History academy arco 6: El fin del mundo. - Capítulo 74
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Capítulo 74: Episodio 74: Una humillación maravillosa.
Rigor llegó a casa con el peso del día reflejado en cada paso. Su mente aún procesaba las múltiples responsabilidades como director de la Academia, manteniendo la disciplina y asegurando que la nueva generación de guerreros estuviera preparada para lo que fuera que se avecinara. A pesar de que su apariencia seguía siendo la de un hombre de 41 años, su verdadera edad superaba los 4100 años, una cifra que pocos podrían imaginar.
Al abrir la puerta, lo recibió el cálido aroma de la cena y la figura familiar de Dariel, su esposa, quien, con una leve sonrisa, notó el cansancio en su rostro. Rigor le devolvió la mirada y se dejó caer en el sofá, soltando un suspiro prolongado.
—Parece que hoy fue un día largo —comentó Dariel mientras se acercaba con una taza de té caliente.
—Siempre lo es —respondió él, aceptando la taza con gratitud. Desde la última gran batalla, la tensión en la Academia no había disminuido. Aunque había un breve respiro de paz, él sabía que eso nunca duraba mucho.
El silencio en la casa era inusual, y su mirada se desvió hacia el pasillo, donde esperaba escuchar las risas o los entrenamientos de sus hijos. Pero esta vez no estaban allí. Se habían ido a entrenar a otro país, buscando superar sus propios límites y prepararse para los desafíos venideros.
—Nuestros hijos han crecido —murmuró Dariel, sentándose a su lado.
—Demasiado rápido —respondió Rigor, sintiendo un pequeño vacío en su pecho. Los había entrenado para ser fuertes, para no depender de él, pero ahora que no estaban, la casa se sentía diferente.
Dariel tomó su mano, entendiendo lo que pasaba por su mente.
—Ellos volverán más fuertes. Y cuando lo hagan, estarán listos para enfrentar cualquier cosa.
Rigor asintió. Sabía que tenía razón, pero no podía evitar la sensación de que algo grande se acercaba, algo que pondría a prueba no solo a sus hijos, sino a todo lo que habían construido.
Cerró los ojos por un momento, disfrutando la tranquilidad del hogar, consciente de que debía aprovechar cada instante. Porque la guerra, tarde o temprano, siempre vuelve.
Dariel sonrió con calidez mientras se acurrucaba junto a Rigor. Aunque ella aún era relativamente joven en comparación con su esposo, también sentía cómo los años pasaban volando. Los recuerdos de cuando sus hijos eran pequeños parecían haber ocurrido apenas ayer, pero ahora estaban lejos, creciendo y fortaleciéndose por su cuenta.
Sin decir nada, se inclinó suavemente y le dio un beso en los labios a Rigor, un gesto cargado de amor y complicidad. Él respondió con la misma ternura, sintiendo un alivio momentáneo en su agotado cuerpo.
—Sabes, a veces extraño cuando todo era más simple —susurró Dariel con una sonrisa melancólica.
Rigor soltó una leve risa.
—¿Cuándo fue simple? No recuerdo ningún momento así.
Ambos rieron juntos, compartiendo un instante de paz en medio de sus vidas llenas de responsabilidades. Habían pasado por demasiadas batallas, demasiados desafíos, y aún así, su amor seguía intacto, siendo su mayor refugio en tiempos inciertos.
Rigor apoyó su frente contra la de ella, disfrutando el calor de su presencia.
—No importa lo que venga, mientras estemos juntos, todo valdrá la pena.
Dariel asintió, abrazándolo con fuerza, sabiendo que ese momento de tranquilidad era un tesoro en sus vidas llenas de caos.
Dariel cerró los ojos por un momento, sintiendo un cansancio inexplicable recorrer su cuerpo. Una sensación extraña se apoderó de ella, como si algo estuviera despertando en su interior. Un calor distinto recorrió sus venas, un pulso ajeno, una fuerza que no era completamente suya.
Su cabello castaño con su característico mechón amarillo comenzó a cambiar. El castaño se oscureció hasta volverse negro como la noche, mientras que el mechón amarillo se tornó de un rosado vibrante y antinatural.
No fue solo un cambio superficial. Algo dentro de ella se estaba fragmentando.
Aiko había tomado el control.
Una risa resonó en su mente, no era la suya, sino la de Aiko, la otra parte de su ser. Aquella presencia que siempre había existido en su interior, oculta en las sombras, esperando su oportunidad. Pero esta vez no era solo una voz en su cabeza.
Aiko ya no era una simple doble personalidad.
Aiko ahora tenía su propia alma.
Con una sonrisa macabra, Aiko sintió cómo su nueva existencia se estabilizaba. No perdió el tiempo. Materializó un objeto sagrado en su mano—una daga reluciente y afilada, su hoja brillaba con una energía mística. La observó con fascinación antes de moverla con precisión…
¡Corte!
El filo de la daga separó uno de sus propios dedos.
La sangre brotó en un tono rosado intenso, pero Aiko no mostró ni un atisbo de dolor. En su rostro solo había una sonrisa de placer. Un sacrificio digno para el nacimiento de una nueva entidad.
Tomó el dedo aún caliente y, sin dudarlo, lo forzó dentro de la boca de Rigor.
El hombre apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Aiko le tapara la boca, obligándolo a tragar. Rigor sintió un ardor abrasador recorrer su garganta y extenderse por todo su cuerpo.
Su conciencia se tambaleó.
Era como si estuviera cayendo en un abismo sin fin.
Su visión se volvió borrosa. Su mente fue arrastrada a lo más profundo de su subconsciente, y todo su ser se sintió dividido en mil fragmentos.
Intentó resistirse, pero era inútil.
Aiko lo había logrado.
Su alma, su esencia entera, se filtró dentro de Rigor como un veneno, invadiendo cada célula de su cuerpo.
Cuando abrió los ojos de nuevo, estos brillaban con un tono rosado intenso. Su cabello oscuro cayó sobre su rostro mientras pasaba una mano por él, peinándolo hacia atrás con una calma inquietante. Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro.
—Vaya, vaya… qué cómodo se siente este cuerpo.
Aiko flexionó los dedos, sintiendo el poder recorrer su nuevo recipiente. Ya no era solo un pensamiento dentro de Dariel.
Ya no era una sombra.
Ahora, era una entidad completamente independiente.
Y justo en ese momento, Dariel despertó.
Sus ojos se abrieron lentamente, sintiendo su cuerpo diferente, como si algo dentro de ella estuviera incompleto. Un escalofrío la recorrió cuando su mirada cayó sobre Rigor.
Pero no era Rigor.
Era Aiko.
Aiko sonreía con satisfacción, moviendo el cuerpo de su marido como si fuera suyo.
Dariel sintió un vacío inexplicable, una sensación de pérdida. Algo estaba mal. Algo dentro de ella…
Miró su propia mano, y un terror helado recorrió su ser cuando vio que le faltaba un dedo.
Sus manos temblaron. Algo estaba muy mal.
—¿Q-qué… hiciste? —murmuró, su voz apenas un susurro.
Aiko sonrió con satisfacción, moviendo los hombros como si estuviera acomodándose en un nuevo hogar. Flexionó los dedos de su nueva forma, disfrutando cada movimiento.
—Bueno, mi plan funcionó —respondió con diversión. Su tono era ligero, casi burlón.
Dariel sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Tú… —dio un paso atrás, sintiendo una mezcla de confusión y rabia. No entendía cómo, pero Aiko lo había logrado.
Ya no estaba dentro de ella.
Ahora estaba dentro de Rigor.
Y eso lo cambiaba todo.
Dariel sintió cómo la ira le hervía la sangre. Su esposo. Su Rigor. Ese cuerpo no le pertenecía a Aiko.
—¿Qué le hiciste a mi esposo?! —rugió con furia, sus ojos ardiendo de rabia.
Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia Aiko.
La tomó del cuello con una fuerza descomunal, una fuerza nacida del puro instinto y desesperación. Ambas salieron disparadas de la casa, rompiendo paredes y muebles en el proceso.
El impacto fue brutal. Las dos atravesaron el aire a una velocidad impresionante, destrozando árboles en su camino. Las ramas crujían y se quebraban a su paso como si fueran de papel.
Finalmente, su trayecto terminó al estrellarse contra la estructura de un edificio abandonado. El impacto levantó una nube de polvo y escombros.
Dariel no la soltó ni un segundo. Sus dedos seguían aferrados al cuello de Aiko, a pesar del dolor y la adrenalina recorriendo su cuerpo.
Aiko, dentro del cuerpo de Rigor, soltó una carcajada rasposa.
—Vaya, Dariel… Qué feroz eres cuando estás furiosa.
Su voz tenía un tono burlón, pero sus ojos brillaban con malicia.
Dariel apretó los dientes. No iba a permitir que esa cosa se quedara con el cuerpo de su esposo. No importaba lo que tuviera que hacer.
El silencio se apoderó del edificio abandonado por unos segundos. Solo el sonido del viento filtrándose entre las grietas y el crujir de escombros se escuchaba.
Dariel, con una mano apoyada en el suelo, mantenía la cabeza gacha. Su cabello castaño con el mechón amarillo caía desordenado sobre su rostro, pero sus ojos reflejaban una furia contenida.
Aiko, en el cuerpo de Rigor, se miró las manos con una expresión neutra. Sus dedos se movieron lentamente, como si estuviera probando la sensación de un nuevo cuerpo.
—Hmm… curioso. —murmuró, flexionando los músculos, como si estuviera evaluando su nuevo recipiente.
Su tono era indiferente, casi aburrido. Parecía no darle importancia al hecho de que estaba habitando el cuerpo de Rigor.
Dariel, en cambio, sentía el peso de la realidad golpeándola con fuerza. Aiko no era solo una amenaza dentro de su cabeza, ahora era una entidad propia. Un ser con su propia alma, con su propia voluntad.
Y lo peor de todo… ahora tenía el cuerpo de Rigor.
Apretó los puños con fuerza, sus uñas casi clavándose en la piel de su palma.
—Devuélveme a mi esposo.
Aiko levantó la vista lentamente, sus ojos rosados destellaban con burla.
—¿Por qué tanta desesperación? ¿Acaso no es emocionante ver a alguien más usar su cuerpo por un rato?
Dariel no respondió. Su mirada seria lo decía todo.
Dariel caminó con determinación hacia Aiko, su rostro marcado por la furia y la preocupación, pero no dudaba ni por un segundo.
Cada paso que daba, sentía como si el aire a su alrededor se volviera más pesado, los cortes provenientes de los ataques de Aiko comenzaban a ser cada vez más profundos y dolorosos. Las heridas en su cuerpo no dejaban de sangrar, pero su espíritu seguía inquebrantable. Aiko, dentro del cuerpo de Rigor, sonrió mientras veía a Dariel acercarse, disfrutando de la desesperación y la resistencia que su oponente demostraba.
Con un movimiento rápido, Aiko generó más cortes, como si fueran cuchillos invisibles que volaban hacia Dariel, desgarrando su piel.
Sin embargo, Dariel siguió avanzando, ignorando el dolor y la sangre que brotaba de sus heridas. No retrocedió ni un paso. Aiko observó, ahora con una mezcla de curiosidad y algo de impaciencia, pues se dio cuenta de que, a pesar de todo, Dariel seguía moviéndose con una fuerza inquebrantable, acercándose cada vez más.
En un instante, cuando Dariel estuvo lo suficientemente cerca, aprovechó la oportunidad. Con toda la fuerza que aún le quedaba, lanzó un golpe certero directo a la mandíbula de Aiko, un uppercut explosivo que resonó en todo el edificio abandonado.
El golpe fue tan fuerte que hizo que la cabeza de Aiko se inclinara hacia atrás violentamente. La mandíbula de Rigor, bajo el control de Aiko, quedó completamente desalineada por el impacto, haciendo que un chorro de sangre brotara de la boca de Rigor, mientras Aiko soltaba un gruñido de dolor.
Aiko apenas pudo reaccionar cuando sintió algo extraño en el aire. La sangre de Dariel, la misma que ella había tocado y manipulado al separarse, ahora le pertenecía. Sin darse cuenta, había dejado una parte de sus habilidades en Dariel, permitiéndole acceder a su técnica.
Dariel levantó su mano con determinación, viendo la sangre de su herida gotear y moverse de manera antinatural. Sus dedos formaron un sello, y la sangre comenzó a condensarse, tomando una tonalidad más densa y oscura. Concentró su energía en ello, y cuando tuvo la cantidad suficiente, lanzó varias esferas de sangre ardiente directamente hacia el pecho de Aiko en el cuerpo de Rigor.
Las esferas impactaron con fuerza, empapando la ropa de Rigor de rojo oscuro. Aiko arqueó una ceja, sin entender qué estaba pasando.
—¿Qué demonios estás intentando? —preguntó con desdén, mirando las manchas de sangre en su pecho.
Dariel sonrió con ferocidad.
—Explosión perforante de sangre.
En ese instante, las manchas brillaron con un rojo intenso y, en un segundo, la sangre se endureció como si fueran cuchillas afiladas, perforando el pecho de Rigor hasta alcanzar los huesos.
El impacto fue tan violento que Aiko sintió una punzada de dolor inimaginable recorrer todo el cuerpo de Rigor. Luego, una explosión surgió desde adentro, lanzándola con brutalidad contra una pared cercana, dejándola aturdida y jadeando por aire.
El cuerpo de Rigor cayó al suelo por un instante, mientras Aiko apretaba los dientes con frustración. No solo había subestimado a Dariel, sino que, sin darse cuenta, le había entregado un arma contra ella misma.
Dariel respiró hondo y posicionó sus manos con precisión, dejando que su sangre fluyera con control absoluto. La sangre se endureció rápidamente, formando una capa gruesa y oscura que cubría su brazo, piernas, cuello y las partes más vulnerables de su cráneo. Era como una armadura viva, flexible pero impenetrable, vibrando con una energía feroz.
Sus ojos se enfocaron en Aiko, quien se incorporó lentamente, con una expresión de molestia en el rostro de Rigor. Sin embargo, en lugar de mostrarse debilitada, Aiko esbozó una sonrisa burlona.
—No está nada mal, Dariel… Pero olvidas algo.
La sangre derramada de Rigor comenzó a moverse por su cuenta, respondiendo al llamado de Aiko. Las gotas flotaron en el aire y, en cuestión de segundos, la herida en su pecho comenzó a cerrarse. La piel y los músculos se regeneraron a un ritmo acelerado, dejando apenas un rastro del daño.
—Después de todo, este cuerpo no es mío… pero aún así, lo puedo usar a mi favor.
Dariel apretó los dientes. Aiko no solo tenía acceso a la sangre de Rigor, sino que podía usar sus habilidades regenerativas de manera avanzada. Ahora, la batalla estaba lejos de terminar.
Aiko sonrió con malicia, levantando la mano con precisión mientras la energía a su alrededor se condensaba con una presión abrumadora. En un instante, su brazo se movió con velocidad imposible, impactando el aire mismo y generando una onda expansiva que la impulsó como un proyectil.
Dariel apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Aiko la atravesara como si fuera un espectro. Por un momento, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero no había dolor ni herida… al menos, no de inmediato.
—¿Qué…?
De repente, el aire a su alrededor pareció densificarse. Una fuerza invisible comprimió un punto preciso en su espalda, justo sobre un nervio crucial. El dolor fue agudo, como si un puñal se clavara en su médula, y su cuerpo respondió de inmediato. Su respiración se aceleró, su pulso se disparó y su adrenalina comenzó a correr como un torrente descontrolado.
—¿Qué demonios hizo? —pensó Dariel, sintiendo cómo su cuerpo se volvía más sensible, como si cada fibra de su ser estuviera reaccionando a una amenaza inminente.
Aiko aterrizó con elegancia tras ella, observándola con una sonrisa confiada.
—¿Lo sientes, Dariel? —murmuró, con su voz resonando como un eco siniestro—. Tu cuerpo está despertando… pero no bajo tu control.
Dariel sintió cómo la ira hervía dentro de su pecho. Su mandíbula se tensó, y sus manos se cerraron en puños con tanta fuerza que sus uñas casi perforaron su propia piel.
—¡¿Qué quieres del cuerpo de mi esposo?! —rugió, su voz llena de furia y desesperación.
Aiko, aún con la expresión despreocupada en el rostro de Rigor, inclinó la cabeza con una sonrisa burlona.
—¿Qué quiero? Solo divertirme. —Su tono era ligero, casi juguetón, pero la malicia detrás de sus palabras era inconfundible—. Después de todo, cuando termine aquí, puedo volver a tu cuerpo, controlarlo, llevarlo a mi cama… y quién sabe, tal vez hasta logre quedar embarazada.
Dariel sintió un escalofrío de asco recorrerle la espalda. Aiko continuó, con su sonrisa ampliándose mientras levantaba una mano y examinaba despreocupadamente las venas marcadas en la piel de Rigor.
—Claro, los genes serán de mi sangre, de la más pura… —sus ojos brillaron con un deleite retorcido—. Pero dime, ¿no sería interesante? Un hijo nacido de la fusión entre mi esencia y la de este cuerpo poderoso…
La mente de Dariel se nubló de ira. Su respiración se volvió errática, su visión se tornó roja. Las palabras de Aiko eran un veneno que se filtraba en sus pensamientos, y el simple hecho de imaginar ese escenario hizo que su sangre hirviera.
—¡No te atrevas…! —gritó, su energía estallando a su alrededor con una intensidad feroz.
Aiko la miró con satisfacción, disfrutando cada segundo de su reacción. Para ella, esto no era más que un juego… pero para Dariel, era una declaración de guerra.
Dariel sintió cómo la ira en su interior ardía como un fuego incontrolable. Sus ojos, por un breve instante, se tornaron de un amarillo intenso, reflejando la furia pura que recorría su cuerpo. Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia Aiko con toda su fuerza, dispuesta a arrancarla del cuerpo de su esposo.
Aiko, aún dentro del cuerpo de Rigor, sonrió con malicia. Sabía exactamente qué decir para encender la rabia de Dariel, para hacerla perder el control. Provocarla era su mayor habilidad, su don retorcido, y ahora lo estaba usando a su favor.
Pero en ese instante, algo sucedió en las sombras.
Sin que nadie lo notara, una energía oscura y antigua se manifestó en el espacio entre dimensiones. Nyx’Thoran, una entidad de poder inconmensurable, extendió su voluntad en silencio, sin que ni Aiko ni Dariel fueran conscientes de ello. En cuestión de segundos, creó un nuevo cuerpo…
Uno idéntico a Dariel en cada detalle. Misma altura, mismas proporciones, cada hebra de cabello en el mismo lugar. Pero este no era un simple clon… era un cuerpo real, físico, sólido. Era el nuevo recipiente de Aiko.
El cambio ocurrió en un parpadeo.
Aiko, sin darse cuenta, fue arrancada del cuerpo de Rigor y transportada al cuerpo recién creado. Por primera vez, tenía su propio ser físico, con su propia esencia, sin necesidad de poseer a Dariel o a Rigor. Cuando abrió los ojos en su nuevo cuerpo, se encontró cara a cara con Dariel.
Las dos mujeres, ahora idénticas, sintieron un instante de sorpresa, pero no hubo tiempo para más.
Ambas se movieron al mismo tiempo.
Dos puños chocaron en el aire, liberando una onda de choque que sacudió el suelo bajo sus pies. El impacto las hizo retroceder varios metros, pero ninguna cayó. Ambas se quedaron mirándose, con respiraciones agitadas y miradas encendidas.
Ahora ya no había barreras entre ellas.
Ahora era un combate entre iguales.
Dariel apenas tuvo un segundo para reaccionar cuando un portal se abrió frente a ella.
Un vórtice de energía oscura y vibrante apareció en el aire, absorbiendo todo a su alrededor con una fuerza inquietante. Sin pensarlo dos veces, Dariel sintió un tirón en su pecho, como si algo la arrastrara hacia adentro.
Fue entonces cuando vio a Rigor caer de rodillas.
Su esposo jadeaba con dificultad, con una expresión de confusión y horror en el rostro. Había vuelto en sí. La posesión había terminado. Pero lo que más llamó la atención de Dariel fue el momento en que Rigor vomitó algo.
Un dedo.
El mismo que Aiko le había hecho tragar a la fuerza antes de poseerlo. Aquel pequeño trozo de carne cayó al suelo con un sonido húmedo, envuelto en sangre. Era su propio dedo, el que Aiko le había cortado antes de tomar control de Rigor.
Dariel sintió una mezcla de alivio y furia. Aiko había abandonado el cuerpo de su esposo… pero no por voluntad propia.
La respuesta era obvia. Nyx’Thoran.
Esa entidad desconocida había intervenido. Había creado un cuerpo para Aiko y la había arrancado de Rigor, dejándola en una nueva forma física propia.
Pero antes de que Dariel pudiera procesar todo lo que sucedía, el portal la engulló.
Sintió su cuerpo siendo transportado a través de un vacío interdimensional. Las energías a su alrededor la presionaban y la distorsionaban como si estuviera siendo moldeada en un plano fuera de la realidad.
Cuando volvió a sentir el suelo bajo sus pies, se encontró en un lugar diferente. Un espacio amplio y desolado, con escombros y edificios abandonados.
Y justo enfrente de ella, estaba Aiko.
Ya no en el cuerpo de Rigor, sino en su propio cuerpo, idéntico al de Dariel.
Las dos se miraron fijamente. La tensión en el aire era palpable.
Sin necesidad de palabras, ambas se lanzaron al ataque al mismo tiempo.
El impacto entre ambas sacudió el cielo, mientras sus golpes resonaban como explosiones supersónicas.
Aiko y Dariel pasaron de moverse a velocidades sónicas a superar la lumínica en cuestión de segundos, sus cuerpos apenas visibles como destellos de luz que chocaban repetidamente. Cada impacto generaba ondas de choque que rompían la barrera del sonido una y otra vez.
Hasta que, de repente, un portal se abrió en medio del combate.
Ambas fueron arrastradas sin poder reaccionar.
El vórtice las succionó y, en un parpadeo, cayeron a toda velocidad sobre el planeta Tierra.
¡BOOM!
El cielo nocturno de Buenos Aires se iluminó por un instante cuando ambas impactaron en edificios diferentes, destruyendo pisos enteros con su caída.
El polvo y los escombros se dispersaron por toda la ciudad, y la gente en las calles observó con horror y asombro lo que parecía ser un ataque divino.
Pero Aiko y Dariel no habían terminado.
Desde los escombros, ambas salieron disparadas al mismo tiempo.
Sus miradas se encontraron en el aire, y en un instante, ya estaban intercambiando golpes nuevamente.
Sus piernas chocaron en un destello de energía, haciendo crujir el aire con la fuerza del impacto. Luego, en un movimiento perfectamente sincronizado, ambas se golpearon el rostro con la misma brutalidad.
El eco de los impactos retumbó por la ciudad.
Pero ninguna retrocedió. Las dos se quedaron mirándose con sonrisas feroces.
Hasta que, al mismo tiempo, desataron un ataque de energía.
Dos ráfagas de poder puro salieron de sus manos, colisionando en el aire con una explosión cegadora.
El cielo nocturno se iluminó con una luz deslumbrante mientras una onda de choque masiva sacudía la ciudad.
Aiko sonrió con una expresión de pura malicia mientras alzaba una mano al cielo.
—Sangre Corrupta Eterna.
Su voz resonó como un eco demoníaco, y en ese instante, Dariel sintió un terror indescriptible recorrer su cuerpo.
Algo en ese nombre… algo en esa técnica… era completamente diferente a lo que había visto antes.
Por un instante, su mente se llenó de imágenes de mundos cubiertos de sangre oscura, un océano infinito de corrupción que devoraba todo a su paso.
“¿Cómo voy a contrarrestarlo?”
Su mente pensó rápido.
La sangre… algo en la sangre…
¡El plasma!
El plasma es la esencia de la sangre, el medio que la mantiene fluyendo, y Dariel lo tenía dentro de sí tanto como Aiko tenía su sangre infinita.
No podía derrotar la sangre de Aiko…
Pero sí podía equilibrarla.
Concentrándose, ambas pusieron sus manos en el Surya Mudra, un gesto sagrado que representaba el equilibrio del fuego y la energía vital.
Y en ese instante, el suelo bajo ellas se rompió.
De las grietas emergió un líquido oscuro y espeso, como sangre maldita, brotando desde el lado de Aiko.
Pero del lado de Dariel, algo diferente surgió. Un plasma brillante, dorado y traslúcido, que ondulaba como un océano sin fin.
Ambas energías, opuestas pero iguales, se alzaron en el aire como si el universo mismo estuviera equilibrando su fuerza.
Aiko sonreía con confianza, mientras Dariel, aún con el terror en su mirada, se preparaba para lo que venía.
Dentro de su doble dominio, la batalla entre Aiko y Dariel alcanzaba niveles de poder que deformaban la realidad misma.
Aiko, con una sonrisa sádica, alzó su mano y de su sangre corrupta emergió una colosal criatura:
—¡Dragón de Sangre!
El rugido de la bestia hizo temblar el dominio. Su cuerpo era un mar de sangre densa, con alas carmesíes que destilaban corrupción pura. Sus ojos brillaban con una malicia insaciable.
Pero Dariel no se dejó intimidar.
Moviendo las manos con rapidez, concentró su energía en una técnica de alta presión. Su plasma comenzó a girar como una sierra afilada.
—¡Siete Empuñaduras: Adaptabilidad y Presión!
El plasma se extendió en líneas cortantes.
El dragón rugió con furia, pero en un instante, su cuerpo fue rebanado en múltiples partes, su forma deshaciéndose en un torrente de sangre oscura.
Aiko frunció el ceño, pero Dariel ya había dado el siguiente paso.
—Yo invoco a… Sam.
El aire se tensó.
De una grieta en el suelo, emergió una criatura titánica. Ya no era el Sam de antes, ya no quedaba nada humano en él.
Ahora era un monstruo.
Su cuerpo, deformado en una masa de pesadillas, se alzaba como un dios oscuro.
Sus brazos eran cuchillas gigantescas, cada movimiento suyo podía cortar dimensiones.
Detrás de él, tentáculos negros surgían en espiral, vibrando con energía destructiva.
Aiko rió, pero su sonrisa reflejaba una ligera sorpresa.
—¿Así que así es ahora?
Dariel no perdió el tiempo.
—¡Sam, ataca!
La criatura se movió en un parpadeo.
Las cuchillas seccionaron el aire mismo, los tentáculos azotaron con una velocidad imposible, dirigiéndose directamente a Aiko.
Aiko no se dejó intimidar. Su sonrisa se ensanchó con adrenalina pura mientras esquivaba y bloqueaba los ataques de Dariel y Sam con una destreza casi inhumana.
Sam atacó primero.
Con un movimiento bestial, giró sus cuchillas en un tajo en espiral que parecía cortar la misma realidad. Los tentáculos negros intentaron atrapar a Aiko por todos lados.
Pero Aiko reaccionó al instante.
—¡Manipulación absoluta de sangre: Densidad Demoníaca!
Su sangre corrupta se endureció como un diamante líquido, formando una armadura oscura sobre su piel. El corte de Sam apenas logró hacerle daño.
En el mismo instante, Dariel atacó desde arriba.
—¡Explosión perforante de plasma!
Con un movimiento veloz, lanzó una ráfaga de plasma a presión que apuntaba directamente al torso de Aiko.
Aiko giró en el aire y con un rápido gesto de manos, desvió parte de la explosión con un escudo de sangre endurecida.
Pero no fue suficiente.
El impacto la hizo retroceder varios metros, rompiendo parte de su armadura de sangre.
Aiko chasqueó la lengua.
—Tch… Nada mal.
Pero no tuvo tiempo de recuperarse.
Sam ya estaba sobre ella nuevamente.
Sus tentáculos negros se multiplicaron, moviéndose como látigos a velocidades extremas, buscando envolver a Aiko y partirla en pedazos.
Aiko apretó los dientes y gritó:
—¡Sangre corrupta eterna: Dominio Carmesí!
De repente, todo el campo de batalla se tiñó de rojo.
El suelo y el aire comenzaron a transformarse en sangre líquida, convirtiendo todo en una trampa viviente.
Sam se vio ralentizado, Dariel sintió cómo su cuerpo se hacía más pesado.
Aiko se lanzó al ataque.
Con una velocidad alucinante, apareció frente a Dariel y le propinó un golpe brutal en el abdomen, haciendo que la otra guerrera escupiera sangre y saliera disparada contra un edificio de sangre cristalizada.
Luego, giró hacia Sam y con una sonrisa desafiante, concentró su energía corrupta en un solo punto de su palma.
—Vamos, monstruo… ¡Veamos si puedes seguir el ritmo!
Aiko se sumergió en la sangre hasta desaparecer completamente dentro de su propio dominio. El líquido carmesí burbujeó, y un segundo después, emergió detrás de Sam con velocidad inhumana.
Su mano se extendió hacia el pecho del monstruo, buscando atravesarlo con su sangre corrupta.
Pero en el último momento, Dariel apareció en un destello de plasma.
—¡No tan rápido!
Con un movimiento rápido, desvió el ataque de Aiko, golpeando su muñeca con la suficiente fuerza para cambiar la trayectoria de su ataque.
Aiko gruñó con molestia.
Antes de que pudiera reaccionar, Dariel le lanzó un puñetazo directo al pecho.
¡THUD!
El impacto la hizo retroceder varios metros, y su ropa se rasgó ligeramente, dejando parte de su piel expuesta.
—¿Te gusta jugar con fuego, Aiko? —murmuró Dariel, levantando una mano envuelta en plasma.
Aiko se tocó la zona golpeada, sintiendo la piel arder. Por primera vez en toda la pelea, su sonrisa se desvaneció por un instante.
—Tch…
Sin perder el tiempo, Dariel concentró más plasma en su mano y lo lanzó en forma de un proyectil veloz.
¡FWOOSH!
El ataque impactó en la pierna de Aiko, dejando una herida visible. La piel chisporroteó al contacto con el plasma, como si estuviera siendo quemada desde adentro.
Aiko gruñó, pero no mostró signos de dolor.
—Eres más molesta de lo que recordaba…
Dariel no respondió.
Sabía que Aiko no caería tan fácilmente. Cada segundo que pasaba, la batalla se volvía más peligrosa.
Sam avanzó a toda velocidad, levantando una de sus cuchillas para cortar a Aiko en dos.
Pero Aiko simplemente sonrió.
—No te emociones tanto…
En un instante, se hundió en la sangre una vez más.
Dariel frunció el ceño.
—¡Sam, mantente alerta!
Pero Aiko ya estaba detrás de ellos.
Su cuerpo emergió del líquido carmesí, con los ojos brillando de malicia. En sus manos, la sangre corrupta se solidificó, formando dos cuchillas afiladas.
—Ahora sí…
Se lanzó hacia Dariel y Sam a una velocidad aterradora, lista para atacar.
Sam movió su enorme brazo a una velocidad sorprendente y golpeó con toda su fuerza la sien de Aiko.
¡CRACK!
El impacto fue brutal. Aiko sintió su visión nublarse, su cuerpo tambaleó y su mente se volvió un torbellino de confusión.
Por un momento, pareció que iba a desmayarse.
Dariel, viendo la oportunidad, caminó lentamente hacia ella.
Sus ojos reflejaban una mezcla de furia y determinación.
—Aquí termina esto, Aiko…
Aiko intentó moverse, pero su cuerpo no respondía bien.
El golpe de Sam había afectado su equilibrio y su percepción.
Dariel levantó su mano envuelta en plasma, lista para asestar el golpe final.
Pero entonces…
¡FWOOOSH!
Un portal negro y retorcido se abrió repentinamente bajo los pies de Aiko.
Antes de que Dariel pudiera reaccionar, la gravedad del portal succionó el cuerpo de Aiko, arrastrándola hacia su interior.
—¡Maldita sea! —gruñó Dariel, dando un paso atrás para evitar ser absorbida.
En un parpadeo, Aiko desapareció dentro del portal.
El vórtice se cerró con un sonido seco, dejando solo el eco del combate que acababa de terminar.
Nyx’thoran la había reclamado.
La batalla había concluido… y Dariel era la vencedora.
Sam, su invocación, comenzó a desvanecerse.
Su enorme cuerpo se disolvió lentamente en energía oscura, hasta que no quedó más que un leve resplandor en el aire.
—Buen trabajo, Sam… —susurró Dariel antes de que él desapareciera por completo.
El dominio en el que habían estado atrapadas se rompió.
El paisaje a su alrededor se fragmentó como un espejo resquebrajado, y en un abrir y cerrar de ojos, Dariel se encontró de vuelta en el mundo real.
Su respiración era pesada, su cuerpo dolía por las heridas, pero no tenía tiempo de descansar.
Su esposo la esperaba.
Con un último suspiro, se giró y comenzó a caminar, decidida a regresar con Rigor.
Dariel llegó hasta donde estaba su esposo, Rigor. Él se veía agotado, con el cuerpo aún adolorido después de todo lo que había pasado. Su respiración era pesada, y su expresión reflejaba un cansancio que iba más allá de lo físico.
Cuando la vio llegar, intentó sonreír, pero apenas logró levantar la mirada.
—Parece que te divertiste… —dijo Rigor con un tono burlón, aunque su voz sonaba algo débil.
Dariel no respondió de inmediato. Se acercó, agachándose frente a él, y lo miró con intensidad. Su esposo estaba ahí, libre de Aiko, pero sus energías estaban casi agotadas.
—No fue divertido en lo absoluto. —Su voz sonó seria, pero en sus ojos había un dejo de alivio. Había ganado… pero casi lo pierde todo.
Se sentó junto a él, apoyando la cabeza en su hombro.
—Estás aquí… eso es lo único que importa.
Rigor suspiró y cerró los ojos por un momento, dejándose llevar por la calidez de su esposa.
—Sí… estoy aquí.
El peligro había pasado, pero ambos sabían que Aiko aún seguía con vida… y que Nyx’thoran seguía al acecho.
Fin.
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