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Hikari no Unmei: El Destino de Luz - Capítulo 99

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  4. Capítulo 99 - 99 Capítulo 99 Estrellas en disputa
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99: Capítulo 99: Estrellas en disputa 99: Capítulo 99: Estrellas en disputa Los días pasaron como una ráfaga.

Desde su visita a casa, Kiro había sentido una nueva chispa encenderse en su interior.

La energía con la que entrenaba, estudiaba y asistía a clases había cambiado.

Las teóricas, que antes le parecían un castigo eterno, ahora empezaban a tener sentido.

Las complejas estructuras de la energía, los flujos internos del cuerpo, los efectos del control mental sobre el Spirit… todo comenzaba a encajar.

—Entonces… si uno expande la red de energía justo antes de canalizarla… ¡puede amplificar el resultado!

—se había dicho a sí mismo días antes en clase, mientras tomaba notas como nunca.

La constancia daba frutos.

Y aunque aún era débil… poco a poco comenzaba a aprender y mejorar.

Ese día, sin embargo, no era uno como cualquier otro.

Kiro se encontraba ahora en el gran salón de conferencias de la Academia Farhaim, un auditorio semicircular con asientos de piedra pulida, techos altos sostenidos por pilares de cristal azul, y una acústica impecable.

En el centro del lugar, sobre una tarima elevada, se encontraba el imponente Leonardo Capella, el director de la Academia.

Su presencia irradiaba autoridad sin necesidad de palabras.

A su alrededor, reunidos por secciones, estaban los miembros de cada emblema.

Kiro calculó que habría al menos 50 alumnos, sin contar a los maestros líderes que se situaban al fondo.

Kiro estaba allí, con las manos entrelazadas a su espalda, de pie entre Noell, Rei, Shizuki y Silfy.

Su corazón latía rápido.

A pesar del progreso que sentía, el ambiente era sofocante.

Rodeado por los mejores de la Academia, cada uno con su propio escudo bordado en el pecho, no podía evitar sentirse pequeño.

—No respires tan fuerte o harás que se desmayen los de atrás —susurró Kiro con una sonrisa torcida, mirando de reojo a Noell.

—Calla… estoy a un pensamiento de salir corriendo —le respondió Noell, mirando a su alrededor—.

¿Viste la energía de los del emblema Inclementer?

Es como estar frente a una tormenta… y los Paladins parecen hechos de acero.

No tenemos nada que hacer.

—Bah, tonterías.

A lo mucho nos patearán el trasero un par de veces —dijo Kiro—.

Pero ya los alcanzaremos.

Eso te lo aseguro.

Noell lo miró con una mezcla de nervios y gratitud.

—Estás loco, Kiro.

—Así soy yo.

Entonces, el director Capella dio un paso al frente y todos guardaron silencio.

Su voz, profunda y controlada, llenó el salón sin necesidad de amplificación mágica.

—Alumnos de la Academia Farhaim.

—Su mirada recorría el auditorio como si los pesara uno por uno—.

Hoy han sido convocados para hablar del futuro.

No solo el suyo… sino el de nuestra institución.

Guardó una pausa, dejando que sus palabras calaran.

—Dentro de unos meses celebraremos nuestro tradicional Festival del Equilibrio.

Un evento que nos conecta con otras academias, donde la cooperación y la competencia determinarán qué tanto hemos crecido… y qué tanto aún nos falta por aprender.

Un murmullo entusiasta recorrió la sala.

—En este festival, la responsabilidad de representarnos no caerá en los profesores… sino en ustedes.

Los emblemas.

Kiro tragó saliva.

Lo había presentido… pero oírlo lo hacía real.

—Cada emblema será nuestro rostro y nuestra espada.

Y su desempeño no solo será observado, sino recompensado.

—Leonardo entrecerró los ojos—.

Las puntos que obtengan en el festival se sumarán a las de sus registros internos… lo que afectará directamente su categoría, su rango y su posición en esta Academia.

Reacciones se esparcieron como una ola: sorpresa, emoción, tensión.

—Les exijo seriedad.

Entrenamiento.

Compromiso.

Y por eso mismo, desde ahora comenzaremos con los entrenamientos cruzados.

Cada emblema será emparejado con otro para aprender, adaptarse y fortalecerse, todo con el fin de estar preparados para el festival.

Justo cuando el director iba a continuar, una voz cortante interrumpió: —Excelente decisión, director Capella.

Aunque debo decir que sería más efectivo si todos los emblemas estuvieran completos.

Los ojos de todos giraron hacia Shepard Duvalier, líder del emblema Inclementer, quien se alzaba desde su asiento con los brazos cruzados y una sonrisa venenosa.

—¿A qué se refiere, maestro Duvalier?

—preguntó Leonardo con calma.

—A que… por ejemplo —dijo mirando con desdén hacia el grupo de Stella—, uno de los emblemas aquí presentes está incompleto.

Faltan tres miembros.

¿Cómo se supone que entrenarán así?

La falta de compromiso es evidente.

No todos los presentes merecen estar aquí.

Un murmullo general se levantó.

Varios miembros de Stella fruncieron el ceño.

Kiro sintió un latido de molestia en el pecho.

Estaba a punto de hablar cuando el brazo de Rei se extendió frente a él, bloqueando su impulso.

—No —dijo ella con voz baja pero firme—.

No ahora.

—¿Pero oíste lo que dijo?

—Lo oí.

Todos lo oyeron.

Y eso es suficiente.

Entonces, la voz dulce pero clara de Lyra, la líder de Stella, se alzó con elegancia: —Los miembros faltantes están en una misión especial autorizada, de suma importancia.

La energía no siempre se entrena en salones brillantes, Duvalier.

Algunos se fortalecen en el campo, donde el peligro es auténtico.

—¿Misiones especiales?

¿O excusas disfrazadas de trabajo?

—contestó Shepard con una sonrisa—.

Me preocupa la integridad de esta Academia si permitimos que los estándares sigan bajando.

—Y a mí me preocupa que alguien con tan poca empatía siga a cargo de jóvenes —replicó Lyra, sin perder la compostura.

La tensión se volvió palpable.

Hasta que el director golpeó su bastón en el suelo, un sonido agudo que resonó como un relámpago.

—Basta.

Esta reunión es para organizar, no para alimentar egos.

Los presentes callaron de inmediato.

—A partir de hoy —continuó el director—, estos serán los equipos de entrenamiento: Emblema Stella entrenará con Emblema Paladins.

Emblema Inclementer entrenará con Emblema Kinrir.

Emblema Espectros entrenará con Emblema Flame of Disaster.

Kiro parpadeó.

¿Había escuchado bien?

—¿Paladins…?

—susurró.

Rei levantó una ceja.

—Vaya… esto será interesante.

—¡Ryu está ahí!

—añadió Kiro, sonriendo—.

Aunque eso significa que también estará…  —Kaede Minatsuki —terminó Noell con un suspiro—.

La más fuerte.

Mientras los alumnos comenzaban a retirarse, Kiro se quedó un momento más, mirando el centro del auditorio.

Festival.

Estrellas.

Enfrentamientos.

Y más entrenamiento.

La tarde avanzó con una calma agradable en la sede del emblema Stella.

Un rayo de luz cálida se colaba por las ventanas altas del salón principal, pintando las paredes de tonos dorados y suaves naranjas.

En una de las mesas rectangulares, rodeada por cojines medio aplastados y tazas vacías de té frío, se libraba una intensa partida de “Runas y Ruinas”, un juego de mesa de estrategia y azar que se había vuelto popular entre los alumnos de primer año.

—¡Tienes que mover tu ficha aquí!

—gritó Kiro, señalando el tablero con entusiasmo—.

¡Si tomas esta casilla puedes hacer un ataque doble!

—No…

no lo ves, Kiro —dijo Noell mientras se sostenía la cabeza con ambas manos, al borde del colapso lógico—.

Si muevo ahí, Shizuki puede usar su carta de ‘Lamento del Vacío’ y me arrasa el castillo.

¡Es trampa!

¡Ya vi ese combo!

—Los demonios no hacen trampa —replicó Shizuki con una sonrisa siniestra—.

Solo toman ventaja de los débiles de voluntad… —¿Cómo una chica que no sabía siquiera mover su ficha hace dos semanas se volvió tan buena en esto…?

—gruñó Noell, completamente derrotado.

Kiro se rió mientras dejaba caer una ficha sobre el tablero.

—Lo que pasa es que no estás viendo el juego con ojos de estratega.

Yo ya acepté la derrota hace tres turnos, solo estoy aquí por la gloria.

Shizuki, con una risa contenida, movió su ficha demoníaca hacia el corazón del tablero.

—Jaque espiritual.

—¡¿Eso existe en este juego?!

—exclamaron los dos chicos al mismo tiempo.

—Desde hoy, sí —respondió Shizuki, completamente segura de su invención.

La escena era un remanso de paz dentro del caos habitual del emblema.

Los tres estaban sentados entre cojines desordenados, rodeados de libros abiertos, cartas de energía y envoltorios de dulces a medio comer.

—Por cierto —dijo Noell, tomando una galleta rota del plato—, ¿ya están listos para el entrenamiento con Paladins?

—Listo no estoy, pero emocionado sí —respondió Kiro—.

¿Te imaginas?

¡Entrenar con los más fuertes de la Academia!

Esto nos puede hacer mejorar a pasos gigantes.

—O nos puede destruir y dejarnos llorando en un rincón —refunfuñó Noell.

—Yo no planeo llorar —dijo Shizuki, con el dedo en alto—.

Los demonios que me bendicen con poder han jurado que velarán por mi integridad física y energética.

¡Paladins no tiene nada que hacer contra una maldición ancestral!

Kiro se le quedó viendo.

—¿De verdad puedes invocar maldiciones?

—¡Por supuesto que sí!

Bueno… en teoría.

A veces.

Cuando el clima coopera.

—O cuando se alinean los snacks con tu energía —bromeó Noell.

Se rieron juntos, aunque en el fondo los tres compartían el mismo nerviosismo.

Kiro se frotó el mentón pensativo.

—Me pregunto cómo serán los entrenamientos… ¿Luchas uno a uno?

¿Combates grupales?

¿Exámenes prácticos?

—Yo solo espero no tener que enfrentarme a Kaede Minatsuki —dijo Noell—.

Con solo mirarme seguro puedo terminar en la otra punta del mundo de un solo ataque.

—¡Yo sí quiero verla!

—dijo Kiro, alzando los puños—.

¡Dicen que es como una leyenda!

Verla pelear de cerca sería un sueño.

¡Quizá incluso me entrene!

¡Sin duda me volveré más fuerte ahora!

—¿Y si te parte en dos?

—Me regenerare como una mosca —Idiota —dijeron Shizuki y Noell al unísono.

En ese momento, una figura conocida cruzó por el salón.

Era Rei, que se dirigía con paso decidido hacia la cocina.

Llevaba el cabello recogido en una coleta alta y una expresión que gritaba “no me molesten”.

—¡Rei!

—gritó Shizuki desde su lugar—.

¿Puedes preparar algo rico para todos?

Rei ni siquiera se detuvo.

—No soy su sirvienta —respondió, sin mirar atrás—.

Si sobra algo, lo dejo en la mesa.

—¡Lo tomaré como un sí!

—canturreó Shizuki.

Aprovechando la interrupción, Noell se estiró hacia atrás.

—Oye, Rei, ¿qué pasa con los otros miembros del emblema?

Hace rato que no veo a Silfy ni a Xia.

Kiro se animó a preguntar también.

—Sí, y… ¿qué pasa con el famoso Sanha?

¿Dónde está nuestro supuesto líder?

Nadie sabe nada de él.

Rei se detuvo en seco.

Volteó apenas el rostro, dejando que un rayo de tensión cruzara la sala.

—Traten a Sanha con respeto —dijo con voz firme—.

Él se fue en una misión especial justo cuando ustedes llegaron.

Fue una asignación única… no sé cuándo regresará.

Pero lo hará.

Estoy segura.

Kiro asintió con respeto.

—Ojalá pueda conocerlo pronto.

Me gustaría saber cómo es alguien digno de liderar Stella.

Noell, sin filtro, añadió: —Entonces… si contamos a Sanha, Xia, Silfy, Rei, tú, Shizuki, y yo… somos siete.

Pero… se supone que somos ocho en Stella, ¿no?

Kiro y Shizuki se miraron al instante.

Ambos se iluminaron como linternas curiosas.

—¡Es verdad!

—gritaron al unísono.

—¡¿Quién es el octavo miembro?!

—preguntó Kiro.

—¡¿Es un espía secreto?!

—añadió Shizuki.

—¡¿Acaso es tan poderoso que no se deja ver?!

—siguió Kiro, ya de pie.

—¡¿Será un demonio sellado?!

—gritó Shizuki, mirando al techo.

—¡¿Será acaso… un gemelo malvado?!

—añadió Kiro, riendo.

Rei suspiró como si le hubieran drenado diez años de vida.

—Por favor… ¿pueden dejar de gritar?

—dijo con una mirada tan fría que heló el aire.

Ambos se sentaron de inmediato, obedientes.

—No sé quién sea ese supuesto octavo —añadió Rei—.

Y no me podría importar menos.

No está aquí.

Así que no pregunten.

—¡Pero es un misterio enorme!

—dijo Noell—.

¡Somos un emblema incompleto y nadie nos lo dice!

—Es parte del folclore de Stella —susurró Shizuki con ojos brillantes—.

La octava sombra olvidada…

—…me gusta como suena eso —asintió Kiro—.

Si algún día se aparece, espero que no quiera matarnos a todos.

—Sería un giro interesante —dijo Noell.

Rei se giró sin responder y desapareció en la cocina.

Los tres quedaron en silencio por unos segundos.

El tablero de Runas y Ruinas seguía a medio terminar.

El sol descendía por la ventana.

La sede de Stella, con su techo algo polvoriento y su extraña atmósfera de caos ordenado, parecía guardar más secretos de los que dejaba ver.

—Oye, Kiro —dijo Noell al fin—.

Si aparece ese octavo miembro, ¿qué harás?

Kiro sonrió con entusiasmo.

—Le ofreceré una partida de Runas y Ruinas.

Si gana, lo respeto.

Si pierde, ¡Será mi esclavo!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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