History academy what if - Capítulo 22
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Capítulo 22: what if 16: Ellos no son buenos
Leonel observó el cielo rojizo del atardecer mientras las sombras de los rascacielos se alargaban sobre la ciudad. Margentina caminaba a su lado, sus botas resonando contra el pavimento metálico. La ciudad, un híbrido de naturaleza y tecnología, respiraba con la energía de miles de seres distintos. Humanos, androides, inteligencias artificiales con forma tangible y criaturas de planos metafísicos convivían en un frágil equilibrio.
Desde tiempos inmemoriales, se había hablado de poderes supremos, de fuerzas que cambiarían el destino de los habitantes de la Tierra. Sin embargo, en este mundo, solo la manipulación de la energía natural era posible. Algunos podían convocar fuego con un simple gesto, otros dominaban las corrientes de agua o el viento. Pero los humanos eran los más limitados en comparación con otras razas, que habían desarrollado formas más avanzadas de control sobre estos elementos.
—Siempre dicen que el equilibrio es lo más importante —dijo Leonel, cruzando los brazos mientras contemplaba el río que dividía la ciudad en dos.
—Porque es lo único que impide que nos destruyamos —respondió Margentina con un susurro. Su voz tenía un matiz de preocupación, una señal de que algo la inquietaba.
Desde hacía semanas, ciertos eventos habían comenzado a alterar la rutina de la ciudad. Los androides de servicio sufrían fallas inexplicables, los seres metafísicos desaparecían sin dejar rastro y, lo más inquietante, algunos individuos habían empezado a demostrar habilidades que iban más allá del control natural de los elementos.
Leonel y Margentina no eran héroes ni buscaban serlo, pero ambos sentían que había algo en el aire, una perturbación silenciosa que se deslizaba entre las calles de la metrópoli. No era solo paranoia. Las señales estaban ahí: susurros en los mercados, miradas esquivas de los comerciantes, las luces de los drones titilando con un patrón anómalo.
—Hay algo más detrás de todo esto —continuó Margentina—. He escuchado a los viejos hablar de tiempos en los que la energía natural no era el único poder disponible. ¿Y si…?
—¿Y si algo está despertando? —terminó Leonel por ella.
El silencio se extendió entre los dos. El río seguía su curso, indiferente a las preocupaciones humanas. Pero ellos sabían que la calma era solo una ilusión. Algo estaba a punto de cambiar, y cuando lo hiciera, ni la ciudad ni sus habitantes volverían a ser los mismos.
Leonel y Margentina recorrieron los archivos digitales de la Gran Biblioteca Central, donde se almacenaban conocimientos de todas las razas que habitaban la Tierra. Accedieron a registros antiguos, teorías descartadas, textos ocultos en la memoria de los androides más viejos. Sin embargo, no encontraron nada. Ningún dato sobre poderes distintos a la manipulación de la energía natural, ninguna mención de habilidades superiores o civilizaciones que hubieran trascendido sus limitaciones. Solo mitos, fragmentos de historias contadas en susurros por ancianos que habían visto el mundo cambiar demasiadas veces.
Las demás razas tampoco tenían respuestas. Los androides, con su vasto almacenamiento de datos, no poseían registros de anomalías recientes. Los seres metafísicos, cuya existencia misma desafiaba la lógica, solo respondían con enigmáticas frases que parecían rodear la verdad sin tocarla.
—Es como si esta información hubiera sido borrada —dijo Margentina, frustrada, cerrando de golpe una interfaz holográfica.
Leonel permaneció en silencio, observando la ciudad a través del ventanal de la biblioteca. En lo más profundo de la mente humana, siempre había existido el deseo de más. No bastaba con sobrevivir, con adaptarse; la humanidad siempre buscaba la grandeza, expandirse, superar sus propias barreras. Muchos habían soñado con una civilización avanzada que pudiera conquistar cualquier territorio, cualquier dimensión, que pudiera dominar no solo la Tierra, sino más allá.
—¿Y si no es que la información fue borrada? —preguntó de repente Leonel—. ¿Y si nunca debió existir?
Margentina lo miró, confundida.
—Explica.
—Tal vez… Tal vez hubo un punto en la historia en el que se decidió que la humanidad debía detenerse. Que no debía alcanzar cierto nivel de poder. ¿Y si alguien o algo se aseguró de que nunca lo hiciéramos?
Las palabras flotaron entre ellos como una amenaza latente. Margentina sintió un escalofrío. No era solo una teoría. Había algo inquietante en la idea de que su propia evolución pudiera haber sido detenida deliberadamente.
—Si es así, significa que alguien lo hizo con un propósito.
—Y que tal vez todavía estén vigilándonos —murmuró Leonel.
El silencio los envolvió. Afuera, la ciudad seguía con su incesante vida, pero para ellos, todo había cambiado. No se trataba solo de encontrar respuestas. Ahora, sabían que alguien se había encargado de ocultarlas. Y si querían descubrir la verdad, tendrían que estar dispuestos a enfrentarse a lo que fuera que las había enterrado en el olvido.
Desde las alturas, Victor y Nine Sharon observaban la ciudad con una calma que ocultaba su verdadera naturaleza. Sus cuerpos eran como los de los humanos, pero dentro de ellos ardía una fuerza ancestral, un poder que ningún ser de la Tierra había conocido jamás. Ellos eran Yadaratman, una raza antigua que había sido diseñada para conquistar, para someter, para existir por encima de todo. En esta línea de tiempo, en este mundo, no había héroes lo suficientemente fuertes para detenerlos.
Victor entrecerró los ojos, analizando la metrópoli bajo sus pies. Sus pupilas brillaban con un resplandor dorado, una señal de la energía que fluía en su interior.
—Nos están buscando —dijo, su voz sin emoción.
Nine Sharon sonrió, un gesto sutil pero cargado de significado.
—Déjalos buscar —respondió—. No encontrarán nada… hasta que sea demasiado tarde.
Ambos flotaban sobre la ciudad como sombras de un futuro inevitable. La humanidad siempre había soñado con la grandeza, con expandirse más allá de sus límites. Pero nunca entendieron que había algo más poderoso que la ambición: la voluntad de los verdaderos conquistadores.
Victor extendió una mano y, por un instante, la energía vibró en el aire a su alrededor. No era fuego, agua, viento ni electricidad. Era algo distinto, algo que ninguna raza de la Tierra podía controlar.
—Pronto —dijo Nine Sharon, su voz apenas un susurro en la noche—, recordarán lo que significa estar por debajo de alguien más.
Y con un simple pensamiento, desaparecieron en el aire, dejando tras de sí solo un vacío, una sensación de inquietud que se filtró en la ciudad como un presagio de lo que estaba por venir.
Victor miró a lo lejos, sus pensamientos sumidos en la indiferencia. Para él, los humanos eran predecibles, débiles y desesperados. No había duda de que si alguna vez descubrían la existencia del verdadero poder, harían lo que fuera para tomarlo, sin importar las consecuencias. La historia lo había demostrado una y otra vez: destruían lo que no entendían, consumían lo que no podían controlar y traicionaban hasta a los suyos por una migaja de superioridad.
Nine Sharon, a su lado, cruzó los brazos con aire pensativo. Ambos parecían jóvenes, sus rostros no reflejaban el peso del tiempo, pero sus almas habían vivido más de lo que cualquier mortal podría imaginar. Habían visto civilizaciones nacer y caer, habían presenciado cómo mundos enteros se destruían por la avaricia de seres que jamás debieron tener acceso a ciertos conocimientos.
—Si les damos una pista… —murmuró Nine Sharon con una sonrisa ladina—, la seguirán como perros hambrientos.
Victor asintió.
—Los humanos necesitan aprender, pero no con verdades. No lo entenderían. Solo a través de mentiras y falsas esperanzas podrán ver lo que realmente son.
—Y cuando lleguen al final del camino… —Nine Sharon lo miró de reojo, con la emoción contenida de un estratega disfrutando de su propio juego—, solo encontrarán el vacío.
Victor cerró los ojos por un instante, sintiendo la energía fluir en su interior. Una fuerza que la humanidad jamás podría alcanzar. No les daría nada. Ni un fragmento de su poder, ni una oportunidad de evolucionar más allá de su naturaleza egoísta. Solo les mostraría lo que querían ver, lo que anhelaban… y luego se los arrebataría, dejándolos con el peso de su propia desesperación.
—Que sigan buscando —dijo al fin—. Cuanto más crean acercarse a la verdad, más profundo será el abismo en el que caerán.
Y con una risa casi imperceptible, Victor y Nine Sharon se desvanecieron en la noche, dejando solo la sombra de su presencia como un eco en el viento.
Victor y Nine Sharon se instalaron en un lujoso hotel en el corazón de la ciudad. A simple vista, eran solo dos jóvenes extranjeros con porte distinguido, pero su sola presencia alteraba el ambiente. No necesitaban hacer nada; la energía que fluía en ellos, aunque mínima, era suficiente para atraer miradas y despertar un magnetismo inexplicable en quienes los rodeaban.
Mientras esperaban en el vestíbulo, una leve chispa de poder escapó de Victor, apenas un destello imperceptible para la mayoría… pero no para las mujeres que estaban cerca. Algunas voltearon de inmediato, otras sintieron un escalofrío recorrerles la piel, un instinto primitivo que les indicaba que aquellos dos no eran normales.
Nine Sharon notó las miradas y sonrió con burla.
—Parece que incluso cuando nos contenemos, seguimos siendo irresistibles.
Victor rodó los ojos, pero no negó la afirmación. Era natural. Los humanos, sin darse cuenta, reaccionaban a su presencia de una forma instintiva. No era solo atracción; era algo más profundo, como si el alma de cada persona sintiera la necesidad de acercarse a lo que no comprendía.
Algunas mujeres se les acercaron con excusas triviales, preguntando direcciones o fingiendo interés en la decoración del hotel. Otras simplemente observaban desde lejos, demasiado intimidadas para actuar.
—Son tan predecibles —murmuró Victor con desgano.
Nine Sharon se apoyó en el mostrador de recepción, divertido.
—Tal vez no sean dignos de nuestro poder… pero, al menos, saben admirarlo.
Victor suspiró. Sabía que Nine Sharon disfrutaba de este tipo de juegos, de ver hasta dónde llegaba la curiosidad humana antes de que se convirtiera en desesperación.
Mientras tanto, en algún lugar de la ciudad, la energía que habían liberado, por mínima que fuera, había comenzado a despertar algo más. No solo humanos atraídos por un instinto primario, sino seres que sabían lo que realmente significaba. Y ellos vendrían… no con admiración, sino con preguntas y, quizás, con intenciones más peligrosas.
Victor se mantuvo inmóvil, su expresión permanecía impasible mientras las manos de aquellas mujeres recorrían su cuerpo con descaro. No eran simples civiles, eso lo notó de inmediato. Sus movimientos eran demasiado calculados, sus miradas demasiado analíticas. Mujeres del gobierno, agentes encubiertas que fingían interés personal, pero en realidad buscaban algo más.
Nine Sharon, sentado en un sillón cercano, observaba la escena con una mezcla de burla y curiosidad.
—Vaya, parece que el gobierno también es víctima de su propio instinto —comentó con tono burlón.
Victor suspiró, con fastidio. No les importaban sus cuerpos, su atractivo o su presencia. Estaban buscando señales, intentando confirmar lo que ya sospechaban: que ellos no eran humanos. Que había algo más bajo su piel, algo que los hacía diferentes.
—Basta —dijo finalmente, con voz firme.
El tono fue suficiente para que las mujeres retrocedieran de inmediato, pero la chispa de deseo y ambición en sus ojos no desapareció. Una de ellas, la de cabello negro y uniforme ligeramente más elegante que las demás, sonrió con una seguridad inquietante.
—No todos los días llegan forasteros como ustedes a la ciudad —dijo, cruzándose de brazos—. ¿Por qué no colaboramos?
Victor la miró con frialdad.
—No tengo interés en juegos políticos.
—Oh, esto no es política —respondió ella—. Es supervivencia.
Nine Sharon se rió en voz baja, disfrutando la tensión en el aire.
—Déjame adivinar —intervino—. ¿Creen que tenemos algo que podría cambiar el destino de esta civilización? ¿Un poder que podría llevarlos a la cima?
La mujer mantuvo su sonrisa.
—Sabemos que ustedes no son comunes. Y en este mundo, cuando alguien así aparece, todos quieren una parte.
Victor se cruzó de brazos, perdiendo el poco interés que le quedaba.
—Los humanos siempre son iguales. Nunca buscan comprender, solo poseer.
Nine Sharon se levantó y se acercó a él, dándole una palmada en el hombro.
—Vamos, Victor. Nos estamos quedando sin tiempo.
Las mujeres del gobierno no hicieron nada para detenerlos. Sabían que era inútil. Pero en sus ojos quedó claro que aquello no terminaría allí. Habían sentido su presencia, habían confirmado sus sospechas. Y si no podían obtener lo que querían por las buenas… lo intentarían de otras maneras.
Victor sintió el impacto antes de verla. Zoe, con una velocidad inhumana para un simple humano, saltó sobre él y lo sujetó con fuerza, aferrándose como si su vida dependiera de ello. Sus brazos rodearon su cuello, sus piernas se apretaron contra su torso, y su rostro quedó enterrado en su hombro.
Nine Sharon arqueó una ceja, sorprendido.
—Bueno, esto es… inesperado.
Victor, sin embargo, no reaccionó de inmediato. Podía haberla apartado con un simple movimiento, podía haberla hecho caer con solo liberar una fracción de su energía, pero algo en la forma en que Zoe lo sujetaba le hizo detenerse. No era como las otras. No buscaba tocarlo por deseo, ni analizarlo como un experimento. Su agarre tenía una desesperación distinta.
—¿Quién eres? —preguntó, sin emoción en su voz.
Zoe respiraba agitadamente, pero no respondió. Parecía temblar, como si acabara de despertar de un sueño profundo o estuviera tratando de recordar algo que no debía.
Nine Sharon se cruzó de brazos, divertido.
—Victor, amigo, creo que tienes una admiradora un poco más intensa de lo normal.
Las mujeres del gobierno se quedaron inmóviles, observando la escena con incredulidad. No esperaban eso. Nadie lo esperaba.
Zoe finalmente levantó el rostro. Sus ojos brillaban con algo más que simple emoción. Era un reconocimiento.
—Tú… —susurró—. Te he visto antes.
Victor la miró con frialdad.
—Eso es imposible.
Zoe negó con la cabeza, sus dedos aferrándose aún más a su ropa.
—No lo entiendes… No es en esta vida. Pero te recuerdo.
Victor sintió un leve escalofrío. No porque creyera en sus palabras, sino porque algo en su tono, en su mirada, parecía genuino. Y eso, más que cualquier otra cosa, era peligroso.
Victor, con un movimiento seco y decidido, jaló a Zoe para apartarla de su cuerpo. No midió su fuerza. Zoe se aferró con todas sus fuerzas, como un gato desesperado, pero la diferencia de poder era abismal.
El sonido de la tela desgarrándose resonó en el vestíbulo del hotel. En un instante, la ropa de Zoe se deshizo en jirones, cayendo en pedazos al suelo. Su cuerpo quedó completamente expuesto ante las miradas atónitas de las agentes del gobierno, de Nine Sharon y de cualquiera que estuviera cerca.
Un silencio denso se apoderó del lugar.
Nine Sharon abrió los ojos con sorpresa y luego se cubrió la boca con una mano, conteniendo la risa.
—Vaya, Victor, creo que te has pasado un poco.
Zoe, en lugar de avergonzarse o cubrirse, permaneció de pie con la respiración agitada, sus ojos fijos en Victor. No había miedo en su expresión, ni vergüenza. Solo determinación.
Victor, por su parte, la observó con frialdad. No le importaba su desnudez, no sentía deseo ni incomodidad. Pero sí sentía otra cosa: incomprensión.
—¿Por qué te aferras a mí? —preguntó con tono neutro.
Zoe dio un paso adelante, con su cuerpo expuesto sin una pizca de timidez.
—Porque sé lo que eres —susurró—. Y sé lo que va a pasar.
Las agentes del gobierno finalmente reaccionaron, algunas apartando la mirada, otras sacándose los abrigos para cubrir a Zoe. Pero la atención de Victor seguía clavada en ella.
Nine Sharon, aún divertido por la escena, miró a su amigo con curiosidad.
—Bueno, Victor… parece que alguien recuerda más de lo que debería. ¿Qué piensas hacer ahora?
Victor no respondió de inmediato. Algo en Zoe lo inquietaba. Y aunque no quería admitirlo, sabía que este encuentro no era una simple coincidencia.
Zoe, con una rapidez sorprendente, se deslizó entre las ropas de Victor, tomando su brazo con una firmeza casi desesperada. Con movimientos fluidos, colocó su cuerpo cerca del suyo, ocultándose de la vista de las agentes del gobierno y de cualquiera que pudiera observar. El contacto inesperado hizo que Victor se tensara, pero no reaccionó, permaneciendo inmóvil mientras Zoe usaba su propia mano para cubrir sus partes íntimas.
Victor la miró en silencio, sus ojos fríos y calculadores, pero dentro de él había una ligera incomodidad que no podía evitar. No por el contacto en sí, sino porque algo en Zoe parecía fuera de lugar, algo que no comprendía.
—¿Qué estás haciendo? —dijo, su tono bajo pero lleno de autoridad.
Zoe no le contestó inmediatamente. En su lugar, respiró profundamente, su cuerpo aún pegado al de él, buscando refugio detrás de la presencia de Victor.
—Necesito que me escuches… —murmuró con voz temblorosa, pero decidida—. No puedo explicar todo ahora, pero tú eres la única respuesta.
Las mujeres del gobierno, aún en shock por lo que acababa de suceder, comenzaron a murmurar entre sí, aunque ninguna se atrevió a acercarse. La tensión era palpable. No sabían cómo reaccionar, no sabían si esto era parte de algún plan o si estaba fuera de control.
Nine Sharon observaba la escena sin inmutarse, pero sus ojos brillaban con la curiosidad de un espectador que disfrutaba de un juego del que no comprendía todas las reglas.
—Victor, ¿qué piensas hacer con esta situación? —preguntó con tono juguetón, como si estuviera disfrutando de la incomodidad del momento.
Victor, al fin, apartó la mirada de Zoe, fijándola en las agentes del gobierno, sus pensamientos claramente en otra parte. A pesar de todo, no podía ignorar la extraña sensación que emanaba de Zoe, algo que estaba más allá de su comprensión inmediata.
—Déjala ir —dijo, aunque sin mucha convicción, ya que aún no entendía qué estaba pasando.
Zoe, al escuchar sus palabras, finalmente se apartó de él, liberando su brazo. Su rostro estaba tenso, pero con una pequeña chispa de esperanza en los ojos.
—No te preocupes, no me iré aún. Necesito que entiendas lo que está en juego.
Victor la observó, sin dar una respuesta inmediata. Dentro de su mente, todo se estaba complicando más de lo esperado. Sabía que no podía seguir ignorando a Zoe ni a lo que representaba. Pero algo dentro de él también sabía que, si seguía metiéndose más en ese juego, las consecuencias serían mucho más grandes de lo que cualquier ser humano, o incluso él mismo, podría prever.
Victor, con la intención de hacer que Zoe se alejara, comenzó a decir palabras cargadas de provocación, intentando que su incomodidad la hiciera retroceder. Sin embargo, para su sorpresa, Zoe no cedió. En lugar de retroceder, su respuesta fue más directa y desafiante. Con un movimiento rápido y calculado, tomó la mano de Victor y la colocó cerca de su propia intimidad, desafiando cualquier intento de intimidación o manipulación.
Victor, siempre confiado en su control sobre las situaciones, se quedó estupefacto por un momento, su rostro sonrojado, algo que rara vez ocurría en su vasta experiencia. El impulso de incomodidad, una mezcla de sorpresa y vergüenza que no había sentido en mucho tiempo, lo atravesó como un rayo. Era una sensación extraña, que no lograba entender completamente. Por primera vez en mucho tiempo, la situación se le escapaba de las manos.
Zoe lo miró fijamente, sus ojos ahora reflejando una mezcla de desafío y algo más profundo, como si supiera exactamente cómo perturbar su equilibrio, cómo hacerle sentir algo que no había experimentado ni en sus años de existencia.
—No esperes que me aleje tan fácilmente —dijo Zoe en voz baja, con firmeza, casi como si leyera su mente.
Victor, aún sin poder salir del atónito estado de incomodidad, apartó la mirada rápidamente. Sabía que esta situación no solo estaba fuera de su control, sino que cada vez más se acercaba a algo que no podía manejar, algo que no debía dejar crecer. La combinación de poder, atracción y vulnerabilidad era algo que no había considerado en todo este tiempo.
—Suficiente —dijo con firmeza, tomando su mano y alejándola de su cuerpo, y con un paso rápido se separó de Zoe, su rostro aún parcialmente sonrojado.
A pesar de su esfuerzo por mantener la calma, sabía que esta interacción había sido algo mucho más complicado de lo que había anticipado. Zoe, aún parada frente a él, lo observó en silencio. Aunque su rostro no mostraba emoción, en sus ojos había una chispa de algo más. Algo que Victor no podía ignorar.
Victor, al ver que Zoe no se apartaba, sintió una mezcla de frustración y desconcierto. A pesar de todo lo que había dicho, de su intento de manipularla, ella persistía. Cuando dio un paso hacia atrás, Zoe, con una velocidad sorprendente, se lanzó nuevamente hacia él, esta vez rodeándolo con sus brazos y piernas. Sus muslos se apretaron alrededor de su cintura, y sus brazos lo rodearon por detrás, envolviéndolo con una fuerza inusitada.
Victor, quien había estado acostumbrado a mantener el control de cada situación, se detuvo. Esta vez, no solo la había subestimado, sino que algo en el comportamiento de Zoe le hizo entender que no podría deshacerse de ella con facilidad. Era como si ella estuviera jugando un juego en el que él no conocía todas las reglas.
Zoe no mostró ni miedo ni vergüenza, solo una intensidad en sus ojos que, para alguien como Victor, era incomprensible. El contacto cercano de su cuerpo, la presión de sus piernas y su abrazo firme, parecía más una declaración que un acto de sumisión.
—¿De verdad crees que puedes irte tan fácilmente? —susurró Zoe, con una calma perturbadora, mientras sus ojos se mantenían fijos en los de Victor.
Victor, ahora claramente desconcertado, se sintió atrapado, no solo físicamente sino también en una situación emocional que nunca había anticipado. Había aprendido a controlar a los demás con su poder, pero Zoe parecía no seguir las reglas que él había establecido en su mente.
Con un suspiro pesado, sintió que esta vez no podría simplemente imponer su voluntad. Por un momento, el juego de poder cambió. La forma en que Zoe lo mantenía tan cerca, sin temor ni titubeo, lo hizo reflexionar por un segundo más largo del que deseaba.
—Déjame ir —dijo en un tono más firme, pero también algo cansado, sabiendo que esta situación no tenía un camino fácil hacia la solución.
Zoe permaneció en silencio, aferrada a él, como si estuviera esperando algo más, como si estuviera segura de que él, eventualmente, no podría simplemente apartarla sin entender lo que realmente estaba en juego. Y aunque Victor intentó apartarse, algo dentro de él sabía que esta interacción no terminaría pronto.
Victor, con un suspiro largo y pesado, finalmente se dio por vencido. No podía seguir en ese hotel, no podía quedarse en un lugar donde las reglas ya no aplicaban, donde incluso su control se desmoronaba. Sin más palabras, comenzó a caminar hacia la salida, con Zoe aún sujeta a él, sus piernas alrededor de su cintura y sus brazos abrazándolo por detrás. No la había liberado, ni siquiera intentó hacerlo. Algo en su interior le decía que esta no era una batalla que pudiera ganar con facilidad.
Nine Sharon, siempre tranquilo y observador, caminó junto a él, sin prisa, disfrutando del caos y la tensión que se tejía a su alrededor. No parecía preocupado por la situación, ni siquiera por la cercanía de Zoe. Para él, todo era solo un espectáculo más, una curiosidad pasajera.
—No puedo decir que esto no sea interesante —comentó Nine Sharon, con una ligera sonrisa de diversión en sus labios. —Nunca pensé que vería a Victor en una situación como esta.
Victor, aunque no le dirigió la mirada, pudo sentir la burla en la voz de su amigo. No le importaba en ese momento. Lo único que importaba era que Zoe no lo dejaba en paz, y que algo más profundo, algo fuera de su entendimiento, lo mantenía cautivo en esta extraña conexión.
Zoe, por su parte, no decía nada. Seguía completamente unida a él, su cuerpo pegado al suyo, mientras caminaba por la calle. Cada paso que daba Victor parecía arrastrar una nueva capa de incomodidad, pero también de inevitable atracción. Había algo en Zoe, algo que lo desbordaba, y por más que intentaba ignorarlo, se volvía cada vez más difícil.
A medida que avanzaban por las calles, la gente los observaba, algunos curiosos, otros completamente ignorantes de la magnitud de la situación. Pero para Zoe, para Victor, y para Nine Sharon, las miradas de los transeúntes no importaban. Sabían que su encuentro apenas estaba comenzando. Había algo en este planeta, algo en esta ciudad, que los llamaba. Y aunque Victor trataba de negarlo, se daba cuenta de que Zoe, con su persistencia, quizás era la clave para entender lo que realmente estaba sucediendo.
—¿Y ahora qué? —preguntó Nine Sharon, finalmente dirigiendo una mirada curiosa a su amigo.
Victor, aún caminando con Zoe a cuestas, pensó por un momento. No había respuesta clara. No había un camino evidente que seguir. Pero algo en el aire, algo en la forma en que las estrellas brillaban esa noche, le decía que el destino lo estaba empujando hacia algo mucho más grande de lo que había imaginado. Y por primera vez, no estaba seguro de si eso le agradaba o le aterraba.
Victor, algo frustrado por la insistencia de Zoe y su presencia que no dejaba de sentir, decidió poner un límite. Con una mano firme, la apartó un poco, de forma que no fuera agresiva, pero sí clara. Su intención era hacerle entender que, aunque estaba dispuesto a ayudarla o escucharla, no iba a tolerar que se pasara de los límites.
Zoe, al sentir su mano sobre ella, no reaccionó de la manera que Victor esperaba. En lugar de apartarse o mostrar incomodidad, su mirada se tornó aún más intensa, como si cada gesto de él solo la acercara más a lo que realmente quería entender. Ella no retrocedió, y sus ojos brillaron con una mezcla de desafío y algo más profundo, casi como si reconociera algo en Victor que otros no podían.
Victor, al ver la reacción de Zoe, respiró profundamente. No entendía lo que estaba pasando, pero estaba claro que no iba a ser una situación fácil de resolver. Zoe no se comportaba como cualquiera que simplemente pudiera ser apartada o ignorada. Había algo más en ella, una determinación que era casi tangible.
—Zoe, si quieres algo de mí, tendrás que aprender a respetar mis límites —dijo Victor, manteniendo la calma, aunque su paciencia comenzaba a agotarse.
Zoe no dijo nada, pero su mirada no dejó de ser fija en él. No era una mirada desafiante, sino más bien una de comprensión silenciosa. Algo en su interior le decía que este encuentro entre ellos no era algo que pudiera resolverse con palabras, sino que era parte de algo más grande que estaba por desvelarse.
Mientras tanto, Nine Sharon, quien había salido a conseguir algo de comida, regresó después de un rato, observando la escena con una ligera sonrisa. Él también percibía la tensión, pero no se metió en los asuntos de su amigo.
—¿Listos para continuar? —preguntó Nine Sharon, más para romper el silencio que por cualquier otra cosa.
Victor, sin perder de vista a Zoe, asintió ligeramente. Sabía que aún quedaba mucho por descubrir en esta situación. Algo que había comenzado de manera caótica podía ser la clave para comprender lo que realmente estaba sucediendo en este lugar y con las personas que los rodeaban.
Zoe, sin decir una palabra, no apartaba su mirada de Victor. Había algo en su postura, algo en la forma en que lo observaba, que era casi palpable. Sus ojos, intensos y cargados de un significado que Victor aún no comprendía por completo, revelaban más de lo que ella misma podría expresar verbalmente. La cercanía de sus cuerpos, su actitud persistente, todo en ella parecía transmitir algo más profundo, una necesidad no expresada con palabras, pero clara en su actitud.
Victor, a pesar de su habilidad para leer las situaciones, no podía descifrar completamente lo que Zoe quería de él. Pero lo que sí sabía era que esa tensión en el aire no era algo simple ni pasajero. Zoe no se apartaba, no se conformaba con lo que era evidente a simple vista. Su comportamiento sugería que había algo más, algo que estaba dispuesta a explorar, aunque sus palabras no lo dijeran abiertamente.
Victor, consciente de la creciente presión de la situación, frunció el ceño. No le gustaba sentirse vulnerable, especialmente cuando no podía entender completamente lo que sucedía. Pero algo en su interior también le decía que esta interacción no sería fácil de deshacer, que tal vez, en algún momento, tendría que enfrentarse a lo que realmente quería Zoe.
Nine Sharon alzó una ceja con diversión al escuchar la orden de Victor. Sabía que su amigo rara vez perdía la paciencia, y verle molesto solo hacía que la situación fuera aún más entretenida para él.
—Vaya, vaya… —dijo con una sonrisa burlona—. Parece que alguien quiere privacidad.
Victor lo fulminó con la mirada, sin ganas de seguir con sus comentarios.
—Lárgate, Nine Sharon.
Nine Sharon soltó una risa ligera, alzando las manos en señal de rendición.
—Está bien, está bien. No quiero interrumpir… lo que sea que estés planeando.
Sin más, Nine Sharon se alejó tranquilamente, aún con una sonrisa en los labios.
Victor suspiró, frotándose la sien, y luego miró a Zoe, quien seguía observándolo con esa intensidad que lo desconcertaba. Sin decir nada más, la tomó de la muñeca y la guió fuera de ahí.
Zoe no ofreció resistencia. Lo siguió en silencio, con una leve sonrisa en los labios, como si supiera que Victor estaba cayendo, poco a poco, en su red.
Victor, aún molesto y con una mezcla de frustración e incomprensión, la llevó a un hotel lujoso en el centro de la ciudad. No quería seguir lidiando con interrupciones ni con las miradas de extraños. Si Zoe no iba a dejarlo en paz, entonces al menos se aseguraría de que estuvieran en un lugar donde pudiera pensar sin distracciones.
Al llegar, se dirigió directamente a la recepción. Sin muchas palabras, pagó por la mejor suite disponible y llevó a Zoe con él hasta la habitación.
Al cerrar la puerta tras ellos, Victor la miró fijamente.
—Ahora dime de una vez qué es lo que realmente quieres —exigió, cruzándose de brazos.
Zoe inclinó la cabeza ligeramente, con una expresión enigmática. Sus ojos brillaban con una mezcla de picardía y algo más profundo, algo que Victor aún no lograba descifrar del todo.
—Tú ya lo sabes, Victor —susurró con una sonrisa misteriosa.
Victor sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que esta noche no iba a ser tan sencilla como pensaba.
Una vez a solas, Victor se acercó a Zoe y le besó los labios con pasión, despertando en ambos una atracción irresistible. La habitación se llenó de gemidos y susurros, mientras Victor y Zoe se entregaban al deseo y la pasión.
Mientras tanto, Nine Sharon se quedó en shock por lo que acababa de presenciar. Nunca en su vida había escuchado tantas cosas obscenas y explícitas, y se sentía abrumado por la intensidad de las emociones que lo invadían. Sin embargo, algo en su interior le decía que debía dejar que las cosas siguieran su curso, confiando en que todo saldría bien al final.
Pasaron las horas y la noche cayó sobre el hotel o lugar donde Victor estaba. Los gemidos y susurros continuaban resonando en la habitación, mientras el deseo y la pasión se apoderaban por completo de Victor y Zoe. Finalmente, exhaustos pero felices, se quedaron dormidos abrazados, sintiendo una paz y una conexión que nunca antes habían experimentado.
La luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas de la lujosa suite, iluminando el rostro de Victor. Parpadeó lentamente, sintiendo el peso de su propio cuerpo contra las sábanas de seda. Algo no estaba bien. Su piel estaba completamente expuesta al aire fresco de la habitación, y al girar la cabeza, su corazón dio un vuelco.
Zoe estaba a su lado, dormida, con su respiración tranquila y su cuerpo envuelto en las mismas sábanas que él. Victor sintió una oleada de confusión y un escalofrío recorrió su espalda. Su mente trató de reconstruir la noche anterior, pero no recordaba en qué momento había terminado así.
Antes de que pudiera reaccionar por completo, sintió una presencia.
Lentamente, dirigió su mirada hacia la ventana… y ahí estaba Nine Sharon, flotando en el aire con los brazos cruzados, su expresión llena de absoluta diversión.
—Buenos días, Romeo —dijo con una sonrisa burlona.
Victor sintió una mezcla de vergüenza y enojo. Se sentó rápidamente en la cama, jalando las sábanas para cubrirse, mientras miraba a Nine Sharon con furia.
—¡¿Qué demonios estás haciendo ahí?!
Nine Sharon se encogió de hombros, como si la escena fuera lo más natural del mundo.
—Pasaba por aquí y pensé en ver cómo estaba mi buen amigo… pero parece que has estado ocupado.
Victor apretó los dientes, sin encontrar palabras. Sabía que discutir con Nine Sharon solo le daría más material para sus burlas.
En ese momento, Zoe se removió entre las sábanas y abrió los ojos lentamente. Al ver a Victor alterado y a Nine Sharon en la ventana, simplemente sonrió con tranquilidad.
—Buenos días, Victor —murmuró con una voz serena, como si todo fuera perfectamente normal.
Victor se cubrió el rostro con una mano. Sabía que este día iba a ser muy largo.
Victor se vistió rápidamente, aún sintiendo la mirada burlona de Nine Sharon clavada en él. Cada movimiento que hacía, cada vez que abrochaba un botón o ajustaba su cinturón, sentía como si el peso de la noche anterior aún lo persiguiera.
Zoe, por su parte, se quedó recostada en la cama, observándolo con una expresión serena, como si todo lo que había sucedido estuviera perfectamente dentro de sus planes.
Cuando finalmente terminó de vestirse, Victor se acercó a la ventana donde Nine Sharon seguía flotando con una sonrisa divertida.
—Voy a acabar con estas personas —declaró Victor con frialdad, su mirada firme.
Nine Sharon dejó escapar una breve risa, no porque no lo tomara en serio, sino porque conocía a su amigo demasiado bien.
—¿Ah, sí? ¿Y cuál es el plan, genio? ¿Destruir todo porque te sientes superado? —preguntó con ironía, apoyando un codo en su rodilla mientras flotaba en el aire.
Victor no respondió de inmediato. Se cruzó de brazos, mirando hacia el horizonte por la ventana. Sabía que su enojo no lo estaba dejando pensar con claridad. Sabía que Nine Sharon tenía razón, al menos en parte. Pero lo que más le molestaba era que, en el fondo, también sabía que Zoe había alterado algo dentro de él.
—Si sigues con esa mentalidad, vas a arruinar todo más de lo que Zoe podría hacerlo —agregó Nine Sharon, esta vez con un tono más serio.
Victor cerró los ojos un momento, tratando de controlar su respiración. No quería aceptar que su amigo tenía razón, pero tampoco podía ignorarlo.
Zoe, desde la cama, se estiró perezosamente y habló con voz tranquila:
—¿Y si en vez de destruir, intentas comprender?
Victor giró la cabeza para mirarla, con el ceño fruncido.
—No tengo nada que comprender.
Zoe sonrió con esa expresión enigmática que tanto lo irritaba.
—Eso es lo que tú crees.
Victor sintió un escalofrío recorrer su espalda. No sabía si Zoe estaba jugando con él, pero lo que sí sabía era que nada en este lugar era tan simple como había querido creer.
¿Continuará…?
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