¿Estás seguro?

¿Ni un presentimiento?

Kiro se encogió de hombros.

—Si me baso en “presentimientos”, también podría ser una señora que vende flores en el mercado… Ethan soltó una pequeña risa nerviosa y volvió a sentarse frente a él, acomodándose con las piernas cruzadas.

—Lo siento, sé que estoy siendo un poco intenso.

Pero hay una razón para esto.

Kiro alzó una ceja.

—No te preocupes, te escucho.

Ethan tomó aire y habló con tono firme pero suave: —Hace muchos años, alguien fue exiliado de mi familia.

Fue algo muy grave, porque en las familias nobles como la mía…

el exilio es la sentencia más cruel.

Literalmente borra a una persona de la historia familiar.

No me puedo imaginar lo que debe ser vivir así, sin nombre, sin apoyo…

Hizo una pausa, bajando la mirada, como si le doliera pensarlo.

—Yo no odio a la gente sin apellido, Kiro.

Todo lo contrario.

Quiero ayudarlos, porque sé que el sistema que tenemos está lleno de errores y orgullo estúpido.

He intentado por mucho tiempo solucionar las cosas podridas dentro de los Aegir.

No quiero ser parte de una familia que encubre sucio pasado.

Quiero…

cambiarlo.

Kiro lo miraba en silencio.

Las palabras sonaban sinceras, aunque demasiado idealistas para él.

—Mi familia exilió a alguien…

mi tía —continuó Ethan—.

Ella se enamoró de alguien sin apellido, y tuvieron un hijo.

Por esa razón, la expulsaron…

como si nunca hubiera existido.

Y Kiro…

tú tienes 16 años.

Te pareces a mí.

Tu cabello es de un amarillo brillante, igual al de los Aegir.

Aunque no tengas los ojos violetas…

hay algo en ti que me dice que eres mi pariente.

El hijo de mi tía.

El corazón de Kiro dio un pequeño brinco.

Ethan avanzó un poco, con expresión compasiva.

—Y si es así…

tú no tienes la culpa de nada.

Tú ni siquiera tuviste elección.

Y ella tampoco.

Por eso quiero arreglar esto.

Quiero ayudarte.

Kiro abrió los ojos con lentitud.

Sus pupilas recorrían el cuarto como si buscaran una salida para escapar de tanta información.

Su cabeza le daba vueltas.

Las palabras de Ethan lo rebotaban como una pelota dentro de una caja cerrada.

“¿Exiliado…?

¿Familia noble…?

¿Hijo de una tía desaparecida…?

¿Yo…?” —Esto es mucho para asimilar…

—murmuró Kiro, tambaleando ligeramente mientras dejaba la taza de té a un lado.

En ese momento, Ethan se inclinó y le sujetó los brazos suavemente, pero con determinación.

—Por eso…

quiero que vengas a mi casa este fin de semana.

Quiero mostrarte todo.

Y si no eres tú, al menos…

podré quitarme esta duda de la cabeza y seguiré buscando.

Kiro lo miró fijamente, sin saber qué cara poner.

Pero finalmente asintió con una media sonrisa, un poco irónica.

—Está bien.

Este fin de semana, entonces.

Ethan se alegró de inmediato, soltando los brazos de Kiro para levantarse con energía renovada.

—¡Genial!

¡Iré a buscarte a tu sede!

Así no te pierdes —dijo con una sonrisa amplia.

—Bueno…

—murmuró Kiro apenas audible.

Después de terminar el té, Kiro se levantó y estiró un poco los brazos.

—Creo que ya debería irme.

Está oscureciendo.

—Claro —respondió Ethan—.

Gracias por venir.

Extendió su mano de forma amistosa.

Kiro dudó, pero la tomó.

Ethan la sacudió con entusiasmo…

quizás demasiado.

—¡Nos vemos pronto!

¡Buena suerte en tus clases!

Kiro, incómodo, fue soltando la mano poco a poco como si despegarse de una lapa.

—Sí, sí…

adiós, Ethan.

Salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él.

Ethan los despidió desde adentro con una sonrisa sincera.

Ryu lo esperaba apoyado contra la pared, y al verlo, se reincorporó de inmediato.

—¿Y bien?

—preguntó mientras comenzaban a caminar por los pasillos hacia la salida.

Kiro suspiró y se encogió de hombros.

—Pues…

está un poco rarito ese Ethan —respondió con una sonrisa ladeada—.

Pero me invitó a su casa el fin de semana.

¡Así que eso solo puede significar una cosa!

Ryu lo miró de reojo, confundido.

—¿Qué cosa?

—¡Comida gratis!

—exclamó Kiro con una enorme sonrisa, chocando el puño al aire—.

Espero que preparen algo bueno…

¿Crees que en una casa noble hagan cosas como curry?

—Conociendo a los nobles…

probablemente té con galletitas raras.

—Tendré que llevar mi propia sazón—asintió Kiro con solemnidad.

Ryu soltó una risa, y ambos chicos desaparecieron por el umbral de la gran puerta de la sede Paladins, mientras las últimas luces del día morían detrás de ellos.

El fin de semana estaba cerca… y con él, una verdad que cambiaría el destino de Kiro para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo