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History academy arco 6: El fin del mundo. - Capítulo 76

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Capítulo 76: Episodio 76: Liberación.

La ciudad del noroeste estaba en calma, con un cielo despejado y un aire fresco que recorría sus calles. Era un día como cualquier otro, donde la vida cotidiana seguía su curso.

Entre la multitud, un grupo numeroso se desplazaba por las calles, con distintos propósitos pero un mismo destino: realizar algunas compras y aprovechar la tranquilidad que la ciudad ofrecía en ese momento.

Liderando el grupo estaban Yulisa Zero, Yarizel, Kyatto, Lila Kamatose, Ces, Sutāba Bumūn, Katski y Katherine, quienes conversaban entre ellos, compartiendo risas y observando los escaparates de las tiendas.

Un poco más atrás, otros caminaban con paso relajado: Helena, Profax, Tsuu, Momo Fogosa, Shadix, Amai Kuchibiru, Amanda, Nana Yoroza, Samueru y Dante Megami. Cada uno con su estilo y actitud particular, recorriendo las calles sin prisa.

Por otro lado, Girasol y Mateo discutían sobre qué tiendas visitar primero, mientras que Daburu V Pointo, Nagi Rōzumarī, Leonor, Duki y Maikel Radfjik se aseguraban de no perderse entre la multitud.

El bullicio de la ciudad se mezclaba con el sonido de sus conversaciones.

Aunque todo parecía en paz, nadie podía prever que en cualquier momento la tranquilidad podría romperse.

En la absoluta nada, un espacio donde la realidad parecía retorcerse y donde la luz no tenía cabida, se reunían los seres más oscuros y temibles. Villanos, entidades y horrores más allá de la comprensión humana estaban congregados en este punto de convergencia, donde el tiempo y el espacio carecían de significado.

Entre ellos, se encontraba Nyx’Thoran, una entidad de un poder insondable, su presencia era una sombra que lo consumía todo. A su alrededor se alzaban figuras de pesadilla, Dark Victor, Dark Rigor y Dark Dariel, pero estos no eran los originales corrompidos, sino seres desconocidos que habían tomado posesión de sus cuerpos. Sus movimientos eran fríos, carentes de voluntad propia, pero sus ojos delataban la inteligencia de aquellos que los controlaban desde las sombras.

Más apartados, Evil Aracely y Dark Murasaki observaban en silencio. Sus cuerpos eran simples recipientes, controlados por fuerzas externas, seres con mentes ajenas a las que alguna vez habitaron en esas formas. No había emoción en sus rostros, solo obediencia a una voluntad superior.

Entre ellos, Aiko mantenía una postura rígida. Aunque poseía el cuerpo de Dariel, sus rasgos habían cambiado sutilmente: su cabello y sus ojos ahora reflejaban algo diferente, una identidad separada de su huésped original. Su existencia misma era una anomalía, una paradoja en medio de la oscuridad.

Flotando sobre todos, en un silencio imponente, estaba Nihil, el dios de las maldiciones. Pero a diferencia de los demás, él aún conservaba su cuerpo original, su esencia intacta. No necesitaba tomar la forma de nadie más; él era la maldición personificada, un ser que trascendía el concepto de la identidad. Su mirada era inescrutable, como si sus pensamientos estuvieran en un nivel inalcanzable para cualquier otro ser presente. Reflexionaba sobre algo más grande que la reunión en sí, sobre lo inevitable, sobre el equilibrio entre el caos y la nada.

Pero lo que más llamaba la atención en aquel paisaje de sombras era Victor Zombie, encerrado en una jaula de energía oscura. Su cuerpo aún se movía con una torpeza aterradora, pero su rostro reflejaba solo hambre y rabia primitiva. No era un ser controlado por Nihil, sino por un virus divino, una entidad inteligente que había tomado posesión de su carne y la había convertido en su nuevo huésped.

Este virus no solo animaba el cuerpo de Victor, sino que lo había transformado en algo aún más peligroso, más impredecible. No tenía emociones, no tenía ambiciones, solo una voluntad instintiva de consumir y destruir. Ya había devorado las cabezas de Rigor y de Evil Victor, absorbiendo lo que quedaba de su fuerza para volverse aún más letal.

El ambiente era denso, cargado de energía oscura y expectativas. Los villanos sabían que un gran evento se avecinaba, una guerra que marcaría la historia misma. Mientras Nihil flotaba en silencio, un leve susurro escapó de sus labios:

—Todo se está alineando…

En la nada absoluta, donde el tiempo y el espacio se distorsionaban, Nyx’Thoran observaba con detenimiento a dos figuras de inmenso poder: Xal’Azar y Karla’k.

Xal’Azar, un concepto hecho entidad, encarnaba la soledad absoluta, el estado de existir sin ser percibido, sin compañía, sin destino. Incluso en medio de los villanos reunidos, su presencia era una paradoja; estaba allí, pero no formaba parte de nada. El aislamiento lo definía, una existencia separada incluso de sí misma.

Junto a él, atrapado en un sello incomprensible para la mente mortal, Karla’k, el dios del caos, permanecía restringido. Su esencia misma era un torbellino de inestabilidad, un poder sin control que desafiaba cualquier estructura. Pero Nyx’Thoran, en su infinita supremacía, había logrado lo impensable: cerrarlo, sellar el caos mismo, restringir la naturaleza salvaje de Karla’k en un estado de inactividad forzada.

Sin emoción alguna, con un simple movimiento de su mano, Nyx’Thoran deshizo el sello que mantenía atrapado a Victor Zombie. No hubo sonido, no hubo resistencia; el lugar que lo mantenía confinado simplemente dejó de existir.

Victor Zombie estiró su cuerpo, sus huesos crujieron como un eco maldito en la inmensidad vacía. Su piel, corrompida y desgarrada por el virus divino, parecía moverse con vida propia, pulsando con energías que escapaban a toda lógica.

Entonces, sonrió. Una sonrisa que no era humana, sino algo más primitivo, más puro en su horror.

Levantó una mano y, con un gesto casual, señaló a todos los presentes. Sus ojos vacíos los recorrieron uno por uno, observándolos como si fueran simples piezas en un tablero que solo él entendía.

Y luego, con una voz que no pertenecía a este mundo, dijo:

—Los veo. Los observo a todos… y también a sus corazones.

Su tono no tenía emoción, pero en su interior, algo latía con un hambre insondable. No solo los miraba… los entendía, los sentía, y eso lo hacía aún más peligroso.

Victor Zombie se elevó del suelo, su cuerpo deformado flotando en la nada como una aberración de lo que alguna vez fue un ser humano. Sus ojos vacíos brillaban con una luz vacía, sin emoción, pero con un deseo primal: la carne.

A medida que sus sentidos se agudizaban, un olor penetrante llenaba el aire, una mezcla de sangre, muerte y miedo. Se detuvo un momento, inhalando con fuerza, sus sentidos inundados por el aroma de las presas que tenía a su alrededor. Cada uno de ellos tenía algo que lo atraía: el sudor de miedo, la ansiedad, la desesperación, el potencial de ser devorado.

Sus manos se extendieron hacia las sombras, palpando la esencia de aquellos que estaban cerca. Cada uno de ellos, en su mayoría, parecía frágil a sus ojos, una tentación sin sentido. “¿Qué tan débiles son?”, pensó mientras analizaba a Nyx’thoran, a los demás villanos presentes. “Solo carne muerta esperando ser devorada.”

Alzó la cabeza con una risa espeluznante, una que retumbó en la oscuridad que los rodeaba. “¿Qué clase de carne pueden ofrecerme? ¿Ustedes? Solo soy una sombra en busca de lo que ni ustedes tienen…” su voz se extendió como un eco helado.

Nyx’thoran, que observaba todo con una calma casi indiferente, dejó escapar una risa profunda. El dios de las sombras no se inmutó ante las palabras de Victor Zombie, reconociendo la ignorancia que emanaba de su ser. “¿De verdad crees que podrías alimentarte de ellos?” preguntó Nyx’thoran, su tono cargado de burla. “Tú no comprendes la magnitud de lo que te rodea, ni de lo que te está controlando. Eres solo una marioneta en una obra mucho más grande, y tus ansias de carne son solo un reflejo de tu naturaleza distorsionada.”

Victor Zombie gruñó de frustración, su cerebro intacto y aun consciente, pero completamente subyugado por el virus divino que lo controlaba. Su existencia ahora era un reflejo de su hambre insaciable. “No me importa lo que seas, Nyx’thoran. No me importa qué tan grande sea esta obra. Yo solo quiero carne…” Su cuerpo se balanceó ligeramente, como si estuviera probando el aire, eligiendo quién sería el siguiente objetivo.

Sin embargo, Nyx’thoran no prestaba más atención a su subordinado. Era simplemente una distracción, un ente que en algún momento podría usarse para sus propios fines. Mientras tanto, observaba la débil perspectiva de Victor Zombie, sabiendo que no podría comprender el vasto alcance del poder que lo rodeaba.

“Tu deseo es una ilusión, Victor Zombie. La carne solo es lo que deseas, pero lo que realmente no entiendes es que tu existencia está vacía. La verdadera diversión está en el caos, en las almas rotas, no en la carne que devoras.”

Y con un gesto apenas perceptible, Nyx’thoran volvió a dirigir su mirada hacia el resto, observando con desdén a todos los que estaban allí, sin importarle la presencia de Victor Zombie, que se había quedado consumido en su propio frenesí.

Victor Zombie, con su cuerpo deformado flotando en la oscuridad, abrió un portal oscuro ante él, uno que parecía absorber toda la luz a su alrededor. Un poder ilimitado emanaba del portal, su fuerza amplificada por el virus divino que controlaba su existencia. “Voy a comer…” murmuró con voz gutural, una mezcla de ansia y frialdad, mientras cruzaba el umbral del portal.

El portal se cerró tras él, dejando tras de sí un vacío de maldad y hambre insaciable. Al atravesarlo, Victor Zombie se adentró en otro plano, uno que desprendía una energía oscura, la misma que se alimentaba de su naturaleza y lo impulsaba a buscar lo que más deseaba: carne. Dentro del portal, su cuerpo comenzó a regenerarse. Los brazos putrefactos, casi deshechos por la corrupción que lo gobernaba, empezaron a transformarse, tomando una nueva forma: carne fresca, huesos más resistentes y piel aún más gruesa. Sin embargo, mantuvo las heridas abiertas para no perder su apariencia macabra, esa apariencia que le daba una siniestra presencia.

Mientras su cuerpo se regeneraba, el virus divino que controlaba su ser se alimentaba de su desesperación, convirtiéndolo en una monstruosidad aún más peligrosa y poderosa.

Finalmente, el portal se abrió de nuevo con un rugido aterrador, y Victor Zombie salió a la Tierra, aterrizando con fuerza en la cima de un edificio alto de Gobota, la ciudad más densa y moderna de la región. Los residuos de oscuridad que dejó tras de sí comenzaron a disolverse en el aire, como si la misma ciudad estuviera siendo afectada por su presencia. Desde la cima del edificio, Victor Zombie observaba su entorno, sus ojos vacíos centrándose en la ciudad, un lugar lleno de potenciales presas, inocentes que no sabían lo que se avecinaba.

Su sonrisa macabra apareció nuevamente mientras sentía el flujo de carne viva a su alrededor, esperando la oportunidad para lanzarse sobre ella. Un rastro de oscuridad y desesperación comenzaba a formarse donde quiera que mirara, y su mente, aún intacta pero distorsionada por el virus, susurraba una única palabra: “Cazar…”

La ciudad Gobota pronto sentiría la presencia de Victor Zombie, una amenaza que no conocía el miedo ni la moralidad, solo el hambre imparable por la carne.

La atmósfera en Gobota cambió por completo en un instante.

Desde el suelo, Daburu V Pointo, Nagi Rōzumarī, Leonor y Duki se detuvieron en seco al ver el imponente edificio donde la presencia oscura se manifestaba. Un escalofrío recorrió sus cuerpos. Ellos, que apenas podían percibir niveles de energía con claridad, ahora sentían un poder tan abrumador que era imposible de ignorar. Era algo más allá de cualquier enemigo que hubieran enfrentado antes.

Al mismo tiempo, Dante Megami sintió la perturbación en el aire. Su instinto lo llevó a correr a toda velocidad en dirección a la fuente de aquella presencia maligna, topándose con Daburu y los otros chicos en el camino. No hubo palabras, solo miradas de tensión y alerta.

Girasol y Mateo avanzaban con rapidez, sabían que su amigo estaba allí, pero al mirar hacia arriba, sintieron una sensación de terror puro. No sabían quién o qué era aquella cosa que acechaba en la cima del edificio, pero su mera existencia les provocaba escalofríos.

No fueron los únicos en notar el peligro inminente.

Amanda, Nana Yoroza y Samueru llegaron al punto de encuentro. El aire se volvía más denso, el ambiente cargado de una oscuridad indescriptible.

Yulisa Zero, Yarizel, Kyatto, Lila Kamatose, Ces, Sutāba Bumūn, Katski y Katherine también sintieron el llamado del horror. Sus cuerpos reaccionaron antes que sus mentes, como si algo los estuviera arrastrando hacia la presencia oscura, obligándolos a confrontar lo desconocido.

Pronto, Helena, Profax, Tsuu, Momo Fogosa, Shadix y Amai Kuchibiru llegaron también. Algunos temblaban, otros mantenían la compostura, pero ninguno podía negar que lo que sea que estuviera en lo alto del edificio no pertenecía a este mundo.

Un silencio espeso dominó el momento. Todos miraban fijamente hacia arriba, sintiendo el peso del miedo clavarse en sus huesos.

Y entonces, Victor Zombie dejó escapar un leve grito.

El sonido fue aterrador, pero lo más escalofriante fue el efecto que tuvo en la ciudad.

Las ventanas en un radio de 70 km² estallaron instantáneamente. Vidrios llovieron por las calles, edificios enteros temblaron, los automóviles activaron sus alarmas en un caos ensordecedor. El suelo vibró, como si el mismísimo planeta hubiera sentido la presencia del monstruo.

Las personas caían al suelo, algunas desmayadas por la presión, otras cubriéndose los oídos mientras sus cuerpos entraban en estado de shock. La ciudad misma parecía gritar en agonía.

Los héroes reunidos sentían el estruendo retumbar en sus huesos. Algunos tuvieron que usar sus poderes solo para mantenerse en pie.

Arriba, en lo alto del edificio, Victor Zombie abrió su boca lentamente, mostrando una horrible sonrisa macabra. Observó a todos y murmuró algo, aunque su voz no necesitó viajar hasta ellos, pues la sintieron en sus mentes.

— Carne…

Esa simple palabra hizo que el miedo se convirtiera en una certeza aterradora:

Victor Zombie había venido a devorar.

El ambiente se volvió aún más pesado cuando Victor Zombie comenzó a caminar lentamente hacia ellos.

Cada paso suyo resonaba en el suelo, como si su mera existencia hiciera temblar la estructura de la ciudad misma. Los héroes sintieron que algo estaba a punto de ocurrir, pero sus cuerpos parecían congelados por la pura presión que emanaba de aquella aberración.

De repente, con un movimiento rápido, Victor Zombie alzó la mano, y con una voz hueca y distorsionada, pronunció:

— Blaster Solar Azul Maximizado.

El simple sonido de su técnica fue suficiente para que el aire vibrara.

Acto seguido, hizo un gesto con los dedos apuntando hacia arriba. El suelo bajo los pies de los héroes comenzó a brillar con una luz azul intensa, pulsante, como si algo monstruoso estuviera por emerger desde las profundidades.

Y entonces, desde las entrañas de la tierra, una colosal esfera de energía azul surgió de golpe, succionando a los héroes como si fueran pedazos de metal atraídos por un imán imposible de resistir.

— ¿Qué demonios es esto?! —gritó Dante Megami, sintiendo su cuerpo ser jalado sin remedio.

Amanda, Nana Yoroza y Samueru intentaron usar su energía para resistir la atracción, pero fue inútil. Todos y cada uno fueron absorbidos hacia la esfera sin poder hacer nada al respecto.

El poder de la Blaster Solar Azul Maximizado era absoluto.

Y entonces, Victor Zombie cerró su puño.

La esfera, en un acto de furia descomunal, se disparó hacia los edificios cercanos, arrasando con todo a su paso.

El impacto fue catastrófico.

Un agujero de 40 metros de diámetro se abrió en la ciudad.

Edificios enteros colapsaron al instante, reduciéndose a polvo y escombros.

El suelo se partió en pedazos, como si un terremoto hubiese golpeado la zona con todo su poder.

Las ondas de choque barrieron las calles, lanzando automóviles y objetos a cientos de metros de distancia.

Los héroes fueron enterrados bajo toneladas de escombros.

El polvo se elevó al cielo, oscureciendo aún más la escena. El sonido del impacto tardó segundos en desaparecer, pero el silencio que lo siguió fue aún más aterrador.

Desde lo alto del edificio, Victor Zombie miró con su sonrisa grotesca.

— Débiles… —susurró, deleitándose con la destrucción que acababa de causar.

El enfrentamiento se tornó brutal desde el primer instante.

Los recién llegados, Ēru, Henrī, Itama Furutta, Aruku, Dotto, Ari Shāpusu, Sanjūni Hoshi, Riri, Furēmuro y Morutekitto, no dudaron en lanzarse contra Victor Zombie, peleando a puño limpio.

Cada golpe era un intento desesperado de detener a la aberración que tenían enfrente.

Puños impactaban contra su cabeza, patadas golpeaban su pecho, rodillazos se estrellaban contra sus piernas y ataques dirigidos a su garganta intentaban sofocar su monstruosa existencia.

Sin embargo… Victor Zombie solo retrocedía levemente, como si estuviera jugando con ellos.

Su sonrisa deformada y cadavérica no desapareció ni un instante.

De pronto, su mano se tiñó de un azul resplandeciente, como si la energía misma del sol fluyera por su extremidad.

— ¡Cuidado! —gritó Aruku, sintiendo la amenaza inminente.

Pero fue demasiado tarde.

Dotto sintió un jalón repentino, como si una fuerza invisible lo arrastrara directamente hacia la palma de Victor Zombie.

— ¿¡Qué…!? —intentó reaccionar, pero su cuerpo no respondió.

En una fracción de segundo, Victor Zombie soltó un golpe a una velocidad aterradora.

Un corte limpio apareció en la mejilla de Dotto.

La sangre salió disparada en un pequeño rocío carmesí, marcando el aire por un instante antes de caer al suelo.

El dolor llegó tarde, pero cuando lo hizo, fue como un latigazo ardiente.

Pero Victor Zombie no había terminado.

Su aura se expandió brutalmente, su energía aumentó exponencialmente y, con la misma facilidad con la que había herido a Dotto, retrocedió su puño solo para lanzarlo de nuevo con una potencia aterradora.

Un destello solar explotó desde su puño.

La energía azul ardiente impactó directamente en el estómago de Dotto.

El sonido del impacto retumbó como un trueno en la ciudad devastada.

Los demás vieron con horror cómo el cuerpo de Dotto se doblaba por la fuerza del ataque y era lanzado a una velocidad absurda a través del aire.

Golpeó contra un edificio con tal violencia que atravesó varias paredes antes de quedar enterrado en los escombros.

El polvo se levantó alrededor de la zona del impacto.

Y Victor Zombie siguió sonriendo, sus ojos brillando con una satisfacción enfermiza.

El ambiente se tornó cada vez más aterrador.

Victor Zombie, con su sonrisa deformada y su mirada vacía, caminaba lentamente entre los escombros.

Su objetivo estaba claro: Nana Yoroza.

Ella, atrapada entre los restos de un edificio colapsado, apenas podía moverse. Intentó alejarse, pero su cuerpo estaba demasiado adolorido.

Victor Zombie se inclinó hacia ella, y sin previo aviso, lamió su cuello con su lengua grotesca y fría.

—Hah… —su risa gutural resonó—, tan frágiles… tan fáciles…

El asco y el miedo se reflejaron en el rostro de Nana, pero antes de que pudiera reaccionar…

—¡Aléjate de ella, maldito monstruo!

Un puño voló hacia el rostro de Victor Zombie.

Daburu V Pointo lo había golpeado con toda su fuerza.

El impacto hizo que la cabeza de Victor Zombie se moviera apenas unos centímetros.

Un silencio pesado cayó sobre la zona.

Victor Zombie giró lentamente su cabeza de vuelta hacia Daburu V Pointo.

—¿Eso fue todo…?

Su sonrisa se ensanchó de forma perturbadora.

—Maldito insecto.

Levantó su dedo índice, y una luz roja brillante comenzó a emanar de la punta.

El aire se volvió espeso, sofocante.

—Blaster Solar Rojo Maximizado.

Daburu V Pointo abrió los ojos con sorpresa, viendo el ataque dirigirse hacia otro lado.

Se rio, confiado.

—Fallaste.

Pero su risa fue interrumpida.

Victor Zombie también se rio, pero con una risa profunda y llena de hambre.

Fue entonces cuando Daburu sintió el calor abrasador detrás de él.

El Blaster Solar Rojo Maximizado había cambiado de dirección.

En un segundo, el impacto fue brutal.

La energía golpeó su espalda con una fuerza devastadora, arrasando su piel y músculos al contacto.

El dolor fue insoportable.

Daburu V Pointo fue lanzado a toda velocidad… directamente hacia Victor Zombie.

Antes de que pudiera reaccionar, el puño de Victor Zombie ya brillaba con energía pura.

—Hora de comer.

Con un movimiento seco y calculado, su puño chocó contra el pecho de Daburu.

La energía estalló en su interior.

Un destello solar, casi a potencia máxima, atravesó su cuerpo.

El impacto fue tan fuerte que uno de sus pulmones colapsó al instante.

El grito de dolor de Daburu V Pointo quedó ahogado.

Su cuerpo cayó al suelo, temblando, incapaz de moverse.

Victor Zombie lamió la sangre que había quedado en su propio puño.

—Uno menos.

Y su mirada volvió a posarse sobre los demás…

El caos se desató nuevamente.

Helena, Profax, Tsuu, Momo Fogosa, Shadix y Amai Kuchibiru se lanzaron contra Victor Zombie con una furia renovada, sus golpes fueron rápidos, casi implacables, golpeando directo al pecho de la criatura. Sin embargo, para ellos, todo fue en vano.

Victor Zombie se rio con desdén al sentir los impactos de los golpes.

—¿Eso es todo lo que pueden hacer? su voz fue una mezcla de desprecio y hambre. ¿Realmente piensan que podrán detenerme?

En un instante, señaló con su dedo a Momo Fogosa.

El aire a su alrededor se distorsionó, como si una fuerza invisible lo atrajera.

Momo, totalmente sorprendida, no pudo esquivar el poder que comenzó a formarse a su alrededor. En ese momento, Dante Megami se levantó, cansado pero decidido, y vio el peligro que corría su amada. Con rapidez, la apartó, salvándola del inminente ataque, pero algo fue diferente. El aire pareció silbar con un sonido sobrenatural.

Dante sentía que algo no iba bien, y en ese momento, la sensación de corte fue instantánea.

El espacio a su alrededor pareció cambiar de forma violenta. La capa de ozono se rompió, revelando el vacío del espacio y la oscuridad infinita.

Un corte apareció en el pecho de Dante, profundo y sangriento. La herida era tan grande que abarcó un pequeño pedazo de la luna, como si su poder atravesara la propia realidad. Dante vio su brazo derecho desprenderse de su cuerpo, cayendo al suelo, mientras el dolor invadía cada fibra de su ser.

—No… No me falles, por favor… dijo Dante, su voz temblando mientras veía cómo su propio cuerpo comenzaba a desintegrarse. Con la otra mano, intentó hacer el mudra para activar su técnica, pero no pudo. La herida era demasiada. La carne caía lentamente de su cuerpo mientras la herida se expandía.

A pesar de todo, su voluntad no flaqueó.

Dante, en sus últimos momentos, susurró algo con la poca fuerza que le quedaba:

—Suerte eterna…

Sus palabras, como un eco perdido en el viento, se desvanecieron en el aire. Silencio.

Pero entonces, un extraño sonido rompió la quietud, como el sonido de un triple siete de una máquina tragamonedas, resonando por todo el campo de batalla.

En el siguiente instante, Dante Megami volvió a la vida.

La inmortalidad se activó. Su cuerpo, que había sido cortado a la mitad, se regeneró instantáneamente. Las heridas se cerraron, la carne volvió a unirse, y sus órganos vitales se restauraron.

El poder de la inmortalidad fluyó por sus venas. Su energía se multiplicó, y el tiempo de su invulnerabilidad sería de tres horas.

Dante se levantó, completamente restaurado.

—No me rendiré. No aún…

Sus ojos brillaron con una determinación inquebrantable.

Victor Zombie, al ver la regeneración de Dante, se rió con sorna.

—Impresionante… Pero esto no cambia nada.

Dante Megami se quedó allí, respirando profundamente mientras el aura de inmortalidad se elevaba a su alrededor. Esta batalla, aunque aún incierta, iba a cambiar de rumbo.

La batalla se intensificaba mientras Victor Zombie y Dante Megami se enfrentaban en un choque brutal. Los dos se miraron fijamente, midiendo cada movimiento del otro, sabiendo que un solo error podría significar la derrota.

En un abrir y cerrar de ojos, ambos salieron disparados hacia el otro con una fuerza descomunal, sus brazos chocaron con tal intensidad que una explosión de energía se desató, destruyendo parte de la calle donde se encontraba la pelea. El suelo tembló, las estructuras cercanas se derrumbaron, y un resplandor cegador iluminó el cielo.

A la distancia, Daburu V Pointo, Nagi Rōzumarī, Leonor, Duki, Girasol, Mateo, y Maikel Radfjik se encontraban algo malheridos. Los escombros que caían los habían golpeado, pero ninguno se dio por vencido. Se levantaron con esfuerzo, mientras Amanda, Nana Yoroza, Samueru, también comenzaban a ponerse de pie, todos observando con preocupación y asombro el enfrentamiento de esos dos titanes.

Un poco más lejos, Ēru, Henrī, Itama Furutta, Aruku, Dotto, Ari Shāpusu, Sanjūni Hoshi, Riri, Furēmuro, y Morutekitto también se levantaron, mirando cómo el impacto de los dos héroes chocando destruyó aún más el lugar. Las explosiones continuaban, sacudiendo el ambiente. La tensión era palpable.

Helena, Profax, Tsuu, Momo Fogosa, Shadix, y Amai Kuchibiru estaban completamente concentrados en la pelea, sus ojos fijos en los movimientos de Victor Zombie y Dante Megami. Sabían que la victoria solo sería para uno, pero cuál de los dos se llevaría la mejor parte de esta pelea aún era incierto.

Desde otro ángulo, Yulisa Zero, Yarizel, Kyatto, Lila Kamatose, Ces, Sutāba Bumūn, Katski, y Katherine observaban, con el rostro lleno de expectación y nerviosismo. Cada uno con su propio poder y habilidades, pero todos sabían que lo que estaba en juego era mucho más grande que una simple confrontación entre dos guerreros.

La intensidad del combate seguía creciendo. Victor Zombie había lanzado un ataque devastador, y Dante Megami no se quedó atrás. Ambos conectaron un golpe al mismo tiempo en un duelo de fuerza bruta. La onda de choque resultante destruyó otra zona del lugar, creando un cráter profundo, mientras Victor Zombie reculaba ligeramente, mostrando signos de daño por primera vez.

Sin embargo, Dante Megami no perdió la oportunidad. Aprovechando la brecha creada, conectó un golpe directo a la cabeza de Victor Zombie, desintegrando parte de su cráneo con un impacto tan fuerte que el eco de la explosión resonó a través de toda la ciudad. Victor Zombie, sin embargo, no cayó. Su cuerpo, regenerado por el virus, resistió el daño, y una sonrisa macabra apareció en su rostro.

Victor Zombie: “¡Es demasiado tarde para que me detengas, Dante! Soy inevitable.”

Dante, respirando con esfuerzo, se preparó para continuar la pelea, sabiendo que su inmortalidad solo duraría unas horas más, pero su determinación era aún más fuerte que cualquier dolor.

Con la energía desbordando de ambos héroes, el futuro de la batalla pendía de un hilo, y todos los presentes observaban con ansiedad, sabiendo que el resultado de esta confrontación podría cambiarlo todo.

La batalla entre Victor Zombie y Dante Megami parecía no tener fin. Horas pasaron y el enfrentamiento solo aumentaba en intensidad. Nagi Rōzumarī, atento a los movimientos de los dos combatientes, se dio cuenta de algo crucial: Dante Megami solo tenía unos pocos segundos de inmortalidad restante. La cuenta regresiva era inminente.

Victor Zombie, con su expresión llena de malicia, percibió el agotamiento de su oponente y, con una sonrisa macabra, agarró a Dante Megami por la pierna. En un solo movimiento, lo estrelló contra un edificio de seis pisos, donde la destrucción fue inmediata. La escena que presenció Dante fue peor aún cuando vio a un niño inocente dentro de los escombros.

Dante, aún con los segundos que le quedaban de vida, se preparó para proteger al niño, pero antes de que pudiera actuar, Victor Zombie lanzó su ataque.

Victor Zombie: “¡Blaster Solar Azul Maximizado!”

Una bola de energía colosal emergió del suelo, destruyendo los pisos de abajo y desintegrando a todos los que se encontraban allí, incluidos el niño y otros inocentes que no pudieron escapar a tiempo. Dante, con lo último de su poder, golpeó la técnica de Victor, intentando desviar el impacto, pero su esfuerzo solo retrasó lo inevitable. La bola de energía continuó ascendiendo hasta quedar en el cielo, rodeando la zona con un resplandor azul.

En ese instante, Victor Zombie, con una risa macabra, miró a Nagi Rōzumarī. En un movimiento rápido, lo lanzó hacia Leonor y Duki, quienes fueron golpeadas con gran fuerza. Los tres se estrellaron contra un edificio cercano, quedando atrapados entre los escombros, gravemente heridos.

Victor, sin detenerse, desató otro ataque: “¡Blaster Solar Rojo Maximizado!”. Esta vez, la energía roja siguió una trayectoria ascendente, colisionando con la bola de energía azul que flotaba en el aire. Los dos blasters solares comenzaron a girar, sus fuerzas fusionándose en un único y poderosísimo ataque.

Victor, adoptó una pose divina, como si se estuviera preparando para una revelación final. La energía se fusionó en un “Blaster Solar Púrpura al Infinito”, una esfera de luz cegadora que se expandió rápidamente, llenando el cielo de un resplandor tan brillante que todos los presentes se quedaron paralizados de asombro y terror.

La explosión fue catastrófica.

Una onda expansiva atravesó la ciudad, destruyendo todo a su paso. El radio de la explosión se extendió por 4,347 km², arrasando con edificios, carreteras, y todo lo que tocó. La energía pura y devastadora no dejó nada intacto, desintegrando a la mayoría de los héroes, dejándolos al borde de la muerte.

Algunos héroes fueron gravemente heridos: brazos destruidos, ojos perdidos, rostros quemados y cuerpos desintegrados. Algunos aún intentaban resistir, pero los efectos de la explosión los habían dejado incapacitados. Dante Megami, a pesar de su inmortalidad, fue alcanzado de lleno, y su regeneración comenzó a ser puesta a prueba como nunca antes.

El campo de batalla era un caos absoluto, y la ciudad se encontraba sumida en ruinas. Victor Zombie, con su poder ilimitado, se mantenía de pie, observando las consecuencias de su ataque. El universo entero temblaba ante su poder, mientras los pocos sobrevivientes intentaban reorganizarse, sabiendo que la batalla aún no había terminado.

La escena era sombría y desolada. Los héroes, con sus cuerpos maltratados, apenas podían levantarse entre los escombros de la devastadora explosión. Nana Yoroza, con la sangre cubriendo su rostro y la debilidad apoderándose de su cuerpo, luchaba por mantenerse consciente, mientras los demás sobrevivientes, igualmente heridos, intentaban levantarse sin éxito.

Victor Zombie, satisfecho por la destrucción que había causado, se acercó al cráter, donde la tierra aún temblaba por los efectos de su ataque. En medio de los escombros, un brazo de Daburu V Pointo yacía tirado, una señal desgarradora de la violencia que acababa de ocurrir. Victor, con una sonrisa llena de sadismo, observó el brazo, como si lo hubiera encontrado en medio de la carnicería.

Victor Zombie: “Al fin… algo que comer.”

Con un gesto lento y meticuloso, Victor Zombie tomó el brazo y comenzó a devorarlo con una expresión de satisfacción, disfrutando cada bocado mientras el caos a su alrededor seguía desarrollándose. No importaba lo que sucediera con los demás, él estaba disfrutando de su victoria, viendo cómo la vida y la muerte se entrelazaban frente a él. La sangre de Daburu manchaba sus labios mientras su risa macabra resonaba en la destrucción.

Los héroes, debilitados, observaban impotentes desde donde se encontraban, sabiendo que si no se recuperaban rápidamente, Victor Zombie acabaría con ellos uno a uno, disfrutando de su sufrimiento. Cada segundo que pasaba parecía más oscuro que el anterior, con el desespero y la muerte acechando a cada uno de los supervivientes.

La batalla que había comenzado con esperanza ahora se había convertido en una pesadilla. Y mientras Victor Zombie saboreaba su victoria, un sentimiento de desesperanza comenzó a envolver a todos los presentes, que se veían impotentes ante la monstruosidad de su poder.

La luz verde que surgió del suelo fue como un faro de esperanza en medio de la oscuridad. Era Joel, Jonathan, y un escapuchado que, al quitarse la capucha, reveló una figura inesperada: Erick Hatake, un joven con pelo blanco, ojos rojos y orejas ligeramente puntiagudas, como si fuera una mezcla entre humano y algo más. Erick observaba fijamente a Victor Zombie, y sus ojos destilaban una calma tensa.

Joel, al ver la criatura frente a él, frunció el ceño, un sentimiento de repulsión y furia llenando su pecho. No reconocía a la monstruosidad frente a él como su suegro, Victor. No era Victor en absoluto. Este ser parecía una abominación, un ente que había usurpado el nombre de su familiar. Aunque su lazo sanguíneo era lejano y su relación complicada, Joel no podía permitir que esa cosa siguiera existiendo.

Joel: “No es él… pero debo detenerlo. No puedo dejar que continúe.”

A su lado, Jonathan compartía el mismo sentimiento. Aunque las batallas anteriores los habían desgastado, la determinación seguía ardiendo en sus corazones. No importaba cuán fuerte fuera Victor Zombie, ellos se enfrentarían a él con todo lo que quedaba.

Jonathan: “Este monstruo tiene que caer… por todos los que ha matado.”

Pero entre los dos, Erick Hatake era el más enigmático. No era de este universo, ni siquiera parecía de este tiempo, y su presencia era casi sobrenatural. Con una expresión seria y fría, observaba a Victor Zombie como si lo estuviera evaluando.

Erick Hatake: “Este tipo… tiene algo raro. No es solo un muerto viviente. Este poder… es algo mucho más oscuro.”

Sin esperar más, Erick Hatake dio un paso al frente, levantando una de sus manos, que brillaba con un aura oscura, mientras Joel y Jonathan se preparaban para atacar desde otro ángulo. Juntos, formaron una triada de resistencia, decididos a destruir a esa aberración que había matado a tantos.

Joel, mirando a Victor Zombie mientras su brazo se envolvía en energía verde, gritó:

Joel: “¡Muere, monstruo!”

Jonathan levantó sus puños con energía acumulada, mientras Erick Hatake, sus ojos rojos brillando con intensidad, invocó una energía oscura que se transformó en una especie de espiral alrededor de su cuerpo, listo para atacar a Victor.

Victor Zombie, al ver a estos nuevos adversarios, sonrió macabramente, con una mirada desafiante.

Victor Zombie: “¿Otra ronda de diversión? Bienvenidos… lo que más me gusta es devorar la esperanza.”

Y con un solo movimiento, la batalla continuó. Pero esta vez, el futuro de todos pendía de un hilo, ya que ahora se enfrentaban no solo a un ser monstruoso, sino a la oscuridad misma que lo impulsaba.

Victor Zombie, con su sonrisa macabra y la sangre de Daburu V Pointo aún escurriendo por su boca, avanzaba hacia ellos, dando pasos pesados y seguros, como si nada pudiera detenerlo. Cada movimiento que hacía parecía un reflejo de su fuerza imparable, y su poder aumentaba cada vez más mientras seguía consumiendo la carne. El sonido de su risa resonaba en el aire, un eco de terror que llenaba el espacio.

Victor Zombie: “Nada me detendrá, absolutamente nada…” —su voz era siniestra, casi como si hablase desde el mismo infierno.

Los tres, Joel, Jonathan y Erick Hatake, lo observaban en silencio, pero sus miras no se apartaban del monstruo frente a ellos. Sabían que este no era el mismo Victor que alguna vez conocieron. Era algo más, algo mucho más oscuro y peligroso. Pero cada uno, con sus propias habilidades, estaba listo para enfrentarlo.

Joel apretó los dientes, concentrando toda su energía verde en su brazo. Sabía que no tenía tiempo que perder si quería hacerle frente a este enemigo. Jonathan, por su parte, ajustó su postura de combate, sus puños brillando con poder acumulado, dispuesto a lanzarse al ataque. Erick Hatake, con su mirada fría y su energía oscura rodeando su cuerpo, no vaciló. Sabía que solo enfrentando a Victor directamente podrían detenerlo.

Erick Hatake: “Este ser… tiene un vínculo con algo mucho más grande. Pero no me importa. Hoy, esto termina.”

Sin previo aviso, Victor Zombie aceleró el paso, lanzándose hacia ellos con una velocidad sobrenatural. La sonrisa de su rostro nunca se desvaneció, incluso mientras se acercaba con intenciones asesinas. Alzó su mano, cargando un blaster solar en sus dedos, y sin titubear, disparó.

La explosión de energía se desató, pero antes de que pudiera alcanzarlos, Joel se adelantó, cubriéndose con un campo de energía verde, desviando parcialmente el impacto. Mientras tanto, Jonathan y Erick Hatake se movieron rápidamente para rodearlo, preparándose para un ataque combinado.

Victor Zombie, viendo sus movimientos, se rió con ganas, disfrutando de la lucha. No les daba el mínimo respeto, pero sabía que la pelea solo lo fortalecía aún más. Cada golpe que recibía, cada ataque que lanzaba, su poder aumentaba, como si la destrucción alimentara su existencia.

Victor Zombie: “Esto es lo que más me gusta… ¡verlos luchar y sufrir!”

La batalla se intensificó, con energías chocando, explosiones resonando, y el lugar destruyéndose aún más. Joel, con su energía acumulada, estaba decidido a detenerlo. Jonathan no mostraba signos de miedo, y Erick Hatake, con su frialdad, sabía que solo juntos podrían enfrentar a este monstruo imparable.

Pero Victor Zombie no tenía intenciones de rendirse. Cada vez más poderoso, su ataque final estaba a punto de desatarse. La pregunta ahora era: ¿serían ellos suficientes para detenerlo?

Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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