History academy what if - Capítulo 25
- Inicio
- History academy what if
- Capítulo 25 - Capítulo 25: what if 19: magisterio.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 25: what if 19: magisterio.
Centro comercial Káiser Omnium, mediodía. Enorme, brillante, repleto de tiendas que venden desde espadas de energía hasta ramen flotante. Una fuente canta en medio del patio de comida. En una mesa redonda junto a un ventanal, seis figuras contrastantes disfrutan un momento de paz.
Saku el ángel, se acomoda las alas blancas plegándolas con cuidado. Suspira como si llevara siglos sin sentarse.
— “¿Saben? A veces me pregunto si todo esto no es una trampa. Un lugar tan lleno de comida, color y gente… Parece diseñado para que olvides que el mundo allá afuera se está cayendo a pedazos.”
Shino Shrine, con el cabello desordenado y un vaso enorme de soda en la mano, le da una gran mordida a una hamburguesa de cinco pisos.
Habla con la boca llena, claro.
— “Saku, por el amor a la lógica, dejá de sonar como si estuviéramos en guerra constante. Hoy no hay clases, no hay misiones, y esta hamburguesa no se va a comer sola. Así que relájate, suelta tus alas y… disfruta.”
Kuki Kuik, bajita, con dos colas de zorro detrás de ella y unas gafas de sol ridículamente grandes, juega con una ensalada de fideos que brilla.
Murmura, apenas audible:
— “Estoy disfrutando… solo que… bueno, los fideos están vivos. Literalmente. Uno me susurró que me quiere poseer.”
Hoshi Tsuki suelta una risa musical, con una cajita de estrellas dulces que explotan en su boca como fuegos artificiales en miniatura.
— “¡Eso es lo que pasa cuando pides en el puesto ‘Interdimensional Degenerado’! Yo te dije que el ramen con tentáculos tenía mejores reseñas.”
Athena, elegante, cruzada de brazos, solo toma té mientras observa con desdén su plato de comida:
— “La próxima vez elijo yo el lugar. Nada de ‘comida que piensa por sí sola’. Lo último que quiero es pelear con mi almuerzo. No entrené siglos para ser vencida por un dumpling que me hable en griego antiguo.”
Nemi, la más callada, revuelve lentamente una sopa con chispas flotantes. De repente, alza la vista y habla sin ironía:
— “En mi dimensión, la comida se alimenta de ti. Esto es un lujo.”
Silencio total. Todos la miran.
Shino se atraganta.
— “¿Perdón? ¿Tu comida te come a ti?”
Nemi asiente, con una sonrisa muy tranquila.
— “Claro. Si eres débil, mereces desaparecer. Es una forma efectiva de selección.”
Kuki se aparta un poco su plato, disimuladamente.
Saku pone cara de tragedia divina:
— “Y yo creyendo que la lucha contra demonios era traumática.”
Hoshi se estira como si esto fuera lo más normal del mundo:
— “Bueno, si algún día la sopa de Nemi quiere matarnos, que lo intente. Por ahora, lo único que pienso hacer… es pedir postre.”
Saca una carta mágica, la lanza al aire y un menú flotante aparece frente a ellos.
Athena, suspira:
— “Si eso también canta, me voy.”
El aire olía a fresa sintética, aceite espacial y comida mágica. Shino Shrine tenía los brazos cruzados mientras observaba la mesa, apenas parpadeando. En serio… ¿cómo había terminado en ese grupo tan desquiciado?
A su izquierda, Saku con esa actitud de ángel mártir de novela dramática se acomodaba sus alas como si fueran una capa pesada de dolor existencial. Justo enfrente, Kuki peleaba con su ensalada que claramente tenía planes de dominación mundial. Hoshi reía como si fuera parte de un teatro cósmico, y Athena lucía lista para prenderle fuego al local por servirle algo con voluntad propia. Nemi… bueno, Nemi había dicho que en su dimensión la comida te devoraba si eras débil. Esa sola frase había provocado que Shino tragara saliva por instinto.
Se acomodó la chaqueta negra que llevaba abierta, con su clásico top ajustado y pantalones deportivos desgastados. Su estilo era rebelde, pero ahora mismo se sentía como una espectadora en el circo de los absurdos.
— “¿Soy la única cuerda aquí? ¿O esto de estar sentados, comiendo con gente que ha matado dioses, vencido maldiciones y tiene comida con alma, se volvió normal y yo no lo sabía?”
La frase salió de sus labios casi sin pensar, su tono entre sarcástico y agotado. Nadie respondió al instante. Todos estaban demasiado ocupados lidiando con su almuerzo animado.
Athena finalmente levantó la vista, soltando un suspiro dramático mientras empujaba el plato lejos de sí.
— “Normal… no sé si eso exista para nosotros. Yo creí que era una guerrera bendecida por la sabiduría celestial, no una víctima de cocina experimental con conciencia propia. ¿Sabes lo humillante que es que mi arroz me insultara?”
Hoshi rió, lanzando una estrella de azúcar al aire y atrapándola con la lengua.
— “¡Tal vez era una crítica constructiva, Atena-chan! A lo mejor tu energía divina no combina con el picante interdimensional.”
— “Cállate, Hoshi.” —dijo Athena sin siquiera mirarla, al tiempo que se recostaba hacia atrás con fastidio.
Kuki finalmente atrapó su fideo principal con dos palillos brillantes y lo levantó en el aire. El fideo, inexplicablemente, lloró.
— “…Creo que lo decepcioné.”
Shino alzó una ceja.
— “¿Te lo vas a comer igual?”
— “No. Lo voy a adoptar. Se llama Wiggly.”
Saku se echó hacia adelante, serio como si fueran a firmar un tratado de paz celestial.
— “Kuki, estás adoptando un ente hecho de fécula inteligente. Eso no tiene sentido, incluso para ti.”
— “¿Y tú no ves sentido en buscar profundidad filosófica en cada maldito taco que comemos?”
El silencio se apoderó de la mesa unos segundos.
Nemi, sin levantar la vista de su sopa cósmica, habló con calma:
— “Hay cosas peores que la locura… por ejemplo, tener razón en un mundo donde todos están equivocados.”
Shino bajó la cabeza, rascándose la frente mientras intentaba procesar todo.
— “Yo solo quería un maldito combo de arroz con pollo…”
— “¿Y qué te dieron?” —preguntó Saku, curioso.
— “Una caja que me preguntó si creía en el libre albedrío y luego se cerró sola. No me dio nada.”
— “¿La de la esquina?” —dijo Hoshi— “¡Esa es la de ‘comida con juicio ético’! Tenías que responderle bien…”
— “¡Era una caja!” —gritó Shino, por primera vez levantando la voz, mientras todos en la mesa rompían a reír.
A pesar de todo, en medio de lo absurdo, de lo caótico, del sinsentido… Shino Shrine sonrió.
Quizás no era normal. Quizás nunca lo sería. Pero por ahora… estaba bien.
Desde uno de los balcones superiores del centro comercial, Lumi observaba. La luz neón rozaba su rostro pálido, dejando ver solo una parte de su sonrisa torcida. Sus ojos entrecerrados, carmesí como el veneno refinado, se centraban en ese grupo… esos chicos del Magisterio.
Se veían relajados. Riendo. Comiendo. Descuidando su entorno.
Perfecto.
— “Pueden fingir ser adolescentes comunes… pero yo sé lo que son.” —murmuró en voz baja, sus palabras apenas audibles mientras sus dedos jugaban con un pequeño cristal negro que giraba sobre sí mismo.
Los observó más de cerca: Shino Shrine hablando con fastidio, Kuki peleando con un fideo sensible, Athena lanzando miradas que podrían congelar soles, Hoshi jugando con chispas dulces, Saku con la mirada melancólica de siempre, y Nemi… bueno, Nemi parecía escuchar cosas que nadie más oía.
Y entonces… alguien apareció entre la multitud.
Dan fue la primera en destacar. Su vestimenta, oscura, larga y firme, confundía a muchos. La mayoría pensaba que era un chico, y ella no lo corregía. Le gustaba el malentendido. Caminaba con las manos en los bolsillos, postura relajada, pero sus ojos dorados se mantenían alertas. A su lado, Angelly, cabello plateado y mirada tierna, saludaba con la mano mientras avanzaba despreocupadamente. Detrás de ellas, Lean, serio, alto y con ese paso callado que sólo los observadores tienen, y Ness, que en cuanto vio a Shino, corrió sin decir nada.
— “¡Shino!”
Shino alzó la cabeza justo a tiempo para recibir el abrazo de Ness, quien casi la tira de la silla. Ambas rieron fuerte, dejando que ese momento les perteneciera.
— “Ya era hora de que aparecieras. Estás más perdida que Kuki en una clase de hechizos.”
— “Estaba entrenando con Lean. Casi me parte el alma con una técnica rara.” —contestó Ness con una sonrisa amplia.
Kuki alzó una ceja, hablando con su fideo colgando de la boca:
— “¿La técnica de Lean que hace vibrar los huesos por dentro? A mí me dejó hablando con mi propio intestino.”
Dan llegó hasta la mesa, sin decir mucho al principio. Se cruzó de brazos y observó la escena, ladeando la cabeza.
— “Veo que están en su hora feliz… Qué raro verlos tan tranquilos. Me sorprende que no haya explotado nada aún.”
Angelly se sentó justo al lado de Nemi, sin incomodarse por el silencio o las miradas.
— “Nos enviaron del Magisterio. Quieren que estemos todos juntos por ahora. Al parecer… algo grande se está moviendo.”
En el balcón, Lumi apretó el cristal oscuro entre sus dedos. Escuchar esa palabra, “Magisterio”, le provocó un leve espasmo en la mejilla.
— “Así que lo saben…” —susurró. “Están al tanto. Maldita institución.”
Sus ojos volvieron al grupo. Los analizó uno a uno.
— “Shino… la chica que aún no cree lo que puede hacer. Kuki, tan inestable como su energía. Athena, peligrosa incluso sin pelear. Hoshi, impredecible. Saku, noble… y por eso débil. Nemi… ese silencio esconde una sombra. Y ahora Dan, Angelly, Lean, Ness… juntos.”
La sonrisa en su rostro se ensanchó, pero no bajó a atacar. Aún no.
— “Podría matarlos ahora. Pero están en alerta. Demasiado poder en una sola mesa. No sería astuto… todavía.”
Retrocedió un paso, dejando que la sombra de la estructura la cubriera otra vez.
— “No hoy. Pero pronto. Y cuando llegue ese día… quiero ver sus rostros romperse.”
Y con esa promesa grabada en su sonrisa, Lumi desapareció entre la multitud, como una sombra que respira… esperando.
En la parte más baja del distrito comercial, entre callejones olvidados donde las luces no llegan y el aire huele a metal quemado, Lumi caminaba lentamente, con una capa oscura ondeando detrás de ella como si la noche misma le siguiera el paso. Su mirada era firme. Su sonrisa, más torcida que de costumbre.
Frente a ella, cinco personas inocentes jóvenes trabajadores del centro estaban atados, vendados, temblando.
— “No se preocupen…” —murmuró con voz suave, casi maternal— “No van a morir. No hoy. Solo necesito que el mundo crea que lo hicieron. Y para eso… necesito sangre. Pero no la suya.”
Chasqueó los dedos, y una figura encapuchada emergió de entre las sombras. Era un hechicero de sangre, contratado desde uno de los mundos abandonados por el Magisterio. Sin decir palabra, este usó su magia para crear copias de los cuerpos, versiones falsas con marcas, heridas y sangre fabricada al milímetro.
Lumi se acercó a una de las chicas amarradas, se agachó frente a ella y le levantó el rostro suavemente con un dedo.
— “Cuando despiertes, todo estará en caos. Así que agradece que aún tienes aire en los pulmones, ¿sí?”
Acto seguido, los durmió con una onda mental oscura. Luego se puso de pie, girando lentamente.
— “Ahora… es hora del espectáculo.”
Minutos después, en la zona central del centro comercial, una explosión destrozó un edificio lateral. El estruendo fue brutal, el fuego se alzó como si alguien hubiera lanzado un meteorito desde el cielo. Gritos, alarma, caos. Las personas corrieron desesperadas.
Otro edificio colapsó, como si lo hubieran socavado desde sus cimientos. El humo se elevaba en columnas que alcanzaban el cielo.
Y ahí estaba Lumi, sobre una torre de comunicaciones, con los brazos extendidos. Su energía negra giraba en espirales, desfigurando el aire a su alrededor. Su voz resonó, amplificada como un eco cruel:
— “¿Dónde están los héroes? ¿Dónde están los valientes del Magisterio? ¿Los que se creen salvadores?”
Sonrió, observando cómo la multitud huía sin dirección.
— “Vamos… alguien venga a detenerme. Quiero ver si valen lo que dicen valer.”
El humo comenzó a cubrir el cielo del distrito. Las sirenas resonaban, los drones de seguridad se apagaban uno por uno por un campo de interferencia que ella misma había instalado. Era su escenario. Y ahora quería público.
— “Esto no es solo un crimen. Es un mensaje… para ti, Shino Shrine. Para ti, Dan. Para todos ustedes que creen que este mundo aún puede salvarse.”
Y mientras el caos se esparcía como tinta negra en agua pura, Lumi bajó lentamente de la torre, sin prisa. Sabía que pronto, muy pronto, los chicos del Magisterio saldrían corriendo a detener lo que no entendían…
Y entonces, el verdadero juego comenzaría.
El cielo se había oscurecido. No por nubes, sino por el humo denso de los edificios colapsados y la energía oscura que se retorcía como venas en el aire. Los cristales rotos crujían bajo sus pasos mientras Shino Shrine, con la chaqueta abierta ondeando por la brisa caliente, miraba el panorama con el ceño fruncido.
— “Esto no fue una simple explosión…” —murmuró mientras su mano alcanzaba instintivamente el mango de su arma sellada. “Aquí hay magia… y algo más.”
A su lado, Kuki Kuik caminaba a paso firme, seria por primera vez en días, las colas detrás de ella erizadas. Con los ojos entrecerrados, olfateó el aire y habló:
— “No hay olor a muerte… pero sí a miedo. Eso… es peor.”
Hoshi Tsuki giraba una estrella de energía entre los dedos, intentando mantener la calma. Su tono era más seco que de costumbre.
— “Lumi.”
Athena, que caminaba un poco adelante, se detuvo en seco y clavó la vista en lo alto de una estructura derrumbada, donde un símbolo oscuro ardía como una marca retorcida.
— “Esa psicópata está llamando nuestra atención. ¿No se supone que estaba bajo vigilancia del Magisterio?”
Nemi, aún con expresión inexpresiva, caminaba por el filo de una acera rota, su voz casi susurrada:
— “Ella no quiere que lleguemos tarde. Está esperando.”
Saku, siempre el más prudente, caminó por la retaguardia, asegurándose de que ningún civil estuviera cerca. Su voz salió baja, pero firme:
— “No hay víctimas visibles. Todo parece… simulado. Pero esto fue intencional. Planeado. Nos está provocando.”
De pronto, una nueva figura se sumó al grupo. Dan se dejó ver entre el polvo, flanqueada por Angelly, Lean y Ness. El grupo completo, unido, se detuvo al pie del cráter causado por la explosión.
Dan, con voz profunda y postura relajada, observó la zona con una mezcla de diversión y rabia.
— “Sabía que Lumi haría algo. Ella nunca actúa sin anunciar su locura. Y esto… esto es su carta de invitación.”
Lean agachó una rodilla y tocó el suelo, sus ojos brillaron unos segundos al usar su visión sensorial.
— “Hay firmas mágicas alrededor del cráter. No son humanas. Son… constructos falsos. Cuerpos mágicos. Ella fingió asesinatos.”
Ness apretó los puños, sus ojos con un leve brillo azul:
— “Está jugando con la imagen de un villano clásico. Pero eso solo significa que aún no ha mostrado su verdadera intención.”
Shino respiró hondo. El aire quemado raspaba en la garganta. Su voz salió firme.
— “Entonces vayamos por ella. No esperemos a que vuelva a mover las piezas. Estamos aquí… y listos.”
Y sin esperar respuesta, dio el primer paso hacia los escombros. Los demás la siguieron, cada uno cargando su energía, su duda, su enojo… o su temor.
Sobre ellos, entre el humo y los rayos oscuros que cortaban el cielo, una figura flotaba sentada en el aire como si fuera su trono:
Lumi, con las piernas cruzadas, la mirada brillando y una risa suave que se deslizaba por las ruinas.
— “Oh… vinieron todos. Qué conmovedor. Veamos si pueden bailar como héroes… o si terminarán arrodillados como los demás.”
Y con un gesto de su mano, el suelo tembló. El acto había comenzado.
Desde lo alto, Lumi dejó caer una risa suave, casi inocente. Sus ojos brillaban con esa crueldad inteligente que no necesitaba gritos ni amenazas: solo intención. Y la suya era letal.
— “Bueno…” —dijo mientras se ponía de pie en el aire, flotando con gracia antinatural— “Creo que es hora de matarlos. Quiero hacerlo rápido… okay.”
Lentamente alzó su única mano, la derecha, con una precisión casi ceremonial. Juntó los dedos de forma calculada. El gesto era limpio, elegante. Un sello de manos muy particular:
Akash Mudra.
El aire colapsó en un suspiro silente.
Entonces el mundo cambió.
Un domo negro, curvado y denso como una estrella comprimida, surgió de la nada y encerró a todo el grupo en un espacio alterno. No había colores dentro. No había horizonte. Solo un cielo distorsionado, un suelo que no parecía suelo… y una presión invisible que comenzó a pesar sobre sus cuerpos.
Gravedad Eterna.
Un dominio absoluto. Una prisión de movimiento. Una ejecución lenta… y controlada.
Shino se tambaleó un segundo. Sintió cómo su cuerpo se hundía apenas unos centímetros, como si su peso hubiera aumentado 10 veces de golpe.
— “¿Qué… es esto…?”
Athena intentó alzar su lanza, pero el peso era anormal, su brazo tembló.
Kuki cayó de rodillas un instante, gruñendo.
— “Esa maldita… está usando un dominio de gravedad… ¡lo está controlando con solo su mano!”
Desde el centro del cielo curvado, Lumi flotaba como una marionetista sin hilos. Su mano derecha extendida, su palma hacia abajo.
— “Este lugar me pertenece. Esta presión no es física… es existencial. ¿Quieren moverse? Tienen que decidir qué parte de ustedes están dispuestos a sacrificar para dar un solo paso.”
Entonces, movió dos dedos.
El efecto fue inmediato.
Hoshi fue lanzada al aire como una hoja, estrellándose contra el borde curvo del dominio. Rebotó con violencia y cayó, jadeando.
Dan logró mantener el equilibrio, arrastrando a Angelly a su lado.
— “¡No se muevan de forma brusca! ¡Está manipulando la dirección de la gravedad con solo gestos!”
Saku cayó de pie como una piedra. Sangre bajaba por su nariz. Apretó los dientes y habló:
— “Este campo… no es solo peso… también altera la percepción del tiempo…”
Nemi, sentada en el suelo, miraba al cielo invertido con los ojos entrecerrados.
— “Ella quiere que sintamos impotencia. No es un ataque, es una ejecución.”
Shino, apretando los puños, comenzó a levantarse contra la presión.
— “No voy a dejar que ella nos borre de esta forma.”
Lumi, desde arriba, giró la muñeca lentamente. Su sonrisa seguía fija. Inhumana.
— “Si muevo un dedo hacia cualquiera de ustedes, puedo reescribir su centro gravitacional. Puedo lanzarlos al vacío o aplastarlos hasta que sus huesos canten.”
Silencio. Tensión.
— “¿Quién quiere ser el primero?”
El grupo entero sabía que un solo movimiento erróneo… y Lumi no dudaría en cerrarlos como latas. Pero esa presión, esa amenaza… también encendía algo. Determinación. Instinto. Resistencia.
Y en los ojos de Shino, de Dan, de Athena, incluso de Hoshi golpeada, comenzaba a encenderse algo más fuerte que el miedo. Desafío.
Shino Shrine observó el entorno con la mandíbula apretada, sentía cómo cada célula de su cuerpo crujía bajo la presión del dominio, pero su mente no se nublaba, al contrario, se volvía más clara entre más se intensificaba la amenaza. Sus ojos brillaron y entonces, en una fracción ínfima del tiempo, en un yoctosegundo apenas perceptible incluso para los más rápidos, hizo un movimiento. Fue un simple paso, una transferencia de energía concentrada en su centro vital, una liberación de todo el impulso cinético contenido en su núcleo de poder. La idea era una sola: romper el dominio desde adentro, atravesarlo, colapsarlo. Su mano vibró mientras su poder se comprimía como una estrella a punto de estallar. El impacto fue brutal. La energía resonó por todo el espacio como un latido violento y desequilibrado. Pero entonces, nada. El domo no se rompió, ni siquiera se agrietó. El mundo siguió igual de sombrío, igual de pesado. Shino, agitada, retrocedió un paso y alzó la mirada hacia lo alto, donde Lumi seguía flotando, inmutable, con esa sonrisa fría pintada en los labios como una cicatriz imposible de borrar.
—“No es por velocidad, ni por intensidad,”—dijo Lumi con tono suave, casi maternal, pero con una claridad escalofriante—“este dominio no es una simple burbuja de magia, no es una jaula física. La Gravedad Eterna responde a una sola ley: el valor que uno le da al acto de matar. Si yo, su creadora, deseo que sea irrompible, lo será. No importa cuánta fuerza, cuánta ira, cuánta esperanza usen. Si no pueden superar el significado que yo misma le di a este dominio, seguirán siendo sólo sombras que se retuercen dentro de mi voluntad.”
El eco de sus palabras retumbó como un decreto absoluto. Todos lo sintieron: este no era un campo de batalla, era un juicio. Y el juez ya había dictado sentencia. Shino respiró hondo, su cuerpo temblaba por la intensidad del movimiento que acababa de ejecutar, pero sus ojos no mostraban derrota. Apretó los puños y bajó la cabeza, murmurando apenas—“Entonces haré que tu voluntad tiemble.”
Y en ese instante, los demás comprendieron que este no sería un combate de fuerza, sino de convicción. Y Lumi lo sabía. Por eso sonrió aún más.
Shino Shrine, Kuki Kuik, Hoshi Tsuki, Athena, Nemi, Saku y los demás se quedaron quietos. El silencio en el dominio era tan denso como la gravedad que los aprisionaba, y el aire parecía convertirse en plomo sobre sus hombros. Las expresiones ya no eran sólo de tensión… ahora eran de preocupación real. Si perdían ahí, si ese dominio los engullía, todo lo que habían protegido, todo lo que eran, sería reducido a cenizas sin dejar rastro. Esta no era una prueba. Era una ejecución.
Shino apretó los dientes, su corazón latía con violencia, pero no por miedo, sino por determinación. No podía permitir que sus amigos fueran asesinados sin siquiera pelear. Sus piernas se movieron por impulso, el suelo crujió bajo su energía liberada. Con una sacudida de poder, la chica se impulsó directo hacia Lumi, lanzándose al cielo distorsionado como una flecha humana, su aura partiéndose en destellos violetas. Su grito era puro coraje: “¡No dejaré que nos borres como si fuéramos nada!”
Lumi entrecerró los ojos. Sonrió, esa sonrisa que jamás mostraba compasión, solo entendimiento… y desprecio. Al ver venir a Shino, levantó su mano izquierda, la llevó al centro de su pecho y la estiró hacia un lado, luego colocó su puño derecho sobre la palma abierta en un gesto suave pero cargado de intención. Era el sello de ejecución de su dominio. Apenas el gesto se completó, el aire vibró, y en un segundo que pareció eterno, la gravedad se duplicó en un solo punto: el cuerpo de Shino.
Con un ruido seco, como huesos siendo apretados por una montaña, el cuerpo de Shino fue detenido en el aire y aplastado contra sí mismo. El impacto fue invisible, pero su efecto fue brutal. Un sonido desgarrador emergió de su brazo izquierdo, seguido del crujido de su clavícula. Fue lanzada hacia atrás como una muñeca rota, chocando contra el borde del domo antes de caer al suelo, jadeando con dificultad.
—“Tu valentía es noble,”—dijo Lumi desde lo alto, sin burla en su tono, pero sí con una autoridad cruel—“pero la Gravedad Eterna no perdona errores. Aquí, cada movimiento tiene un costo. Y tú acabas de pagar con tu cuerpo.”
Kuki gritó con furia, avanzando un paso, pero la presión la obligó a bajar la cabeza. Athena murmuró algo en voz baja, una palabra de impotencia. Nemi desvió la mirada, cerrando los ojos como si no quisiera ver a su amiga quebrada. Y Saku apretó los dientes con fuerza, conteniendo el impulso de moverse, sabiendo que si lo hacía, quizás no volvería a levantarse.
Shino, aún en el suelo, con el brazo roto colgando, escupió un poco de sangre. Su respiración era pesada, pero no se detuvo. Sus ojos, aunque heridos, brillaban con rabia. “No he terminado… no todavía,” murmuró.
Y aunque todo parecía perdido, esa chispa dentro de ella no se apagaba.
Era una advertencia.
La pelea no había terminado.
Y Lumi… lo sabía. Por eso su sonrisa no desaparecía. Solo se volvía más intensa.
Dan, Angelly y Lean no pudieron contenerse más. La visión de Shino siendo aplastada y la presión del dominio que amenazaba con quebrar sus cuerpos y voluntades fue el punto de quiebre. El instinto los impulsó a moverse, no por orgullo, sino por necesidad.
Los tres salieron disparados a través del aire denso y distorsionado del dominio de Gravedad Eterna, como si la voluntad misma los impulsara más allá del peso. Dan gritó —“¡Ahora!”— mientras avanzaban en un movimiento perfectamente sincronizado. Un simple detalle llamó su atención en medio del vuelo: un delgado chorro de sudor, apenas perceptible, cruzando el rostro de Lumi.
Esa gota lo dijo todo.
No era invencible. Transpiraba.
Tanto Dan como Angelly, sin perder tiempo, alzaron sus manos hacia esa minúscula señal de debilidad. Conectaron su poder: hidroconversión al tacto y amplificación de masa líquida. En un parpadeo, aquella diminuta gota creció, multiplicándose, envolviendo el cráneo de Lumi con una esfera de agua presurizada, y sin dar aviso, la dispararon directo hacia su cerebro con una precisión quirúrgica. La explosión interna fue silenciosa pero brutal. Un crujido sordo. El cráneo superior de Lumi voló, arrancado por la presión extrema desde adentro hacia afuera.
El cuerpo se tambaleó en el aire, aún flotando, y un segundo de silencio dominó todo el espacio.
Pero Lumi no gritó. No cayó. Solo rió con la boca ensangrentada, mientras su mano temblorosa alcanzaba el pedazo de cráneo que aún giraba en el aire. Lo tomó como si fuera una diadema, y con delicadeza se lo colocó de nuevo, encajándolo como si nada. La regeneración fue instantánea, grotesca, precisa, completamente anormal. La carne se unió, el hueso se soldó, y los ojos vacíos volvieron a brillar.
La sangre seguía corriendo por su rostro. Sus párpados bajos. Su sonrisa había desaparecido. Solo quedaba odio absoluto.
—“Eso dolió,”—susurró, bajando la voz como una cuchilla—“y no me gusta el dolor.”
Sin más gesto, su mano descendió con violencia. El dominio respondió de inmediato.
Un aumento abrupto de gravedad sacudió el espacio alrededor de los tres.
Dan, Angelly y Lean fueron arrojados al suelo como cometas sin dirección, estrellándose con una fuerza tan intensa que el suelo mismo del dominio se agrietó bajo sus cuerpos. El aire fue expulsado de sus pulmones, sus huesos crujieron por la presión directa en puntos vitales, y por un momento sus sentidos se nublaron.
Lumi bajó lentamente desde el cielo, tocando el suelo como si nunca hubiera sido herida. Su sangre goteaba aún por su mejilla, pero ya no mostraba burla.
—“Lo pagarás. Los tres. Con cada gota de su cuerpo… con cada memoria. Todo será reducido a polvo bajo mí.”
El ambiente temblaba. La gravedad ya no obedecía reglas lógicas. El dominio estaba furioso.
Y los demás… sabían que esto era solo el principio del precio que pagarían por desafiar a una mente como la de Lumi.
Lumi observaba con sus ojos fríos y enrojecidos, aún goteando sangre por el rostro, sin perder el control. Cada segundo que pasaba dentro del dominio era suyo, cada aliento que los demás tomaban, ella se los permitía. Pero entonces lo sintió… una presión diferente, una presencia que caminaba con fe, no con furia, una energía que no se quebraba, sino que se afirmaba en cada paso.
Saku, el ángel, avanzaba.
Su mirada no estaba cargada de odio, sino de algo más temible: determinación tranquila.
—“Tú…” —susurró Lumi mientras descendía suavemente— “vienes con propósito. Tienes algo en ti… algo que no me gusta.”
Saku no respondió. Sus alas, de un blanco opaco casi plateado, se extendieron lentamente. El viento generado por su sola presencia partía el aire del dominio. En su pecho, una palabra en hebreo brillaba con fuego sagrado, crudo, absoluto, como un eco de lo que fue sellado por el cielo: צדק (Tzedek, justicia).
Entonces Lumi, con una sonrisa que parecía más una mueca rota, disparó hacia él.
Ella atravesó el aire, distorsionando su forma por la velocidad y la gravedad moldeada a voluntad. Como una lanza viva, su puño impactó directo en el centro del pecho de Saku… pero fue detenida. Un halo de energía celestial se formó como un escudo invisible en el momento justo, canalizado a través de las alas del ángel, que se cerraron como un abrazo de acero divino.
El golpe fue bloqueado.
Y antes de que Lumi pudiera reaccionar, Saku respondió con un puñetazo directo a su abdomen. El impacto sonó como una campana celestial: grave, potente, preciso. Lumi escupió saliva teñida de rojo, volando hacia atrás.
—“No me interesa tu mundo, tu locura, ni tu juego de dioses caídos,” —dijo Saku, su voz resonando como si el dominio no pudiera distorsionarla— “vine porque alguien debe ser el muro entre ellos y tu egoísmo.”
Lumi se arrastró por el aire unos metros y se detuvo, torciendo una sonrisa, pero ahora con los ojos abiertos de par en par. Chasqueó los dedos y alzó su mano con firmeza.
—“¿Un ángel?” —susurró— “Perfecto. Veamos si puedes resistir la gravedad de Júpiter.”
Y entonces todo tembló.
El aire se hizo pesado, el suelo vibró, la presión aumentó exponencialmente. Era como si estuvieran en el centro del planeta más denso del sistema solar, una prisión donde ni la luz podía moverse libremente. El dominio se ajustó, obedeciendo a su ama.
Saku sintió la gravedad golpear su cuerpo, incluso sus huesos divinos crujieron, su respiración se volvió pesada, y por primera vez, su rodilla se dobló… solo una.
Lumi lo miró, sabiendo lo que él era: una amenaza real. —“Ángel con nombre antiguo… ¿vas a caer como los demás?” Saku levantó la cabeza, su aliento firme. —“Caer es parte del vuelo. Pero tú… jamás tocaste el cielo.” Y entonces, aún con el peso de Júpiter encima, dio un paso hacia adelante.
El duelo había comenzado.
Lumi se desplazó con una velocidad sobrehumana, apareciendo justo frente a Saku en un parpadeo. Su sonrisa ya no era elegante, ni siquiera maliciosa. Era la expresión vacía de alguien que solo deseaba destruir por el simple acto de hacerlo. Con sus dedos afilados como garras de gravedad, tomó ambas alas del ángel, y con una fuerza antinatural y cruel, empezó a jalarlas como si estuviera desgarrando la esencia misma de su pureza.
Saku gritó, no por dolor físico, sino por lo que eso representaba. Un ángel sin alas no era un caído, era un símbolo roto, una idea quebrada que no merecía olvido, pero sí piedad. Y Lumi, sin piedad alguna, le arrancó las alas de tajo. El aire se llenó de un crujido grotesco, y la sangre de luz salpicó el suelo negro del dominio.
—“Ah… qué hermoso…” —susurró Lumi, con los ojos dilatados— “como un poema… de alguien que ya no puede volar.”
Antes de que pudiera celebrar más su victoria, varios del grupo, incluidos Ness y otros que aún podían moverse, reunieron el valor para atacar. Gritos de furia, desesperación y energía comenzaron a llenar el espacio, pero Lumi, sin siquiera girarse, bajó su mano con un simple gesto.
La gravedad aumentó en picado, y todos los que intentaron acercarse fueron aplastados contra el suelo como si pesaran toneladas. El sonido de huesos chocando contra roca, de gritos cortos y espaldas vencidas, resonó con fuerza. El suelo ya no era un campo de batalla, era un cementerio en construcción.
Lumi, con sangre de ángel en sus dedos, comenzó a caminar lentamente.
Sus pasos eran suaves, resonaban como martillazos huecos en una tumba.
Iba a cancelar el dominio, no por compasión, sino porque no quedaban amenazas.
O eso creía. Porque cuando giró levemente para hacer su último gesto… Shino Shrine ya no estaba en el suelo. Su cuerpo, antes desmayado, ya no se hallaba tirado ni quieto. Lumi entrecerró los ojos, y por un instante, su instinto le gritó peligro. Demasiado tarde.
En 0.1 yoctosegundo, una figura apareció en el punto ciego de Lumi. Shino Shrine, cubierta en un aura desbordante, impactó con toda su fuerza el brazo de Lumi, el mismo que canalizaba la gravedad. El golpe no fue solo poder… fue intención, rabia contenida, y evolución.
—“¡No se trata de cuán fuerte sea tu dominio… se trata de cuánta masa le pongo a mi golpe!”— rugió Shino, con los ojos encendidos.
Su habilidad, antes una simple explosión cinética, había cambiado… Ahora era una explosión con masa. Un golpe que aumentaba su impacto cuanto más decidida estuviera a proteger, cuanto más peso emocional y físico cargara su puño. Y ahora… todo su dolor, la sangre de Saku, los gritos de Ness, la destrucción de Lumi… Todo se concentró en ese puñetazo. El brazo de Lumi se quebró en múltiples direcciones, la distorsión de la gravedad falló, el control se tambaleó. Por primera vez, Lumi dio un paso atrás. Y por primera vez, dejó de sonreír.
El golpe de Shino Shrine había sido devastador, sí, pero Lumi no cayó. Aunque su brazo se había torcido grotescamente bajo el impacto de la explosión con masa, ella lo sostuvo firme, con los huesos rompiéndose y reacomodándose con un crujido que helaba la sangre. La piel quemada, la carne agrietada, y la rabia en sus ojos no eran los de alguien herido… sino los de alguien que se había visto superado por un segundo, y eso era imperdonable.
—“¿Cómo… hiciste eso?” —dijo con voz ronca, su tono lleno de incredulidad y rencor.
Shino, aún con su puño temblando y sangre chorreando por su ceja, mantuvo la frente en alto. La presión del dominio aún latía como un corazón artificial sobre el campo, pero ella no se arrodillaba. El cuerpo de Shino, aún magullado, empezaba a sanar, lentamente pero sin pausa. Las heridas superficiales se cerraban, los músculos se acomodaban, y hasta los pequeños huesos de su mano volvían a su lugar con fuerza natural.
Lumi entrecerró los ojos, su cerebro analizándolo todo con velocidad.
—“…Regeneración… ¿básica?” —dijo casi como si lo escupiera.
Entonces, con una furia silenciosa, golpeó a Shino Shrine directamente en el abdomen. El impacto la hizo retroceder varios metros, vomitando sangre, estrellándose contra un fragmento de concreto flotante dentro del dominio. Pero incluso en el aire, Shino se volvió a levantar. El dolor estaba, sí, pero ya no la detenía.
Lumi frunció el ceño. —“¿Estás usando tu energía vital… para curarte mientras luchas…? Eso es…” Se detuvo. —“Eso es imposible. Esa técnica requiere un control absoluto del flujo energético y celular. Casi nadie puede usar regeneración mientras pelea…”
Shino escupió a un lado. —“Pues yo sí. Y no necesito perfección. Solo fe. Cada vez que me rompes… me hago más fuerte.”
Y en ese momento, Lumi entendió lo peor: Shino Shrine estaba adaptándose. No con hax. No con manipulación. Con voluntad. Y su cuerpo había encontrado una forma rudimentaria pero funcional de regenerarse en pleno combate. No perfecta. No sin dolor. Pero suficiente para seguir de pie.
—“No eres una amenaza de clase mundial…” —susurró Lumi con una mueca amarga— “Eres una amenaza de clase determinación.”
Y eso, para alguien como ella, era el enemigo más peligroso.
Lumi ya no sonreía. Su rostro estaba ensangrentado, sus brazos marcados con cortes recientes y sus ojos encendidos con furia contenida. Y justo cuando levantaba su mano para sellar de nuevo el dominio y aplastar todo intento de rebelión… Un golpe se aproximaba desde su flanco. Instintivamente giró, lista para detenerlo, pero fue entonces cuando Dan, visiblemente herido pero aún de pie, apareció con un grito salvaje.
—“¡No te vas a salir con la tuya, monstruo!”
Dan golpeó con toda su fuerza el rostro de Lumi, haciendo que su cabeza girara levemente por la fuerza del impacto. No hubo tiempo de reacción, porque justo detrás, Saku el ángel sin alas, sangrando pero de pie, con el pecho marcado aún con su nombre en hebreo se impulsó.
Con el alma encendida por el dolor y la fe, Saku descargó su puño sobre el costado de Lumi, dejando una onda de choque brillante que estremeció el dominio. El golpe fue tan limpio y espiritual, que por un instante, el campo gravitacional tembló.
Lumi apenas logró frenar el movimiento, pero entonces, Shino Shrine apareció por el frente, el rostro bañado en sudor, sangre y fuego interior.
—“¡Ahora… lo vas a sentir!”
Y con un rugido, golpeó el tórax de Lumi con ambas manos, ejecutando su nueva habilidad de masa explosiva. El sonido fue seco, profundo, como una explosión interna que no estallaba afuera, sino que sacudía por dentro.
Lumi retrocedió un paso. Tosió. Pero no cayó.
—“¡AGUANTO!” —gritó Ness, con incredulidad— “¡Aguantó eso también!”
Con la respiración agitada, Lumi alzó su brazo, y una aguja formada de sangre a presión emergió de sus dedos.
—“No soy la única que se adapta…”
Y con un movimiento veloz, disparó directo al pecho de Shino Shrine. Pero Shino, en un movimiento que se entrenó con cada caída previa, giró el cuerpo en un instante, la sangre cortó solo el aire. Ella se agachó, y antes de que Lumi pudiera lanzar otro ataque, aprovechó el impulso y puso ambas manos en el suelo.
—“¡No soy la única que aprendió a usar la sangre…!”
De sus palmas, canalizó presión con una técnica improvisada, pero cargada con todo su enfoque. Dos chorros afilados de sangre a presión se dispararon hacia el estómago de Lumi, perforando la carne con una fuerza brutal, y atravesando el tejido regenerativo antes de que pudiera cerrarse.
Lumi gritó. Por primera vez en toda la batalla, el sonido fue de verdadero dolor. Y ese dolor, se transformó en ira.
Con los ojos desbordando rabia, Lumi movió su brazo con violencia y el dominio entero reaccionó.
—“¡CAIGAN!”
La gravedad se multiplicó en un instante, como una avalancha invisible. Todos los combatientes fueron estrellados contra el suelo como muñecos de trapo.
Dan, Saku, Ness, Shino… todos aplastados contra el suelo del domo, sus cuerpos temblando, sus bocas apenas pudiendo respirar. El aire mismo era un muro. El piso se agrietaba con sus huesos, la presión los deformaba, y Lumi caminaba, arrastrando los pies, herida pero todavía en control.
—“¿Creyeron que estaban ganando…?” —susurró entre jadeos— “El dominio… aún es mío. Y mientras yo respire… nadie escapa.” Pero algo dentro del grupo no se había roto. No todavía.
Lumi, jadeante, ensangrentada y con sus ropas destrozadas, sonreía.
—“Todo… ha terminado…” —murmuró, dando un paso hacia la salida del campo de batalla.
El dominio, aunque debilitado, seguía en pie. Los héroes estaban aplastados contra el suelo, algunos inconscientes, otros apenas respirando. Ella había ganado. Había sometido a todos.
O eso creía.
Justo cuando levantaba su pie para alejarse, lo sintió. Una mano temblorosa, pero firme, sujetó su tobillo con una presión casi infantil, y sin embargo, ineludible.
Shino Shrine. Su cuerpo estaba hecho trizas, sus ojos apenas abiertos. Una sonrisa débil pero real cruzaba su rostro manchado de sangre.
—“No… has ganado nada…” —susurró con voz casi apagada— “yo no peleé para vencerte… yo peleé para detenerte.” — Y entonces Lumi sintió un tirón en el alma. No en el cuerpo.En su dominio.
La gravedad de su propio campo… comenzó a ser drenada. Como si se estuviera desmoronando desde adentro. Como si la masa acumulada, las leyes impuestas por su voluntad… ya no respondieran.
Shino Shrine estaba absorbiendo la gravedad del dominio. Y lo peor: La estaba fusionando con su habilidad de explosión con masa.
El aire se volvió denso. La luz, tenue. El cielo artificial del dominio empezó a colapsar sobre sí mismo.
—“¿Qué estás haciendo?” —escupió Lumi, alarmada, intentando arrancarse. Pero era demasiado tarde.
La acumulación de masa, gravedad y energía residual formó una singularidad inestable: Un agujero negro del tamaño de un edificio. Oscuro, rugiente, hambriento. Este absorbió el dominio entero. Y en el centro… explotó.
La onda de choque fue muda pero absoluta.
Todo fue blanco, y luego negro, y luego… silencio.
Minutos después, cuando el polvo se disipó, el cielo real volvió a mostrarse, fragmentado por columnas de humo.
El campo estaba en ruinas.
Lumi se arrastraba por el suelo, gravemente herida, regenerando lo que quedaba de su cuerpo. Sus órganos temblaban, su conciencia pendía de un hilo. Y frente a ella… no quedaba nadie en pie.
Dan… inconsciente. Saku… sin alas, pero vivo. Ness, Angelly, Lean… dispersos entre los escombros. Y Shino Shrine. Su cuerpo, sin vida, reposaba con una calma que no merecía ese campo de guerra.
Sus manos estaban estiradas, como si aún intentara proteger a los demás. Una lágrima seca en su mejilla. Había muerto sonriendo.
Lumi miró por última vez… y suspiró. —“…Estúpida… estúpida chica…” —murmuró, dándose la vuelta— “ni siquiera ganaste… pero hiciste lo que nadie pudo.”
Y con un paso lento, Lumi se fue.
Arrastrando su orgullo y su cuerpo.
Había ganado a duras penas. Pero incluso con la victoria, esa imagen la perseguiría para siempre: Una niña de voluntad indomable… que dio su vida para romper lo irrompible.
Fin.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com