History academy arco 6: El fin del mundo. - Capítulo 79
- Inicio
- Todas las novelas
- History academy arco 6: El fin del mundo.
- Capítulo 79 - Capítulo 79: Episodio 79: precedentes.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 79: Episodio 79: precedentes.
Mientras tanto, Trapecio se encontraba en la mesa junto a su hija adoptiva, Luz, quien ya tenía entre 19 y 20 años.
El ambiente era tranquilo, la luz cálida de la lámpara iluminaba los platos con comida recién servida. Luz comía en silencio, pensativa, mientras Trapecio la observaba con una leve sonrisa.
—Parece que algo te preocupa. —dijo él, dejando los cubiertos a un lado.
Luz suspiró y apoyó los codos en la mesa.
—Hoy sentí algo extraño. Como… un temblor, pero no en la tierra, sino en el aire, en el ambiente.
Trapecio frunció el ceño. Él también lo había sentido.
No era solo un temblor. Era el eco de algo grande moviéndose en el universo.
La noche era tranquila cuando Trapecio y Luz escucharon un fuerte golpe en la puerta.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Luz, levantando una ceja.
Trapecio negó con la cabeza, pero al abrir la puerta, una oleada de rostros familiares los saludó con entusiasmo.
Allí estaban Asagi, Kiara, Chomosukez, Lointo, Kazela, Katter, Shiro, Amsel, Palitogood, Alpaca, Shyki, Fran, Sungonkun, Javier y Mariwiwi. Todos con sonrisas y algunos con regalos o comida en las manos.
—¡Oye, Trapecio! ¿No piensas invitarnos a pasar? —dijo Kazela, riendo.
—Hacía tiempo que no nos reuníamos, pensamos que era momento de hacerlo. —agregó Shiro, con una sonrisa tranquila.
Trapecio sonrió y los dejó pasar.
La casa pronto se llenó de risas y conversaciones animadas. Los recuerdos de viejos tiempos flotaban en el aire, mientras Luz observaba la escena con una mezcla de curiosidad y emoción.
Tal vez, después de tanto tiempo, valía la pena reunirse nuevamente.
El silencio cayó sobre la reunión cuando todos sintieron el peso de una energía colosal recorriendo la existencia misma. No era un simple temblor ni una perturbación cualquiera; era la presencia de Victor, resonando en cada rincón del omniverso.
Trapecio se quedó en su lugar, con el tenedor a medio camino de su boca. Un escalofrío recorrió su espalda.
—No puede ser… —murmuró.
Los demás también se detuvieron. El poder de Victor no solo se sentía abrumador, sino que llevaba un mensaje claro. No era un llamado a la guerra ni una declaración de venganza… sino una advertencia.
—Algo viene hacia la Tierra.
Las palabras resonaron en sus mentes como un eco lejano, grabándose en sus pensamientos.
—¿Victor… ha vuelto a ser lo que era? —preguntó Shyki, con la voz temblorosa.
Trapecio cerró los ojos y negó con la cabeza.
—No… no es eso. Si hubiera regresado a su antiguo ser, no nos advertiría… Nos estaría amenazando.
El ambiente se tornó tenso. No hubo más palabras telepáticas, no hubo más mensajes. Victor ya había hablado.
Ahora, lo único que quedaba era esperar.
Lux y Ian caminaban con tranquilidad, disfrutando del aire fresco de la noche tras la graduación. Las luces de la ciudad parpadeaban a lo lejos, y el murmullo del viento acariciaba las calles vacías. Sin embargo, una extraña sensación de inquietud recorría a Lux.
De repente, algo llamó su atención en el cielo nocturno.
—Oye, Ian… ¿ves eso? —preguntó Lux, deteniéndose en seco.
Ian levantó la mirada y entrecerró los ojos. Un destello brillante cruzaba el firmamento, no como una estrella fugaz, sino como algo que parecía moverse con propósito. Su luz parpadeaba, creciendo y disminuyendo de intensidad, como si su energía fluctuara.
—Eso no es normal… —murmuró Ian.
El destello se hizo más intenso, iluminando las nubes cercanas. Por un instante, la noche pareció convertirse en día.
—¿Qué demonios es eso? —preguntó Lux, con una mezcla de fascinación y temor.
Ian tragó saliva.
—Sea lo que sea… está viniendo hacia aquí.
Kira, la maldición del concepto de las emociones, descendió a la Tierra con una fuerza abrumadora. Su cuerpo envuelto en energía oscura rasgó la atmósfera como un meteorito, dejando tras de sí una estela de caos.
Su impacto fue devastador. Cayó en medio de un lago, pero su poder era tal que el agua se evaporó al instante, convirtiéndose en una columna de vapor ardiente que ascendió hasta las nubes. El suelo tembló, y la onda expansiva atravesó la corteza terrestre, creando grietas que se extendieron como cicatrices en la tierra.
El lago, antes pacífico, se convirtió en un cráter humeante. La tierra alrededor se resquebrajó, levantando placas de roca y escombros. La fauna cercana huyó despavorida, sintiendo la presencia de algo antinatural, algo que no debía existir en este mundo.
Lentamente, una figura femenina emergió del epicentro de la destrucción. Su piel pálida contrastaba con su cabello negro azabache, y sus ojos, vacíos de compasión, brillaban con un fulgor rojizo.
—Así que este es el planeta Tierra… —susurró, mirando a su alrededor con desdén.
Su misión era clara: encontrar y acabar con los hijos de Víctor.
Con un simple chasquido de dedos, la energía oscura se condensó a su alrededor, formando un aura que distorsionaba el aire mismo. Cada emoción en los alrededores, miedo, ira, desesperación, parecía amplificarse en su presencia.
—Vamos a divertirnos un poco… —dijo con una sonrisa fría, dando su primer paso hacia la caza.
Luz caminaba junto a su padre adoptivo, Trapecio, disfrutando de la noche tranquila. A su alrededor, los amigos de su padre conversaban animadamente, recordando viejas historias y riendo de anécdotas del pasado. La reunión en casa de Trapecio había sido un evento raro pero valioso, un momento de unión entre aquellos que habían compartido tantas batallas y experiencias.
A pesar del ambiente relajado, una sensación de inquietud flotaba en el aire. Trapecio la notó primero. Su instinto, afinado por años de experiencia, le decía que algo andaba mal.
—¿Lo sientes? —murmuró en voz baja a Amsel, quien caminaba a su lado.
Amsel asintió lentamente, su mirada afilándose mientras escaneaba el horizonte. No se trataba solo de un presentimiento; el aire mismo parecía cargado de una energía extraña.
Luz, por otro lado, no estaba del todo al tanto de lo que ocurría. Para ella, esta caminata era solo una oportunidad para pasar tiempo con su padre y conocer mejor a sus amigos. Sin embargo, incluso ella podía notar que los demás estaban tensos.
—Papá, ¿qué pasa? —preguntó en voz baja, sujetando su brazo.
Trapecio le sonrió con calma, aunque sus ojos reflejaban una preocupación oculta.
—Nada de qué preocuparse, pequeña. Pero mantente cerca de mí.
A lo lejos, el cielo nocturno brilló por un instante con un fulgor extraño. Un destello lejano, pero ominoso, como si algo hubiera descendido sobre la Tierra.
Shyki frunció el ceño y cruzó los brazos.
—Eso no es normal.
Fran, que hasta ahora había permanecido en silencio, habló con voz grave:
—Algo ha llegado a este planeta. Y no es amigable.
Todos se detuvieron en seco. El ambiente de camaradería desapareció en un instante, reemplazado por una sensación de alerta. La noche, que antes parecía tranquila, ahora se sentía inquietantemente silenciosa.
Luz miró a su alrededor, dándose cuenta de que esta no era una caminata normal. Algo grande estaba a punto de suceder.
En la Academia Bakux, el ambiente nocturno estaba teñido de tensión. Los estudiantes, que apenas llevaban dos años de formación como héroes, se encontraban en los pasillos, en los patios y en las habitaciones, pero todos sintieron la presencia de algo anormal.
Entre ellos, Yukina, Enimen, Yumiku, Leth y Rose estaban en la azotea del edificio principal, disfrutando de una conversación ligera después de un día de entrenamiento agotador. Sin embargo, la charla se vio interrumpida cuando notaron algo descendiendo desde el cielo.
—¿Qué demonios es eso? —murmuró Yukina, entrecerrando los ojos mientras miraba el brillo en el firmamento.
El grupo observó en completo silencio cómo la luz descendía a una velocidad aterradora. No era un meteoro cualquiera; tenía un aura diferente, casi malévola.
—Parece… algo vivo —susurró Rose, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
De repente, el impacto estremeció la tierra, aunque la caída ocurrió a kilómetros de distancia. El suelo de la academia vibró levemente, y los estudiantes se miraron unos a otros con preocupación.
—Eso no fue un simple choque —dijo Yumiku, con los ojos muy abiertos.
Leth frunció el ceño y miró a Enimen, quien ya estaba sacando su comunicador para reportar el evento a los superiores.
—Si esto es lo que creo que es… —dijo Leth con voz tensa—, puede que estemos ante una amenaza real.
Los profesores aún no habían dado ninguna alerta, pero el instinto de los jóvenes héroes les decía que algo acababa de llegar al planeta, algo que no debería estar aquí.
Kira emergió del cráter con un aura oscura, gotas de agua cayendo de su cabello mientras sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa. No tenía tiempo para observar su entorno ni para reflexionar sobre su llegada al planeta.
Su instinto era claro: debía encontrar la energía más poderosa y eliminarla. Como una flecha disparada desde un arco divino, su cuerpo se impulsó a una velocidad abrumadora, atravesando el cielo nocturno como un relámpago.
Su destino se fijó de inmediato: José.
En ese momento, José estaba disfrutando de una tranquila cita con Melisa. Estaban en un restaurante con vista a la ciudad, compartiendo una cena después de mucho tiempo sin poder verse. La luz cálida de las velas reflejaba la sonrisa de Melisa mientras hablaba sobre su último proyecto, y José, relajado por primera vez en semanas, le dedicaba toda su atención.
Pero entonces, lo sintió.
Un escalofrío recorrió su espalda. Su energía reaccionó antes que su mente.
—¿José? —preguntó Melisa, notando cómo su expresión se volvía seria de golpe.
Sin responder, José se levantó lentamente de la mesa. Sus ojos se alzaron hacia el cielo, donde una silueta descendía a una velocidad imposible. Una energía oscura, sofocante, se acercaba a ellos como una tormenta.
Kira venía por él.
El estruendo fue ensordecedor. El vidrio del restaurante estalló en mil pedazos antes de que la verdadera devastación comenzara.
Kira, apenas aterrizando, generó una explosión con una fuerza 50 mil veces mayor que la bomba nuclear más poderosa jamás creada. El aire mismo pareció rasgarse en un destello cegador, la onda expansiva destrozando edificios en un radio de kilómetros.
Pero en el corazón de la explosión, José ya se había movido.
Su instinto de combate y su poder descomunal se activaron al instante. Antes de que la energía destructiva pudiera tocar a Melisa, extendió sus manos y generó una barrera a su alrededor.
El impacto fue brutal. Sus piernas se hundieron en el suelo, sus músculos se tensaron hasta el límite, y la presión ardiente intentó consumirlos.
Pero José no cedió.
La explosión se disipó gradualmente, dejando tras de sí un paisaje desolado. El restaurante había desaparecido por completo, junto con varias cuadras de la ciudad.
Kira flotaba en el aire, observando la escena con calma. Sus ojos se fijaron en José, aún protegiendo a Melisa con su barrera.
—Nada mal —dijo la maldición con una sonrisa torcida—. Pero dime, ¿cuánto tiempo puedes seguir protegiéndola antes de que te vuelva cenizas?
José levantó la vista, su mirada encendida por una furia silenciosa.
—No tienes idea con quién te has metido.
La ciudad se convirtió en un campo de batalla.
José saltó hacia Kira, lanzando un golpe que rompió la barrera del sonido. El impacto destrozó edificios cercanos y envió una onda de choque que sacudió las calles. Pero Kira, con una velocidad inhumana, se deslizó hacia atrás y respondió con una ráfaga de energía oscura.
José apenas logró esquivar. Su espalda rozó la explosión y sintió cómo su piel se quemaba por la intensidad del ataque. Frunció el ceño. Esto no era una simple pelea… Esta maldición tenía la intención de exterminarlo.
Kira apareció detrás de él en un instante.
—Eres fuerte —susurró cerca de su oído—, pero tus emociones te delatan.
José giró y bloqueó un golpe dirigido a su cuello, pero la fuerza del impacto lo lanzó contra un rascacielos. Atravesó el concreto, rompiendo varias plantas del edificio hasta detenerse en la azotea.
Sin darle respiro, Kira apareció sobre él.
—Dime, ¿alguna vez has sentido verdadero miedo?
Con un movimiento, la maldición desató un ataque que distorsionó el aire mismo. José sintió su cuerpo paralizarse por un instante. Una presión oscura comenzó a envolverlo, como si su alma estuviera siendo aplastada por el peso de una existencia infinita.
Por primera vez, la preocupación cruzó su rostro.
No era solo una batalla de fuerza. Kira estaba atacando su esencia, su propia voluntad.
Pero José no estaba dispuesto a perder.
—No tienes idea de con quién te metiste —gruñó.
Con un rugido, desató todo su poder. La ciudad entera tembló cuando su energía estalló en un resplandor cegador. El verdadero combate apenas comenzaba.
José observó a Kira con atención, su mirada fija en los movimientos de sus dedos. Algo no le gustaba. Kira, al percatarse de su presencia, levantó su mano, formando el mudra Marici, pero en su versión imperfecta: el tampak samping, solo con dos dedos. Los recuerdos de su entrenamiento volvieron rápidamente a su mente.
“¿El tampak samping?” pensó José, alertado de inmediato. “No es la versión completa, pero sigue siendo peligrosa. Debo actuar rápido.”
Kira, sin embargo, no se percató de que José ya había descifrado su movimiento. Con una sonrisa confiada, ella susurró: “Esta vez no te escaparás, José.”
José no respondió, solo frunció el ceño y con una rapidez impresionante, sus manos se movieron con precisión. “¡Blaster Solar Azul!” exclamó, activando la técnica heredada de su padre, una explosión de energía concentrada en su puño.
Un destello brillante iluminó el entorno cuando José lanzó la energía hacia Kira, pero al mismo tiempo, saltó hacia ella con la agilidad de un depredador. Rápidamente, la sujetó por la cintura y, con un giro, la lanzó con toda su fuerza hacia unos edificios cercanos. El impacto fue brutal; el sonido de los escombros cayendo resonó por todo el lugar.
“¡José!” gritó Kira, sorprendida, al sentir el repentino movimiento y la fuerza con la que fue arrojada. Su cuerpo atravesó el aire, chocando contra las estructuras metálicas de los edificios, dejando una estela de polvo detrás de ella.
José aterrizó ágilmente en el suelo, observando con una mezcla de calma y tensión. “No subestimes lo que no entiendes, Kira,” dijo con voz firme, mientras se preparaba para lo que vendría a continuación.
Kira, levantándose con una expresión de furia en el rostro, sacudió el polvo de su ropa. “Eso fue solo un calentamiento, José. Créeme, no voy a dejar que me derrotes tan fácilmente.”
Con una sonrisa desafiante, José se preparó para seguir enfrentándola, sabiendo que esto solo era el comienzo de una pelea mucho más intensa.
La ciudad vibraba con la fuerza de la explosión al norte. Un retumbo resonó por las calles, dejando una estela de polvo y escombros en el aire. Trapecio, Palitogood, Amsel, Alpaca, Shyki, Fran, Asagi, Sungonkun, Chomosukez, Mariwiwi y Luz, la hija adoptiva de Trapecio, estaban dispersos por la ciudad cuando el sonido atravesó la atmósfera.
“¿Qué demonios fue eso?” preguntó Trapecio, su rostro reflejando la preocupación mientras miraba hacia el horizonte. Luz, a su lado, estaba alerta, con los ojos brillando con un brillo intenso que denotaba que algo no andaba bien.
“¡Eso provino del norte!” exclamó Shyki, apretando los puños. “Tenemos que ir allá.”
“No hay tiempo que perder”, dijo Amsel, ajustándose el collar que le protegía del daño físico. “Algo grande está pasando.”
Todos miraron en dirección al estallido. Tras un breve momento de incertidumbre, comenzaron a moverse, cada uno con su estilo propio. Fran, tan veloz como siempre, lideró el grupo, mientras Asagi y Sungonkun avanzaban juntos, creando una barrera de energía para proteger a los demás de posibles escombros.
El polvo y la devastación de la explosión cubrían el paisaje, pero aún lograban ver, a lo lejos, a dos figuras peleando: José y Kira. La energía que los rodeaba era inconfundible, y su lucha se intensificaba con cada movimiento.
“¡Miren! ¡Es José!” gritó Mariwiwi, sorprendida. “¡¿Está peleando con Kira?!”
“¡Vamos! ¡No tenemos tiempo que perder!” ordenó Trapecio, su voz llena de determinación. “¡A ayudar a José!”
El grupo se apresuró, corriendo a través de las calles y esquivando escombros caídos mientras se acercaban al campo de batalla. Cuando finalmente llegaron, pudieron ver claramente a José enfrentándose a Kira, cada uno utilizando poderosas técnicas que llenaban el aire de tensión.
“José, ¡cuidado!” gritó Luz, lanzándose hacia la pelea junto a Trapecio.
“¡No lo dejen solo!” añadió Palitogood, desenvainando una espada de energía mientras se adelantaba con los demás.
A medida que se acercaban más, Trapecio levantó la mano, señalando a Kira. “¡Kira! ¡Basta de jugar! ¡Es hora de que alguien te ponga en tu lugar!”
Amsel y Alpaca se posicionaron a su lado, preparando sus habilidades para un ataque conjunto. Asagi, Sungonkun, y Chomosukez rodearon a Kira, mientras Shyki y Fran se encargaban de crear un campo de fuerza para proteger a todos del daño colateral de la pelea.
“¡José! ¡Te ayudamos!” gritó Mariwiwi, lanzándose al ataque con una energía renovada.
José, mirando a su alrededor, vio al equipo acercarse. Su rostro, antes concentrado solo en Kira, se iluminó con una ligera sonrisa. “¡Gracias! ¡Vamos a acabar con esto juntos!”
Kira, al ver la llegada de los refuerzos, apretó los dientes, su mirada fija en los nuevos combatientes que se le venían encima. “¿Creen que pueden detenerme?” dijo, su voz llena de furia, mientras activaba una nueva técnica en su mano.
Sin embargo, el equipo estaba decidido. Trapecio, junto a todos sus compañeros, se alinearon con precisión, sabiendo que esta batalla solo se ganaría si trabajaban como uno solo.
“¡Vamos a terminar con esto de una vez!” gritó Trapecio, levantando su brazo con fuerza, dispuesto a no dejar escapar ni un resquicio de oportunidad para Kira.
Kira, al ver la llegada de refuerzos y sentir la energía que emanaba de ellos, no perdió el tiempo. Sabía que, para ganar esta batalla, debía buscar un punto débil. Entonces, su mirada recorrió a cada uno de los presentes, evaluando sus emociones, buscando la reacción más débil, la que podría usar en su contra.
Al final, sus ojos se posaron sobre Luz, la hija adoptiva de Trapecio. La joven, aunque valiente, no podía ocultar una leve incomodidad que se reflejaba en sus ojos. Una mezcla de emoción reprimida, entre la incertidumbre y la adrenalina, que Kira no tardó en detectar.
“Ah, así que esta es la que está un poco alterada… Muy bien,” susurró Kira, su sonrisa se ensanchó, sabiendo que había encontrado lo que necesitaba.
Kira concentró toda su energía en la manipulación emocional, utilizando su habilidad de alterar las emociones de las personas para profundizar en el estado de Luz. Una vibración extraña se sintió en el aire, como si algo oscuro estuviera apoderándose de la atmósfera. Kira no solo tocó sus emociones, sino que comenzó a alterar su alma misma, jugando con los hilos invisibles que mantenían su esencia intacta.
Luz, quien hasta ese momento había estado corriendo junto a Trapecio, comenzó a sentir una presión interna, una distorsión en su ser. Su cuerpo tembló y, antes de que pudiera reaccionar, un dolor intenso recorrió su columna vertebral. Un grito ahogado salió de su garganta.
“¡Luz!” gritó Trapecio, viendo a su hija caer de rodillas, mientras una energía oscura comenzaba a rodearla, distorsionando su figura.
El rostro de Luz se deformó mientras su cuerpo comenzaba a cambiar. Sus ojos, que antes brillaban con determinación, se tornaron completamente negros, y una presión indescriptible hizo que su cuerpo se contorsionara. Sus músculos se expandieron y deformaron, como si algo maligno estuviera tomando control de su ser.
“¡No…!” gritó Luz, pero su voz ya no era la suya. Una voz gutural, distorsionada, emergió de sus labios, mientras una fuerza monstruosa parecía apoderarse de ella.
“Esto es solo el comienzo,” dijo Kira, observando con una sonrisa malévola. “La emoción que más te consume, Luz, es el deseo de proteger a tu padre, pero ahora no hay forma de que lo logres. Eres mía.”
El monstruo que Luz se había convertido comenzó a levantar los brazos, su figura deforme creando una presión palpable en el aire, el miedo invadiendo a todos los presentes. Trapecio, horrorizado, intentó acercarse, pero la energía que emanaba del cuerpo de Luz era tan densa y aterradora que lo mantenía a distancia.
“No… ¡Esto no puede ser!” Trapecio gritó, mientras intentaba luchar contra el impacto emocional de ver a su hija transformada.
“¡Luz!” Palitogood exclamó, avanzando rápidamente, pero el monstruo que era Luz lanzó un rugido feroz, desbordando energía oscura que casi lo derriba. “¡Debemos detenerla antes de que sea demasiado tarde!”
Kira, viendo que su plan estaba funcionando, no dejó de sonreír. “Este espectáculo va a ser interesante, pero no puedo dejar que se termine tan rápido. Necesito que esta batalla se vuelva aún más… emocionante.”
Trapecio se lanzó al ataque, sin importar el peligro, con los ojos llenos de desesperación. “¡Luz! ¡Escúchame, por favor! ¡No dejes que esta maldición te controle!”
Sin embargo, Luz, ahora una criatura monstruosa, no parecía escuchar nada, solo actuaba guiada por la manipulación de Kira. El grupo se preparaba para enfrentar a la joven convertida en una bestia, mientras José y los demás intentaban entender cómo podían salvarla de las garras de la diosa.
“¡Kira, paga por esto!” gritó Trapecio, dispuesto a hacer lo que fuera necesario para liberar a su hija.
Kira observaba con satisfacción cómo Luz, transformada en un monstruo, se descontrolaba. La energía oscura que emanaba de ella era palpable, y Kira sabía que había encontrado el camino hacia una victoria definitiva. Su sonrisa se ensanchó mientras observaba a Trapecio luchando por acercarse a su hija, impotente ante la criatura que se había convertido.
“Es una pena que hayas tenido que sufrir tanto, Luz,” murmuró Kira, acercándose lentamente mientras se preparaba para hacer el siguiente movimiento. Con una calma aterradora, comenzó a absorber la esencia de Luz, sumergiendo su poder en el cuerpo de la joven monstruosa.
La energía oscura comenzó a fluir hacia Kira, quien, con un gesto de concentración, comenzó a asimilar los poderes de Luz. La transformación fue inmediata. El cuerpo de Kira empezó a brillar con una intensidad oscura, como si absorbiera no solo la energía de la joven, sino también la fuerza vital que la mantenía en pie. La magia, las habilidades y la esencia misma de Luz pasaban a través de Kira, fusionándose con su propia energía.
“No es solo tu poder lo que me interesa, Luz,” dijo Kira con frialdad. “Voy a tomarlo todo.”
Con un gesto rápido, Kira tocó la frente de Luz, sus dedos brillando con un resplandor sombrío. Un rayo de energía recorrió su cuerpo, y la esencia del alma de Luz fue absorbida directamente por Kira. El alma de Luz, indefensa y vulnerable, fue arrancada de su cuerpo y atrapada en una esfera de energía oscura que brillaba con intensidad.
Trapecio, que había estado observando aterrorizado, soltó un grito de desesperación al ver cómo su hija, la que había criado y protegido, era completamente despojada de su ser. “¡NO!” gritó, sin poder hacer nada más que observar cómo su hija se desvanecía ante él.
Kira se levantó, ahora más poderosa que nunca, con una risa malévola que resonó en la ciudad. “Ahora soy más fuerte, y tú, Trapecio, serás el siguiente en caer.”
Con un movimiento rápido, Kira reunió una enorme cantidad de energía concentrada en su mano. La esfera de energía oscura brilló con fuerza, una pequeña esfera de pura destrucción, cargada con todo el poder que acababa de absorber.
“¡Es hora de que pagues por todo lo que has hecho!” exclamó Kira, lanzando la esfera hacia Trapecio y el resto del grupo.
La esfera de energía voló a gran velocidad, dejando una estela de oscuridad a su paso. Trapecio, paralizado por el dolor y la impotencia, no podía reaccionar a tiempo. Pero antes de que la esfera pudiera alcanzar a sus compañeros, una figura se adelantó: José.
Con un grito de concentración, José extendió sus manos hacia la esfera y, con una explosión de energía en sus puños, desvió el ataque con una técnica de energía pura. “¡No permitiré que sigas haciendo esto!” gritó, mientras la esfera de Kira se desintegraba en el aire, dejando solo una estela de energía residual.
“¡Esto no ha terminado!” Kira exclamó furiosa, su expresión torcida por la ira. “Este es solo el principio. Ahora que tengo lo que quería, todo el poder está a mis pies.”
Trapecio, todavía paralizado por el horror y la tristeza, se levantó lentamente. “¡Te destruiré, Kira! ¡Lo prometo!” gritó, su voz quebrada, pero llena de determinación.
José, mirando a Kira con furia, se preparó para el próximo movimiento. “¡No te saldrás con la tuya!” dijo, con los puños llenos de energía, decidido a detenerla a toda costa.
La batalla continuaba sin descanso, con Kira y los demás luchando en un enfrentamiento sin cuartel. La furia de Kira era palpable mientras sus ojos brillaban con la energía oscura que había absorbido de Luz, y la ciudad se llenaba de tensión.
José, observando atentamente el ritmo de la pelea, decidió que debía hacer algo audaz. Sabía que su tiempo de acción sería muy corto, pero si lo ejecutaba de manera precisa, podría darle a su equipo la ventaja que necesitaban. Entonces, con un rápido movimiento, activó su técnica de Detención del Tiempo.
Todo quedó en silencio. Los sonidos de la batalla se detuvieron, el aire se volvió pesado, y el tiempo, por una fracción de segundo, se suspendió completamente. José, aprovechando ese instante de absoluta quietud, se acercó a Kira. Con una explosión de energía concentrada en su puño, impactó directamente en el pecho de Kira. El golpe fue brutal, el impacto resonó en su cuerpo y provocó que la villana retrocediera, su rostro mostrando una mezcla de sorpresa y dolor.
Pero el tiempo no se detendría por mucho más. Con un repentino cambio, la detención del tiempo llegó a su fin. Kira, recuperándose al instante con la velocidad sobrenatural que solo ella poseía, se levantó sin apenas inmutarse, aunque el golpe había sido efectivo.
Con una expresión de furia, Kira lanzó un contraataque fulminante. Su puño impactó directamente contra José, enviándolo volando hacia atrás, sus heridas provocadas por el golpe haciendo que el suelo crujiera al momento de caer.
Kira caminó hacia Melisa, la joven a la que había estado observando con una mirada maliciosa. La energía oscura que emanaba de su cuerpo era palpable, y su sonrisa era la de alguien que sabía que la victoria estaba cerca.
De repente, Trapecio, lleno de desesperación y rabia al ver lo que Kira había hecho, se lanzó a la ofensiva. Con un grito lleno de furia, impactó a Kira con un golpe brutal, que la hizo tambalear. Fue solo el comienzo, ya que rápidamente el resto del grupo se unió al ataque.
Palitogood, Amsel, Alpaca, Shyki, Fran, Asagi, Sungonkun, Chomosukez, Mariwiwi, y Trapecio, todos juntos, comenzaron a golpear a Kira con una furia indescriptible. Cada uno lanzó su propio ataque: desde golpes físicos a poderosas técnicas de energía, el grupo estaba decidido a derrotar a Kira de una vez por todas.
Pero, incluso frente a la tormenta de ataques, Kira se mostró increíblemente ágil. Con movimientos rápidos y fluidos, logró esquivar cada uno de los ataques, deslizándose entre los golpes con la gracia de una sombra. La energía oscura a su alrededor parecía potenciar sus reflejos, y se burlaba de sus atacantes con una sonrisa fría.
Sin embargo, la intensidad de los ataques fue abrumadora. Cada golpe parecía afectar a Kira, aunque no de la manera en que esperaban. Sus movimientos se volvían más erráticos, y la energía oscura que la rodeaba comenzaba a fluctuar. Fue entonces cuando, por fin, un golpe combinado de todos los presentes alcanzó a Kira, enviándola a retroceder con tal fuerza que la villana tropezó y cayó al suelo.
El impacto fue tan fuerte que su cuerpo chocó contra el suelo, levantando una nube de polvo que cubrió la zona. Todos se quedaron observando en silencio, esperando ver si Kira se levantaba.
Kira, con los ojos brillando de furia, se levantó lentamente, su cuerpo lleno de rasguños y marcas de los ataques. Sin embargo, su risa cruel rompió el silencio, resonando en la ciudad.
“Así que este es el poder de todos ustedes juntos…” dijo Kira, su voz llena de odio y malicia. “No importa cuánto lo intenten, no podrán derrotarme. El poder que he absorbido me hace invencible.”
Pero a pesar de su amenaza, había una pequeña chispa de duda en su mirada. Por primera vez, Kira parecía verdaderamente afectada, y todos podían sentirlo: el grupo había logrado darle una grieta, y tal vez, solo tal vez, habían encontrado una forma de vencerla.
Trapecio se acercó, mirando a Kira con ojos llenos de furia y tristeza. “No te saldrás con la tuya. Lo prometo,” dijo, mientras se preparaba para el próximo ataque.
José, con su cuerpo aún dolorido, se levantó y se unió a sus compañeros, decididos a no rendirse ante Kira. La batalla, ahora más intensa que nunca, se encontraba en un punto crítico.
La batalla había alcanzado su punto álgido, y la tensión en el aire era palpable. Kira, después de haber recibido varios golpes de Trapecio y los demás, se mantenía en pie, respirando pesadamente pero con una sonrisa siniestra en su rostro. Sin embargo, la llegada de dos nuevos combatientes cambió la dinámica del enfrentamiento.
Desde lo alto de un edificio cercano, Lux e Ian descendieron a gran velocidad, saltando con una precisión perfecta. Lux, utilizando sus habilidades telepáticas, se concentró en la mente de Kira, tratando de desestabilizarla con un golpe mental. Con un esfuerzo titánico, intentó invadir la mente de la villana, buscando desorientarla, aunque sabía que Kira no sería fácil de sorprender.
“¡Tienes que caer!” pensó Lux, mientras su mente se conectaba a la de Kira, buscando rendirla. Pero Kira, con su poder oscuro y voluntad inquebrantable, parecía estar protegida por una barrera psíquica casi impenetrable. La telepatía de Lux se estrelló contra esa barrera, dejando una sensación de vacío y frustración.
Ian, sin perder tiempo, aprovechó la distracción momentánea para lanzarse hacia Kira con una velocidad impresionante. Con la intención de golpearla en la cabeza, ejecutó un brutal movimiento de puño, que parecía ir directo a su objetivo. Pero Kira, con un reflejo sorprendente, esquivó el golpe con una agilidad sobrehumana. Usó la misma fuerza para golpear a Ian en el estómago con un puño envuelto en energía oscura.
El impacto fue tan fuerte que Ian fue lanzado hacia atrás, el aire comprimido a su alrededor provocando una explosión de energía que lo mandó volando. El cuerpo de Ian recorrió varios metros antes de estrellarse contra el lado de un edificio, dejando una marca en la pared mientras caía al suelo, claramente aturdido por la brutalidad del golpe.
Lux, al ver el destino de su compañero, intentó reaccionar, pero la furia de Kira no daba tregua. En un abrir y cerrar de ojos, Kira se giró hacia Lux, quien había intentado mantenerse en el aire con un levitador psíquico, y sin que pudiera siquiera esquivar, la villana la atacó con un golpe de energía oscura concentrada que la lanzó a gran velocidad.
Lux, incapaz de resistir el poder del impacto, también salió volando, estrellándose contra el mismo edificio al que Ian había sido enviado. Ambos caían, completamente derrotados, hacia el suelo, aunque Lux logró evitar una caída fatal, rodando con habilidad. Sin embargo, ambos sabían que su entrada triunfal no había dado los resultados esperados.
Kira observó con desdén a los dos héroes caídos en el suelo. Su risa resonó con una fuerza oscura, burlándose de su intento de intervenir en la batalla.
“¿Eso fue todo?” dijo Kira, mientras avanzaba, sin dejar de mostrar su sonrisa malévola. “Vienen a mí con tales habilidades, pero todos ustedes son solo insectos intentando detener una tormenta.”
Trapecio, que observaba la escena, sentía la presión de cada segundo que pasaba. Kira estaba lejos de ser derrotada, y la llegada de nuevos combatientes no había hecho más que aumentar su poder de forma evidente. Sin embargo, a pesar de la amenaza que representaba Kira, Trapecio no se rendiría. No lo haría por sus amigos, ni por la memoria de su hija.
“¡No te vas a salir con la tuya!” gritó Trapecio, dispuesto a seguir luchando con todo lo que tenía.
Mientras tanto, Ian y Lux, aunque claramente heridos, sabían que debían levantarse, que la batalla aún no había terminado. Aunque sus intentos fueron fallidos, no estaban dispuestos a dejar que Kira los venciera tan fácilmente.
José, que apenas se había recuperado del brutal golpe de Kira, levantó lentamente la cabeza, notando que los héroes caídos no estaban solos en la lucha. Desde el horizonte, un grupo de nuevos héroes se aproximaba con gran velocidad. Yukina, Enimen, Yumiku, Leth y Rose, miembros de una academia rival, habían llegado a la zona de batalla. Con sus energías renovadas y sin la más mínima duda de que era el momento de actuar, comenzaron a moverse al unísono.
Yukina, con su habilidad para manipular el hielo, levantó una pared de hielo que bloqueó momentáneamente la vista, mientras Enimen utilizaba sus habilidades de energía pura para crear un campo explosivo a su alrededor. Yumiku, con sus reflejos superhumanos, atacó a gran velocidad desde el flanco izquierdo, y Leth, utilizando sus poderes de invocación, apareció en el aire, rodeado de criaturas elementales que lo acompañaban en la batalla. Rose, por su parte, liberó una serie de cuchillas de viento que cortaban el aire con precisión mortal.
El conjunto de ataques hacia Kira fue devastador. Yukina congeló el terreno alrededor de Kira, buscando limitar su movilidad, mientras Enimen lanzaba una serie de explosiones dirigidas a su torso, creando un rastro de devastación. Yumiku, al aprovechar el momento de distracción, logró impactar con varias ráfagas rápidas a Kira, y Leth invocó un golem de piedra gigante que la golpeó directamente con fuerza titánica. Rose, desde su posición elevada, lanzó cuchillas de viento en un ángulo que pretendía desorientar a Kira.
Pero Kira, al igual que una tormenta furiosa, no mostró signo de debilidad. En cuanto los ataques la alcanzaron, su risa retumbó en todo el campo, resonando como una burla. La energía oscura a su alrededor aumentó, creando una especie de barrera invisible que desvió los ataques de los héroes.
Con un movimiento brutal y fluido, Kira reaccionó en un abrir y cerrar de ojos. Golpeó con la misma intensidad que sus atacantes, enviando a Yukina y Enimen a volar varios metros hacia atrás, chocando con edificios y dejando una estela de polvo y escombros. Yumiku intentó esquivar, pero Kira fue más rápida; su puño envuelto en energía oscura la golpeó directamente en el abdomen, dejándola sin aliento mientras caía al suelo. Leth, aún invocando criaturas, vio cómo su golem fue destruido de un solo golpe por Kira, que derribó la invocación con facilidad y lo hizo explotar en pedazos de roca. Rose, al intentar cortar el aire para crear más ataques, fue alcanzada por una onda de energía oscura que la lanzó contra el suelo.
En cuestión de segundos, Kira había neutralizado a todos los héroes recién llegados, dejando una escena de destrucción. El terreno estaba marcado por las huellas de la batalla, y los héroes, aunque luchadores implacables, estaban claramente desbordados por la fuerza de Kira.
“¿Creyeron que con unos pocos más podrían detenerme?” dijo Kira, su tono burlón y desafiante resonando en el aire mientras observaba a los héroes caídos. “Soy más poderosa de lo que pueden imaginar. La oscuridad que poseo está más allá de cualquier límite que puedan alcanzar.”
José, al ver la brutalidad con la que Kira derrotaba a los nuevos héroes, apretó los dientes y se levantó con dificultad. No podía rendirse, no cuando todo parecía estar en juego. A su alrededor, sus compañeros luchaban por levantarse, pero sabían que enfrentarse a Kira requeriría más que simple determinación.
“¡No se ha terminado! ¡No te dejaremos ganar!” gritó José, reuniendo todo el poder que podía para su siguiente ataque, sabiendo que si no actuaba pronto, todo estaría perdido.
Kira se giró hacia él con una sonrisa arrogante. “¿Acaso aún no lo entiendes? Esto no es algo que puedan ganar. Puedo destruirlos a todos sin esfuerzo, pero es divertido verlos intentarlo.”
La tensión creció en el aire mientras los héroes que quedaban de pie se preparaban para el siguiente asalto. Kira podía estar ganando terreno, pero los héroes, más decididos que nunca, sabían que no podían dejar que la oscuridad se apoderara de todo. La batalla continuaría, y su lucha por la supervivencia apenas comenzaba.
Nihil, el dios de las maldiciones, observaba con una sonrisa fría el caos que él mismo había desatado. Desde su trono oscuro en una dimensión olvidada por el tiempo, había ideado un nuevo y aterrador plan para extender su dominio sobre el mundo humano. Si la humanidad se encontraba atrapada en la lucha constante entre el bien y el mal, él quería redefinir la naturaleza misma de esa lucha, despojándola de toda esperanza.
Con un gesto de su mano, un portal se abrió frente a él, y de las sombras surgió una figura, una creación nacida de su poder más oscuro. Esta no era una simple criatura, sino un ser que representaba la maldad misma, una manifestación pura del caos. Su cuerpo, una amalgama perfecta entre humano y demonio, brillaba con una luz roja y negra, y sus ojos reflejaban el vacío, una oscuridad que no solo cegaba, sino que consumía todo a su paso.
Este ser, creado a partir de las profundidades de las maldiciones, no era solo una maldición encarnada, sino la primera maldición verdadera, la manifestación del concepto más sombrío: la maldad misma. Nihil la había moldeado con una precisión inhumana, con cada uno de sus movimientos y pensamientos impulsados por un deseo insaciable de corromper y destruir.
“Levántate, Gaburieru Meguna,” dijo Nihil con una voz que resonó en los confines del universo, “tú serás la última frontera, la culminación de la maldad que he sembrado. No eres solo un hombre. Eres la primera maldición, el principio de todo lo corrupto, lo pervertido. Serás el eco de todos los sufrimientos de la humanidad, y con tu existencia, la oscuridad tomará su forma definitiva.”
Gaburieru Meguna, la creación perfecta de Nihil, levantó su mirada, y un aura de energía oscura envolvió su ser. Aunque su apariencia era casi humana, sus movimientos no eran los de un simple mortal. Cada paso que daba parecía arrastrar consigo el peso de todo lo malo en el mundo, como si el suelo bajo sus pies se retorciera en agonía por su mera presencia.
“Soy el reflejo de tus deseos más oscuros, el nacimiento de la desesperación, Nihil,” dijo Gaburieru Meguna, su voz como un susurro en la tormenta. “No solo me has creado como tu herramienta, sino como tu sustituto, tu perpetuo recordatorio de lo que te has convertido.”
Nihil asintió, satisfecho con su creación. Gaburieru Meguna no solo representaba la maldad como un concepto abstracto, sino que su presencia era capaz de desencadenar horrores indescriptibles. Donde quiera que fuera, la esperanza se desvanecía. La gente a su alrededor caía en desesperación, enloquecía o, simplemente, desaparecía, consumida por la maldad que emanaba de él.
“Con tu existencia, Gaburieru Meguna,” dijo Nihil, “el mundo conocerá el peso del mal absoluto. Ningún héroe podrá enfrentarse a ti, porque no peleas con espada ni poder. Peleas con la esencia misma del caos, la esencia misma de lo que los seres humanos temen más. Serás su perdición.”
Gaburieru Meguna sonrió con una mezcla de arrogancia y desdén. “Entonces, ¿qué harás ahora, Nihil? ¿Simplemente observarás cómo la humanidad se desintegra bajo tu creación?”
Nihil permaneció en silencio un momento, dejando que la oscuridad lo envolviera. “No, Gaburieru Meguna. No solo observaré. Lo que comienza con tu maldición se convertirá en el fin de todo. El universo se desmoronará, y en su lugar, se alzará una nueva era de oscuridad, donde tú serás su rey.”
El dios de las maldiciones levantó las manos hacia el vacío, y con un solo movimiento, selló la condena del mundo. A partir de ese momento, la primera maldición, encarnada en Gaburieru Meguna, caminaría sobre la tierra, sembrando la perdición. Nihil ya no era solo un dios observador; con su creación, su reinado había comenzado.
Gaburieru Meguna salió de la oscuridad, avanzando hacia el mundo de los vivos, dispuesto a desatar el caos absoluto. Mientras lo hacía, la humanidad sentía su presencia antes de verlo: una sensación de maldad puramente palpable en el aire. Dondequiera que fuera, la oscuridad crecería, engullendo la luz y la esperanza, pues la maldad nunca estuvo tan cerca de convertirse en algo tangible, algo real.
Nihil observaba desde su trono, confiado de que su última creación sería la que llevara el universo a su fin. Y el destino de todos estaba ahora atado a la voluntad de Gaburieru Meguna, la primera maldición encarnada.
Nihil se encontraba en su propio dominio, una dimensión creada a su medida, un reino sin límites, donde las leyes de la naturaleza y el tiempo se torcían a su voluntad. El trono de ébano y obsidiana en el que reposaba estaba colocado sobre un abismo que parecía extenderse eternamente, una negrura infinita que absorbía todo lo que tocaba. En este lugar, su poder era absoluto, y su conciencia se extendía más allá de lo físico, como un dios que no necesitaba interactuar con el mundo exterior si no lo deseaba.
A su alrededor no había más que vacío y oscuridad, la misma que dominaba su ser. Aunque sus compañeros, seres que compartían su naturaleza maligna, permanecían fuera de su dimensión, no era como si tuviera deseo alguno de hablar con ellos. La idea de compartir su reino con ellos le resultaba innecesaria, incluso irritante. Nihil no necesitaba compañía, no en este lugar donde él era el único verdadero poder. Aquí, en su trono, era donde su voluntad era ley y donde sus creaciones, como Gaburieru Meguna, nacían para expandir su influencia.
A lo lejos, las voces de sus seguidores resonaban en la lejanía, pero eran distantes, como ecos de un mundo al que ya no pertenecía. Algunos de ellos querían imponer su voluntad sobre los mortales, otros aspiraban a retomar el control del universo de maneras propias, pero Nihil se veía por encima de todos esos deseos triviales. Para él, la humanidad y sus luchas eran solo piezas en un tablero, y su propósito no era intervenir directamente, sino destruir las nociones de esperanza y luz que aún quedaban en los corazones de los seres humanos. Había creado este reino como un refugio de absoluta quietud, donde el tiempo no era más que un concepto ilusorio.
Los ecos de sus compañeros de maldad, que se hallaban en el mundo exterior, parecían poco más que un murmullo lejano. Ellos no comprendían su visión. Algunos de ellos eran poderosos, sí, pero carecían de la comprensión del verdadero mal, el mal que no se trataba de dominar por simple ambición, sino de crear una oscuridad tan profunda que pudiera devorar todo lo que se interpusiera en su camino, inclusive los propios conceptos de bien y mal.
“Ellos aún no comprenden la magnitud de lo que he hecho”, murmuró Nihil para sí mismo, observando cómo la negrura de su dimensión se expandía más allá de su trono. “Gaburieru Meguna es solo el comienzo. La maldad no es un objetivo, es un principio. Es una semilla que germina y se multiplica hasta que el universo entero se convierte en un reflejo de su esencia.”
Mientras tanto, fuera de su dominio, el mundo seguía su curso, pero ya estaba marcado por la oscuridad. Cada paso de Gaburieru Meguna dejaba una huella de maldad que corrompía todo lo que tocaba. Los héroes, luchadores, y todo aquel que aún intentara resistir serían finalmente consumidos por esta nueva era de desesperación que Nihil había comenzado a tejer con su voluntad. Pero dentro de su dimensión, él permanecía ajeno, observando todo desde su solitaria posición, indiferente a las luchas de los demás.
“Este mundo será mi creación más perfecta”, dijo Nihil con una sonrisa sombría. “Y en este reino, los demás simplemente no importan. No los necesito.”
Y así, entre la indiferencia y la serenidad de su propio dominio, Nihil continuó observando su obra maestra, la cual nunca tendría que compartir con nadie. El mundo, el universo, todo se desmoronaría eventualmente, pero él, en su trono, seguiría siendo el único gobernante, el único ser que pudiera controlar el flujo de las maldiciones, la oscuridad y la muerte que él había desatado.
Un portal se abrió en medio de la oscuridad, su abertura se extendió como una grieta en la realidad misma. La energía que emanaba de él era densa, casi tangible, y la atmósfera se cargó con una sensación de peligro inminente. Kira, que estaba en pleno proceso de manipular la maldad a su alrededor, miró hacia el portal, alerta, su cuerpo tensado por una energía oscura que sentía como si estuviera a punto de liberarse.
Del otro lado del portal, una figura emergió. Gaburieru Meguna, la primera maldición encarnada, se materializó en este nuevo plano, sus ojos brillaban con una intensidad descomunal, reflejando una oscuridad tan profunda que parecía que su sola presencia podía consumir el mundo. Su figura, perfecta pero inquietante, emanaba poder, pero al mismo tiempo, una sensación de vacío absoluto.
Ambos se miraron, como dos fuerzas primarias encontrándose en un campo de batalla sin fin. El aire se cargó con una tensión palpable mientras sus miradas se cruzaban.
Kira, en silencio, observaba a Gaburieru Meguna, reconociendo en él algo que no podía identificar de inmediato, pero que sin embargo, parecía tan familiar como el eco de sus propios pensamientos más oscuros.
“¿Tú también eres una maldición?” preguntó Kira, su voz firme pero con una nota de curiosidad. Había algo en la presencia de Gaburieru que despertaba en ella una sensación de entendimiento, como si ambos compartieran un origen común en lo más profundo de su ser.
Gaburieru Meguna la miró detenidamente, sus ojos fríos y vacíos, llenos de una tristeza infinita que solo los seres creados por la maldad misma podían conocer. “Una maldición… sí. Pero no como las demás,” dijo con una voz grave, como un eco de los abismos más profundos. “Soy el principio de todo lo corrupto. La maldad encarnada, una creación de Nihil.”
Kira arqueó una ceja. “Nihil, el dios de las maldiciones… Así que eres otro de sus juguetes, ¿eh? ¿Otra pieza en su juego de caos?”
Gaburieru Meguna sonrió con amargura. “No soy un juguete. Soy la manifestación de la maldad misma, la perfección de la oscuridad que Nihil ha creado. No estoy aquí para jugar a nada. Estoy aquí para ver cómo todo se consume.”
Kira lo observó durante un largo momento, evaluando sus palabras, absorbiendo la energía que se filtraba a través de su ser. Algo dentro de ella resonaba con las palabras de Gaburieru, una comprensión mutua de lo que significaba ser la encarnación de una oscuridad incontrolable.
“Entonces, ¿estás aquí para destruir?” Kira preguntó, su tono desafiando la amenaza implícita. “¿O es que simplemente estás aquí porque no sabes otra cosa más que la destrucción?”
Gaburieru Meguna dio un paso hacia ella, su figura irradiando una energía abrumadora que hacía que el aire a su alrededor se distorsionara. “No busco destruir, Kira. No busco nada. Yo soy… lo que queda cuando todo lo demás se desmorona. Soy la culminación de todas las sombras. Y tú… tú eres lo mismo. La maldición de tu propio ser. La oscuridad que te consume.”
Kira sonrió, una sonrisa que no era ni de alegría ni de tristeza, sino una expresión de pura comprensión, como si hubiera encontrado una respuesta a una pregunta que siempre había tenido. “Parece que tú y yo sentimos lo mismo. Vivimos con esta oscuridad… y nos alimentamos de ella. Quizás no seamos tan diferentes.”
Gaburieru Meguna la observó, reconociendo la verdad en sus palabras. “Quizás. Pero aún no lo sé. Tendré que verlo por mí mismo.”
Sin más palabras, el aire alrededor de ellos comenzó a vibrar con una energía inmensa. Las energías oscuras que emanaban de ambos parecían entrelazarse, creando una tensión que podría romper el mismo tejido de la realidad. Ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. Ambos eran la manifestación de la oscuridad, pero de formas diferentes, cada uno poseía su propia maldición, su propio poder.
La batalla estaba por comenzar, pero no era solo una lucha física. Era una confrontación de conceptos, de la maldad en su forma más pura, una lucha de voluntades que solo los seres más oscuros podían comprender.
El escenario estaba cargado de caos. Vane, Saúl, Joge, Félix, Rori, Allner y Zeus Navara, estudiantes destacados de la Academia Naciones Mundiales, llegaron al campo de batalla con la intención de restaurar el orden. Con una combinación de poder, experiencia y entrenamiento, se lanzaron al frente, enfrentándose al caos desatado por Kira y Gaburieru Meguna.
La atmósfera estaba cargada de tensión, pero no pasó mucho tiempo antes de que algo aún más desconcertante ocurriera. Un nuevo individuo apareció en la escena, su presencia irrumpiendo en el aire como una ola de energía pura. No era un ser conocido por ellos, ni mucho menos un aliado. Su aparición fue repentina, como si hubiera surgido de la misma oscuridad que los rodeaba.
“¿Quién demonios es este?” murmuró Zeus Navara, sus ojos fijos en la figura misteriosa.
Antes de que alguien pudiera responder, el nuevo ser comenzó a moverse. Ni siquiera un segundo después de su aparición, ya esquivaba con una precisión aterradora los ataques de los estudiantes de la academia. Cada golpe lanzado hacia él parecía desvanecerse en el aire, como si supiera exactamente qué esperar y cómo reaccionar.
“¡Es como si hubiera nacido para esto!” exclamó Rori, admirado por la habilidad del individuo que acababa de llegar.
Vane lanzó un ataque a gran velocidad, un golpe de energía pura, pero el desconocido esquivó con un movimiento ágil, casi desquiciado, como si cada uno de sus músculos estuviera completamente en sintonía con su entorno. Saúl intentó apresarlo con una red de energía que expandió en el aire, pero el ser logró evadirla con un salto impresionante, aterrizando con facilidad como si el suelo fuera una extensión de su propio cuerpo.
“Este tipo no es normal,” comentó Allner, su tono lleno de asombro y preocupación. “Parece que ya entiende el combate como si estuviera entrenando desde hace años.”
La velocidad con la que esquivaba los ataques era tan impresionante que incluso Félix, conocido por su rapidez, quedó desconcertado. Cada movimiento del extraño parecía ser una danza perfecta, esquivando, saltando y moviéndose con una fluidez que solo los combatientes más experimentados podrían lograr.
“Este no es un simple novato,” dijo Joge mientras evaluaba la situación. “Es como si tuviera instinto de combate, como si supiera qué hacer antes de que incluso lo pensemos.”
Zeus Navara, un luchador poderoso pero también un pensador táctico, observó por unos segundos. “Tal vez no se trate solo de instinto. Podría haber algo más… tal vez haya sido entrenado o incluso creado específicamente para pelear.”
El individuo, por su parte, no parecía tener miedo ni mostrar signos de cansancio. Cada movimiento que realizaba estaba cargado de una precisión absoluta. Si los ataques eran rápidos, él era más rápido. Si los ataques eran poderosos, él se deslizaba y los esquivaba como si nada.
“Este tipo…” comenzó Vane, su voz llena de incredulidad, “ya tiene el control total de su cuerpo y su mente en el combate. Es como si todo su ser estuviera diseñado para esto.”
De repente, el ser que había estado esquivando durante todo el tiempo se detuvo en seco, como si de alguna manera hubiera absorbido todo el movimiento que lo rodeaba. Miró a sus atacantes, cada uno de ellos con una expresión de sorpresa y desconcierto.
Y luego, como si hubiera llegado al punto de no necesitar más evasión, lanzó un contraataque. Con una rapidez y una brutalidad que sorprendió a todos, el desconocido golpeó a Joge con una precisión devastadora, enviándolo volando hacia atrás, cayendo con fuerza sobre el suelo.
“¡Joge!” gritó Rori, pero rápidamente fue interrumpido por un nuevo golpe dirigido hacia él. Este extraño parecía no tener fin. La energía a su alrededor se volvía aún más intensa, como si pudiera sentir las intenciones de sus oponentes antes de que se manifestaran.
“Esto… es impresionante,” musitó Félix, “pero ¿quién es realmente este tipo?”
El ser miró a su alrededor, su expresión era tan fría y calculadora como un depredador observando a sus presas. No había emoción visible en su rostro, solo la concentración pura de alguien que entiende que su vida depende de cada decisión que tome en combate.
“Parece que no tenemos otra opción,” dijo Zeus Navara, mirando a los demás con determinación. “¡Vamos a necesitar un ataque combinado! No podemos dejar que siga dominando el terreno.”
Vane, Saúl, Allner, Félix y los demás se reunieron rápidamente, organizándose para un ataque conjunto. Pero el desconocido ya se estaba preparando, sus ojos brillando con una intensidad feroz, como si todo el campo de batalla fuera solo un escenario para una lucha a vida o muerte.
El caos continuaba, pero ahora, una nueva incógnita había sido añadida a la ecuación. ¿Quién era este ser, y qué quería en esta batalla en la que todos los presentes luchaban por su supervivencia? Solo el tiempo lo diría.
El caos en el campo de batalla alcanzó nuevos niveles de intensidad. Mientras los héroes se reorganizaban para lanzar su ataque combinado, el ser misterioso, aún sin nombre, observaba desde su posición estratégica, sus ojos fríos e implacables. Pero algo aún más inquietante estaba por suceder.
De repente, una sombra oscura comenzó a formarse frente a ellos, tomando una forma casi humana, pero con contornos difusos y cambiantes, como si no perteneciera a este plano. Un ser de pura oscuridad, creado por Gaburieru Meguna, comenzó a tomar forma, y su presencia era tan densa que parecía absorber toda la luz a su alrededor.
Los héroes no tenían tiempo de reaccionar antes de que el ser explotara en una brutal explosión de sombras. El impacto fue inmediato. Un grito colectivo resonó en el aire mientras la onda de choque arremetía contra todos los que se encontraban cerca, causando daños masivos a los héroes que habían intentado atacar al nuevo ser.
Vane, Saúl, Joge, Félix, Allner, Rori y los demás fueron empujados por la fuerza de la explosión, algunos de ellos cayendo al suelo con heridas visibles, otros luchando por mantenerse de pie mientras intentaban recuperarse. El terreno a su alrededor se oscureció momentáneamente, como si la propia oscuridad hubiera devorado la luz.
Cuando la explosión se disipó, el ser de sombras había desaparecido, pero Gaburieru Meguna se mantenía de pie, observando todo con una sonrisa satisfecha. En su rostro no había ni un atisbo de sorpresa o incomodidad por la resistencia que los héroes habían intentado ofrecer.
“Impresionante,” dijo Gaburieru, su voz grave y cargada de una calma aterradora. “Apenas llevo minutos de vida, y ya están tan desesperados que intentan atacarme en conjunto. Aplausos por el esfuerzo, pero no lograron hacer nada fácil.”
El tono de su voz era burlón, casi como si se estuviera divirtiendo. Cada palabra parecía impregnada de desprecio hacia los héroes que se habían esforzado al máximo para detener su avance.
“¿Realmente pensaron que una simple táctica de grupo podría detenerme?” continuó, dando un paso hacia adelante, sus ojos iluminándose con una intensidad maligna. “Este es solo el comienzo. No soy como el resto de ustedes. Yo fui creado para superar cualquier desafío que se me ponga enfrente.”
Los héroes, heridos y exhaustos, se recuperaron lentamente, mirando a Gaburieru con una mezcla de frustración y determinación. Cada uno de ellos sabía que el desafío que enfrentaban no solo era físico, sino también mental y emocional. Tenían que encontrar una manera de derrotarlo, pero con cada segundo que pasaba, parecía más imposible.
Vane, aún respirando pesadamente, se levantó con esfuerzo y miró a sus compañeros. “No podemos darnos por vencidos ahora,” dijo, su voz firme a pesar de las heridas. “Si dejamos que este tipo siga controlando la situación, no habrá esperanza. Debemos luchar con todo lo que tenemos.”
Saúl asintió, mientras miraba a Gaburieru con una mirada llena de ira. “¡Lo que sea que sea, no vamos a dejar que siga haciendo esto!”
Félix, aún temblando por la explosión, reunió sus fuerzas para ponerse de pie. “¡No hay vuelta atrás! ¡Vamos a hacerle pagar por esto!”
Gaburieru Meguna observaba la reacción de los héroes con una sonrisa satisfecha, como si todo lo que estaba sucediendo fuera un juego para él, un entretenimiento pasajero en un mundo que no le importaba en lo más mínimo.
“¿De verdad creen que pueden detenerme?” se burló, su risa resonando en el aire. “Vayan, sigan intentándolo. Será un placer verlos caer uno a uno.”
Sin embargo, algo en el aire había cambiado. Aunque Gaburieru Meguna parecía invencible, los héroes no se daban por vencidos. Cada vez que una chispa de esperanza brillaba en sus ojos, él la apagaba con una explosión de sombras o un golpe devastador, pero los héroes seguían levantándose. No podían dejar que el mal prevaleciera.
El futuro de la batalla aún no estaba escrito, pero uno de los héroes tendría que encontrar la forma de deshacer la creación de Gaburieru Meguna. La lucha había comenzado, y la única certeza era que no se rendirían fácilmente.
La batalla se intensificaba con la llegada de nuevos combatientes. Aracely, la chica prodigio, entró en la zona de combate con determinación en su mirada. Sin perder un segundo, se lanzó contra Gaburieru Meguna con una serie de golpes rápidos y contundentes, cada uno cargado con una fuerza impresionante. Sin embargo, el ente oscuro apenas reaccionaba, resistiendo cada impacto como si no fueran más que una brisa pasajera.
Gaburieru Meguna sonrió con una calma inquietante antes de atrapar las manos de Aracely con un movimiento preciso. Sus ojos, llenos de una malicia inhumana, brillaron mientras flexionaba sus músculos y, con un simple y devastador golpe de puño, la envió volando por los aires. Aracely chocó contra un edificio cercano, dejando una grieta enorme en la estructura antes de caer al suelo con un impacto violento.
Mientras tanto, José avanzó lentamente hacia Kira, observando a Gaburieru con una mezcla de desagrado y concentración.
—Se está divirtiendo… al contrario mío, no —murmuró José, su tono frío pero firme.
Kira, en respuesta, sonrió con una confianza absoluta, como si ya supiera lo que estaba por venir. Sin decir más, ambos levantaron sus manos al mismo tiempo, formando una señal idéntica. Era el Mudra Marici, el símbolo de una técnica ancestral y prohibida.
Sin embargo, había una diferencia clave entre ellos. Kira utilizó el tampak samping, una versión imperfecta del mudra. José, en cambio, formó el tampak depan, el verdadero mudra Marici, completando la técnica en su totalidad.
Un aura densa y oscura envolvió el campo de batalla mientras una presión indescriptible caía sobre todos los presentes. Gaburieru Meguna desvió la mirada por un momento, mostrando un atisbo de interés.
—Tiempo eterno —declaró José, su voz resonando como un eco en la nada.
—Emociones cortantes eternas —respondió Kira con una sonrisa cruel.
En un instante, un dominio de energía oscura se materializó a su alrededor, expandiéndose con una velocidad aterradora antes de colapsar sobre sí mismo. En menos de un segundo, toda la zona de combate fue engullida por la técnica y luego comprimida en una esfera de energía negra, del tamaño de una simple bola de tenis.
La batalla entre José y Kira había sido encerrada en un espacio de tiempo absoluto, separado del mundo exterior. Nadie podría interferir. Nadie podría escapar.
Gaburieru Meguna observó la esfera flotante con una leve sonrisa en su rostro, cruzándose de brazos.
—Interesante… veamos cuál de los dos sobrevive.
Los héroes alrededor se quedaron en silencio, sin poder hacer nada más que presenciar el destino de José y Kira dentro de esa prisión de energía eterna.
Continuará…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com