Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 98

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Hikari no Unmei: El Destino de Luz
  4. Capítulo 98 - 98 Capítulo 98 Fin de la estadía con los Aegir
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

98: Capítulo 98: Fin de la estadía con los Aegir 98: Capítulo 98: Fin de la estadía con los Aegir Un leve rayo de sol atravesaba las cortinas azules de la ventana y se posaba cálidamente sobre el rostro de Kiro.

El muchacho frunció el ceño, movió la cabeza y abrió lentamente los ojos.

La luz lo cegó por un segundo.

Su cuerpo pesaba, como si hubiera estado bajo el agua mucho tiempo.

El sudor frío aún le pegaba la camiseta al torso.

—¿Dónde…

estoy?

El techo era de madera tallada, decorado con pequeñas runas de energía y molduras florales.

El aire olía a incienso suave y telas recién lavadas.

Estaba recostado en una cama de sábanas blancas y una manta gruesa de tonos celestes.

Al lado, sobre una silla, colgaba su chaqueta mitad negra y amarilla.

Kiro se incorporó lentamente, sintiendo un leve mareo.

Se sentó al borde de la cama, tomó su chaqueta y se la colocó con gesto mecánico.

“Esto parece una habitación de invitados… ¿De la mansión Aegir?” Pasó una mano por su cabello revuelto y suspiró.

—¿Qué fue eso… esa sensación tan horrible…?

—murmuró, apretando el puño—.

Y esa voz… fue él.

Dravenel ¿cierto?… Se puso de pie, tambaleando ligeramente, pero su cuerpo comenzaba a responder.

Salió de la habitación empujando con cuidado la puerta de madera.

El pasillo estaba silencioso, salvo por los ecos lejanos de conversación.

Siguió el sonido hasta girar en una esquina.

Allí, de pie cerca de una gran ventana, Ethan conversaba con uno de sus tíos, un hombre alto con bigote fino y rostro severo.

Hablaban en voz baja sobre “estructuras políticas” y “reconocimiento territorial” de seguro, cosas que Kiro no entendía.

—¡Ethan!

—llamó Kiro, alzando una mano.

Ethan se giró de inmediato.

Sus ojos se abrieron con genuina sorpresa.

—¡¿Kiro?!

—exclamó—.

¡Estás despierto!

—Sí, desperté hace poco… Me siento como si me hubiera dormido por una semana.

Ethan le hizo una pequeña reverencia a su tío.

—Hablamos luego, tío.

Es un asunto del que debo ocuparme.

El hombre asintió, cruzándose de brazos con dignidad.

Ethan se acercó rápidamente y posó una mano en el hombro de Kiro.

—¿Cómo estás?

¿Te duele algo?

Kiro negó lentamente.

—Solo un poco de mareo… pero estoy bien.

No entiendo muy bien qué pasó.

Bajó la mirada un momento, con expresión de culpa.

—Perdón por desmayarme así, frente a toda tu familia… justo cuando más necesitabas ayuda.

—Kiro… —dijo Ethan con calma—.

No tienes que disculparte.

Fue perfecto, de hecho.

Gracias a eso, nadie sospechó de lo que estaba haciendo.

Y más importante: estás bien ahora.

Kiro alzó la mirada.

—¿Entonces… lograste conseguirlo?

Ethan asintió.

—Lo hice.

No todo lo que quería, pero sí lo suficiente para continuar.

Iba a esperar un poco más, pero con lo que logré recuperar, ya tengo una base.

Entonces, sacó de su túnica una pequeña bolsa de cuero oscuro y un documento doblado.

Se los tendió a Kiro.

—Esto es para ti.

—¿Qué es esto…?

—Kiro tomó la bolsa y la abrió.

Al mirar dentro, sus ojos se abrieron con asombro.

—¡¿T-todo esto es… dinero!?

El interior estaba lleno de créditos: monedas metálicas y unos billetes finamente sellados con el símbolo de Alfhaim.

Ethan rió ligeramente.

—Es lo mínimo que puedo darte.

Si tuviera más, también te lo daría.

Me ayudaste mucho más de lo que crees.

Kiro sacudió la bolsa, aún asombrado.

—Pero esto es muchísimo… No sé ni en qué gastarlo… Bueno, tal vez en dulces para Airi.

Y una cámara para tomarle fotos a los caballeros esmeralda.

Y tal vez una espada elemental real… Ethan sacudió la cabeza, divertido.

—Y ese documento incluye lo que se sabe de una mujer llamada Akira.

Una comerciante que tuvo relaciones con mi familia hace muchos años.

No era noble, ni tenía apellido.

Solo una campesina que comerciaba telas y agua aparentemente mágica con uno de nuestros antiguos miembros.

Kiro quedó en silencio, mirando el papel entre sus manos.

—Entonces…

¿esa Akira podría ser mi madre?

—Es una posibilidad —dijo Ethan—.

Pero no hay pruebas definitivas aún.

Al menos, es un comienzo.

No esperé encontrar nada, si te soy sincero.

Kiro guardó el documento con cuidado en su chaqueta.

Luego miró a Ethan, con una sonrisa que parecía iluminar su rostro cansado.

—No te preocupes.

Yo vine para ayudarte, ¿recuerdas?

No por un apellido o un origen secreto.

Vine porque eres amigo de Ryu.

Y ahora también eres mi amigo.

Alzó el pulgar con orgullo, sacando su característica sonrisa brillante.

Ethan lo miró por un segundo, luego bajó la cabeza en un gesto leve.

—Gracias, Kiro.

De verdad.

—¿Y ahora qué?

¿Nos vamos?

—preguntó Kiro.

—Sí.

Usaremos la situación de tu “desmayo” como excusa para retirarnos.

Así evitamos más compromisos o que te quieran presionar para quedarte como miembro oficial.

Kiro asintió.

—Entonces, creo que aprovecharé de pasar por casa.

Quiero ver a Airi… y contarle de mis aventuras en la Academia.

—Perfecto.

Yo hablaré con mi familia.

No te preocupes por despedirte.

Mejor que no te esfuerces demasiado.

Aún no sabemos qué fue lo que te ocurrió.

Las sirvientas hicieron lo que pudieron para estabilizarte… pero es mejor no forzar tu cuerpo más de lo necesario.

Kiro se encogió de hombros.

—¿Sabes?

No es la primera vez que me pasa algo raro… Pero esta vez… sentí algo oscuro.

Como si algo… dentro de mí me aplastara.

Ethan lo observó con seriedad.

—¿Cómo qué sentiste algo?

¿Escuchaste algo acaso?

Kiro asintió lentamente.

—No dijo mucho… solo se hizo presente.

Pero esa sensación… era oscura.

Ethan colocó una mano en su hombro una vez más.

—Cuando quieras hablar de ello, estaré aquí.

No estás solo.

Kiro sonrió.

Esta vez, con menos brillo, pero con más profundidad.

—Gracias, Ethan.

Ambos se despidieron con un apretón de manos.

Kiro comenzó a caminar por el pasillo, saliendo poco a poco del mundo brillante y opresivo de los Aegir, hacia la luz cálida del sol que lo esperaba fuera de la mansión.

El sol ya comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de Alfhaim con tonos naranjas, rosados y dorados.

El aire era cálido, suave, con esa sensación de fin de día que parecía susurrar “bienvenido a casa”.

Kiro caminaba por las calles de los suburbios, una zona alejada del bullicio central de la ciudad.

Aquí no había rascacielos ni grandes canales de agua mágica, sino parques llenos de árboles, casas con jardines cuidados, y niños jugando en bicicletas mientras el viento arrastraba hojas secas por el suelo de piedra clara.

Las farolas se encendían de forma automática conforme avanzaba el atardecer, emitiendo una luz suave y cálida.

—Ahh… esto sí que es paz —murmuró Kiro, cruzando una calle estrecha bordeada de enredaderas—.

Nada de nobles, ni reuniones tensas, ni comidas imposibles de pronunciar… El chico avanzó hasta llegar a una pequeña casa de dos pisos, con una cerca baja de madera blanca y un pequeño árbol de flores azules justo en la entrada.

Allí estaba su hogar.

Kiro se detuvo frente a la puerta, observando los detalles con una sonrisa melancólica: la campanilla colgando del marco, el símbolo de una estrella tallado en la pared, las macetas con plantas que Airi cuidaba con esmero.

—Parece que todo sigue igual… —dijo en voz baja—.

Aunque se siente como si hubiera pasado una eternidad.

Se cruzó de brazos, respirando hondo, permitiéndose unos segundos de silencio… hasta que escuchó pasos acercándose por la calle.

Giró la cabeza con curiosidad y su rostro se iluminó.

—¡Hunk!

¡Airi!

Allí venían, caminando juntos y riendo suavemente.

Hunk cargaba una bolsa grande en cada brazo, de las que salía un delicioso olor a pan recién horneado.

Airi llevaba una más pequeña y conversaba animadamente.

Pero ambos se detuvieron al notar su presencia.

—¿Kiro…?

—preguntó Airi, frunciendo los ojos—.

¿Eres tú de verdad?

Kiro levantó la mano, sonriendo.

—¡En persona y más vivo que nunca!

Por un segundo, ambos parecieron no saber cómo reaccionar, como si el regreso de Kiro fuera tan inesperado que sus cerebros tardaran en procesarlo.

Pero, en cuanto la certeza los alcanzó, Airi dejó caer la bolsa de pan sin pensarlo y corrió a toda velocidad hacia él.

—¡¡¡Kirooo!!!

—gritó con alegría.

Saltó directo a sus brazos, abrazándolo con fuerza.

—¡Mira lo fuerte que estás!

¡Te ves increíble!

¡Como un verdadero exorcista ahora!

Kiro se sonrojó levemente, frotándose la nuca mientras mantenía el abrazo.

—N-no exageres… sigo siendo el mismo de siempre.

—¡Mentira!

¡Ya no hueles a azúcar quemado!

Eso es señal de madurez —bromeó ella.

Hunk se acercó con su sonrisa característica y dejó las bolsas en el suelo un momento.

—No esperaba verte hoy, chico —dijo, dándole una palmada en la espalda que casi lo desarma—.

Cuando vengas, avisa con tiempo.

Así te preparo algo especial.

Kiro soltó una risa.

—La verdad… se me olvidó que venía.

Todo pasó tan rápido.

Pero aproveché el tiempo libre y quise pasar a verlos.

—Buena elección —dijo Hunk—.

Vamos, entremos antes de que se enfríe el pan.

Los tres recogieron las bolsas y entraron a la casa.

El interior era cálido, decorado con muebles sencillos, una alfombra gastada y cuadros familiares por las paredes.

La cocina desprendía un aroma hogareño apenas entraban.

En pocos minutos, Hunk y Airi prepararon una merienda: sandwiches recién hechos con el pan tierno que compraron, un poco de queso especiado y tomate dulce.

Hicieron té para Airi y Kiro, mientras Hunk se preparaba su clásico café amargo, que según él “le endulzaba el alma”.

Kiro bebió un sorbo y suspiró.

—Esto sí que extrañaba…

—¿Qué, el té?

—preguntó Airi.

—No.

Este lugar.

Ustedes.

Sentarme sin pensar que alguien me va a dar órdenes o tener que preocuparme de las clases.

—¿Tan feo es estar en la Academia?

—preguntó Hunk, bebiendo su café con tranquilidad.

—No… en realidad, es asombrosa.

Todos son fuertes.

Algunos me dan miedo, pero me motivan.

Me asignaron al emblema Stella, y aunque el lugar parece una casa embrujada, ¡todos allí son increíbles!

Rei, Xia, Shizuki…

incluso conocí a un noble, Ethan Aegir y fui a su casa.

—¿¡¿Aegir?!?

—preguntó Airi con la boca llena—.

¡Eso suena a importante!

—Sí… un poco demasiado, diría yo.

—¿Y cómo va el entrenamiento?

—preguntó Hunk, con una sonrisa escondida tras su taza.

—Me estoy esforzando al máximo.

No quiero quedarme atrás.

Todos los demás parecen estar a un nivel superior, pero…

me estoy acostumbrando.

Me dije a mí mismo que si ellos entrenan duro, ¡yo entrenaré el triple!

No pienso quedarme atrás.

Airi alzó el puño.

—¡Ese es mi hermano!

¡Yo también me estoy volviendo más fuerte!

Hunk me está enseñando a controlar mejor mi energía.

—Y tiene más talento que tú, además —añadió Hunk sin inmutarse.

—¡¿Qué?!

—Kiro lo miró ofendido—.

¡Tú me enseñaste todo lo que sé!

¿Cómo te atreves a traicionarme así?

—Solo digo la verdad —respondió Hunk, encogiéndose de hombros—.

Airi tiene más control, más sensibilidad… y una sonrisa menos arrogante.

—¡Ja!

—rió Airi con orgullo.

Kiro se recostó contra la silla, resignado.

—Entonces tendré que esforzarme más todavía.

Si no, ¡me va a pasar por encima mi propia hermanita!

—Ya lo hizo hace rato —añadió Hunk con una risa suave.

—¡Maestrooo!

—Kiro protestó.

El ambiente se llenó de carcajadas.

Después, mientras comían, Kiro les contó con orgullo sobre su primera misión.

—Fuimos a una mazmorra con mis amigos Shizuki, Noell y Xia, del emblema Stella.

Había ruinas, trampas y enemigos…

pero lo hicimos.

¡Ganamos!

Nos superamos.

Fue muy increíble.

—Suena peligroso —comentó Hunk—.

¿Y te lesionaste?

—¿Yo?

¡Nunca!

Bueno… solo un poco.

Pero nada grave.

—Seguro terminaste inconsciente otra vez —dijo Airi, burlona.

Kiro la miró con los ojos entrecerrados.

—Tú sabes mucho, pero no demasiado, niña misteriosa.

—Y Ryu también está bien —añadió Kiro, volviendo al tema—.

Está en el emblema Paladins, ¡el mejor de todos!

Está progresando muy rápido.

Me alegra tanto por él… Hunk asintió, serio por un momento.

—Me alegra verlos avanzando.

Pero no olvides que volverse fuerte no es solo para protegerte… sino para proteger lo que amas, lo mas importante es que no olvides el por qué lo haces.

Kiro bajó la mirada, sonriendo con sinceridad.

—Lo sé.

Por eso estoy aquí.

El sol se ponía lentamente tras la ventana, tiñendo la sala con tonos anaranjados.

El olor a pan y café aún flotaba en el aire.

Por un momento, Kiro olvidó que el mundo fuera de esas paredes seguía siendo difícil.

Por un momento… solo fue su hogar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo