History academy what if - Capítulo 23
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23: what if 17: 7 esencias 23: what if 17: 7 esencias El suelo era cristalino, flotando en una dimensión suspendida entre la existencia y el concepto.
A lo lejos, Karla’k observaba con los brazos cruzados, mientras Jehová permanecía en silencio, irradiando una calma absoluta.
Los siete arcángeles rodeaban el campo, cada uno con su energía contenida, preparados para intervenir si era necesario.
Víctor respiraba con fuerza, su cuerpo sudoroso, marcado por pequeñas heridas superficiales.
Frente a él, se encontraba Nagatchi, un joven de cabello azulado y ojos dorados, envuelto en un aura que fluctuaba entre calma y agresividad.
Se habían conocido hace unas semanas, cuando Jehová los eligió a ambos para someterse a un entrenamiento celestial.
Desde entonces, habían desarrollado una camaradería basada en el respeto y la competencia.
—No vas a poder si no lo das todo, Víctor —provocó Nagatchi con una sonrisa desafiante—.
Este es el momento de probar cuánto aprendiste de Karla’k.
Víctor sonrió también, pero su mirada era seria.
—No pienso perder.
No hoy.
Ambos se lanzaron al ataque, desatando ráfagas de energía que sacudieron el plano entero.
Las alas de los arcángeles se desplegaron por reflejo, pero ninguno intervino.
Era parte del plan.
Nagatchi desapareció en una estela de luz y apareció detrás de Víctor, lanzando un golpe cargado de energía conceptual.
Pero Víctor giró su torso con agilidad, bloqueando con su antebrazo y contraatacando con una ráfaga de aura danzante.
El choque provocó una explosión silente, como si la realidad misma se replegara.
Karla’k sonrió de lado.
—Este chico… está empezando a dominar su potencial, aunque aún no lo sepa.
Jehová asintió.
—Solo necesita tiempo.
Y dolor.
Como todos los elegidos.
Tras horas de entrenamiento en el plano divino, el aire terrestre se sintió más denso, pero también más cálido.
Víctor y Nagatchi caminaron lado a lado por un bosque cercano a la academia, con la brisa moviendo las hojas como si susurraran los ecos de sus combates.
—Oye —dijo Nagatchi, estirándose con los brazos detrás de la cabeza—, cuando Jehová te lanza contra Karla’k sin previo aviso, empiezas a replantearte tus decisiones de vida.
Víctor soltó una leve risa.
—Créeme, lo hago todos los días.
Pero admito que fue útil.
Te moviste bien ahí.
Has mejorado.
Nagatchi sonrió con cierta picardía, pero no dijo nada más.
Ambos se sentaron en la hierba, viendo cómo el cielo comenzaba a teñirse de naranja.
Pero entonces… el aire se congeló.
Literalmente.
Una grieta en el espacio se abrió con violencia, y un portal de energía pura apareció justo frente a ellos.
Una figura femenina emergió lentamente: su cabello era azul profundo, largo como el mar sin fin.
Sus ojos, tan azules como el hielo eterno, brillaban con sabiduría y desafío.
Su presencia no era simplemente poderosa… era aplastante.
El suelo mismo retrocedía ante su energía.
Vestía una túnica blanca adornada con símbolos antiguos, y sus pasos eran silenciosos, como si el universo los aceptara sin resistencia.
—Llegué a este lugar —dijo con voz clara, melódica, pero firme—.
Hola, universo de Víctor.
Espero puedan debatir bien… Ambos guerreros se pusieron en guardia, aunque aún sin moverse.
Víctor entrecerró los ojos, observando cada gesto de la recién llegada.
—¿Quién eres?
—preguntó con tono sereno, pero firme.
La mujer sonrió ligeramente, inclinando la cabeza con elegancia.
—Me llaman Grimm.
Y he venido a este universo con un propósito claro: dar las 7 palabras más esenciales… aquellas que pueden cambiarlo todo.
La atmósfera se tensó.
Nagatchi frunció el ceño.
—¿Qué clase de palabras?
Grimm entrecerró los ojos con una calma enigmática.
—Palabras que revelan, rompen, sanan, destruyen, crean, renuevan… y despiertan.
Víctor se levantó por completo, cruzando los brazos.
—Entonces habla.
Porque aquí, cada palabra puede ser el inicio de una guerra… o el fin de una era.
El aire seguía estático, como si el tiempo mismo se negara a avanzar ante la presencia de Grimm.
Víctor no bajaba la guardia, mientras Nagatchi alternaba entre la desconfianza y la confusión.
Grimm, en cambio, parecía disfrutar cada segundo.
—¿Saben lo que les falta?
—dijo con una sonrisa burlona, alzando la barbilla con actitud desafiante—.
Lo que les falta, nenazas.
Nagatchi alzó una ceja, dando un paso al frente con los brazos semi abiertos.
—Hey, hey, no te pongas violenta… recién llegas y ya quieres insultar.
Grimm soltó una carcajada que resonó en el entorno, sin disimular nada.
Entonces, sin pena alguna, llevó una mano a su entrepierna, haciendo un gesto descarado y provocador.
—¿Violenta?
¡Violenta tengo la vagina, nene!
—exclamó con tono arrogante—.
¿Falta de respeto?
No, mi amor… esto es poder.
Poder crudo, directo.
Sin filtros.
El ambiente se cargó.
Ni Víctor ni Nagatchi estaban acostumbrados a alguien con tanta irreverencia y desparpajo.
Pero al mismo tiempo… había algo en ella.
Una verdad cruda detrás de su actitud.
Una fuerza que no necesitaba aprobación.
Víctor, sin inmutarse, simplemente observó.
—Tienes agallas.
Pero si vienes a darnos las siete palabras, que sea con propósito… no con teatro.
Grimm lo miró con intensidad, sus ojos centellando como dos estrellas azules.
—Oh, Víctor… el teatro es parte del mensaje.
Y créeme, lo que viene después de esto… no es para débiles.
Grimm caminaba en círculos, irritada.
Su energía se sacudía como relámpagos azules a su alrededor.
Chasqueó los dedos, haciendo flotar fragmentos de realidad como si fueran hojas de papel arrancadas de un guion.
—¡Maldita sea!
—gritó frustrada—.
¿¡Dónde quedó la esencia!?
¿¡La narrativa de esta novela!?
¡Botada a la basura!
Los personajes simples, planos, sin chispa.
¡Esto es un desastre literario!
Nagatchi parpadeó confundido, girando la cabeza hacia Víctor, quien ya observaba la escena con una mezcla de comprensión y resignación.
—Nagatchi… ya sé lo que pasa aquí —dijo Víctor en tono serio, como quien resuelve un gran misterio.
—¿Qué sucede, Víctor?
—preguntó Nagatchi, atento.
Víctor lo miró con gravedad, sin pestañear.
—Esa chica… está suplicando por pene.
Nagatchi abrió los ojos, aún más confundido.
—¿Pene?
¿Qué es “pene”, Víctor?
Víctor se giró hacia él, colocando una mano en su hombro como un maestro a su discípulo.
—Te mostraré lo que haremos.
Antes de que pudiera continuar, Grimm estalló nuevamente, alzando ambos brazos al cielo.
—¡Yo podría hacer una novela mejor!
¡Con mayor profundidad!
¡Tramas que realmente importen!
¡Personajes que no parezcan salidos de una pelea entre cereales y estereotipos!
Víctor bajó el cierre de su pantalón con firmeza, dejando salir su imponente pene.
No era solo una medida física, era una declaración de poder, un símbolo de quién llevaba el control en ese momento.
Grimm lo miraba, desafiante, pero él no estaba dispuesto a seguir con juegos ni reclamos.
—Ya me tienes cansado —dijo Víctor con voz grave y decidida—.
Basta de quejas de niña malcriada.
Hoy vas a recibir algo que no podrás olvidar.
Con su pene erecto y listo para la batalla, Victor se lanzó hacia Grimm con determinación en sus ojos.
Grimm, con sus ojos azules penetrantes y su cabello del mismo color ondeando al viento, se encontraba preparada para el enfrentamiento.
Pero antes de que pudiera reaccionar, Victor ya le había introducido su miembro en la boca, sorprendiéndola por completo.
A pesar de ser una villana poderosa y astuta, Grimm se vio momentáneamente desconcertada por el atrevido movimiento de Victor.
Sin embargo, en su interior, sabía que no podía dejarse vencer tan fácilmente.
Con un giro rápido, logró invertir la situación y comenzó a chupar el pene de Victor con una habilidad impresionante.
Pero Victor no se iba a dejar vencer tan fácilmente.
Con determinación, tomó el control de la situación una vez más y comenzó a penetrar a Grimm directamente en su vagina, rompiendo su pantalón en el proceso.
Grimm, a pesar de sus esfuerzos por resistirse, no pudo evitar sentir el placer que le provocaba la embestida de Victor.
El aire se cargó de electricidad mientras los dos luchaban en una batalla de deseo y dominación.
Los gemidos de Grimm se mezclaban con los gruñidos de placer de Victor, creando una sinfonía de pasión y lujuria que llenaba la habitación.
Finalmente, Victor alcanzó su clímax y eyaculó en Grimm, marcando su territorio y demostrando su dominio sobre ella.
Con un último empujón, se separó de ella y se levantó, mirándola con satisfacción en sus ojos.
Nagatchi observó, boquiabierto y con las cejas en la estratósfera, cómo Víctor terminaba su intenso encuentro con Grimm.
El ambiente aún vibraba con la energía residual, como si una tormenta cósmica acabara de desatarse en la habitación.
De pronto, el cuerpo de Víctor brilló intensamente.
Un aura incontenible lo envolvió.
Sus músculos se marcaron aún más, su presencia se volvió abrumadora, y su cabello se elevó con violencia sobrenatural.
En un estallido de poder, alcanzó la transformación: Omni-Yadaratman.
—¡¿Qué demonios fue eso?!
—gritó Nagatchi, retrocediendo con una mezcla de asombro y emoción.
Víctor respiró profundo, todavía encendido por la energía liberada y, alzando la mirada, dijo con tono solemne: —Gracias a Grimm…
he alcanzado un nuevo nivel.
Nagatchi tragó saliva, dio un paso adelante y exclamó: —¡Yo también quiero eso!
¡Quiero ser fuerte como tú!
¡Déjame intentarlo!
Víctor miró a Grimm, que estaba despatarrada sobre el suelo, jadeando como si hubiera corrido cinco guerras.
Señalándola con un gesto, dijo: —Ella está exhausta… todo ese poder la dejó vacía.
Pero Nagatchi, con determinación absurda y las hormonas por las nubes, colocó sus manos sobre ella y le transmitió su energía como si fuera una batería portátil de nivel dios.
—¡Listo!
¡Carga al 100%!
¡Round dos, Victor!
¡Hazme fuerte!
Grimm abrió los ojos de golpe, recuperada como si nada, y sonrió de lado con una mezcla entre amenaza y picardía.
—Prepárate, universo —murmuró ella—.
Que aún queda Grimm para rato.
Antes de que Grimm pudiera soltar palabra alguna, Nagatchi, con una mezcla de decisión absurda y una sonrisa traviesa, se adelantó.
Sin pedir permiso ni anunciarlo, hizo lo suyo: tomó posición frente a ella, y dejó que su intención hablara por él.
Grimm, aún atónita por la energía que recién había recuperado, abrió los ojos con sorpresa al notar la iniciativa del joven.
Víctor alzó una ceja.
—Bueno… parece que esto sí es un entrenamiento en equipo.
Sin previo aviso, Nagatchi sacó su miembro viril y lo colocó frente a la boca de Grimm, quien sintió una mezcla de miedo y excitación recorrer su cuerpo.
Sin embargo, la joven no pudo evitar sucumbir a la fuerza de Nagatchi, quien comenzó a empujar su pene dentro de la boca de Grimm con una fuerza desenfrenada.
Grimm, sorprendida por la situación, se vio superada por el deseo y la excitación que le provocaba el acto de sumisión.
Comenzó a chupar el pene de Nagatchi con ansias, con una intensidad que sorprendió incluso al mismo Nagatchi.
La joven se dejó llevar por el momento, entregándose por completo a los instintos que despertaba en ella la presencia de ese chico misterioso con el pelo morado.
La tensión en el ambiente aumentaba con cada movimiento, cada gemido, cada respiración entrecortada.
Nagatchi y Grimm se perdieron en un torbellino de pasión y deseo, sin importarles el mundo exterior ni las consecuencias de sus actos.
Ambos se entregaron por completo al momento, explorando juntos los límites de la lujuria y la sumisión.
Mientras Víctor disfrutaba de su nuevo y poderoso estado tras su extraño encuentro, desde el cielo varios destellos cruzaron el firmamento.
Eran José del futuro, su hijo; Nerumi, el buen amigo de Nagatchi; Trapecio y López, todos atraídos por la explosión de poder que acababa de emerger.
Aterrizaron cerca, con expresión seria… hasta que vieron la escena.
Trapecio fue el primero en romper el silencio, con su clásica irreverencia: —¿Pero qué mier…?
¿Víctor se transformó en un cabrón brillante con tinte?
¡No me jodas!
¿Se volvió glamoroso ahora o qué, se metió a diva galáctica?
López se cruzó de brazos, con una gota de sudor bajándole por la frente: —No es tinte, idiota.
Eso es energía… o eso quiero creer.
José del futuro, con una mezcla de vergüenza y orgullo, murmuró: —Ese… es mi padre.
Y Nerumi simplemente soltó una risa nerviosa: —No sé si estoy inspirado o traumado.
Trapecio se acercó aún más, inspeccionando el aura de Víctor como si estuviera viendo una obra de arte explosiva.
—Oye, campeón… ¿cómo carajos conseguiste ese poder?
No me digas que te cayó un rayo o te comiste una galaxia entera.
Víctor, aún brillando con intensidad, respondió con seriedad absoluta: —Fue un entrenamiento especial… muy especial, con Grimm.
José del futuro, frunciendo el ceño, se volvió hacia López y preguntó en voz baja: —¿Por qué mi papá le dice “entrenamiento” al sexo?
López, levantando una ceja confundido, le respondió con total inocencia: —¿Qué es sexo?
Hubo un silencio incómodo.
Trapecio se atragantó de la risa.
Nerumi simplemente dijo: —Ay, por los dioses… esto se va a descontrolar.
Nagatchi, con el cabello despeinado y una sonrisa de pura locura, se tambaleaba hacia atrás mientras un aura negra y felina lo envolvía por completo.
Sus orejas de gato se alzaron, su cola comenzó a moverse como látigo, y sus ojos brillaron con un resplandor siniestro.
—¡Lo logré!
—gritó elevando los brazos— ¡He alcanzado el nivel Black Cat!
¡Mitad humano, mitad gato, completamente…
sensual!
Trapecio retrocedió un paso.
—Hermano, ¿eso es sudor o lubricante lo que tienes en el cuello?
Nagatchi, con una risa maniaca, respondió: —Ambos.
Víctor, aún brillando con su aura colosal, frunció el ceño y señaló al grupo.
—¡Malditas nenazas!
¡Dejen de mirarme como si estuviera desnudo en una vitrina y vayan a liberar energía como hombres!
¡Busquen a Grimm y dense su propio “entrenamiento”!
Hubo un silencio sepulcral… hasta que Nerumi levantó la mano con toda la solemnidad de un caballero: —Bueno… ya escucharon a Víctor.
José del futuro tapó su cara.
—Por favor, que esto no lo vea mi mamá.
Uno a uno, López, José del futuro, Trapecio y Nerumi se fueron turnando para tener sexo con Grimm, explorando cada rincón de su cuerpo con ansias desenfrenadas.
Los gemidos de placer resonaban en el claro del bosque, mezclándose con el crepitar de la fogata y el susurro del viento entre los árboles.
Las horas pasaron volando, y cada uno de los amigos experimentó sensaciones nunca antes imaginadas.
Metieron sus penes en el ano, vagina y boca de Grimm, desatando un torbellino de pasión y lujuria que parecía no tener fin.
Finalmente, exhaustos y satisfechos, López, José del futuro, Trapecio y Nerumi eyacularon al unísono, dejando a Grimm llena de semen y literalmente cansada.
Se miraron entre sí, con una extraña mezcla de incredulidad y satisfacción en sus rostros.
Después del “entrenamiento especial”, el campo de batalla parecía más bien un campamento después de una guerra de almohadas con efectos secundarios sobrenaturales.
Algunos que intentaron unirse al entrenamiento…
simplemente no lo lograron.
Uno quedó atrapado en su propia ropa, otro se desmayó antes de empezar, y uno terminó hablando con una roca durante veinte minutos, creyendo que era Grimm.
Pero solo cuatro quedaron de pie… o medio de pie: Trapecio, José del futuro, Nerumi y López.
A pesar de las miradas vacías, los jadeos exagerados y el sudor cósmico, todos compartían una nueva energía.
Era como si se hubieran bañado en esteroides interdimensionales.
Trapecio levantó su puño envuelto en rayos y declaró: —¡Ahora sí soy un hombre!
Bueno, creo… ¿esto cuenta como rito de paso?
José del futuro, con su nuevo peinado flambeado por la energía, asentía con mirada seria.
—No sé si fue iluminación o trauma… pero siento que puedo destruir planetas… y también mis recuerdos.
Nerumi solo levantó el pulgar mientras temblaba.
López miró sus manos que brillaban de poder puro.
—Creo que entiendo lo que es el sexo ahora… Mientras los cuatro brillaban con su nuevo poder y trataban de entender si acababan de despertar una nueva forma o solo habían sobrevivido a una experiencia extraña…
Grimm yacía en el suelo, completamente inmóvil, como una estatua derrotada por su propio orgullo.
Su cabello azul estaba despeinado, su ropa hecha trizas y su mirada fija en el cielo, como si estuviera replanteándose todas sus decisiones de vida.
Respiraba con dificultad, pero aún tenía ese brillo arrogante en los ojos, aunque ya no pudiera mover ni un dedo.
Trapecio se acercó con cautela y preguntó: —¿Está viva?
López, agachándose con preocupación científica, tocó su cuello.
—Tiene pulso… pero parece que le pasaron encima siete trenes emocionales y uno físico.
José del futuro la miró confundido.
—¿Será que de verdad era su plan darnos este poder?
Nerumi cruzó los brazos, aún procesando su propio despertar.
—O capaz solo se rindió al ver lo imbéciles que somos… Grimm entonces, sin moverse, apenas murmuró: —Les… di la esencia… ¿o… me la robaron…?
Y luego se desmayó con dramatismo, como si estuviera en una obra de teatro.
Víctor, desde la distancia, gritó: —¡No la toquen más!
Ya hizo suficiente.
La esencia fue entregada… ¡o al menos eso queremos creer!
Los cuatro se miraron entre sí.
Nadie sabía qué había pasado exactamente.
¿Fue entrenamiento espiritual?
¿Un intercambio místico?
¿Una completa locura?
Tal vez nunca lo sabrían.
Pero lo único que sí era seguro… es que ahora eran más fuertes.
Y probablemente también necesitaban terapia.
Fin.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Victor_Jose_Perez Este ova ya sido realizado por mi y nagatchi gamer.
No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com