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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 Capítulo 93 Espada Sudor y Orgullo
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93: Capítulo 93: Espada, Sudor y Orgullo 93: Capítulo 93: Espada, Sudor y Orgullo El sol matutino apenas filtraba su luz a través de las grandes ventanas de la sala de combate de la Academia Farhaim.

Un leve olor a sudor y metal flotaba en el ambiente, mientras las espadas de práctica resonaban en ecos metálicos entre choques y gritos de concentración.

Era día de prueba… y para Kiro, uno de los más detestables del mes.

No por la materia.

No por la técnica.

Sino por el maestro a cargo.

—No me lo puedo creer…

otra vez con ese tipo…

—murmuró Kiro con los brazos cruzados, apoyado contra una columna mientras veía los duelos en la pista central.

—Bueno, al menos ya sabes cómo manejar la espada —respondió Ryu a su lado, con una sonrisa tranquila, aunque no podía ocultar cierta incomodidad en su mirada—.

Yo ni siquiera quiero que me toque el turno… —No es por la espada, es por él —dijo Kiro con un tono más serio, bajando un poco la voz—.

Shepard Duvalier.

Ese tipo no pierde una oportunidad para menospreciarnos.

A ti, a mí, y a cualquiera sin apellido.

Y encima es el líder de Inclementer…

Ambos alzaron la vista.

Al otro lado del salón, sentado en su silla con postura arrogante y una pluma en la mano, el maestro Shepard observaba con aire aburrido los combates.

Vestía un uniforme negro impecable, con una capa corta adornada con bordes dorados.

Su expresión parecía esculpida en indiferencia ante los alumnos .

—¿No es irónico que justo nosotros, los sin apellido, estemos en su clase?

—preguntó Kiro con una risa seca.

—Tranquilo, Kiro… el año que viene podremos no estar con él —murmuró Ryu, con los ojos clavados en Shepard.

—Oye, vamos a hacer que se trague sus palabras —dijo Kiro, dándole un leve golpe amistoso en el pecho a su amigo—.

Hoy no vamos a perder, ¿entendido?

—Tú siempre tan motivado… —rió Ryu, frotándose el pecho.

Mientras los duelos continuaban, los estudiantes combatían uno por uno, enfundados en armaduras ligeras de malla plateada y guantes de entrenamiento.

Para aprobar la prueba de esgrima debían conseguir al menos nueve golpes limpios, y ganar requería alcanzar quince.

Las parejas parecían asignadas al azar… o eso querían hacer creer.

—¡Shizuki Velmoria!

—gritó un ayudante del maestro—.

¡A la pista!

Kiro alzó la vista al instante y vio a Shizuki acercarse, con pasos cortos y temblorosos.

Su armadura parecía quedarle un poco grande, y la espada en su mano se tambaleaba visiblemente.

—Se ve nerviosa —comentó Ryu con algo de pena—.

Me preocupa que la pase mal.

—Shizuki, es fuerte… muy fuerte —dijo Kiro con firmeza, mirándola fijamente—.

Pero no sabe usar armas.

Y aquí no se puede usar energía, así que… está en completa desventaja.

—¿Ni siquiera un poco de espíritu se puede usar?

—Ni una chispa.

Es una evaluación física —explicó Kiro con los brazos cruzados—.

Todo depende de la espada.

Shizuki se detuvo frente a su oponente, un chico alto y robusto con experiencia evidente.

Al sonar el silbato, ambos se lanzaron al combate.

Kiro cerró los puños.

—¡Vamos, Shizuki!

¡No pierdas!

¡Tú puedes!

Ella pareció escuchar, porque asintió brevemente antes de dar un paso firme hacia adelante… pero fue inútil.

Su golpe fue torpe, y el contragolpe del chico fue certero.

Uno, dos, cinco golpes rápidos…

en apenas treinta segundos ya era claro el resultado.

El silbato sonó.

El ayudante bajó el banderín.

—¡Derrotada!

Solo un impacto registrado.

Shizuki bajó la cabeza, sin decir nada.

Caminó hacia el borde del campo, con la espada colgando.

Kiro se acercó con paso decidido hacia ella.

—Oye, hiciste lo mejor que pudiste —dijo con una sonrisa sincera—.

¡Además, aún queda mucho día!

Puedes recuperarte en la siguiente clase.

Shizuki levantó un poco la cabeza, sus ojos verdes brillaban con tristeza pero también con algo de alivio al verlo.

—Gracias, Kiro…

fuiste el único que me animó —respondió ella, algo apenada—.

Tú también… hazlo bien, sino mandaré a los demonios a raptarte.

—¡Obvio!

Vas a ver cómo rompo el conteo —bromeó Kiro, dándole un pulgar arriba.

Ella se sentó junto a Ryu mientras Kiro volvía al frente.

—¡Kiro!

—rugió la voz de Shepard desde el fondo—.

¡A la pista!

Kiro alzó la cabeza y avanzó con pasos firmes.

Tomó la espada de práctica del soporte, la giró en la mano para medir el peso y se plantó en la arena.

Estaba listo.

Pero cuando alzó la mirada para ver a su rival, sintió que le arrojaban un cubo de agua fría.

—¿Qué…?

—susurró.

Frente a él estaba Darius Elinval, uno de los miembros destacados del emblema Inclementer.

Era conocido por su técnica perfecta, su frialdad en combate y, sobre todo, por ser el mejor de la clase en esgrima de 1° año.

Los murmullos de los estudiantes se encendieron como fuego seco.

—¿Es en serio?

¿A Kiro le tocó Darius?

—Eso sí que es mala suerte… —Va a perder.

Kiro apretó los dientes y giró disimuladamente hacia el maestro Shepard… quien esbozaba una pequeña sonrisa, divertida y cruel.

“Así que esto es personal…” Se giró nuevamente hacia su oponente.

—No pienso perder —murmuró para sí.

Darius alzó su espada con una elegancia que parecía casi ensayada.

—Ten cuidado —dijo con voz calmada pero condescendiente—.

Y por favor… no hagas trampa.

Sería vergonzoso para ti.

Kiro sintió una punzada en el estómago, no de miedo… sino de furia contenida.

Bajó la mirada un momento, respiró profundo y la alzó de nuevo, con una sonrisa desafiante en los labios.

—¿Tramposo yo?

—preguntó—.

Con que no me acuses de dejarte en ridículo después, todo bien.

El silbato sonó, cortando el aire como una orden divina.

En ese instante, el mundo pareció detenerse por un breve momento.

Kiro y Darius se miraron directamente a los ojos, inmóviles, analizando, midiendo.

Cada respiración, cada parpadeo, podía significar una apertura.

Kiro fue el primero en romper el equilibrio.

—¡Yaaaaah!

—gritó con fuerza, lanzándose hacia delante con determinación ardiente.

Su espada cortó el aire en un arco limpio, rápido.

Atacó con impulso, ejecutando una serie de golpes uno tras otro, esperando que alguno se colara entre la defensa de su oponente.

Sin embargo… ¡CLANG!

CLANG!

TING!

Darius bloqueó cada uno de sus ataques con facilidad, sin perder la compostura.

Cada movimiento suyo era preciso, técnico, casi artístico.

Mantenía su cuerpo firme y relajado al mismo tiempo.

Parecía haber memorizado los movimientos de Kiro antes incluso de que él los realizara.

—¿Eso es todo lo que tienes?

—preguntó con una mueca burlona.

Y entonces contraatacó.

Con una velocidad sorprendente, Darius giró la espada, desvió el último golpe de Kiro hacia un lado y, con una estocada rápida, lo golpeó en el hombro izquierdo.

—¡Tch!

—Kiro retrocedió, trastabillando ligeramente, jadeando por el esfuerzo.

El impacto le hizo perder algo de equilibrio, pero se reacomodó y alzó la espada con ambas manos, forzando una guardia sólida.

“Maldita sea…

este sujeto sí que es fuerte.” Mientras en el campo la tensión aumentaba, en los laterales, Ryu y Shizuki observaban atentamente.

—¿Estás bien, por cierto?

—preguntó Ryu de repente—.

No pude preguntarte antes por tu combate…

Shizuki bajó la cabeza, su expresión se tensó por un instante.

—No tenía ninguna oportunidad…

—dijo, casi en susurro—.

Ese chico era de Inclementer también, lo escuché decirlo antes de comenzar.

Me tumbó como si fuera un conejo…

—Qué raro…

—murmuró Ryu—.

Eso de que varios de Inclementer estén emparejados con nosotros justo hoy… no me parece muy justo.

Luego de una pausa, se volvió hacia ella con una sonrisa amigable.

—Soy Ryu, por cierto.

Es un gusto conocerte.

¿Eres amiga de Kiro?

Shizuki se encogió ligeramente de hombros, algo tímida.

—S-sí…

bueno…

supongo…

—luego, tras aclararse la garganta con exageración, se levantó de su asiento y alzó una mano dramáticamente al aire—.

¡Soy Shizuki Velmoria!

¡Elegida por el abismo y los demonios sellados en mi alma!

¡La oscuridad baila a mi alrededor, y aquellos que me desafían…

enfrentarán su destino!

Ryu parpadeó, atónito.

—…

—…

—¡Oye, tú!

—gritó una voz al fondo del salón—.

¡Silencio, estamos en medio de una prueba!

Shizuki se congeló, como una estatua atrapada en el acto.

Bajó lentamente su mano, se sentó con toda la dignidad que pudo reunir y murmuró: —…terrible.

Ryu no pudo evitar reírse en voz baja.

—Eres bastante graciosa…

eso está bien.

—Y luego, con una sonrisa sincera, añadió—: Soy del emblema Paladins, pero les deseo suerte a ustedes también.

Espero que consigan más estrellas pronto.

El emblema Stella tiene a Kiro, y eso ya es bastante.

—Gracias —respondió Shizuki, sonrojándose levemente—.

Los demonios que me acompañan ya te tienen en su lista de bendecidos… O malditos.

Aún no lo deciden.

—Espero que bendecidos —rió Ryu.

Ambos rieron un momento, luego se concentraron de nuevo en el duelo.

—¿Tú crees que Kiro pueda ganar?

—preguntó Ryu.

Shizuki lo miró en silencio, sus ojos verdes observando la figura de su compañero en el campo de batalla.

—…Le intentaré dar mi poder…

aunque no sé si funcione —susurró, cerrando un momento los ojos y levantando sus manos como si enviara energía invisible—.

Ese enemigo… parece muy fuerte.

Quizá sea un caballero oscuro…

o un ente demoníaco reencarnado.

—Yo también siento que Kiro está en desventaja —asintió Ryu—.

Pero lo único que podemos hacer ahora… es apoyarlo.

Ambos juntaron sus manos a los costados de la boca y gritaron al unísono: —¡Kiro!

¡Tú puedes!

¡No te rindas!

En el campo, Kiro respiraba con fuerza, empapado en sudor.

Darius le llevaba ya 12 golpes.

Él apenas había conseguido 3.

Su brazo le dolía, su respiración era agitada, y su vista comenzaba a nublarse.

Pero aun así, no dio un paso atrás.

No voy a rendirme… no importa si me golpea cien veces.

Apretó la empuñadura de su espada con fuerza, y con un rugido cargó con todo su poder.

—¡AAAHH!

Darius alzó su espada con confianza para bloquear… pero esta vez, Kiro lo golpeó con pura fuerza bruta.

El impacto fue tan fuerte que la espada de Darius se desvió, y su guardia se rompió.

Kiro no perdió el impulso: dio un paso firme, bajó la guardia del rival con un golpe de hombro y conectó tres golpes consecutivos: uno en el pecho, uno en el costado y uno en la pierna.

Darius retrocedió con una expresión seria por primera vez.

—Tsk…

ya me cansaste —masculló—.

Aquí se termina para ti.

Se lanzó al contraataque.

Esta vez no solo con fuerza, sino con una fluidez abrumadora.

Sus golpes eran limpios, su postura perfecta.

Kiro intentaba seguirle el ritmo, pero apenas podía bloquear uno de cada tres ataques.

Su energía comenzaba a flaquear.

¿Qué…

qué está pasando…?

¡Ni siquiera puedo ver sus movimientos!

Un golpe en el estómago.

Otro en el hombro.

Uno en el muslo.

Luego una estocada falsa, un giro, y un último golpe directo al pecho.

—¡UGH!

Kiro cayó al suelo, jadeando, con la espada fuera de sus manos.

El silbato sonó.

—¡Combate terminado!

Resultado: 15 a 6.

Gana Darius Elinval.

Un silencio incómodo se extendió en la sala.

Algunos estudiantes aplaudieron débilmente, pero otros miraban a Kiro con una mezcla de lástima.

A pesar de la derrota, había logrado hacer tambalear al número uno aunque sea por un momento.

Y eso no era poca cosa.

Darius miró hacia Shepard, quien asentía levemente con satisfacción maliciosa.

Luego se dio la vuelta y se alejó sin siquiera mirar a Kiro.

Kiro se incorporó lentamente, ayudado por el ayudante del maestro.

—Tch…

al menos…

logré romperle la guardia una vez —murmuró con una sonrisa cansada.

Desde las gradas, Ryu y Shizuki aplaudieron con fuerza.

—¡Bien hecho, Kiro!

—¡Has combatido con honor, guerrero de la luz!

Kiro alzó la mano, aunque apenas podía mantenerla arriba, y les sonrió.

Derrotado, sí.

Pero no vencido por completo.

Su espíritu seguía tan firme como su voluntad.

Y así es como reprobó su examen.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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