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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 96

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  4. Capítulo 96 - 96 Capítulo 96 Un Paso Entre Nobles
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96: Capítulo 96: Un Paso Entre Nobles 96: Capítulo 96: Un Paso Entre Nobles El tren infinito se detuvo con un suave zumbido, como si incluso al frenar quisiera mantener su elegancia.

Las puertas se abrieron con un silbido y una brisa fresca golpeó el rostro de Kiro mientras bajaba del vagón junto a Ethan.

La estación central de Alfhaim era un despliegue de arquitectura cristalina, con techos abovedados y pilares que parecían hechos de agua en suspensión.

Más allá, la ciudad les dio la bienvenida con su característica armonía: calles amplias, limpias y adornadas con flores acuáticas que flotaban en los canales laterales, ríos que pasaban bajo puentes de piedra clara, y góndolas mágicas que transportaban pasajeros por vías de agua.

—Woah… —Kiro exhaló mientras giraba la cabeza a todos lados—.

Siempre supe que Alfhaim era impresionante, pero cada vez que vuelvo parece más… viva.

—Es la capital de la nación del agua —respondió Ethan con una sonrisa leve—.

Aquí todo fluye.

Hasta el tiempo parece moverse diferente.

El murmullo de la gente, el sonido del agua y el viento entre las hojas daban a la ciudad una música única.

Kiro sintió una nostalgia extraña en el pecho, una mezcla de pertenencia y distancia.

—Sí… aunque nací aquí, siento que la ciudad ha cambiado sin mí —dijo en voz baja.

—O tal vez tú cambiaste mientras estabas lejos —murmuró Ethan con calma—.

Ven, vamos.

Por aquí.

Comenzaron a caminar por una de las avenidas principales, pero al poco tiempo Ethan giró por un callejón lateral.

Kiro levantó una ceja.

—¿Eh?

Ese no es el camino que conozco.

—Lo sé —dijo Ethan sin detenerse—.

Pero esta ruta es más directa.

Aunque no suele ser muy transitada… —¿Y eso?

—preguntó Kiro, mirando alrededor con desconfianza.

—Generalmente está llena de guardias.

La mayoría de la gente la evita porque lleva directo al distrito noble.

Kiro frenó por un instante.

—Ahora que lo dices… Hunk siempre me decía que no me metiera por aquí.

Me dijo que para “gente como tú”, este tipo de lugares no son para nada seguros.

—Probablemente tenía razón, por aquí la gente es dura con los desconocidos.

Pero ahora estás conmigo —Ethan giró la cabeza para mirarlo—.

Mientras estés a mi lado, nadie te tocará un pelo.

Kiro se encogió de hombros y sonrió, aunque por dentro sentía un ligero malestar.

“¿Qué significa exactamente “gente como yo”?

¿Tan marcados estamos los que no tenemos apellido…?” Siguieron caminando por la calle elegante, donde el pavimento era tan pulido que reflejaba el cielo.

Los canales se volvieron más decorativos, con puentes tallados, estatuas de cristal y fuentes que danzaban con agua controlada por una tecnología de lujo.

Las tiendas tenían vitrinas relucientes, vendiendo desde armas ornamentadas hasta joyería con fragmentos de núcleos elementales.

Rascacielos de diseño moderno se alzaban, con luces flotantes y estructuras que hacían parecer que estaban en una zona del futuro.

—¿Todo esto también es Alfhaim?

—preguntó Kiro, asombrado.

—El barrio noble, sí —asintió Ethan—.

Aquí viven las familias más antiguas y prestigiosas.

Los Aegir, los Aquellya, los Delacroix…

muchos nombres importantes.

A lo lejos, Kiro alzó la vista y se detuvo en seco al ver un coloso imponente: el Castillo de la diosa Aiko, una estructura de cientos de pisos con torres que tocaban las nubes y luces que brillaban desde las alturas.

—Ese es… —murmuró.

—El castillo donde vive la diosa Aiko —confirmó Ethan, deteniéndose a su lado.

Kiro tragó saliva.

—Siempre me pregunté… ¿qué secretos esconderá ese lugar?

Es tan… imposible de alcanzar.

—Los mismos que todo poder guarda —dijo Ethan con un dejo de amargura—.

Secretos… y cicatrices.

Tras unos minutos más, llegaron a un portón de metal negro decorado con el emblema de la familia Aegir: una espiral de luz entrelazada con una gota de agua.

El portón se alzaba como una muralla, y más allá se veían árboles perfectamente recortados y senderos de piedra blanca.

—Aquí es —anunció Ethan—.

El hogar de mi familia.

Por favor, cuida tus modales.

—Descuida, soy todo un caballero —respondió Kiro con una sonrisa confiada mientras se acomodaba la chaqueta.

Aunque, por dentro, su estómago daba vueltas.

Ethan sacó una pequeña llave de un compartimento oculto en su bufanda y abrió el portón con un suave clic.

Ambos entraron y comenzaron a caminar por un extenso jardín adornado con fuentes, bancos de mármol y flores de agua que flotaban en estanques artificiales.

—¿Todo esto es… de tu familia?

—preguntó Kiro, asombrado.

—Sí.

Es grande, lo sé.

Pero créeme… no todo lo que brilla en esta mansión es oro y planeo destapar todos los males.

Kiro seguía mirando los detalles.

No era solo lujo, era elegancia trabajada, construida por generaciones.

Le costaba imaginar a Ethan en medio de todo esto.

Nunca lo vio como alguien engreído, ni altanero.

Era tan…

normal.

“¿Cómo puede alguien venir de aquí y no parecer un estirado insoportable?” Antes de que pudiera decir más, una joven sirvienta apareció por el camino principal.

Era de estatura baja, con cabello castaño atado en una trenza, y un uniforme blanco impecable.

Al ver a Ethan, inclinó la cabeza con respeto.

—Joven Ethan, bienvenido de vuelta.

—Sonrió—.

¿El viaje fue cómodo?

—Sí, no estuvo mal.

Gracias, Maya —respondió Ethan con calidez.

—¿Desea que avise a los demás que ya llegó?

—Sí, por favor.

La joven asintió y, antes de irse, miró a Kiro con curiosidad y una sonrisa amable.

—¿Y él es…?

—Un amigo mío.

Viene como invitado para la reunión de hoy —respondió Ethan antes de que Kiro pudiera abrir la boca.

—Un gusto conocerlo —dijo Maya, haciendo una pequeña reverencia.

—Igualmente… —balbuceó Kiro, aún procesando que Ethan tuviera sirvientes.

¿¡Tiene empleados!?

¿¡Quién tiene empleados a su edad!?

La sirvienta se retiró con pasos ligeros, dejando a Kiro aún algo aturdido.

—No tenías pinta de niño rico —comentó, cruzándose de brazos—.

Honestamente, esperaba una casa normal.

Con un perro.

Tal vez un sofá roto.

—Sorpresa —sonrió Ethan mientras caminaba hacia la entrada principal de la mansión—.

Y aún no has visto lo peor.

Kiro alzó una ceja.

—¿Peor?

—Mi familia.

Ambos se detuvieron frente a las majestuosas puertas de cristal esmerilado que llevaban al interior.

Kiro respiró hondo.

—Vamos allá.

Hora de fingir que sé usar cubiertos con más de dos dientes.

Ethan rió.

—Solo sigue mi ritmo… y por favor, no hables acerca de tus técnicas favoritas que tienen nombres como “puño justiciero” frente a mis tíos.

—¡¿Pero si es un gran nombre?!

—protestó Kiro mientras se abrían las puertas.

Apenas cruzaron el umbral de la mansión Aegir, Kiro sintió que había entrado en otro mundo.

El piso estaba recubierto con mármol blanco pulido que reflejaba las luces tenues de las lámparas flotantes, hechas de cristal y sostenidas por anillos mágicos suspendidos en el aire.

Las paredes eran altas, adornadas con molduras doradas y tapices que contaban historias antiguas de guerreros empapados en luz y sangre.

Cada rincón brillaba con una limpieza y perfección imposibles de encontrar en la sede Stella… o en cualquier lugar que Kiro conociera.

—Wow…

esto parece un templo…

o un museo de cosas carísimas —murmuró mientras caminaba lentamente detrás de Ethan, sus ojos saltando de una pintura a otra.

—Es solo decoración.

Mi madre la elige toda, yo ni me fijo —comentó Ethan con voz relajada, como si viviera en una tienda de lujo cualquiera.

Kiro, sin embargo, no dejaba de mirar los cuadros.

Había retratos familiares: hombres y mujeres de cabellos claros y posturas rectas, todos con esa misma mirada fría y distante que ahora reconocía en Ethan… aunque, en él, esa expresión parecía dormida.

—Primero te presentaré con mi padre y mi tío —dijo Ethan, girándose hacia él—.

Luego tendremos algo de tiempo libre para recorrer el resto de la casa.

—Perfecto… aunque ojalá eso no implique más reverencias.

Me duelen las piernas —bromeó Kiro, aunque su tono mostraba un dejo de nervios.

Siguieron por un pasillo alfombrado en tonos marinos hasta llegar a unas enormes puertas dobles de roble oscuro con detalles tallados.

Ethan empujó ambas hojas con decisión, revelando un despacho amplio y elegante.

La habitación tenía estanterías colmadas de libros, frascos con tinta que brillaban en azul, un ventanal desde el cual se veía una fuente central del jardín…

y en el centro, un gran escritorio de madera negra.

Sentado tras él se encontraba un hombre de edad madura, imponente, de hombros anchos, con un bigote perfectamente cuidado y cabello gris peinado hacia atrás.

Vestía un uniforme formal con detalles bordados en oro.

Frente a él, de pie, un hombre más joven, de ojos agudos y cabello amarillo, hablaba con voz grave.

—Nos estamos quedando sin margen —decía el más joven—.

Si no conseguimos más apoyos este mes, no podremos extender nuestras rutas comerciales.

Los nobles del sur se están adelantando demasiado… —Entonces actuaremos antes de que llegue el verano—respondió el hombre del bigote—.

Y si debemos arriesgar, que sea ahora.

Alfhaim ya no es territorio de lentos.

Ethan se acercó con pasos firmes.

—Padre.

Tío.

He regresado como acordamos, y he traído conmigo a alguien importante.

Ambos hombres giraron la cabeza.

—Vaya, Ethan —dijo el padre con una voz grave pero educada—.

Bienvenido.

¿Y este joven?

Kiro tragó saliva.

Dio dos pasos al frente, imitando la reverencia que había visto hacer antes a los nobles.

Bajó la cabeza y habló con firmeza: —Es un honor.

Mi nombre es Kiro.

Gracias por recibirme.

Pero antes de que pudiera alzar la cabeza, Ethan continuó con una frase que le hizo congelarse: —Su nombre completo es Kiro Lough.

Y… ha mostrado interés en convertirse en miembro de nuestra familia.

Los ojos de Kiro se abrieron como platos.

¿¡Unirme!?

¿Qué acaba de decir este loco…?

Aún inclinado, miró hacia el suelo con cara de “me quiero morir”.

El padre de Ethan lo observó unos segundos.

Luego asintió, cruzando los brazos.

—Interesante.

Se ve que es alguien capaz.

Aunque esto que me cuentas… es ciertamente inesperado.

El otro hombre, el tío de Ethan, se acercó con las manos detrás de la espalda.

Observó a Kiro detenidamente, como si pudiera leer su espíritu a través de su postura.

—Tiene energía de luz, igual que nosotros —comentó, medio para sí mismo—.

Su adaptación sería sencilla.

Ethan, esta vez hiciste un hallazgo prometedor.

Ethan rascó su cuello, algo avergonzado.

—Creo que Kiro encajaría bien.

Además, ¿no sería bueno que algún día, si es posible… podamos formar un clan?.

No solo una familia noble.

Los ojos del padre de Ethan se iluminaron con ese tipo de interés que suele verse en negociaciones y tratados.

El tío se inclinó hacia él, susurrándole algo al oído.

Después de un breve silencio, el padre soltó una carcajada seca.

—Vaya, vaya… y justo cuando estamos evaluando convertirnos en un clan formal.

Puede que este joven nos haya llegado en el momento ideal.

Ethan sonrió con discreción.

—Por eso lo traje hoy.

Me pareció oportuno que lo conozcan antes de la reunión con los demás.

—Buena iniciativa, hijo —asintió su padre—.

Quiero ver cómo se desenvuelve.

El tío se giró hacia ellos.

—Por ahora, ¿por qué no van a otro lugar?

Debemos terminar de afinar ciertos asuntos antes de que lleguen los otros invitados.

—Como deseen —respondió Ethan con educación, y tiró suavemente de la manga de Kiro para que lo siguiera.

Las puertas se cerraron detrás de ellos con un clac solemne.

Apenas estuvieron fuera, Kiro soltó el aire que había estado conteniendo desde hacía minutos.

Se giró hacia Ethan con una mezcla de enojo y desconcierto.

—¿¡Qué rayos fue eso!?

—exclamó en voz baja—.

¿“Miembro de la familia”?

¿“Kiro Lough”?

¿¡Desde cuándo tengo apellido, Ethan!?

—Shhh —susurró Ethan, levantando las manos—.

Tranquilo.

Escúchame primero.

—¡No!

¡Explícame ya!

¿¡Qué fue todo eso que dijiste!?

Ethan suspiró, mirando alrededor antes de hablar.

—Mira… sé que fue repentino.

Pero era necesario.

Mi familia lleva años buscando la manera de ascender a clan de renombre.

Es un objetivo importante para ellos, pero nos falta… “peso”.

—¿Peso?

—Mi padre necesita justificar que nuestra familia está creciendo, que tiene miembros de valor, que estamos reclutando talentos…

como tú.

Si creen que estás interesado en unirte, será mucho más fácil tenerte aquí sin levantar sospechas, y yo podré moverme con libertad.

Kiro lo miraba con el ceño fruncido.

—¿Así que soy tu tapadera?

—Tu entrada es mi pase para ganar tiempo.

Y si al final no resulta nada, simplemente diremos que fue una equivocación.

Pero mientras tanto, podré revisar las zonas cerradas, los archivos, y encontrar información sobre Akira.

Sobre ti.

Kiro desvió la mirada.

Estaba molesto… pero también confundido.

No entendía por qué parte de él quería gritar, y otra… sentía algo parecido a curiosidad.

—¿Y si descubres que sí soy de tu familia?

—preguntó, sin mirarlo.

—Entonces haré todo lo posible para devolverte tu lugar.

Uno real.

No solo como herramienta… sino como sangre.

Kiro se cruzó de brazos.

—Y ese apellido que me inventaste… ¿de dónde lo sacaste?

—Es un apellido antiguo, que hace mucho tiempo desapareció de Alfhaim.

Kiro suspiró con fuerza, pasándose la mano por el cabello.

—Tsk… bueno.

Ya estoy aquí.

Supongo que si hay un momento para hacer locuras, es ahora.

Ethan sonrió suavemente.

—Gracias por confiar en mí.

—Aún no estoy seguro de si confío… pero sí sé una cosa —dijo Kiro, alzando un dedo—.

Si alguien me da sopa de esas raras de noble, te la tiraré encima.

Ambos rieron en voz baja.

El juego político había comenzado… y Kiro, sin quererlo, ya era una pieza en el tablero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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