Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

History academy arco 6: El fin del mundo. - Capítulo 80

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. History academy arco 6: El fin del mundo.
  4. Capítulo 80 - Capítulo 80: Episodio 80: Por mi hija.
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 80: Episodio 80: Por mi hija.

Trapecio, con furia en sus ojos, dio un salto hacia el dominio donde José y Kira estaban atrapados, determinado a romper la barrera y liberar a sus amigos. Pero antes de que pudiera llegar siquiera cerca, una mano invisible lo detuvo en el aire. Gaburieru Meguna apareció ante él en un parpadeo, su mirada llena de desdén.

—¿Acaso quieres hacer una estupidez? —dijo con calma, su voz llena de burla.

Antes de que Trapecio pudiera responder, Gaburieru lo golpeó con tal fuerza que lo mandó volando por los aires, estrellándose contra varios edificios cercanos. Trapecio se levantó con rapidez, la rabia brillando en sus ojos.

—¡Lo haré si es necesario! —gritó, su tono feroz.

Pero Gaburieru simplemente cruzó los brazos y lo miró fijamente.

—Su pelea se llevará a cabo conmigo —respondió con una sonrisa fría, disfrutando de la frustración de su oponente.

Trapecio no pudo evitar un suspiro de agotamiento. Sintió cómo la desesperación comenzaba a calarlo por dentro. Había perdido a su hija y ahora, la situación solo parecía empeorar. Sin decir palabra alguna, se cortó el largo cabello que llevaba, dejándolo más corto, simbolizando un cambio en su mentalidad. Ya no quedaba espacio para la duda ni las emociones; solo había un objetivo: matar a su enemigo.

—Esto terminará hoy —dijo, su voz ahora fría y decidida.

Con un gesto de ira, Trapecio caminó hacia su enemigo, sabiendo que no podía fallar.

—Espero que, cuando Victor regrese, pueda explicarlo todo —murmuró para sí mismo, mirando al horizonte. —Creo que tendré que pedirle perdón. Siempre fue él quien protegía la Tierra, y ahora que no está, estamos solos…

La desesperanza se asomó brevemente en su corazón, pero rápidamente la apartó. No podía permitirse debilitarse. No cuando el futuro de todos estaba en juego.

Trapecio respiró hondo y, sin mirar atrás, se preparó para enfrentarse a Gaburieru Meguna. Esta batalla no solo era por la supervivencia de sus amigos, sino también por el futuro de la Tierra.

Trapecio, mientras observaba a Gaburieru Meguna con ojos llenos de ira, comenzó a entender algo profundo, algo que nunca antes había considerado de manera tan clara. El peso de sus pérdidas, el vacío que sentía por la muerte de su hija, comenzaba a transformarse en algo más: una rabia intensa y corrosiva. Algo que no había experimentado antes con tal fuerza.

Era similar a lo que había vivido Victor, pero no de la misma magnitud. Trapecio recordó las historias que había escuchado sobre el pasado de Victor, las pérdidas que había sufrido, la destrucción de su hogar y la responsabilidad que él llevaba sobre sus hombros. Victor, en su lucha, había experimentado una rabia tan profunda que lo había llevado a cuestionar su propósito, a cambiar su propia moralidad. Trapecio, por primera vez, podía ver cómo esa rabia se transformaba en una fuerza casi incontrolable.

“¿Esto es lo que Victor sintió?” Trapecio pensó, mientras su corazón latía con fuerza. “¿Este vacío que siento puede ser tan destructivo como lo fue para él?”

Se dio cuenta de que la rabia de Victor había sido su forma de sobrevivir, su forma de seguir adelante en medio de la oscuridad que se cernía sobre su vida. Ahora, Trapecio se encontraba en el mismo lugar, aunque no con la misma historia. Pero la pérdida de su hija había desatado algo dentro de él, una necesidad de justicia, de venganza. El dolor y la rabia lo estaban transformando, y él sabía que si no controlaba esa furia, terminaría como Victor en su momento: perdiendo la razón, perdiendo lo que lo hacía humano.

“No quiero ser como él. No quiero perderme en esta rabia,” Trapecio se dijo a sí mismo, mientras apretaba los puños. Pero algo dentro de él también le decía que ya había cruzado un punto sin retorno. Su determinación ahora estaba forjada en el deseo de hacer justicia por su hija, de acabar con el ser que había causado tanto sufrimiento. “Este será el último enemigo, lo acabaré.”

Trapecio respiró profundamente, recordando la promesa que había hecho a sus amigos. “Victor, cuando regreses… lo entenderás. Pero no me dejaré consumir como lo hiciste tú.”

Sin embargo, mientras se preparaba para enfrentarse a Gaburieru Meguna, sabía que no sería una batalla fácil. No solo luchaba contra su enemigo, sino también contra la sombra de lo que la rabia podría hacerle. La línea entre la justicia y la venganza comenzaba a desdibujarse, y Trapecio temía que cruzarla lo cambiara para siempre.

Victor estaba en completo silencio, atrapado dentro del cubo divino, una prisión que parecía desafiar todo concepto de tiempo y espacio. El lugar era vacío, sombrío, y aunque no podía ver más allá de las paredes de energía que lo rodeaban, una sensación persistente de que algo fuera de su alcance estaba ocurriendo lo mantenía en alerta. Había estado allí durante lo que parecían ser días, tal vez incluso semanas, atrapado en su propia mente y cuerpo, sin poder hacer nada más que esperar.

De repente, un estornudo inesperado lo sacó de su trance. Al principio, fue algo trivial, un acto simple y humano. Pero lo extraño fue la sensación que lo acompañó: una ligera vibración en el aire, como si una palabra, un pensamiento, hubiera atravesado su mente.

“¿Qué fue eso?” pensó, mirando alrededor con desconfianza. Aunque no podía saber con certeza si lo había imaginado o no, algo en su interior le decía que no era solo un estornudo cualquiera.

“Alguien… alguien acaba de decir algo sobre mí…” murmuró, un escalofrío recorriéndole la espalda. Aunque no podía distinguir los detalles, un sentimiento vago y distante le decía que los eventos en el mundo exterior estaban tomando un giro, y él era parte de ellos, incluso si estaba atrapado en su prisión.

El cubo divino estaba diseñado para bloquear todos los sentidos, pero en ese momento, la conexión con el exterior parecía romperse por un instante, lo que permitió a Victor sentir el eco de los pensamientos de quienes luchaban en su nombre. Había una energía que se agitaba en el aire, algo que le decía que sus amigos, sus compañeros, estaban enfrentando una batalla desesperada.

“Trapecio…” pensó, una ligera preocupación cruzando su mente. Aunque estaba atrapado y sin poder actuar, podía sentir los fragmentos de pensamientos de aquellos que aún luchaban por mantener el orden y la esperanza. En su mente, visualizó a Trapecio, furioso por la pérdida de su hija, enfrentándose a una amenaza aún mayor, Gaburieru Meguna. La rabia que sentía Trapecio estaba en ese momento casi palpable para Victor, y eso solo aumentaba la sensación de impotencia que él mismo experimentaba.

“No sé cuánto más podré soportarlo. ¿Cuánto tiempo tendré que estar aquí?” Victor pensó con frustración. La rabia que sentía por estar atrapado, por no poder ayudar a sus amigos, se acumulaba como una presión en su pecho. La conexión con el exterior, aunque débil, le hacía sentir que su cuerpo estaba en otro lugar, en un lugar donde su presencia aún era necesaria.

Una pequeña chispa de esperanza brilló en su interior. “Cuando salga de aquí…” pensó, su determinación renovada. “No voy a fallarles. No esta vez.”

De alguna manera, la mención de su nombre y la vibración en el aire le dio fuerzas. Algo en su interior le decía que no estaba solo, que incluso en esta prisión, las cosas se movían. Sabía que cuando finalmente fuera liberado, sería el momento en que tomaría el control y pondría fin a esta amenaza, no solo para él, sino para todos los que lo rodeaban.

Mientras tanto, la lucha fuera del cubo continuaba, y aunque estaba atrapado, el pensamiento de sus amigos le mantenía firme, esperando el día en que pudiera salir y hacer justicia por todo lo que había perdido.

El aire se llenó de tensión cuando Trapecio, furioso y decidido, salió disparado hacia Gaburieru Meguna. Ambos sabían que no podían permitirse fallar, y cada uno estaba dispuesto a llevar la lucha hasta sus límites. Con una rapidez impresionante, Trapecio avanzó a una velocidad fulminante, su puño cargado con toda la energía acumulada por el dolor y la rabia que sentía en su interior.

Gaburieru Meguna, no menos determinado, reaccionó con la misma velocidad. Con una sonrisa fría y confiada, se lanzó hacia Trapecio, preparándose para el impacto. Cuando sus puños se encontraron, fue como si el universo mismo se estremeciera. La explosión resultante destruyó una gran parte del terreno, levantando nubes de escombros, mientras las ondas de choque arrasaban todo a su paso.

Trapecio y Gaburieru se mantuvieron en pie, pero la colisión los empujó hacia atrás. Trapecio cayó de rodillas, resintiendo el impacto, pero en el último segundo, antes de que pudiera ser derribado por completo, concentró la energía que había recibido en el golpe y la canalizó hacia su pecho. Con una fuerza descomunal, lanzó un golpe directo al torso de Gaburieru Meguna, un golpe que se sintió como el impacto de una montaña.

¡BOOM!

El sonido del impacto resonó por todo el campo de batalla. Gaburieru Meguna fue empujado hacia atrás, su cuerpo siendo lanzado varios metros antes de caer al suelo con fuerza. La energía del golpe de Trapecio había atravesado su defensa, y por un momento, parecía que la batalla estaba a su favor. Sin embargo, Gaburieru no estaba vencido.

Se levantó lentamente, frotándose el pecho donde Trapecio había golpeado. Su expresión seguía siendo tan fría y calculadora como siempre, pero una sombra de irritación cruzó su rostro.

“Eso fue un buen golpe… pero no suficiente.” dijo Gaburieru Meguna, su voz cargada de desdén.

Trapecio se levantó con dificultad, su respiración agitada, pero su mirada estaba fija en su enemigo. La furia en sus ojos era innegable. “Te haré pagar por lo que le hiciste a mi hija.” La determinación en su voz era más fuerte que nunca. No importaba lo que costara, no descansaría hasta que Gaburieru pagara por sus crímenes.

Con un rugido de rabia, Trapecio se lanzó nuevamente al ataque. Gaburieru, aunque herido, no iba a ceder. Ambos combatientes sabían que esta batalla solo podría terminar con uno de ellos de pie, y ninguno de los dos estaba dispuesto a rendirse.

El choque de puños resonó por todo el lugar una vez más, mientras la lucha entre estos dos poderosos oponentes continuaba, sin piedad, sin descanso.

Dentro del dominio, todo parecía suspendido en una realidad alterada. José y Kira estaban atrapados en un espacio donde el tiempo no fluía de forma normal, y las reglas de la realidad se retorcían con cada respiración. A pesar de que solo habían pasado dos microsegundos fuera del dominio, dentro de él, las emociones y el tiempo se entrelazaban, y la presión sobre ambos aumentaba.

Kira, al estar atrapada en este campo, entendía que su habilidad no funcionaba de la forma convencional. Su poder no estaba destinado a manipular las emociones de los demás directamente, sino a ajustar la percepción del tiempo y afectar el alma de las personas según sus emociones. La clave estaba en la intensidad de lo que sentían, porque eso influiría en el flujo del tiempo dentro del dominio.

Sin embargo, José parecía estar en control, su rostro aún calmado y confiado. No era que no tuviera emociones; simplemente, las emociones que Kira esperaba no estaban siendo liberadas en él. Estaba tan centrado en la situación que sus emociones no se filtraban, no se dejaban ver.

Kira lo observó con concentración, sabiendo que para hacer funcionar su poder, debía encontrar un punto de vulnerabilidad. Pero eso era lo más complicado. Sin una emoción fuerte que dominara su ser, el dominio del tiempo y el alma no podría cumplirse en su totalidad.

—”No puedes bloquear esto para siempre, José.”—dijo Kira, su voz firme pero con un toque de frustración, sabiendo que la batalla sería difícil sin la respuesta emocional que necesitaba.

José levantó una ceja, como si estuviera disfrutando de cada segundo. Su rostro seguía sereno, la calma absoluta en sus ojos. Pero dentro de él, algo comenzaba a agitarse, una presión creciente.

—”Lo que no entiendes,”—dijo José, mientras sus manos comenzaban a moverse con sutileza, “es que el tiempo es solo una ilusión. Y las emociones… son solo otra forma de manipulación.”

Kira apretó los puños. Sabía lo que José estaba insinuando. El tiempo, el alma, las emociones… todo era un juego de percepciones, pero si no podía acceder a la verdad oculta en los sentimientos más profundos de su oponente, el dominio perdería su fuerza. En un movimiento de desesperación, ella concentró todo su poder, buscando un resquicio donde pudiera inducir lo que necesitaba.

—”Entonces, veremos si eres capaz de mantener esa calma.”—Kira dijo, y al mismo tiempo, intensificó el flujo de poder dentro del dominio, esperando que algo, algo mínimo, pudiera desencadenar la reacción necesaria para alterar el tiempo y afectar el alma de José.

Sin embargo, José, como si hubiera anticipado el movimiento, simplemente miró a Kira con una tranquilidad desconcertante.

—”Eso es lo que no entiendes.”—dijo mientras sus ojos brillaban con intensidad, como si estuviera empujando sus propios límites. “En este espacio, solo hay uno que controla las reglas, y no es ni el tiempo ni tus emociones. Es el mismo concepto de lucha, el concepto de resistencia.”

Kira sintió cómo la presión del dominio aumentaba. Las reglas que había confiado estaban desmoronándose. Cada segundo, el espacio y el tiempo se doblaban, y su conexión con las emociones de José se perdía. El flujo de energía que normalmente habría transformado el dominio del tiempo y el alma comenzaba a desmoronarse.

Kira se detuvo un momento, respirando profundamente. Algo dentro de ella se revolvió. Sabía que no podía simplemente depender de las emociones de su oponente para ganar. Era hora de cambiar su enfoque.

—”Entonces…”—dijo, con una sonrisa leve—, “si la calma no te afecta, quizás pueda ser algo más.”

La batalla continuaba, y las reglas del tiempo y el alma ya no eran claras. Ambos habían entrado en un terreno que ni ellos mismos comprendían completamente.

José observó cómo el dominio alrededor de él comenzaba a agrietarse. Un fuerte golpe proveniente del exterior había sacudido las estructuras que sostenían la realidad de su campo de batalla. No necesitaba ser un experto en manipulación del tiempo para darse cuenta de que el dominio no resistiría mucho más. Los cimientos de lo que Kira había creado comenzaban a colapsar bajo el impacto de algo que se estaba desmoronando rápidamente desde fuera.

Su mente se aceleró al instante. Sabía que no podía esperar mucho. La clave para ganar no era solo resistir, sino también atacar con precisión en el momento adecuado. Los minutos, segundos, e incluso fracciones de tiempo, ya no eran relevantes; lo que importaba ahora era aprovechar los 29 nanosegundos que quedaban. Ese pequeño lapso era todo lo que necesitaba para cambiar el curso de la batalla a su favor.

—”Esto se está acabando, Kira,” —dijo José, mirando alrededor mientras analizaba la deformación de la realidad que los rodeaba. El aire parecía vibrar, distorsionándose como si el espacio y el tiempo se retorcieran ante la presión de fuerzas más grandes que los propios límites de su poder.

Kira, viendo la misma amenaza, intentó ajustar su propio enfoque, tratando de mantener el dominio intacto el mayor tiempo posible. Pero las grietas eran evidentes, y podía sentir cómo la energía del dominio se evaporaba rápidamente.

José, aprovechando la inestabilidad del campo, extendió sus manos hacia los alrededores, sabiendo que cada movimiento debía ser preciso. Usó su habilidad para generar una onda de energía que repulsó todo lo que estaba cerca. Pedazos del dominio, fragmentos de la estructura misma, salieron disparados a través de la distorsionada barrera de tiempo y espacio.

—”Si voy a perder esto, no me llevarás conmigo.” —dijo Kira, su tono desbordante de rabia, pero también de resignación. Sabía que el poder de José no solo era vasto, sino que estaba construyendo algo más grande con cada segundo que pasaba.

José sentía que su tiempo se agotaba. La mutación de su dominio había comenzado, y con solo 29 nanosegundos antes de que el tiempo de Kira ganara, se centró por completo en ese único momento. Su enfoque fue tan preciso que podía sentir cada átomo del aire moverse a su alrededor, entendiendo cómo aprovechar la brecha entre los dos mundos para lanzar su último golpe.

El espacio que los rodeaba parecía comprimirse en un solo punto, y José, con una determinación implacable, invocó su poder en su forma más pura.

—”Tiempo eterno… no es solo un concepto, es una certeza.” —dijo en un susurro mientras toda la energía se concentraba en su palma. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, el golpe se materializó, lanzándose directamente hacia el centro del dominio de Kira.

Kira, viendo cómo el ataque se acercaba a una velocidad imparable, intentó resistir. Usó sus últimos recursos para redirigir la energía hacia un punto focal, pero la presión del ataque y la falta de tiempo para reaccionar con precisión fueron demasiado.

En un instante, la distorsionada esfera que contenía todo lo que el dominio había construido comenzó a desintegrarse. Los 29 nanosegundos que José había esperado llegaron a su fin, y el resultado era innegable. El dominio de Kira se desplomó mientras la energía de José lo absorbía todo.

La batalla, por fin, había llegado a su conclusión.

La atmósfera se tensó cuando Kira, sintiendo la presión de José, notó cómo el tiempo se detuvo por un instante. El poder de José había alcanzado su máxima expresión con un destello solar directo a su pecho, un golpe tan poderoso que Kira fue lanzada hacia atrás, sus fuerzas flaqueando momentáneamente bajo el impacto. La onda expansiva de energía resonó a través de todo el dominio, desgarrando el espacio y deformando la realidad.

Pero Kira no iba a rendirse tan fácilmente. En ese instante de vulnerabilidad, invocó rápidamente una técnica que la sacó del alcance de José. En un movimiento calculado y rápido, creó una extensión de energía que se materializó como un filo cortante, capaz de dividir a cualquiera en dos. José apenas pudo esquivar, sintiendo el filo cortante rozar su piel, un golpe que estuvo a punto de despedazarlo, pero logró evitarlo justo a tiempo, con la velocidad de un rayo.

Aunque el golpe no había sido mortal, la presión de la pelea lo había dejado exhausto. La distorsión del dominio de Kira comenzaba a deshacerse, colapsando lentamente. A medida que la energía fluctuaba, la tensión se volvía más palpable, las grietas en su dominio se expandían rápidamente.

José, aprovechando ese pequeño resquicio de oportunidad, volvió a reunir su poder. Sabía que necesitaba algo más, algo aún más decisivo. Cerró los ojos por un segundo y luego lo invocó: el mudra Marici. En un destello de determinación, colocó sus dedos en la posición del Tampak Depan, la energía concentrándose a su alrededor. Su dominio se estabilizó momentáneamente, pero sabía que la batalla no estaba ganada aún.

Kira, no dispuesta a dejar que José tuviera la última palabra, rápidamente recobró su compostura y también invocó el mudra Marici. Esta vez, sin embargo, utilizó el Tampak Samping, generando un dominio que brilló intensamente al ser activado. Los dos dominios se formaron en el aire, ambos poderosos, pero la energía de Kira parecía superar a la de José, por unos pocos segundos.

“Esto no terminará como tú crees, José.” —dijo Kira, su voz firme y llena de convicción mientras su poder comenzaba a desbordarse. La energía alrededor de ella aumentaba de forma masiva, y el dominio que había invocado rápidamente rodeaba su campo de batalla.

José observó cómo el dominio de Kira parecía cobrar fuerza, sobrepasando brevemente al suyo. Unos segundos. Solo unos segundos. Esa era la ventaja que Kira había ganado, y el tiempo en su dominio comenzaba a moverse con una velocidad vertiginosa.

A pesar de la desventaja temporal, José no iba a ceder. Su mente se aferró a la idea de que el control del tiempo no estaba completamente perdido. Kira había logrado tomar la delantera, pero la guerra aún no estaba ganada.

“No he terminado, Kira.” —dijo José, su voz cargada de desafío. Aunque su dominio había sido desplazado, no era suficiente para derrotarlo. Con un destello de luz en sus ojos, sabía que el siguiente movimiento sería el definitivo.

Dentro del dominio, el tiempo y el espacio se distorsionaban, como si estuvieran atrapados en un lugar donde las reglas del universo ya no se aplicaban. La atmósfera era densa, como si el aire estuviera comprimido por la tensión entre los dos combatientes. Kira y José, ahora sumidos en una batalla de voluntades, se enfrentaban en un espacio donde todo parecía posible, pero también peligroso.

Kira, con una sonrisa fría, observaba a José con una calma perturbadora. “Tu neutralidad no te llevará lejos, José. No entiendes el poder de las emociones. Solo aquellas que sienten… las que realmente sienten, pueden ganar.”

José, en cambio, mantenía su expresión inmutable, sus emociones completamente bajo control. Sabía que la clave de su victoria era no caer en las trampas de Kira, no dejar que sus emociones lo traicionaran. El poder de Kira dependía de la conexión emocional, pero él no tenía ni ira, ni tristeza, ni miedo. Solo tenía concentración y estrategia.

El dominio comenzó a pulular con la energía de ambos, pero la diferencia era clara: Kira se alimentaba de cada pequeño cambio emocional, cada leve fluctuación en el ambiente, mientras que José permanecía intocable, como una roca en medio de la tormenta.

“Te equivocas, Kira,” dijo José, mientras esquivaba un golpe que Kira intentó darle con un destello de energía pura, “No necesito emociones para ganar. Lo que necesito es tiempo.”

Kira, al ver que José no cedía, aumentó su presión. Con un movimiento rápido, extendió su mano, y el espacio a su alrededor se distorsionó en un campo de energía punzante. En su mente, las emociones se disparaban como ráfagas, intentando buscar una fisura en la defensa de José.

Pero José, con un esfuerzo titánico, logró mantener su serenidad. “Es solo cuestión de tiempo, Kira.” Mientras hablaba, la arena que los rodeaba comenzó a moverse, como si fuera controlada por algún poder invisible. Cada pedazo de la distorsionada realidad giraba alrededor de ellos.

Kira no podía entender cómo José seguía allí, sin moverse, sin reaccionar emocionalmente, sin sucumbir al caos que ella misma invocaba.

“¡No te quedes ahí parado!” gritó Kira, canalizando su poder en un estallido de pura energía emocional. La vibración de su grito se sintió en el aire, y por un momento, José sintió que el tiempo mismo se aceleraba. Cada segundo se hacía más pesado, y un susurro de dudas comenzó a infiltrarse en su mente.

Era en ese instante cuando José comprendió la verdad de la lucha: Kira no solo combatía con su poder físico, sino con la mente, con el alma misma de las personas, manipulando los sentimientos de quienes se atrevían a desafiarla.

“Solo un error…” pensó José, consciente de que la más mínima grieta en su autocontrol podría ser suficiente para que Kira ganara. Cualquier signo de duda, cualquier suspiro, y ella lo explotaría, lo devoraría emocionalmente. “No puedo permitirlo.”

Kira, al ver que su energía no surtía efecto inmediato, comenzó a crear distorsiones más profundas en el dominio, ampliando los límites del espacio. El campo de energía de Kira se intensificaba y comenzaba a cerrarse lentamente, como una trampa.

Pero José no reaccionó, solo observó cada movimiento de Kira con la calma de un estratega. Sabía que el tiempo jugaba a su favor. Mientras Kira se agotaba emocionalmente, él permanecía inmutable.

De repente, Kira comenzó a moverse con una velocidad desconcertante, apareciendo frente a José en un abrir y cerrar de ojos. Con una sonrisa cruel, lanzó un puño directo a su pecho.

“¡Esto es el fin!” exclamó, pero justo antes de que su golpe llegara, José levantó su mano con agilidad. “No es el fin, Kira.”

En ese preciso momento, su puño chocó contra la palma de José, pero él aprovechó la fuerza de la técnica de Kira y la desvió, haciéndola caer hacia atrás.

Con una fracción de segundo, José había aprovechado la oportunidad, canalizando su energía y usando la técnica de “Tiempo Eterno” para ralentizar su entorno. De nuevo, un dominio de silencio absoluto, donde Kira no pudo percibir nada.

Sin emociones, sin distracciones, y con una mente fría, José dio un golpe certero en el centro de la energía de Kira. El impacto fue suficiente para romper la estructura de su dominio, el cual comenzó a desmoronarse a su alrededor.

“Este es tu error, Kira,” dijo José, su voz tranquila y firme. “Pensaste que las emociones pueden controlar todo… pero en la verdadera batalla, solo la mente puede.”

José y Kira quedaron en el suelo, ambos respirando agitadamente, con rastros de sangre escurriendo de sus fosas nasales. El desgaste físico y mental que habían sufrido era evidente.

José, con una sonrisa algo burlona pero con una mirada pesada, se levantó con dificultad. “Te falló el cálculo en el tiempo de tu dominio,” dijo con tono calmado pero firme. “Hubieras hecho mejor… y quizás sobrevivías.”

Iba a realizar nuevamente el mudra Marici, preparando su técnica definitiva: Tiempo Eterno. Sin embargo, en cuanto su mente intentó ejecutar la habilidad, sintió un dolor punzante e insoportable en su cabeza. Una sensación fría recorrió su cuerpo cuando su visión se distorsionó y su pierna izquierda falló.

Un derrame cerebral.

El golpe mental y el desgaste extremo de la batalla finalmente le pasaban factura. Su cuerpo tembló levemente mientras caía de rodillas.

Kira, quien estaba a unos metros de distancia, observó la escena y comenzó a reír de manera cruel. “¡JAJAJA! ¡¿Ves lo que pasa cuando juegas con los límites de tu mente y cuerpo?! La burla en su tono era evidente. “¡Ese es el precio del desgaste físico y mental! ¡Tarde o temprano, hasta los más resistentes caen!”

Pero antes de que pudiera disfrutar su aparente victoria, Kira sintió un ardor intenso en su cabeza. Su visión se volvió borrosa y su oído comenzó a zumbar. De repente, su cuerpo se tambaleó y sus rodillas golpearon el suelo con fuerza.

Un segundo derrame cerebral.

El daño que había recibido en el dominio de José, la sobrecarga de emociones, el uso excesivo de su habilidad… todo había sumado. Su propio poder la había consumido.

José, a pesar del dolor que sentía, soltó una carcajada ronca mientras se limpiaba la sangre de la boca con el dorso de la mano. “Qué ironía, ¿no? Ambos queríamos lucirnos, pero ahora estamos igual de jodidos.”

Se giró levemente y miró hacia el cielo. Su respiración era entrecortada, su cuerpo estaba al borde del colapso, pero su mente todavía seguía en pie. Sabía que su esposa y amigos lo estaban viendo. “Tengo que lucirme un poco más…” murmuró para sí mismo, con una sonrisa temblorosa.

Ambos habían llevado sus habilidades al límite, y ahora el combate estaba en un punto donde no solo la fuerza decidiría el resultado, sino también quién podía mantenerse en pie por más tiempo.

José, a pesar del intenso dolor que recorría su cabeza, se lanzó al combate sin dudarlo. Con una velocidad abrumadora, apareció frente a Kira y le propinó un golpe directo al rostro.

¡BAM!

El impacto resonó en el aire mientras la cabeza de Kira se inclinaba violentamente hacia un lado. Por un instante, su mente se quedó en blanco, y un leve hilo de sangre brotó de la comisura de sus labios.

José sonrió con confianza, sus ojos llenos de determinación. “¿Qué pasó, Kira? ¿Ya no te ríes?”

Kira, en cambio, apretó los dientes con furia. Su mirada ardía de rabia pura.

Pero José no le dio tiempo para responder. Con una fuerza brutal, la tomó del rostro con su mano derecha y comenzó a arrastrarla a toda velocidad a través de la ciudad.

¡CRASH!

Los edificios a su paso estallaban en pedazos mientras Kira era arrastrada con violencia, rompiendo ventanas, muros y estructuras de concreto. La ciudad temblaba ante la brutalidad del combate.

Finalmente, tras atravesar varias cuadras con ella, José detuvo su avance y, con un giro feroz, lanzó el cuerpo de Kira con toda su fuerza.

¡BOOM!

Kira salió disparada como un proyectil, estrellándose contra un enorme edificio. La estructura no resistió el impacto y comenzó a colapsar, desmoronándose sobre ella en una nube de polvo y escombros.

José se quedó de pie, respirando agitado, observando la escena con una sonrisa desafiante. “Vamos, levántate… aún no hemos terminado.”

José se quedó de pie, observando la nube de polvo donde Kira había sido enterrada entre los escombros. Su respiración era agitada, su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero su espíritu seguía intacto. Cerró los ojos por un instante y pensó en todo lo que estaba en juego.

“Esto es por mi raza… la humana… y la Yadaratman.”

Su voz resonó con un tono profundo y solemne. Luego, con un rugido que sacudió el aire, elevó su poder al máximo.

La energía a su alrededor se volvió inestable, su aura explotó en un fuego morado que danzaba violentamente. Sus músculos se expandieron ligeramente, su piel brillaba con una tonalidad más intensa y su mirada ardía con una determinación inquebrantable.

La Ira Dansandankai… había evolucionado.

Ya no era solo una técnica, ni una habilidad temporal. Era un estado definitivo, potenciado por una conexión con la divinidad misma. La Ira Dansandankai Definitiva.

El suelo bajo sus pies se resquebrajó. El aire alrededor de su cuerpo vibraba como si la realidad misma se retorciera ante su nuevo poder. Su presencia se sentía como un fuego abrasador, un peso inmenso que aplastaba todo a su alrededor.

“¡KIRA!”—gritó con una voz que resonó como un trueno—”¡LEVÁNTATE Y SIGAMOS!”

Los escombros explotaron hacia los lados cuando Kira emergió de entre ellos. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero su risa siniestra seguía presente.

“¿Así que ahora eres un dios de la ira?”—se burló ella, limpiándose la sangre de los labios.

José no respondió con palabras. Su mirada lo decía todo.

Era hora de acabar con esto.

Kira sonrió con malicia al sentir cómo la ira de José ardía como un volcán en erupción.

“¿Lo sientes, José? Tu enojo, tu rabia… son míos ahora.”

Con un movimiento sutil de su mano, la energía de la emoción comenzó a fluir directamente hacia él, concentrándose en su brazo izquierdo.

José sintió un dolor punzante. Sus venas ardían, su piel se oscurecía y se retorcía de forma antinatural. Su brazo estaba cambiando.

“Mierda…” —susurró, entendiendo de inmediato el peligro.

Si Kira lograba controlar sus emociones, estaría perdido. No podía darse el lujo de perder el control.

Sin dudarlo, tomó su propia espada de energía y, con un solo movimiento certero, cortó su brazo izquierdo de raíz.

Un chorro de sangre explotó en el aire mientras el miembro caía al suelo, retorciéndose como si tuviera vida propia.

Kira abrió los ojos sorprendida. No esperaba que José fuera capaz de algo tan extremo.

Pero José no dudó. Inmediatamente reguló sus emociones, regresando a su estado neutral.

Su respiración se estabilizó, su expresión se volvió fría.

“No cometeré ese error otra vez.”

El muñón de su brazo empezó a emitir una luz intensa. Usando su energía, comenzó a regenerar la extremidad lentamente.

Kira apretó los dientes, frustrada.

“Tch… ¿Así que así de lejos estás dispuesto a llegar?”

José levantó su nueva mano, flexionándola como si nada hubiera pasado.

“No importa lo que intentes, Kira. Yo decido lo que siento… y yo decido cómo termina esto.”

Trapecio descendió como un meteoro, su cuerpo envuelto en una energía ardiente y resplandeciente. El Destello Nuclear acumulado en su puño brillaba con una intensidad cegadora, su objetivo era claro: la sien de Kira.

¡BOOM!

El impacto fue brutal. La onda expansiva sacudió el suelo, agrietando edificios cercanos. Kira salió disparada como una bala, atravesando varios escombros antes de estrellarse contra una estructura de concreto.

José observó la escena, su brazo aún regenerándose, y sonrió.

—Tardaste en llegar, Trapecio.

Trapecio aterrizó suavemente, su mirada afilada y llena de determinación.

—Estaba ocupado asegurándome de que Gaburieru Meguna no hiciera de las suyas.

A lo lejos, Palitogood, Amsel, Alpaca, Shyki, Fran, Asagi, Sungonkun, Chomosukez y Mariwiwi seguían combatiendo contra Gaburieru Meguna. El ser de las sombras esquivaba y contraatacaba con una precisión aterradora, pero los héroes seguían firmes, sincronizando sus ataques para acorralarlo.

Sin embargo, Gaburieru reía con malicia mientras extendía una sombra que oscureció el área alrededor de ellos.

—¿De verdad creen que un grupo de humanos podrá hacerme frente?

En ese momento, una explosión oscura estalló, lanzando a los héroes en diferentes direcciones.

De vuelta con José y Trapecio, Kira emergió de entre los escombros, su rostro ensangrentado y una expresión completamente enloquecida.

—¡JAJAJA! ¡ESO DOLIÓ, MALDITO!

Se limpió la sangre de la frente y su aura comenzó a distorsionarse.

—Supongo que ahora sí me pondré seria.

José y Trapecio se prepararon. La verdadera batalla apenas comenzaba.

La explosión nuclear envolvió a José en un resplandor cegador, enviándolo a toda velocidad a través de los cielos. Su cuerpo atravesó varios edificios antes de estrellarse contra una montaña de escombros, dejando un cráter profundo en el suelo.

Trapecio se quedó mirando a Kira con una expresión seria, su aura irradiando una presión abrumadora.

—Vaya, vaya… usaste energía nuclear. Eso no está nada mal.

Kira se limpió la sangre del labio con el dorso de la mano, su sonrisa llena de locura.

—¡Y eso no fue nada! ¡Puedo hacer explotar cada partícula de su ser si quiero!

Trapecio aplaudió de nuevo, pero esta vez su energía aumentó.

—Un gran hombre es aquel que entiende el límite de su poder… Pero dime, Kira, ¿puedes aguantar lo que está por venir?

En un instante, José emergió de los escombros, su cuerpo envuelto en fuego morado.

—No fue suficiente… —murmuró.

Sus heridas se regeneraron al instante, sus músculos se tensaron y su energía se desbordó con la Ira Dansandankai Definitiva.

—¡Esta vez, no me vas a mandar a volar tan fácil!

José desapareció en un parpadeo y reapareció frente a Kira con un golpe devastador al estómago, hundiendo su puño con una fuerza titánica. El impacto fue tan violento que el aire alrededor colapsó en una onda expansiva.

¡BOOOM!

Kira escupió sangre y su cuerpo se dobló por la fuerza del golpe. Trapecio aprovechó el momento y apareció a su lado, elevando su brazo hacia el cielo.

—Destello Nuclear Supremo.

Una esfera de energía nuclear gigantesca se formó sobre su palma, vibrando con un poder incontrolable.

José sostuvo a Kira para que no pudiera escapar.

—¡Trapecio, hazlo ahora!

El destino de Kira estaba sellado.

El cielo se iluminó con un resplandor cegador.

José y Trapecio, con sus energías en su punto máximo, lanzaron su ataque combinado.

—¡Blaster Solar Nuclear! —rugieron al unísono.

La fusión de sus poderes creó un rayo de energía colosal, una mezcla del fuego solar de José y la energía nuclear a presión de Trapecio. La explosión del ataque sacudió toda la ciudad, destruyendo edificios cercanos y desintegrando el suelo debajo de ellos.

Kira, aún debilitada por los golpes anteriores, abrió los ojos de par en par al ver la gigantesca ola de destrucción que se dirigía hacia ella.

—¡NO… IMPOSIBLE!

Intentó moverse, pero su cuerpo no reaccionó a tiempo.

El rayo impactó de lleno en su cuerpo, envolviéndola en una luz cegadora. Su grito de furia y desesperación resonó en el campo de batalla, mientras el ataque la consumía por completo.

BOOOOOOMMMMMM

La onda expansiva arrasó con todo a su alrededor, dejando un enorme cráter humeante en el suelo.

José respiraba con dificultad, aún en su forma de Ira Dansandankai Definitiva, mientras miraba el lugar donde Kira había desaparecido. No había rastros de ella.

Trapecio, con una mirada seria, bajó el brazo lentamente.

—Eso… debería ser suficiente.

José cerró los ojos por un segundo, sintiendo el viento caliente soplar contra su rostro. Luego, abrió una sonrisa confiada.

—Si sobrevive a eso… entonces sí que estamos jodidos.

Kira salió del humo lentamente, su cuerpo regenerándose a una velocidad absurda. La piel volvía a cubrir sus músculos, los huesos se reacomodaban y, en cuestión de segundos, estaba completamente intacta.

Con una sonrisa burlona, dio un paso adelante, sin importarle que su ropa hubiera sido destruida por el impacto del Blaster Solar Nuclear.

José la miró, suspiró con resignación y desvió la mirada.

—Por el bien de los dos, tápate.

Trapecio también cruzó los brazos y asintió con una expresión seria.

—No queremos que esta pelea se vuelva incómoda… para nadie.

Kira miró su propio cuerpo y, en lugar de avergonzarse, soltó una carcajada.

—¿De verdad les importa eso en plena batalla? ¡Son un par de idiotas!

Aun así, chasqueó los dedos y formó una especie de túnica hecha de energía para cubrirse.

—Listo. Ahora podemos seguir…

En un parpadeo, apareció frente a José y le estampó un puñetazo en el rostro, lanzándolo hacia atrás con una fuerza brutal.

—…sin distracciones.

Trapecio se movió como un rayo, golpeando a Kira en el estómago con una fuerza tremenda, haciendo que su cuerpo se arqueara por el impacto. Antes de que pudiera reaccionar, José apareció al otro lado y le lanzó un puñetazo directo al rostro, torciendo su cuello violentamente.

Kira chilló de furia, pero no tuvo tiempo de contraatacar. Trapecio y José la rodearon, moviéndose a una velocidad increíble, golpeándola desde diferentes ángulos.

—¡Vamos, Kira! —gritó José con una sonrisa confiada—. ¿No decías que éramos unos idiotas?

Trapecio giró sobre sí mismo y le clavó un rodillazo en el pecho, haciendo que escupiera saliva.

—Eso es por meterte con nosotros.

José se impulsó en el aire y le cayó con un codazo en la sien, hundiéndola en el suelo con un estruendo ensordecedor.

El suelo se resquebrajó bajo el impacto.

Pero antes de que pudieran celebrar, una onda de energía oscura explotó desde el cuerpo de Kira, obligándolos a retroceder.

Cuando el polvo se disipó, Kira se levantó lentamente, con la cabeza baja, respirando pesadamente… y sonriendo.

—No está mal… —dijo, relamiéndose los labios—. Pero ahora… me toca a mí.

En un abrir y cerrar de ojos, desapareció de su lugar y se lanzó contra ellos con una velocidad monstruosa.

Kira se estremeció de placer en medio del campo de batalla, su cuerpo temblando con una emoción distorsionada.

—Esto… esto es increíble —susurró con una sonrisa retorcida—. ¡Quiero más!

José y Trapecio se quedaron en silencio por un momento, mirándola con expresiones de asco.

—Hermano… esto es demasiado raro incluso para mí —murmuró Trapecio, tomando distancia.

—Sí, esto dejó de ser una pelea normal hace rato —respondió José, frunciendo el ceño—. ¿De verdad le excita el combate?

Kira se relamió los labios y flexionó los dedos, lista para seguir peleando.

—No se detengan ahora… ¡quiero sentir más!

—…Voy a vomitar —dijo José, sacudiendo la cabeza—.

Pero antes de que pudieran hacer más comentarios, Kira desapareció y reapareció frente a ellos con una mirada llena de desenfreno, lanzándose de nuevo al combate.

Trapecio observó en silencio mientras Kira tocaba y besaba a José, claramente incomodado por la situación. Su rostro reflejaba un malestar palpable, y aunque intentó ignorarlo al principio, la escena era demasiado para él. El contacto no deseado de Kira lo había dejado con una sensación de repulsión, pero más que todo, con una fuerte incomodidad al ver cómo José, sin moverse, parecía permitirlo.

José no reaccionó inmediatamente, lo que incrementó aún más la incomodidad de Trapecio. José, sin embargo, estaba más bien distraído, sintiendo una mezcla de emociones encontradas mientras Kira, con un deseo evidente por el combate, continuaba tocando su cuerpo de manera excesiva y provocativa. Trapecio, sintiendo el ambiente cargado y extraño, intentó mantener la compostura, pero no pudo evitar mirar hacia otro lado, claramente avergonzado por la situación.

Finalmente, Kira no solo tocaba a José, sino que también le dio un beso en los labios, una acción que hizo que Trapecio frunciera el ceño, aún más disgustado. La situación no dejaba de incomodarlo, hasta que, de repente, una figura apareció en el horizonte: Melisa, la esposa de José.

Al ver la escena, Melisa dejó escapar un grito cargado de furia y, sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia Kira con la velocidad de un rayo. Kira, sorprendida y aún sin poder reaccionar, fue golpeada con una fuerza devastadora que la hizo volar a través de los edificios cercanos.

Trapecio, aún procesando lo ocurrido, vio cómo Melisa aterrizaba con una mirada feroz hacia Kira. La tensión en el aire era evidente, y el ambiente se tornó denso con la furia de Melisa defendiendo a su esposo. Kira, aún recuperándose del golpe, intentó volver a levantarse, pero la tensión entre las dos mujeres crecía con cada segundo.

Kira, que antes se mostraba confiada y provocadora, ahora parecía más cautelosa. Sin embargo, su sonrisa burlona nunca desapareció del todo. A pesar de la furia de Melisa, Kira seguía sintiendo una extraña satisfacción por la forma en que José había reaccionado ante ella. Sin embargo, el resentimiento de Melisa no se disimulaba, y su próxima acción dejaría claro que no permitiría que Kira volviera a acercarse a su esposo.

La tensión en el aire se hacía palpable. Había una evidente confrontación inminente, y la atmósfera estaba cargada de emociones, de furia, de celos, y de una lucha por el control. Trapecio, aún incómodo y en un estado de ánimo sombrío, esperaba ver cómo se desarrollaba la situación mientras se preparaba para intervenir si era necesario.

Melisa respiró profundamente, tomando una postura neutral mientras observaba a Kira, que aún se encontraba en el suelo tras el golpe. Sus emociones, que antes estaban a punto de desbordarse, empezaron a calmarse al darse cuenta de que podía perder el control. En un instante, se dio cuenta de que su ira la había llevado al borde de cometer un error grave, uno que podría ponerla en una situación aún más difícil con José y con Kira.

La mirada de Melisa se suavizó, aunque su determinación seguía siendo firme. Se giró ligeramente hacia José, observando su rostro con una mezcla de confusión y comprensión, sabiendo que este incidente podría tener repercusiones más allá de la pelea en curso.

Kira, viendo cómo Melisa había pasado de una furia total a una calma inesperada, se levantó lentamente, su sonrisa de antes desapareciendo por un momento. Sabía que ahora las reglas del juego habían cambiado. La tensión en el aire era aún palpable, pero la batalla emocional interna de Melisa era clara: no quería perder el control.

Trapecio, observando a Melisa, también notó el cambio. La furia que había visto antes en ella había dado paso a una calma calculada, como si hubiera hecho una pausa para reflexionar sobre sus próximos pasos. La situación había evolucionado, y ahora, tanto Kira como Melisa estaban en un delicado equilibrio emocional.

Melisa miró a Kira y dijo, con una calma tensa:

“No permitiré que esto se convierta en algo más grande de lo que ya es. Esta no es la forma de resolver las cosas.”

Kira, ligeramente sorprendida por la serenidad de Melisa, asintió con una mirada desafiante, pero sin hacer ningún movimiento agresivo. El choque de emociones estaba latente en el aire, y el escenario ahora era mucho más peligroso de lo que había sido al principio.

Trapecio, por su parte, observó en silencio. Mientras todos parecían tomar una pausa, José sentía la carga de lo que acababa de suceder. Sabía que debía aclarar las cosas antes de que cualquier otra complicación se presentara. Melisa, ahora en un estado emocional más estable, había demostrado una gran fuerza al controlar su furia, y eso solo le daba más respeto.

La tensión seguía flotando entre los tres, pero por ahora, todos parecían estar conscientes de que un movimiento imprudente podría desatar algo aún más grande. Kira, ahora de pie, observó a todos con una mirada profunda, comprendiendo que esta batalla de emociones había pasado a un terreno mucho más peligroso.

La batalla continuó con rapidez. José, Melisa y Trapecio se lanzaron al ataque contra Kira, cada uno con una estrategia diferente, pero unidos por un mismo objetivo: derrotarla. La energía en el aire era palpable, la tensión de las emociones cruzadas marcaba cada uno de los movimientos.

José, con su Blaster Solar, elevó su poder rápidamente, liberando un torrente de energía de luz solar comprimida. Trapecio, con su estilo de combate ágil y letal, aprovechó la oportunidad para moverse a gran velocidad y atacar a Kira con una serie de golpes rápidos, buscando desgastarla. Mientras tanto, Melisa, quien había recuperado su compostura, usó su técnica de combate, un equilibrio entre fuerza y velocidad, enfocándose en golpear a Kira donde más pudiera dañarla sin perder el control de sus emociones.

Kira, sin embargo, no era una oponente fácil. A pesar de las tensiones que había creado antes, parecía tener una habilidad innata para adaptarse a los cambios rápidos del combate. Usó su habilidad de manipulación emocional para intensificar la ira de sus oponentes, creando confusión y distracción. Mientras los tres se mantenían concentrados en el ataque, Kira sonrió con malicia, sabiendo que su poder sobre las emociones de los demás podría ser su ventaja definitiva.

Trapecio, al sentir la influencia de sus emociones, tuvo que hacer un esfuerzo monumental para mantener su mente clara y no ser arrastrado por el enojo. Pero su paciencia comenzó a agotarse, y vio cómo sus ataques se volvían más impulsivos. Aun así, su determinación no flaqueó, y su golpe de energía nuclear impactó fuertemente contra Kira, haciéndola retroceder. Pero incluso esa poderosa ofensiva no fue suficiente para derribarla por completo.

José, al ver que Trapecio había logrado dañar a Kira, aprovechó el momento para desatar su Blaster Solar, disparando un rayo concentrado de energía a gran velocidad. Kira, sin embargo, utilizó su control sobre las emociones para desviar parcialmente el impacto, aunque la energía solar la golpeó con fuerza, dejando un rastro de quemaduras en su piel.

Melisa, moviéndose en perfecta sincronización con los otros dos, intentó cerrar el círculo y atrapar a Kira entre los tres, asegurándose de que no pudiera escapar. Pero Kira, aún con sus heridas, parecía tener una resistencia sobrenatural. Usó una explosión de energía emocional para crear una onda expansiva que los obligó a retroceder.

El campo de batalla se volvió un caos. Los tres combatientes estaban agotados, pero Kira parecía tener una reserva de energía infinita, alimentada por la emoción de la batalla misma. Con una risa sádica, se preparó para continuar su lucha, disfrutando cada momento del enfrentamiento.

Pero el cansancio se hacía notar, tanto en José como en Melisa. Trapecio, aunque aún con energías, sentía la presión del desgaste mental y físico. La tensión entre los tres combatientes y la habilidad de Kira para manipular la situación lo hacía aún más difícil.

El combate alcanzó su punto crítico, donde cada uno de ellos tendría que dar todo lo que tenía para salir victoriosos, sabiendo que cualquier error podría significar la derrota.

La situación se tornaba aún más tensa en el campo de batalla. Mientras tanto, Vane, Saúl, Joge, Félix, Rori, Allner, y Zeus Navara se levantaban con rapidez, decididos a no dejarse intimidar por Gaburieru Meguna. A pesar de los constantes ataques de este ser y la aparente invulnerabilidad de sus adaptaciones, la voluntad de los héroes era imparable. Lograron finalmente golpearlo, haciendo retroceder a Gaburieru por un momento, pero sabían que su victoria sería efímera si no se apresuraban a hacer más.

De repente, el aire se cargó con una sensación extraña, y todos observaron cómo Gaburieru Meguna invocaba algo aún más aterrador. No era simplemente otro de los seres que había creado antes; esta vez, estaba forjando su propio adaptador, algo mucho más peligroso. Un ser completamente nuevo surgió de la energía distorsionada, una criatura cuya presencia emanaba un poder insólito.

El nuevo ser, Eryx, emergió de la nada. Su cuerpo era escurridizo, con cuchillas afiladas en lugar de manos, y su presencia era aterradora. La energía oscura que emanaba de él parecía en perfecta armonía con el campo de batalla. Eryx no era simplemente un adaptador común; parecía poseer una inteligencia táctica que rivalizaba con las habilidades de Lucifer, uno de los más poderosos de los seres adaptados.

Vane, Saúl, Joge, Félix, Rori, Allner, y Zeus Navara no pudieron evitar quedarse paralizados por un momento ante la aparición de Eryx. Su poder era algo jamás presenciado antes: una criatura con cuchillas en sus extremidades y con la capacidad de adaptarse a cualquier situación con increíble rapidez.

Gaburieru Meguna, viendo el caos que había creado, observó a sus nuevos aliados con una sonrisa macabra. Sabía que ahora, con Eryx en el campo, los héroes tendrían muy pocas opciones para detenerlos. Eryx era una creación pensada para igualar la fuerza de Lucifer, un ser conocido por su habilidad de destrucción absoluta, y ahora, ese poder estaba a su disposición.

Zeus Navara, un hombre de voluntad férrea y siempre confiado en su habilidad para adaptarse a los desafíos más grandes, fue el primero en actuar. Concentró su energía para lanzar una poderosa descarga de rayos, tratando de desestabilizar a Eryx, pero las cuchillas de la criatura se movieron con tal rapidez que desvió el ataque casi al instante.

Saúl y Vane, sabiendo que no podían perder tiempo, se lanzaron al ataque, pero Eryx no era un enemigo fácil. Sus cuchillas cortaban el aire a una velocidad vertiginosa, creando un campo de batalla donde el más mínimo error podría costarles muy caro.

Joge y Félix se unieron para crear una barrera de energía, tratando de protegerse mientras Rori y Allner atacaban desde distintos ángulos, buscando vulnerabilidades. Sin embargo, Eryx parecía adaptarse y anticipar cada movimiento de sus oponentes. Cada golpe lanzado hacia él parecía ser evadido, o bien contrarrestado con una habilidad letal que sorprendía a los atacantes.

Gaburieru Meguna observaba el caos que se desarrollaba ante él, satisfecho con el resultado de su invocación. Sin embargo, no estaba dispuesto a dejar que su nuevo “juguete” se quedara con toda la gloria. Aumentó su poder, dando más fuerzas a Eryx y buscando alguna oportunidad para eliminar de una vez por todas a sus enemigos.

La batalla se volvía cada vez más intensa. Con Eryx en el campo, el poder de los héroes comenzaba a verse mermado. Sin embargo, no se rendirían. Sabían que tenían que encontrar una forma de detener al ser adaptado antes de que su poder se desbordara.

Era una carrera contra el tiempo, y cada uno de ellos tenía que decidir rápidamente cómo enfrentar a este nuevo enemigo, sabiendo que cualquier error podría ser fatal. El destino de la batalla parecía pender de un hilo, con cada movimiento jugando un papel crucial en la supervivencia del equipo.

La batalla se intensificaba a cada segundo. Gaburieru Meguna no estaba dispuesto a dejar que sus enemigos tuvieran ni un respiro. Con una risa siniestra, levantó su mano y canalizó una increíble cantidad de energía oscura que se transformó en un chorro de plasma malvado. El rayo de energía disparado a gran velocidad impactó directamente en el brazo de Félix, quien apenas pudo reaccionar.

El plasma hizo un corte profundo en su brazo, el cual estuvo a punto de cortarse por completo. El dolor fue inmediato, pero antes de que la herida fuera fatal, Vane reaccionó con rapidez. Con su velocidad y precisión, se lanzó hacia Félix, golpeando fuertemente a Gaburieru Meguna y desviando el chorro de plasma, evitando que el daño fuera aún mayor.

Vane, con su habilidad para maniobrar en medio del combate, aprovechó la distracción momentánea de Gaburieru Meguna para golpearlo con una serie de ataques poderosos, lo que lo lanza a varios metros de distancia, dándole un respiro a Félix.

Félix, claramente afectado por la herida, retrocedió rápidamente mientras intentaba mantener su brazo en su lugar, con la sangre manando de la herida. Aunque su resistencia era impresionante, la herida era grave. Con determinación, se apoyó en sus compañeros para no caer, sabiendo que no podía permitirse ceder.

“¡No te detengas, Félix! ¡Estamos contigo!” gritó Joge, al ver la situación. Rori y Allner se acercaron rápidamente para ofrecer apoyo, cubriendo a Félix mientras Zeus Navara empezaba a canalizar su energía para enviar un ataque más poderoso hacia Gaburieru Meguna, ahora desorientado por el golpe de Vane.

Gaburieru Meguna se levantó lentamente, visiblemente molesto por el golpe que acababa de recibir, pero no parecía dispuesto a retroceder. Su furia crecía mientras una aura oscura lo rodeaba, casi como si su poder fuera aumentado por su enojo. Eryx, el adaptador con cuchillas, seguía a su lado, esperando órdenes.

“Eso fue solo un golpe, pero la batalla está lejos de terminar,” dijo Gaburieru con voz fría. “Este juego acaba de comenzar.”

La tensión en el aire era palpable. La batalla contra Gaburieru Meguna y Eryx se había vuelto más peligrosa de lo que cualquiera de ellos podría haber anticipado. Vane y el resto de sus compañeros sabían que necesitarían toda su fuerza y estrategia para sobrevivir a lo que se avecinaba.

La batalla tomaba un giro inesperado. En el momento en que Gaburieru Meguna parecía haberse recuperado de la ofensiva de Vane, un nuevo grupo de combatientes hizo su aparición. Yukina, Enimen, Yumiku, Leth, y Rose llegaron con una velocidad impresionante, dejando una estela de energía a su paso. Sin previo aviso, todos se lanzaron al ataque con una sincronización perfecta.

Yukina, con su velocidad letal, fue la primera en golpear a Gaburieru Meguna, un golpe directo a la cabeza que hizo que su cabeza se moviera violentamente, dejándolo aturdido por un instante. El impacto resonó como un trueno, y antes de que pudiera reaccionar, Enimen apareció con un puñetazo certero en el estómago, que hizo que el aire se escapara de sus pulmones.

Yumiku, con su energía oscura, cargó un ataque devastador y lanzó un rayo concentrado hacia el torso de Gaburieru Meguna, justo cuando Leth y Rose atacaban desde diferentes direcciones, cada uno con una energía única. Leth utilizó su energía elemental para crear un vórtice de viento violento que desestabilizó al enemigo, mientras que Rose, con su control sobre la energía cósmica, envió un rayo de energía pura directo al corazón de Gaburieru Meguna.

En un momento de revelación, Gaburieru Meguna tuvo una visión fugaz. Un rostro le resultaba familiar, y al mirar a sus atacantes, recordó una figura. Victor. Era el joven que había visto en su visión, aquel con el que alguna vez tuvo un enfrentamiento. Esa conexión encendió algo dentro de él, pero fue demasiado tarde. El golpe simultáneo de todos los combatientes fue más que suficiente para hacerle frente.

El golpe conjunto desintegró el pecho de Gaburieru Meguna, y antes de que pudiera emitir una palabra, todos los presentes lanzaron un ataque final conjunto, una explosión masiva de energía devastadora que desintegró por completo su cuerpo.

El campo de batalla quedó en silencio por un momento, solo el eco de la explosión de poder retumbando en los alrededores. El desafiante Gaburieru Meguna ya no estaba.

La victoria fue un duro golpe para el equipo, pero sabían que esto no significaba el final. Aunque uno de sus mayores enemigos había caído, algo más oscuro y peligroso aún se cernía sobre ellos. Sin embargo, este fue un triunfo necesario, uno que les daba el respiro necesario para continuar su lucha.

Yukina se giró hacia los demás con una mirada decidida. “Esto no ha terminado, aún queda mucho por hacer.”

Y todos ellos sabían que las sombras aún se extendían más allá de esta victoria.

Kira, al ver cómo Gaburieru Meguna caía, notó algo extraño en su energía. El concepto de maldad que emanaba de él era algo que ella podía manipular y absorber. Con un movimiento rápido y calculado, extendió su mano hacia su enemigo caído. La maldad de Gaburieru y su energía corrupta comenzaron a fluir hacia Kira, alimentando su poder y transformando su esencia.

A medida que la energía oscura se fusionaba con la suya, Kira podía sentir cómo se fortalecía. No solo absorbió la maldad de Gaburieru, sino también algo mucho más peligroso: la habilidad de adaptación que poseía Eryx, el ser adaptable que Gaburieru había creado.

La transformación fue inmediata. Kira sintió cómo su poder se expandía, como si su cuerpo pudiera ahora adaptarse y cambiar en función de los ataques que recibiera, haciéndola mucho más peligrosa en combate. Sus ojos se volvieron de un rojo intenso mientras su aura oscura crecía, mostrando que ahora era mucho más poderosa que antes.

“Esto será divertido.” Kira sonrió con malicia, mirando a su alrededor con una renovada confianza. Ahora con las habilidades de Eryx, la capacidad de adaptarse y el poder de la maldad de Gaburieru, se sentía casi invencible.

La batalla se había vuelto aún más peligrosa. Con su nuevo poder, Kira ya no sería solo una amenaza emocional. Ahora podía cambiar, adaptarse y atacar con una intensidad desconocida. Pero, a su vez, todos en el campo sabían que esto solo significaba que la lucha por la supervivencia se había vuelto mucho más incierta.

Con su poder renovado, Kira avanzó rápidamente hacia José, Melisa, y Trapecio, los tres que todavía respiraban pesadamente después de la pelea anterior, ahora sabían que la verdadera amenaza había comenzado.

José, con rapidez, les dijo a todos que se alejaran. Sin embargo, Trapecio no lo hizo y se quedó donde estaba. Melisa, Vane, Saúl, Joge, Félix, Rori, Allner, Zeus Navara, Yukina, Enimen, Yumiku, Leth, Rose, Palitogood, Amsel, Alpaca, Shyki, Fran, Asagi, Sungonkun, Chomosukez, y Mariwiwi comenzaron a retirarse rápidamente a la distancia, siguiendo las órdenes de José.

José concentró toda su energía y comenzó a decir las palabras de poder: “Blaster solar azul maximizado”, su energía se disparó al máximo. Luego, con aún más fuerza, gritó: “¡Blaster solar rojo maximizado!” y las bolas de energía se unieron en una mezcla de luz y fuerza pura. “¡Blaster solar púrpura maximizado!” resonó en el aire, una energía destructiva que no dejaba nada a su paso.

En ese momento, Trapecio también se preparó. Con un movimiento rápido, comenzó a maximizar su propia energía, añadiendo átomos y energía nuclear, creando una explosión aún más potente. Los dos ataques combinados se lanzaron con una fuerza que parecía capaz de destruir todo a su alrededor. La explosión ocurrió de arriba hacia abajo, un rugido que retumbó en todo el territorio. La onda expansiva cubrió 599 km², arrasando con todo en su camino.

El lugar donde antes había sido un campo de batalla, ahora era un vacío absoluto. Todo se hundió bajo el poder de la explosión, mientras las fuerzas devastadoras alcanzaban su punto máximo. Cuando el polvo y la devastación finalmente se calmaron, Trapecio y José estaban heridos y apenas podían mantenerse en pie, pero seguían conscientes. La energía y el desgaste físico habían cobrado su precio.

En el centro de todo esto, Kira también se encontraba gravemente herida, su cuerpo marcado por la brutal fuerza del impacto, pero de alguna manera seguía de pie, resistiendo el dolor y la destrucción a su alrededor.

Kira, con rapidez, comenzó a regenerar su cuerpo, su poder de recuperación funcionando a toda marcha mientras se alejaba del epicentro de la explosión. Aunque estaba herida, su determinación no la abandonó. Con una última mirada, observó a José y Trapecio, quienes aún estaban recuperándose de la devastadora onda de energía.

“Al final de cuentas… nos veremos después”, dijo Kira con una sonrisa fría, casi desafiante, antes de desaparecer en la distancia, dejando atrás el caos y la destrucción que había provocado.

El sonido de sus palabras aún resonaba en el aire mientras se marchaba, dejando a los demás con la sensación de que su batalla no había terminado.

Fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo