Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 95
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- Capítulo 95 - 95 Capítulo 95 Volvemos a Alfhaim
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95: Capítulo 95: Volvemos a Alfhaim 95: Capítulo 95: Volvemos a Alfhaim Era sábado por la mañana y el sol apenas asomaba por el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados.
El resto de la sede Stella dormía en un silencio sepulcral, salvo por los ronquidos de algún estudiante perdido en sueños heroicos.
Dentro de una de las habitaciones, Kiro dormía boca abajo, con medio rostro pegado a la almohada, el cabello hecho un desastre y la boca ligeramente abierta.
Murmuraba algo entre sueños.
—…no… Airi… no me quites mi pollo… —balbuceó con voz apagada.
Toc, toc, toc.
Unos golpes suaves pero insistentes resonaron en la puerta.
Kiro se removió, gruñó como un cachorro perezoso, se dio la vuelta…
y se tapó la cabeza con la almohada.
Toc.
Toc.
Toc.
—Kiro…
—se escuchó una voz suave pero firme del otro lado—.
Kiro, soy Lyra.
¿Estás despierto?
Los ojos de Kiro se abrieron de golpe como si lo hubieran regado con agua fría.
—¡¿L-Lyra?!
—exclamó, sentándose como un resorte—.
¡M-maestra!
En un segundo, se puso de pie tambaleándose, abrió el ropero de un tirón y agarró lo primero que encontró: su chaqueta de siempre, una camiseta negra algo arrugada y un pantalón oscuro.
Se los puso mientras aún trataba de despertarse por completo.
—¡Voy, voy, voy!
Corrió hacia la puerta, la abrió de golpe…
y allí estaba Lyra, la líder del emblema Stella.
Elegante, con su largo cabello oscuro de tono púrpura cayendo por sus hombros como un río de luz.
Sonreía con ese aire misterioso y maternal que siempre la rodeaba.
—Buenos días, Kirito —saludó, usando ese apodo con el que solía bromear desde que lo conocía.
—¡B-buenos días, maestra Lyra!
—respondió Kiro, haciendo una torpe reverencia de sobresalto.
—Alguien estaba preguntando por ti en la entrada —dijo con calma—.
Así que vine a avisarte.
Parecía importante.
—¡Ah!
¿Ya?
¿Tan temprano?
—Kiro parpadeó—.
Gracias por venir hasta acá.
Antes de que se fuera, recordó algo que lo hizo sudar frío.
—E-esto… Maestra… ¿para cuándo era el informe de historia?
Lyra giró ligeramente la cabeza y lo miró con esa media sonrisa que nunca prometía nada bueno.
—Para este lunes.
Así que supongo que ya lo tienes listo, ¿verdad?
Kiro tragó saliva, su espalda se tensó.
—S-sí… desde hace rato… eh… revisándolo por cuarta vez —rió con nerviosismo.
Lyra asintió, claramente sin creerle, pero sin decir nada más.
—Bien.
Entonces que tengas buena suerte hoy, Kirito.
Y con un leve gesto de la mano, desapareció entre los pasillos silenciosos, dejando tras de sí un suave aroma a lavanda.
Kiro soltó un suspiro de alivio, cerró la puerta con cuidado y salió apresurado rumbo a la entrada de la sede.
Fuera, la brisa fresca de la mañana despeinaba aún más su ya rebelde cabello dorado.
Cerca del portón oxidado lo esperaba Ethan Aegir, con su usual aura tranquila, las manos en los bolsillos y una bufanda gris colgando ligeramente alrededor del cuello.
—¡Oh!
Buenos días, Kiro —saludó al verlo llegar.
—¡Buenos días!
—Kiro levantó la mano, aún un poco adormilado—.
¿Qué haces aquí tan temprano?
—Acordamos que hoy vendrías conmigo a Alfhaim, ¿recuerdas?
—dijo Ethan con una ligera sonrisa.
Kiro parpadeó un par de veces.
—¡Ah, verdad!
Cierto, lo olvidé por un segundo… Aunque… ¿tan temprano tenías que venir?
Ethan asintió con calma.
—Mi casa queda dentro de la ciudad de Alfhaim.
Desde aquí es un viaje largo.
Primero hay que tomar el transporte hacia el pueblo Aqua, y desde ahí, el tren infinito.
Kiro se cruzó de brazos, suspirando resignado.
—Y yo que pensaba que vivías cerca… Pero ni modo, hoy toca viajar a la ciudad de Alfhaim.
—¿Estás listo o necesitas volver por algo?
—preguntó Ethan, señalando su vestimenta improvisada.
Kiro se miró de arriba abajo y se encogió de hombros.
—Con lo que tengo ya me vale.
No voy a una cita, ¿verdad?
Ethan rió suavemente.
—No, tranquilo.
No planeo invitarte a algo así.
—Bueno… entonces hoy me convierto en viajero —suspiró Kiro—.
Aunque sea lejos, no voy a echarme atrás.
Ethan lo miró con una sonrisa complacida.
El trayecto desde la Academia hasta el pueblo Aqua fue tranquilo.
Tomaron uno de los carruajes que conectaban el campus con las aldeas cercanas.
La vista desde las ventanas mostraba campos verdes, árboles moviéndose suavemente con el viento y pequeños lagos que reflejaban el cielo matutino.
Kiro apoyó la frente contra el cristal.
—Hace mucho que no salgo tan lejos de la Academia… —murmuró—.
Aunque, ahora que lo pienso, fue en el tren infinito cuando vine por primera vez.
Desde Alfhaim hasta aquí… —¿Te pone nostálgico?
—preguntó Ethan.
—Un poco —respondió Kiro con una media sonrisa—.
Ese viaje marcó un nuevo comienzo.
Dejé todo atrás.
Mi casa, mi barrio, a mi pequeña hermana Airi… Aunque ahora que lo pienso, dejé un sándwich a medio comer también… Ethan lo miró con una mezcla de diversión y sorpresa.
—Prioridades interesantes, Kiro.
Ambos rieron, y el transporte llegó finalmente al pueblo Aqua.
Allí, las calles estaban tranquilas, con algunas personas comenzando a abrir puestos y tiendas.
El aroma a pan recién horneado y frutas frescas inundaba el aire.
—¡Aquí estamos!
—dijo Kiro, estirándose—.
El pueblo Aqua.
No ha cambiado nada.
—Tenemos que apresurarnos —comentó Ethan, señalando la estación al fondo—.
El próximo tren sale en quince minutos.
La estación del tren infinito era una construcción elegante, con pilares de cristal y mármol, y una plataforma que parecía flotar sobre una estructura energética.
El tren en sí era un coloso plateado que brillaba como una serpiente metálica.
Las ventanas en algunas zonas eran amplias y permitían ver el paisaje como si uno viajara sobre el cielo.
—Hace cuanto no veía esto… —dijo Kiro con asombro, pasando la mano por la baranda de seguridad—.
El tren infinito… sigue igual de genial que siempre.
—Es uno de los mejores medios de transporte en Yiatus —dijo Ethan—.
Y el más rápido.
En menos de un par de horas estaremos en Alfhaim.
—¿Listo para resolver tu gran misterio familiar?
—preguntó Kiro mientras abordaban.
—Listo —respondió Ethan con una mirada determinada.
El tren partió, y las luces de la estación se desvanecieron lentamente.
Ambos chicos se acomodaron en sus asientos.
El viaje había comenzado.
El tren infinito avanzaba a gran velocidad por los rieles suspendidos en energía pura.
Las ventanillas mostraban un paisaje que se desdibujaba en manchas verdes y doradas: colinas, bosques, ríos que parecían espejos…
El interior del vagón, en contraste, era tranquilo, casi silencioso, con algunos pocos pasajeros charlando en voz baja o leyendo libros.
Kiro apoyaba la frente contra el vidrio, dejando escapar un suspiro relajado.
—Hace tiempo que no viajaba así… —murmuró—.
Se siente…
bien.
Ethan, sentado a su lado, observaba con los brazos cruzados, pensativo.
Tras un rato, rompió el silencio con una pregunta: —Kiro, antes mencionaste que tenías una hermana.
¿Cuántos años tiene?
Kiro parpadeó y sonrió de inmediato al pensar en ella.
—Airi tiene doce —respondió con orgullo—.
Es una enana traviesa, pero muy lista.
Seguro ahora mismo está jugando con Hunk…
o molestándolo, depende el día.
—¿Hunk…?
—preguntó Ethan con curiosidad.
—¡Oh, cierto!
No te he hablado de él —dijo Kiro, incorporándose con energía y un brillo en los ojos—.
¡Hunk Brakell!
Es mi maestro, mi guardián…
mi héroe, en realidad.
Todo lo que sé sobre energía, combate y hasta cómo preparar un café sin quemarlo lo aprendí de él.
Ethan sonrió suavemente.
—Parece que lo admiras mucho.
—¡Muchísimo!
Es un exorcista de rango S —agregó con énfasis—.
¡De los mejores!
Pelea con los puños usando energía de luz, y cuando lo ves en combate es como ver a un relámpago con forma humana.
Siempre está relajado, sonriente, pero cuando se pone serio… ¡es como si el aire se partiera!
—Vaya… suena impresionante —respondió Ethan, cruzando una pierna sobre la otra—.
¿Y también cuida de tu hermana?
—Sí, desde hace años nos cuida a los dos.
Nos salvó después del ataque de un Nox…
y desde entonces ha estado con nosotros.
Es como… —Kiro bajó un poco la voz—.
Un padre para nosotros.
Ethan lo observó en silencio unos segundos, con una expresión que mezclaba respeto y algo de melancolía.
—¿Te gustaría que pasáramos a visitarlos al volver?
—preguntó Kiro con una sonrisa amable—.
Si nos queda tiempo, claro.
—Tal vez sí.
Aunque el plan de hoy es bastante ajustado.
Kiro ladeó la cabeza.
—¿Cuál es exactamente ese plan?
Ethan se recostó en el respaldo del asiento y explicó con calma: —Tomaremos el té con mi familia en la tarde.
Te presentaré como un amigo mío.
Después de eso…
necesito que me ayudes a buscar algunas pistas.
—¿Pistas?
—Sí.
Conozco los lugares clave de la mansión Aegir, los rincones donde guardan documentos y los pasajes secretos.
Pero hay zonas vigiladas y sería sospechoso que yo merodeara por allí…
—hizo una pausa—.
Así que tú distraerás a las personas mientras yo me escabullo y viceversa.
Kiro se llevó una mano al pecho y sonrió como si le hubieran encomendado una misión heroica.
—¡Entendido!
¡Puedes contar conmigo!
—¿No estás nervioso por conocer a mi familia?
—preguntó Ethan, girándose hacia él.
Kiro se encogió de hombros.
—¿Para qué?
No es seguro de que sean mi familia también, son solo suposiciones tuyas.
Pero aun así… quiero ayudarte.
Eres amigo de Ryu, así que también eres mi amigo.
Ethan entrecerró los ojos, sorprendido.
—Gracias, Kiro.
No esperaba que dijeras eso.
Kiro se rio levemente.
—Soy bueno para las peleas, así que si ocurre algo de ese estilo llamame.
— ¿Sabes?, Quiero resolver este misterio hoy —dijo Ethan, con un dejo de esperanza en su voz—.
Y si resultas ser quien creo, haré lo que esté en mis manos para que te reconozcan oficialmente.
Kiro lo miró de reojo y luego desvió la vista hacia el paisaje.
—No tienes que preocuparte tanto por eso.
—¿Vivir sin apellido no se te ha hecho difícil?
Kiro se quedó en silencio un momento, reflexionando.
—Al principio… sí.
Te miran raro.
Hay cosas que no puedes hacer o lugares a los que no puedes entrar.
Pero…
ya estoy acostumbrado.
Airi también.
Mientras estemos juntos, nada más importa.
Ethan bajó la mirada.
—Pero si tuvieras un apellido, muchas puertas se abrirían.
Podrías estudiar en más lugares, tener acceso a técnicas avanzadas, recursos, herencias…
—Puede ser.
Pero nunca he tenido nada de eso y aquí estoy —dijo Kiro con una media sonrisa desafiante—.
Y no me va tan mal, ¿no crees?
Ethan soltó una leve risa.
—Aun así… si buscas volverte más fuerte, pertenecer a una familia influyente podría ayudarte.
Con un apellido como el mío, tu afinidad con la energía de luz se expandiría.
El linaje importa más de lo que parece en este mundo.
—¿Y si no soy del linaje?
¿Me explotaría la cabeza?
—bromeó Kiro, cruzándose de brazos.
—No, pero…
si lo eres, tu potencial podría duplicarse.
La energía fluye más libremente en quienes tienen conexiones ancestrales fuertes.
Kiro frunció ligeramente el ceño, pensativo.
—No suena mal… pero tampoco estoy seguro.
Nunca he pensado en esas cosas.
Ethan asintió, comprensivo.
—No tienes que decidir nada ahora.
Pero si resulta que compartimos la misma sangre, me gustaría que al menos lo consideres.
—Hecho —dijo Kiro—.
Lo pensaré si resulta que soy el hijo perdido de los Aegir…
aunque suene como trama de novela.
Ambos rieron, y el ambiente se volvió más relajado.
Fuera, el paisaje comenzó a cambiar.
Los edificios bajos del campo dieron paso a estructuras más altas, más estilizadas.
Torres cristalinas, calles flotantes, canales de agua pura que recorrían la ciudad como venas de luz.
—Ya casi llegamos —anunció Ethan—.
Bienvenido a Alfhaim, la ciudad del agua.
—Y yo aquí sin peinarme —murmuró Kiro, enderezándose.
El tren comenzó a disminuir su velocidad y una voz suave anunció la próxima parada: —Estación Central de Alfhaim.
Fin del trayecto.
Kiro respiró profundo.
La misión misteriosa estaba por comenzar.
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