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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 97

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  4. Capítulo 97 - 97 Capítulo 97 Teatro entre Tazas de Té
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97: Capítulo 97: Teatro entre Tazas de Té 97: Capítulo 97: Teatro entre Tazas de Té Caminar por los pasillos de la mansión Aegir era como avanzar a través de un museo lleno de historia viva.

Ethan guiaba a Kiro con calma, señalando estatuas, cuadros, muebles, alfombras…

y detrás de cada objeto, había una anécdota.

—Ese tapiz fue tejido a mano por artistas de la región de Himeko —explicó Ethan, señalando una pieza enorme colgada en una pared curva, representando una batalla marina entre guerreros de energía y criaturas oscuras—.

Mi abuelo la compró después de que ganaran una disputa territorial con la familia Callister.

Fue como una especie de trofeo.

—¿Disputa territorial?

—preguntó Kiro, alzando una ceja—.

¿Esto es una familia o un gremio de guerra?

Ethan soltó una risa suave.

—Un poco de ambas cosas.

Kiro observaba cada objeto con una mezcla de asombro e incomodidad.

Todo era tan limpio, tan calculado… Cada rincón de la mansión tenía un propósito, y todos los propósitos tenían historia.

Nada parecía estar allí por azar.

Tras varios minutos, llegaron a una sala redonda, muy iluminada, donde en la pared central colgaba un enorme mapa grabado sobre una lámina de piedra blanca.

En él se detallaba toda la mansión, incluyendo sus patios, alas privadas y zonas cerradas.

Ethan se acercó al mapa y señaló con el dedo una sección al norte, claramente marcada con un borde más oscuro.

—Aquí.

Este sector es la zona prohibida.

Está fuertemente custodiado por guardias de la familia.

Solo los miembros de alto rango tienen permiso para entrar… y eso es porque aquí se encuentra la sala de archivos.

Dentro hay documentos que se remontan a generaciones pasadas, registros familiares, pactos, cartas de la diosa Aiko… de todo.

Kiro lo observaba, ahora mucho más atento.

—Entonces ese es nuestro objetivo —dijo.

—Así es.

Necesito que me ayudes distrayendo a mi padre y a mis tíos cuando llegue el momento.

Solo necesito unos minutos para entrar y buscar información… Tú mantén sus ojos lejos de esa puerta.

Kiro frunció los labios.

—Vaya, suena fácil… —respondió con sarcasmo—.

Solo tengo que mantener distraída a la élite de una de las familias más nobles de Alfhaim.

Perfecto.

Ethan sonrió.

—Te lo recompensaré con créditos.

Una buena cantidad.

—No es por eso… —Kiro suspiró y cruzó los brazos—.

Está bien, lo haré.

Haré lo posible por que tu familia no me devore.

Pero no prometo milagros.

—Lo sé.

Solo confía en mí —dijo Ethan con un gesto cómplice.

Ambos se alejaron del mapa y caminaron hasta una sala lateral, decorada con cortinas color vino y sofás de terciopelo rojo.

Se dejaron caer sobre uno de ellos, agotados de tanto caminar por alfombras extensas y salones eternos.

—Tus pasillos también deberían tener descansos —bromeó Kiro mientras estiraba las piernas—.

¿Quién construye casas con tantos metros entre cada cosa?

—Nobles aburridos con demasiado tiempo y dinero —dijo Ethan con una media sonrisa.

Kiro se acomodó, y tras unos segundos de silencio, miró de reojo a su anfitrión.

—Oye, Ethan… ¿Por qué tu familia quiere tanto convertirse en un clan?

Ethan miró al techo por un momento antes de responder, como si organizara las palabras en su mente.

—Convertirse en un clan no es como formar parte de una familia cualquiera.

Es mucho más que un título.

Un clan tiene autoridad, poder político y social.

Es una institución respetada por la diosa Aiko.

Tener ese reconocimiento significa estar por encima de la mayoría de las reglas.

Significa tener autonomía y control de la nación.

Kiro frunció el ceño.

—¿Autonomía?

—Sí.

En Alfhaim hay clanes que manejan partes fundamentales de la nación —explicó Ethan—.

Por ejemplo, ¿has visto el gran teatro central?

Ese que parece un templo gigante cubierto de luz.

—Lo vi de lejos una vez —asintió Kiro.

—Ese lugar pertenece al clan Fontana.

No solo manejan ese teatro, sino que controlan todo el entretenimiento en Alfhaim: festivales, medios, espectáculos.

Su influencia es brutal.

También está el clan Duvalier, que posee uno de los dojos más antiguos.

Su fuerza militar es prácticamente incomparable.

Entrenan guerreros desde hace generaciones.

Kiro escuchaba con atención, aunque sus ojos de pronto se distrajeron con algo.

Una pequeña pelusa flotaba en el aire, atravesando un rayo de sol que entraba por la gran ventana.

Giraba suavemente, como si bailara en cámara lenta.

“Incluso el polvo se comporta con elegancia aquí” —pensó Kiro.

Ethan lo notó y rió suavemente.

—¿Qué pasó?

¿Ya te aburrí?

—No, no —dijo Kiro, volviendo en sí—.

Es solo que me distraje un momento con esa pelusa.

Se veía muy elegante.

Ethan sacudió la cabeza con una sonrisa.

—Tienes una forma muy extraña de ser.

—Bueno, soy un tipo sencillo, ¿qué quieres?

Estoy más acostumbrado a limpiar la sede que a hablar de clanes con influencia política.

—Y aun así estás aquí —dijo Ethan, mirando hacia la ventana—.

Tal vez ese sea el equilibrio que necesitamos.

En ese momento, una figura apareció en la puerta.

Era la misma joven sirvienta de antes, Maya.

Hacía una reverencia perfecta, con su trenza castaña cayendo por delante del hombro.

—Disculpen la interrupción, jóvenes.

El té está listo.

La familia los espera en el salón principal.

—Gracias, Maya.

Vamos enseguida —dijo Ethan, poniéndose de pie.

Kiro lo siguió, aunque ya sentía en su estómago esa sensación incómoda que venía justo antes de los momentos importantes.

Como si supiera que, en esta reunión, lo pondrían bajo una lupa… una lupa dorada y cubierta de poder.

“Hora de actuar” —pensó mientras caminaban hacia el corazón del poder de los Aegir.

Las puertas del salón principal se abrieron con un leve crujido.

Al ingresar, Kiro sintió que su corazón se detenía por un segundo.

El lugar era inmenso, con un techo abovedado sostenido por pilares de mármol y ventanas altas cubiertas por cortinas blancas que ondeaban suavemente con el viento.

Una enorme mesa rectangular ocupaba el centro, rodeada por más de una docena de sillas, todas ocupadas por personas que destilaban autoridad.

—Vaya…

—murmuró Kiro al verlos—.

Esto parece una reunión de generales y no una tarde de té…

Los rostros allí presentes compartían un aire de familia: ojos claros, cabello cuidado, expresiones seguras.

Había tíos, tías, primos y primas, todos bien vestidos con trajes nobles y adornos discretos pero finos.

En la cabecera de la mesa se encontraba el padre de Ethan, con una postura erguida, las manos entrelazadas sobre la mesa y una mirada que cortaba como cuchilla.

Kiro se sentó al lado de Ethan, con las piernas algo tensas y las manos sobre los muslos, intentando aparentar calma mientras su mente corría como un ciervo acorralado.

Vale… solo respira… finge que estás en un almuerzo con Hunk.

Aunque Hunk no tiene diez parientes con cara de juicio final observándote… Poco después, un pequeño grupo de sirvientas ingresó al salón, portando bandejas con teteras humeantes y dulces cuidadosamente presentados.

Las tazas de porcelana blanca fueron colocadas frente a cada invitado con una precisión casi coreográfica.

Una de las sirvientas se detuvo frente a Kiro con una sonrisa amable.

—¿Qué tipo de té prefiere, señor?

Tenemos té negro, verde, jazmín, lavanda, frutos del bosque, oolong con canela y especias dulces, y más.

Kiro, cuya nariz era sensible por naturaleza, se quedó paralizado observando los distintos aromas que nunca había podido presenciar.

Cada fragancia era más refinada y compleja que la anterior.

Olfateó sin disimulo como un perro curioso, hasta que un aroma fuerte, dulce y especiado le llamó la atención.

—Ese… el que huele a canela…

—señaló tímidamente.

—Un oolong con canela, cardamomo y clavo dulce —explicó la sirvienta—.

Tiene notas suaves pero un aroma cálido y envolvente.

Una elección sofisticada.

—Ehh…

claro, sí.

Suena… sofisticado.

—Kiro asintió, sin tener idea de qué significaba realmente eso.

La mujer le sirvió con delicadeza, y Kiro agradeció con una sonrisa nerviosa.

Esperó a que los demás comenzaran a beber y entonces, con cierta discreción, llevó la taza a los labios.

El vapor subió rápidamente, y el primer sorbo le quemó el paladar de forma inmediata.

“¡Aghh!

¡Me quema!” No podía gritar, ni escupir, ni quejarse.

Aguantó como un verdadero guerrero del dolor silencioso, sonriendo con los ojos llorosos mientras dejaba la taza suavemente en el platillo.

La nobleza duele… y quema la lengua…

En ese momento, la voz grave del padre de Ethan llenó la sala: —Familia, agradezco su presencia, como siempre.

Hoy tenemos con nosotros a un joven invitado.

Un compañero de Ethan que desea formar parte de nuestra casa, según parece.

Varias cabezas se giraron hacia Kiro.

Algunas miradas eran analíticas, otras escépticas, y unas pocas, simplemente indiferentes.

Una tía de rostro fino y labios pintados sonrió con elegancia, llevando su taza a los labios.

—Oh, qué estupendo —dijo con voz cantarina—.

¿Y cuál es su apellido?

¿Cómo debemos llamarlo?

Kiro sintió el sudor recorrerle la espalda.

—Eh…

bueno…

yo…

—empezó, mirando a Ethan con súplica silenciosa.

Ethan respondió rápidamente, con una sonrisa perfectamente ensayada: —Pertenece a la antigua familia Lough.

Ha sido una búsqueda complicada, pero finalmente hemos logrado dar con alguien de esa familia.

El murmullo no se hizo esperar.

—¿Lough?

¿No que se fueron de la nación?

—Creí que esa familia se había extinguido… —Siempre hay sorpresas…

Algunos sonrieron con educación.

Otros se miraron entre ellos con cejas alzadas, como si calcularan el valor del nuevo “miembro”.

Un par de primos jóvenes incluso soltaron una risita discreta, tapándose con las tazas.

Kiro se obligó a enderezarse, aclaró la garganta y habló con voz firme… o al menos lo intentó.

—E-estoy muy agradecido por…

por dejarme estar aquí.

Sé que esto es…

algo repentino, pero me gustaría…

colaborar.

¡Sí, eso!

Aportar con mis habilidades para que esta familia crezca…

y se convierta…

en un gran clan.

—¿Un clan?

—repitió uno de los tíos con tono curioso.

—Sí, exacto.

Pienso que si sumamos más personas, más talento… ¡más energía!, podríamos… rivalizar con las otras familias y convertirnos en un clan.

Y sería genial, ¿no?

“¿Qué estás diciendo?

¿”Más energía”?

¿En serio dije eso?”  —Además, me parece que este lugar tiene mucho potencial.

Y, eh… todos ustedes tienen…

como esa mirada de “vamos a dominar el mundo” —dijo con una sonrisa nerviosa—.

Así que yo…

yo quiero ser parte de eso.

Un breve silencio se hizo.

Pero no fue incómodo.

De algún modo, las palabras torpes y directas de Kiro captaron la atención de todos.

No eran las frases refinadas que solían escuchar, ni discursos planeados.

Era un muchacho común, hablando desde su corazón.

Y, curiosamente, eso parecía refrescante.

—Tiene espíritu, eso es seguro —dijo un primo, ajustando su capa.

—Y sinceridad.

No muchos se atreven a hablar así aquí —comentó una de las tías mayores.

—Ethan siempre fue extraño…

pero si este chico es su elección, merece nuestra atención —dijo otro con tono más formal.

Kiro apenas podía creer que sus palabras hubieran causado eso.

“¿Esto funcionó…?

¿De verdad están reaccionando así?” Fue entonces que Ethan se levantó.

—Con su permiso… necesito usar el baño.

No tardaré.

Se inclinó educadamente y comenzó a caminar hacia la salida del salón.

Justo antes de cruzar el umbral, giró levemente la cabeza y le lanzó a Kiro una mirada cómplice.

Kiro asintió casi imperceptiblemente.

“Hora de entretener a la nobleza… y no morir en el intento.” Mientras las tazas volvían a llenarse y las miradas se dirigían a él, Kiro respiró hondo.

—Bueno… ¿Conocen la leyenda de la rata Chamoy?

—empezó con una sonrisa torpe, y las primeras risas tímidas comenzaron a brotar.

Ethan desapareció por el pasillo.

La obra estaba en marcha.

Y Kiro era ahora el actor principal en el teatro más difícil de su vida, y eso que nunca había actuado.

El sonido de las pisadas de Ethan se deslizaba con ligereza sobre el mármol pulido de los pasillos vacíos.

La luz de los candelabros proyectaba sombras que se movían como fantasmas nobles en las paredes mientras él se escabullía con precisión calculada.

“Todo va bien… mientras Kiro siga hablando, tengo este margen.” Había cruzado ya las tres primeras secciones internas de la casa, pasando cerca de estanterías decorativas, bustos antiguos y vitrales que contaban historias de fundadores olvidados.

El silencio era total, salvo por sus propios pasos amortiguados.

Finalmente, llegó al umbral de la zona prohibida.

Una enorme puerta doble de acero pulido se alzaba ante él.

No estaba cerrada con llave—pues durante la reunión no lo creían necesario—pero un último obstáculo se interponía entre él y la sala de archivos.

Frente a la puerta estaba Garr, el capitán de los guardias de la familia Aegir.

Un hombre fornido, con armadura reluciente y una gran barba color café que cubría la mayor parte de su rostro.

Apoyado con firmeza, custodiaba la entrada con la mirada fija, como si esperara un ataque en cualquier momento.

—Maldita sea… justo él —susurró Ethan, ocultándose contra una columna cercana.

Sabía que Garr no se movía de su puesto fácilmente.

Su lealtad a la familia era absoluta.

“Es ahora cuando necesito a Kiro más que nunca…” Se llevó ambas manos al rostro, tapándose boca y nariz.

Respiró hondo y cerró los ojos con fuerza.

Su mente comenzó a trabajar.

Respiración tras respiración, concentró su energía interior.

Imaginó las conexiones invisibles que lo unían a todo lo que había tocado últimamente.

Personas, lugares… memorias.

En su mente, el flujo de energía comenzó a manifestarse: hilos dorados y tenues que serpenteaban como caminos.

Entre todos, uno brillaba con una luz intensa, vibrante, viva… y algo desordenada.

—Bien hecho, Kiro… Alzó la mano mentalmente, como si nadara en la oscuridad, y con su energía “invisible”, tomó el hilo dorado.

En el momento en que lo hizo, una presión se clavó en su pecho, como si conectarse a esa esencia le arrancara parte de sí mismo.

—Ghh… casi lo tengo… Con un destello, el hilo de energía se cristalizó un momento entre sus pensamientos y se convirtió en un punto focal.

Ethan abrió los ojos de golpe, jadeando.

—Lo conseguí.

Apoyándose en la pared, sacó su mano derecha, la moldeó como una pistola con el dedo índice estirado, y apuntó hacia el extremo opuesto del pasillo, justo detrás de Garr.

—Haber que puedes hacer.

De su dedo no salió un proyectil, sino un destello apenas perceptible, una onda mínima de energía que chocó contra el suelo y tomó forma.

En un instante, la figura de Kiro apareció, idéntica, incluso con su chaqueta abierta y su expresión de chico despreocupado.

—¿¡Quién está ahí!?

—gritó Garr, al ver la figura—.

¡Identifíquese!

La ilusión de Kiro giró la cabeza lentamente… y sonrió con picardía.

Luego, levantó la mano y le hizo un gesto de “sígueme”, antes de girar y correr por la esquina.

—¡Alto!

¡Detente ahora mismo!

—rugió Garr, desenvainando su espada y corriendo tras la ilusión sin dudar.

Ethan, aún jadeando, dejó caer una gota de sudor que resbaló por su mentón.

Sonrió con esfuerzo.

—Gracias, Kiro.

Ya tengo el archivo para mí.

Mientras tanto, en el salón principal, Kiro seguía dando lo mejor de sí.

Tenía las manos alzadas como si relatara una gran aventura, su taza medio vacía y su voz animada.

—…y entonces el Nox salió del árbol, ¡pero no era un monstruo cualquiera!

Era uno que imitaba tu voz.

¡Casi me hace gritar como un pollo frente a los demás!

Varios de los presentes rieron suavemente.

Otros bebían el té con gestos interesados.

—Oh, ¿ese fue el día del incidente en la frontera oeste de la ciudad?

—preguntó una tía con vestido azul claro.

—¡Exacto!

Y hablando de eso… ¿alguno de ustedes ha oído hablar del exorcista conocido como El Ilusionador?

—¿Ese del informe de la torre de obsidiana?

—preguntó un primo.

—Sí, sí, ese.

Pues lo conozco y se llama Hunk Brakell —dijo Kiro, con un tono triunfal—.

Hunk es mi maestro.

Exorcista de rango S.

¡Y no solo es muy fuerte!

También tiene contactos con otros exorcistas igual de poderosos.

Si me dan tiempo, podría hablar con algunos.

¿Se imaginan si logran unir fuerzas con esta familia?

Los ojos del padre de Ethan brillaron con interés.

—¿Exorcistas de rango S…?

Esa clase de alianzas podría cambiar nuestro estatus por completo… —Podríamos ser más que un clan.

¡Un bastión reconocido por los protectores del equilibrio!

—añadió la mujer del vestido azul.

—Y todo… porque este chico de cabello alborotado se apareció un día —dijo otro, observando a Kiro con una mezcla de curiosidad y respeto.

Kiro sonrió, algo nervioso.

“Bueno… esto está saliendo mejor de lo que esperaba…” Pero en ese instante, algo cambió.

Su pecho se tensó.

Un latido seco.

Como un golpe desde dentro.

Luego otro.

Su corazón dio un vuelco brutal.

Un escalofrío recorrió su espalda.

Y una presión extraña lo hizo encorvarse.

—Ugh… Sin previo aviso, Kiro apretó los dientes, soltó un gruñido ahogado, y su puño golpeó la mesa.

Las tazas temblaron.

Su otra mano fue directo a su pecho, presionando con fuerza.

—¡¿Chico?!

—gritaron varias voces.

—¡¿Qué sucede?!

—el padre de Ethan se levantó de golpe.

Kiro jadeaba.

El sudor le corría por la frente.

Sus ojos temblaban.

Su respiración era corta y su rostro se contrajo de dolor.

Sentía como si una aguja oscura se le clavara directo al corazón.

—No…

no es normal… —susurró con la voz quebrada—.

¿Qué… es esto…?

En su mente, algo se agitaba.

Una voz… no, un eco, una presencia.

Maliciosa.

Oscura.

“Es hora de que lo cambie todo…” Un zumbido distorsionado comenzó a llenar su cabeza.

Voces susurrantes, como si mil insectos gritaran su nombre.

Las luces del salón parpadearon por un instante.

Kiro apenas escuchaba ya.

Todo giraba.

La mesa.

Las caras.

El té.

—¡Rápido, traigan ayuda!

—¡Está colapsando!

Su último pensamiento antes de que todo se tornara negro fue: Dravenel…

¿eres tú…?

Y entonces, cayó al suelo inconsciente, mientras el caos se desataba entre la nobleza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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